Hacia una Iglesia samaritana y cuidadora de la Naturaleza

Iglesia samaritana

«Todo parece indicar que el virus es un contra-ataque de la Madre Tierra a raíz de la secular agresión que los poderosos le hicieran devastando enteros ecosistemas en función de la acumulación de bienes materiales»

«La Madre Tierra nos quiere decir: paren este tipo de relación violenta contra mí que les doy cotidianamente todo lo que necesitan para vivir. En caso contrario, vendrán otros virus más dañinos y eventualmente el Gran Virus (The Next Big One) contra el cual las vacunas serán ineficaces y gran parte de la biosfera podrá verse peligrosamente afectada»

«Con el viraje hacia el paradigma del frater, del hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación»

«Hoy día el mayor problema de la humanidad no es ni el económico, ni el político, ni el cultural, ni el religioso, sino la falta de solidaridad con otros seres humanos que están a nuestro lado»

Por Leonardo Boff

Antes de abordar el tema –Hacia una Iglesia samaritana y cuidadora de la Naturaleza– pretendo hacer dos observaciones:

– La primera: ¿qué mensaje la Madre Tierra nos quiere comunicar con la intrusión del Coronavírus?

– La segunda: la confrontación de dos paradigmas civilizatorios: del dominus y del frater: ¿cuál es su significado para la actual crisis generalizada?

Vamos a la primera observación: más allá de las vacunas y de todas las precauciones contra la diseminación del vírus, hay que preguntarse: ¿de dónde viene el vírus? Todo parece indicar que el vírus es un contra-ataque de la Madre Tierra a raiz de la secular agresión que los poderosos le hicieran devastando enteros ecosistemas en función de la acumulación de bienes materiales. En otras palabras, es una respuesta al antropoceno y al necroceno. Tocamos los limites ecológicos de la Tierra al punto de que necesitamos más de un planeta y medio para atender al consumo y especialmente al consumismo suntuoso de una pequeña porción de la humanidad.

La Madre Tierra nos quiere decir: paren este tipo de relación violenta contra mí que les doy cotidianamente todo lo que necesitan para vivir. En caso contrario, vendrán otros virus más dañinos y eventualmente el Gran Virus (The Next Big One) contra el cual las vacunas serán ineficaces y gran parte de la biosfera podrá verse peligrosamente afectada. O vendrán otros eventos extremos como grandes catastrofes ecologico-sociales. 

Todo está indicando que tal mensaje no está siendo oído por los jefes de Estado, los directores de las grandes corporaciones multinacionales y por la población en general. Si lo escucharan, tendrían que cambiar su modo de producción, las ganancias absurdas y perder sus privilegios.

Hay que reconocer que la Covid-19 cayó como un meteoro rasante sobre el capitalismo neoliberal desmantelando sus mantras: el lucro,  la acumulación privada, la competencia, el individualismo, el consumismo, el Estado reducido al mínimo y la privatización de la cosa pública y de los bienes comunes. 

Mientras, planteo inequívocamente la disyuntiva: ¿vale más el lucro o la vida? ¿Debemos salvar la economía o salvar vidas humana? Si hubiéramos seguido tales mantras todos estaríamos en peligro.

Lo que nos ha salvado fue lo que le falta al capitalismo: la solidaridad, la cooperación, la interdependencia entre todos, la generosidad y el cuidado mutuo de la vida de unos y otros y de la naturaleza.

Segunda observación: El presente caos sanitario, ecológico, social, politico y espiritual es la consecuencia derivada del paradigma que ha dominado  en los últimos tres siglos de nuestra historia, ahora globalizada. Los padres fundadores de la Modernidad del siglo XVII entendían el ser humano como el dominus, el maître et possesseur de la naturaleza y no como parte de ella. Para ellos la Tierra carece de propósito y la naturaleza no tiene valor en sí misma, sino que está solo ordenada al ser humano que puede disponer de ella a su antojo. Este paradigma ha modificado la faz de la Tierra, trajo innegables beneficios, pero en su afán de dominar todo, ha creado el principio de autodetrucción de sí mismos y de la naturaleza con armas químicas, biológicas y nucleares.

El fin del mundo ya no es cosa de Dios, sino del proprio ser humano que se ha enseñoreado de la propia muerte. Llegamos a tal punto que el Secretario General de la ONU, António Guterrez dijo recientemene en un encuentro en Berlín sobre el calientamento global que crece de forma no prevista: “Solo tenemos esta elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

De cara al paradigma del dominus el Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti propone otro paradigma: el del frater el hermano y la hermana, él de la fraternidad universal y de la amistad social (n.6; 128). Desplaza el centro: de una civilización técnico-industrial, antropocéntrica e individualista a una civilización de la solidaridad, de la preservación y del cuidado de toda la vida.

Sabemos, por datos de la ciencia, que todos los seres vivos tienen en común el mismo código genético de base, los 20 aminoacidos y las mismas cuatro bases nitrogenadas, desde la célula más primitiva de 3,8 mil millones de años, pasando por los dinosaurios, los caballos y legándonos a nosotros. Por eso somos de hecho, y no retórica o místicamente, hermanos y hermanas. Esto lo reafirma la Carta de la Tierra así  como las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco.

Estos dos paradigmas están hoy altamente confrontados. Si seguimos el paradigma del señor y dueño que usa el poder como dominación de todo, hasta de las últimas dimensiones de la materia y de la vida, vamos seguramente al encuentro de un armagedón ecológico, con el riesgo de exterminar la vida en la Tierra.

 Sería el justo castigo por las ofensas y heridas que hemos infligido a la Madre Tierra por siglos y siglos. Ella seguirá su curso alrededor del sol pero sin nosotros.

Con el viraje hacia el paradigma del frater, del hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación. Superaremos la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana, por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo y de ser de hecho hermanos y hermanas dentro de la misma Casa Común, la naturaleza incluída. Sería el bien vivir y convivir del ideal andino, en armonía entre los humanos y con toda la naturaleza.

Este es el contexto dentro del cual se debe situar la acción de la Iglesia que se propone ser samaritana y cuidadora de todo lo que existe y vive.

El Papa Francisco de Roma, inspirado por el otro Francisco, él de Asís, se dió cuenta de la gravedad de la situación dramática del sistema-Tierra y del sistema-vida, y formuló una respuesta. En la Laudato Sì: cómo cuidar de la Casa Común invitó a todos a “una conversión ecológica global” (n. 5), además, “una pasión por el cuidado del mundo”…”una mística que nos anima, impele, fomenta y da sentido a la acción personal y comunitaria”(n. 216). En la Fratelli tutti fue todavia más radical: “estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salvará”(n.32)

Creo que los elementos de las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco pueden servirnos de inspiración para realizar la misión de ser samaritanos y cuidadores de toda vida.

Pero lo primero es por dónde empezar. Aquí el Papa revela su actitud básica, repetida a menudo a los encuentros con los movimientos sociales sea en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, sea en  Roma:

 «No esperéis nada de arriba porque siempre viene más de lo mismo o todavía peor; empiecen por ustedes mismos», “desde abajo, desde cada uno de vosotros, a luchar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo» (Fratelli n. 78). El Papa sugiere lo que hoy es la punta de la discusión ecológica mundial: trabajar la región, el biorregionalismo que permite la verdadera sostenibilidad, con una agroecología, una democracia popular y participativa que humaniza las comunidades y articula lo local con lo universal (Fratelli n. 147).

Dios es un «buen samaritano»

De la mano de la parábola del Buen Samaritano, hace un análisis riguroso de los diversos personajes que entran en escena y los aplica a la economía política, culminando con la pregunta: “¿con quién te identificas (con el herido del camino, con el sacerdote, con el levita o con el extranjero, el samaritano, despreciado por los judíos)? Esta pregunta es cruda, directa y decisiva. ¿A cuál de ellos te pareces?” (Fratelli n.64).        El Buen Samaritano se convierte en modelo del amor social y político (n. 66).

Eso me hace recordar lo que decía siempre el gran obispo de los indigenas de Chiapas en México, tan mal comprendido por Roma, Monseñor Samuel Ruiz: “Esta es la pregunta que el Juez Supremo hará a cada uno en el término de su vida: de qué lado estuviste? ¿A quién has defendido? ¿Qué personas has elegido?” En la contestación a estas preguntas se decide el destino humano.

Como nunca antes en la historia la Iglesia, sea local, sea universal, debe mostrarse samaritana porque son millones y millones los caídos en los caminos, muriendo de hambre o de las enfermedades del hambre. Es cruel constatar que 1% de la humanidad tiene más riqueza que 4,6 mil millones de personas. Son inhumanos y sin piedad.        En este campo, en todos los países las Iglesias se han mostrado samaritanas, especialmente, con los más vulnerables. Una ola inmensa de solidaridad se ha mostrado en los movimientos cristianos que han ofertado centenares de toneladas de productos agroecológicos y millones de platos de comida a los marginados en las periferias de las ciudades.

Curiosamente el Papa Francisco, en el arco del nuevo paradigma de la fraternidad universal y del amor social, confiere una significación política a dimensiones que siempre fueron tratadas en el campo de la subjetividad, como la ternura, el cuidado y la amabilidad. Afirma que “en la política hay lugar para el amor con ternura: a los más pequeños, a los más débiles, a los más pobres; ellos deben enternecernos y tienen el ‘derecho’ de llenar nuestra alma y nuestro corazón; sí, son nuestros hermanos y hermanas y como tales debemos amarlos y tratarlos de esta manera” (Fratelli n. 194). 

Se pregunta qué es la ternura y responde: “es el amor que se hace cercano y concreto; es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos” (n.196). 

Igualmente define la amabilidad en su aspecto politico que significa “un estado de ánimo que no es áspero, duro, rudo, sino afable, gentil, que sostiene y conforta.           La persona que posee esta cualidad ayuda a los demás a hacer más llevadera su existencia» (Fratelli n. 223).

Este es un desafío para los políticos, hecho también a los obispos y sacerdotes: hacer la revolución de la ternura. De la misma forma ve en la solidaridad una forma “de cuidar de la fragilidad humana” (Fratelli n.115).

La esencia de la Iglesia, cuyas raíces se encuentran en la comunión de las tres divinas Personas, reside en la communio y no en la sacra potestas es decir en su estructura jerárquica y piramidal. El Papa Francisco, especialmente en la Laudato Sì lo traduce en términos de la moderna ecología y fisica cuántica: un hilo conductor recorre todo el texto, sosteniendo “que todo está relacionado y no existe nada fuera de la relación (LS nn. 117 y120). Aquí reside el primado de la communio como valor ecológico y principalmente eclesiológico.

La misión de la Iglesia es construir puentes, puentes afectivos entre todos y con la naturaleza. Es rehacer las relaciones rotas por el individualismo de la cultura del capital. De hecho, la bioantropología y la psicología evolutiva han dejado claro que la esencia específica del ser humano es cooperar y relacionarse con todos. No hay ningún gen egoísta, formulado por Dawkins a finales de los 60 del siglo pasado sin ninguna base empírica. Todos los genes están interrelacionados entre sí y dentro de las células. En este sentido, el individualismo, valor supremo de la cultura del capital, es antinatural y no tiene ninguna sustentación biológica.

El Movimiento Laudato Si’ abre la inscripción para el programa Animadores

Otro punto fundamental en la misión samaritana de la Iglesia es el cuidado por todo lo creado. El cuidado esencial pertenece a todos los seres vivos y, según la antigua fabula del cuidado, del esclavo Higinio, profundizada por Martin Heidegger en su Ser y Tiempo, el cuidado es la esencia de lo humano sin el cual nadie  subsistiría. No necesito narrar la fábula porque la trabajé en profundidad en mi libro que está en español: Saber cuidar: ética de lo humano y compasión por la Tierra. 

El cuidado es, además, una constante cosmológica: las cuatro fuerzas que sostienen el universo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte) actúan sinérgicamente con extremo cuidado sin el cual no estaríamos aquí reflexionando sobre estas cosas.

El cuidado supone una relación amiga de la vida, protectora de todos los seres porque los ve como un valor en sí mismo, independiente del uso humano. Fue la falta de cuidado de la naturaleza, devastándola, lo que hizo que los virus perdieran su hábitat, conservado durante miles de años y pasaran  al ser humano. Todo lo que cuidamos, lo amamos y todo lo que amamos, lo cuidamos. 

El ecofeminismo ha aportado una contribución significativa a la preservación de la vida y de la naturaleza con la ética del cuidado, porque el cuidado adquiere una especial densidad en las mujeres.

Otro punto fundamental en la misión de la Iglesia es la solidaridad. Está en el corazón de nuestra humanidad y de suyo es un valor eclesiológico como se pude constatar en las comunidades de la Iglesia primitiva y yo añadiría en las comunidades eclesiales de base que están por todas las partes de la Iglesia.

Los bioantropólogos nos han revelado que cuando nuestros antepasados antropoides buscaban sus alimentos, no los comían aisladamente. Los llevaban al grupo y servían a todos empezando por los más jóvenes, después a los mayores y luego a todos los demás. De esto surgió la comensalidad y el sentido de cooperación y solidaridad. Fue la solidaridad la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue válido ayer también vale para hoy.

Esta solidaridad no existe sólo entre los humanos. Es otra constante cosmológica: todos los seres conviven, están involucrados en redes de relaciones de reciprocidad y solidaridad de forma que todos puedan ayudarse mutuamente a vivir y co-evolucionar. Incluso el más débil, con la colaboración de otros subsiste, tiene su lugar en el conjunto de los seres y coevoluciona.

El sistema del capital no conoce la solidaridad, solo la competición que produce tensiones, rivalidades y verdaderas destrucciones de otros competidores en función de una mayor acumulación. Tiene una tendencia suicida.

Hoy día el mayor problema de la humanidad no es ni el económico, ni el político, ni el cultural, ni el religioso, sino la falta de solidaridad con otros seres humanos que están a nuestro lado. El capitalismo no ama la persona, solo su capacidad de producción y de consumo.

Como cristianos y cristianas en el seguimiento de Jesús, debemos hacer del hecho de la solidaridad esencial, un proyecto, vale decir, una opción conciente: solidarios a partir de los últimos e invisibles, de aquellos que no cuentan para el sistema imperante y son considerados como ceros económicos y prescindibles. Aqui reside la base espiritual y teologal de la Teologia de la Liberación, cuyo eje central es la opción por los pobres, contra su pobreza y a favor de su liberación.

¿Cuál es el proyecto de sociedad soñado por el Papa Francisco, fundado en la fraternidad universal y en el amor social? Lo que resulta de sus textos y pronunciamientos es una sociedad biocentrada. La vida con toda su diversidad detiene la centralidad. La economía y la política están a su servicio para que esta vida se mantenga en la Tierra, Tierra esta entendida como viva, la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los modernos.

Pachamama

Todo esto no puede ser apenas un proyecto formulado intelectualmente utilizando todos los recursos técnicos y científicos a nuestra disposición. Tenemos que incorporar algo fundamental: la razón cordial o sensible. En este tipo de inteligencia reside el mundo de las excelencias, que nos mueve y nos propicia una ética, una espiritualidad y el cuidado de tal forma que construímos un lazo afectivo con nuestra Madre Tierra. 

La razón intelectual, importante para dar cuenta de la complejidad de nuestras sociedades, tiene solo unos 7-8 millones de años. La razón cordial o sensible tiene como dos cientos y veinte millones de años e irrumpió cuando surgieron los mamiferos en el proceso de la evolución. La madre al dar a luz a su cría, la ama, la cuida y la defiende. Nosotros, los humanos, somos mamíferos racionales, penetrados de afecto, de cuidado y de cariño con nuestros hijos y hijas.

Hoy esta dimensión afectiva está prácticamente ausente en los procesos técnico-científicos, típicos de nuestro paradigma moderno. Importa enriquecer la razón intelectual con la razón sensible y cordial para movernos a amar y cuidar de la Tierra y de la naturaleza. En su encíclica Laudato Sí el Papa Francisco muestra varias veces poéticamente esta razón cordial y sensible. Ve en San Francisco “el ejemplo  por excelencia del cuidado…. tenia un corazón universal” (LS n.10). En otro lugar dice con profunda sensibilidad cordial: “Todo está relacionado y todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa….que nos une también con tierna afección al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano rio y a la Madre Tierra” (LS nn. 92 y 86).

Sin el rescate de los derechos del corazón no vamos a comprometernos en la salvación de los “commons”, ni vamos establecer una alianza afectiva con el hermano bosque, con la hermana agua, en fin, com todos los seres de la naturaleza de cual somos parte.

Unidos, corazón y mente, podemos dar sostenibilidad al proyecto de una civilización biocentrada. El próximo paso de la humanidad es empezar a dar cuerpo a este tipo de civilización, que podrá garantizar un futuro bienaventurado a la Casa Común, la naturaleza incluida.

‘Fratelli tutti’

Termino con una frase del libro de la Sabiduría, citado por el Papa en la enciclica Laudato Sì (n. 89):”Señor, tu amas todo cuanto existe, y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo hubieras creado… Tú eres indulgente con todas las cosas, porque todas son tuyas, oh Señor, amante de la vida (Sab 11,24-26).

Un Dios que es apasionado amante de la vida no va a permitir que sus hijos e hijas perezcan así miserablemente. Tenemos esperanza de que habrá cambios sustanciales en la conciencia de la humanidad, de cara a las amenazas que pueden exterminarla, que hará, en fin, “una conversión ecológica global” (LS n.5) y así seguiremos viviendo y resplandeciendo en este pequeño y radiante planeta Tierra, nuestra Gran Madre y Casa Común. 

Dixi et salvavi animam meam.

*Leonardo Boff, teologo, filosofo y escritor. Escribió: Ecología: grito de la Tierra-grito de los pobres, Trotta 2000;  con el cosmólogo Mark Hathaway, El Tao de la liberación: explorando la ecología de transformación, Trotta 2011. 

Congreso Líderes Mundiales de las Religiones

Francisco en Kazajistán y los cuatro mandamientos de las religiones hoy: la paz, los pobres, los migrantes y la ecología

El Papa abre el Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales en Kazajistán“La libertad religiosa es un derecho fundamental, primario e inalienable”, clama el pontífice

El papa Francisco en el Congreso de las Religiones en Kazajistán

Viaje de Francisco a Kazajistán (13-15 septiembre 2022) – Programa de la visita

Francisco ha presentado hoy ante los principales líderes confesionales del planeta lo que vendría a ser una guía práctica para que las religiones respondan a su misión en el contexto del mundo postpandémico del siglo XXI, o lo que es lo mismo “nuestro rol en el desarrollo espiritual y social de la humanidad durante el período pospandémico.


Así lo compartió durante su intervención en la la ceremonia de apertura del “VII Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales” que se celebra hasta mañana en el Palacio de la Independencia en Nursultán.

Artesanos de comunión

Francisco defendió que las religiones están llamadas a “hacerse cargo de la humanidad en todas sus dimensiones, volviéndose artesanos de comunión, testigos de una colaboración que supere los cercos de las propias pertenencias comunes, étnicas, nacionales y religiosas”.

Desde Kazajistán, el Papa dibujó cuatro grandes desafíos para que la fe transite una “nueva ruta del encuentro basada en las relaciones humanas”: la lucha contra la pobreza, la defensa de la paz, la apuesta por la fraternidad humana y el cuidado de la Casa Común. De alguna manera, Francisco vino a compartir los ejes fundamentales de su pontificado con un guiño constante al país anfitrión de la cumbre, puesto que usó como hilo conductor algunas de las reflexiones de Abay Kunanbayev, el gran poeta fundador de la literatura kazaja.

Itinerario de sanación

Al reivindicar el papel de los credos como protectores de los pobres, no hizo un canto al asistencialismo, sino que instó a los líderes religiosos a forjar “un itinerario de sanación para nuestra sociedad”.  “Seamos conciencias proféticas y valientes, hagámonos prójimos a todos, pero especialmente a los tantos olvidados de hoy, a los marginados, a los sectores más débiles y pobres de la sociedad, a aquellos que sufren a escondidas y en silencio”, clamó el Papa ante cristianos, musulmanes, judíos, budistas…

“El mayor factor de riesgo de nuestro tiempo sigue siendo la pobreza”, expuso sin titubear, alertando de sus consecuencias directas: “Mientras sigan haciendo estragos la desigualdad y las injusticias, no cesarán virus peores que el Covid: los del odio, la violencia y el terrorismo”.

Sin vacunas

Al paso denunció cómo todavía hoy las vacunas no han llegado a los países en vías de desarrollo: “¡Cuántos, todavía hoy, no tienen fácil acceder las vacunas!”, comentó.

En relación al reto para las religiones como constructoras de paz, y con la invasión de Ucrania de fondo, el pontífice argentino expresó que es necesario “una sacudida” por parte de los líderes religiosos para reafirmar que “Dios es paz y lleva siempre a la paz, nunca a la guerra” con el fin de que “nunca más el Omnipotente se vuelva a rehén de la voluntad de poder humano”.

Concepciones reductivas

En palabras que parecían dirigidas al posicionamiento de Kirill en defensa de los planes de guerra de Putin, lanzó la siguiente reflexión: “Purifiquémonos de la presunción de sentirnos justos y de no tener nada que aprender de los demás; liberémonos de esas concepciones reductivas y ruinosas que ofenden el nombre de Dios”.

Además, alertó de cómo las confesiones pueden dejarse llevar “por medio de la rigidez, los extremismos y los fundamentalismos” hasta profanar el nombre de Dios “a través del odio, el fanatismo y el terrorismo, desfigurando también la imagen del hombre”.

Cultura del descarte

A partir de ahí, el Obispo de Roma desarrollo su tercera vía en esta hoja de ruta confesional deteniéndose en la urgencia de la defensa de la vida a través de lo que presentó como la “acogida fraterna”. “Cada día bebés que están por nacer, migrantes y ancianos son descartados”, entonó el Papa, convencido de que “todo ser humano es sagrado”.

Aquí compartió la que es otra de las líneas general de su pontificado: la dignidad del migrante y los cuatro verbos que la hacen posible: acoger, proteger, promover e integrar. Partiendo de la base de que vivimos en “un mundo globalizado” que vive un “gran éxodo”.

Soluciones compartidas

Así, reclamó “soluciones compartidas y amplitud de miras”. “Es más fácil sospechar del extranjero, acusarlo y condenarlo antes que conocerlo y entenderlo”, añadió. Para ello, instó a los presentes a redescubrir “el arte de la hospitalidad, de la acogida, de la compasión”. “Y aprendamos también a avergonzarnos; sí, para experimentar esa sana vergüenza que nace de la piedad por el hombre que sufre, de la conmoción y del asombro por su condición, por su destino, de cual nos sentimos partícipes”, añadió justo después.

Francisco cerró su intervención con ese cuarto pilar a modo de objetivo para las confesiones que es la ecología integral, el cuidado de la Casa Común. “Frente a los cambios climáticos es necesario protegerla, para que no sea soportado a las lógicas de las ganancias, hasta preservada para las generaciones futuras, para alabanza del Creador”, compartió en voz alta.

Mentalidad de la explotación

En este sentido, denunció “la deforestación, el comercio ilegal de animales vivos, los criaderos intensivos” como parte de la que bautizó como “la mentalidad de la explotación que arrasa la casa que habitamos”.

Como premisa fundamental para hacer esto posible, el pontífice argentino defendió la libertad religiosa como “una condición esencial para un desarrollo verdaderamente humano e integral”.

Derecho primario

Aterrizando todavía más, “la libertad religiosa es un derecho fundamental, primario e inalienable, que es necesario promover en todas partes y que no puede limitarse únicamente a la libertad de culto”. A partir de ahí, completó que “es un derecho de toda persona dando testimonio público de la propia fe; proponerlo sin imponerlo nunca”.

Jorge Mario Bergoglio condenó el hecho de “relegar a la esfera de lo privado el credo” porque priva “a la sociedad de una riqueza inmensa” , frente al favorecimiento público de “los ambientes donde se respira una respetuosa convivencia de las diversidades religiosas, étnicas y culturales”.

Fuera el adoctrinamiento

El Papa defendió este derecho en doble dirección: reivindicándolo ante los poderes políticos frente a cualquier decisión dictatorial, pero también ante los líderes religiosos para huir de toda imposición. “Es la buena práctica del anuncio, diferente de proselitismo y adoctrinamiento, de los que todos están llamados para mantener distancia”, apostilló.

Echando la vista atrás a Kazajistán como antigua república soviética, recordó cómo “en este lugar es bien conocida la herencia del ateísmo de Estado, impuesto por decenios, es mentalidad opresora y sofocante por lo que el simple uso de la palabra ‘religión” resultaba incómodo’”. “En realidad, las religiones no son un problema, sino parte de la solución para una convivencia más armoniosa”, añadió.

De musulmanes a ortodoxos

Después del Papa Francisco, tomó la palabra el  Gran Imán de Al-Azhar, la otra gran estrella de la cumbre religiosa, como líder del islam moderado. Por su parte, en nombre de los ortodoxos rusos, en ausencia de Kirill, tomó la palabra el patriarca Anthony. El líder ortodoxo, pasando de puntillas por la guerra de Ucrania, simplemente condenó todo “extremismo” y “fundamentalismo” en nombre de la religión.

Ante esta crisis epocal

Víctor Codina: «Ante esta crisis epocal, necesitamos resistencia y profetismo»

Víctor Codina
Víctor Codina

La Asociación Teológica Juan XXIII dedica el 41 Congreso de Teología -que celebra en Madrid del 9 al 11 de septiembre- al tema de la pandemia, sus consecuencias, la postpandemia y las necesarias respuestas para virar el curso de la humanidad en dirección a un mundo más justo, solidario y superador de las brechas de la desigualdad

«A la Covid se ha añadido -señaló Víctor Codina durante su intervención- la cruel guerra de Ucrania, el riesgo de un conflicto mundial y atómico, la crisis económica mundial, los desastres del cambio climático, la perspectiva de la falta de agua, de gas y de energía, etc. Estamos ante una auténtica pandemia mundial, de la cual la Covid es solo la punta del iceberg»

«La pandemia no es casual, es consecuencia de un paradigma tecnocrático que ha destruido la naturaleza, es fruto de un sistema capitalista neoliberal que discrimina socialmente y mata, de una mentalidad nor-occidental, colonial, machista y patriarcal que descarta a ancianos, mujeres, indígenas y poblaciones del Sur global, edifica una sociedad basada en el armamentismo» 

«Hemos vivido experiencias humanas nuevas: la experiencia de la vulnerabilidad del ser humano y la necesidad emergente del cuidado, el sentirnos comunidad, ya que todos estamos en la misma barca»

Por | Víctor Codina, sj

Agradezco esta invitación al Congreso y me pregunto si se puede todavía decir algo nuevo sobre la pandemia de la Covid 19. Si me atrevo a hablar hoy sobre la pandemia no es por mi competencia teológica, sino por haber sido víctima de la Covid, haber estado al borde de la muerte, casi a punto de ver las barbas de San Pedro

Pero a la Covid se ha añadido ahora la cruel guerra de Ucrania, el riesgo de un conflicto mundial y atómico, la crisis económica mundial, los desastres del cambio climático con sequías, incendios e inundaciones, la perspectiva de la falta de agua, de gas y de energía, etc. Estamos ante una auténtica pandemia mundial, de la cual la Covid es solo la punta del iceberg.

Sensación de shock apocalíptico

Tenemos la sensación de sufrir un shock apocalíptico, una crisis colectiva, colapso mundial, caos, ganas de devolver el billete de la vida, como Iván Karamazov, el deseo de volver cuanto antes a la normalidad, sin mascarillas, ni confinamientos, ni restricciones.

NIño indígena vacunado en Brasil
NIño indígena vacunado en Brasil

Junto a esta visión apocalíptica, real y sensacionalista, fomentada por las redes sociales, hemos de reconocer que la Covid 19 también ha revelado una serie de aspectos positivos de nuestro mundo: científicos han descubierto nuevas vacunas, médicos, enfermeras y personal sanitario han cuidado a los enfermos aun a costa de su salud, gran solidaridad de vecinos y voluntarios, comunicaciones vía zoom, celebraciones litúrgicas telemáticas, nuevas formas de vivir la fe al margen del templo y del clero, etc.

Hemos vivido experiencias humanas nuevas: la experiencia de la vulnerabilidad del ser humano y la necesidad emergente del cuidado, el sentirnos comunidad, ya que todos estamos en la misma barca. 

Nuevas preguntas existenciales

También se han suscitado nuevas preguntas existenciales: ¿la pandemia es un castigo de Dios, como afirmaba el jesuita P. Penéloux en La Peste, de Camus? ¿dónde está Dios?, ¿qué es el mal?, ¿qué es la muerte?, ¿tiene sentido de la vida?, ¿ hay algo más allá de la muerte? Los cristianos también nos preguntamos si los templos cerrados no serían una crítica profética al clericalismo eclesial

Pandemia
Pandemia

Por otra parte, la pandemia ha ido generando un pensamiento humanístico que percibe la interconectividad entre todo lo que ha sucedido. La pandemia no es casual, es consecuencia de un paradigma tecnocrático que ha destruido la naturaleza, es fruto de un sistema capitalista neoliberal que discrimina socialmente y mata, de una mentalidad nor-occidental, colonial, machista y patriarcal que descarta a ancianos, mujeres, indígenas y poblaciones del Sur global, edifica una sociedad basada en el armamentismo. 

Alumbrar una nueva era

Estamos ante una crisis epocal, ante un modelo de humanidad y de sociedad que ha ya explotado, hay que ir más allá del antropoceno. Es ingenuidad pensar que hemos llegado al final de la historia, lo que necesitamos es resistencia, profetismo, porque otro mundo es posible y necesario, hemos de alumbrar una nueva era.

Surgen hoy nuevas preguntas teológicas que este Congreso deberá abordar: ¿no estaremos ante un signo de los tiempos, ante un lugar teológico y apocalíptico nuevo, en su sentido revelatorio, que nos anuncia que el proyecto de Dios es diverso del sistema social, ecológico, cultural y religioso de hoy? ¿No será que el Espíritu del Señor nos manifiesta hoy, a través del clamor de las víctimas y de los dolores de parto de una tierra esclavizada, que hemos de cambiar y convertirnos Señor? ¿No será que este caos global que sufrimos, encierra un kairós bíblico, donde el Espíritu del Génesis, la ruah femenina, aletea y engendra desde abajo una vida nueva, porque el Espíritu siempre actúa desde abajo para engendrar nueva vida

La Iglesia en pandemia
La Iglesia en pandemia

No se trata de volver a la vieja normalidad de antes, sino de generar una resistencia activa, dar una respuesta liberadora, construir un mundo diferente, justo y solidario, cercano a los pobres, al Reino de Dios y a las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret, sensible a la vida y esperanza Pascual de Jesús Resucitado. 

El humorista de El País, El Roto, al comienzo de la pandemia dibujó a un profeta, vestido como Juan Bautista, que decía: “He encontrado la vacuna”. “¿Cuál es?”, le preguntaron. “Otra forma de vivir”, les contestó. Pero le tomaron por loco.

Humanizar a Dios, divinizar la humanidad

En formulación teológica, Ximo García Roca, también víctima de la Covid, afirma que se trata hoy de humanizar a Dios y divinizar la humanidad, es decir acercar a Dios a nuestro mundo, inhumano y cruel, y hacer que la humanidad se abra al Misterio de un más allá trascendente al que los cristianos llamamos Padre-Madre nuestro.

Las distintas ponencias del Congreso sin duda ayudarán a responder estas y otras preguntas en torno a la Covid 19, ayudarán a levantarnos y ponernos a caminar de nuevo con esperanza. Buen trabajo.

41º Congreso de Teología

Juan José Tamayo: «La Covid ha puesto de manifiesto el fracaso del modelo neoliberal»

Boff y Tamayo
Boff y Tamayo

La Asociación Teológica Juan XXIII dedica el 41 Congreso de Teología al tema de la pandemia, sus consecuencias, la postpandemia y las necesarias respuestas para virar el curso de la humanidad en dirección a un mundo más justo, solidario y superador de las brechas de la desigualdad

Las personas que intervienen son figuras relevantes en sus campos: Víctor Codina, Mayte Muñoz, Victoria Camps, Jesús Peláez y Leonardo Boff

El Congreso quiere situarse del lado de las víctimas tal como lo expresa Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger: «A mí lo que me interesa de esta pandemia (y nosotros añadimos: de la guerra Rusia-Ucrania): son las víctimas»

El Congreso terminará con la lectura del Mensaje, que propondrá algunas líneas de acción a seguir en la respuesta a la pandemia y la postpandemia

09.09.2022 Juan José Tamayo

Buenas tardes, buenos días, buenas noches -dependiendo- del lugar donde se encuentren-a todas las personas de los diferentes continentes y países inscritas para participar en este Congreso Internacional on line, que iniciamos hoy. Muchas gracias por su interés y apoyo a nuestra convocatoria.

Desde hace más de dos años venimos sufriendo una pandemia que ha mantenido confinada o en permanente alerta a la población mundial a través de diferentes olas, ha provocado más de doscientos cincuenta millones de personas contagiadas, ha causado la muerte de más de doce millones de seres humanos y ha tenido consecuencias económicas y sociales muy negativas para la humanidad, especialmente para las personas y los colectivos más desfavorecidos.

Pero no podemos quedarnos en las cifras frías. Detrás de ellas hay vidas humanas frustradas, proyectos truncados, experiencias de amor rotas, familias destruidas que han sufrido tan irreparables pérdidas con un final inmerecido para quienes dedicaron su vida a trabajar por un mundo más justo, eco-humano y fraterno-sororal.

Brasil

«No podemos quedarnos en las cifras frías»

La covid-19 no ha afectado a todos por igual y con la misma intensidad. Ha sido, y sigue siéndolo hoy, mucho más agresiva con los continentes, los grupos humanos y las clases sociales más vulnerables de la población mundial, donde las heridas que ha dejado son más profundas y más difíciles de curar porque son estructurales, y ha ampliado las brechas de la desigualdad y la discriminación en todos los terrenos y de todo tipo: de género, de etnia, de cultura, de clase, de identidad sexual. Una desigualdad que, como dice el reciente informe de Oxfam mata y lo ratifica el título del libro del sociólogo Göran Therborn: La desigualdad mata (Alianza editorial, Madrid, 2022).

Lo que la covid-19 ha puesto de manifiesto es, por una parte, la vulnerabilidad del ser humano y la fragilidad del mundo, y, por otra, el fracaso del modelo neoliberal que, durante la pandemia, ha practicado la necropolítica, en expresión de Achille Mbembe, y la cultura del descarte, en el lenguaje del papa Francisco.

En palabras del prestigioso científico social Boaventura de Sousa Santos, “de manera cruel, el coronavirus abrió las venas del mundo, parafraseando la bella expresión de Eduardo Galeano. Nos permitió ver las entrañas de muchas monstruosidades que habitan nuestro día a día y nos seducen con los disfraces que, de tan comunes, asumimos como normalidad”. A su vez, ha sido posible “conocer resistencias comunitarias, iniciativas tan creativas como indignadas para aliviar el sufrimiento” (Boaventura de Sosua Santos, El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía, Akal, Madrid, 2021, pp. 6).

«Lo que la covid-19 ha puesto de manifiesto es, por una parte, la vulnerabilidad del ser humano y la fragilidad del mundo, y, por otra, el fracaso del modelo neoliberal que, durante la pandemia, ha intensificado las desigualdades»

“La pandemia -sigue afirmando Boaventura- mostró, con claridad antes nunca vista, lo peor del mundo en el que hemos vivido desde el siglo XVI: el impulso de la muerte que la dominación moderna desencadenó con impunidad en el mundo de humanos y no humanos no sometidos a ella. Pero… también mostró lo más exaltado de la humanidad: la solidaridad de tantos como arriesgaron su vida para salvar a los más vulnerables o los más afectados, que se consolaron y se cuidaron entre sí” (ibid., p. 8).

A esto cabe añadir la guerra Rusia-Ucrania-OTAN, destructiva de miles de vida humanas, causante de desplazamientos de millones de seres humanos en condiciones precarias, con una amenaza nuclear, la crisis energética y otras consecuencias imprevisibles para el conjunto de la humanidad.

Al tema de la pandemia, sus consecuencias, la postpandemia y las necesarias respuestas para virar el curso de la humanidad en dirección a un mundo más justo, solidario y superador de las brechas de la desigualdad, vamos a dedicar el 41 Congreso de Teología on line del 9 al 11 de septiembreLopresentará Víctor Codina, teólogo catalán que vivió 36 años en Bolivia, desde su experiencia de víctima de la Covid. La respuesta a la pandemia, afirma, no puede ser una parálisis personal, social y religiosa como tampoco la vuelta a la vieja normalidad, sino la resistencia activa en perspectiva liberadora y la construcción de un mundo diferente, justo y solidario.

A continuación, Mayte Muñoz, psicóloga clínica y psicoanalista, hará un análisis sobre “El virus que paralizó nuestras vidas: su intrusión y sus efectos” desde una mirada psicológica, en la que mostrará cómo el dolor, la incertidumbre y las conciencias de los propios límites que generó la pandemia nos lleva a repensar y vivir de otra manera nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y el sentido que demos a nuestra existencia.

Victoria Camps reflexionará sobre “El valor emergente del cuidado” como respuesta ética a las situaciones de precariedad provocadas por la pandemia y sus consecuencias en la postpandemia. El cuidado, que ha sido un deber asignado a las mujeres como una carga y se ha ubicado en el ámbito privado, “es un deber universal accesible a cuantos lo solicitan justamente” y “no puede ser visto solo como una responsabilidad privada”. El cuidado es un valor inseparable de la justicia. Ambos son valores complementarios, incluso el cuidado se encuentra “más allá de la justicia” (Victoria Camps, Tiempo de cuidados. Otra forma de estar en el mundo, Arpa, Barcelona, 2021, 76, 78).

Posteriormente, tendrá lugar la reflexión teológica. Jesús Peláez, catedrático de la Universidad de Córdoba, se centrará en la actitud de “Resistencia de Jesús de Nazaret ante los poderes”y su opción por la ética de la com-pasión con las víctimas y del cuidado de la vida de todos los seres humanos y de la naturaleza como opción fundamental. Jesús convivió con gente especialmente vulnerable y necesitada de cuidados a todos los niveles y murió víctimas de todos los poderes: religioso, político, económico, patriarcal. Desde dicha ubicación invita a la creación de una sociedad alternativa en la que el servicio, los cuidados, y no el poder, sean el pilar fundamental de la convivencia eco-humana y de la actividad política.

Leonardo Boff, teólogo de la liberación de Brasil, lo hará con una reflexión en dirección “Hacia una Iglesia samaritana y cuidadora de la naturaleza” desde una perspectiva bio-eco-teológica. Analizará la confrontación entre dos paradigmas civilizatorios: el del señor y dueño de la naturaleza y el del hermano y la hermana, es decir, el de la fraternidad universal y el amor social, propuesto por el papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti y por el que aboga Boff.

Terminaremos con la lectura del Mensajeque propondrá algunas líneas de acción a seguir en la respuesta a la pandemia y la postpandemia.

El Congreso quiere situarse del lado de las víctimas tal como lo expresa Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger: «A mí lo que me interesa de esta pandemia (y nosotros añadimos: de la guerra Rusia-Ucrania): son las víctimas»

El Congreso quiere situarse del lado de las víctimas tal como lo expresa Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger: “A mí lo que me interesa de esta pandemia(y nosotros añadimos: de la guerra Rusia-Ucrania-OTAN y de otras pandemias): son las víctimas. De hecho, para la Iglesia, y me refiero a las comunidades cristianas dispersas por todo el mundo, va a ser un desafío porque tendremos que estar con las víctimas de la mayor pobreza que vendrá tras el virus».

Bienvenidos al capitalismo de escasez

Por José Castillo

La pandemia iba a ser algo pasajero, pero ha terminado suponiendo cambios trascendentales en nuestra cotidianidad; la crisis inflacionaria también iba a ser algo pasajero, vaticinaban los principales gurús económicos, pero ha provocado una desvalorización de los salarios sin parangón en las últimas décadas; finalmente, el periodo de ahorro o racionamiento energético también claman que será pasajero, pero ya no es tan fácil de creer. ¿Estamos ante un episodio pasajero provocado por la guerra de Ucrania o ante una gran mutación del modo de regulación en la gobernanza del sistema capitalista mundial?

Que el sistema-mundo capitalista está en una fase crítica de cambio y cronificación de la crisis económica es asumido por todas las grandes corporaciones del capital y sus instituciones gobernantes, el Foro Económico Mundial lleva hablando desde el inicio de la pandemia de covid19 de un plan de “Gran Reset” para reconstruir la economía mundial y dirigirla a un nuevo ciclo de acumulación. Este cambio de paradigma se enmarca como la finalización y profundización lógica a lo que podemos denominar, siguiendo las palabras del sociólogo Andrés Piqueras, como la Segunda Gran Crisis de Larga Duración del capitalismo que comenzó hacia 1973 y que encontró su salida temporal en el marco de regulación en el modelo financiarizado-neoliberal. El fin de este modelo puede estar llevándonos en la actualidad hacia otra Gran Mutación del modelo de acumulación-regulación capitalista.

Sin embargo, pese a los cantos de sirena que se lanzaron a comienzos de la pandemia augurando un nuevo modelo de “keynesianismo pandémico”, sobre todo desde ámbitos políticos progresistas, que se basaría en una suerte de vuelta al paradigma del Estado redistribuidor, la actual crisis inflacionaria y bélica demuestran que los derroteros de la gobernanza capitalista apuntan hacia un modelo de escasez marcado por la pobreza y proletarización crecientes. Todo esto junto al intento de control de la exclusión y sus problemas sociales vía políticas estatales de subsistencia mínima.

Es evidente que vivimos un periodo de transición hacia algo nuevo, y que a todos ojos no se parece en nada a los “felices años” posteriores a la Segunda Guerra Mundial

Tal y como plantea Giovanni Arrighi, uno de los autores más destacados del paradigma del sistema-mundo capitalista, cada vez que sucede una crisis por los excesos del capital financiero sobre el productivo, esta marca la señal de la decadencia de cierto modelo de crecimiento y de la potencia que se ha hecho hegemónica con el mismo. En esa fase nos encontramos, a una década del estallido del sistema financiero y con tensiones geopolíticas crecientes por el dominio mundial. Pese a no poder vislumbrar todas las características de esta nueva fase, es evidente que vivimos un periodo de transición hacia algo nuevo, y que a todos ojos no se parece en nada a los “felices años” posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Los cambios de fase capitalista

Como hemos mencionado, el capitalismo occidental lleva décadas en crisis, destacados economistas marxistas y heterodoxos hablan de una larga depresión al menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Y los datos estadísticos oficiales demuestran esta tesis; las tasas de reinversión y productividad no han hecho más que caer en las últimas décadas, pese a que se ha tratado de mantener viva la demanda agregada vía crédito fácil, burbuja que estalló con la crisis del 2008. Pero esta vez nos encontramos ante una nueva dimensión de la crisis, ya que el capitalismo se acerca a lo que podemos llamar sus límites biofísicos; por lo tanto, además de sus límites internos debe enfrentarse a los externos, a que los recursos del planeta que han asegurado su reproducción en el tiempo son finitos.

Arabía Saudí ha advertido de que ya ha llegado a su techo de producción de petróleo y que, pese a seguir siendo el principal productor de petróleo del mundo, no tendrá capacidad adicional para aumentar la producción por encima de los 13 millones de barriles por día que se comprometió a tener para 2027. El petróleo sigue siendo una pieza clave en todos los procesos productivos e imprescindible para todo el sistema de transportes. La crisis no es solo un bache puntual, sino que va a traer cambios que serán instaurados como temporales, pero vendrán para quedarse, como el del racionamiento de energía a todos los niveles.

Pero, además, el sistema capitalista arrastra la habitual contradicción entre el valor ficticio generado por el entramado financiero mundial y la plusvalía y valor real producido, lo que responde a un estancamiento de la tasa de ganancia que vuelve a caer en nuestros días. Muestra de ello es que la producción industrial global cayó un 2,7% en abril, tras haber caído un 1% en marzo. Concretamente, en Alemania, la principal potencia industrial europea, el componente de compras prospectivas e inventarios manufactureros medido por el índice PMI (Índice de Gestores de Compras, por sus siglas en inglés) ha caído en picado hasta los niveles de 2008, por lo que es probable que la fabricación alemana y la demanda industrial mundial ya estén en recesión.

El fin del ciclo financiarizado con centro en Estados Unidos lleva en declive más de una década, pero ninguna otra zona de la geografía del sistema-mundo capitalista muestra de momento el suficiente dinamismo como para poder arrastrar al sistema mundial en su conjunto a un nuevo ciclo de acumulación basado en la producción real de valor y ganancia. Además de que este nuevo ciclo se enfrentaría a los mencionados límites biofísicos. Ante este agotamiento de reservas energéticas y primarias vitales puede surgir un modo de regulación y gobernanza capitalista nuevo, con la guerra por los recursos como elemento de regulación a nivel externo y la imposición de medidas de racionamiento a la población a nivel interno. De todas maneras, el impacto y alcance de este nuevo modo de regulación capitalista tendría distintos efectos y formas en la periferia o en el centro del sistema.

Capitalismo de escasez en la periferia

Está claro que esta posible transición hacia un modelo de regulación capitalista donde la escasez y el racionamiento sean la norma social no afectará por igual a los países del llamado centro del sistema que a los de la periferia. Ya que en estos segundos la escasez material real ha sido la norma más que la excepción durante los siglos de modernización capitalista. Sin embargo, podemos decir que, en esta fase bélica de reconfiguración de las relaciones capitalistas globales, la llamada periferia de tardía industrialización se verá especialmente golpeada por las interrupciones en las cadenas de suministros de alimentos, pudiendo producirse hambrunas a gran escala como la que ya se vislumbra por el bloqueo del trigo ucraniano y la solución que han tenido que buscar las potencias globales para su desbloqueo provisional.

El trigo de Ucrania y Rusia se exporta principalmente a Oriente Medio y al norte de África. Por su parte, Rusia es el mayor exportador mundial de fertilizantes, con un 15% del suministro mundial. En la actualidad, de los 195 países del mundo, al menos 34 son incapaces de producir su propia comida debido a limitaciones de agua o de tierra, de estos 34 la mayoría se sitúan en la lista de los principales importadores alimenticios de Rusia y Ucrania, situados en la región del Norte de África y Oriente Medio. Entre estos países también hay claras diferencias, los países productores de petróleo del Golfo pueden acceder a otras vías de suministro de alimento gracias a sus divisas procedentes de los hidrocarburos, pero existen otros países africanos que no, ya que dependen de que el trigo ruso y ucraniano es más barato por su calidad proteica inferior respecto a otros exportadores de esta materia prima.

Por ejemplo, Egipto, que obtenía hasta ahora más del 85% de sus importaciones de trigo de la región del Mar Negro y necesitará encontrar proveedores alternativos, que serán más caros. Otros países de la región, como Yemen y Siria, están en una posición aún más grave a causa de su dependencia de las ayudas alimentarias, ya que el Programa Mundial de Alimentos (World Food Program) tiene también dificultades para aprovisionarse. En una época donde el índice de precios alimenticios ha llegado a récords históricos, la predicción del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas es que 2022 será “un año de hambre catastrófica”.

Precisamente, los datos de la misma FAO ya alertan de que la inflación alimentaria mundial ha hecho subir de manera considerable y en el rango temporal de un solo año el porcentaje de personas en situación de inseguridad alimentaria, sobre todo en África, América Latina y el Caribe. En este contexto, los países más desfavorecidos ya han optado por una estrategia de proteccionismo alimentario. Uganda y Ghana han prohibido la exportación de granos y otros productos agrícolas. Este último país ha vivido una subida repentina del 27% de la inflación y numerosas protestas recorrieron las calles del país el mes de mayo por la situación de hambre que empezaba a expandirse.

Al problema del hambre se le une en la periferia global el de la deuda y la subida de tipos de interés generalizada, que dificultará la refinanciación de los Estados más débiles y mermará su capacidad importadora de alimentos y de otros bienes básicos. La quiebra de Sri Lanka puso de relieve que el problema de financiación de los países capitalistas es de máxima actualidad. Según una información publicada por el portal de noticias económicas Bloomberg, hay al menos 15 países con riesgo de incurrir en impago en los próximos meses, con una prima de riesgo por encima del 10% (>1000 bps), entre los que destacan países como Líbano, Bielorrusia, Ucrania o Túnez.

Las consecuencias de las turbulencias económicas globales son claras, más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema este año 2022, según un reciente informe de la ONG Oxfam Intermón. Tal es la situación, que la clase capitalista ha comenzado a alertarse por las posibles consecuencias sociales de esta desigualdad creciente. Larry Flink, CEO de BlackRock, se ha pronunciado advirtiendo de que le preocupa mucho más la subida de los precios alimentarios que la de los de la gasolina u otros carburantes.

Capitalismo de escasez en el sistema central

En los países del centro del sistema-mundo capitalista, como en Europa, la situación no llegará hasta el extremo de una escasez tan generalizada, pero sí que se instaurará un nuevo régimen regulatorio en el que los precios altos de la energía y su racionalización de uso se instaurarán como realidades permanentes. Pese a la intervención que distintos gobiernos puedan realizar sobre la factura de la luz, la verdad es que el tiempo de la energía barata parece haber llegado a su fin. Por ejemplo, y pese a la relativa prontitud para un juicio absoluto, el tope al precio de la energía impuesto por el Gobierno de España ha rebajado la factura de la luz, pero según datos de Facua, la factura de junio de este año fue la tercera factura más cara de la historia: el usuario medio abonó 133,85 euros, un 65% más que hace un año.

En cuanto a la cantidad de gas real que acumula la Unión Europea actualmente, en total, los Estados miembros acumulan 597 TWh de gas (teravatios por hora) de los 1.100 TWh de capacidad total con la que cuenta la UE, una cantidad cercana al 55%. Para octubre la UE espera tener sus depósitos de gas al 90%. Para ello, y debido a que los gasoductos provenientes de Rusia están funcionando a capacidades bastante alejadas de sus máximos, la UE ha propuesto ya a sus Estados miembros un plan de ahorro energético, que ha comenzado a aplicarse en pleno verano, sin esperar al invierno.

El país que más va a sufrir es Alemania, ya que cuenta con la industria europea más dependiente del gas natural ruso, debido a su política de descarbonización y cierre de centrales nucleares y escasa sustitución por otras fuentes de energía

El objetivo es que entre familias y empresas se ahorren entre 45.000 millones y 30.000 millones de metros cúbicos de gas. Sin embargo, no es lo mismo el ahorro que puede realizar una familia al de una rama industrial totalmente dependiente del gas natural, como es el caso de los hornos de las fundiciones de algunas industrias. En este sentido, el país que más va a sufrir es Alemania, ya que cuenta con la industria europea más dependiente del gas natural ruso, debido a su política de descarbonización y cierre de centrales nucleares y escasa sustitución por otras fuentes de energía.

La Comisión Europea lo ha dejado claro, por ahora, este ahorro energético no responde directamente a ninguna política climática, el objetivo es amortiguar la situación de emergencia que supondría un parón en la industria alemana por la falta de energía y que supondría un “momento Lehman” de hundimiento para toda la economía europea. Por eso los Estados miembros ya están aplicando políticas de ahorro energético. Desde controlar las temperaturas de aires acondicionados y calefactores en lugares públicos, hasta recomendaciones de duchas más cortas o de mantener todos los electrodomésticos apagados en caso de no estar usándose. Las medidas son variopintas, pero sin duda está claro que este invierno va a ser más oscuro y frío de lo que los países occidentales estaban acostumbrados.

El alcance del racionamiento energético dependerá de dos factores: el primero, el clima, ya que un invierno duro y frío podría disparar la demanda de gas natural para calentar los hogares. El segundo factor es la demanda internacional de gas, si países con un gran consumo industrial como China recuperan su consumo prepandemia podemos encontrarnos en una situación donde el flujo de gas ruso se incremente hacia el sureste asiático en detrimento de Europa. De todas maneras, un corte total a Europa por parte de Rusia parece imposible, ya que supondría un gran desbarajuste en los ingresos gubernamentales rusos; dado que, hoy por hoy, los países europeos son los mayores clientes de gas ruso. Una situación que no puede revertirse en el corto plazo, debido a todas las infraestructuras que requeriría construir en poco tiempo.

En consecuencia, independientemente del alcance que finalmente tenga el racionamiento energético, lo que ya se puede vislumbrar es que de este invierno la clase obrera europea saldrá notablemente más empobrecida, ya que la mayoría de la población europea ha estado enfrentando durante todo el año 2022 unas cifras de inflación cercanas al 10%. Al contrario, como ejemplo paradigmático, según datos del ministerio de Trabajo español, los salarios subieron en el primer trimestre una media del 2,36%, lejos de las cifras que marcaba el IPC, siempre superior al 6%.

Por tanto, el relato del ahorro energético también tiene consecuencias psicosociales en el sentido de que gran parte de la población percibe que sus ahorros se han reducido, pero ahora existe un relato en pro del ahorro y de una vida más austera justificado por el escenario bélico. En este contexto, la tasa de ahorro de los hogares españoles ha entrado en negativo en el primer trimestre por primera vez en tres años, lo que presupone que los ahorros acumulados durante la pandemia no eran tan grandes como el relato oficial presuponía. El índice de confianza de los consumidores de la eurozona se ha hundido también hasta niveles mínimos desde el año 2012, en plena crisis del euro.

Este escenario de capitalismo de escasez va a tener repercusión en las legislaciones nacionales, que preparan un escenario de mayor castigo para controlar a una población más pauperizada. El Congreso de los Diputados español dio luz verde en junio a una reforma del Código Penal que prevé castigar con prisión pequeños hurtos en caso de reincidencia. Todo ello con el objetivo de estigmatizar a quienes más va a afectar este encarecimiento de la vida, como menciona el juez Ramiro García de Dios Ferreiro, por regla general, de 23 juicios señalados en el conjunto de los juzgados, 20 son exclusivamente de tentativa de hurto de productos de menos de 400 euros en comercios.

Otros Estados europeos preparan también un endurecimiento de su normativa legal en el ámbito laboral. Noruega, uno de los principales sustitutos exportadores de gas y petróleo en detrimento de Rusia, intervino el derecho a huelga de los trabajadores de la empresa estatal energética a finales de junio por el miedo de que las reclamaciones huelguísticas de los trabajadores por un alza salarial pudieran disminuir en un 13% el suministro de gas del país.

Conclusiones políticas

No es la primera vez en la historia del sistema capitalista mundial en la que coinciden una crisis energética y una crisis inflacionaria, ya que el mismo escenario se vivió en los años posteriores a la conocida crisis del petróleo de 1973. Sin embargo, en aquel entonces la economía capitalista mundial solamente comenzaba a vivir el largo declive que sufriría en las siguientes cinco décadas, con la concatenación incesable de crisis de mayor o menor medida solamente paliadas vía crédito y crecimiento artificial, al menos en el polo europeo-estadounidense. Ojo, que el escenario sea de escasez no quiere decir que las grandes empresas oligopólicas que gestionen esta escasez vayan a dejar de tener beneficios extra, ya que el precio al alza les favorece, como demuestran las cuentas de récord de las principales empresas energéticas.

Tras el shock pandémico, que ya introdujo nuevas modalidades en la regulación social, bajo el escenario bélico podemos avanzar a lo que todas luces se puede caracterizar como un capitalismo donde el consumo de energía y ciertos recursos será el primer objetivo social a regular

Además, al contrario que en la década de 1970, hoy no existe un movimiento obrero fuertemente organizado en la mayoría de países occidentales. Coincidiendo con la crisis inflacionaria de los años 70, la mayoría las patronales doblaron el brazo de la clase obrera organizada imponiendo pactos de rentas muy por debajo de la inflación, al estilo de los Pactos de la Moncloa. Sin embargo, lo que en el contexto actual destaca es la existencia de una amplia capa de población excluida temporal o permanentemente de los circuitos del trabajo asalariado, lo que la hace todavía más dependiente de las ayudas estatales de subsistencia mínima que se le puedan ofrecer. Tras el shock pandémico, que ya introdujo nuevas modalidades en la regulación social, bajo el escenario bélico podemos avanzar a lo que todas luces se puede caracterizar como un capitalismo donde el consumo de energía y ciertos recursos será el primer objetivo social a regular. Bienvenidos al capitalismo de escasez.

José CastilloEs investigador doctoral en el departamento de Geografía Política de la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion/bienvenidos-al-capitalismo-de-escasez

Las migraciones

La Gaceta de Sophía: La experiencia de migrar, de primera mano

Mujeres: Fuerza que migra y ¡esfuerzo compartido!

Migrantes
Migrantes

No camino sola, camino de la mano de mis / cantos, piso fuerte, dejos raíces… /Se esparcen como semillas, / que florecen en medio de los mares que paren  niños al amanecer

El año 2020 pasará a la historia como un tiempo en el que la humanidad entera vivió lo mismo: una pandemia de la que ningún rincón del mundo pudo verse a salvo

Ese año quedará, en los anales de la historia, como un hito en el camino de la humanidad; un antes y un después. Pero la verdad es que, lo que se vivió en el 2020, empezó mucho antes

Elegimos escribir y compartir sobre el fenómeno de la Migración que no es nuevo. Movimientos migratorios ha habido siempre, pero esta vez, con las características del tsunami que identifica a la actualidad de nuestro tiempo

Nuestra sencilla aportación es propiciar un diálogo en donde son invitadas a sumarse y aportar las experiencias de migración en primera persona. No hay nada que nos acerque más que escuchar esos relatos de primera mano

Comencemos con estas grandes palabras: Comunidad, Hospitalidad y Solidaridad

(Tras las huellas de Sophía).-

Noches de blanco y negro

Idania Mejía

Me cobija el alma, la noche en blanco y negro transnacional…

¡Soy símbolo!

¡Soy comunidad!

Me huele la ropa a mamá

Me huelen a mujeres los caminos

En el tránsito se pintan huipiles con lágrimas

Tejen las niñas, con rimas y Cantos…

¡Noches de negro y blanco!

Se rompe el orbe donde pisan

Construyen muros de esperanza,

detrás del reflejo…

Del rayo de luz que alumbra su ojo siempre izquierdo

En el pequeño muro sobre el cual

pintan esperanzas,

Hay agua donde pisan

Mares de cometas

Lamentos de mis antepasadas de ojos marrones

De ojos azules y velos rosas

No camino sola, camino de la mano de mis

cantos, piso fuerte, dejos raíces…

Se esparcen como semillas,

que florecen en medio de los mares que paren  niños al amanecer

En medio de mi pecho nace la pertenencia…

¡No tengo ciudadanía, porque soy de aquí y soy de allá!

Me niego a que me borren, aunque soy otra

¡En noches de blanco y negro!

Humanidad en movimiento

“A seis manos”:

Patricia Paz (Buenos Aires)

Yolanda Chávez (Los Ángeles)

Mari Paz López Santos (Madrid)

El año 2020 pasará a la historia como un tiempo en el que la humanidad entera vivió lo mismo: una pandemia de la que ningún rincón del mundo pudo verse a salvo.

Desde el mes de marzo del 2020 se habla de nueva normalidad, de nuevo paradigma mundial, y también de todo lo contrario: volver a lo que estábamos sin que nada cambie.

Ese año quedará, en los anales de la historia, como un hito en el camino de la humanidad; un antes y un después. Pero la verdad es que, lo que se vivió en el 2020, empezó mucho antes. La pandemia fue la explosión (manifestación), que podríamos comparar a un volcán, a un tsunami, algo imparable que engulle todo lo que encuentra a su paso.

Reflexionando sobre todo eso, nos hemos juntado para escribir tres mujeres que nacimos y vivimos en tierras muy diferentes, lejanas en kilómetros pero acercadas por la tecnología de este tiempo. No vamos a escribir sobre la realidad global mundial de antes y después del COVID-19.

Elegimos escribir y compartir sobre el fenómeno de la Migración que no es nuevo. Movimientos migratorios ha habido siempre, pero esta vez, con las características del tsunami que identifica a la actualidad de nuestro tiempo. Actualidad que podríamos definir como la nueva Era de la Migración.

Según el Informe 2020 sobre las migraciones en el mundo de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), el número de personas que vive en un país distinto a su país de origen es mayor que nunca.

Las complejas realidades migratorias pueden ser abordadas desde diferentes perspectivas. Esta vez, en “Tras las Huellas de Sophia”, nos sentimos invitadas a abordarlas desde donde las podemos expresar, desde lo que hemos visto, lo que hemos vivido en la realidad de nuestras propias vidas: el llanto de las madres que ven migrar a sus hijos; el llanto de las madres que tienen que migrar dejando atrás a sus hijos; y el llanto de las madres que tienen que migrar con sus hijos.

“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos…eso es lo que les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros” (1 Juan 1, 1-3)

Desde esta dimensión, como cada una de nosotras tiene una experiencia totalmente distinta acerca de la migración, nos preguntamos: ¿Qué podemos aportar?

Lo primero que nos surge como reflexión es el hecho de que en esta nueva realidad migratoria la persona migrante es vista más como amenaza que como contribución a la comunidad.  Amenaza no solamente como competencia para los puestos de trabajo, sino más bien por su raza, o su religión.

«Las estadísticas y las noticias en los medios terminan por anestesiarnos, en cambio lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos… nos abre el corazón»

Cualquier persona que plantee qué puede aportar como ciudadanos del mundo a esta tragedia, sentirá una gran impotencia, como nosotras hemos sentido al ver que no podemos hacer mucho. Sin embargo, en nuestro caso, tenemos la escritura como herramienta, que se suma, a la obligación de todos, de mirar nuestros corazones para ver cuan acogedores son con las personas migrantes y desde ahí trabajar para convertir nuestros propios corazones y para tratar de convertir los de quienes nos rodean, invitándoles a ver, como con las personas, los grandes valores humanos también migran. Comencemos con estas grandes palabras: Comunidad, Hospitalidad y Solidaridad.

La experiencia de migrar, que en algún momento fragmenta la identidad de los que llegan, los lleva también, en otro momento, a reconstruirla, y cuando lo hacen desde la fe, su cosmovisión se enriquece aún más y, desde ese redescubrimiento identitario, se adquiere una nueva forma de comprender la vida de quienes llegan y de quienes estaban allí.

Hemos concluido que nuestra sencilla aportación es propiciar un diálogo en donde son invitadas a sumarse y aportar las experiencias de migración en primera persona. No hay nada que nos acerque más que escuchar esos relatos de primera mano. Las estadísticas y las noticias en los medios terminan por anestesiarnos, en cambio lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos… nos abre el corazón.

UBUNTU

«Yo soy yo a través de ti»: Ubuntu, una salida a nuestra barbarie

Ubuntu
Ubuntu

La pandemia ha mostrado una abismal desigualdad mundial y una cruel falta de solidaridad hacia las personas que no pueden mantener la distancia social ni dejar de trabajar

En este contexto ultrajante dos alternativas pueden salvarnos: la solidaridad y el internacionalismo. En esa perspectiva consideramos inspiradora una categoría fundamental, venida de África. Esta se expresa por la palabra Ubuntu, que significa: yo solo soy yo a través de ti

Fue relatada por un viajante europeo y blanco que se extasió con el hecho de que siendo más pobres que la mayoría, los africanos eran menos desiguales. Quiso saber el por qué e ideó un test

Por Leonardo Boff

La pandemiaha mostrado una abismal desigualdad mundial y una cruel falta de solidaridad hacia las personas que no pueden mantener la distancia social ni dejar de trabajar porque entonces no tienen qué comer. Para ser concretos: no hemos abandonado aún el mundo de la barbarie: si ya la habíamos dejado, hemos vuelto ella. Nuestro mundo no se puede llamar civilizado cuando un ser humano no reconoce y acoge a otro ser humano, independientemente del dinero que lleva en el bolsillo o tiene depositado en el banco, o de su visión de mundo y su pertenencia religiosa. 

La civilizaciónsurge cuando los seres humanos se entienden iguales y deciden convivir pacíficamente. Si esto es así, estamos todavía en la antesala de la civilización y navegamos en plena barbarie. Este escenario es dominante en el mundo de hoy, agravado aún más por el ataque de la Covid-19. Él adquirió su más siniestra expresión mediante la cultura del capital, competitiva, poco solidaria, individualista, materialista y sin ninguna compasión con la naturaleza. En este contexto ultrajante dos alternativas pueden salvarnos: la solidaridad y el internacionalismo.

La solidaridadpertenece a la esencia de lo humano, pues si no hubiera habido un mínimo de solidaridad y de compasión, ninguno de nosotros estaría aquí hablando de estas cosas. Fue necesario que nuestras madres solidariamente nos acogieran, abrazaran, alimentaran y amaran para que podamos existir.

Sabemos por la bioantropología que por la solidaridad nuestros antepasados antropoides se volvieron humanos, y con esto, civilizados, cuando empezaron a traer comida al grupo, la repartieron solidariamente entre ellos y practicaron la comensalidad. Esta acción continúa todavía hoy, cuando muchos grupos, especialmente los Sin Tierra, se han mostrado solidarios distribuyendo decenas de toneladas de alimentos del campo y muchos centenares de marmitas para saciar el hambre de miles de personas en las calles y periferias de nuestras ciudades. 

«Parece obvio: si el problema es internacional, debería haber también una solución concertada internacionalmente. ¿Pero quién cuida de lo internacional?»

Cada país cuida de sí mismo como si no hubiese nada más allá de sus fronteras. Ocurre sin embargo que hemos inaugurado una fase nueva de la historia de la Tierra y de la Humanidad: la fase planetaria, la de la única Casa Común. Los virus no respetan las fronteras nacionales. La Covid-19 ha atacado a toda la Tierra y amenaza a todos los países sin excepción. Las soberanías se muestran obsoletas. ¿Qué hubiera sido de los mayores de Italia, gravemente infectados por la Covid-19, sin la solidaridad de Angela Merkel de Alemania que salvó a la gran mayoría? Pero eso fue una excepción para mostrar que es mediante la superación del nacionalismo envejecido en nombre del internacionalismo solidario como podremos encontrar un camino de salida a nuestra barbarie. En esa perspectiva consideramos inspiradora una categoría fundamental, venida de África. Mucho más pobre que nosotros, ella es más rica en solidaridad. Esta se expresa por la palabra Ubuntu, que significa: yo solo soy yo a través de ti.

Por lo tanto, el otro es esencial para que yo exista en cuanto humano y civilizado. Inspirado por Ubuntu, el recién-fallecido arzobispo anglicano, Desmond Tutu, encontró para Sudáfrica una clave para la reconciliación entre blancos y negros en la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación.

Como ilustración de cómo el Ubuntu está enraizado en las culturas africanas, consideremos este pequeño testimonio:

Un viajante europeo y blanco se extasió con el hecho de que siendo más pobres que la mayoría, los africanos eran menos desiguales. Quiso saber el por qué. Ideó un test. Vio un grupo de chicos jugando futbol en un campo rodeado de árboles. Compró una hermosa cesta de variados frutos llenos de color y la puso en lo alto de una pequeña colina.

Llamó a los jóvenes y les dijo: “Allí arriba hay un cesta llena de sabrosos frutos. Vamos a hacer una apuesta, pónganse todos en fila y cuando dé la señal empiecen a correr. El primero que llegue arriba podrá coger la cesta y comer todo lo que quiera”.

Dio la señal de partida. Cosa curiosa: todos se dieron las manos y juntos corrieron hacia lo alto, donde estaba la cesta. Y empezaron a saborear solidariamente los frutos.El europeo, estupefacto, preguntó: ¿por qué hicieron eso? ¿no era que el primero que llegase podría comer todos los frutos él solo? 

Todos gritaron al unísono: ¡Ubuntu! ¡Ubuntu! Y un chico algo más mayor le explicó: “¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz solo si todos los demás estuvieran tristes?” Y añadió: “Mi señor, la palabra Ubuntu significa eso para nosotros: “yo solo puedo ser yo por medio del otro”. “Sin el otro no soy nada y estaría siempre solo”. “Soy quien soy porque soy a través de los otros. Por eso repartimos todo entre nosotros, colaboramos unos con otros y así nadie se queda fuera y triste. Eso hicimos con su propuesta. Comemos todos juntos porque todos ganamos la carrera y juntos disfrutamos los buenos frutos que nos trajo. ¿Entendió ahora?”

Este pequeño relato es lo contrario de la cultura capitalista. Esta imagina que alguien es tanto más feliz cuanto más puede acumular individualmente y disfrutarlo solo. A causa de esta actitud reina la barbarie, y hay tanto egoísmo, falta de generosidad y ausencia de colaboración entre las personas. La alegría (falsa) es de pocos, al lado de la tristeza (verdadera) de muchos. Para vivir bien en nuestra cultura, muchos tienen que vivir mal. Sin embargo, por todas partes en la humanidad, están fermentando grupos y movimientos que ensayan vivir esa nueva civilización de la solidaridad entre los humanos y también con la naturaleza. Creemos que la construcción del Arca de Noé ha empezado. Ella podrá salvarnos si el Universo y el Creador nos conceden el tiempo necesario. Fuera de la solidaridad y el sentido internacionalista pereceremos en nuestra barbarie. 

Construir la casa común

«El tiempo de las naciones pasó. Tenemos que construir la Casa Común»Leonardo Boff: «El futuro de la vida depende de nosotros»

Covid
Covid

«La Covid-19, al afectar a todos los humanos, nos ha dado una señal que cabe interpretar. En la naturaleza nada es fortuito»

«¿Cuál es el sentido más inmediato que la naturaleza nos está revelando con el ataque del coronavirus? El sentido nos viene en forma de exhortación»

«Paren con el asalto sistemático y depravador de los ecosistemas, de los bosques y selvas, de los suelos, de las aguas, de la biodiversidad: están cavando su propia sepultura en el marco de un tiempo previsible»

«La pandemia ha afectado de forma global a la humanidad. Ya que la forma es global, la solución obviamente debería ser también global: discutida y decidida globalmente»

«Como nunca antes en la historia el destino de nuestras vidas depende de las decisiones que debemos tomar colectivamente. En caso contrario, conoceremos el camino ya recorrido por los dinosaurios»

Por Leonardo Boff

La Covid-19, al afectar a todos los humanos, nos ha dado una señal que cabe interpretar. En la naturaleza nada es fortuito. La visión mecanicista de que la naturaleza y la Tierra no tienen propósito está superada. Siendo seres vivos, son portadores de sentido y forman parte del cuadro general del proceso cosmogénico que tiene ya 13.700 millones de años. Si todos los elementos no se hubiesen articulado sutilmente, durante miles de millones de años, no estaríamos aquí para escribir sobre estas cosas.

¿Cuál es el sentido más inmediato que la naturaleza nos está revelando con el ataque del coronavirus? El sentido nos viene en forma de exhortación:

Paren con el asalto sistemático y depravador de los ecosistemas, de los bosques y selvas, de los suelos, de las aguas, de la biodiversidad. Sus megacorporaciones industrialistas y extractivistas, sus empresas mineras, el agronegocio empresarial en asociación con la industria de agrotóxicos, los eyectores de giga-toneladas de gases de efecto invernadero en la atmósfera, los causantes de la erosión de la biodiversidad, ustedes están destruyendo las bases que sustentan su propia vida; están cavando su propia sepultura en el marco de un tiempo previsible; no los campesinos familiares, los pobres de la tierra, sino ustedes están destruyendo los hábitats de miles de virus presentes en los animales; buscando sobrevivir, encontraron en los humanos un huésped para su supervivencia a costa de la vida de ustedes.El falso proyecto de crecimiento/desarrollo ilimitado de su cultura consumista ya no lo pueden soportar la naturaleza y la Tierra, planeta viejo y limitado en bienes y servicios; como reacción a la violencia contra mí ‒la naturaleza y la Madre Tierra‒ les he enviado ya varios virus que les atacaron, pero no han visto en ellos una señal, no han aprendido a leerlos ni han sacado la lección que ellos contienen. Ustedes solo piensan en volver a la vieja y perversa normalidad; por eso les digo: o ustedes cambian su relación con la naturaleza y con la Madre Tierra, relación de cuidado, de respeto a sus límites, de autolimitación de la voracidad de ustedes, sintiéndose efectivamente parte de la naturaleza y no sus pretendidos dueños, o serán asolados por virus aún más letales; les advierto: uno de ellos puede ser tan resistente que mostraría la total ineficacia de las vacunas actuales y gran parte de la humanidad sería consumida por el Next Big One, el último y fatal. La Tierra y la vida en ella, especialmente la microscópica, no perecerán.

La Tierra viva seguirá girando alrededor del Sol y regenerándose, pero sin ustedes. Por lo tanto, cuídense pues estamos en el tiempo de la cuenta atrás. La naturaleza es una escuela, pero ustedes no han querido matricularse en ella y por eso, irracionalmente, están pavimentando el camino que los llevará a su propia destrucción. Y ya no digo más”.

La pandemia ha afectado de forma global a la humanidad. Ya que la forma es global, la solución obviamente debería ser también global: discutida y decidida globalmente. ¿Dónde hay un centro plural y global para pensar y buscar soluciones para los problemas globales?

La ONU no cumple sus objetivos fundacionales, pues se ha transformado en una agencia que defiende los intereses de las naciones poderosas, que tienen derecho a veto, particularmente en el organismo mayor que es el Consejo de Seguridad. Somos rehenes de la obsoleta visión de soberanía nacional, que todavía no se ha dado cuenta de la nueva fase de la historia humana, la planetización, que hace que todas las naciones estén interconectadas y que todas ellas en conjunto posean un destino común.

Estamos todos dentro del mismo barco: o nos salvamos todos o nadie se salva, como advirtió el Papa Francisco. Este es el verdadero sentido de la globalización o de la planetización. El tiempo de las naciones pasó. Tenemos que construir la Casa Común dentro de la cual caben las distintas naciones culturales, siempre entrelazadas, formando una única Casa Común, incluida la naturaleza.

La pandemia ha dejado claro cuán inhumanos y crueles podemos ser: los ricos aprovecharon la situación y se han enriquecido mucho más mientras que los pobres se han vuelto mucho más pobres. La cultura vigente es competitiva y muy poco cooperativa. El lucro cuenta más que la vida. Las vacunas han sido desigualmente distribuidas, quedando los pobres expuestos al contagio y a la muerte. Todo un continente, con más de mil millones de personas, como es África, ha sido olvidado. Apenas el 10% de su población ha sido vacunada.

La muerte campea especialmente entre los niños debido a la insensibilidad e inhumanidad de nuestra civilización mundializada. Es el imperio de la barbarie, que niega cualquier sentido de civilización humana. Con razón hay analistas, especialmente biólogos, que se preguntan: ¿tenemos todavía derecho a vivir sobre este planeta?

Nuestros modos de ser, de producir y de consumir amenazan a todas las demás especies. Hemos inaugurado una nueva era geológica, el antropoceno y hasta el necroceno, es decir: la gran amenaza mortal a la vida en este planeta no viene de un meteoro rasante sino del ser humano barbarizado, especialmente entre los estratos más opulentos de la población. Entre los pobres y marginados aún se conserva humanidad, solidaridad, ayuda mutua, cuidado de las cosas comunes, como se ha comprobado durante este tiempo de pandemia mundial.

La irrupción de la Covid-19 es una invitación a la reflexión: ¿por qué hemos llegado al punto actual, amenazados por un virus invisible que ha puesto de rodillas a las potencias militaristas y su fantasioso impulso imperial? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué cambios debemos realizar si queremos garantizar un futuro para nosotros y para nuestros descendientes? Los trillonarios globales (el 0.1% de la humanidad) sueñan con una radicalización total del orden del capital, imponiendo a todos un despotismo cibernético que vigilará y reprimirá a todos los opositores y que garantizaría sus fortunas. El estómago de la Madre Tierra no digerirá tal monstruosidad. Junto con la resistencia humana, indispensable, anulará sus pretensiones, negándoles las bases ecológicas, incontrolables por ellos, para ese proyecto perverso.

Como nunca antes en la historia el destino de nuestras vidas depende de las decisiones que debemos tomar colectivamente. En caso contrario, conoceremos el camino ya recorrido por los dinosaurios. No queremos eso. Pero estamos en una encrucijada.

*Leonardo Boff ha escrito Cuidar la Tierra – proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, Rio de Janeiro 2010; con J.Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada? Vozes 2013

Ante el futuro, desencanto o esperanzar

Leonardo Boff

Estamos en pleno 2021, año que no ha acabado porque la Covid-19 ha anulado la cuenta del tiempo al continuar su obra letal. El 2022 no puede ser inaugurado todavía. El hecho es que el virus ha puesto de rodillas a todos los poderes, especialmente a los militaristas, pues su arsenal de muerte se ha hecho totalmente ineficaz.

No obstante, el genio del capitalismo, a propósito de la pandemia, hizo que la clase capitalista transnacional se reestructurase mediante el Great Reset (el Gran Reinicio), expandiendo la reciente economía digital mediante la integración de los gigantes: Microsoft, Facebook, Apple, Amazon, Google, Zoom y otros con el complejo militar-industrial-de seguridad. Tal evento representa la formación de un poder inmenso, nunca antes habido. Notemos que se trata de un poder económico de naturaleza capitalista y que por lo tanto realiza su propósito esencial de maximización de los lucros de forma ilimitada, explotando sin consideración a los seres humanos y a la naturaleza.

La consecuencia de esta radicalización del capitalismo confirma lo que un sociólogo de la universidad de California-Santa Bárbara, William I. Robinson bien ha observado en un artículo reciente (ALAI 20/12/2021): “A medida que el mundo se vaya librando de la pandemia, habrá más desigualdad, conflictos, militarismo y autoritarismo, y en esta misma medida aumentarán las convulsiones sociales y los conflictos civiles. Los grupos dominantes se empeñarán en expandir el estado policial global para contener a los descontentos en masa, venidos de abajo”. En efecto, se utilizará la inteligencia artificial con sus billones de algoritmos para controlar a cada persona y a la sociedad entera. ¿Ese poder brutal adónde llevará a la humanidad?

Sabiendo de la lógica inexorable del sistema capitalista, Max Weber, uno de los que mejor la analizaron críticamente, afirmó un poco antes de morir: “Lo que nos espera no es el florecimiento del otoño, nos espera una noche polar, gélida, sombría y ardua (Le Savant et le Politique, Paris 1990, p. 194). Acuñó la fuerte expresión que apunta al corazón del capitalismo: él es una “jaula de hierro”(Stahlartes Gehäuse) que no consigue romper y, por eso, nos puede llevar a una gran catástrofe (cf. el pertinente análisis de M.Löwy, La jaula de hierro: Max Weber y el marxismo weberiano, México 2017). Esta opinión es compartida por grandes nombres como Thomas Mann, Oswald Spengler, Ferdinand Tönnies, Eric Hobsbawn, entre otros. Varios modelos de sociedad-mundo están siendo discutidos para la pos-pandemia. Los más importantes, además del Great Reset de los multibillonarios, son: el capitalismo verde, el ecosocialismo, el bien vivir y convivir de los andinos, la biocivilización, de varios grupos y del Papa Francisco entre otros. No cabe aquí detallar tales proyectos, cosa que hice en el libro Covid-19: La Madre Tierra contraataca a la Humanidad ( Vozes 2020). Solamente diría: o cambiamos de paradigma de producción, de consumo, de convivencia y, especialmente, de relación con la naturaleza, con respeto y cuidado, sintiéndonos parte de ella y no sobre ella como dueños y señores, o se realizará el pronóstico de Max Weber: de 2030 hasta 2050 como máximo podremos conocer un armagedón ecológico-social extremadamente dañino para la vida y para la Tierra.

En este sentido, mi sentimiento del mundo me dice que quien irá a destruir el orden del capital, con su economía, política y cultura, no será ningún movimiento o escuela de pensamiento crítico. Será la propia Tierra, planeta limitado que ya no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. El visible cambio climático, objeto de discusión y de toma de decisiones (prácticamente ninguna) de las últimas COPs de la ONU, el agotamiento creciente de los bienes y servicios naturales fundamentales para la vida (The Earth Overshoot) y la amenaza de ruptura de los principales nueve límites planetarios, que no pueden ser rotos sino al precio del colapso de la civilización, son algunos indicadores de una tragedia inminente.

Un número significativo de especialistas en clima afirman que llegamos demasiado tarde. Con lo ya acumulado de gases de efecto invernadero no podremos contener la catástrofe, podremos solamente con ciencia y tecnología disminuir sus efectos desastrosos. Pero la gran crisis irreversible vendrá. Por eso se han vuelto escépticos y hasta tecnofatalistas.

¿Seremos pesimistas resignados o adeptos, en el sentido de Nietzsche, a la “resignación heroica”? Estimo, como decía un presocrático, que debemos esperar lo inesperado, pues si no lo esperamos cuando llegue no lo percibiremos. Lo inesperado puede ocurrir dentro de la perspectiva cuántica: el sufrimiento actual a causa de la crisis sistémica no será en vano; está acumulando energías beneficiosas que, al alcanzar cierto nivel de complejidad y de acumulación, darán un salto hacia otro orden más alto con un nuevo horizonte de esperanza para la vida y para el planeta vivo, Gaia, la Madre Tierra. Paulo Freire acuñó la expresión esperanzar: no quedarnos esperando que la situación mejore algún día sino crear las condiciones para que la esperanza no sea vana, sino que con nuestro empeño la hagamos efectiva.

Creo que, con nuestra participación, ese salto podrá ocurrir y estaría dentro de las posibilidades de la historia del universo y de la Tierra: del actual caos destructivo podemos pasar a un caos generativo de un nuevo modo de ser y de habitar el planeta Tierra.

En esto creo y espero, reforzado por la palabra de la Revelación que afirma: “Dios creó todas las cosas por amor porque es el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,26). Él no permitirá que terminemos trágicamente así. Todavía viviremos bajo la luz benevolente del sol.


*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo y escritor, ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes 2021; Habitar la Tierra:¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021

Cómo ver la pandemia

La Pandemia vista con una mentalidad apocalíptica o con una mirada cristiana

Observando los discursos y actitudes que han ido surgiendo con actual la crisis del Covid me ha parecido descubrir, entre las diversas narrativas sociales que reflexionan sobre la situación, dos perspectivas o tendencias que parecen responder a arquetipos arraigados en la humanidad desde la antigüedad: una tendencia que creo recuerda a la mentalidad apocalíptica y otra más cercana a la mentalidad escatológica de origen cristiano.

 Mi reflexión no pretende abordar las situaciones concretas vividas ni la validez o no de las medidas adoptadas, sino reflexionar sobre estas perspectivas, que creo han influido en el modo de actuar, y sobre las consecuencias que se derivan de adoptar cada una de ellas, de modo que cada persona discierna, si lo desea, cual puede ser la más apropiada para afrontar mejor esta situación de crisis.

angel apocalipsis
angel apocalipsis

La mentalidad apocalíptica suele estar vinculada a una visión espiritualista y gnosticista,  una mentalidad en  la que la  historia queda desvalorizada por la “metahistoria”, un mundo espiritual por encima de la historia;  para esta mentalidad, el mundo celeste o espiritual se considera lo único verdaderamente real, de modo que el apocalipsis, que significa revelación, se entiende  como la toma de conciencia del carácter ilusorio del mundo histórico, que es visto de manera desfavorable, y, en el fondo, la aspiración a que ese mundo histórico profano y poco espiritual desaparezca irremediablemente cuando el mundo celeste, espiritual, se revele.

El que acepta esta mentalidad apocalíptica suele tener, por tanto, una mirada que da poco valor a la historia y a la materia, y no pocas veces, busca que esa historia termine lo antes posible para que llegue ya la verdadera realidad, la realidad espiritual, que estaría oculta por la realidad histórica y por la materia. No es raro, por eso, que los movimientos apocalípticos interpreten la historia como un drama en el que los poderes malignos son realmente los que guían, de modo disimulado, y oculto para los ojos de los poco espirituales, el transcurrir de los acontecimientos. La historia estaría en manos del mal y el camino espiritual consistiría en salir de la historia o vivir al margen de la historia colectiva en grupos de “puros” o espirituales que han captado el carácter negativo del mundo. La historia no tendría posibilidad de transformación real pues sería una ilusión que ya está condenada a desaparecer cuando lo real se manifieste, cuando se viva el apocalipsis pues.

No es esta la visión cristiana. La perspectiva escatológica cristiana no pierde de vista la dimensión espiritual como la más importante de lo real, a la vez que es consciente del valor de la historia y la materia como elementos también imprescindibles de lo real, pues han nacido de Dios. No considera, por tanto, que sea indiferente o negativo el compromiso humano en la construcción final de la plenitud de la historia, sino que es necesaria esa colaboración del ser humano en ese caminar hacia la meta final de la historia. La historia no es fruto, en último término, de un plan maligno urdido por poderes que buscan alejarnos del mundo real (el espiritual) sino una historia de salvación, pese al dolor, la injusticia y el mal, que están en ella fruto de nuestra libre actuación egoísta; Dios guía la historia, pese a ese mal, con nuestra libre colaboración con él mediante el ejercicio del amor, para que lleguemos todos a la comunión final con él y, en él, con nosotros y con la creación.

 La visión escatológica cristiana confía, con humildad, realismo y sin triunfalismos, en que Cristo ha vencido ya y que transformar la historia es el camino para que esa victoria se haga visible mediante nuestra colaboración en el plan de amor de Dios, combatiendo desde nuestra vulnerabilidad y con el ejercicio del amor afectivo y efectivo, personal y social, las enormes injusticias y males que se siguen dando hasta que esa victoria se haga visible y plena para todos. El cristianismo es un escatologismo encarnado, pues el cristiano busca colaborar con Dios en la construcción de la historia y de la sociedad, no busca separarse y aislarse en grupos de puros, sino ayudar en último término a que todos se salven, construyendo, mediante el amor, el Reino en la historia y más allá.

Cristo victorioso
Cristo victorioso

Frente a la actual crisis del Covid, los “apocalípticos” y los “escatológicos” actuaran probablemente de modo muy diverso. La mentalidad apocalíptica tenderá a poner su foco en buscar signos que le confirmen su creencia en el carácter negativo de las fuerzas que rigen la historia. Su esfuerzo se centrará, muchas veces, no tanto en promover el cuidado corporal de la vida en la sociedad, como en convencer a los demás de la ilusión en la que viven y buscar una salvación, individual o en agrupaciones de “puros”, que prefiere el bien espiritual personal relegando a un segundo término el esfuerzo social por cuidar el bien de la vida corporal. Al ser una una mentalidad que prima lo espiritual probablemente dirigirá sus deseos altruistas de ayuda y humanitarismo a salvar solo, o principalmente, la dimensión espiritual de los demás, menospreciando la dimensión corporal, y tendiendo a ver como exageradas o erróneas las medidas sanitarias que quieren salvar también el bien de la vida corporal en el ámbito social.

Un apocalíptico puede negarse a tomar precauciones sanitarias básicas en aras del “humanitarismo” espiritual, creyendo que solo o principalmente hay que cuidar el bien espiritual y que el corporal carece de importancia o puede quedar relegado. Creerá además que esto es un gesto que lo hace más humano y más espiritual que el que busca proteger ambos bienes, la salud corporal y la espiritual, promoviendo medidas que abarcan el cuidado sanitario responsable.

No es raro a lo largo de la historia que movimientos con rasgos apocalípticos y gnósticos hayan llevado a formas de suicidio directo o indirecto como si fuera un acto de valor espiritual (recordemos la endura de los cátaros). Para confirmar esta visión el apocalíptico no dudará en acudir a la experiencia del martirio de algunos santos o a gestos de entrega extremos que interpretará de un modo absoluto.

Los movimientos de espiritualismo radical suelen caer en formas de actuación poco prudentes, pues no parecen capaces de incluir en su discernimiento lo que los antiguos moralistas llamaban la circunspección, un elemento de la prudencia, que lleva a tener en cuenta las circunstancias en las actuaciones para poder discernir su validez. Así, sin circunspección, por ejemplo, no se puede captar el hecho de que el martirio (u otras acciones nobles que anteponen el bien espiritual al material), que en algunas ocasiones es sin duda un acto heroico, no siempre tiene porque ser la actuación más adecuada y, por ello, no puede convertirse sin más en un modelo a imitar en toda circunstancia. De hecho, la iglesia ha condenado la búsqueda intencional del martirio como una forma desordenada de deseo espiritual que no cuidad adecuadamente el valor de la vida.

negacionistas
negacionistas

Frente a la actuación del apocalíptico, la perspectiva escatológica cristiana buscará el seguir impulsando en la historia la plenitud de la vida, combatirá pues la enfermedad con los medios que la ciencia aporte atendiendo también a la dimensión ética (no todo es ético, aunque pueda ser propuesto por la ciencia) para que la vida siga desarrollándose en plenitud.

Su posición se preocupará en buscar el mayor bien para todos y evitar el mal en lo posible, no opondrá el bien espiritual al bien corporal sino que intentará salvar ambos bienes, sin caer en espiritualismos imprudentes que sacrifican el bien corporal al bien espiritual sin discernimiento adecuado.

La dimensión encarnacionista del cristianismo le llevará a preocuparse por el bien común, y por tanto, por la dimensión política y social de la crisis sin limitarse a dirigir su mirada a la dimensión personal o grupal, sin olvidarlas tampoco. Más que poner el foco en supuestos culpables de la situación, que también puede haberlos y conviene ponerles límite, buscará ver los problemas estructurales que hacen que puedan darse abusos o circunstancias poco cuidadosas con las exigencias de la ética al abordar la crisis.  Tomará conciencia, por ejemplo, de las consecuencias de las políticas de aquellas ideologías que promueven desmantelar lo público, de modo que ante las crisis no se puede responder adecuadamente ni en el ámbito sanitario ni el educativo, por la ausencia de personal y de inversiones suficientes en áreas sociales fundamentales.

Su espiritualidad se alimentará de la oración y del compromiso social, no buscará refugiarse y salvarse al margen de todos, sino colaborar con todos en el cuidado de los bienes corporales y espirituales, sin sacrificar ni olvidar unos en favor de otros.

Cuidar-curar-tiempos-pandemia
Cuidar-curar-tiempos-pandemia

Su fe en un Cristo que ha vencido al mal, le mantendrá la mirada abierta para descubrir la luz diaria del amor, expresada en múltiples gestos de responsabilidad y humanidad, que brilla con creces en medio de la oscuridad; unirá su esfuerzo al de todos para cuidar el cuerpo y el espíritu, lo personal, lo grupal y lo social sin extremismos espiritualistas ni idolatrías que buscan cuidar solo las dimensiones materialistas  o utilitaristas olvidando las dimensiones espirituales; intentará cultivar el discernimiento y la prudencia, a la vez que evitará sembrar más desorientación y alarma con discursos extremistas.

Será siempre sembrador de esperanza pues, como dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros ¿Quién estará contra nosotros?” (Romanos 8,31)