Las migraciones

La Gaceta de Sophía: La experiencia de migrar, de primera mano

Mujeres: Fuerza que migra y ¡esfuerzo compartido!

Migrantes
Migrantes

No camino sola, camino de la mano de mis / cantos, piso fuerte, dejos raíces… /Se esparcen como semillas, / que florecen en medio de los mares que paren  niños al amanecer

El año 2020 pasará a la historia como un tiempo en el que la humanidad entera vivió lo mismo: una pandemia de la que ningún rincón del mundo pudo verse a salvo

Ese año quedará, en los anales de la historia, como un hito en el camino de la humanidad; un antes y un después. Pero la verdad es que, lo que se vivió en el 2020, empezó mucho antes

Elegimos escribir y compartir sobre el fenómeno de la Migración que no es nuevo. Movimientos migratorios ha habido siempre, pero esta vez, con las características del tsunami que identifica a la actualidad de nuestro tiempo

Nuestra sencilla aportación es propiciar un diálogo en donde son invitadas a sumarse y aportar las experiencias de migración en primera persona. No hay nada que nos acerque más que escuchar esos relatos de primera mano

Comencemos con estas grandes palabras: Comunidad, Hospitalidad y Solidaridad

(Tras las huellas de Sophía).-

Noches de blanco y negro

Idania Mejía

Me cobija el alma, la noche en blanco y negro transnacional…

¡Soy símbolo!

¡Soy comunidad!

Me huele la ropa a mamá

Me huelen a mujeres los caminos

En el tránsito se pintan huipiles con lágrimas

Tejen las niñas, con rimas y Cantos…

¡Noches de negro y blanco!

Se rompe el orbe donde pisan

Construyen muros de esperanza,

detrás del reflejo…

Del rayo de luz que alumbra su ojo siempre izquierdo

En el pequeño muro sobre el cual

pintan esperanzas,

Hay agua donde pisan

Mares de cometas

Lamentos de mis antepasadas de ojos marrones

De ojos azules y velos rosas

No camino sola, camino de la mano de mis

cantos, piso fuerte, dejos raíces…

Se esparcen como semillas,

que florecen en medio de los mares que paren  niños al amanecer

En medio de mi pecho nace la pertenencia…

¡No tengo ciudadanía, porque soy de aquí y soy de allá!

Me niego a que me borren, aunque soy otra

¡En noches de blanco y negro!

Humanidad en movimiento

“A seis manos”:

Patricia Paz (Buenos Aires)

Yolanda Chávez (Los Ángeles)

Mari Paz López Santos (Madrid)

El año 2020 pasará a la historia como un tiempo en el que la humanidad entera vivió lo mismo: una pandemia de la que ningún rincón del mundo pudo verse a salvo.

Desde el mes de marzo del 2020 se habla de nueva normalidad, de nuevo paradigma mundial, y también de todo lo contrario: volver a lo que estábamos sin que nada cambie.

Ese año quedará, en los anales de la historia, como un hito en el camino de la humanidad; un antes y un después. Pero la verdad es que, lo que se vivió en el 2020, empezó mucho antes. La pandemia fue la explosión (manifestación), que podríamos comparar a un volcán, a un tsunami, algo imparable que engulle todo lo que encuentra a su paso.

Reflexionando sobre todo eso, nos hemos juntado para escribir tres mujeres que nacimos y vivimos en tierras muy diferentes, lejanas en kilómetros pero acercadas por la tecnología de este tiempo. No vamos a escribir sobre la realidad global mundial de antes y después del COVID-19.

Elegimos escribir y compartir sobre el fenómeno de la Migración que no es nuevo. Movimientos migratorios ha habido siempre, pero esta vez, con las características del tsunami que identifica a la actualidad de nuestro tiempo. Actualidad que podríamos definir como la nueva Era de la Migración.

Según el Informe 2020 sobre las migraciones en el mundo de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), el número de personas que vive en un país distinto a su país de origen es mayor que nunca.

Las complejas realidades migratorias pueden ser abordadas desde diferentes perspectivas. Esta vez, en “Tras las Huellas de Sophia”, nos sentimos invitadas a abordarlas desde donde las podemos expresar, desde lo que hemos visto, lo que hemos vivido en la realidad de nuestras propias vidas: el llanto de las madres que ven migrar a sus hijos; el llanto de las madres que tienen que migrar dejando atrás a sus hijos; y el llanto de las madres que tienen que migrar con sus hijos.

“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos…eso es lo que les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros” (1 Juan 1, 1-3)

Desde esta dimensión, como cada una de nosotras tiene una experiencia totalmente distinta acerca de la migración, nos preguntamos: ¿Qué podemos aportar?

Lo primero que nos surge como reflexión es el hecho de que en esta nueva realidad migratoria la persona migrante es vista más como amenaza que como contribución a la comunidad.  Amenaza no solamente como competencia para los puestos de trabajo, sino más bien por su raza, o su religión.

«Las estadísticas y las noticias en los medios terminan por anestesiarnos, en cambio lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos… nos abre el corazón»

Cualquier persona que plantee qué puede aportar como ciudadanos del mundo a esta tragedia, sentirá una gran impotencia, como nosotras hemos sentido al ver que no podemos hacer mucho. Sin embargo, en nuestro caso, tenemos la escritura como herramienta, que se suma, a la obligación de todos, de mirar nuestros corazones para ver cuan acogedores son con las personas migrantes y desde ahí trabajar para convertir nuestros propios corazones y para tratar de convertir los de quienes nos rodean, invitándoles a ver, como con las personas, los grandes valores humanos también migran. Comencemos con estas grandes palabras: Comunidad, Hospitalidad y Solidaridad.

La experiencia de migrar, que en algún momento fragmenta la identidad de los que llegan, los lleva también, en otro momento, a reconstruirla, y cuando lo hacen desde la fe, su cosmovisión se enriquece aún más y, desde ese redescubrimiento identitario, se adquiere una nueva forma de comprender la vida de quienes llegan y de quienes estaban allí.

Hemos concluido que nuestra sencilla aportación es propiciar un diálogo en donde son invitadas a sumarse y aportar las experiencias de migración en primera persona. No hay nada que nos acerque más que escuchar esos relatos de primera mano. Las estadísticas y las noticias en los medios terminan por anestesiarnos, en cambio lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos… nos abre el corazón.

UBUNTU

«Yo soy yo a través de ti»: Ubuntu, una salida a nuestra barbarie

Ubuntu
Ubuntu

La pandemia ha mostrado una abismal desigualdad mundial y una cruel falta de solidaridad hacia las personas que no pueden mantener la distancia social ni dejar de trabajar

En este contexto ultrajante dos alternativas pueden salvarnos: la solidaridad y el internacionalismo. En esa perspectiva consideramos inspiradora una categoría fundamental, venida de África. Esta se expresa por la palabra Ubuntu, que significa: yo solo soy yo a través de ti

Fue relatada por un viajante europeo y blanco que se extasió con el hecho de que siendo más pobres que la mayoría, los africanos eran menos desiguales. Quiso saber el por qué e ideó un test

Por Leonardo Boff

La pandemiaha mostrado una abismal desigualdad mundial y una cruel falta de solidaridad hacia las personas que no pueden mantener la distancia social ni dejar de trabajar porque entonces no tienen qué comer. Para ser concretos: no hemos abandonado aún el mundo de la barbarie: si ya la habíamos dejado, hemos vuelto ella. Nuestro mundo no se puede llamar civilizado cuando un ser humano no reconoce y acoge a otro ser humano, independientemente del dinero que lleva en el bolsillo o tiene depositado en el banco, o de su visión de mundo y su pertenencia religiosa. 

La civilizaciónsurge cuando los seres humanos se entienden iguales y deciden convivir pacíficamente. Si esto es así, estamos todavía en la antesala de la civilización y navegamos en plena barbarie. Este escenario es dominante en el mundo de hoy, agravado aún más por el ataque de la Covid-19. Él adquirió su más siniestra expresión mediante la cultura del capital, competitiva, poco solidaria, individualista, materialista y sin ninguna compasión con la naturaleza. En este contexto ultrajante dos alternativas pueden salvarnos: la solidaridad y el internacionalismo.

La solidaridadpertenece a la esencia de lo humano, pues si no hubiera habido un mínimo de solidaridad y de compasión, ninguno de nosotros estaría aquí hablando de estas cosas. Fue necesario que nuestras madres solidariamente nos acogieran, abrazaran, alimentaran y amaran para que podamos existir.

Sabemos por la bioantropología que por la solidaridad nuestros antepasados antropoides se volvieron humanos, y con esto, civilizados, cuando empezaron a traer comida al grupo, la repartieron solidariamente entre ellos y practicaron la comensalidad. Esta acción continúa todavía hoy, cuando muchos grupos, especialmente los Sin Tierra, se han mostrado solidarios distribuyendo decenas de toneladas de alimentos del campo y muchos centenares de marmitas para saciar el hambre de miles de personas en las calles y periferias de nuestras ciudades. 

«Parece obvio: si el problema es internacional, debería haber también una solución concertada internacionalmente. ¿Pero quién cuida de lo internacional?»

Cada país cuida de sí mismo como si no hubiese nada más allá de sus fronteras. Ocurre sin embargo que hemos inaugurado una fase nueva de la historia de la Tierra y de la Humanidad: la fase planetaria, la de la única Casa Común. Los virus no respetan las fronteras nacionales. La Covid-19 ha atacado a toda la Tierra y amenaza a todos los países sin excepción. Las soberanías se muestran obsoletas. ¿Qué hubiera sido de los mayores de Italia, gravemente infectados por la Covid-19, sin la solidaridad de Angela Merkel de Alemania que salvó a la gran mayoría? Pero eso fue una excepción para mostrar que es mediante la superación del nacionalismo envejecido en nombre del internacionalismo solidario como podremos encontrar un camino de salida a nuestra barbarie. En esa perspectiva consideramos inspiradora una categoría fundamental, venida de África. Mucho más pobre que nosotros, ella es más rica en solidaridad. Esta se expresa por la palabra Ubuntu, que significa: yo solo soy yo a través de ti.

Por lo tanto, el otro es esencial para que yo exista en cuanto humano y civilizado. Inspirado por Ubuntu, el recién-fallecido arzobispo anglicano, Desmond Tutu, encontró para Sudáfrica una clave para la reconciliación entre blancos y negros en la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación.

Como ilustración de cómo el Ubuntu está enraizado en las culturas africanas, consideremos este pequeño testimonio:

Un viajante europeo y blanco se extasió con el hecho de que siendo más pobres que la mayoría, los africanos eran menos desiguales. Quiso saber el por qué. Ideó un test. Vio un grupo de chicos jugando futbol en un campo rodeado de árboles. Compró una hermosa cesta de variados frutos llenos de color y la puso en lo alto de una pequeña colina.

Llamó a los jóvenes y les dijo: “Allí arriba hay un cesta llena de sabrosos frutos. Vamos a hacer una apuesta, pónganse todos en fila y cuando dé la señal empiecen a correr. El primero que llegue arriba podrá coger la cesta y comer todo lo que quiera”.

Dio la señal de partida. Cosa curiosa: todos se dieron las manos y juntos corrieron hacia lo alto, donde estaba la cesta. Y empezaron a saborear solidariamente los frutos.El europeo, estupefacto, preguntó: ¿por qué hicieron eso? ¿no era que el primero que llegase podría comer todos los frutos él solo? 

Todos gritaron al unísono: ¡Ubuntu! ¡Ubuntu! Y un chico algo más mayor le explicó: “¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz solo si todos los demás estuvieran tristes?” Y añadió: “Mi señor, la palabra Ubuntu significa eso para nosotros: “yo solo puedo ser yo por medio del otro”. “Sin el otro no soy nada y estaría siempre solo”. “Soy quien soy porque soy a través de los otros. Por eso repartimos todo entre nosotros, colaboramos unos con otros y así nadie se queda fuera y triste. Eso hicimos con su propuesta. Comemos todos juntos porque todos ganamos la carrera y juntos disfrutamos los buenos frutos que nos trajo. ¿Entendió ahora?”

Este pequeño relato es lo contrario de la cultura capitalista. Esta imagina que alguien es tanto más feliz cuanto más puede acumular individualmente y disfrutarlo solo. A causa de esta actitud reina la barbarie, y hay tanto egoísmo, falta de generosidad y ausencia de colaboración entre las personas. La alegría (falsa) es de pocos, al lado de la tristeza (verdadera) de muchos. Para vivir bien en nuestra cultura, muchos tienen que vivir mal. Sin embargo, por todas partes en la humanidad, están fermentando grupos y movimientos que ensayan vivir esa nueva civilización de la solidaridad entre los humanos y también con la naturaleza. Creemos que la construcción del Arca de Noé ha empezado. Ella podrá salvarnos si el Universo y el Creador nos conceden el tiempo necesario. Fuera de la solidaridad y el sentido internacionalista pereceremos en nuestra barbarie. 

Construir la casa común

«El tiempo de las naciones pasó. Tenemos que construir la Casa Común»Leonardo Boff: «El futuro de la vida depende de nosotros»

Covid
Covid

«La Covid-19, al afectar a todos los humanos, nos ha dado una señal que cabe interpretar. En la naturaleza nada es fortuito»

«¿Cuál es el sentido más inmediato que la naturaleza nos está revelando con el ataque del coronavirus? El sentido nos viene en forma de exhortación»

«Paren con el asalto sistemático y depravador de los ecosistemas, de los bosques y selvas, de los suelos, de las aguas, de la biodiversidad: están cavando su propia sepultura en el marco de un tiempo previsible»

«La pandemia ha afectado de forma global a la humanidad. Ya que la forma es global, la solución obviamente debería ser también global: discutida y decidida globalmente»

«Como nunca antes en la historia el destino de nuestras vidas depende de las decisiones que debemos tomar colectivamente. En caso contrario, conoceremos el camino ya recorrido por los dinosaurios»

Por Leonardo Boff

La Covid-19, al afectar a todos los humanos, nos ha dado una señal que cabe interpretar. En la naturaleza nada es fortuito. La visión mecanicista de que la naturaleza y la Tierra no tienen propósito está superada. Siendo seres vivos, son portadores de sentido y forman parte del cuadro general del proceso cosmogénico que tiene ya 13.700 millones de años. Si todos los elementos no se hubiesen articulado sutilmente, durante miles de millones de años, no estaríamos aquí para escribir sobre estas cosas.

¿Cuál es el sentido más inmediato que la naturaleza nos está revelando con el ataque del coronavirus? El sentido nos viene en forma de exhortación:

Paren con el asalto sistemático y depravador de los ecosistemas, de los bosques y selvas, de los suelos, de las aguas, de la biodiversidad. Sus megacorporaciones industrialistas y extractivistas, sus empresas mineras, el agronegocio empresarial en asociación con la industria de agrotóxicos, los eyectores de giga-toneladas de gases de efecto invernadero en la atmósfera, los causantes de la erosión de la biodiversidad, ustedes están destruyendo las bases que sustentan su propia vida; están cavando su propia sepultura en el marco de un tiempo previsible; no los campesinos familiares, los pobres de la tierra, sino ustedes están destruyendo los hábitats de miles de virus presentes en los animales; buscando sobrevivir, encontraron en los humanos un huésped para su supervivencia a costa de la vida de ustedes.El falso proyecto de crecimiento/desarrollo ilimitado de su cultura consumista ya no lo pueden soportar la naturaleza y la Tierra, planeta viejo y limitado en bienes y servicios; como reacción a la violencia contra mí ‒la naturaleza y la Madre Tierra‒ les he enviado ya varios virus que les atacaron, pero no han visto en ellos una señal, no han aprendido a leerlos ni han sacado la lección que ellos contienen. Ustedes solo piensan en volver a la vieja y perversa normalidad; por eso les digo: o ustedes cambian su relación con la naturaleza y con la Madre Tierra, relación de cuidado, de respeto a sus límites, de autolimitación de la voracidad de ustedes, sintiéndose efectivamente parte de la naturaleza y no sus pretendidos dueños, o serán asolados por virus aún más letales; les advierto: uno de ellos puede ser tan resistente que mostraría la total ineficacia de las vacunas actuales y gran parte de la humanidad sería consumida por el Next Big One, el último y fatal. La Tierra y la vida en ella, especialmente la microscópica, no perecerán.

La Tierra viva seguirá girando alrededor del Sol y regenerándose, pero sin ustedes. Por lo tanto, cuídense pues estamos en el tiempo de la cuenta atrás. La naturaleza es una escuela, pero ustedes no han querido matricularse en ella y por eso, irracionalmente, están pavimentando el camino que los llevará a su propia destrucción. Y ya no digo más”.

La pandemia ha afectado de forma global a la humanidad. Ya que la forma es global, la solución obviamente debería ser también global: discutida y decidida globalmente. ¿Dónde hay un centro plural y global para pensar y buscar soluciones para los problemas globales?

La ONU no cumple sus objetivos fundacionales, pues se ha transformado en una agencia que defiende los intereses de las naciones poderosas, que tienen derecho a veto, particularmente en el organismo mayor que es el Consejo de Seguridad. Somos rehenes de la obsoleta visión de soberanía nacional, que todavía no se ha dado cuenta de la nueva fase de la historia humana, la planetización, que hace que todas las naciones estén interconectadas y que todas ellas en conjunto posean un destino común.

Estamos todos dentro del mismo barco: o nos salvamos todos o nadie se salva, como advirtió el Papa Francisco. Este es el verdadero sentido de la globalización o de la planetización. El tiempo de las naciones pasó. Tenemos que construir la Casa Común dentro de la cual caben las distintas naciones culturales, siempre entrelazadas, formando una única Casa Común, incluida la naturaleza.

La pandemia ha dejado claro cuán inhumanos y crueles podemos ser: los ricos aprovecharon la situación y se han enriquecido mucho más mientras que los pobres se han vuelto mucho más pobres. La cultura vigente es competitiva y muy poco cooperativa. El lucro cuenta más que la vida. Las vacunas han sido desigualmente distribuidas, quedando los pobres expuestos al contagio y a la muerte. Todo un continente, con más de mil millones de personas, como es África, ha sido olvidado. Apenas el 10% de su población ha sido vacunada.

La muerte campea especialmente entre los niños debido a la insensibilidad e inhumanidad de nuestra civilización mundializada. Es el imperio de la barbarie, que niega cualquier sentido de civilización humana. Con razón hay analistas, especialmente biólogos, que se preguntan: ¿tenemos todavía derecho a vivir sobre este planeta?

Nuestros modos de ser, de producir y de consumir amenazan a todas las demás especies. Hemos inaugurado una nueva era geológica, el antropoceno y hasta el necroceno, es decir: la gran amenaza mortal a la vida en este planeta no viene de un meteoro rasante sino del ser humano barbarizado, especialmente entre los estratos más opulentos de la población. Entre los pobres y marginados aún se conserva humanidad, solidaridad, ayuda mutua, cuidado de las cosas comunes, como se ha comprobado durante este tiempo de pandemia mundial.

La irrupción de la Covid-19 es una invitación a la reflexión: ¿por qué hemos llegado al punto actual, amenazados por un virus invisible que ha puesto de rodillas a las potencias militaristas y su fantasioso impulso imperial? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué cambios debemos realizar si queremos garantizar un futuro para nosotros y para nuestros descendientes? Los trillonarios globales (el 0.1% de la humanidad) sueñan con una radicalización total del orden del capital, imponiendo a todos un despotismo cibernético que vigilará y reprimirá a todos los opositores y que garantizaría sus fortunas. El estómago de la Madre Tierra no digerirá tal monstruosidad. Junto con la resistencia humana, indispensable, anulará sus pretensiones, negándoles las bases ecológicas, incontrolables por ellos, para ese proyecto perverso.

Como nunca antes en la historia el destino de nuestras vidas depende de las decisiones que debemos tomar colectivamente. En caso contrario, conoceremos el camino ya recorrido por los dinosaurios. No queremos eso. Pero estamos en una encrucijada.

*Leonardo Boff ha escrito Cuidar la Tierra – proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, Rio de Janeiro 2010; con J.Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada? Vozes 2013

Ante el futuro, desencanto o esperanzar

Leonardo Boff

Estamos en pleno 2021, año que no ha acabado porque la Covid-19 ha anulado la cuenta del tiempo al continuar su obra letal. El 2022 no puede ser inaugurado todavía. El hecho es que el virus ha puesto de rodillas a todos los poderes, especialmente a los militaristas, pues su arsenal de muerte se ha hecho totalmente ineficaz.

No obstante, el genio del capitalismo, a propósito de la pandemia, hizo que la clase capitalista transnacional se reestructurase mediante el Great Reset (el Gran Reinicio), expandiendo la reciente economía digital mediante la integración de los gigantes: Microsoft, Facebook, Apple, Amazon, Google, Zoom y otros con el complejo militar-industrial-de seguridad. Tal evento representa la formación de un poder inmenso, nunca antes habido. Notemos que se trata de un poder económico de naturaleza capitalista y que por lo tanto realiza su propósito esencial de maximización de los lucros de forma ilimitada, explotando sin consideración a los seres humanos y a la naturaleza.

La consecuencia de esta radicalización del capitalismo confirma lo que un sociólogo de la universidad de California-Santa Bárbara, William I. Robinson bien ha observado en un artículo reciente (ALAI 20/12/2021): “A medida que el mundo se vaya librando de la pandemia, habrá más desigualdad, conflictos, militarismo y autoritarismo, y en esta misma medida aumentarán las convulsiones sociales y los conflictos civiles. Los grupos dominantes se empeñarán en expandir el estado policial global para contener a los descontentos en masa, venidos de abajo”. En efecto, se utilizará la inteligencia artificial con sus billones de algoritmos para controlar a cada persona y a la sociedad entera. ¿Ese poder brutal adónde llevará a la humanidad?

Sabiendo de la lógica inexorable del sistema capitalista, Max Weber, uno de los que mejor la analizaron críticamente, afirmó un poco antes de morir: “Lo que nos espera no es el florecimiento del otoño, nos espera una noche polar, gélida, sombría y ardua (Le Savant et le Politique, Paris 1990, p. 194). Acuñó la fuerte expresión que apunta al corazón del capitalismo: él es una “jaula de hierro”(Stahlartes Gehäuse) que no consigue romper y, por eso, nos puede llevar a una gran catástrofe (cf. el pertinente análisis de M.Löwy, La jaula de hierro: Max Weber y el marxismo weberiano, México 2017). Esta opinión es compartida por grandes nombres como Thomas Mann, Oswald Spengler, Ferdinand Tönnies, Eric Hobsbawn, entre otros. Varios modelos de sociedad-mundo están siendo discutidos para la pos-pandemia. Los más importantes, además del Great Reset de los multibillonarios, son: el capitalismo verde, el ecosocialismo, el bien vivir y convivir de los andinos, la biocivilización, de varios grupos y del Papa Francisco entre otros. No cabe aquí detallar tales proyectos, cosa que hice en el libro Covid-19: La Madre Tierra contraataca a la Humanidad ( Vozes 2020). Solamente diría: o cambiamos de paradigma de producción, de consumo, de convivencia y, especialmente, de relación con la naturaleza, con respeto y cuidado, sintiéndonos parte de ella y no sobre ella como dueños y señores, o se realizará el pronóstico de Max Weber: de 2030 hasta 2050 como máximo podremos conocer un armagedón ecológico-social extremadamente dañino para la vida y para la Tierra.

En este sentido, mi sentimiento del mundo me dice que quien irá a destruir el orden del capital, con su economía, política y cultura, no será ningún movimiento o escuela de pensamiento crítico. Será la propia Tierra, planeta limitado que ya no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. El visible cambio climático, objeto de discusión y de toma de decisiones (prácticamente ninguna) de las últimas COPs de la ONU, el agotamiento creciente de los bienes y servicios naturales fundamentales para la vida (The Earth Overshoot) y la amenaza de ruptura de los principales nueve límites planetarios, que no pueden ser rotos sino al precio del colapso de la civilización, son algunos indicadores de una tragedia inminente.

Un número significativo de especialistas en clima afirman que llegamos demasiado tarde. Con lo ya acumulado de gases de efecto invernadero no podremos contener la catástrofe, podremos solamente con ciencia y tecnología disminuir sus efectos desastrosos. Pero la gran crisis irreversible vendrá. Por eso se han vuelto escépticos y hasta tecnofatalistas.

¿Seremos pesimistas resignados o adeptos, en el sentido de Nietzsche, a la “resignación heroica”? Estimo, como decía un presocrático, que debemos esperar lo inesperado, pues si no lo esperamos cuando llegue no lo percibiremos. Lo inesperado puede ocurrir dentro de la perspectiva cuántica: el sufrimiento actual a causa de la crisis sistémica no será en vano; está acumulando energías beneficiosas que, al alcanzar cierto nivel de complejidad y de acumulación, darán un salto hacia otro orden más alto con un nuevo horizonte de esperanza para la vida y para el planeta vivo, Gaia, la Madre Tierra. Paulo Freire acuñó la expresión esperanzar: no quedarnos esperando que la situación mejore algún día sino crear las condiciones para que la esperanza no sea vana, sino que con nuestro empeño la hagamos efectiva.

Creo que, con nuestra participación, ese salto podrá ocurrir y estaría dentro de las posibilidades de la historia del universo y de la Tierra: del actual caos destructivo podemos pasar a un caos generativo de un nuevo modo de ser y de habitar el planeta Tierra.

En esto creo y espero, reforzado por la palabra de la Revelación que afirma: “Dios creó todas las cosas por amor porque es el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,26). Él no permitirá que terminemos trágicamente así. Todavía viviremos bajo la luz benevolente del sol.


*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo y escritor, ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes 2021; Habitar la Tierra:¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021

Cómo ver la pandemia

La Pandemia vista con una mentalidad apocalíptica o con una mirada cristiana

Observando los discursos y actitudes que han ido surgiendo con actual la crisis del Covid me ha parecido descubrir, entre las diversas narrativas sociales que reflexionan sobre la situación, dos perspectivas o tendencias que parecen responder a arquetipos arraigados en la humanidad desde la antigüedad: una tendencia que creo recuerda a la mentalidad apocalíptica y otra más cercana a la mentalidad escatológica de origen cristiano.

 Mi reflexión no pretende abordar las situaciones concretas vividas ni la validez o no de las medidas adoptadas, sino reflexionar sobre estas perspectivas, que creo han influido en el modo de actuar, y sobre las consecuencias que se derivan de adoptar cada una de ellas, de modo que cada persona discierna, si lo desea, cual puede ser la más apropiada para afrontar mejor esta situación de crisis.

angel apocalipsis
angel apocalipsis

La mentalidad apocalíptica suele estar vinculada a una visión espiritualista y gnosticista,  una mentalidad en  la que la  historia queda desvalorizada por la “metahistoria”, un mundo espiritual por encima de la historia;  para esta mentalidad, el mundo celeste o espiritual se considera lo único verdaderamente real, de modo que el apocalipsis, que significa revelación, se entiende  como la toma de conciencia del carácter ilusorio del mundo histórico, que es visto de manera desfavorable, y, en el fondo, la aspiración a que ese mundo histórico profano y poco espiritual desaparezca irremediablemente cuando el mundo celeste, espiritual, se revele.

El que acepta esta mentalidad apocalíptica suele tener, por tanto, una mirada que da poco valor a la historia y a la materia, y no pocas veces, busca que esa historia termine lo antes posible para que llegue ya la verdadera realidad, la realidad espiritual, que estaría oculta por la realidad histórica y por la materia. No es raro, por eso, que los movimientos apocalípticos interpreten la historia como un drama en el que los poderes malignos son realmente los que guían, de modo disimulado, y oculto para los ojos de los poco espirituales, el transcurrir de los acontecimientos. La historia estaría en manos del mal y el camino espiritual consistiría en salir de la historia o vivir al margen de la historia colectiva en grupos de “puros” o espirituales que han captado el carácter negativo del mundo. La historia no tendría posibilidad de transformación real pues sería una ilusión que ya está condenada a desaparecer cuando lo real se manifieste, cuando se viva el apocalipsis pues.

No es esta la visión cristiana. La perspectiva escatológica cristiana no pierde de vista la dimensión espiritual como la más importante de lo real, a la vez que es consciente del valor de la historia y la materia como elementos también imprescindibles de lo real, pues han nacido de Dios. No considera, por tanto, que sea indiferente o negativo el compromiso humano en la construcción final de la plenitud de la historia, sino que es necesaria esa colaboración del ser humano en ese caminar hacia la meta final de la historia. La historia no es fruto, en último término, de un plan maligno urdido por poderes que buscan alejarnos del mundo real (el espiritual) sino una historia de salvación, pese al dolor, la injusticia y el mal, que están en ella fruto de nuestra libre actuación egoísta; Dios guía la historia, pese a ese mal, con nuestra libre colaboración con él mediante el ejercicio del amor, para que lleguemos todos a la comunión final con él y, en él, con nosotros y con la creación.

 La visión escatológica cristiana confía, con humildad, realismo y sin triunfalismos, en que Cristo ha vencido ya y que transformar la historia es el camino para que esa victoria se haga visible mediante nuestra colaboración en el plan de amor de Dios, combatiendo desde nuestra vulnerabilidad y con el ejercicio del amor afectivo y efectivo, personal y social, las enormes injusticias y males que se siguen dando hasta que esa victoria se haga visible y plena para todos. El cristianismo es un escatologismo encarnado, pues el cristiano busca colaborar con Dios en la construcción de la historia y de la sociedad, no busca separarse y aislarse en grupos de puros, sino ayudar en último término a que todos se salven, construyendo, mediante el amor, el Reino en la historia y más allá.

Cristo victorioso
Cristo victorioso

Frente a la actual crisis del Covid, los “apocalípticos” y los “escatológicos” actuaran probablemente de modo muy diverso. La mentalidad apocalíptica tenderá a poner su foco en buscar signos que le confirmen su creencia en el carácter negativo de las fuerzas que rigen la historia. Su esfuerzo se centrará, muchas veces, no tanto en promover el cuidado corporal de la vida en la sociedad, como en convencer a los demás de la ilusión en la que viven y buscar una salvación, individual o en agrupaciones de “puros”, que prefiere el bien espiritual personal relegando a un segundo término el esfuerzo social por cuidar el bien de la vida corporal. Al ser una una mentalidad que prima lo espiritual probablemente dirigirá sus deseos altruistas de ayuda y humanitarismo a salvar solo, o principalmente, la dimensión espiritual de los demás, menospreciando la dimensión corporal, y tendiendo a ver como exageradas o erróneas las medidas sanitarias que quieren salvar también el bien de la vida corporal en el ámbito social.

Un apocalíptico puede negarse a tomar precauciones sanitarias básicas en aras del “humanitarismo” espiritual, creyendo que solo o principalmente hay que cuidar el bien espiritual y que el corporal carece de importancia o puede quedar relegado. Creerá además que esto es un gesto que lo hace más humano y más espiritual que el que busca proteger ambos bienes, la salud corporal y la espiritual, promoviendo medidas que abarcan el cuidado sanitario responsable.

No es raro a lo largo de la historia que movimientos con rasgos apocalípticos y gnósticos hayan llevado a formas de suicidio directo o indirecto como si fuera un acto de valor espiritual (recordemos la endura de los cátaros). Para confirmar esta visión el apocalíptico no dudará en acudir a la experiencia del martirio de algunos santos o a gestos de entrega extremos que interpretará de un modo absoluto.

Los movimientos de espiritualismo radical suelen caer en formas de actuación poco prudentes, pues no parecen capaces de incluir en su discernimiento lo que los antiguos moralistas llamaban la circunspección, un elemento de la prudencia, que lleva a tener en cuenta las circunstancias en las actuaciones para poder discernir su validez. Así, sin circunspección, por ejemplo, no se puede captar el hecho de que el martirio (u otras acciones nobles que anteponen el bien espiritual al material), que en algunas ocasiones es sin duda un acto heroico, no siempre tiene porque ser la actuación más adecuada y, por ello, no puede convertirse sin más en un modelo a imitar en toda circunstancia. De hecho, la iglesia ha condenado la búsqueda intencional del martirio como una forma desordenada de deseo espiritual que no cuidad adecuadamente el valor de la vida.

negacionistas
negacionistas

Frente a la actuación del apocalíptico, la perspectiva escatológica cristiana buscará el seguir impulsando en la historia la plenitud de la vida, combatirá pues la enfermedad con los medios que la ciencia aporte atendiendo también a la dimensión ética (no todo es ético, aunque pueda ser propuesto por la ciencia) para que la vida siga desarrollándose en plenitud.

Su posición se preocupará en buscar el mayor bien para todos y evitar el mal en lo posible, no opondrá el bien espiritual al bien corporal sino que intentará salvar ambos bienes, sin caer en espiritualismos imprudentes que sacrifican el bien corporal al bien espiritual sin discernimiento adecuado.

La dimensión encarnacionista del cristianismo le llevará a preocuparse por el bien común, y por tanto, por la dimensión política y social de la crisis sin limitarse a dirigir su mirada a la dimensión personal o grupal, sin olvidarlas tampoco. Más que poner el foco en supuestos culpables de la situación, que también puede haberlos y conviene ponerles límite, buscará ver los problemas estructurales que hacen que puedan darse abusos o circunstancias poco cuidadosas con las exigencias de la ética al abordar la crisis.  Tomará conciencia, por ejemplo, de las consecuencias de las políticas de aquellas ideologías que promueven desmantelar lo público, de modo que ante las crisis no se puede responder adecuadamente ni en el ámbito sanitario ni el educativo, por la ausencia de personal y de inversiones suficientes en áreas sociales fundamentales.

Su espiritualidad se alimentará de la oración y del compromiso social, no buscará refugiarse y salvarse al margen de todos, sino colaborar con todos en el cuidado de los bienes corporales y espirituales, sin sacrificar ni olvidar unos en favor de otros.

Cuidar-curar-tiempos-pandemia
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Su fe en un Cristo que ha vencido al mal, le mantendrá la mirada abierta para descubrir la luz diaria del amor, expresada en múltiples gestos de responsabilidad y humanidad, que brilla con creces en medio de la oscuridad; unirá su esfuerzo al de todos para cuidar el cuerpo y el espíritu, lo personal, lo grupal y lo social sin extremismos espiritualistas ni idolatrías que buscan cuidar solo las dimensiones materialistas  o utilitaristas olvidando las dimensiones espirituales; intentará cultivar el discernimiento y la prudencia, a la vez que evitará sembrar más desorientación y alarma con discursos extremistas.

Será siempre sembrador de esperanza pues, como dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros ¿Quién estará contra nosotros?” (Romanos 8,31)

La clase trabajadora

¿Existe la clase trabajadora? Las consecuencias del abandono político 

VICENÇ NAVARRO 

UNAS 5.000 PERSONAS, SEGÚN LOS SINDICATOS, Y 1.500, SEGÚN LOS CÁLCULOS DE LA POLICÍA, HAN PARTICIPADO HOY EN CÁDIZ EN LA MANIFESTACIÓN DE APOYO A LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DEL METAL, QUE HA ACABADO EN GRAVES DISTURBIOS CUANDO UNA PARTE DE LA PROTESTA SE HA ESCINDIDO DEL RECORRIDO OFICIAL PARA INTENTAR CORTAR EL PUENTE JOSÉ LEÓN DE CARRANZA. EFE/ROMÁN RÍOS. 

Un cambio substancial está ocurriendo en gran número de países a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y Europa Occidental) en el comportamiento electoral de la población, y muy en especial de amplios sectores de las clases populares y en particular de la clase trabajadora. En la Europa Occidental la gran mayoría de partidos de izquierda fueron creados por el movimiento obrero de cada país, y su apoyo electoral era históricamente más acentuado entre las clases trabajadoras que entre otras clases sociales. Naturalmente que amplios sectores de la clase trabajadora votaban, bien por motivos religiosos o culturales, a las derechas también. Pero históricamente las clases trabajadoras se abstenían y entre las votantes, los partidos de izquierda tuvieron la mayoría de su base electoral entre los miembros de tal clase. Esta situación ha estado cambiando en gran número de países en la Europa occidental. 

En EEUU los dos partidos mayoritarios durante los siglos XX-XXI han sido el Parido Republicano y el Partido Demócrata, dentro de un sistema electoral que se ha caracterizado por su carencia de proporcionalidad (favoreciendo a los estados más conservadores, pequeños y rurales, a costa de los estados grandes e industriales), promoviendo, además, un bipartidismo que imposibilita que un partido de izquierda pueda llegar a tener representación parlamentaria. De ahí, que los partidos de izquierdas —socialistas y comunistas— participen en el proceso electoral exclusivamente a través de las primarias del Partido Demócrata, dentro del cual ejercen su influencia que alcanzó su máxima dimensión durante la administración Roosvelt, con el establecimiento de un New Deal con características semejantes (aunque no idénticas) a la socialdemocracia europea de aquel tiempo. Fue la época más progresista de la historia de los EEUU, siendo el Presidente Roosvelt el presidente más popular de aquel país (incluso hoy). 

La vocación redistribuidora de recursos, rentas y propiedades, del Partido Demócrata de entonces y su expansión de los derechos sociales y laborales (estableció la Seguridad Social) explica que, sin ser un partido fundado por la clase trabajadora, contó con un apoyo electoral de la mayoría de los trabajadores estadounidenses votantes (ver People History Of The United States de Howard Zinn). Tal vocación permaneció con los Presidentes Truman y Johnson, creando este último Medicare (programa universal de derecho a los servicios sanitarios para todo ciudadano residente por encima de los 65 años). Pero se diluyó y desapareció con el Presidente Carter y más tarde con el Presidente Clinton, inspirador de la «tercera vía», liderada en la Europa Occidental por Tony Blair dirigiendo el Partido Laborista del Reino Unido. Como consecuencia el voto de la clase trabajadora (la mayoría blanca) al Partido Demócrata ha ido descendiendo

La tercera vía y la supuesta desaparición de la clase trabajadora 

La evidencia muestra pues que este voto a las izquierdas por parte de la clase trabajadora ha ido disminuyendo a partir del abandono o distanciamiento de los partidos de izquierda (en la Europa Occidental) y del Partido Demócrata (en EEUU) de su compromiso redistributivo y reversión de las crecientes desigualdades de renta y propiedad. En la medida que esta distinción entre los partidos de izquierda (favorables a la redistribución) y los partidos de derechas (contrarios a ella) se ha ido diluyendo, han ido aumentando la desafección de la clase trabajadora con los partidos de izquierda. La evidencia de la popularidad de las políticas redistributivas, tanto económicas como sociales (predominantemente expansión de derechos a toda la población, de carácter universal, y no solo asistencial) es contundente. 

Las encuestas realizadas en gran número de estos países muestran, en altos porcentajes, que las clases trabajadoras de cada país (definidas estadísticamente como los ciudadanos y residentes del país que tiene ingresos por debajo de la mediana del paísconsideran que las desigualdades de renta y propiedad son excesivas; que los impuestos a las rentas del capital y de las clases más pudientes deberían aumentarse; que debería ser responsabilidad de las instituciones públicas representativas el redefinir el nivel de desigualdades de renta y capital existentes en el país; que los derechos de acceso a la sanidad pública debían ser universales, así como el acceso a los servicios de ayuda a las familias (escuela de infancia y servicios de dependencia) y así una larga lista de derechos económicos y laborales. Estas son las prioridades económicas y sociales de la mayoría de la clase trabajadora. (Ver el ultimo estudio de las encuestas sobre la opinión de las y los trabajadores estadunidenses hecho por Common Sense Solidarity, publicado en Jacobin, Nov 2021. Para analizar los valores de la clase trabajadora en varios países europeos ver mi libro El Subdesarrollo Social De España, Causas Y Consecuencias, y también el libro de Walter Korpi, The Democratic Class Struggle). 

También estos y otros libros han  documentado extensamente —tales como mi libro Ataque a La Democracia y al Bienestar. Critica al Pensamiento Económico Dominante, que la dirección de las políticas públicas en gran número de países gobernados por la socialdemocracia, versión «tercera vía» (incluido el Partido Demócrata en EEUU) ha ido en dirección contraria a lo que el sentido popular hubiera deseado que ocurriera. En realidad, el nivel de vida de la clase trabajadora ha ido bajando de tal manera que, un porcentaje elevado de jóvenes procedente de estas clases no vivirán mejor que sus padres. De ahí que no debería ser una sorpresa que la clase trabajadora abandone los partidos que sus antecesores crearon. 

¿Cuál es la respuesta a esta realidad por parte de los dirigentes de la «tercera vía»? 

En general, dirigentes e intelectuales próximos de los partidos socialdemócratas de sensibilidad «tercera vía» (la cual es la mera adopción del liberalismo en sus políticas públicas, apareciendo como la light version, al lado de las derechas que representan la heavy version) niegan que exista tal desapego por parte de la clase trabajadora, pues niegan incluso que exista tal clase trabajadora, a la cual consideran que ha desaparecido, habiéndose transformado en «clase media». 

Este supuesto está muy extendido en los grandes medios de información en España. Algunos de ellos, sin embargo, aceptan que sí, que la clase trabajadora continúa existiendo, pero su elevado absentismo (supuestamente imposible de cambiar) la han hecho irrelevante, y por tanto es una pérdida de tiempo centrarse en sus problemas, siendo más productivo desde el punto de vista electoral centrarse en los problemas de las clases medias, y muy en particular de las clases medias profesionales, de educación superior, que consideran tienen mayor peso electoral. 

La pandemia ha mostrado que hay clases sociales, incluyendo clase trabajadora 

La pandemia ha mostrado el error de los argumentos anteriores. Ha señalado claramente que hay clases sociales y que la seguridad y protección de la ciudadanía está bastante determinada por la clase social de la población. Las familias con un nivel de renta superior al de la mediana del país pudieron, en su gran mayoría, estar en su casa y trabajar desde ella. No así las familias de renta familiar inferior a la mediana del país cuya gran mayoría tuvo que ir a trabajar para cubrir los servicios esenciales, siendo éste el sector de la clase trabajadora (la mayoría mujeres), que tiene una menor estabilidad laboral, peores condiciones de trabajo y menor nivel salarial y menor protección social

Esta situación se dio en la mayoría de los países afectados por la pandemia en ambos lados del Atlántico Norte. La mayoría de los ciudadanos con renta por debajo de la mediana (la mayoría de clase trabajadora) no trabajaron desde sus casas durante la pandemia, como sí hicieron la mayoría de los ciudadanos y residentes con rentas superiores a la mediana, y tuvieron comportamientos políticos distintos. Los primeros votaron a aquellos que prometían dar prioridad al mantenimiento y creación de puestos de trabajo que necesitaban para sobrevivir económicamente (tales como Trump en EEUU y la ultraderecha en Europa) y los segundos votaban por los que dieran prioridad al control de la pandemia. 

El abandono de los partidos progresistas y de izquierda por parte de la clase trabajadora 

Esta clase trabajadora ha ido distanciándose de los partidos de izquierda en la medida que estos han ido abandonando su ideario socialdemócrata progresista. En EEUU (el punto de referencia internacional para los partidos liberales), la clase trabajadora (la que votaba) ha ido abandonando el Partido Demócrata desde finales de la década de los 70 cuando el Presidente Carter abandonó las políticas redistributivas sustituyéndolas por las políticas liberales, continuándose mas tarde por el Presidente Clinton y Obama. La vitoria de Biden se debió a la movilización en contra de Trump, más que por el apoyo al Partido Demócrata. La recuperación de la tradición New Deal por Biden es el intento de revertir este abandono y recuperar el apoyo a las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora. 

Y algo semejante ha ido ocurriendo en muchos países de Europa. Estudios realizados sobre las causas de este distanciamiento demuestran que hay casos comunes en la mayoría de estos países, debido a tener prioridades semejantes, entre las cuales, las redistributivas (como mejoramiento de los salarios, de las condiciones de trabajo y poder negociador), la reducción de desigualdades de rentas y de propiedad, y la expansión del carácter universal de los derechos políticos y laborales son prioritarios, políticas todas ellas que han ido perdiendo interés en tales partidos, cada vez mas próximos a los poderes económicos y financieros que la clase trabajadora considera que tiene excesiva influencia sobre el estado y sus medios. Perciben a tales partidos envueltos mediáticamente en temas climáticos, temas que amplios sectores de la clase trabajadora consideran importantes, pero su mayor preocupación es «llegar a fin de mes», percibiendo que el tema climático acapara toda la atención, opacando temas económicos y laborales que configuran su realidad cotidiana. Y se sienten agraviados y muy enojados cuando la dirección de estos partidos y medios afines les definen como «ignorantes», de «escasa educación», «incapaces de entender el problema de la crisis climática» y otras expresiones derogatorias (ver el informe en Jacobin). 

También perciben a tales partidos como captados por grupos de intereses o movimientos sociales que anteponen su causa particular por encima y a costa de sus intereses. Se oponen, por ejemplo, a programas sanitarios para los pobres -como Medicaid– favoreciendo, en cambio, la universalización de los servicios sanitarios. La reforma sanitaria del Presidente Obama (Obama Care) no fue tan popular como se esperaba debido a que no fue una propuesta universal y se financió, en parte, mediante el extra-pago de los servicios sanitarios de los obreros ya asegurados, en lugar de conseguir mas ingresos a través de impuestos de compañías de seguros y farmacéuticas que se beneficiaron enormemente de tales programas. 

En realidad, el distanciamiento está sucediendo también entre trabajadores de sectores minoritarios (negros y latinos, y mujeres). La mayoría de las mujeres no apoyaron ni al partido Demócrata ni a la candidatura de Hillary Clinton para la presidencia de EEUU, no sintiéndose representada por ella, siendo el porcentaje de negros y latinos que votaron a Trump (que se presentó como el «anti-establishment») mayor en 2020 que en el 2016. Todo ello confirma que las demandas asistenciales (orientadas a grupos específicos y no a la totalidad) no son populares entre las clases populares ya que un sistema impositivo regresivo en la mayoría de tales países implica que haya una carga impositiva importante para las clases populares en este tipo de programas sin que la mayoría se beneficiara de ellos. 

El candidato a la presidencia de los EEUU en 1984 Jessie Jackson, discípulo predilecto de Martin Luther King, se presentó como la voz de las minorías en las primarias del Partido Demócrata. Predeciblemente consiguió un voto muy minoritario. Cuando se presentó, sin embargo, como la voz de la clase trabajadora en 1988 (habiendo fundado el movimiento Arcoiris que agrupaba a todos los componentes raciales y étnicos de las clases populares) casi ganó las primarias de aquel año. 

Última observación 

Existe una creciente concienciación de este problema que explica la aparición de nuevas corrientes dentro de partidos de la tercera vía, y nuevas formaciones políticas que conscientes de esta realidad están intentando recuperar las políticas públicas que permitieron la creación y expansión del Estado de bienestar, (tan reducido por las políticas neoliberales de tales partidos) así como el empoderamiento de la clase trabajadora con sus demandas redistributivas que afectan desde el mejoramiento de la situación laboral hasta la reducción de los excesivos privilegios de las rentas del capital y su abusiva influencia anti-democrática sobre los estados y los medios de información y persuasión. El futuro dependerá de que las instituciones representativas se democraticen profundamente y realicen cambios sustanciales en la distribución de la riqueza del país, consecuencia de alianzas amplias entre los movimientos sociales, motores del cambio para establecer una unidad de acción que corrija las enormes injusticias que existen en tales países. La otra alternativa es el fascismo claro y simple de lo cual alerté en este articulo «Por qué la ultraderecha está creciendo a los dos lados del Atlántico Norte«. 

El Papa recibe a Yolanda Díaz

El Papa y Yolanda Díaz hablan durante 40 minutos de temas relacionados con la agenda social 

El Papa saluda a Yolanda Díaz 

El tema prioritario de la reunión ha sido la necesidad de promover un trabajo decente 

la vicepresidenta segunda ha regalado al Papa una estola hecha de plástico reciclado y una edición especial del libro de poesías de la escritora gallega Rosalía de Castro, ‘Folhas novas’ 

El compendio de poesías de la escritora es el libro que muchos gallegos llevaban consigo en sus maletas cuando pusieron rumbo a Argentina en la década de los 60 

También abordaron la visión ecológica del mundo y la defensa de los migrantes, dos temas que el Papa y Díaz comparten 

Por| RD/Agencias 

El Papa Francisco ha recibido a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, en una reunión que ha durado aproximadamente 40 minutos y de la que no ha trascendido la conversación, según el entorno de la ministra, a petición del Vaticano. Desde ese mismo entorno de la vicepresidenta se asegura que el encuentro ha sido “cordial” y “emocionante”. 

«Ha sido un encuentro muy emocionante y debo de ser respetuosa y no les voy a poder revelar el contenido de la conversación con el Santo Padre», según ha referido a los periodistas apostados en la Plaza de San Pedro. 

La reunión del Papa con la vicepresidenta segunda se alargó más allá de los usos romanos para tales ecentos, teniendo en cuenta que el Papa estuvo reunido durante 35 minutos con Pedro Sánchez. 

El tema prioritario de la reunión, eso sí, ha sido la necesidad de promover un trabajo decente y de realizar reformas legislativas para cambiar la vida de los españoles, como asegura la corresponsal de COPE en Roma, Eva Fernández. 

El papa y Díaz compartieron la idea de que el empleo debe tener derechos y ser de calidad, y que las democracias más sanas son las que tienen trabajos robustos, según las fuentes. 

La vicepresidenta segunda, que estuvo en Italia el pasado octubre también para hablar con su homólogo italiano, Andrea Orlando, de los desafíos del mercado laboral en ambos países, ha aprovechado para contarle al papa las medidas que ha puesto en marcha el Gobierno español para atajar el problema del paro. 

En este sentido, ha comentado al pontífice cómo, a pesar de la pandemia y de que los números todavía no son buenos, las cifras son mejores de las que había con el anterior Gobierno y eso es muestra, según las fuentes, de que practicado políticas públicas y de rentas diferentes la economía funciona mejor. 

Sobre los plazos para aprobar la reforma laboral, las fuentes reiteraron que el Gobierno va a tenerla lista para el 31 de diciembre, como se ha comprometido, y que el camino por el que se está avanzando con los agentes sociales es el de definir un modelo en el que el contrato ordinario sea el indefinido y se favorezca la estabilidad del empleo. 

Para tener un contrato temporal, añadieron las fuentes, tendrá que haber una razón que lo justifique basada en motivos productivos y ocasionales, y si se comprueba que las empresas se han extralimitado, habrá sanciones. 

Las fuentes no quisieron entrar en la polémica que ha generado su visita al Vaticano, sobre todo entre los partidos de la oposición, y se limitaron a señalar que el viaje se ha realizado en nombre del Gobierno

Durante el encuentro en el Palacio Apostólico del Vaticano, la vicepresidenta segunda ha regalado al Papa una estola hecha de plástico reciclado y una edición especial del libro de poesías de la escritora gallega Rosalía de Castro, ‘Folhas novas’

Los obsequios encarnan tanto la visión ecológica del mundo como la defensa de los migrantes que el Papa y Díaz comparten, según fuentes del Gobierno español 

El Papa en Grecia

El perdón del Papa ante Hieronymos II por los “errores cometidos por tantos católicos que han marchitado la comunión” 

El corresponsal vaticano de Vida Nueva analiza el encuentro entre Francisco y el arzobispo de Atenas y de toda Grecia 

Francisco y Hieronymus II

Son dos octogenarios que se respetan y que hace cinco años compartieron el drama de los emigrantes en la isla de Lesbos, en compañía del patriarca Bartolomé de Constantinopla. Hoy, primer día de su visita a Grecia, el Obispo de Roma ha incluido una visita al Hieronymos II, arzobispo de Atenas y de toda Grecia, y ha querido subrayar la importancia que daba a este encuentro que lo ha antepuesto al que celebró más tarde con los católicos helenos: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y catequistas en la catedral de San Dionisio. 

El arzobispado ortodoxo se encuentra en el popular barrio de Plaka. El Papa llegó a él a primera hora de la tarde y, antes de entrar en la residencia arzobispal, un anciano sacerdote ortodoxo le gritó: “Papa, eres un hereje”; fue detenido inmediatamente por la policía y alejado del lugar. Francisco fue recibido con un fraterno abrazo por Hieronymos II. Después de venerar juntos una imagen mariana –a la que Bergoglio le ofreció dos preciosos rosarios–, mantuvieron un largo encuentro en un salón donde tomaron asiento el séquito papal y algunos metropolitas. 

“Acogemos a Vuestra Santidad –le dijo en el discurso que leyó sentado– en una período crucial no solo para nuestra patria sino para todo el mundo. La amenazadora crisis pandémica ha cambiado la vida de las personas en todo el planeta y continua haciéndolo. Han surgido así diversos problemas: violencia, inseguridad, miedo, desesperación. mientras, sobre todo, un sentido de frustración se ha apoderado de los ánimos de las personas independientemente de su raza, religión, lengua o cultura”. 

“Juntos –recalcó– tenemos que remover las montañas, los muros y la intransigencia de los potentes de la tierra. Ya no son suficientes las bellas palabras. Nuestros hermanos de Afganistán no pueden continuar sufriendo tanto; es triste pero se verán obligados a abandonar su país solo para ser instrumentalizados por otros países, práctica sistemáticamente aplicada por nuestra vecina Turquía. Constreñidos a buscar puertos seguros es fácil que se vean envueltos en conflictos políticos y religiosos. Por eso es nuestro deber frenar el flujo migratorio antes de que se ponga en marcha, es decir ¡ahora!”. 

Purificación de la memoria histórica 

El Santo Padre también evocó el viaje que realizaron juntos hace cinco años a Lesbos, “donde nos encontramos en la emergencia de uno de los dramas más grandes de nuestro tiempo, el de tantos hermanos y hermanas migrantes que no pueden ser dejados en la indiferencia y vistos solo como una carga que hay que gestionar o, todavía peor, que hay que delegar a otro”. 

Con ánimo fraterno y, por lo tanto, lleno de sinceridad, se permitió el Papa “reconocer, con vergüenza por la Iglesia católica, acciones y decisiones que tienen poco o nada que ver con Jesús y con el Evangelio basadas más bien en la sed de ganancias y de poder, y que han hecho marchitar la comunión… la historia tiene su peso y hoy aquí siento la necesidad de renovar la súplica de perdón a Dios y a los hermanos por los errores que han cometido tantos católicos… es indispensable que lleguemos a la necesaria purificación de la memoria histórica”. 

Regresando a la nunciatura en Atenas en su utilitario, Francisco hizo detener el coche algunos minutos para contemplar el espectáculo de la Acrópolis de Atenas y el Partenón iluminados 

Al IV Foro por la Paz

«No desperdiciemos esta oportunidad de mejorar nuestro mundo; de adoptar con decisión formas más justas de lograr el progreso y construir la paz» 

Covid y mundo 

Bergoglio invitó a «generar modelos económicos que sirvan a las necesidades de todos preservando los dones de la naturaleza, así como políticas de futuro que promuevan el desarrollo integral de la familia humana» 

«La vuelta a la normalidad significaría también el regreso a las viejas estructuras sociales inspiradas en la autosuficiencia, el nacionalismo, el proteccionismo, el individualismo y el aislamiento y la exclusión de nuestros hermanos más pobres. ¿Es éste un futuro que podemos elegir?» 

«El gasto militar en todo el mundo ha superado ya el nivel registrado al final de la «guerra fría» y aumenta sistemáticamente cada año» 

«Aceptar el reto de asumir la crisis como una oportunidad concreta de conversión, de transformación, de replanteamiento de nuestro modo de vida y de nuestros sistemas económicos y sociales» 

11.11.2021 Jesús Bastante 

«No desperdiciemos esta oportunidad de mejorar nuestro mundo; de adoptar con decisión formas más justas de lograr el progreso y construir la paz». El Papa Francisco volvió a lanzar un mensaje mirando al futuro, al momento en que salgamos de esta pandemia, y cómo hacerlo para «promover la paz, la buena gobernanza y un futuro mejor para todos; que ayude a salir mejor de la pandemia del Covid-19″. 

En un mensaje dirigido a los participantes del IV Foro de París sobre la Paz, Bergoglio invitó a «generar modelos económicos que sirvan a las necesidades de todos preservando los dones de la naturaleza, así como políticas de futuro que promuevan el desarrollo integral de la familia humana». 

Para Francisco, «en esta fase histórica, la familia humana se enfrenta a una elección». La primera posibilidad es la llamada «vuelta a la normalidad». «Pero la realidad que conocíamos antes de la pandemia era una en la que la riqueza y el crecimiento económico estaban reservados a una minoría, mientras millones de personas no podían satisfacer sus necesidades más básicas y llevar una vida digna; un mundo en el que nuestra Tierra era saqueada por la explotación miope de los recursos, la contaminación, el consumismo de usar y tirar y herida por las guerras y los experimentos con armas de destrucción masiva», denunció el Papa. 

La realidad que conocíamos antes de la pandemia era una en la que la riqueza y el crecimiento económico estaban reservados a una minoría, mientras millones de personas no podían satisfacer sus necesidades más básicas y llevar una vida digna; un mundo en el que nuestra Tierra era saqueada por la explotación miope de los recursos, la contaminación, el consumismo de usar y tirar y herida por las guerras y los experimentos con armas de destrucción masiva 

Siendo así, «la vuelta a la normalidad significaría también el regreso a las viejas estructuras sociales inspiradas en la autosuficiencia, el nacionalismo, el proteccionismo, el individualismo y el aislamiento y la exclusión de nuestros hermanos más pobres. ¿Es éste un futuro que podemos elegir?«. 

Trabajar juntos para salir mejor que antes 

«En este mundo globalizado pero fracturado, las decisiones que tomemos hoy para salir de la crisis determinan el «rumbo» de las generaciones venideras», explicó Francisco, quien recordó que «somos una comunidad global y que nadie puede salvarse solo, que sólo podemos salvarnos juntos». Por ello, añadió, «necesitamos una nueva salida; tenemos que trabajar juntos para salir mejor que antes». 

Entre las cuestiones urgentes, Francisco destacó el desarme integral, en un momento en el que «el gasto militar en todo el mundo ha superado ya el nivel registrado al final de la «guerra fría» y aumenta sistemáticamente cada año», que los gobiernos justifican «aludiendo a una idea abusiva de disuasión basada en el equilibrio de los armamentos». 

Junto a la «lógica de la disuasión» se ha asociado «la lógica del mercado liberal», según la cual «el armamento puede considerarse del mismo modo que el resto de los productos manufacturados y, por lo tanto, como tal, puede comercializarse libremente en todo el mundo». 

La injusticia y la violencia no son nuestro destino 

En cuanto a la pandemia, admitió Bergoglio, «ha sido una revelación para todos nosotros sobre las limitaciones y deficiencias de nuestras sociedades y estilos de vida». Pes a todo, el Papa hizo un llamamiento a la esperanza, que «nos invita a soñar en grande y a dar cabida a la imaginación de nuevas posibilidades», porque «la injusticia y la violencia no son inevitables, no son nuestro destino». 

«Ante las consecuencias de la gran tormenta que ha sacudido al mundo, nuestra conciencia nos llama, por tanto, a una esperanza responsable, es decir, a no seguir el camino cómodo de la vuelta a una «normalidad» marcada por la injusticia, sino a aceptar el reto de asumir la crisis como una oportunidad concreta de conversión, de transformación, de replanteamiento de nuestro modo de vida y de nuestros sistemas económicos y sociales», culminó el Papa

El caos de la pandemia esconde un nuevo orden en la Tierra

Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría.

Por Leonardo Boff

Raramente en la ya larga historia de la vida ha ocurrido una situación de caos planetario como en los días actuales. Estábamos acostumbrados a regularidades y a órdenes sistémicas aunque en los últimos decenios hemos experimentado también con creciente frecuencia irregularidades como tsunamis, huracanes, terremotos y eventos extremos de calor y de frío. Tales fenómenos han llevado a los científicos a pensar e intentar comprender cómo dentro del orden dado podían ocurrir situaciones caóticas.

De ahí surgió toda una ciencia, la del caos, tan importante como las otras, hasta el punto de que algunos han llegado a decir que el siglo XX será recordado por la teoría de la relatividad de Einstein, por la mecánica cuántica de Heisenberg/Bohr y por la teoría del caos de Lorenz/Prigogine.

La esencia de la teoría del caos reside en que un cambio muy pequeño en las condiciones iniciales de una situación lleva a efectos imprevisibles. Se pone de ejemplo el “efecto mariposa”. Pequeñas modificaciones iniciales, aleatorias, como el aleteo de las alas de una mariposa en Brasil pueden provocar modificaciones atmosféricas hasta culminar en una tempestad en Nueva York. El presupuesto teórico es que todas las cosas están interligadas y van asumiendo elementos nuevos, creando complejidades en el curso de su existencia (en este caso, calor, humedad, vientos, energías terrestres y cósmicas) de forma que la situación final es totalmente diferente de la inicial.

El caos está en todas partes, en el universo, en la sociedad y en cada persona. Es decir, los órdenes no son lineales y estáticos. Son dinámicos, buscando siempre un equilibrio que los mantiene actuantes. 

El universo se originó de un tremendo caos inicial (big bang). La evolución se hizo y se hace a lo largo de muchos milenios para poner orden en este caos. 

Mas aquí surge una novedad: el caos nunca es sólo caótico, él guarda dentro de sí, en gestación, un nuevo orden. Lógicamente él tiene su momento destructivo, caótico, sin el cual el orden nuevo no podría irrumpir. El caos es generativo de este nuevo orden.

Quien analizó con detalle este fenómeno fue el gran científico ruso/belga Ilya Prigogine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977. Estudió particularmente las condiciones que permiten la aparición de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto y siempre que haya una situación de caos (por tanto fuera del orden y lejos del equilibrio) y exista una no-linealidad, la conectividad entre las partes genera un nuevo orden, que sería la vida (cf. Order out of Chaos,1984).

Ese proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca es dado a priori. Depende de varios factores que llevan en una u otra dirección, de aquí la inmensa biodiversidad.

Hacemos toda esta reflexión sumarísima para que nos ayude a entender mejor el actual caos pandémico. Vivimos innegablemente en una situación de caos completo, caos destructivo de millones de vidas humanas. Nadie puede decir cuándo terminará ni hacia dónde vamos. Él conoce múltiples variantes, es su triunfo sobre nuestras células. Es innegablemente caótico y está aterrorizando a toda la humanidad.

Nos plantea cuestiones fundamentales: ¿qué hemos hecho con la naturaleza para que ella nos castigue con un virus tan letal? ¿Dónde nos equivocamos? ¿Qué cambios debemos hacer en relación a la naturaleza para impedir que ella nos envíe una verdadera gama de otros virus?

Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alto y mejor. Lo peor que podría sucedernos es la continuidad o volver al pasado que originó el caos. Tenemos que usar nuestra fantasía creadora y sobre todo forjar, a través de una práctica histórica, un orden más amigo de la vida, tierno, fraterno y justo. 

Sería el caos generativo. Tenemos que entender el contexto de donde vino el coronavirus. Él es una expresión del antropoceno, es decir, de la sistemática agresión del ser humano a la naturaleza y a Gaia, la Madre Tierra. Es la consecuencia de haber tratado a la Tierra como una mera reserva inerte de recursos a nuestra disposición y no como un superorganismo vivo que merece cuidado y respeto.

A partir de la revolución industrial la hemos explotado tanto que ella no consigue ya regenerarse y ofrecernos todos los bienes y servicios vitales. Tenemos que inaugurar una relación de sinergia y sostenibilidad para con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella, responsables de su perpetuidad, y no sus dueños y señores. Si no realizamos esta conversión ecológica podremos conocer catástrofes inimaginables.

En el caso brasilero, lo primero que tenemos que hacer es preservar la inmensa riqueza ecológica que heredamos de la naturaleza, en términos de selvas húmedas, abundancia de agua, suelos fértiles y de una inmensa biodiversidad.

Después tenemos que superar la marginalización, el odio cobarde que tributamos a los pobres. El desprecio y las humillaciones hechas cruelmente contra las personas esclavizadas ha pasado a estos empobrecidos. Tal inhumanidad ha dejado marcas profundas en la población. 

No en último lugar tenemos que liquidar el perverso legado de la Casa Grande traducido por el rentismo y por unos cuantos millonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Hacen fortunas con la pandemia, sin empatía con los familiares que han perdido a más de medio millón de seres queridos. Ellos son el sustentáculo del actual gobierno necrófilo, cuyo presidente se ha hecho aliado del virus. 

Estos puntos son el mayor obstáculo para la superación del caos instalado en Brasil.

Tenemos que formar un frente amplio de fuerzas progresistas y enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, oculto en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que consumar ese parto aunque sea doloroso. De lo contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí mismos, de espaldas al pueblo, que devastaron la naturaleza con su agronegocio y refuerzan la irrupción del coronavirus entre nosotros.

Debemos inspirarnos en el universo, nacido del caos primordial, pero que, al evolucionar, fue creando órdenes nuevos y más complejos cada vez hasta generar la especie humana. Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría. Este modelo deberá salir de las entrañas del actual caos y establecer las bases de un nuevo comienzo para la humanidad.