El Adviento que viene ¿Estamos?

Llenar nuestra vida de años o llenar nuestros años de vida

Por Alejandro Fernández Barrajón

    Comenzamos pronto el tiempo de Adviento en el año cristiano. “Adventus” es una palabra latina que significa venida o llegada. Con el Adviento iniciamos un recorrido litúrgico por el cual la iglesia nos conducirá catequéticamente por toda la vida de Jesucristo y por su mensaje y por toda la historia de Salvación del Pueblo de Dios.

Estamos, pues, empezando una etapa; estamos a tiempo de comenzar con buen pie. “El que bien empieza bien acaba” ¿Estamos?

  Lo primero que nos pide la Iglesia es que seamos hombres y mujeres de esperanza; que nos situemos con actitud receptiva y positiva. La esperanza es la vitamina de la fe; sin ella nos instalamos en la monotonía, en el cansancio y en la ausencia de horizontes.

  A través de los tiempos sólo la esperanza ha hecho posible que el Pueblo de Dios siguiera caminando, en medio de grandes luchas y peligros, en busca de la tierra prometida; algo semejante le ha ocurrido a la iglesia. Como una barca en medio de la tempestad ha seguido navegando con esperanza hasta nuestros días, durante más de dos mil años, y ha llegado hasta nosotros con una vitalidad –a pesar de lo que pueda parecer- verdaderamente envidiable. ¿Qué institución con más de 2000 años de historia puede contar en la actualidad lo que nos sigue contando la Iglesia?

 Dicen por ahí, que la Iglesia no está de moda y que es una institución poco valorada. Es muy posible que sea así. La iglesia ha sido siempre bandera discutida. Pero lo que le preocupa a la Iglesia no es estar de moda sino vivir en fidelidad a su Señor.

 La esperanza cristiana se sostiene con la oración, la perseverancia y la vigilancia. Por eso el evangelio siempre nos anima, al comenzar el Adviento, a estar bien despiertos.

  No es verdad, como dice el refrán, que “mientras hay vida hay esperanza”, es más bien lo contrario: “Mientras hay esperanza hay vida”. Porque una vida sin esperanza no es vida de calidad, es una muerte anunciada.

  Nos preocupa mucho llenar nuestra vida de años, pero es más importante llenar nuestros años de vida. Ése es el reto cristiano. Comenzar el Adviento significa ponernos en tensión dinámica, despabilar nuestra fe para comenzar un itinerario nuevo que nos conduzca al encuentro profundo con Cristo; para eso tenemos a la vuelta de la esquina la Navidad.

Tiempo de crisis económica, de crisis de valores, de huelgas y guerra en Ucrania, tiempo de esperanza más que nunca.

 Dice un proverbio chino que “Nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu”. Éste es el camino que nos invita a recorrer el adviento.

 Para esto lo primero que tenemos que hacer es abrir los ojos y ver para preguntarnos por el sentido de nuestro vivir, para ponernos el termómetro de la fe y descubrir si tenemos o no fiebre de Dios o por el contrario estamos tibios y fríos de esperanza. Hay un camino que Dios tiene para nosotros. Lo dice con bellas palabras el poeta zamorano León Felipe:

 No conozco este camino

Y ya no alumbra mi estrella

Y se ha apagado mi amor

Así…vacío y a oscuras ¿a dónde voy?

Sin una luz en el cielo y roto mi corazón

¿Cómo saber si es el tuyo este camino, Señor?

 El camino que hemos de recorrer para hacer realidad llena de gracia este Adviento es Jesucristo mismo. Él es camino; no hay otro camino que nos lleve a la paz del corazón.

Por eso el adviento es tiempo de ponernos a la escucha de su Palabra. La Palabra ha de ocupar un lugar destacado en nuestro adviento. La Palabra nos ilumina y nos convoca a tener hambre de eternidad y de luz.

 Mirad cómo lo dice un poeta del siglo XX:, Alfonso Albalá

  “Dame esa ceguedad que preciso, Señor

Para ver en mi entraña la luz de tu lumbre:

Siento, como el paisaje denso, hambre de luz;

Quiero subir, siempre, hasta escapar de mí mismo”.

 El tiempo parece la cárcel de la vida porque todo lo desgasta y nadie puede detenerlo. Pero no es verdad; el tiempo es la sede de la gracia, de la esperanza, la oportunidad para que algo nuevo pueda brotar en nosotros y nos convoque a la fiesta. Gracias al tiempo podemos vivir y amar, buscar y encontrar aquello que buscamos.

 Una religiosa contemporánea ha escrito:

“Esperar es dejarte poseer por las ganas de luchar,

De vivir y de soñar,

Esperar es sembrar en cada surco simientes de eternidad

Y saber que la cosecha alguien la recogerá.

Esperar es dejarte poseer, aquí, por la eternidad”

Vamos a esperar con la Iglesia al Señor que viene, que está viniendo todos los días en la Palabra, en la Eucaristía, en la fraternidad, Vamos a esperar pero no de brazos cruzados sino encendiendo nuestro ardor, dispuestos a crecer por dentro, cultivándonos espiritualmente para que la Navidad no nos coja desprevenidos o despistados en medio de tantas compras, villancicos y luces de colores y al final olvidemos que es Navidad porque Él viene; sólo porque Él viene.

Mirad cómo lo dice Tagore:

ÉL VIENE, VIENE SIEMPRE

¿No oíste sus pasos silenciosos?

El viene, viene, viene siempre.

En cada instante y en cada edad,

todos los días y todas las noches,

él viene, viene, viene siempre.

He cantado muchas canciones y de mil maneras;

pero siempre decían sus notas:

«El viene, viene, viene siempre».

En los días fragantes del soleado abril,

por la vereda del bosque, él viene, viene, viene siempre.

En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio,

sobre el carro atronador de las nubes,

él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía,

son sus pasos los que oprimen mi corazón,

y el dorado roce de sus pies es lo que hace brillar mi alegría.

Decálogo sinodal  

  escrito por  Victor Codina

 En forma de decálogo, una sencilla introducción al sínodo y a la sinodalidad eclesial.

Sínodo, etimológicamente, significa camino conjunto o comunidad en camino; implica dos dimensiones, la comunitaria y la dinámica.

Aplicado a la Iglesia significa el “nosotros eclesial”, la comunidad de Jesús que camina hacia el Reino de Dios.

Su fundamento teológico es trinitario, la Iglesia significa y es sacramento de la comunión trinitaria, que por la fuerza del Espíritu de Jesús camina hacia el Reino de Dios

En el Nuevo Testamento encontramos algunos ejemplos de sinodalidad, como la vida de la primera comunidad de Jerusalén (Hechos de los Apóstoles 2, 42-47) y el Concilio de Jerusalén: “el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido” (Hechos de los Apóstoles 15,28).

Esta dimensión comunitaria en la que todos participan en aquello que afecta a todos, se perdió en la época de Cristiandad. El Concilio Vaticano II (1962-1965) la recuperó al presentar la Iglesia como Pueblo de Dios (Lumen Gentium II), donde todos hemos recibido el bautismo de Jesús y la unción del Espíritu, todos poseemos el sentido de la fe por la que el Pueblo de Dios es infalible en su creencia (Lumen Gentium 12).

El papa Francisco ha asumido estas orientaciones del Vaticano II y propone la sinodalidad como el estilo peculiar para la Iglesia del tercer milenio y convoca un Sínodo para 2023-2024 sobre la sinodalidad, “Iglesia: comunión, participación y misión”, con una participación previa en las Iglesias locales (diocesanas, nacionales y continentales).

La finalidad del Sínodo no es producir documentos, sino hacer que germinen sueños, profecías, esperanzas e ilusiones, curar heridas, tejer relaciones, aprender unos de otros, crear un imaginario positivo que ilumine la mente, enardezca el corazón y fortalezca las manos.

Esto supone una gran conversión eclesial, se trata de una gran reforma de la Iglesia, edificar una pirámide invertida, significa superar todo clericalismo y elitismo jerárquico, religioso, espiritual y cultural.

No desaparecen los diversos carismas eclesiales, jerárquicos y no jerárquicos, don del Espíritu (Lumen gentium 4), sino que se sitúan en diálogo y comunión eclesial, pues lo que nos une a todos es más que las diferencias eclesiales y carismáticas.

La dificultad mayor es doble:

Que clérigos y vida religiosa dejemos el protagonismo y prepotencia que hemos tenido a menudo e imitemos a Jesús que lavó los pies a los discípulos.

Que el laicado abandone la pasividad y que todos y todas asuman el rol que les corresponde como bautizados en la misión de la Iglesia e imiten a los discípulos, hombres y mujeres, que seguían a Jesús por los caminos de Galilea.

La sinodalidad es un proceso, no se limita a preparar el Sínodo 2023-2024, sino que supone iniciar un dinamismo de diálogo y participación que incluya a comunidades, movimientos e instituciones eclesiales, seminarios, etc. en los diferentes ámbitos: evangelización, formación, catequesis, liturgia, pastoral , juventud, gobierno, administración económica, obras sociales, diálogo con otras culturas y religiones, escuchar la voz de los excluidos y descartados sociales y eclesiales, ser hospital de campaña que acoge a todos, etc. Cuanto antes se comience este proceso, tanto mejor.

Ignacio Lula da Silva

Lula: Un justo entre las naciones

Conozco a un hombre. Hace más de 40 años. ¿De dónde viene? Viene de la senzala existencial. Es un nordestino, desdeñado por la élite del atraso que tiene en su ADN un desprecio cobarde a los pobres. Es un hijo de la pobreza. Un superviviente del hambre. Un pau de arara, que salido del agreste pernambucano fue a radicarse con su madre y sus hermanos en la periferia de São Paulo.

Toda la numerosa familia vivía en un anexo a un bar. Pero había una madre que cumplía todas las funciones, de padre, de madre, de educadora, de consejera y de ejemplo, doña LINDU. Supo educar a toda la prole. A este hombre le inculcó en la cabeza y en el corazón: Nunca desistas. Nunca robes. Nunca mientas.

Este imperativo ético marcó toda su vida. Cuando niño, trabajando en un pequeño mercado, se moría de ganas de robar un chicle americano. No existía el nacional. Pero cuando extendía la mano, se acordaba de doña Lindu: No robó el chicle, como siempre se contuvo.

Conozco a un hombre, a este hombre. Durante bastante tiempo estuvo totalmente despolitizado. Lo que le interesaba era el fútbol y su equipo preferido, el Corinthians. Consiguió hacer un curso de metalúrgico. Aprendió por experiencia, sin saber nada de Marx, lo que era la plusvalía. Al principio con la poca experiencia inicial, producía tal y tal producto. Fue mejorando, con más destreza y rapidez producía más y más del mismo producto. Pero su salario seguía siendo el mismo.

¿Para quién iba la ganancia del crecimiento de su producción? No para él sino para el patrón. En esto reside la plusvalía y el mecanismo de acumulación del empresario. Despertó a la injusticia de los trabajadores. Se volvió líder sindical. Se enfrentó a la dictadura militar. Fue preso. Soltado, liberó el águila que tenía dentro. Surgió su carisma de líder. Sabía negociar honestamente con los patrones según la lógica del gana-gana.

Y pensó: los poderosos han gobernado todo el tiempo de nuestra historia. Han gobernado solo para ellos. No nos han incluido nunca. Éramos carbón a ser quemado en la producción de sus fábricas. ¿Por qué nosotros, los trabajadores, que somos mayoría, no podemos gobernar también nuestro país y gobernar mejor, para todos, comenzando por los más explotados y marginalizados?

Entonces, junto con otros, fundó el Partido de los Trabajadores (PT). Se presentó para gobernador y para presidente del país. Perdió siempre. Pero nunca renunció al impulso interior, inspirado por su madre: nunca desistas. Insistía en sus intervenciones: debemos permitir que todos puedan comer por lo menos tres veces al día, tener su casita con luz, puedan educarse y mandar a sus hijos e hijas a buenas escuelas, tener alegría de vivir y de convivir.

Y quiso el Misterio de todas las cosas que él, desde el piso de abajo, desde la marginación y la exclusión llegase al poder central del país. Por primera vez en nuestra historia, un condenado de la Tierra organizó una política en la que todos ganaban, inclusive los adinerados, pero sobre todo aquellos que desde hacía decenas de años estaban en el mapa del hambre. Ya no se oían los gritos apremiantes de los niños tirando de la falda de su madre, pidiendo la comida que les faltaba. Millones de personas fueron incluidas en la sociedad, miles de pobres y de afrodescendientes, mediante cuotas, pudieron seguir cursos superiores. Indígenas, quilombolas, mujeres y personas de otra opción sexual encontraron en él comprensión y defensa. Más que matar el hambre, les devolvió la dignidad humana.

Uno se levanta, no sin cierta arrogancia y anuncia: “Dios me ha escogido para salvar el país; está escrito hasta en mi nombre, Mesías”. El otro solamente dice: “Agradezco a Dios por haberme permitido llegar hasta aquí y poder dar comida a millones de personas”. Los discursos tienen tonos diferentes: uno hace énfasis en un pretextado llamamiento divino, independiente de su esfuerzo. El otro, luchó y se esforzó para cumplir ese propósito. Y agradece a Dios, tras mucha lucha e incansables sacrificios.

El mundo lo siguió todo. Como presidente, los jefes de Estado competían por escuchar sus experiencias y consejos. Se convirtió en uno de los mayores líderes mundiales. Invitado a apoyar la guerra contra Irak, respondió sabiamente: mi guerra no es contra un pueblo, es contra el hambre y la miseria de millones de personas de mi país y de la humanidad.

Todo lo que está sano puede enfermar. Sectores de su gobierno fueron afectados por la enfermedad de la corrupción. Fueron denunciados y castigados, pero nunca se ha demostrado que este hombre se haya beneficiado personalmente de la corrupción como consecuencia de su cargo de presidente.

Si hay algo que le molesta profundamente es que le llamen ladrón. ¿Dónde está su mansión? ¿Dónde están sus cuentas bancarias en Brasil, en el extranjero o en algún paraíso fiscal? ¿Puede alguien señalarlo sin mentir? Como candidato, su vida fue revisada hasta el más mínimo detalle. No se encontró nada. Ni un piso en el que nunca vivió, ni el sitio de un amigo que nunca le perteneció. Vive en un piso como cualquier ciudadano que ha ocupado el cargo que ha tenido, bueno pero modesto.

Conozco y doy fe de la transparencia, honestidad e integridad de este hombre. Me dijo varias veces: tú que hablas ante muchos públicos, di en mi nombre: nunca he dado cincuenta céntimos a nadie, nunca he recibido cincuenta céntimos de nadie. Nunca he tomado nada de nadie. Y si sigue diciendo que soy un ladrón, di que es un mentiroso. Y si se empeña en decirlo, desafíalo a que vaya a los tribunales, que muestre las pruebas para acusarme de ladrón. Di que aceptaré el rigor de la ley. Devolveré el doble de la cantidad que falsamente dije que no había robado. Y quiero que me arresten.

Conozco a un hombre que soportó todo tipo de calumnias, difamaciones y humillaciones. Su esposa murió de tristeza. Cuando su nieto falleció prematuramente, le pusieron mil dificultades para despedirse de su ser querido. Y cuando su hermano mayor, al que tenía por padre, partió de este mundo, lo llevaron a un breve velatorio rodeado de soldados armados, como si llevaran a un peligroso canalla.

Entraron en su casa sin avisar. Saquearon todo, esculcaron los colchones y se llevaron hasta los juguetes de sus nietos que no han sido devueltos hasta el día de hoy. Finalmente, hubo un juez reconocido por el Tribunal Supremo (STF) como parcial, y debido a ello el proceso iniciado contra este hombre fue invalidado. El juez lo condenó “por un delito indeterminado”, algo que no se encuentra en ningún código penal, ni siquiera en el Código de Hammurabi, unos milenios antes de nuestra era.

Durante 580 días estuvo encarcelado bajo estricta vigilancia. Podría haber resistido o haberse refugiado en alguna embajada. En la cárcel, revisó su vida, los aciertos y errores de su gobierno, estudió a fondo los principales aspectos de nuestro país y de la geopolítica mundial. Se espiritualizó y salió lleno de humanismo, esperanza y determinación.

Pero su encarcelamiento tuvo una consecuencia perversa: despejó el camino para presidente a una figura siniestra, un enemigo de la vida y de su pueblo, movido por la pulsión de matar y odiar. Por su negacionismo y su total falta de empatía al menos 300.000 personas murieron a causa del Coronavirus.

Luego vinieron las elecciones. Su oponente, que destacaba por su ignorancia, brutalidad y mente asesina, utilizó todos los medios posibles e imposibles para derrotarlo, desde la corrupción de un presupuesto secreto multimillonario hasta todo el aparato del Estado, dentro del cual operaba el “gabinete del odio”. Este difundió mentiras, fake news, calumnias y obscenidades contra él. Incluso activó el aparato policial del Estado a favor de su candidatura.

La sensatez ganó a la irracionalidad, la verdad a la mentira, el amor al odio. Fue proclamado presidente del país. Fue reconocido por las más altas autoridades del país, del mundo, desde XI Jinping, Biden y Putin. Incluso sin haber jurado su cargo, ya ha sido invitado a la COP27 en Egipto para discutir el nuevo régimen climático y a Davos, donde se reúnen los dueños de las mayores fortunas, para escuchar su tipo de economía, ya que la actual está agonizando.

Conozco a este hombre, carismático, cordial, incapaz de sentir odio en su corazón y dispuesto a dialogar con todos. De su boca oímos y de su ejemplo aprendimos que siempre es importante defender la democracia, dar centralidad a los pobres, defender la Amazonia contra la voracidad del capital salvaje, buscar un mundo bueno para todos y hacer que lo sea. Como dijo un presidente: “El mundo echa en falta a este hombre”.

Merece el mayor elogio que la tradición bíblica judía otorga a un ciudadano del mundo: ES UN HOMBRE JUSTO ENTRE LAS NACIONES.

Conozco y soy testigo de un hombre que por su vida, por su ejemplo y por el cuidado de su pueblo se convirtió efectivamente en un hombre Justo entre las Naciones.

Su nombre no necesita ser citado. El país lo conoce. El mundo lo reconoce.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo, exprofesor de ética y miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra

Adviento: esperas y esperanzas

Frente a la pequeña esperanza, la fe cristiana propone la gran esperanza, la que no falla. En el tiempo de adviento esta esperanza tiene dos direcciones.

Lo de todos los años. Ya ha llegado la Navidad en los grandes almacenes y en casi todos los comercios. Las lucecitas, los árboles iluminados, los muñecos de papa Noel y toda la parafernalia de una fiesta superficial. En estos últimos días hasta he tenido la impresión de que en algunos comercios la Navidad comienza con el “black friday”. Esta es una batalla perdida. Por eso, lo único que cabe hacer para ganarla es reírse de ella, de la batalla y de los consumidores compulsivos que se dejan arrastrar por la falsa verdad de una pequeña esperanza engañosa.

Frente a la pequeña esperanza, la fe cristiana propone la gran esperanza, la que no falla. En este tiempo de adviento esta esperanza tiene dos direcciones, una que mira al pasado, pero que en realidad no es motivo de nostalgia, sino de agradecimiento admirativo, y otra que mira al futuro, que no es motivo de temor, sino de gran alegría, la alegría de encontrarnos con el mismo Amor que en Jesús se encarnó. Dicho con otras palabras, en adviento celebramos dos importantes artículos del Credo de la fe cristiana. La primera parte del adviento celebra que el Señor resucitado “de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos”. En la segunda parte nos preparamos a celebrar este otro artículo de la fe: el Verbo, que está en el seno del Padre, “se encarnó de María, la virgen, y se hizo hombre”.

Los dos artículos tienen como punto de unión el amor de Dios. El amor de Dios que quiso manifestarse en Jesús, y el amor de Dios que vendrá al final de los tiempos y al final de cada vida humana, para recibirnos con misericordia en sus brazos amorosos. La esperanza cristiana se dirige, sobre todo, a este último acontecimiento. Es la gran esperanza. Si no vivimos de esta gran esperanza, la vida carece de sentido y todas nuestras pequeñas esperas terminan defraudando. Desde luego la espera de la lotería es la más tonta de todas las esperas, porque bien sabemos que las posibilidades de que toque algo bueno son mínimas. Pero incluso si, por casualidad sonase la flauta y algo cayera, lo que nos toque no nos salvará la vida. A lo sumo provocará un momento de euforia y luego nuestra vida seguirá tan vacía o más que antes del toque.

La verdadera, la gran esperanza del ser humano que resiste a pesar de todas las desilusiones solo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y nos sigue amando hasta el extremo (Jn 13,19).

Por Jorge Costadoat

Ante el Mundial de Fútbol

Estos son los derechos humanos que Catar no respeta (tampoco durante el Mundial)

El país organizador de la Copa del Mundo de fútbol no reconoce las libertades de las mujeres, persigue al colectivo LGBTI, restringe la libertad de expresión y explota a las personas migrantes.

VÍCTOR LÓPEZ@VICTORRLOPZ

Queda poco más de una semana para que arranque el Mundial de fútbol masculino en Catar y no se deja de hablar de alineaciones, selecciones favoritas y quinielas de finalistas. El país anfitrión casi ha conseguido su objetivo: un lavado de imagen capaz de tapar las vulneraciones de derechos humanos que sufren cada día las mujeres, las personas migrantes, la prensa o el colectivo LGBTI. La FIFA, otras federaciones nacionales y algunos medios han contribuido a este blanqueo. No obstante, los códigos de conducta que rigen el emirato dejan bien claro lo que se permite y lo que no, lo que es moral y lo que ni por asomo. Las autoridades cataríes recuerdan incisivamente sus normas y restricciones de cara a la celebración deportiva, mientras compran el silencio de los visitantes y aficionados más maleables. Este es el listado de derechos humanos fundamentales que Catar, uno de los territorios más conservadores y ricos del mundo, todavía no reconoce.

Las mujeres, bajo el yugo del varón

La población de Catar está profundamente descompensada. Mientras que los hombres constituyen el 75% del censo, las mujeres suponen un pobre 25%. Sin duda, los hombres valen más en la monarquía ultraconservadora del emirato. Por valer, lo valen todo. Ellas no pueden hacer nada sin el permiso y la aprobación de un varón. Ni estudiar en el extranjero, ni casarse, ni acceder a ciertos puestos de trabajo. Tampoco pueden viajar a otros países, ni recibir tratamientos de salud reproductiva. Las mujeres en Catar viven en la más absoluta sumisión, dependientes para todo de la tutela de un sujeto masculino.

Las mujeres que se divorcian en Catar pierden la tutela de sus hijas e hijos

La figura del dueño y propietario la ocupa primero el padre. En su defecto, lo hacen el abuelo, el tío o el hermano mayor. En Catar, cualquier hombre vale para controlar a una mujer. Una vez se casan, la tutela pasa a manos de sus maridos. En el matrimonio, la legislación sigue discriminando a las mujeres, que sufren agresiones y son subestimadas. Si se atreven a pedir el divorcio, tienen que superar una dura carrera de obstáculos. Las que llegan a la meta, reciben el trofeo en forma de venganza: se quedan sin la tutela de sus hijas e hijos. 

Las mujeres cataríes ni siquiera pueden vestirse como ellas quieran. En público, están obligadas a utilizar el hiyab, un velo para cubrir la cabeza y el pecho. Las que muestran un mínimo gesto de rebeldía, sufren represalias. Igual que las que se quedan embarazadas fuera del matrimonio, que son llevadas a juicio y corren el riesgo de acabar lapidadas. Los hombres, en cambio, tienen permitido casarse hasta en cuatro ocasiones.

Penas de prisión para el colectivo LGBTI

En Catar, las relaciones entre personas del mismo sexo tampoco están permitidas. En el artículo 296 de su Código Penal las califican como «sodomía o disipación». El colectivo LGBTI sufre persecuciones, acoso y menoscabos de forma arbitraria. Ser homosexual en el emirato se considera un delito, penalizado con hasta siete años de prisión. En Catar, por ley, prefieren la homofobia. 

De hecho, hace un par de semanas Jalid Salman, embajador del Mundial de fútbol, dijo en una entrevista para la televisión pública alemana que la homosexualidad era un «daño mental«. Soltó el dardo sin ningún tipo de pudor. A continuación, recordó que en el país anfitrión había unas normas y que «todo el mundo tendría que cumplirlas». 

Los trabajadores migrantes, sin derechos

Las personas migrantes sufren abusos y explotación en el trabajo de forma autorizada. La kafala es el sistema laboral predominante en Catar y otros países del Golfo Pérsico. Consiste en un modelo de patrocinio que mantiene a los trabajadores legalmente vinculados a sus empresas o empresarios. No pueden cruzar las fronteras del emirato sin un patrocinador que, supuestamente, los respalde. Una vez acceden, quedan a su merced. Tienen dificultades para cambiar de empleo y no pueden abandonar el país a la ligera. Necesitan la autorización de sus jerarcas para prácticamente cualquier movimiento. 

Las personas migrantes trabajan sin descanso, bajo temperaturas extremas y sin protección

Además de trabajar de lunes a domingo, sin medidas de seguridad y bajo temperaturas extremas, viven hacinados en campamentos que las propias empresas ponen a su disposición. Son viviendas comunes, donde comparten habitación con hasta otras ocho personas, sin higiene ni protección. Este sistema ha recibido numerosas quejas y las autoridades cataríes se habían comprometido a eliminarlo en 2018, pero todo apunta a que sigue dominando los cánones del trabajo y dando rienda suelta al despotismo de los magnates. 

Las leyes de la censura 

La libertad de expresión también está restringida en el país asiático. Las voces discordantes no gustan a los jeques cataríes. La legislación es tremendamente abusiva en este sentido y no hay escrúpulos a la hora de perseguir cualquier postura crítica. Sonadas son las detenciones y los ensañamientos perpetrados contra periodistas y activistas por los derechos humanos que operan en Catar. Ahora que se aproxima el Mundial de fútbol, el país anfitrión intenta comprar el silencio de los aficionados extranjeros regalando viajes gratis y entradas para los partidos. Pero gratis en este mundo no hay nada y la moneda de cambio tiene un valor incalculable: su complicidad.

Carta a los dirigentes de la república iraní

González Faus

Todas las medidas que estáis tomando contra Elnaz Recabí son una grave ofensa a Dios: estás profanando su Nombre.

No os hablo desde la distancia ni desde la condena, sino desde la fraternidad, desde aquella experiencia tan humana y tan universal que ya formularon los romanos: “la corrupción de lo mejor se convierte en lo peor”. Ni desde la hostilidad a vuestro pueblo tan injsutamente tratado por nosotros los occidentales

EEUU no tiene ningún derecho ni autoridad para imponeros una sanción

Si un país tiene derecho a poser armas nucleares, lo tenéis también vosotros. No vale aquello de «nosotros tenemos derecho porque somos los buenos; ellos no porque son los malos». Así nunca podrá haber paz en el mundo.

No podéis comportaros con las mujeres como los EEUU se comportan con Irán

Por José Ignacio González faus

Me dirijo a vosotros como creyente en Dios: en el Dios único del que todos somos creaturas y servidores. Quisiera hablaros en nombre de ese Dios Santo, para deciros que son una grave ofensa a Dios todas las medidas que estáis tomando contra Elnaz Recabí la atleta iraní que compitió sin velo.

En nombre del Dios Altísimo quiero deciros que no hay nada inmoral en el uso o no uso del velo, tanto en las competiciones deportivas como en la vida ordinaria: son hábitos culturales que no debemos sacralizar porque eso es manipular a Dios en provecho propio, lo cual constituye la mayor perversión de toda religiosidad. Bien dijo el gran místico musulmán Dû-l-Nûn: “conoce mejor a Dios el hombre más perplejo respecto de Él”. Y por eso: “aquellos a quienes separa de Dios un velo más espeso son el devoto por su devoción y el doctor de la Ley por sus conocimientos”.

Todo esto se agrava cuando quienes efectúan esa falsa sacralización son varones contra mujeres: porque eso ofende a Dios, padre de todos los seres humanos (ellos y ellas) haciéndole cómplice de un pecado propio de machismo. Y mucho más cuando las penas por esa conducta indiferente son tan enormes y crueles.

Los dos primeros nombres de Alá (sacados del Coran y de la Sunna) son “el Misericordioso” y “el Clemente” (Ar-Rahman y Ar-Rahim). Y todavía más adelante aparece el de Perdonador (Al-Ghaffar). Nada de eso puede entreverse en vuestra conducta para con Elnaz. Cuidado pues porque podéis estar ofendiendo mortalmente a Dios y falsificándole en vez de servirle. Me diréis que vosotros solo juzgáis sobre lo que está legislado; pero la pregunta que queda es quién legisla y desde dónde lo hace.

Y no quiero deciros nada de eso desde la distancia ni desde la condena, sino desde la fraternidad, desde aquella experiencia tan humana y tan universal que ya formularon los romanos: “la corrupción de lo mejor se convierte en lo peor”… A nosotros cristianos también nos acusaron nuestros propios profetas (Isaías y Pablo de Tarso), más de lo que nos ha podido acusar ningún increyente, diciéndonos: “por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes”. ¡Cuidado pues!

Tampoco os digo lo anterior desde una hostilidad a vuestro pueblo, tan injustamente tratado por nosotros los occidentales. Por supuesto, Estados Unidos no tiene ningún derecho a imponer sanciones a Irán ni por el mal trato a las mujeres, ni por los drones vendidos a Rusia. También tendría derecho Irán a castigar a los EEUU por el enorme pecado de proclamar un derecho de cada individuo a poseer armas: si no lo hace no es porque carezca de rectitud sino porque carece de poder. Pero, en este mundo nuestro tan injusto, el poder no tiene nada que ver con la rectitud. Lo único que está obligado a hacer EEUU es entrar en el Tribunal Penal Internacional (donde no se dignó ingresar), y trabajar para que ese tribunal sea aceptado por todo el planeta y se constituya de la forma más justa y más independiente posible.

Todavía más: hay un principio de justicia elemental, bien fácil de comprender: si un país tiene armas atómicas, todos los países tienen derecho a poseerlas. Porque los derechos humanos son universales. Os digo por eso que Irán tiene derecho a poseer armas nucleares si las posee Israel y si las poseen tantos otros países. Irán ha sido injustamente tratado y no debe ser castigado si enriquece uranio. Nuestra conducta occidental se ha basado en el falso principio de que “nosotros somos los bueno y ellos son los malos; por eso nosotros tenemos unos derechos que ellos no tienen”. Así nunca podrá haber paz en el mundo: el profeta Jesús de Nazaret tachó de fariseísmo esa actitud de “los buenos”; y avisó del pecado de “ver la paja en el ojo ajeno cuando no se ve la viga en el propio”, digamos: ver el uranio en Irán y no ver el arsenal nuclear en uno mismo. Lo que hay que hacer pues es trabajar sin descanso para que todas las armas nucleares desaparezcan, por imposible que esto parezca. Y aquí es otra vez donde EEUU aparece como el mayor responsable, por haber sido quien utilizó y más contribuyó a propagar ese armamentismo inmoral.

Pues bien: vosotros no podéis comportaros con las mujeres como los EEUU se comportan con Irán. Ojalá estas reflexiones sirvieran para que comprendáis que no hablo desde ningún odio ni hostilidad hacia vosotros, sino desde un afán de fraternidad y desde otro afán que compartimos por tributar el máximo respeto al Misterio Sobrecogedor y Acogedor al que llamamos Dios, y buscando cumplir aquel precepto de Moisés de “no tomar el santo Nombre de Dios en vano”. Pues si comprendéis esto, comprenderéis que os pida con voz bien alta que, por favor, cambie vuestra actitud no solo contra Elnaz Recabí, sino contra todas las mujeres: pues son hermanas nuestras, libres como nosotros y de ninguna manera esclavas: ni de nuestros caprichos sexuales (como pensamos a veces en Occidente) ni de nuestros caprichos morales como pensáis vosotros.

Y ojalá que así demos un paso más (por pequeño que sea) hacia esa humanidad renovada, una a pesar de las diversidades y fraterna a pesar de las diferencias. “Al.lahu àkbar: está por encima de las mentiras de los opresores y es la mejor defensa de los oprimidos”.

Plan de trabajo de la Pastoral Penitencial

¿Cuál es el objetivo general de la pastoral penitenciaria?

Evangelizar, anunciando la Buena Nueva de Jesús y promoviendo la instauración del Reino de Dios en el mundo penitenciario, humanizando mediante la promoción y defensa de los Derechos Fundamentales de las personas, sirviendo de puente de unión entre el centro penitenciario y la sociedad.

¿Cuáles son los objetivos específicos de la pastoral penitenciaria?

  • Evangelizar anunciando la Buena Nueva de Jesús y promoviendo la instauración del Reino de Dios en el mundo penitenciario.
  • Humanizar el mundo penitenciario mediante la promoción y defensa de los derechos fundamentales de las personas.
  • Servir de puente entre la cárcel y la sociedad, anunciando y denunciando la realidad del mundo penal y penitenciario.
  • Sensibilizar las comunidades cristianas (parroquias, movimientos apostólicos, institutos religiosos…) y la sociedad sobre la problemática penitenciaria en la diócesis.
  • Promover y formar agentes de pastoral para la misión específica que, encomendada por el obispo debe realizarse dentro o fuera de las prisiones.
  • Apoyar y coordinar las actividades y servicios que ofrecen las personas, grupos, movimientos para el servicio en la misión de pastoral penitenciaria.
  • Atender a las familias de personas privadas de libertad que soliciten ayuda, ofreciéndoles acogida y orientación.

25 de noviembre

¡Ni una violencia más contra las mujeres!

25 de noviembre : ¡Ni una violencia más contra las mujeres!
25 de noviembre : ¡Ni una violencia más contra las mujeres!

Por Consuelo Vélez

Muchos aspectos se abordan sobre la mujer porque la historia universal ha sido una historia de invisibilización, subordinación y opresión del sexo femenino por razón de su género. Esto no significa que no se pueda recuperar “una historia de mujeres” en la que, a pesar de esa situación generalizada, las mujeres han sido protagonistas en todas las ciencias, en todos los ámbitos, en todas las luchas, en todas las conquistas. En este presente estamos en ese trabajo arduo, pero apasionante, de descubrir tantos nombres y tantos hechos realizados por mujeres que nos muestran la resistencia a la historia vivida y su capacidad de ser creadoras de historia a pesar de tantos obstáculos.

Pero el aspecto que hoy nos ocupa es tal vez el más doloroso que han vivido las mujeres. Nos referimos a la violencia que se ha ejercido sobre ellas y que no cesa. De ahí la necesidad de dedicar un día –el 25 de noviembre- para exigir que “se eliminen todas las formas de violencia contra las mujeres”. Sus antecedentes se remontan a 1981 cuando activistas contra la violencia de género propusieron honrar la memoria de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas, asesinadas brutalmente por el dictador Trujillo de República Dominicana en 1960. En 1993 la ONU emitió una resolución que incluyó la “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer” pero es en el año 2000 cuando designa el 25 de noviembre como “Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer”. Desde 2008 lanzó la campaña “Únete para poner fin a la Violencia contra las mujeres”. Cada año esta conmemoración sigue fortaleciendo a más mujeres para exigir la eliminación de toda violencia y convoca también a más varones, como lo expresó el Secretario General de la ONU en vistas a este próximo 25 de noviembre: “Alcemos la voz con firmeza para defender los derechos de las mujeres. Digamos con orgullo: todos somos feministas y releguemos la violencia contra las mujeres y las niñas a los libros de historia”. Pero tristemente, según datos de la ONU, todavía hay 37 estados donde no se juzga a los violadores si están casados o si se casan después con la víctima y 49 estados donde no existe legislación que proteja a las mujeres de violencia doméstica. Además, cada once minutos, muere una mujer o una niña a manos de su pareja íntima o algún miembro de su familia.

Pero más allá de las legislaciones y los avances en este campo, siempre hay que estar alertas a los movimientos de involución y de rechazo a estas iniciativasExisten grupos explícitamente antiderechos y antifeministas que niegan la reivindicación con argumentos tales como, que las mujeres ejercen igual violencia contra los varones, que se cae en el victimismo, que se rompe el modelo familiar que da estabilidad a la sociedad y, así, muchas otras razones que depende cómo se presenten, convencen a más de una persona.

Por supuesto que también se ejerce violencia contra los varones y esta violencia ha de ser combatida. Pero lo que no se puede negar es que la violencia contra las mujeres es una violencia institucionalizada y sostenida por la mentalidad patriarcal que considera a la mujer como su propiedad, su complemento, la portadora de lo que falta al varón pero que no debe atreverse a traspasar los límites que se le han asignado, so pena de romper con el orden establecido y este último es el que cuenta y no el respeto a los derechos de las mujeres.

También el discurso de que las mujeres deben dejar su papel de víctima y simplemente sobreponerse y seguir adelante, es un discurso que atrapa a más de una porque parece algo positivo. Pero hay que distinguir entre una víctima en sentido de refugio psicológico para conseguir compasión a la denuncia de una víctima que exige la reivindicación de sus derechos. Denunciar toda violencia y no cansarse de hacerlo, es el camino para reivindicar derechos y soñar con que algún día nuestro mundo esté libre de la violencia de género.

La violencia de género existe y se manifiesta de muchas formas -aunque se disimule de tantas otras formas-. Hay violencia física, sexual, psicológica, laboral. Hay demasiado acoso sexual, callejero, cibernético. Aún existe la mutilación genital y el matrimonio infantil. Hay demasiado impunidad frente a los perpetradores y muchísima estigmatización y vergüenza padecida por las víctimas porque sus denuncias no se escuchan con el respeto y la diligencia que ameritan en los espacios privados y públicos y, por supuesto, en la legislación existente.

Pero sobre todo hay pasividad por parte de las iglesias y muy poco compromiso con la denuncia y la acción positiva frente a esta realidad. No pareciera que el Jesús de los evangelios fuera suficientemente conocido por los creyentes. Parecen olvidar que Jesús, ante la mujer adúltera, interpela a todos los que la acusan mostrándoles que ellos no están libres de pecado para convertirse en jueces de nadie (Jn 8, 1-11); o que se deja enseñar por la mujer siriofenicia cuando ella le pide que extienda los limites de su acción, más allá de las fronteras judías, solicitándole la curación de su hija (Mc 7, 24-30) o que se apareció en primer lugar a María Magdalena haciéndola portadora de la Buena Noticia de la Resurrección (Jn 20, 11-18), en una sociedad donde el testimonio de las mujeres no era creíbleGracias a la teología feminista se ha recuperado el protagonismo de las mujeres en los orígenes cristianos, contando ya con mucha producción bibliográfica que, lamentablemente, no se ha incorporado suficientemente en los ámbitos académicos. Pero todavía se está lejos de que una praxis de igualdad, reconocimiento y defensa de los derechos de las mujeres sea una prioridad en las iglesias y en las personas de fe. Entre la figura de la mujer sumisa, callada y sacrificada que se ha valorado durante siglos en los ámbitos eclesiales y las posturas actuales que siendo algo más abiertas son temerosas de perder “la feminidad” o atacar “a los varones” o “crear división”, etc., se avanza tan poco que no podemos decir que las iglesias tengan una postura profética y comprometida con la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer. Ojalá este 25 de noviembre sea ocasión de sacudir tantos temores y miedos frente a las demandas feministas y las Iglesias y las personas creyentes acompañen decisivamente esta urgente y evangélica opción por los derechos humanos de todas las mujeres en todas las circunstancias: ¡Ni una violencia más!

Aniversario Mártires UCA


Homilía del P. Tojeira el 16 de Nov. en recuerdo de nuestros mártires.

Las lecturas elegidas para esta eucaristía son las mismas que corresponden a la misa dedicada a los mártires jesuitas del Paraguay del siglo XVII. Nos ofrecen suficientes elementos para recordar a los 8 mártires de la UCA y reflexionar sobre lo que su muerte nos continúa diciendo en la actualidad. La primer lectura nos habla de ser luz para los demás, y la segunda del odio que la luz despierta en quienes tienen propósitos oscuros. Comenzamos con lo que hemos escuchado en el Evangelio de Juan: decía entre otras cosas que “Si el mundo los odia, sepan que primero me odió a mí… ( y que) llegará un tiempo en que el que los mate pensará que está dando culto a Dios”. Hablaba el evangelista del odio como “aversión hacia alguien cuyo mal se desea”. Y ya sabemos hacia dónde y hacia qué resultados llevó el odio en nuestra guerra civil, y no solo con el asesinato colectivo en la UCA. Las masacres, el abuso y el mal trato a los débiles, la tortura y la muerte fueron numerosas y constantes durante once años. Pero ese odio anémico y estéril nunca da a quienes lo practican el resultado que ellos esperan. Creer que causando dolor o muerte se puede arreglar el pasado, el presente o el futuro, no es más que un pensamiento mágico e irracional, que nos distrae siempre de planificar el futuro desde la solidaridad y el respeto a la dignidad humana. El odio nunca entraña soluciones permanentes. En la tradición cristiana se solía decir que la sangre de los mártires era como una semilla de vida. Incluso alguno de los paganos indiferentes de su tiempo, asesinado posteriormente por su fe cristiana, solía decir que se había convertido al cristianismo al ver cómo los cristianos caminaban valientemente a la muerte sin traicionar su fe. El odio, estéril para quienes lo practican, al cebarse en el sacrificio martirial de la gente buena, se convierte en semilla de futuro para quienes resisten en el deseo de un mundo más humano y más fraterno.

Hoy, cuando el odio, que nunca dejó de existir en nuestro país tras la guerra, vuelve a crecer, el miedo no debe hacer presa de nosotros. El poder tiende con demasiada frecuencia a odiar la verdad que le perjudica y a montar narrativas y discursos que la sustituyan. Presenta acciones y promesas en las que lo falso se entremezcla con la verdad, con el fin de confundir a muchos y entusiasmar a sus adeptos. Pero como decían los santos de antaño, la verdad está desnuda. Como desnudo estaba Jesús en la cruz, solamente revestido de su amor y su entrega a todos. No hay, en ese sentido, sustituto adecuado para la verdad de la entrega y el servicio. Resistir en la verdad, en el pensamiento racional, en la defensa de los pobres y de sus derechos, siempre será el camino estrecho que acerca a la verdad y hace presente el Reinado de Dios en la tierra. En el Salvador, afortunadamente, tenemos un pueblo creyente, esperanzado y resiliente, que ha superado enormes pruebas a lo largo de su historia, algunas de ellas bastante peores que las del presente. Un pueblo que mantiene la memoria del pasado como fuente de identidad. Frente a las tendencias autoritarias que tratan de presentarse como una absoluta novedad, parcialmente endiosada e impidiendo que el pasado doloroso arroje luz sobre el futuro, nuestra gente quiere justicia y fraternidad, con líderes humildes, que sepan aceptar sus errores y mantener el diálogo con todos. No en vano nos consideramos todos hijos e hijas de San Romero de América.

Quienes odian, en realidad vagan en la oscuridad, aunque pretendan, como diría San Ignacio, y por cierto también el Quijote, presentar sus obras o sus liderazgos con la apariencia y el disfraz de ángeles de luz. Y aunque confundan a muchos, en el mediano y largo plazo se tendrán que confrontar con un pueblo que desea paz con justicia y que valora la dignidad humana desde la concepción cristiana de la fraternidad universal. La UCA, como universidad de inspiración cristiana, trata de caminar con este pueblo. Y trata con él de acercar a nuestra historia el Reino de Dios, de impulsar el bien más universal, construyendo el bien local como semilla de universalidad y esperanza para toda la humanidad. Así vimos su muerte el mismo día que los mataron. Un asesinato local se convertía en fuerza mundial de solidaridad, en apoyo a la paz en El Salvador, en defensa de los Derechos Humanos y en condena del militarismo y la fuerza bruta. En la Misa que ese mismo día, ya en la noche, celebramos los jesuitas en su recuerdo, en el salmo responsorial se repetía tras cada estrofa la siguiente frase: “los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”. Y era cierto, desde muchas partes del mundo se veía su muerte como una victoria sobre el odio, y como un triunfo del bien y del amor. Vivir sin miedo,sin que el odio ajeno sea un obstáculo para nuestro ideales, es la primera lección de la Palabra.

En la carta de Pablo a los filipenses, que acabamos de escuchar, se nos dice que aquellos que siguen el camino del Señor Jesús “brillan como estrellas en el mundo, mostrando el mensaje de la vida”. Ni el odio ni la mentira pueden apagar la luz de las personas buenas. Gandhi. Mandela, Martin Luther King, Romero, Elba y Celina junto con los jesuitas, y tantos otros, conocidos o desconocidos, estuvieron presos o fueron asesinados. Quienes los encarcelaron o los mataron trataban de apagar una luz que hablaba de la igual dignidad de las personas, de la paz, de la justicia y de la convivencia fraterna. Pero la muerte no apagó su resplandor. Al contrario, el brillo aumentó con la persecución y con el sacrificio de la propia vida. Santo Tomás, un clásico del pensamiento cristiano, decía que el martirio, “entre todos los actos virtuosos, es el que mejor demuestra la perfección del amor”. Y ese amor que es luz verdadera, como dice la carta de Pedro, “cubre la multitud de los pecados”. Incluso quienes disfrutaron un día con el odio, si saben escuchar a su conciencia, descubren en las víctimas el paso de Jesús por nuestra historia.

Treinta y tres años después del sacrificio de nuestros compañeros, a nosotros nos toca continuar en esa tarea de seguir mostrando el camino de la vida. Es tarea permanente para toda persona de buena voluntad. Pero en la UCA es parte además de la propia identidad universitaria, forjada en la palabra beligerante de nuestro hermanos, en su trabajo por la paz y en su sangre derramada. Nos toca ahora a nosotros defender los Derechos Humanos en su totalidad y universalidad, frente a un gobierno que se ampara en los derechos de las víctimas para negar derechos básicos a inocentes y a culpables. Y que interpreta los derechos de las víctimas como a una especie de acceso libre a la venganza masiva e indiscriminada, ejecutada desde el poder. Nos corresponde apoyar una vez más a las madres de los desaparecidos y defender el Estado de Derecho, junto con la libertad, la crítica y el diálogo. Estar al lado de las causas de los pobres y de los débiles es tarea permanente de una universidad que tiene su centro fuera de sí misma, en la realidad nacional, y que ve con dolor las amplias capas de sufrimiento en el país. “Bajar de sus cruces a los crucificados” de hoy, como decía Ignacio Ellacuría, es la única manera de impedir que “el monopolio de la fuerza se convierta en monopolio de la verdad”. Permanecer firmes, resistentes y resilientes en la verdad y la justicia, es la actitud indispensable para iluminar la realidad.

Si queremos ser luz, el recuerdo y la memoria se vuelven indispensables para imitar y seguir las huellas de quienes nos precedieron como testigos insignes en la fe y en el amor. En medio de un capitalismo seductor que persigue la felicidad individual en base a la tenencia de bienes materiales, que otorga erotismo a la mercancía y que convierte el consumo en un acto de placer, nos corresponde, desde el recuerdo de nuestros mártires, volver los ojos hacia los que han sido despojados de sus derechos e impedidos en el desarrollo de sus capacidades. Si como universidad funcionamos con bienes creados socialmente, y trabajamos, como decía el rector mártir, con instrumentos que “son de índole colectiva y de implicaciones estructurales”, como lo son “la ciencia, la técnica, la profesionalización, y la composición misma de la universidad”, no nos queda más remedio que mirar la problemática social y estructural de nuestros países. Usar bienes construidos colectivamente para provecho exclusivo de individualidades o grupos de poder no solo es traicionar el espíritu y la esencia universitaria, sino venderse, también como falsos ángeles de luz, a la dinámica de la oscuridad y finalmente del odio. El bien más universal es hoy el bien más estructural, como también dijo en su momento Ignacio Ellacuría. Y los bienes estructurales solo se logran desde el esfuerzo común compartido, desde la multiplicación de contactos, diálogo y cooperación entre comunidades de solidaridad. Somos parte de una misma humanidad y pertenecemos a una tradición tan servidora y amorosa como liberadora. Podemos como Pablo considerar basura nuestros títulos y dignidades si los comparamos con esa opción cristiana fundamental de construir nuestra propia humanidad entregándonos a la construcción de un mundo más humano. Somos y debemos convertirnos cada vez más en una verdadera comunidad de solidaridad. Solidarios entre nosotros y solidarios con el mundo de quienes tienen hambre y sed de justicia, nos corresponde elaborar universitariamente proyectos de realización común que lleven a un nuevo tipo de civilización. A esa civilización de la pobreza, basada en el trabajo y la solidaridad, de la que hablaban nuestros mártires. Una civilización opuesta a la civilización del capital, que prioriza la acumulación de la riqueza como motor de la historia y del desarrollo. Una civilización abierta y afincada en el trabajo humanizante y humanizador, creador de riqueza y camino de autorrealización personal, de satisfacción de necesidades y de desarrollo social. Construir una sociedad diferente y aportar a la construcción de un mundo distinto es una exigencia indispensable a la hora de honrar a nuestros hermanos. Y es sobre todo, segunda lección de la Palabra, la respuesta a la inspiración cristiana universitaria que nos llama a ser luz que ilumina el camino de la vida.

En la Eucaristía de este día 16 solemos presentar como ofrenda los esfuerzos universitarios. Desde los más sencillos a los más elaborados. La memoria de nuestros mártires se une sobre el altar a la memoria del Señor Jesús, luz y camino, verdad y vida. También sobre el altar están los alimentos sencillos de pan y vino. Que todo ello, símbolo de la entrega del Señor Jesús, que nos da su cuerpo y su espíritu como fortaleza y guía, nos conduzca a la perseverancia en esa tarea de superar el odio desde la inspiración cristiana y contribuir a la paz con justicia en El Salvador. La luz martirial de nuestros compañeros, unida a todos los mártires de El Salvador y al fuego de su espíritu, permanece viva entre nosotros generando esperanza. Que así sea

El gran cambio del Sínodo

Cristina Inogés: “El gran cambio del Sínodo llegará por pequeños y personales cambios cotidianos”

La teóloga ha participado hoy en la apertura del curso de Cristianisme i Justícia

¿Hay excluidos dentro de la Iglesia? Para la teóloga Cristina Inogés, miembro de la Comisión Teológica del Sínodo, “por supuesto que sí”, ya que “no todos los excluidos están sistemáticamente en el margen, la periferia, o la frontera”. Así lo ha expresado hoy en la apertura del curso de Cristianisme i Justícia, en la que ha participado con la ponencia ‘Excluidos en la Iglesia ¿qué podemos decir desde el Sínodo?’.


“Dentro de la Iglesia hay personas excluidas por su forma de pensar, por su forma de vivir su espiritualidad, por su posicionamiento ante ciertas realidades pastorales…”, ha explicado Inogés. “Uniendo todo esto, obtenemos el perfil de personas que nos ponen en ‘modo cuestionamiento’”, ha señalado.

Asimismo, la teóloga ha apuntado que se trata de personas “que están sometidas a un grado de indiferencia tremendo”. “Tienen visibilidad porque hoy las redes sociales –bien tratadas- nos dan muchas posibilidades, pero no deja de haber una indiferencia institucional que es una forma de silenciarlas porque, todavía falta nos falta algo de autonomía (por lo menos a algunas personas) como para hacer opciones personales”, ha añadido.

Ahora, con el Sínodo –el cual acaba de ampliar su proceso hasta 2024– “por primera vez, todo el pueblo de Dios, y aún a quienes no los consideramos miembros del mismo, hemos sido convocados para que nuestra reflexión, nuestras ideas se escuchen”. En este sentido, “ya no habla Roma solamente, sino que hablamos todos”.

Aportaciones de los excluidos

“Hasta ahora, podíamos descargar mucha responsabilidad en las conferencias episcopales porque su voz se entendía como la voz de la Iglesia”, ha aseverado la teóloga. “Pero ahora ya no, las conferencias episcopales tendrán sus papel, pero nada va a llegarnos solo desde arriba. Seremos todos a hablar y a aportar”, ha aseverado.

Sin embargo, Inogés ha advertido que “no podemos caer en el error de convertirnos ‘en los de arriba de los excluidos’, es decir, en ser nosotros quienes hablemos e interpretemos lo que ellos tengan que decirnos, porque lo bueno, entre otras cosas de este Sínodo, es que hay una pregunta que lo envuelve todo y que no está formulada explícitamente: Iglesia, ¿qué estas dispuesta a escuchar de ti misma?”. “Nosotros tenemos que ser cauce”, ha apuntado, “vía para que la voz, el sentir, y las propuestas de quienes están marginados tengan la posibilidad real de poder hablar”.

Además, Inogés ha subrayado que, durante la fase diocesana, “se ha demostrado que la voz de esos que tan ‘alegremente’ llamamos alejados han hecho aportaciones valiosísimas porque, su aparente distancia, les permite ver con más claridad”.

Una forma de vida

“Por tanto”, ha incidido, “al decir ‘desde el Sínodo’, y referirnos a los excluidos, más que cuestionarnos qué podemos decir, deberíamos preguntarnos qué podemos aprender, cómo cambiar nuestras actitudes, cómo aprender a escuchar, y, sobre todo, cómo aprender a ser más humildes y evangélicos en nuestra vida cotidiana. Porque el gran cambio llegará por pequeños y personales cambios cotidianos que fomentarán cambios comunitarios”.

De esta manera, “las soluciones deberán venir de un proceso de conversión muy fuerte, diría que radical, porque solo así seremos capaces de reflexionar con la mente y con el corazón”. Y es que, para Inogés, “no se trata de buscar fórmulas empresariales para ser efectivos y alcanzar nichos de mercado que ahora no tocamos ni de lejos”, sino de “hacer realidad la forma de vida de Jesús de Nazaret que, como dije en la meditación de apertura del Sínodo, no nos dejó una estructura de Iglesia diseñada, sino una forma de vida”.

“Todos somos Iglesia”, ha recordado Inogés, “también de alguna manera quienes ahora nos miran desde los límites creados por nosotros, es responsabilidad nuestra poner a trabajar la vocación personal que cada uno recibió en su bautismo, porque la tenemos”. De hecho, sólo desde ahí “seremos capaces, no de dar soluciones, sino de hacernos las preguntas necesarias para reflexionar sobre la actitud mantenida hasta ahora con los excluidos y decidir si debe o no cambiar”