2021: El año de la sinodalidad

El año en que la sinodalidad dio pasos definitivos

[Por: Luis Miguel Modino | ADN Celam]

La sinodalidad, esa forma de ser Iglesia siempre antigua y siempre nueva, supone un desafío para vivir la fe en este siglo XXI que va avanzando inexorablemente. Aunque algunos se empeñen en perpetuarla, la estructura eclesial piramidal tiene sus días contados.

Diversidad que enriquece cuando nos complementa

Somos Iglesia a partir de nuestro bautismo, algo que nos iguala en lo fundamental, aunque sepamos que somos diversos y asumimos ministerios y servicios diferentes. La diversidad enriquece, pero lo hace todavía más en la medida en que es motivo de complementariedad. Eso nos llevar a vivir la sinodalidad, a caminar juntos, como propuesta para vivir la fe, aunque no estaría mal decir como necesidad para vivir la fe.

Un caminar juntos que no siempre es fácil, en ningún ámbito de la vida, tampoco en la Iglesia, pues “homo homini lupus”, que diría Thomas Hobbes. Es verdad que quien vive la fe cristiana debería asumir el amor al prójimo como principio de vida, pero sabemos que el pecado, en todos los niveles eclesiales, muchas veces nos hace olvidar los principios y nos lleva a dejarnos dominar por inclinaciones perversas.

Es posible sentarse todos a la misma mesa y hablar de igual para igual

Francisco, un claro exponente de la espiritualidad ignaciana, ve en la universalidad el fundamento de la vida cristiana, del camino eclesial y del quehacer pastoral. Es desde aquello que es común que se construye la vida en sus diferentes ámbitos, una tarea que exige la implicación del mayor número posible de actores, algo que poco a poco va apareciendo como posibilidad, como camino a seguir en la Iglesia.

Frente a las tentativas de dominio por parte de las élites, una amenaza en la visión del papa Francisco, el camino que nos va marcando nos hace entender que es posible sentarse todos a la misma mesa y hablar de igual para igual. Escuchar nos abre la mente, nos enriquece y nos ayuda a descubrir nuevas perspectivas, tal vez imposibles de vislumbrar cuando uno se enroca en sus castillos y fortalezas imaginarios.

Ir a la escucha de los que no cuentan

No podemos tener miedo a abrirnos al diferente, a salir de nuestros espacios e ir al encuentro de los otros, un encuentro que se puede producir en el mundo físico o en el mundo de las ideas. Son famosas las salidas del cardenal Bergoglio a las villas miseria bonaerense, donde solo, sin que nadie le llevase la maleta, sin intermediarios, iba a la escucha de los vulnerables, de aquellos que la sociedad colocó en la periferia, en la mente de muchos para siempre.

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, con sus fallos propios de los marineros de primer viaje, ha demostrado que la sinodalidad es algo que se puede vivir en la práctica, que la púrpura en la Iglesia no es motivo para mirar a nadie por encima del hombro, que se puede escuchar de verdad, aunque la forma de realizarlo sea virtual. Se puede escuchar a quien nunca o pocas veces fue escuchado, se puede aprender con quien siempre fue visto como alguien que nada podría enseñar.

La convocatoria del próximo Sínodo va a ayudar a continuar avanzando para que la Iglesia asuma la sinodalidad como actitud fundamental. El impulso del papa Francisco es claro, pero falta que eso sea asumido por todos los bautizados, también por quien forma parte de la jerarquía. Esos son los pasos a ser dados para construir caminos comunes, para juntos encontrar el modo de vivir el Evangelio y convertirnos en verdaderos testigos de un Dios que es comunión. Después de los pasos ya dados, 2022 se presenta como una nueva oportunidad de ir adelante en un camino que no tiene vuelta atrás.

Publicado en: https://prensacelam.org/2021/12/31/2021-el-ano-en-que-la-sinodalidad-dio-pasos-definitivos/ 

Un camino que no tiene vuelta atrás

 2021: El año en que la sinodalidad dio pasos definitivos

Foto Oficial Asamblea Eclesial
Foto Oficial Asamblea Eclesial

La estructura eclesial piramidal tiene sus días contados

Frente a las tentativas de dominio por parte de las élites, una amenaza en la visión del papa Francisco, el camino que nos va marcando nos hace entender que es posible sentarse todos a la misma mesa y hablar de igual para igual

La convocatoria del próximo Sínodo va a ayudar a continuar avanzando para que la Iglesia asuma la sinodalidad como actitud fundamental

por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Asamblea Eclesial 3

La sinodalidad, esa forma de ser Iglesia siempre antigua y siempre nueva, supone un desafío para vivir la fe en este siglo XXI que va avanzando inexorablemente. Aunque algunos se empeñen en perpetuarla, la estructura eclesial piramidal tiene sus días contados.

Somos Iglesia a partir de nuestro bautismo, algo que nos iguala en lo fundamental, aunque sepamos que somos diversos y asumimos ministerios y servicios diferentes. La diversidad enriquece, pero lo hace todavía más en la medida en que es motivo de complementariedad. Eso nos llevar a vivir la sinodalidad, a caminar juntos, como propuesta para vivir la fe, aunque no estaría mal decir como necesidad para vivir la fe.

Un caminar juntos que no siempre es fácil, en ningún ámbito de la vida, tampoco en la Iglesia, pues “homo homini lupus”, que diría Thomas Hobbes. Es verdad que quien vive la fe cristiana debería asumir el amor al prójimo como principio de vida, pero sabemos que el pecado, en todos los niveles eclesiales, muchas veces nos hace olvidar los principios y nos lleva a dejarnos dominar por inclinaciones perversas.

Francisco, un claro exponente de la espiritualidad ignaciana, ve en la universalidad el fundamento de la vida cristiana, del camino eclesial y del quehacer pastoral. Es desde aquello que es común que se construye la vida en sus diferentes ámbitos, una tarea que exige la implicación del mayor número posible de actores, algo que poco a poco va apareciendo como posibilidad, como camino a seguir en la Iglesia.

Apertura Sínodo Sinodalidad

Frente a las tentativas de dominio por parte de las élites, una amenaza en la visión del papa Francisco, el camino que nos va marcando nos hace entender que es posible sentarse todos a la misma mesa y hablar de igual para igual. Escuchar nos abre la mente, nos enriquece y nos ayuda a descubrir nuevas perspectivas, tal vez imposibles de vislumbrar cuando uno se enroca en sus castillos y fortalezas imaginarios.

No podemos tener miedo a abrirnos al diferente, a salir de nuestros espacios e ir al encuentro de los otros, un encuentro que se puede producir en el mundo físico o en el mundo de las ideas. Son famosas las salidas del cardenal Bergoglio a las villas miseria bonaerense, donde solo, sin que nadie le llevase la maleta, sin intermediarios, iba a la escucha de los vulnerables, de aquellos que la sociedad colocó en la periferia, en la mente de muchos para siempre.

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, con sus fallos propios de los marineros de primer viaje, ha demostrado que la sinodalidad es algo que se puede vivir en la práctica, que la púrpura en la Iglesia no es motivo para mirar a nadie por encima del hombro, que se puede escuchar de verdad, aunque la forma de realizarlo sea virtual. Se puede escuchar a quien nunca o pocas veces fue escuchado, se puede aprender con quien siempre fue visto como alguien que nada podría enseñar.

La convocatoria del próximo Sínodo va a ayudar a continuar avanzando para que la Iglesia asuma la sinodalidad como actitud fundamental. El impulso del papa Francisco es claro, pero falta que eso sea asumido por todos los bautizados, también por quien forma parte de la jerarquía. Esos son los pasos a ser dados para construir caminos comunes, para juntos encontrar el modo de vivir el Evangelio y convertirnos en verdaderos testigos de un Dios que es comunión. Después de los pasos ya dados, 2022 se presenta como una nueva oportunidad de ir adelante en un camino que no tiene vuelta atrás.

El Documento para el discernimiento comunitario

Discípulos misioneros y Pueblo de Dios: conceptos de Aparecida que fundamentan la Asamblea Eclesial 

Estamos ante una sorpresa del Espíritu, “que nos sorprende y nos lleva por caminos nuevos de conversión y renovación personal, comunitaria e institucional” 

El verdadero discipulado lleva a la Iglesia a una auténtica conversión pastoral, algo que quiere ser impulsado en la Asamblea Eclesial, buscando “un renovado protagonismo de los bautizados” 

Es un Pueblo de Dios con espíritu sinodal, con un desafío evangelizador, buscando plasmar esa sinodalidad en las estructuras y procesos sinodales, para que llegue a ser “una forma natural de ser Iglesia” 

Una Iglesia llamada a cuidar de las diferentes realidades, promoviendo “la liberación de toda esclavitud” y buscando “la globalización de la dignidad” 

18.11.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

El fruto de una participación plena, de todo el Pueblo de Dios, podemos considerar el Documento para el Discernimiento de la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe. Ese era el deseo del Papa Francisco, como así lo manifestó en su video mensaje del 24 de enero de 2021, cuando fue presentada esta experiencia inédita en la vida de la Iglesia. 

Estamos ante una sorpresa del Espíritu, “que nos sorprende y nos lleva por caminos nuevos de conversión y renovación personal, comunitaria e institucional”, como señala el Documento. El hecho de que tanta gente haya participado de diferentes modos del proceso de escucha, es visto como un Kairós, un tiempo de gracia, de renovación. 

Se trata de un Documento para ser leído “de modo pausado, en actitud orante y discerniente, es decir, dando espacio para que Dios nos hable a través de sus letras”. Un Documento que debe ser entendido en función del Jubileo Guadalupano de 2031, del Jubileo de la Redención de 2033 y del Sínodo sobre la Sinodalidad, ya iniciado y que acompaña la vida de la Iglesia hasta 2023. 

Es una Asamblea que quiere hacer memoria de Aparecida, pero también de las otras conferencias del episcopado y de las muchas experiencias de sinodalidad vividas en la Iglesia del continente. Se insiste en incluir a los pobres para caminar en sinodalidad y en prestar atención a la Amazonía, aspectos presentes en Aparecida. De hecho, el Documento considera el proceso del Sínodo para la Amazonía como “una expresión privilegiada de sinodalidad y ha sido fuente de inspiración para la presente Asamblea Eclesial y su proceso de escucha”. También recuerda la importancia de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). 

La Asamblea Eclesial tiene como lema “Todos somos discípulos misioneros en salida”, inspirada en el espíritu de Aparecida y se ha ido renovando en el Magisterio del Papa Francisco: Evangelii Gaudium, Laudato Si’, Querida Amazonía y Fratelli Tutti. Basados en eso, podemos decir que hay dos conceptos importantes en el Documento: discípulos misioneros y Pueblo de Dios. 

El verdadero discipulado lleva a la Iglesia a una auténtica conversión pastoral, algo que quiere ser impulsado en la Asamblea Eclesial, buscando “un renovado protagonismo de los bautizados”. Eso se fundamenta en la eclesiología del Pueblo de Dios, que nos remite a la diversidad de carismas y a una comunión misionera. Un Pueblo de Dios que comprende a todos sus miembros como sujetos en la Iglesia. Son ellos quienes poseen el sensus fidelis, lo que lleva a una escucha atenta de la voz del Espíritu. 

Es un Pueblo de Dios con espíritu sinodal, con un desafío evangelizador, buscando plasmar esa sinodalidad en las estructuras y procesos sinodales, para que llegue a ser “una forma natural de ser Iglesia”, donde todos son parte activa y son tenidos en cuenta. Un Pueblo de Dios en salida hacia las periferias existenciales, consecuencia de una Iglesia en estado permanente de misión, que insiste Aparecida. Se trata de configurar “una Iglesia fuera de sí”, que deja atrás la comodidad “para llevar la buena nueva de la salvación a todas las periferias territoriales y existenciales”. 

Un Pueblo de Dios que da vida plena para todos, una clara preocupación en la misión de la Iglesia, que debe estar presente en medio de los excluidos. Una Iglesia llamada a cuidar de las diferentes realidades, promoviendo “la liberación de toda esclavitud” y buscando “la globalización de la dignidad”. Una Iglesia que trabaja por la transformación de las estructuras sociales, aunque eso conlleve dificultades. 

Los obispos chilenos apoyan al presidente electo

Los obispos chilenos al presidente electo: “Cuente con nuestro apoyo y oración”

 “El país le ha expresado un voto de confianza y le encarga una gran misión, destinada a dirigir los destinos de nuestra patria como primera autoridad y primer servidor”

Los obispos chilenos ruegan a Dios “que le regale su sabiduría y su fuerza, la que sin duda necesitará”

La Iglesia chilena “quiere seguir contribuyendo, desde su particular misión, a construir una humanidad más justa y fraterna, donde especialmente los pobres y los que sufren sean respetados en su dignidad

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Chile elegía este domingo, 19 de diciembre, a su nuevo presidente, un cargo que ha recaído en Gabriel Boric Font. Los obispos chilenos, en un mensaje firmado por su presidente, el cardenal Celestino Aós Braco, y su secretario general, Mons. Sergio Pérez de Arce Arriagada, han felicitado al presidente electo.

Según el episcopado, el nuevo máximo mandatario, que asumirá su cargo en el mes de marzo, “el país le ha expresado un voto de confianza y le encarga una gran misión, destinada a dirigir los destinos de nuestra patria como primera autoridad y primer servidor”.

En esta nueva tarea, los obispos chilenos ruegan a Dios “que le regale su sabiduría y su fuerza, la que sin duda necesitará”. Afirmando que “la misión siempre es más grande que nuestras posibilidades y capacidades”, los obispos dicen confiar en que “con la colaboración de los ciudadanos, el trabajo de los diversos actores sociales y políticos, y la fuerza espiritual que viene de la fe y de las convicciones humanas más profundas”, el nuevo presidente del país “pueda enfrentar su tarea con generosidad, compromiso y prudencia”.

Como Iglesia Católica que peregrina en Chile, los obispos del país dejan claro que “quiere seguir contribuyendo, desde su particular misión, a construir una humanidad más justa y fraterna, donde especialmente los pobres y los que sufren sean respetados en su dignidad”.

Para su nueva misión, los obispos muestran a Gabriel Boric su “apoyo y oración”, y señalan su disposición a colaborar en el futuro del país “con el aporte de nuestra acción pastoral, que desarrollaremos siempre con el debido respeto al orden democrático de nuestra patria y a sus autoridades legítimamente elegidas”.

La Asamblea eclesial

La sinodalidad se construye en común 

Ante un hecho histórico y sin precedentes, tenemos que actuar con prudencia, pero también con esperanza 

Acompañar el proceso de la Asamblea Eclesial nos ha ayudado a conocer un poco más la esencia de la sinodalidad 

Habrá momentos en los que habrá que detenerse y elegir el camino a seguir ante las diferentes posibilidades, un camino que ahora estamos convencidos de que debe ser elegido entre todos 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Recorrer caminos que sabemos que existen pero que no son bien conocidos es siempre una posibilidad, pero también un reto, no siempre fácil de afrontar. La clausura de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, el pasado domingo 28 de noviembre, debe ser un momento para evaluar hasta dónde hemos llegado en un camino que aún será largo

Ante un hecho histórico y sin precedentes, tenemos que actuar con prudencia, pero también con esperanza. Me imagino quién inventó el coche y las dificultades que tuvo al principio para hacerlo funcionar. Hoy en día vemos la gran diversidad de coches que existen en el mundo, pero sin olvidar que todos ellos, desde los más sencillos hasta los más sofisticados, son coches. 

Me imagino la sinodalidad como algo similar, que en el futuro tendrá muchas y diversas expresiones, que lograrán encantar a mucha gente, pero no a todos. Sabemos que no a todo el mundo le gustan los coches. Las diferencias enriquecen la esencia y el hecho de que no guste a todo el mundo es siempre un reto para mejorar y conseguir algún día deleitar a los que siempre encuentran fallos en todo, incluidos los que alguna vez dijeron que odiaban los coches. 

Acompañar el proceso de la Asamblea Eclesial nos ha ayudado a conocer un poco más la esencia de la sinodalidad. La forma en que se llevó a cabo abre nuevas posibilidades para el futuro, especialmente pensando en el próximo Sínodo, favoreciendo la universalidad y la catolicidad de la Iglesia. Los grupos eran expresiones de la diversidad ministerial y geográfica, mujeres y hombres, que realizan diversos servicios y misiones eclesiales en lugares diferentes y distantes, pero que se esfuerzan por caminar juntos y experimentar, aunque sea virtualmente, la unidad de alma y corazón. 

No olvidemos que estamos ante algo que apenas comienza a tomar forma, que nos adentramos en un estrecho sendero en medio de un denso bosque, donde Dios es nuestro GPS, pero que no siempre sabemos interpretar perfectamente la ruta. Habrá momentos en los que habrá que detenerse y elegir el camino a seguir ante las diferentes posibilidades, un camino que ahora estamos convencidos de que debe ser elegido entre todos, después de que todos hayan hablado y sobre todo escuchado, en un discernimiento comunitario. 

No olvidemos que el camino está lleno de obstáculos, algunos naturales, pero otros colocados intencionadamente por los que siempre han vivido para entorpecer todo lo que no viene de ellos. Estando unidos podremos ver todo esto mejor y sobre todo superarlo

La palabra que nos viene a la mente en este momento es esperanza, confianza en Dios, que es quien sostiene un sínodo nacido de Aquel que es Trinidad, unidad en la diversidad. Somos muchos los que estamos convencidos de que juntos somos más, más aún contando con la fuerza que viene de Dios 

Un paso nuevo en el proceso sinodal

Agenor Brighenti: Asamblea Eclesial, “un paso nuevo de un rico proceso sinodal” 

Ponencia Agenor Brighenti 

“Esta Primera Asamblea Eclesial es no es un evento más. Es un paso nuevo de un rico proceso sinodal en América Latina y El Caribe, que dio a nuestra Iglesia una palabra y un rostro propio” 

En los cuatro sueños, el Papa Francisco, “proyecta el horizonte de una evangelización, que desafía particularmente esta Asamblea Eclesial” 

«La conversión pastoral y los cuatro sueños proféticos del Papa Francisco son para esta Asamblea un gran reto, que desafía nuestra generosidad a un desborde en el Espíritu del Resucitado” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Conversión pastoral es un concepto que nació en Aparecida, y es sobre eso y su relación con los cuatro sueños proféticos del Papa Francisco en Querida Amazonía que ha reflexionado el teólogo brasileño Agenor Brighenti en el ámbito de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. 

Para él, “esta Primera Asamblea Eclesial es no es un evento más. Es un paso nuevo de un rico proceso sinodal en América Latina y El Caribe, que dio a nuestra Iglesia una palabra y un rostro propio”. En ese sentido, pone su singularidad en el hecho de “procurar reavivar Aparecida”, que define como “una Conferencia que se propuso dar nuevo impulso a la renovación del Vaticano II”, y al mismo tiempo como la base de la Evangelii Gaudiumdel Papa Francisco”. 

Estamos en camino hacía una segunda recepción de la renovación del Vaticano II, según el pastoralista brasileño. Esa fue una de las aspiraciones de Aparecida, retomando una propuesta de la Conferencia de Santo Domingo, que habla de la conversión pastoral de la Iglesia, según el padre Brighenti, que la define como algo que abarca a todos y a todo. Es algo que viene de Medellín, que habló de una nueva evangelización, lo que fue recogido por el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi. 

La Iglesia en continua reforma es algo presente en la Iglesia desde los Santos Padres, idea retomada por el Vaticano II, que pide la vuelta a las fuentes bíblicas y patrísticas. Agenor Brighenti citaba a Dom Helder Cámara, para quien “la Iglesia precisa cambiar constantemente para ser siempre la misma Iglesia de Jesucristo”. Dando un paso más, el Sínodo para la Amazonía, donde el teólogo brasileño fue perito, habla de una “conversión integral”, que se desdobla en una conversión pastoral, cultural, ecológica y sinodal, recogidas en el Documento Final, acogido por el Papa Francisco al inicio de Querida Amazonía, donde las conversiones, adquiriendo una dimensión utópica se convierten en sueños: social, cultural, ecológico y eclesial

En esos cuatro sueños, el Papa Francisco, proyecta el horizonte de una evangelización, que desafía particularmente esta Asamblea Eclesial”, según el padre Brighenti. En el sueño social el desafío para América Latina y el Caribe en luchar por los derechos de los más pobres; en el cultural, que preserve su riqueza cultural; en el ecológico que sea un continente que custodie su belleza natural; y en eclesial, hacer realidad una Iglesia con rostro latinoamericano y caribeño. 

En cuanto a la conversión pastoral de la Iglesia, que acompaña la vida de la Iglesia del continente desde Santo Domingo, se concreta en diferentes ámbitos: el de la conciencia de la comunidad eclesial, asumido la eclesiología del Pueblo de Dios del Vaticano II; el de las acciones pastorales y comunitarias, buscando “ser una respuesta a los desafíos de hoy, en especial al clamor de los pobres”; el de las relaciones de igualdad y autoridad, que lleve a “la erradicación del clericalismo” y fomenta “la corresponsabilidad de todos los bautizados”; el de las estructuras, fomentando “los Consejos y las Asambleas de Pastoral en todos los niveles”, teniendo como ejemplo la CEAMA o esta Asamblea Eclesial. 

Por eso, Agenor Brighenti afirma que “como se puede percibir, la conversión pastoral y los cuatro sueños proféticos del Papa Francisco son para esta Asamblea un gran reto, que desafía nuestra generosidad a un desborde en el Espíritu del Resucitado” 

Siguiendo la Asamblea Eclesial

Asamblea Eclesial: Elegir y construir los nuevos caminos que el Señor nos indica 

Foto Oficial Asamblea Eclesial

 El llamado de Dios a la misión acontece a partir de la humildad y no debemos negarnos a la valiente actitud de pedir perdón 

“Relaciones horizontales fundadas en la dignidad bautismal y en el sacerdocio común de todos los fieles” 

“No existe Pueblo de Dios e Iglesia jerárquica, la jerarquía hace parte del Pueblo de Dios”, y que “los obispos tienen que comportarse como fieles, en fraternidad con todos” 

“Este es el reto para una Iglesia diferente, abierta la novedad que Dios quiere sugerirle” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Ser una Iglesia sinodal es sentir que somos pueblo, que estamos unidos, a aquellos con quienes caminamos en el día a día y quienes nos esperan en la Casa del Padre. Recordar a las víctimas de la pandemia ha sido el hilo conductor de la oración inicial del penúltimo día de trabajo de la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe, que este domingo se encierra con la celebración eucarística en la Basílica de Guadalupe

Todo comenzó con un silencio, símbolo de esa unidad, en un día en que los asambleístas fueron llamados a elegir, en discernimiento sinodal, los nuevos caminos que el Señor nos invita a seguir y construir. Es el fruto de una semana, aunque bien podríamos remontarnos mucho más en el tiempo, una semana en que la presencialidad se ha mezclado con una virtualidad que ya ha provocado más de 80 mil interacciones y 400 mil personas alcanzadas en redes sociales, con 100 mil visualizaciones de los videos y 25 mil personas siguiendo en directo en YouTube. 

En el saludo inicial del día, con el que se abrían los trabajos, Rodrigo Guerra, Secretario General de la Pontificia Comisión para América Latina, invitó a “aprender que estamos comenzando a aprender”, a experimentar que la fragilidad y el límite, propios de la condición humana no es un signo de debilidad y no ha de relacionarse con una percepción negativa frente a todas las iniciativas que se vienen gestando en este orden. Por eso, insistió en que el llamado de Dios a la misión acontece a partir de la humildad y no debemos negarnos a la valiente actitud de pedir perdón, porque la Asamblea Eclesial es apenas un paso del gran proceso denominado sinodalidad. 

La Sinodalidad de la Iglesia fue el tema de la última reflexión de la Asamblea, de esta vez a dos voces, la de Rafael Luciani y María Dolores Palencia, que afirmaron ver en América Latina “signos emergentes de un nuevo modelo eclesial en clave sinodal”, en palabras de la religiosa mexicana. Conversión y escucha aparecen como elementos que deben estar presentes buscando llegar a consensos, a “relaciones horizontales fundadas en la dignidad bautismal y en el sacerdocio común de todos los fieles”. 

Se busca “superar relaciones desiguales, de superioridad y subordinación propias del clericalismo, y apostar por la recíproca necesidad y trabajo en conjunto”, de tomar decisiones pastorales, que sea algo que “se traduzca efectivamente en cambios concretos que ayuden a superar el actual modelo institucional clerical”. Lo que debe prevalecer es el Pueblo de Dios, buscando “nuevas y diversas maneras de vivir la autoridad y tomar las decisiones”. Los ponentes afirmaron que “esta Asamblea Eclesial de paso a una auténtica sinodalización de toda la Iglesia”. 

Como cada día, la rueda de prensa, que este viernes 26 de noviembre contó con la presencia del cardenal Marc Oullet, la periodista Lisandra Chaves, el padre Venancio Mwangi y la hermana Blanca Karina Farias, fue momento para un intercambio de informaciones con los periodistas, de definir lo que está siendo esta Asamblea, considerada como “una iniciativa que quiere promover un caminar juntos a todos los niveles en la Iglesia”, en palabras del cardenal, que también la ve como  “una experiencia de fe, una experiencia de Dios”. O como “un ejemplo para la Iglesia universal, que nos implica a vivir con responsabilidad y compromiso el don y tarea de ser discípulos misioneros”, según la hermana Karina. 

Fueron abordadas cuestiones relacionadas con el papel de la mujer en la Iglesia, sobre lo que es la sinodalidad, los migrantes, la realidad de los pueblos afrodescendientes y su relación con la Iglesia. También el tema de los abusos y lo que se está haciendo en Costa Rica, donde Lisandra Chaves forma parte de la comisión de protección. En esa Iglesia sinodal, el prefecto de la Congregación para los Obispos abogó por estructuras de consulta, e insistió en que “no existe Pueblo de Dios e Iglesia jerárquica, la jerarquía hace parte del Pueblo de Dios”, y que “los obispos tienen que comportarse como fieles, en fraternidad con todos”. 

Una vez más destacar los testimonios de los miembros de la Asamblea, que han formado parte del trabajo de las tardes a lo largo de esta semana. Testimonios que pueden ser visto como un impulso, que muestran que hay gente que está dispuesta a entregar su vida para hacer realidad esa Iglesia sinodal. 

La parte orante del día estuvo marcada por una Lectura Orante y la celebración eucarística. En su homilía, el cardenal Mario Grech, hablando sobre los pequeños brotes, que a simple vista pueden pasar desapercibidos. El secretario del Sínodo para los Obispos comparó esta imagen con la vida eclesial hoy, llamando a saber conocer los frutos de la vida, por pequeños que sean. Recordando las palabras del Papa en la abertura del Sínodo, el 9 de octubre, decía que “este es el reto para una Iglesia diferente, abierta la novedad que Dios quiere sugerirle”, cuando llamaba a estar abierto a la novedad del Espíritu, a caminar junto con él, “creador de comunión y misión, es decir, con docilidad y valentía”. 

Al hablar de la Asamblea Eclesial destacó la consulta capilar al Pueblo de Dios y definía como “una nueva expresión del rostro latinoamericano y caribeño”. En la primera fase del camino sinodal, basado en la escucha mutua y profunda, recordando que Jesús nos llama a que no nos fijemos solo en las cosas grandes, a no esperar acontecimientos sensacionales, que no dialoguemos solo con lo perfecto. 

Del mismo modo hizo ver la necesidad de superar el siempre se he hecho así, del riesgo del inmovilismo, que lleva a buscar remiendos. El purpurado insistió en saber observar los pequeños brotes, a entender los parámetros de Jesús, a entrar en el camino de la conversión. Estamos ante algo que “nos da esperanza al inicio del camino sinodal”, llamando a que “el camino sinodal nos lleve a no privar al mundo del misterio de la esperanza”. 

El día se encerró con diferentes testimonios sobre sinodalidad, gente de toda clase, condición, también eclesial, y procedencia respondieron a las preguntas: ¿Qué es para ti la sinodalidad? Y ¿Con qué Iglesia sueñas en esta Asamblea Eclesial? Preguntas que después de este tiempo vivido de forma inédita pueden ayudar a construir esa Iglesia que se esfuerza en caminar juntos, todos, no solo con aquellos que uno elige

“La centralidad de Jesucristo y su Palabra en nuestra acción pastoral”

 

Fidel Oñoro: “La Escritura nos saca del analfabetismo espiritual” 

Fidel Oñoro

 “Estamos aquí porque hay un proyecto, un proyecto que nos antecede. Ese proyecto maravilloso es la voluntad divina” 

La teología tiene su motivo de ser en el “hacer el diálogo entre esta experiencia de fe y la cultura, las culturas” 

“El pastor en la Biblia en primer lugar es Dios” 

“Quien aprende a leer la cruz desde la experiencia del Resucitado es el que puede anunciar a Jesucristo” 

“Sólo escuchando la Palabra podemos percibir qué es lo que Dios nos dice y nos pide, podemos llegar a descubrir nuestra misión y a qué somos llamados” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

La reflexión bíblico teológica constituye un elemento importante en el caminar de la Iglesia, pues fundamenta la vida pastoral. Desde esa perspectiva, el padre Fidel Oñoro reflexionaba en el primer día de trabajo de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, en que se hace un llamado a disponer el corazón para discernir en común en esta Asamblea Eclesial, teniendo como referencia el texto bíblico que invita a oír la Palabra de Dios y cumplirla. 

Su reflexión en torno a “La centralidad de Jesucristo y su Palabra en nuestra acción pastoral”, tenía como como punto de partida una serie de preguntas que ha ido respondiendo a lo largo de la ponencia: “¿Por qué estamos aquí? ¿Qué es lo que convoca y la jalona esta Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, siempre en comunión con la Iglesia entera? ¿Por qué existe todo lo que tenemos? ¿Por qué hay Palabra de Dios? ¿Por qué hay Iglesia? ¿Por qué somos llamados? ¿Por qué hablamos de misión? ¿Por qué nos empeñamos en un discernimiento comunitario? ¿De dónde nace? ¿Cuál es la fuente? ¿Qué se propone fundamentalmente?” 

Estamos aquí porque hay un proyecto, un proyecto que nos antecede. Ese proyecto maravilloso es la voluntad divina”, decía el biblista colombiano. Este proyecto consiste “en que Dios nos llama a compartir su vida y su felicidad. Dios nos llama a estar con él, a hablar con él, a vivir de su vida, a trabajar con él”. El desafío es saber leer el proyecto de Dios, pues desde el plan salvador de Dios se lee todo. Un plan salvador sin el que “la Iglesia no existiría”. 

Según el padre Oñoro, la teología tiene su motivo de ser en el “hacer el diálogo entre esta experiencia de fe y la cultura, las culturas”. La moral en que “estamos llamados a una forma de vivir conforme al plan salvador de Dios y ese estilo nos da identidad”. La liturgia en “ese plan salvador de Dios hay que celebrarlo como memoria viviente”. La pastoral en el hecho de que “la misión de la Iglesia es darle concreción en todos los niveles de lo humano, en lo individual y en lo comunitario de la persona”. 

Centrado en la pastoral, el religioso eudista afirmó que “el pastor en la Biblia en primer lugar es Dios”, que va “conduciendo a su pueblo por el camino del desierto”. Por eso, insistió en que “la pastoral es siempre un ejercicio de travesía, de éxodo”, donde “la escucha siempre se traduce en ruta”. Así se traducen los caminos de Dios, un Dios que se hace caminante, que se encarna en Jesús, que es la Palabra, que escucha los gritos de los olvidados, que impacta, que suscita también gritos de alegría. 

Ser discípulo implica saber leer la cruz, pues “quien aprende a leer la cruz desde la experiencia del Resucitado es el que puede anunciar a Jesucristo”. Desde la cruz se mira la historia de una nueva manera, es una gramática, nos “da una mirada y nos da un programa”. 

La Escritura se sitúa en un horizonte vital, que recoge el plan salvador de Dios, que “nos abre ventanas de observación y de compresión más profunda”, que “nos saca del analfabetismo espiritual”. Con ella, decía Fidel Oñoro, “leemos los códigos de la intervención creadora, liberadora y siempre constructora de Dios en nuestra historia”, pero también “tenemos luz para percibir los caminos del Espíritu dentro de las tribulaciones que vivimos”. 

El biblista insistió en que “somos una Iglesia enamorada de Jesús, que no juega al poder, que sabe que sólo tiene fuerza y capacidad transformadora en la historia cuando se hace humilde y auténtica, cuando se hace servidora sin pedir nada a cambio”. Los discípulos son llamados a sentir con Jesús, también a escuchar, una actitud fundamental durante la Asamblea, escuchar la Palabra y la realidad, buscando “una acción pastoral más vigorosa”. Una primacía de la Palabra en la que la Iglesia de América Latina y del Caribe siempre fue pionera, insistió Oñoro. Partir de la Palabra para “hacer circular el Evangelio por todas las venas de la Iglesia”. 

Sólo escuchando la Palabra podemos percibir qué es lo que Dios nos dice y nos pide, podemos llegar a descubrir nuestra misión y a qué somos llamados”, según el biblista, que resaltó que “escuchar, meditar, hacer entrar la Palabra en nosotros, nos permite actuar en sintonía con su voluntad”, la voluntad de Dios. De ahí surgirán los nuevos rumbos, caminos de felicidad, entendiendo que “Iglesia oyente es Iglesia en camino exodal, desinstalada, peregrina, aprendiz, siempre discípula, agradecida, auscultadora de la vida que quiere nacer, que escucha lo que late dentro de las personas, de las cosas, pero sobre todo de Dios”. 

Somos puestos en las manos de la Palabra para que ella nos dirija, por lo que invitaba a pedir a Dios “un corazón que sepa escuchar”. Por eso, el padre Oñoro finalizaba con las palabras del Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón”, algo a lo que invitaba a los asambleístas “a hacer en esta semana”. 

Rueda de prensa Asamblea Eclesial

Liliana Franco: “Las mujeres no somos objetos para tener, somos hermanas con las cuales caminar” 

Rueda de Prensa – Asamblea Eclesial 

“Esto no tiene vuelta atrás”, dando a entender que las Conferencias Generales del Episcopado pueden ser cosas del pasado 

El presidente del episcopado mexicano reflexionó sobre la tragedia y dificultades de la pandemia del Covid-19, que ha mostrado nuestros límites, provocando dolor, lágrimas y problemas, en el campo de la salud, miseria, violencia 

“Los religiosos y las religiosas del continente hacemos un acto de fe de que queremos seguir remando en esta Iglesia sinodalmente” 

Esta Asamblea ha reafirmado la sinodalidad como modo esencial de la Iglesia, recordando que Aparecida nos impulsa a la misión 

“Llevamos con honradez y con valentía esas palabras vivas y volvemos a ustedes para seguir caminando juntos» 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

La última rueda de prensa de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe fue momento para hacer un primer balance de lo vivido en esta semana, sabiendo que en los próximos días esos balances, en diferentes ámbitos y de diferentes modos se deben repetir. Para ello se juntaron en una concurrida rueda de prensa, lo habitual a lo largo de la semana, donde han participado cada día en torno de 50 periodistas, Mons. Miguel Cabrejos, Mons. Rogelio Cabrera, la Hna. Liliana Franco, el padre Pedro Brassesco y Mauricio López

La primera palabra fue para el presidente del Celam, que comenzó destacando la visión profética del Papa Francisco, quien dicen estar muy contento por lo realizado, al convocar la Asamblea Eclesial, algo en lo que insistió que “esto no tiene vuelta atrás”, dando a entender que las Conferencias Generales del Episcopado pueden ser cosas del pasado. Mons.Cabrejos no dudó en decir que “hemos hecho un ejercicio sinodal”, reconociendo que no ha sido fácil “poner en movimiento un continente durante un año”. 

El arzobispo peruano destacó la importancia de la tecnología al servicio de la comunicación y de la comunión. También resaltó que la gran riqueza de esta Asamblea ha sido la gran escucha. Por eso llamó a seguir escuchando al Espíritu de Dios que nos alimenta y nos guía. 

El anfitrión, Mons. Rogelio Cabrera, manifestó su alegría por haber sido en México está Asamblea, agradeciendo por ello al Papa Francisco, lo que dijo no ser mérito de los mexicanos y sí de Nuestra Señora de Guadalupe. El presidente del episcopado mexicano reflexionó sobre la tragedia y dificultades de la pandemia del Covid-19, que ha mostrado nuestros límites, provocando dolor, lágrimas y problemas, en el campo de la salud, miseria, violencia. Pero también esperanza, pues ha evidenciado la grandeza del corazón humano y la generosidad del pueblo. 

“Si el corazón es limpio, no puede atraparnos nunca la noche intransitable”. Son palabras de Pedro Casaldáliga con las que la presidenta de la CLAR comenzaba una intervención en la que se aferró a la certeza de que el protagonista de este proceso ha sido el Espíritu. En una Asamblea poblada de nombres, de historias, de relatos, de realidades, de heridas y de esperanza. La religiosa hizo ver la necesidad de situarse desde la pertenencia, participación y paciencia, mostrando lo que eso implica. 

Su presidenta dijo que “los religiosos y las religiosas del continente hacemos un acto de fe de que queremos seguir remando en esta Iglesia sinodalmente”, para lo cual ha dicho ser animados por tres palabras: profetismo, mística y comunión. También insistió en que en esta Asamblea “la acción profética vino en los jóvenes y en las mujeres”. 

El coordinador del Centro de Redes y Acción Pastoral del Celam, comenzó haciéndose preguntas sobre cómo fuimos transformados por la experiencia, dónde respondí a Dios y los nuevos caminos que se están abriendo. Mauricio López dice quedarse con la posibilidad de volver a las personas que participaron del proceso de escucha y decirles “llevamos con honradez y con valentía esas palabras vivas y volvemos a ustedes para seguir caminando juntos«. También insistía que una asamblea tan diferente y novedosa ha tenido la sensación de una sola asamblea. 

Con el corazón lleno de alegría, de gratitud y también de desafíos ha llegado al final de la Asamblea el padre Pedro Brassesco, un punto de llegada y de partida. El secretario adjunto del Celam ha hecho una lectura del proceso desde lo vivido en su pequeña parroquia de Ibicuy, en la Conferencia Episcopal Argentina y en esta semana en la comisión de síntesis, que le permitió ver que lo escuchado resonó en la Asamblea Eclesial. Esta Asamblea ha reafirmado la sinodalidad como modo esencial de la Iglesia, recordando que Aparecida nos impulsa a la misión. 

Liliana Franco afirmó que “las mujeres no somos objetos para tener, somos hermanas con las cuales caminar”, citando el nombre de mujeres presentes en la Asamblea, tanto presencial como virtualmente, situó a la mujer en el lugar de la espiritualidad, allí donde se encarna de una manera nueva, creativa, simbólica y actualizada la manera de Jesús. También en las periferias, entre los migrantes, los afrodescendientes, en el lugar de la misericordia y de la transformación, en el lugar de la reflexión teológica, desde nuevas hermenéuticas, y en la línea de la resistencia y del profetismo. 

El coordinador del Centro de Redes y Acción Pastoral hizo ver la necesidad del Celam ser escuela de sinodalidad, aunque sea con limitaciones, preguntándose si la Asamblea fue momento de proyección de nuevos dinamismos sinodales, a lo que respondía que sí. También recordó los rostros periféricos y el modo de acercarse a ellos como Celam, en lo cual se van dando pasos. Al mismo tiempo habló de novedades explícitas, como el método tradicional latinoamericano, ver, juzgar y actuar, que se ha enriquecido, ampliado con el escuchar, encontrarnos para poder ver, del discernimiento para poder juzgar, y un actuar que no puede ser autónomo o de grupos cerrados, sino sinodal. 

Ante la pregunta por lo aprendido en la Asamblea, Mons. Cabrejos destacó el espíritu de oración, comunión y fraternidad, y eclesialmente. La Hna. Liliana aprendió y conformó que “la escucha conduce a la conversión”. Mons. Rogelio señaló que todos tienen derecho a hablar y todos tienen el deber de escuchar, viendo el caminar sinodal como un trabajo que a todos nos cuesta, con la comunión como resultado. 

El padre Brassesco dijo haber aprendido cuanto necesitamos “el entusiasmo como presencia de Dios en nuestro interior”. Finalmente, Mauricio López habló del momento decisivo que vivimos para transformar la eclesiología conciliar del Pueblo de Dios y que la sinodalidad sin escucha se queda en un concepto hermoso y la escucha sin nuevos caminos se queda retenida. 

También hubo oportunidad de responder en relación con los errores cometidos. En ese punto, Mauricio López dijo creer haber quedado “con una gran deuda en cuanto al alcance”, pues no se llegó como debería a las periferias y los improbables, quienes tampoco estuvieron presentes en el grupo presencial. En ese punto, Mons. Miguel Cabrejos dijo ver los fallos como motivo para dar gracias a Dios. 

Para la Hna. Liliana Franco, los fallos son consecuencia de que “no estamos situados en el lugar de la perfección, sino en el de la vulnerabilidad”. Igualmente llamó a todas las Conferencias Episcopales a asumir que son ellos los encargados de ayudar en esta movilización del espíritu sinodal. También sintió falta de un mayor impacto en las bases, en los movimientos populares, en las parroquias, en los pastores. Finalmente, Pedro Brassesco, desde la comisión de síntesis, reconoció que talvez por un uso del lenguaje muy cuidado no vieron representados todas las instancias y problemáticas recogidas en los grupos. 

Sinodalidad en la Asamblea Eclesial

Asamblea Eclesial va depurando las invitaciones del Señor para asumir la sinodalidad 

Asamblea Eclesial 

La sinodalidad se va afianzando apuesta decidida de la Asamblea Eclesial, fundamentada en la escucha, que “no tiene la finalidad de un marketing religioso” 

«El Papa cree en el Espíritu Santo y quiere que aprendamos a escucharlo mejor en todos los niveles de la Iglesia» 

En América Latina, algo repetido a lo largo de los últimos días por algunos de los invitados, se percibe “el sueño de una Iglesia más sinodal, pero también de una praxis más sinodal” 

26.11.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Ser uno, a imagen de Jesús y el Padre, ese es siempre un desafío en la vida de la Iglesia, todavía más en una Iglesia en la que se quiere caminar juntos, en sinodalidad. Para eso, la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe invitaba este 25 de noviembre a depurar las invitaciones que nos hace el Señor para nuestra misión como Iglesia en América Latina y El Caribe

Podemos decir que la sinodalidad se va afianzando apuesta decidida de la Asamblea Eclesial, fundamentada en la escucha, que “no tiene la finalidad de un marketing religioso”, sino que “implica entrar con los pies descalzos en los corazones que se abren y se expresan”, como aseguró Monseñor Jorge Eduardo Lozano, secretario General del Celam en su saludo a los participantes de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe al inicio de los trabajos. 

Es momento para pensar en lo que va a pasar después del próximo domingo en que será clausurada la Asamblea, en cómo lograr que los párrocos se motiven con la Asamblea Eclesial y el camino sinodal que propone Francisco. Para ayudar a dar pasos, los cardenales Marc Ouellet y Mario Grech, la hermana Liliana Franco y Mauricio López, han reflexionado sobre el camino sinodal, en el que se avanza en la medida en que eso se vive y practica. Una sinodalidad que no se puede separar de la misión, como recordaba el cardenal Grech, que advertía sobre “aquellos grupos y sectas cristianas que promueven una comprensión individualista e intimista de la fe”. 

El sueño de una Iglesia sinodal nace del hecho de que “el Papa cree en el Espíritu Santo y quiere que aprendamos a escucharlo mejor en todos los niveles de la Iglesia”, afirmaba el cardenal Ouellet, que señalaba que “una Iglesia sinodal es una Iglesia caminante en la fe”. Una sinodalidad que es “un proceso, un itinerario de encuentro y conversión”, en el que es necesario “ubicarnos en el lugar de la humildad, reconocer nuestro pecado”, en palabras de la hermana Liliana Franco. No podemos olvidar que “la sinodalidad es inherente al ser de la Iglesia”, en palabras de Mauricio López, algo que “no depende de nosotros, es una experiencia de gracia”. 

Una vez más, la rueda de prensa, en la que este jueves participaban el cardenal Mario Grech, Emilce Cuda, la hermana Birgit Weiler y el padre Juan Luis Negrón, con la presencia de decenas de periodistas, la mayoría en modo virtual, como viene siendo la norma cada uno de los días, ayudó a reflexionar sobre la realidad, en este día marcada por Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una temática ya presente desde la oración de la mañana. 

También fueron abordadas cuestiones relacionadas con el trabajo, el clericalismo, la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, el cuidado de la casa común y, evidentemente sobre la sinodalidad, dada la presencia del secretario del Sínodo para los Obispos. La capacidad de organización de los pueblos del continente, algo nacido de la fe y desde la periferia, fue uno de los elementos abordados por Emilce Cuda. El abuso de poder, algo que nace del clericalismo, es algo que no ayuda en el camino sinodal, que crece cuando se fomenta la corresponsabilidad, la sensación de que todos son escuchados. 

En América Latina, algo repetido a lo largo de los últimos días por algunos de los invitados, se percibe “el sueño de una Iglesia más sinodal, pero también de una praxis más sinodal”, como reconocía el cardenal Grech, que llamaba a entender y asumir que “en el Pueblo de Dios todos debemos aprender, y cada uno comienza su camino en un punto diferente”. Para esa sinodalidad el padre Juan Luis Negrón afirmó la necesidad de humildad, pues “no se puede estar en una experiencia sinodal si no es con una humildad auténtica, sincera, honesta, consigo mismo, con el pueblo y con Dios”. 

Al abordar la cuestión ecológica, Emilce Cuda afirmaba que “defender la casa común no es una opción ni económica, ni política, es una opción de fe, de quienes se toman en serio el llamado a cuidar de la Creación”. Se trata de llevar la reflexión a la vida, pues “no se quieren más documentos, sino llevar a la práctica”, según Birgit Weiler. 

Entre los testimonios de los asambleístas, en los que ante muchos la emoción aflora, podemos destacar la voz de los jóvenes, que piden de la Iglesia un lenguaje que se adapte más a sus necesidades, más práctico que teórico, que poco o nada les dice a unos jóvenes que lo ven muchas veces como un sistema de algoritmos. 

Un Dios vivo y que permanece para siempre, cuyo Reino no será destruido, es la enseñanza que descubría en la Palabra de este día el cardenal Álvaro Ramazzini. El purpurado lo comparaba con el poder del rey que tiene amarradas las manos por sus propias leyes. Un poder humano y limitado frente al poder de Dios, que es el vencedor. Ante ello se preguntaba por el sentido verdadero de la historia. 

En unos días en que el lenguaje apocalíptico está presente en la liturgia, el obispo de Huehuetenango llamó a reflexionar sobre realidades desconocidas, como es la pandemia. Se preguntó por el sentido verdadero de la historia en relación con los demás, colocando el discernimiento espiritual, al que llama el Documento de Aparecida donde “somos llamados a discernir los signos de los tiempos”, un espíritu presente en esta Asamblea, que debe ser descubrir lo que Dios nos pide en cada una de las realidades que cada uno vive. 

Estos signos de los tiempos se hacen presentes en el cambio climático, en la violencia contra la mujer, en los migrantes, fenómenos que deben llevarnos a preguntarnos lo que nos dicen. Como discípulos de Jesucristo tenemos que sentirnos interpelados, llamados a la conversión pastoral, a la escucha, a luchar por la justicia y la verdad en relación con Dios, destacando la importancia de la caridad, del amor, pues será la prueba en el juicio al final de nuestras vidas. 

A veces los gestos nos ayudan a vislumbrar imágenes de aquello que esperamos. En ese sentido fue significativo, todavía más en esta Asamblea que pretende avanzar en el camino de la sinodalidad, ver como las mujeres bendecían a los obispos y cardenales al final de la celebración, pidiendo la bendición de Dios y su misericordia para los pastores de América Latina y el Caribe. Que Él les mire con ternura femenina llena de vida. Y que les conceda la paz, la fraternidad y la alegría de la sinodalidad misionera