El colectivo Berpiztu Kristau Taldea de la Iglesia diocesana de Bilbao

«Reivindicamos el acceso de la mujer a todos los servicios y ministerios, incluido el sacerdotal»

Evento del colectivo "Berpiztu Kristau Taldea"
Evento del colectivo «Berpiztu Kristau Taldea»

Hace unos pocos días José Alberto Vicente y Miguel Angel Esnaola compartían sus experiencias de vida como curas en un evento abierto organizado por el colectivo ‘Berpiztu Kristau Taldea’, convocado para reflexionar colectivamente sobre qué tipo de cura necesita en este momento la Iglesia diocesana de Bilbao

Se lanzaron claves como la importancia de estar presentes en el mundo, la necesidad de la oración y reflexión a través de la acción directa o la importancia participar como uno más en la comunidad

También se planteó con fuerza, en un momento sinodal como el que vive nuestra iglesia con el que dice querer superar las dinámicas clericales, la necesidad de pasar del concepto de parroquia al de comunidad

El diálogo se dirigió, también, al modelo de Iglesia que se busca. Porque el tipo de cura que se necesita en la diócesis de Bilbao va a la mano del tipo de Iglesia y de comunidad que se necesita o se quiere impulsar

Por | Berpiztu Kristau Taldea

(Berpiztu Kristau Taldea).- Hace unos pocos días José Alberto Vicente y Miguel Angel Esnaola compartían las experiencias de vida que les han determinado en su manera de ser curas. Lo hacían en un evento abierto organizado por el colectivo “Berpiztu Kristau Taldea” en la parroquia de la Inmaculada Concepción, en Bilbao, convocado para reflexionar colectivamente sobre qué tipo de cura necesita en este momento la Iglesia diocesana de Bilbao.

A lo largo de la reflexión, abierta al diálogo entre las personas asistentes, se lanzaron claves como la importancia de estar presentes en el mundo de hoy, la necesidad de la oración y reflexión a través de la acción directa y el valor que tiene, para un cura y una comunidad creyente, participar como uno más, junto con el resto de agentes (sociales, políticos, económicos), en la dinamización de la vida del barrio o del municipio en el que se está presente. Porque la vida de ese lugar, su mejora, también es objetivo y sentido de la presencia de la comunidad cristiana y del cura que es parte de ella. Dice el Papa Francisco que “todo está conectado” (Laudato si, 240), nada le puede resultar ajeno.

Colectivo Berpiztu Kristau Taldea
Colectivo Berpiztu Kristau Taldea

También se planteó con fuerza, en un momento sinodal como el que vive nuestra iglesia con el que dice querer superar las dinámicas clericales, la necesidad de pasar del concepto de parroquia al de comunidad, y de hacer que la realidad de las calles y plazas esté presente en el templo que reúne y convoca a la comunidad creyente para celebrar. Sólo de esa forma la celebración será, realmente, una experiencia de encarnación real al estilo de Jesús de Nazaret y podrá transitar, a partir de las diferentes vivencias, hasta ese Cristo resucitado que nos presenta un modelo de ser y de estar en el mundo.

En la conversación se recordó la importancia de la escucha profunda y activa del Espíritu tanto a través de la oración y la celebración como de la implicación y participación. Además, se señaló la necesidad de un buen acompañamiento al cura que ha de ser realizado, principalmente, en el marco de una comunidad y de su presencia vital (no esporádica), también en su fase formativa como seminarista, en entornos vitales normalizados donde viven las mujeres y hombres de hoy. En definitiva, un acompañamiento y una experiencia “en medio del pueblo de Dios”.

El diálogo se dirigió, también, al modelo de Iglesia que se busca. Porque el tipo de cura que se necesita en la diócesis de Bilbao va a la mano del tipo de Iglesia y de comunidad que se necesita o se quiere impulsar en esta diócesis para las próximas décadas. Un modelo que está por construir y que requiere de grandes dosis de atrevimiento, audacia y creatividad. Para no repetir modelos caducos que ya no sirven o realizar sólo pequeños remiendos a lo que necesita de una renovación en profundidad. Por eso es imprescindible que ésta sea la prioridad en este tiempo y en todos los esfuerzos que se realicen en los consejos y órganos de participación y de diálogo de la diócesis de Bilbao. Ya no hay tiempo para distraerse con asuntos de segundo nivel.

Es, por eso mismo, momento de leer, a la luz de los tiempos y del Espíritu, el texto del evangelio: “Nadie echa un remiendo de paño sin cardar a un vestido viejo; de lo contrario lo añadido tira de ello, lo nuevo de lo viejo, y se hace un rasgón peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, el vino revienta los odres y se echan a perder odres y vino. A vino nuevo odres nuevos” (Marcos 2, 21-22). Y de ponernos a la par de Nicodemo cuando se preguntaba, ante Jesús, “¿cómo se puede nacer de nuevo siendo viejo? (Juan 3, 4).

Finalmente, como fruto del evento se compartió y promovió la siguiente declaraciónque será remitida al Obispo de Bilbao y difundida públicamente:

Qué curas necesita nuestra diócesis

Hoy, 7 de abril de 2022, reunidos en la parroquia de la Inmaculada Concepción del barrio bilbaíno de Basurto, el colectivo “Berpiztu Kristau Taldea”, con seguidores y seguidoras de Jesús del lugar y también de otros, venidos de diferentes sitios de Bizkaia, nos sumamos a quienes, queriendo superar el actual modelo de Iglesia, clerical y patriarcal, no solo apoyan el pleno reconocimiento y dignidad de las mujeres en una institución eclesiástica que las invisibiliza, sino que reivindicamos, de manera particular, su acceso a todos los servicios y ministerios, incluido, por supuesto, el sacerdotal, así como a todos los espacios de decisión y organismos que, dentro de nuestra Iglesia, aseguren su completa igualdad con los varones.

Además, nos sumamos a todos los partidarios y partidarias de impulsar una doble vía de acceso al ministerio sacerdotal (célibe o casado, hombre o mujer), y a quienes promueven una nueva forma de ser “sacerdotes de la comunidad”, especialmente en aquellas parroquias condenadas a vivir sin la celebración eucarística o a vincularse en las llamadas “unidades pastorales” por una ausencia desmedidamente prolongada de presbíteros.

Pero conscientes de la inviabilidad canónica, hoy por hoy, de estas propuestas, queremos dirigirnos a nuestro Obispo para que abra un diálogo sinodal en el que pueda participar todo el pueblo de Dios en Bizkaia y en el que, por lo menos, sea posible discernir el perfil humano, espiritual, teológico, pastoral y eclesial que consideramos necesario impulsar tanto en la formación de los nuevos presbíteros diocesanos seculares como en la formación permanente de los que ya lo son.

También le íbamos a solicitar que -prolongando una tradición en nuestra diócesis, interrumpida en los últimos veinticinco años- no solo consultara a los órganos oficiales de corresponsabilidad diocesanos, sino, igualmente, a los diferentes consejos pastorales en los territorios sobre la persona que pudiera ser el Rector de nuestro Seminario los próximos 5 años, como máximo. Por lo que sabemos, no ha actuado de esta manera. Entendíamos que no hacerlo así, sería un modo de proceder clericalista que buscamos superar. Visto que no ha procedido de esta manera, solo nos queda desearle que haya acertado en la decisión tomada, esperando que, efectivamente, se abra un nuevo tiempo para nuestro seminario y, sobre todo, para nuestra diócesis porque hemos acordado, de manera sinodal, el tipo de presbítero que consideramos necesario promover y favorecer. E, igualmente la pastoral vocacional y la ministerialidad laical que es preciso promover.

A la espera de que abra ese tiempo sinodal que le proponemos, le manifestamos que nos gustaría conocer su parecer sobre la posibilidad de que el proceso formativo de los futuros presbíteros diocesanos se desarrolle no tanto en un edificio separado con presencias puntuales en nuestras comunidades, cuanto en el seno de las parroquias que conforman nuestra diócesis y que el grupo de formadores y formadoras del Rector (por supuesto, éste último, itinerante) quede conformado por los equipos ministeriales de los territorios en los que los seminaristas viven durante su proceso formativo.

Hasta que la igualdad se haga costumbre

Mujeres afganas - Universidad Católica de Córdoba | noticiasucc

EL RELATO DE LA MUJER ENCORVADA UN SIMBOLO ACTUAL POTENTE Y LIBERADOR . (LC.13,10-17)

¿Qué dice el texto sobre ella, y en qué medida es un símbolo actual? 

Lucas la describe así: «una mujer a la que un espíritu tenía enferma desde hacia 18 años.»

«estaba encorvada»

“Y no podía de ningún modo enderezarse” (v.10-11)

Vamos a aproximarnos a esta narración como un modo de evidenciar e iluminar la realidad de muchas mujeres aún hoy en el mundo.

La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo. Expresa la creencia de que hay unas personas con más derechos que otras, unas personas superiores y otras inferiores, unas personas llamadas a gobernar y otras a obedecer… 

El texto la describe así:

  • Padecía esa situación desde hacía 18 años, (desde hacía muchísimo tiempo, «siempre ha sido así»…)
  • Enteramente encorvada no podía sino mirar el mundo que le rodeaba desde la perspectiva que le era impuestapor ese  “espíritu» (demonio) que la poseía
  • No podía enderezarse de ningún modo, y su lugar de referencia estaba restringido al suelo.
  • Desconocía su verdadera talla.
  • Estaba en silencio. No dice una sola palabra para interceder por ella misma, no pide nada, no hace nada para ser vista (silenciosa e invisible).
  • Está en la sinagoga, al final detrás de los varones, escuchando a Jesús.

Esta descripción de la mujer encorvada es una buena imagen simbólica para expresar la situación de millones de mujeres hoy en el mundo, como una y otra vez ponen de relieve los informes de Naciones Unidas.         

Encorvadas por «los demonios»:

  • Demonios del sexismo, clasismo, racismo, patriarcalismo social y eclesial. Los demonios de la violencia estructural e intra-familiar.
  • Los demonios de la esclavitud y explotación sexual y económica, la prostitución forzada y la llamada “libre”, la compra-venta de sus cuerpos no solo en la prostitución sino, en todo tipo de pornografía (las mujeres son un cuerpo para usar, abusar y tirar sin problemas), compraventa de sus cuerpos, también en los vientres de alquiler, en el tráfico sexual y laboral de sus personas, de sus órganos, en la violación sistemática fuera y dentro del matrimonio o pareja.
  • Los demonios de la desigualdad de oportunidades, la doble o triple jornada laboral, el peso de responsabilidades familiares no compartidas, culpabilidades y angustias.
  • Los demonios de la subordinación y dependencia económica y afectiva.
  • Los demonios de la negación de la categoría “trabajo” al trabajo doméstico, equiparando falsamente trabajo y salario, y considerando a esas mujeres trabajadoras de su propio hogar como “económicamente no activas”, cuando la economía mundial está sustentada en gran parte por el trabajo gratuito de las mujeres. Estos demonios consideran el cuerpo de las mujeres como cuerpos reproductores, no productores.
  • Los demonios de una concepción falsa del amor donde se vincula amor, con celos, con control, con violencia personal o vicaria, incluso con el asesinato.
  • Los demonios de costumbres “culturales” y/o religiosos donde se mutila el cuerpo de las mujeres para robarles el placer sexual, dónde se ocultan sus cuerpos, se niega su independencia…
  • Los demonios, introyectados en muchas mujeres aún, de la sumisión, pasividad, sentimiento de inferioridad, falta de autoestima y resignación.
  • Los demonios del mito destructivo de la belleza diseñada por los varones que lleva a muchas mujeres a someterse a operaciones varias para ser “sexualmente deseables y bellas”, a tener graves problemas con la alimentación, la anorexia y la bulimia son solo enfermedades que hablan de este mito, la anorexia es además un arma política para controlar la fuerza de las mujeres. La dieta hipocalórica deja a las mujeres sin energía vital provoca pasividad, ansiedad y debilidad afectiva.
  • Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas: “la tentadora”, “la pecadora”,” la llorona arrepentida” (María Magdalena) , “la culpable de la muerte, el dolor…” “la mentirosa y no digna de ser creída”, “la incapacitada para revelar el ser de Dios”, para ser sujeto de los 7 sacramentos,(uno se nos ha negado por ser mujeres), inferior a los varones “el hombre es la cabeza de la mujer” ( parece que a nosotras nos toca ser un cuerpo sin cabeza) 
  • ¿Qué otros demonios podemos reconocer?

 “Silenciadas«. Las mujeres no somos silenciosas, gustamos de la comunicación y tenemos facilidad para ella. Pero hemos sido sistemáticamente silenciadas por un lenguaje androcéntrico y patriarcal que nos ha hecho invisibles en la historia y en las Iglesias y nos  ha impedido ,durante siglos, decirnos a nosotras mismas quienes somos, mostrar nuestras capacidades y valores. El lenguaje nombra y da identidad. Lo que  no se nombra…no existe.

“En nuestro lugar.”Sin duda no en los primeros puestos, sino al final, en lugares invisibles.

En muchas ocasiones las mujeres hemos escuchado como un gran elogio por parte de los varones  el hecho de “saber estar en nuestro lugar” 

          Por supuesto lugar no elegido por nosotras mismas, sino impuesto socialmente, pero justificado y sacralizado: así es por “naturaleza” o “por voluntad de Dios“ comunicada a las mujeres a través del varón, !evidentemente como debe ser…!

          Lugar -dentro de la “Sinagoga”...pero por supuesto «oyendo»

  • Lugar de la escucha no de la palabra, aunque la palabra dicha nos concierna directamente, incluso nos defina.
  • Lugar de la ejecución generosa y gratuita «propia de nuestro ser de mujer”, pero no lugar para participar en las decisiones que nos afectan y condicionan.
  • Lugar del cuidado de los otros no del autocuidado
  • Lugar invisible, Ya lo dice un dicho muy halagador para las mujeres:. «Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer.» Mientras esté en su lugar ”detrás”recibirá el reconocimiento de su valía pero… !que no cambie de lugar… y oculte al varón ¡porque habrá dejado de estar ·”en su lugar”!.
  • Lugar del anonimato y de la no identidad “una mujer sin nombre, enferma, y encorvada…”
  • Lugar dónde se nos indica cuál es nuestra identidad, estatura y por tanto a dónde podemos llegar y a donde no, cual debe ser nuestro punto de mira y nuestras aspiraciones ( no demasiado altas.) y por tanto a dónde podemos llegar a dónde no  Hay lugares que no nos corresponden, «porque así lo quiere Dios» y lo ha dejado muy claro en la Palabra de Dios,  por supuesto revelada al varón, seleccionada e interpretada por él.
  • Lugar que nos corresponde porque así ha sido siempre (¿18 años, 18 siglos,28 siglos?…)
  • No aceptar ese lugar es ir contra lo establecido ¿por Dios?.

¿Y si lo que Dios quisiera fuese que aprendiésemos a desaprender ese lugar?

Eso es lo que estamos haciendo muchas mujeres en la sociedad y dentro de las iglesias. Los movimientos feministas llevan años denunciando esta situación y hoy son un referente movilizador de la sociedad cada día más consciente de la injusticia intolerable que este sometimiento y encorvamiento  de las mujeres supone.

Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia denunciando esta situación que consideramos no sólo injusta sino una traición a Jesús de Nazaret que no sólo miró y trató a las mujeres de otro modo sino que promovió un movimiento de igualdad en torno a él y a la construcción de un sociedad y mundo de iguales. 

Una revuelta internacional que terminará con un “Sínodo de Mujeres” en Roma en septiembre de 2022. En ese sínodo denunciaremos nuestra marginación, la invisibilización  de nuestras personas, de nuestras teologías, nuestra exclusión de todos los lugares de decisión dentro de la Iglesia, una escandalosa ausencia de mujeres teólogas en facultades de teología y Seminarios, la negación de uno de los sacramentos sólo por razón de nuestro sexo y un largo etc.

 Además de denunciar anunciaremos nuestras demandas que en definitiva quieren pedir a la Iglesia católica que vuelva a Jesús de Nazaret como lugar referencial para promover un mundo y una sociedad donde desaparezcan todas las discriminaciones,  y desigualdades por razón de clase, raza, sexo, orientación e identidad sexual, y eso no será creíble mientras dentro de la Iglesia siga una profunda discriminación de las mujeres traicionando a la comunidad de iguales que se formó en torno a Jesús y a la primerísima comunidad donde muchas mujeres ejercieron roles y funciones de autoridad.

 Vamos a volver al texto de Lucas para confirmar que esta discriminación no tiene su fundamento en Jesús de Nazaret sino en el dualismo y patriarcalismo social, cultural y religioso que sigue vigente hoy en muchos lugares y organizaciones.

  • Es un sábado y Jesús está enseñando en la sinagoga, él sí cae en la cuenta de la situación de esta mujer, la mira, se fija en su persona. ¿Como seres humanos y como creyentes en Jesús ¿somos conscientes del encorvamiento de las mujeres en el mundo y sobre todo de las causas del mismo?
  • La llamó»y al nombrarla la saca del anonimato e invisibilidad, del lugar que «le correspondía» social y religiosamente para ponerla delante, a la vista, como lugar de revelación de la verdad de esa mujer. Aunque hay quien lo sigue negando: lo que no se nombra no existe, dar nombre es reconocer identidad y presencia por eso es tan importante luchar contra un lenguaje sexista y patriarcal que no nos nombra o que utiliza el género masculino ocultando nuestras presencias e identidades.
  • La pone delante, no detrás…En un lugar donde ella y todas las personas puedan reconocer su auténtica identidad y la verdad del lugar que Jesús está seguro que  Dios quiere para ella y en ella para todas las mujeres.
  • «y le dijo»: es decir le dirige la palabra y la reconoce sujeto, un “tu” a quien hablarle personalmente.
  • «Mujer quedas libre de tu enfermedad». Jesús reconoce que esos “demonios” ancestrales la habían enfermado, la habían esclavizado y él quiere que ella reconozca su verdad y recupere su libertad arrebatada, que se libre del sometimiento y encorvamiento al que estaba sujeta.
  • Jesús toma la iniciativa para liberarla, sabe leer el deseo de esa mujer que no ha abierto la boca, y lo hace transgrediendo la ley sagrada del sábado, mostrando una vez más que toda realidad que niega la igualdad y que discrimina no es sagrada, ni responde al proyecto de Dios. Hoy muchas mujeres ya hemos despertado y no guardamos silencio, ni esperamos que otros tomen la iniciativa para liberarnos, pero nos urge una alianza potente de las mujeres entre nosotras y de todos los varones que sean conscientes de la injusticia que esta discriminación supone.
  • «Y le impuso las manos». Entra en contacto corporal con ella, aunque cultural y religiosamente ella era una mujer impura por su enfermedad. Volviendo de nuevo a transgredir la ley ¿“sagrada? que prohibía tocar a las personas consideradas impuras.

Qué consecuencias tiene esa acción.

La mujer al sentirse mirada, reconocida, situada en su lugar delante no detrás

  • “Se enderezó”: es decirrecupera su verdadera talla, su propia identidad, su libertar para poder mirar de frente a lo largo y ancho de la vida, sin que nadie le imponga su perspectiva.
  • “Alabando a Dios”, recuperó la palabra y esa palabra es para reconocer agradecida lo que Jesús le revela, que Dios no quiere ningún encorvamiento y que todas las personas más allá de su condición sexual, social, racial son iguales.

 El jefe de la sinagoga:

  • ” Indignado, de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado”. Intenta justificar con leyes sagradas que esa mujer permanezca en una situación injusta, encubriendo así la verdadera causa de su situación  y  quizá también queriendo encubrir la verdad de su enojo ¿ no será que lo que no acepta es que las mujeres recuperemos nuestra dignidad?
  • decía a la gente….incapaz de dirigir su agresividad hacia Jesús, y hacia esa mujer que Jesús acaba de sanar, desvía su indignación hacia la gente, buscando un chivo expiatorio que oculte la verdad de su corazón.

 Me da mucha pena reconocer que hoy después de 20 siglos, una vez más  nos encontramos con la dificultad de muchas autoridades religiosas para comprender que:

primero estamos las personas y después las leyes, por muy santas que éstas sean que el proyecto que Jesús propone, como proyecto de Dios, no tolera discriminación alguna y si hay que privilegiar y señalar algo como prioritario es empoderar a las personas a las que se les ha arrebatado su  poder, es situar en el centro de la vida a todas las personas y de un modo especial a las que han sido marginadas que cuando las mujeres reclamamos esta igualdad fundamental y pedimos en la Iglesia recuperar una comunidad de iguales estamos denunciando una infidelidad y traición al proyecto de Jesús

  y por eso también hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia. 

Volvemos al texto para seguir leyéndolo hoy: 

Después de la reprimenda indignada que el jefe de la sinagoga echa a la gente Jesús toma la palabra para dirigirse directamente a él y en él a todos los jefes de sinagogas, iglesias para: 

  • Denunciar su hipocresía personal e institucional (habla en plural). ”Hipócritas, no desatáis del pesebre todos vosotros en día sábado a vuestro buey o a vuestro asno para llevarlos a abrevar?» Jesús denuncia y desenmascara los interesas ocultos que hay debajo de su celo “religioso”. Debajo del cuidado de los animales está un interés económico, pero no cuenta igual el interés por el bien del pueblo. ¿Dónde está la causa verdadera de su enojo y de su escándalo? ¿No serán estas las palabras de Jesús que deberían resonar en los oídos de tantos “jefes” de Iglesias que siguen negando, ocultando, no denunciando, el encorvamiento de las mujeres, su discriminación bajo excusas inaceptables?
  • Proclamar la verdadera identidad de esa mujer y lo hace con unas palabras que resonaron en ella como un nuevo nacimiento que confiere nueva identidad: “ y a ésta que es hija de Abrahán”. Era la máxima dignidad en el pueblo judío, casi siempre puesto en género masculino. Jesús con esas palabras reconoce a esa mujer como un miembro del pueblo en igualdad de derechos que los “hijos de Abrahán”. Dios no solo tiene “hijos” sino también “hijas” con igual dignidad.
  • Des-velarlas verdaderas causas de su situación: “Satanás la tenía atada desde hace 18 años…”…No estaba encorvada porque era así sino porqué las fuerzas del mal, “los demonios” que hemos reconocido antes (de siglos y siglos) la tenían atada: esclavizada y encorvada.
  • Anunciarel verdadero sentido del día del Señor, la buena noticia de que por encima de todas las leyes , tradiciones, argumentos “por muy sagradas que sean o parezcan “están las personas y que liberar de toda esclavitud es el verdadero culto y la auténtica fidelidad al Señor “¿Y no se debía desatarla precisamente el día sábado?”.

          “Cuando decía estas cosas sus adversarios quedaban confundidos,mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacia»(v.17)

 Ojala sea verdad que cada vez más personas, que siguen negando aún hoy, la injusta situación de muchas mujeres en el mundo, y en muchas de las religiones e Iglesias,  abran los ojos para descubrir su ceguera y sientan confusión y vergüenza y vayamos haciendo verdad esa igualdad fundamental .

           Esta es nuestra esperanza que la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia no pare, que sigamos levantando nuestra voz, nuestras manos, nuestros cuerpos para protestar  hasta que la igualdad de haga costumbre.

Este es nuestro sueño y empeño y  a unirse a  él invitamos a toda la comunidad cristiana.

Texto base reelaborado, Martinez Ocaña, Emma, Cuando la Palabra se hace cuerpo en cuerpo de mujer, 2014, 4ªed, pp.51-57

Lidia de Tiatira

Genealogías femeninas de la revuelta de las Mujeres en la Iglesia

Por Pepa Torres

Desde la Revuelta de las mujeres en la iglesia de Madrid  este pasado 3 de abril  hemos organizado el II Taller preparatorio del Sínodo Mundial de mujeres ( CWC) en torno a los ejes poder y participación. En él  recuperamos la genealogía de Lidia de Tiatira, una de las primeras lideresas y mujeres con autoridad en las primeras  comunidades cristianas. Os la presento.   

Soy Lidia de Tiatira, gentil, convertida al judaísmo y más tarde al cristianismo, vendedora de púrpura, propietaria de un taller de tejidos en Filipos. con el que di trabajo a muchas mujeres. Juntas constituimos un espacio seguro para nosotras en una sociedad donde la vida de las mujeres no importaba.

Una tarde que estábamos celebrado nuestros ritos judíos fuera de la ciudad, junto al rio Gangas conocimos al apóstol Pablo. Nos conmovió la propuesta de Jesús de Nazaret y su Buena noticia de liberación, que sentimos también lo era para nosotras.

Desde aquel momento abrí mi casa al Evangelio anunciado por Pablo. Me bauticé junto con toda mi casa y me hice también su testigo poniendo todos mis dones y bienes a su servicio. (Hch.16.14-15).

Mi casa se convirtió en la primera comunidad cristiana en Macedonia y en ella se me reconoció el liderazgo y la autoridad. Una comunidad que no necesitaba templos para vivir y actualizar la memoria peligrosa y liberadora de Jesús, sino un iglesia doméstica, donde se practicaba la hospitalidad y la inclusión.

Cuando Pablo y Silas fueron detenidos y encarcelados mi influencia y liderazgo fueron importantísimos para protegerles y mantener unida y cohesionada la recién fundada comunidad. (Hch. 16.16-24) . Fue entonces cuando descubrimos que el Evangelio exigía riesgos y confianzas inquebrantables y que la fe nos hacía iguales. En nuestra iglesia no había estructura jerárquica, sino que éramos una comunidad de participación y ministerios. Em ellas nos respetamos y ayudamos mutuamente entre los varones y las mujeres, los amos y los esclavos, y las distintas culturas.

Juntas descubrimos que Dios era también “ tejedora ” de comunión y de inclusión desde las mas empobrecidas y marginadas

Una nueva teología con mirada de mujer

Marta Medina, docente en Comillas, cree que impulsan “una teología que abraza la realidad”“Todos, no solo los ministros ordenados, debemos ocupar nuestro espacio en las comunidades”

Marta Medina, teóloga

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, será una jornada especial para que el conjunto de la sociedad no baje la guardia y se siga trabajando con ahínco para que un trato justo y equitativo se consolide en cada vez más ámbitos, laborales y vitales. Un reto que no puede dejar de interpelar a la Iglesia y que experimenta de primera mano una nueva generación de jóvenes teólogas que han nacido ya en democracia y no dejan de hacerse preguntas. Vida Nueva trata aquí de recoger algunas de sus respuestas.


Un claro ejemplo es el de Marta Medina Balguerías, licenciada en 2019 en Teología en la Universidad Pontificia Comillas, que ejerce como docente en el mismo centro educativo de los jesuitas, en Madrid, en el Departamento de Teología Dogmática y Fundamental. Una labor pedagógica que compagina con el trabajo en su tesis, que versa sobre el concepto de paradoja en Henri de Lubac.

Antes, Filosofía

Antes de llegar aquí, se graduó, también en Comillas, en la carrera de Filosofía. “A la hora de plantearme qué quería estudiar –cuenta–, siempre me han gustado muchas cosas… Hasta qué caí en la cuenta de que lo que más me fascinaba era hacerme preguntas. Por eso entré en Filosofía en primer lugar”. Con todo, desde el principio, el bosquejo de Dios siempre estuvo ahí: “Mis padres han sido misioneros y yo siempre he sido creyente. En ese camino de ir haciéndome cada vez más preguntas, sentí que tenía que profundizar e ir más allá para poder responderme. De ahí que el paso a Teología fuera algo natural”.

En la carrera, al igual que en la anterior, había una mayoría de compañeros que se preparaban para ser sacerdotes y religiosos. Pero el hecho de ser laica y mujer no ha sido jamás un inconveniente para ella, ni en ese tiempo de formación ni ahora, como docente e investigadora: “No sé si es porque he tenido suerte, pero siempre me he sentido aceptada y valorada por mis compañeros. Tal vez sea porque es algo recíproco y yo también les he apoyado siempre a ellos, ayudándonos en todo lo posible. Apenas he tenido episodios de trabas o prejuicios por el hecho de ser mujer. Y, cuando los ha habido, lo hemos arreglado con facilidad y hemos terminado siendo amigos”.

Una tendencia

En cuanto a si se siente parte de una nueva generación de teólogas, Medina no tiene esa conciencia a nivel global, aunque, por las experiencias que comparte con otras compañeras teólogas, sí aprecia “una tendencia”. Y un camino en el que la condición femenina refleja una identidad propia: “No me gusta generalizar, pero veo que muchas mujeres tenemos una especial sensibilidad para aterrizar las cosas y dialogar con la realidad actual desde un acercamiento vital a ella. Un pensamiento que no va en detrimento de la profundización, pero que, tal vez, es diferente del que alumbran muchos hombres y que es más analítico y organizado en áreas, a veces separadas entre sí. Me parece que nosotras tenemos un pensamiento más holístico, integral, organizado en red y sintético. A nivel espiritual, se traduce en una fe más relacional, menos abstracta y que no se desgaja tanto de la realidad, sino que la abraza”.

“Por supuesto –enfatiza–, hay hombres teólogos que tienen esa sensibilidad más holística y mujeres que son más analíticas, pero, en general, creo que esta es una tendencia y es lo que podría caracterizar esa mirada femenina en la teología”. En ese sentido, “lo mejor es que son experiencias distintas y todos nos enriquecemos con esa diversidad de matices”. Algo que, considera, “sería bueno que se plasmase en el mundo académico, concretamente en los procesos de investigación. A veces, estos se rigen por un patrón algo masculino y tradicional, por un ‘esto siempre se ha hecho así’. Si nos abrimos a otras miradas, todos podemos aprovechar esta oportunidad de crecer juntos”.

Marta Medina, teóloga

Lo que aporta es la variedad

Y es que, si de algo está convencida Medina, es de que “lo que aporta es la variedad”. De ahí que sea más que positivo “aceptar que, en el ámbito teológico, todos reflejamos de algún modo nuestra identidad; es decir, nuestra experiencia vital. No parte de la misma realidad una persona consagrada que alguien como yo, que soy madre de dos hijos. Todas las miradas aportan y todos los matices cuentan. En mi caso, mi identidad la construyen en parte mi condición de laica, mujer y madre”.

Un aunar sensibilidades en el que hoy despunta la Iglesia alemana con un Sínodo en el que todos (desde un obispo a un laico) cuentan por igual y en el que no se rechaza de plano ninguna pregunta. ¿Es posible algo así en España? “Se están dando pasos –considera Medina–, pero aún queda mucho. El gran reto es que todos los bautizados, y no solo los ministros ordenados, ocupemos el espacio que debemos en las comunidades, tanto en el desempeño de muchas tareas como en la toma de decisiones. Eso afecta a la cuestión de la mujer, donde aún queda mucho que recorrer, aunque va más allá, pues se trata de involucrar a todos, ya que hay muchos roles y tareas que solo asumen los ministros ordenados. En general, la conciencia colectiva está abierta a ello, o al menos eso es lo que aprecio en los círculos en los que me muevo. Pero aún falta mucho y se han de dar pasos muy básicos que concreten la responsabilidad que todos y cada uno de los cristianos hemos de asumir en la Iglesia”.

Aterrizar la sinodalidad

“A veces –cierra–, veo que tenemos la sinodalidad en la boca, pero nos falta creérnoslo. Tenemos que abrirnos mucho más y no ir cada comunidad o grupo por su lado, con sus propias iniciativas, sin contar con el resto. Es necesario que sepamos caminar de verdad con los otros y nos abramos a ellos. A la larga, por la falta de vocaciones, va a ser algo que va a darse y que nos va a venir impuesto sí o sí. Por eso sería una gran noticia que supiéramos adelantarnos a la realidad y estemos preparados en la práctica para que todos trabajemos juntos y aportemos cada uno lo que debe en las comunidades cristianas”.

Unir teología y vida

Hombres y mujeres somos igualmente dignos, también para representar a Cristo”

  • Curín García Calvo, religiosa de Jesús-María y misionera en Haití, llama a “unir teología y vida”
  • “Mi máxima inquietud es intentar traducir al lenguaje de los  jóvenes la propuesta cristiana”
  • “Los síntomas de una Iglesia patriarcal han estallado hasta límites que superan la ficción”

María José García Calvo, a quien todos conocen como Curín, es religiosa de Jesús-María y hoy se entrega como misionera en Haití. Aunque, mucho antes de abajarse para abrazar tantas heridas, esta madrileña nutrió su vocación vital y espiritual estudiando Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid e iniciando también estudios en Educación Social. Ya en la congregación, estudió los dos años de Filosofía en la universidad de los dominicos en Valencia y Teología en la Facultad de la Compañía en Granada, además de un año en Comillas.


Y ahí llegó un punto de inflexión: “Al terminar el grado, una hermana de mi congregación, profesora de Teología, me animó a hacer el máster en la Facultad de Granada. Este máster lo he ido realizando poco a poco, compaginándolo con clases de Religión en Secundaria y como educadora y animadora pastoral en un colegio mayor universitario. Además, en los últimos años me he sentido muy interpelada por la situación de personas migrantes”.

La mayoría, religiosos varones

“En las diversas facultades en las que he estudiado –prosigue–, la mayoría eran religiosos varones. Había pocas religiosas y prácticamente ninguna laica. Creo que esto muestra también el tipo de Iglesia que actualmente tenemos, por lo menos en España. En el caso de las religiosas, normalmente tenemos menos facilidades para realizar los estudios, ya que, en muchos casos, en seguida se han de combinar con las exigentes demandas de la misión y de la vida comunitaria”.

Una dificultad que conoce de cerca: “A veces he tenido compañeras que han hecho auténticos malabares para poder encajar las diversas obligaciones y a su vez responder a los estudios. Muchas veces, las congregaciones se plantean el estudio de la teología para que las personas en formación ‘consigan un título’ y así puedan dar clase en un colegio. Creo que esto es un gran error, pues el estudio de la teología asienta la vocación cristiana y prepara para poder tener una palabra bien fundamentada en la Iglesia”.

Necesaria formación

Si las mujeres –reclama– queremos tener una palabra de autoridad en la Iglesia, hemos de formarnos. En el siglo XXI no podemos pretender vivir y proponer el Evangelio y la propuesta cristiana sin una buena cimentación en la propia fe. La teología, aquí, tiene mucho que aportar”.

En su caso, pudo compaginar su formación teológica “con una vida de misión muy intensa”, lo que, además de un “fuerte esfuerzo”, también “me ha servido de contraste y de incentivo para unir teología y vida: teología y jóvenes, teología y feminismo, teología y migración, teología y ecología…”.

Preguntas ante los dogmas

Como teóloga, García Calvo siempre trata de “estudiar los dogmas, especialmente los trinitarios y los cristológicos, a la luz del tiempo presente”. ¿Cómo? Con una premisa fundamental: “Hacerme estas preguntas: ¿en qué se traduce hoy este dogma o enseñanza de la Iglesia? ¿En qué nos ayuda a comprender nuestra propia existencia? ¿Hacia dónde nos empuja como humanidad? ¿A qué nos estimula?… En mi labor como docente y como agente de pastoral, mi máxima inquietud es intentar traducir al lenguaje de los adolescentes y jóvenes la propuesta cristiana, la esencia del cristianismo”.

Algo cuyas entrañas ha abrazado en su misión en la doliente Haití: “En este reto de interconectar teología y vida, la realidad de la pobreza y la discriminación ha sido una de las interpelaciones más grandes. Me interesa profundizar en lo que la teología puede decir a las personas que están en los márgenes, las personas descartadas, las últimas, las invisibles. Y, por ende, lo que la teología puede decir a toda persona que busca al Dios de Jesús, quien ha escogido situarse entre las personas más pobres, a quienes llama dichosas y donde asegura ya está el Reino de los cielos”.

En un estadio inacabado

“Una teología –observa– que no se interesa por las cuestiones que nos sacuden como sociedad, que no alienta a una mayor humanidad, que no toma en serio abordar los problemas concretos de nuestro mundo, es una teología vacía. Por eso, la teología está siempre en un estadio inacabado y penúltimo, lo que la hace profundamente interesante y retadora”.

Se trata, por tanto, “de acercarse al depósito de la fe con las inquietudes, sensibilidades y desafíos del tiempo presente. De ahí que siempre esté abierta a la novedad, la creatividad y la sorpresa. Para mí, hacer teología es ir al Misterio eterno, al fundamento de nuestra existencia, con los pies muy en la tierra y la mirada en el horizonte. Esa es la teología que me interesa”.

Relación con otras disciplinas

Mirando más allá, la religiosa de Jesús-María percibe que “la teología en la que nuestra generación se mueve está muy en relación con otras disciplinas: filosofía, sociología, psicología, economía…. A su vez, creo que otro rasgo es el deseo de enriquecer la propia mirada, el propio punto de vista, e intentar proponer una teología más abierta a la Iglesia universal, a la diversidad de nuestro mundo, intentando superar una teología demasiado eurocéntrica y muy marcada por una visión androcentrista”.

Como mujer y teóloga, ve “una situación realmente compleja. Ser mujer en la Iglesia y además ahondar en ella desde la teología es ciertamente difícil. Nos encontramos en un momento histórico en el que ya hay un desfase demasiado grande entre lo que las mujeres vivimos a nivel social y lo que se nos posibilita en la realidad eclesial. Urge dar pasos adelante en lo que el Papa llama ‘una presencia de las mujeres más incisiva en la Iglesia’. Porque, ciertamente, ¡ya vamos muy tarde!”.

Una Iglesia paralizada

“Ahora bien –matiza–, estos cambios que en la Iglesia necesitamos no los hemos de proponer solo por una adecuación a la modernidad (o ya a la posmodernidad) sino por fidelidad al propio Evangelio. Es realmente doloroso ver una Iglesia paralizada, una Iglesia que, en la cuestión de las mujeres, durante décadas no ha avanzado hacia una mayor igualdad”.

Con todo, para García Calvo este puede ser “un tiempo propicio. Los síntomas de una Iglesia patriarcal han estallado hasta límites que superan la ficción. Los abusos son un claro ejemplo. Francisco ha identificado el clericalismo como uno de los mayores lastres que tenemos como Iglesia. Se trata de establecer los mecanismos y estructuras necesarias para ir generando una Iglesia de iguales donde no solo el clero tenga una voz autorizada. Este es uno de los mayores problemas y, desde la teología, es un momento adecuado para ser críticas y propositivas. En este sentido, las aportaciones de las teologías feministas son importantísimas. Por supuesto, también son importantes iniciativas de base como la Revuelta de Mujeres en la Iglesia o el movimiento Voices of Faith”.

Superar los roles tradicionales

En esta tarea, “la Iglesia ha de superar los roles y estereotipos tradicionales y trascender esa marcada visión esencialista en la que se sustenta un uso ilícito de las diferencias sexuales”. Ahí, “es fundamental que en los discursos se haga referencia a las mujeres como personas concretas y no a ‘la mujer’ como un todo”.

Nomenclaturas aparte, lo esencial es el espíritu que reflejan, siendo importante “favorecer y apoyar una teología plural y en búsqueda respecto del ser y del papel de las mujeres en la Iglesia. Por un lado, me interesan mucho las propuestas de las teologías feministas. Necesitamos como Iglesia esa mirada crítica de la realidad y esa revisión de la propia historia. A su vez, también me interesa profundizar en una antropología más unitaria e igualitaria, que revierta el peso de una antropología tradicional demasiado fundamentada en la diferencia sexual. El reto está en pasar de una antropología androcéntrica a una antropología humanocéntrica, que pretende captar la revelación de lo divino en lo humano integral”.

Un uso ilícito de las diferencias sexuales

Ella misma ha dedicado parte de sus estudios de máster “a pensar sobre la cuestión de las diferencias sexuales en la Iglesia”. Y lo que ha detectado “es que en la historia y actualmente en la Iglesia se ha hecho un uso ilícito de las diferencias sexuales, por las propias consecuencias que se ha extraído de dicha diferencia. Así pues, la diferencia se ha traducido en deficiencia para las mujeres”.

En la lucha contra “estereotipos que limitan enormemente”, la misionera se muestra “especialmente crítica con el discurso del ‘genio femenino’. Considero que este discurso no favorece la construcción de una Iglesia viva en la que hombres y mujeres podamos ser en plenitud. Además, si las mujeres hemos de participar en la Iglesia para aportar nuestra particularidad o nuestro ‘no sé qué especial’, y no por nuestra igual dignidad de bautizadas, ¿qué cambios profundos podemos esperar?”.

Misma dignidad

Su último planteamiento mira fijamente a los ojos a Jesús: “La asociación tan marcada que hace el Magisterio entre Cristo y ‘lo masculino’ está llamada a repensarse. Por lo mismo, se ha de reconsiderar la posibilidad de que las mujeres también puedan actuar in persona Christi (capitis) –concepto por el que el ministro representa a la misma persona de Cristo–. El Magisterio, como sabemos con Juan Pablo II, declaró cerrada esta cuestión, pero no podemos renunciar a exponer el tema de fondo. Ciertamente, son un logro algunos pasos que se están dando en el pontificado de Francisco para que la mujer pueda tener una presencia más incisiva en la Iglesia, pero, si no apuntan a valorar que realmente hombres y mujeres somos igualmente dignos, también para representar a Cristo, son, a mi modo de ver, medidas deficientes que no acaban con el fundamento patriarcal en el que se sustenta la Iglesia”.

Hasta que la igualdad se haga costumbre

Mujeres afganas - Universidad Católica de Córdoba | noticiasucc

Por Emma Martiínez Ocaña

EL RELATO DE LA MUJER ENCORVADA UN SIMBOLO ACTUAL POTENTE Y LIBERADOR . (LC.13,10-17)

¿Qué dice el texto sobre ella, y en qué medida es un símbolo actual? 

Lucas la describe así: «una mujer a la que un espíritu tenía enferma desde hacia 18 años.»

«estaba encorvada»

“Y no podía de ningún modo enderezarse” (v.10-11)

Vamos a aproximarnos a esta narración como un modo de evidenciar e iluminar la realidad de muchas mujeres aún hoy en el mundo.

La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo. Expresa la creencia de que hay unas personas con más derechos que otras, unas personas superiores y otras inferiores, unas personas llamadas a gobernar y otras a obedecer… 

El texto la describe así:

  • Padecía esa situación desde hacía 18 años, (desde hacía muchísimo tiempo, «siempre ha sido así»…)
  • Enteramente encorvada no podía sino mirar el mundo que le rodeaba desde la perspectiva que le era impuestapor ese  “espíritu» (demonio) que la poseía
  • No podía enderezarse de ningún modo, y su lugar de referencia estaba restringido al suelo.
  • Desconocía su verdadera talla.
  • Estaba en silencio. No dice una sola palabra para interceder por ella misma, no pide nada, no hace nada para ser vista (silenciosa e invisible).
  • Está en la sinagoga, al final detrás de los varones, escuchando a Jesús.

Esta descripción de la mujer encorvada es una buena imagen simbólica para expresar la situación de millones de mujeres hoy en el mundo, como una y otra vez ponen de relieve los informes de Naciones Unidas.         

Encorvadas por «los demonios»:

  • Demonios del sexismo, clasismo, racismo, patriarcalismo social y eclesial. Los demonios de la violencia estructural e intra-familiar.
  • Los demonios de la esclavitud y explotación sexual y económica, la prostitución forzada y la llamada “libre”, la compra-venta de sus cuerpos no solo en la prostitución sino, en todo tipo de pornografía (las mujeres son un cuerpo para usar, abusar y tirar sin problemas), compraventa de sus cuerpos, también en los vientres de alquiler, en el tráfico sexual y laboral de sus personas, de sus órganos, en la violación sistemática fuera y dentro del matrimonio o pareja.
  • Los demonios de la desigualdad de oportunidades, la doble o triple jornada laboral, el peso de responsabilidades familiares no compartidas, culpabilidades y angustias.
  • Los demonios de la subordinación y dependencia económica y afectiva.
  • Los demonios de la negación de la categoría “trabajo” al trabajo doméstico, equiparando falsamente trabajo y salario, y considerando a esas mujeres trabajadoras de su propio hogar como “económicamente no activas”, cuando la economía mundial está sustentada en gran parte por el trabajo gratuito de las mujeres. Estos demonios consideran el cuerpo de las mujeres como cuerpos reproductores, no productores.
  • Los demonios de una concepción falsa del amor donde se vincula amor, con celos, con control, con violencia personal o vicaria, incluso con el asesinato.
  • Los demonios de costumbres “culturales” y/o religiosos donde se mutila el cuerpo de las mujeres para robarles el placer sexual, dónde se ocultan sus cuerpos, se niega su independencia…
  • Los demonios, introyectados en muchas mujeres aún, de la sumisión, pasividad, sentimiento de inferioridad, falta de autoestima y resignación.
  • Los demonios del mito destructivo de la belleza diseñada por los varones que lleva a muchas mujeres a someterse a operaciones varias para ser “sexualmente deseables y bellas”, a tener graves problemas con la alimentación, la anorexia y la bulimia son solo enfermedades que hablan de este mito, la anorexia es además un arma política para controlar la fuerza de las mujeres. La dieta hipocalórica deja a las mujeres sin energía vital provoca pasividad, ansiedad y debilidad afectiva.
  • Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas: “la tentadora”, “la pecadora”,” la llorona arrepentida” (María Magdalena) , “la culpable de la muerte, el dolor…” “la mentirosa y no digna de ser creída”, “la incapacitada para revelar el ser de Dios”, para ser sujeto de los 7 sacramentos,(uno se nos ha negado por ser mujeres), inferior a los varones “el hombre es la cabeza de la mujer” ( parece que a nosotras nos toca ser un cuerpo sin cabeza) 
  • ¿Qué otros demonios podemos reconocer?

 “Silenciadas«. Las mujeres no somos silenciosas, gustamos de la comunicación y tenemos facilidad para ella. Pero hemos sido sistemáticamente silenciadas por un lenguaje androcéntrico y patriarcal que nos ha hecho invisibles en la historia y en las Iglesias y nos  ha impedido ,durante siglos, decirnos a nosotras mismas quienes somos, mostrar nuestras capacidades y valores. El lenguaje nombra y da identidad. Lo que  no se nombra…no existe.

“En nuestro lugar.”Sin duda no en los primeros puestos, sino al final, en lugares invisibles.

En muchas ocasiones las mujeres hemos escuchado como un gran elogio por parte de los varones  el hecho de “saber estar en nuestro lugar” 

          Por supuesto lugar no elegido por nosotras mismas, sino impuesto socialmente, pero justificado y sacralizado: así es por “naturaleza” o “por voluntad de Dios“ comunicada a las mujeres a través del varón, !evidentemente como debe ser…!

          Lugar -dentro de la “Sinagoga”...pero por supuesto «oyendo»

  • Lugar de la escucha no de la palabra, aunque la palabra dicha nos concierna directamente, incluso nos defina.
  • Lugar de la ejecución generosa y gratuita «propia de nuestro ser de mujer”, pero no lugar para participar en las decisiones que nos afectan y condicionan.
  • Lugar del cuidado de los otros no del autocuidado
  • Lugar invisible, Ya lo dice un dicho muy halagador para las mujeres:. «Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer.» Mientras esté en su lugar ”detrás”recibirá el reconocimiento de su valía pero… !que no cambie de lugar… y oculte al varón ¡porque habrá dejado de estar ·”en su lugar”!.
  • Lugar del anonimato y de la no identidad “una mujer sin nombre, enferma, y encorvada…”
  • Lugar dónde se nos indica cuál es nuestra identidad, estatura y por tanto a dónde podemos llegar y a donde no, cual debe ser nuestro punto de mira y nuestras aspiraciones ( no demasiado altas.) y por tanto a dónde podemos llegar a dónde no  Hay lugares que no nos corresponden, «porque así lo quiere Dios» y lo ha dejado muy claro en la Palabra de Dios,  por supuesto revelada al varón, seleccionada e interpretada por él.
  • Lugar que nos corresponde porque así ha sido siempre (¿18 años, 18 siglos,28 siglos?…)
  • No aceptar ese lugar es ir contra lo establecido ¿por Dios?.

¿Y si lo que Dios quisiera fuese que aprendiésemos a desaprender ese lugar?

Eso es lo que estamos haciendo muchas mujeres en la sociedad y dentro de las iglesias. Los movimientos feministas llevan años denunciando esta situación y hoy son un referente movilizador de la sociedad cada día más consciente de la injusticia intolerable que este sometimiento y encorvamiento  de las mujeres supone.

Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia denunciando esta situación que consideramos no sólo injusta sino una traición a Jesús de Nazaret que no sólo miró y trató a las mujeres de otro modo sino que promovió un movimiento de igualdad en torno a él y a la construcción de un sociedad y mundo de iguales. 

Una revuelta internacional que terminará con un “Sínodo de Mujeres” en Roma en septiembre de 2022. En ese sínodo denunciaremos nuestra marginación, la invisibilización  de nuestras personas, de nuestras teologías, nuestra exclusión de todos los lugares de decisión dentro de la Iglesia, una escandalosa ausencia de mujeres teólogas en facultades de teología y Seminarios, la negación de uno de los sacramentos sólo por razón de nuestro sexo y un largo etc.

 Además de denunciar anunciaremos nuestras demandas que en definitiva quieren pedir a la Iglesia católica que vuelva a Jesús de Nazaret como lugar referencial para promover un mundo y una sociedad donde desaparezcan todas las discriminaciones,  y desigualdades por razón de clase, raza, sexo, orientación e identidad sexual, y eso no será creíble mientras dentro de la Iglesia siga una profunda discriminación de las mujeres traicionando a la comunidad de iguales que se formó en torno a Jesús y a la primerísima comunidad donde muchas mujeres ejercieron roles y funciones de autoridad.

 Vamos a volver al texto de Lucas para confirmar que esta discriminación no tiene su fundamento en Jesús de Nazaret sino en el dualismo y patriarcalismo social, cultural y religioso que sigue vigente hoy en muchos lugares y organizaciones.

  • Es un sábado y Jesús está enseñando en la sinagoga, él sí cae en la cuenta de la situación de esta mujer, la mira, se fija en su persona. ¿Como seres humanos y como creyentes en Jesús ¿somos conscientes del encorvamiento de las mujeres en el mundo y sobre todo de las causas del mismo?
  • La llamó»y al nombrarla la saca del anonimato e invisibilidad, del lugar que «le correspondía» social y religiosamente para ponerla delante, a la vista, como lugar de revelación de la verdad de esa mujer. Aunque hay quien lo sigue negando: lo que no se nombra no existe, dar nombre es reconocer identidad y presencia por eso es tan importante luchar contra un lenguaje sexista y patriarcal que no nos nombra o que utiliza el género masculino ocultando nuestras presencias e identidades.
  • La pone delante, no detrás…En un lugar donde ella y todas las personas puedan reconocer su auténtica identidad y la verdad del lugar que Jesús está seguro que  Dios quiere para ella y en ella para todas las mujeres.
  • «y le dijo»: es decir le dirige la palabra y la reconoce sujeto, un “tu” a quien hablarle personalmente.
  • «Mujer quedas libre de tu enfermedad». Jesús reconoce que esos “demonios” ancestrales la habían enfermado, la habían esclavizado y él quiere que ella reconozca su verdad y recupere su libertad arrebatada, que se libre del sometimiento y encorvamiento al que estaba sujeta.
  • Jesús toma la iniciativa para liberarla, sabe leer el deseo de esa mujer que no ha abierto la boca, y lo hace transgrediendo la ley sagrada del sábado, mostrando una vez más que toda realidad que niega la igualdad y que discrimina no es sagrada, ni responde al proyecto de Dios. Hoy muchas mujeres ya hemos despertado y no guardamos silencio, ni esperamos que otros tomen la iniciativa para liberarnos, pero nos urge una alianza potente de las mujeres entre nosotras y de todos los varones que sean conscientes de la injusticia que esta discriminación supone.
  • «Y le impuso las manos». Entra en contacto corporal con ella, aunque cultural y religiosamente ella era una mujer impura por su enfermedad. Volviendo de nuevo a transgredir la ley ¿“sagrada? que prohibía tocar a las personas consideradas impuras.

Qué consecuencias tiene esa acción.

La mujer al sentirse mirada, reconocida, situada en su lugar delante no detrás

  • “Se enderezó”: es decirrecupera su verdadera talla, su propia identidad, su libertar para poder mirar de frente a lo largo y ancho de la vida, sin que nadie le imponga su perspectiva.
  • “Alabando a Dios”, recuperó la palabra y esa palabra es para reconocer agradecida lo que Jesús le revela, que Dios no quiere ningún encorvamiento y que todas las personas más allá de su condición sexual, social, racial son iguales.

 El jefe de la sinagoga:

  • ” Indignado, de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado”. Intenta justificar con leyes sagradas que esa mujer permanezca en una situación injusta, encubriendo así la verdadera causa de su situación  y  quizá también queriendo encubrir la verdad de su enojo ¿ no será que lo que no acepta es que las mujeres recuperemos nuestra dignidad?
  • decía a la gente….incapaz de dirigir su agresividad hacia Jesús, y hacia esa mujer que Jesús acaba de sanar, desvía su indignación hacia la gente, buscando un chivo expiatorio que oculte la verdad de su corazón.

 Me da mucha pena reconocer que hoy después de 20 siglos, una vez más  nos encontramos con la dificultad de muchas autoridades religiosas para comprender que:

primero estamos las personas y después las leyes, por muy santas que éstas sean que el proyecto que Jesús propone, como proyecto de Dios, no tolera discriminación alguna y si hay que privilegiar y señalar algo como prioritario es empoderar a las personas a las que se les ha arrebatado su  poder, es situar en el centro de la vida a todas las personas y de un modo especial a las que han sido marginadas que cuando las mujeres reclamamos esta igualdad fundamental y pedimos en la Iglesia recuperar una comunidad de iguales estamos denunciando una infidelidad y traición al proyecto de Jesús

  y por eso también hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia. 

Volvemos al texto para seguir leyéndolo hoy: 

Después de la reprimenda indignada que el jefe de la sinagoga echa a la gente Jesús toma la palabra para dirigirse directamente a él y en él a todos los jefes de sinagogas, iglesias para: 

  • Denunciar su hipocresía personal e institucional (habla en plural). ”Hipócritas, no desatáis del pesebre todos vosotros en día sábado a vuestro buey o a vuestro asno para llevarlos a abrevar?» Jesús denuncia y desenmascara los interesas ocultos que hay debajo de su celo “religioso”. Debajo del cuidado de los animales está un interés económico, pero no cuenta igual el interés por el bien del pueblo. ¿Dónde está la causa verdadera de su enojo y de su escándalo? ¿No serán estas las palabras de Jesús que deberían resonar en los oídos de tantos “jefes” de Iglesias que siguen negando, ocultando, no denunciando, el encorvamiento de las mujeres, su discriminación bajo excusas inaceptables?
  • Proclamar la verdadera identidad de esa mujer y lo hace con unas palabras que resonaron en ella como un nuevo nacimiento que confiere nueva identidad: “ y a ésta que es hija de Abrahán”. Era la máxima dignidad en el pueblo judío, casi siempre puesto en género masculino. Jesús con esas palabras reconoce a esa mujer como un miembro del pueblo en igualdad de derechos que los “hijos de Abrahán”. Dios no solo tiene “hijos” sino también “hijas” con igual dignidad.
  • Des-velarlas verdaderas causas de su situación: “Satanás la tenía atada desde hace 18 años…”…No estaba encorvada porque era así sino porqué las fuerzas del mal, “los demonios” que hemos reconocido antes (de siglos y siglos) la tenían atada: esclavizada y encorvada.
  • Anunciarel verdadero sentido del día del Señor, la buena noticia de que por encima de todas las leyes , tradiciones, argumentos “por muy sagradas que sean o parezcan “están las personas y que liberar de toda esclavitud es el verdadero culto y la auténtica fidelidad al Señor “¿Y no se debía desatarla precisamente el día sábado?”.

          “Cuando decía estas cosas sus adversarios quedaban confundidos,mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacia»(v.17)

 Ojala sea verdad que cada vez más personas, que siguen negando aún hoy, la injusta situación de muchas mujeres en el mundo, y en muchas de las religiones e Iglesias,  abran los ojos para descubrir su ceguera y sientan confusión y vergüenza y vayamos haciendo verdad esa igualdad fundamental .

           Esta es nuestra esperanza que la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia no pare, que sigamos levantando nuestra voz, nuestras manos, nuestros cuerpos para protestar  hasta que la igualdad de haga costumbre.

Este es nuestro sueño y empeño y  a unirse a  él invitamos a toda la comunidad cristiana.

Texto base reelaborado, Martinez Ocaña, Emma, Cuando la Palabra se hace cuerpo en cuerpo de mujer, 2014, 4ªed, pp.51-57

LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA

LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA.              Origen, propuestas y resistencias

 
Madre, pregunta la hija inteligente,

¿Quiénes son tus madres?,

¿Quiénes son tus ancestras?,

¿Cuál es nuestra historia? (…)

La que no sabe cómo preguntar

No tiene pasado

No tiene presente,

No puede tener ningún futuro

Sin conocer a sus madres,

Sin conocer sus iras, LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA

Sin conocer sus preguntas”[1]

Este texto de la feminista judía Norteamérica Esther M. Broner me sirve como punto de partida para narrar que es la Revuelta de Mujeres en la Iglesia y cuáles son sus aportaciones y reivindicaciones concretas en el marco de los movimientos de Reforma propugnada por el papa Francisco, incorporando en ella la perspectiva de los movimientos de liberación de las mujeres. Me alegra además hacerlo en el contexto del 8 de marzo, fecha que debería ser marcada en rojo en los calendarios de nuestras iglesias para sumarnos, con la sociedad civil, en el compromiso común de poner todas nuestras energías en la eliminación de la feminización de la pobreza y la violencia contra las mujeres en el mundo, como una exigencia inseparable del compromiso fe-justicia, empezando por la propia comunidad eclesial.

El movimiento de la Revuelta de las mujeres no cae del cielo, sino que nace de una complicidad compartida y sororal: la de la Ruah Santa de Dios y la siembra terca y resiliente de los colectivos de feministas cristianas en nuestro país desde hace más de 35 años. Colectivos como El Foro Ecuménico de mujeres (FEM), La Red estatal de Mujeres y Teología, La Asociación de Teólogas Españolas, la Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina, Dones creyents y muchos otros. En esta siembra paciente y tenaz hemos ido poco a poco creando espacios de reflexión, acompañamiento, espiritualidad, celebrativos, publicaciones, etc, así como una importante red entre nosotras. 

Todo este proceso nos ha ido fortaleciendo y empoderando como un sujeto eclesial activo y crítico, convencidas como diría San Ireneo, interpretado con perspectiva de género, que la gloria de Dios es que las mujeres vivan y lo hagan en abundancia. En este humus nace entre octubre y enero del 2019 la Revuelta de las mujeres en la Iglesia Madrid y la plataforma Alce la veux, en Barcelona movimientos confluyentes, aunque con nombres distintos desde la singularidad cultural de cada uno de ellos.

Breve historia de un alumbramiento

La Revuelta se empieza a gestar entre los años 2018 y 2019 en el contexto de las huelgas feministas convocadas el 8 M y en el que muchas de nosotras y nuestros grupos participamos activamente, así como en diferentes convocatorias donde activistas cristianas feministas nos vamos encontrando. Nombro algunas de ellas por ser especialmente significativas: El XXII encuentro de Mujeres y Teología: celebrado en Zaragoza, los 25 años de la publicación del cuaderno Cuándo las mujeres se sienten Creyentes y feministas convocados por Dones HOAC de Barcelona, o la presentación del libro coral Mujeres, Espiritualidad y Liderazgo en la sede de Cristianismo y Justicia, también en Barcelona. En los diálogos mantenidos aparece siempre un malestar que se torna pregunta incómoda: estamos movilizadas en la sociedad civil ante la situación de las mujeres, pero ¿para cuándo la reivindicación y la propuesta al interior de nuestra iglesia misma? ¿Cómo empujar una reforma desde las perspectivas de las mujeres y desde una profunda inspiración evangélica? ¿Cómo hacerlo con la mirada puesta en Jesús y su práctica liberadora y transgresora con las mujeres de su tiempo y su contexto? ¿Cómo hacerlo desde el potencial y el bagaje que la cultura de los feminismos ha aportado a nuestra condición de mujeres cristianas?

Las movilizaciones de las mujeres alemanas del movimiento Maria.2. 0 con la boca sellada con un trozo de esparadrapo, así como la indignación experimentada ante la negación del voto de las mujeres en el Sínodo de la Amazonia y el lanzamiento del video de varias religiosas españolas, que se hizo viral, apoyando la huelga feminista, fue la chispa que encendió el germen de la Revuelta. Las primeras en lanzar una propuesta de organización fueron las compañeras de Barcelona que lanzaron una convocatoria abierta de mujeres para movilízanos ante la discriminación en la iglesia. De este modo nace “Alcem la veu,”, que rápidamente se pone en contacto con compañeras de Madrid que secundan la respuesta y la difunden y movilizan por más lugares de la geografía española. Así estalla La Revuelta de mujeres en la iglesia, hasta que a igualdad se haga costumbre.

Desde su origen la Revuelta se coordina con grupos internacionales como Voices of faith. o el colectivo latinoamericano Tras las huellas de Sophia. Nos aglutina un comunicado en el que planteamos demandas urgentes de reforma en la iglesia que pongan fin a nuestra discriminación y una acción mundial propuesta por Voices of faith: una concentración creativa el 1 de marzo del 2020 en las puerta de las catedrales de nuestras ciudades.

Actualmente en España la Revuelta está presente en más de 20 ciudades. Estamos organizadas a nivel estatal y tenemos una presencia muy activa en la organización del Sínodo Mundial de Mujeres (Catholic Council Women)[2] , que celebraremos en octubre del 2022 en Roma, con otras organizaciones de mujeres cristianas de todos los continentes y que estamos empezando a preparar ya con mujeres de numerosas parroquias y organizaciones eclesiales de base.

Nuestras reivindicaciones y propuestas: VENIMOS DE LEJOS

-De la Buena Noticia de un Jesús que transgrede las normas de una sociedad profundamente patriarcal, que constituye una nueva masculinidad en su contexto y en su época, y que aprende a serlo en su relación y amistad con las mujeres, mutua y recíprocamente liberadora. Mujeres con nombre, como María Magdalena, Marta y María, Juana de Cusa, y otras sin nombre, pero imborrables en la experiencia del propio Jesús y la Buena noticia de liberación para la humanidad toda: la mujer cananea, la samaritana, la hemorroisa, la que ungió a Jesús con perfume. Venimos del movimiento contracultural de Jesús, que derivó en una iglesia que en sus inicios hizo de la igualdad entre hombres y mujeres, una de las aportaciones más radicales del cristianismo a la historia de la humanidad

-Somos muchas las que en todo el mundo alzamos la voz hasta que la igualdad sea costumbre. Somos mayoría en las tareas de voluntariado, en las celebraciones religiosas, en la catequesis, en la pastoral, en la liturgia, en la acción social y solidaria, en los consejos parroquiales. Somos muchas en los movimientos eclesiales y en las tareas educativas. Son incontables las congregaciones de religiosas que trabajan día a día por los derechos de los y las más vulneradas.

Somos las manos y el corazón de la iglesia, pero se nos explota, se nos violenta, como los últimos informes sobre abusos a religiosas están poniendo de manifiesto, porque los abusos a mujeres laicas están todavía mucho más invisibilizados[3]. Se nos niega la palabra, el pensamiento y el liderazgo, en los lugares de tomas de decisiones y se nos pretende contentar con nombramientos que resultan insignificantes, pues, aunque el papa Francisco ha sido el pontífice que más nombramientos de mujeres ha hecho en la historia de la Iglesia, esto apenas supone un 7% de representación femenina.

Imaginamos y construimos una iglesia nueva generando espacios eclesiales alternativos liberados del patriarcado

-Una Iglesia que reconozca la plena ministerialidad de las mujeres. Que no nos niegue ni el don, ni la gracia, ni la vocación, ni el derecho, en virtud de nuestra consagración como bautizadas y en la que desaparezca todo tipo de discriminación por razón de sexo.

-Una Iglesia que se nutra y reeduque desde las aportaciones de la teología feminista, para hacer una lectura crítica y una reflexión de la propia experiencia y del evangelio, que deconstruya imágenes de Dios, lenguajes, ritos, mitos que se construyen sobre el sufrimiento de las mujeres, especialmente de las más pobres.

-Una Iglesia que elimine el lenguaje patriarcal y sexista de homilías, textos y documentos y se atreva a interpretarlos, no sólo para leer la Biblia y vivir el evangelio de otro modo, sino para que sean liberadores para la humanidad entera.

-Una iglesia que se abra al diálogo y la cultura de los feminismos y los movimientos de liberación de las mujeres, subrayando que la igualdad que buscamos no consiste en repetir el modelo masculino ni su comportamiento, sino la igualdad de derechos en una sociedad y en una Iglesia con palabra también de mujer y fundada en relaciones de ecojusticia.

-Una Iglesia que acompaña sin juzgar toda la diversidad de las familias, de identidades y orientaciones sexuales. Que acoja en su seno a las mujeres lesbianas y trans que forman parte también de nuestro movimiento.

-Una iglesia con tolerancia cero frente a toda forma de abuso de conciencia, abuso sexual, explotación económica, con una apuesta decidida por la eliminación de la pederastia, y la reparación a las víctimas. Que ponga fin de manera efectiva, sin lavarse las manos a la violencia contra las mujeres y la feminización de la pobreza dentro y fuera de ella misma.

-Una iglesia que conciba la sexualidad como un don de Dios que acerca a su misterio de plenitud y vida desbordante y que repiensa la moral sexual desde la perspectiva de las mujeres, una moral preñada de ternura y misericordia, liberándola de tabúes y culpas.

-Una Iglesia paritaria, que sea de hecho comunidad de iguales, donde las mujeres seamos reconocidas como sujetos de pleno derecho, con voz y voto en todas partes, valoradas por los propios talentos, carismas y aportaciones a las comunidades.

-Una Iglesia sinodal y plural, donde ninguna persona sea excluida en el acceso a los ministerios, ni en los órganos decisorios de la iglesia por razones de su sexo. Una Iglesia que no solo reconozca la auctoritas de las mujeres (autoridad), sino también la potestas (el poder)[4]. Un poder entendido al modo de Jesús, que no se identifica con el poder dominación, poder sobre, sino que es que es diaconía, pero nunca servilismo impuesto, sino poder con. Poder compartido, que escucha y acoge las voces críticas como una oportunidad para la conversión pastoral y la transformación interna. Poder con que es participación. Lo cual implica que todas las voces son imprescindibles y que ninguna voz puede ser ni invisibilizada ni suplida y que es imposible la comunión sin participación. Una participación que no puede ser una es una cuestión simbòlica o “escènica” , sino que ha de ser ejercida y decisòria, con consecuencias en la vida de la Iglesia y su organización interna.

– Una Iglesia experta en semillas de alternatividad y futuro, más que en grandes plantaciones, semillas como la del grano de mostaza, de la que nos habla el evangelio, que cuando crece es lugar de sombra y cobijo, encuentro, reconciliación y fiesta de las mujeres libres y que se nos regala desde el presente que vamos gestando como don y tarea en sororidad, hasta que la igualdad sea costumbre en la iglesia.

Pepa Torres Pérez

Ap.C.J.

Revuelta de Mujeres en la Iglesia ( Madrid) 

[1] E.M. Broner y Nomi Nimrod, “A Woman´s Passover Haggadh”. Citado en E.S.Fiorenza, Pero ella dijo. Trotta , 1996, p.213.

[2] https://www.catholicwomenscouncil.org/es/cwc-members/

[3] Sobre este tema hay dos investigaciones recientes sumamente interesantes. El libro de Paula Merelo, Adultos vulnerados en la iglesia, San Pablo 2022 y la tesis doctoral sobre los abusos a religiosas presentada en la Pontificia Universidad de Roma por Makantime Lembo en el año 20020 y calificada con cum lauden.

[4] La voz latina Auctoritas significa hacer crecer, fortalecer, dar plenitud y va asociada a cualidades morales de las personas, sin embargo la potestas tiene que ver con el poder de influir, un poder que se reconoce socialmente mediante actos de carácter jurídico legal. Deberían ir unidas, pero el ejercicio de la autoridad y del poder está determinado por la construcción cultural del género y los papeles y roles asignados.

Prioridades para el año pastoral en Santiago de Chile

La centralidad en Jesucristo es el eje para un claro llamado a construir una iglesia sinodal

Laicos, participación de la mujer y jóvenes son prioridades en tono de corresponsabilidad

Retomando una tradición interrumpida por la pandemia, el arzobispo de Santiagocardenal Celestino Aós, dio inicio al año pastoral en un encuentro en el que participaron cientos de dirigentes de parroquias, movimientos, colegios, además de sacerdotes y religiosas, los obispos auxiliares y el Rector de la Universidad Católica, entre otros, cumpliendo las normas sanitarias indicadas para estas actividades.


En esa ocasión el arzobispo dio a conocer su segunda Carta Pastoral, “Tiempo de sinodalidad, tiempo de alegría” en la que entrega sus orientaciones y prioridades para la acción pastoral arquidiocesana.

Centralidad en Cristo

“Para todos propongo y confirmo como prioridades pastorales para los próximos tres años” expresa claramente Aós. De inmediato indica la primera prioridad: “Poner a Jesucristo en el centro, levantar los ojos al cielo desde nuestra historia y seguir a Cristo, trasformando nuestra vida y nuestro entorno. La centralidad de Jesucristo trae vitalidad y cambios en nuestra comunidad eclesial. Cambios que nos exigen a cada uno conversión. Debemos situar a Jesucristo como prioridad y asumirlo como la motivación de nuestras prácticas. Todas nuestras estructuras, planes pastorales y prácticas debiesen existir en función de la evangelización y debemos verificarlas de acuerdo con nuestro centro”.

Un nuevo capítulo presenta la segunda prioridad: “Laicos, corresponsabilidad y rol de la mujer”, la que inicia con esta afirmación: “Todos los bautizados somos iglesia, y el bautismo nos da la idéntica dignidad”. Por ello, señala para ellos en su iglesia diocesana “que asuman liderazgos, que cada uno haga su aporte: cada bautizado, en efecto, es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. Varones y mujeres bautizados todos somos responsables de nuestra iglesia y de la misión”.

Más adelante agrega que “además debemos seguir creciendo y promover su participación apostólica y liderazgo para ciertos roles en la iglesia; y mejorar en nuestras comunidades las formas de relacionarnos entre varones y mujeres, creciendo en respeto y colaboración. Hemos de desarrollarnos, siempre respetando la dignidad de todos”.

Respetar a los jóvenes

La tercera prioridad son los jóvenes. “Busquemos una pastoral enriquecedora para los jóvenes que viven su compromiso; hay muchos bautizados pero que no hicieron el proceso de iniciación cristiana y a los que debemos un cuidado y pastoral especiales. Pero no podemos quedarnos ahí: hay que salir a buscar, convencer a otros, conquistar. Hemos de cuestionarnos qué podemos hacer y cómo podemos compartirles la Buena Noticia de Jesucristo a tantos otros jóvenes”, pide el arzobispo.

Agrega que “nosotros los mayores debemos respetar a los jóvenes, dialogar con ellos y escucharlos, colaborar con ellos y aceptar su colaboración; debemos quererlos, rezar por ellos, acompañarlos con paciencia y verdad porque creemos que Jesús es quien los quiere vivos, en esa etapa original y estimulante de la vida que el propio Jesús vivió santificándola”.

El documento de 20 páginas concluye precisando que “la sinodalidad no es el capítulo de un tratado de eclesiología, y menos aún una moda, un eslogan o el nuevo término a utilizar o manipular en nuestras reuniones. ¡No! La sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión”.

Escuchar al Espíritu Santo

En ese espíritu sinodal “tener oídos, escuchar, es el primer compromiso. (…) Pero escuchar también implica escuchar al Espíritu Santo”, afirma Aós.

“La sinodalidad nos ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprender el mismo ministerio jerárquico. El obispo y el sacerdote desvinculado del pueblo es un funcionario, no un pastor”, señala el arzobispo en su Carta Pastoral a los cristianos de su arquidiócesis.

“Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”, afirmó, agregando que vivimos “un tiempo hermoso para el cambio y la conversión, para hacer el bien y sembrar esperanza”.

“Esta es una invitación y una tarea de todos: la participación de todos es un derecho y un deber. Debemos aprender nuevos modos de relacionarnos como bautizados y desaprender otros modos”, recomendó el cardenal Aós.

Hasta que la igualdad se haga costumbre

Revuelta de mujeres en la Iglesia
Revuelta de mujeres en la Iglesia

«La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo»

«Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas»

«Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia»

«También hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia»

Por | Emma Martínez teóloga

El texto de la mujer encorvada (Lc 13, 10-17)

¿Qué dice el texto sobre ella, y en qué medida es un símbolo actual? 

Lucas la describe así: «una mujer a la que un espíritu tenía enferma desde hacia 18 años.»

«estaba encorvada»

“Y no podía de ningún modo enderezarse” (v.10-11)

Vamos a aproximarnos a esta narración como un modo de evidenciar e iluminar la realidad de muchas mujeres aún hoy en el mundo

La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo. Expresa la creencia de que hay unas personas con más derechos que otras, unas personas superiores y otras inferiores, unas personas llamadas a gobernar y otras a obedecer…

La mujer encorvada

El texto la describe así: 

Padecía esa situación desde hacía 18 años, (desde hacía muchísimo tiempo, «siempre ha sido así»…)
 Enteramente encorvada no podía sino mirar el mundo que le rodeaba desde la perspectiva que le era impuesta por ese  “espíritu» (demonio) que la poseía
No podía enderezarse de ningún modo, y su lugar de referencia estaba restringido al suelo.
Desconocía su verdadera talla.
Estaba en silencio. No dice una sola palabra para interceder por ella misma, no pide nada, no hace nada para ser vista (silenciosa e invisible).
Está en la sinagoga, al final detrás de los varones, escuchando a Jesús.

Esta descripción de la mujer encorvada es una buena imagen simbólica para expresar la situación de millones de mujeres hoy en el mundo, como una y otra vez ponen de relieve los informes de Naciones Unidas.

   Encorvadas por «los demonios»:

Demonios del sexismo, clasismo, racismo, patriarcalismo social y eclesial. Los demonios de la violencia estructural e intra-familiar. 

Los demonios de la esclavitud y explotación sexual y económica, la prostitución forzada y la llamada “libre”, la compra-venta de sus cuerpos no solo en la prostitución sino, en todo tipo de pornografía (las mujeres son un cuerpo para usar, abusar y tirar sin problemas), compraventa de sus cuerpos, también en los vientres de alquiler, en el tráfico sexual y laboral de sus personas, de sus órganos, en la violación sistemática fuera y dentro del matrimonio o pareja. 

Los demonios de la desigualdad de oportunidades, la doble o triple jornada laboral, el peso de responsabilidades familiares no compartidas, culpabilidades y angustias.

La mujer encorvada

Los demonios de la subordinación y dependencia económica y afectiva.

Los demonios de la negación de la categoría “trabajo” al trabajo doméstico, equiparando falsamente trabajo y salario, y considerando a esas mujeres trabajadoras de su propio hogar como “económicamente no activas”, cuando la economía mundial está sustentada en gran parte por el trabajo gratuito de las mujeres. Estos demonios consideran el cuerpo de las mujeres como cuerpos reproductores, no productores.

Los demonios de una concepción falsa del amor donde se vincula amor, con celos, con control, con violencia personal o vicaria, incluso con el asesinato.

Los demonios de costumbres “culturales” y/o religiosos donde se mutila el cuerpo de las mujeres para robarles el placer sexual, dónde se ocultan sus cuerpos, se niega su independencia…

Los demonios, introyectados en muchas mujeres aún, de la sumisión, pasividad, sentimiento de inferioridad, falta de autoestima y resignación.

Los demonios del mito destructivo de la belleza diseñada por los varones que lleva a muchas mujeres a someterse a operaciones varias para ser “sexualmente deseables y bellas”, a tener graves problemas con la alimentación, la anorexia y la bulimia son solo enfermedades que hablan de este mito, la anorexia es además un arma política para controlar la fuerza de las mujeres. La dieta hipocalórica deja a las mujeres sin energía vital provoca pasividad, ansiedad y debilidad afectiva.

Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas: “la tentadora”, “la pecadora”,” la llorona arrepentida” (María Magdalena) , “la culpable de la muerte, el dolor…” “la mentirosa y no digna de ser creída”, “la incapacitada para revelar el ser de Dios”, para ser sujeto de los 7 sacramentos,(uno se nos ha negado por ser mujeres), inferior a los varones “el hombre es la cabeza de la mujer” ( parece que a nosotras nos toca ser un cuerpo sin cabeza)  

¿Qué otros demonios podemos reconocer?

   “Silenciadas». Las mujeres no somos silenciosas, gustamos de la comunicación y tenemos facilidad para ella. Pero hemos sido sistemáticamente silenciadas por un lenguaje androcéntrico y patriarcal que nos ha hecho invisibles en la historia y en las Iglesias y nos  ha impedido ,durante siglos, decirnos a nosotras mismas quienes somos, mostrar nuestras capacidades y valores. El lenguaje nombra y da identidad. Lo que  no se nombra…no existe.

Sueño con una Iglesia
Sueño con una Iglesia

“En nuestro lugar”.  Sin duda no en los primeros puestos, sino al final, en lugares invisibles.

En muchas ocasiones las mujeres hemos escuchado como un gran elogio por parte de los varones  el hecho de “saber estar en nuestro lugar” 

Por supuesto lugar no elegido por nosotras mismas, sino impuesto socialmente, pero justificado y sacralizado: así es por “naturaleza” o “por voluntad de Dios“ comunicada a las mujeres a través del varón, !evidentemente como debe ser…!

Lugar -dentro de la “Sinagoga”…pero por supuesto «oyendo»

Lugar de la escucha no de la palabra, aunque la palabra dicha nos concierna directamente, incluso nos defina.
Lugar de la ejecución generosa y gratuita «propia de nuestro ser de mujer”, pero no lugar para participar en las decisiones que nos afectan y condicionan.
Lugar del cuidado de los otros no del autocuidado
Lugar invisible, Ya lo dice un dicho muy halagador para las mujeres:. «Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer.» Mientras esté en su lugar ”detrás” recibirá el reconocimiento de su valía pero… !que no cambie de lugar… y oculte al varón ¡porque habrá dejado de estar ·”en su lugar”!.
Lugar del anonimato y de la no identidad “una mujer sin nombre,  enferma, y encorvada…”
Lugar dónde se nos indica cuál es nuestra identidad, estatura y por tanto a dónde podemos llegar y a donde no, cual debe ser nuestro punto de mira y nuestras aspiraciones (  no demasiado altas.) y por tanto a dónde podemos llegar a dónde no  Hay lugares que no nos corresponden, «porque así lo quiere Dios» y lo ha dejado muy claro en la Palabra de Dios,  por supuesto revelada al varón, seleccionada e interpretada por él. 
Lugar que nos corresponde porque así ha sido siempre (¿18 años, 18 siglos,28 siglos?…)
No aceptar ese lugar es ir contra lo establecido ¿por Dios?.

¿Y si lo que Dios quisiera fuese que aprendiésemos a desaprender ese lugar?

Eso es lo que estamos haciendo muchas mujeres en la sociedad y dentro de las iglesias. Los movimientos feministas llevan años denunciando esta situación y hoy son un referente movilizador de la sociedad cada día más consciente de la injusticia intolerable que este sometimiento y encorvamiento  de las mujeres supone.

Mujeres en la Iglesia
Mujeres en la Iglesia

Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia denunciando esta situación que consideramos no sólo injusta sino una traición a Jesús de Nazaret que no sólo miró y trató a las mujeres de otro modo sino que promovió un movimiento de igualdad en torno a él y a la construcción de un sociedad y mundo de iguales. 

Una revuelta internacional que terminará con un “Sínodo de Mujeres” en Roma en septiembre de 2022. En ese sínodo denunciaremos nuestra marginación, la invisibilización  de nuestras personas, de nuestras teologías, nuestra exclusión de todos los lugares de decisión dentro de la Iglesia, una escandalosa ausencia de mujeres teólogas en facultades de teología y Seminarios, la negación de uno de los sacramentos sólo por razón de nuestro sexo y un largo etc.

 Además de denunciar anunciaremos nuestras demandas que en definitiva quieren pedir a la Iglesia católica que vuelva a Jesús de Nazaret como lugar referencial para promover un mundo y una sociedad donde desaparezcan todas las discriminaciones,  y desigualdades por razón de clase, raza, sexo, orientación e identidad sexual, y eso no será creíble mientras dentro de la Iglesia siga una profunda discriminación de las mujeres traicionando a la comunidad de iguales que se formó en torno a Jesús y a la primerísima comunidad donde muchas mujeres ejercieron roles y funciones de autoridad.

Vamos a volver al texto de Lucas para confirmar que esta discriminación no tiene su fundamento en Jesús de Nazaret sino en el dualismo y patriarcalismo social, cultural y religioso que sigue vigente hoy en muchos lugares y organizaciones.

Es un sábado y Jesús está enseñando en la sinagoga, él sí cae en la cuenta  de la situación de esta mujer, la mira, se fija en su persona. ¿Como seres humanos y como creyentes en Jesús ¿somos conscientes del encorvamiento de las mujeres en el mundo y sobre todo de las causas del mismo?
La  llamó» y al nombrarla la saca del anonimato e invisibilidad, del lugar que «le correspondía» social y religiosamente para ponerla delante, a la vista, como lugar de revelación de la verdad de esa mujer. Aunque hay quien lo sigue negando: lo que no se nombra no existe, dar nombre es reconocer identidad y presencia por eso es tan importante luchar contra un lenguaje sexista y patriarcal que no nos nombra o que utiliza el género masculino ocultando nuestras presencias e identidades. 
La pone delante, no detrás…En un lugar donde ella y todas las personas puedan reconocer su auténtica  identidad y la verdad del lugar que Jesús está seguro que  Dios quiere para ella y en ella para todas las mujeres.

"Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo"
«Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo»


«y le dijo»:  es decir le dirige la palabra y la reconoce sujeto, un “tu” a quien hablarle personalmente.
«Mujer quedas libre de tu enfermedad». Jesús reconoce que esos “demonios” ancestrales la habían enfermado, la habían esclavizado y él quiere que ella reconozca su verdad y recupere su libertad arrebatada, que se libre del sometimiento y encorvamiento al que estaba sujeta. 
Jesús toma la iniciativa para liberarla, sabe leer el deseo de esa mujer que no ha abierto la boca, y lo hace transgrediendo la ley sagrada del sábado, mostrando una vez más que toda realidad que niega la igualdad y que discrimina no es sagrada, ni responde al proyecto de Dios. Hoy muchas mujeres ya hemos despertado y no guardamos silencio, ni esperamos que otros tomen la iniciativa para liberarnos, pero nos urge una alianza potente de las mujeres entre nosotras y de todos los varones que sean conscientes de la injusticia que esta discriminación supone.
«Y le impuso las manos». Entra en contacto corporal con ella, aunque cultural y religiosamente ella era una mujer impura por su enfermedad. Volviendo de nuevo a transgredir la ley ¿“sagrada? que prohibía tocar a las personas consideradas impuras.

Qué consecuencias tiene esa acción.

La mujer al sentirse mirada, reconocida, situada en su lugar delante no detrás

“Se enderezó”: es decir recupera su verdadera talla, su propia identidad, su libertar para poder mirar de frente a lo largo y ancho de la vida, sin que nadie le imponga su perspectiva.
“Alabando a Dios”, recuperó la palabra y esa palabra es para reconocer agradecida lo que Jesús le revela, que Dios no quiere ningún encorvamiento y que todas las personas más allá de su condición sexual, social, racial son iguales. 

El jefe de la sinagoga:

” Indignado, de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado”. Intenta justificar con leyes  sagradas que esa mujer permanezca en una situación injusta, encubriendo así la verdadera causa de su situación  y  quizá también queriendo encubrir la verdad de su enojo ¿ no será que lo que no acepta es que las mujeres recuperemos nuestra dignidad?
decía a la gente….incapaz de dirigir su agresividad hacia Jesús, y hacia esa mujer que Jesús acaba de sanar, desvía su indignación hacia la gente, buscando un chivo expiatorio que oculte la verdad de su corazón.

Hombre y mujer los creó
Hombre y mujer los creó

Me da mucha pena reconocer que hoy después de 20 siglos, una vez más  nos encontramos con la dificultad de muchas autoridades religiosas para comprender que:

primero estamos las personas y después las leyes, por muy santas que éstas sean
que el proyecto que Jesús propone, como proyecto de Dios, no tolera discriminación alguna y si hay que privilegiar y señalar algo como prioritario es empoderar a las personas a las que se les ha arrebatado su  poder, es situar en el centro de la vida a todas las personas y de un modo especial a las que han sido marginadas que cuando las mujeres reclamamos esta igualdad fundamental y pedimos en la Iglesia recuperar una comunidad de iguales estamos denunciando una infidelidad y traición al proyecto de Jesús

 y por eso también hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia.

Volvemos al texto para seguir leyéndolo hoy:

Después de la reprimenda indignada que el jefe de la sinagoga echa a la gente Jesús toma la palabra para dirigirse directamente a él y en él a todos los jefes de sinagogas, iglesias para:

Denunciar su hipocresía personal e institucional (habla en plural). ”Hipócritas, no desatáis del pesebre todos vosotros en día sábado a vuestro buey o a vuestro asno para llevarlos a abrevar?»  Jesús denuncia y desenmascara los interesas ocultos que hay debajo de su celo “religioso”. Debajo del cuidado de los animales está un interés económico, pero no cuenta igual el interés por el bien del pueblo. ¿Dónde está la causa verdadera de su enojo y de su escándalo? ¿No serán estas las palabras de Jesús que deberían resonar en los oídos de tantos “jefes” de Iglesias que siguen negando, ocultando, no denunciando, el encorvamiento de las mujeres, su discriminación bajo excusas inaceptables? 
Proclamar la verdadera identidad  de esa mujer y lo hace con unas palabras que resonaron en ella como un nuevo nacimiento que confiere nueva identidad: “ y a ésta que es hija de Abrahán”. Era la máxima dignidad en el pueblo judío, casi siempre puesto en género masculino. Jesús con esas palabras reconoce a esa mujer como un miembro del pueblo en igualdad de derechos que los “hijos de Abrahán”. Dios no solo tiene “hijos” sino también “hijas” con igual dignidad.
Des-velar las  verdaderas causas de su situación: “Satanás la tenía atada desde hace 18 años…”…No estaba encorvada porque era así sino porqué las fuerzas del mal, “los demonios” que hemos reconocido antes (de siglos y siglos) la tenían atada: esclavizada y encorvada.
Anunciar el verdadero sentido del día del Señor, la buena noticia de que por encima de todas las leyes , tradiciones, argumentos “por muy sagradas que sean o parezcan “están las personas y que liberar de toda esclavitud es el verdadero culto y la auténtica fidelidad al Señor “¿Y no se debía desatarla precisamente el día sábado?”.

    “Cuando decía estas cosas sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacia»(v.17)

Mujer lectora
Mujer lectora


Ojala sea verdad que cada vez más personas, que siguen negando aún hoy, la injusta situación de muchas mujeres en el mundo, y en muchas de las religiones e Iglesias,  abran los ojos para descubrir su ceguera y sientan confusión y vergüenza y vayamos haciendo verdad esa igualdad fundamental.

Esta es nuestra esperanza que la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia no pare, que sigamos levantando nuestra voz, nuestras manos, nuestros cuerpos para protestar  hasta que la igualdad de haga costumbre.

Este es nuestro sueño y empeño y  a unirse a  él invitamos a toda la comunidad cristiana.


Texto base reelaborado, Martinez Oc

En la Iglesia con voz y voto

Revuelta de mujeres 2022: «En la Iglesia con voz y voto»

Este año en España la presencia de la Revuelta en las calles tiene un marcado carácter estatal por su extensión y estrategias de preparación: será el domingo 6M en torno a las 12:00 a.m (la mayoría participamos en las manifestaciones del 8M y, desde el inicio, decidimos no solapar ambas celebraciones).

En redes y otros medios están las convocatorias, hora y lugar de cada concentración/encuentro, y ya son dieciséis las ciudades “en Revuelta”: Vigo, Madrid, Valencia, Santiago de Compostela, La Rioja, Sevilla, Badajoz, Santander, Bilbao, Barcelona, Granada, Zaragoza, Vitoria, Gran Canaria, Almería, Córdoba.

Ya son dieciséis las ciudades en «Revuelta de mujeres en la Iglesia»

Invitamos con alegría a cuantas mujeres quieran incorporarse a este caudal de esperanza imparable y a los hombres, cómplices del mismo, que entienden que el reconocimiento de la dignidad y la igualdad de las mujeres es un bien comunitario que permite generar una Iglesia nueva, al estilo de Jesús, para todas y todos.

Como proclama una de las canciones de las revoltosas, elevada a himno.

¡REMAMOS!

UNA HISTORIA CORTA PERO FECUNDA

Cuando el 1 de marzo de 2020 en diferentes lugares del Estado nos congregamos, delante de catedrales y otros templos significativos, grupos de mujeres (y varones cómplices) que nos reconocíamos cristianas y feministas, no sabíamos qué sucedería a partir de entonces pero sentíamos una fuerza que no nos pertenecía aunque sí nos habitaba: era la Revuelta de Mujeres en la Iglesia/Alcem la Veu.

En aquellos momentos nos acompañaron algunos medios de comunicación interesados por el acontecimiento y hubo que recordar (les) que, desde siempre, había habido en nuestro país y en muchos otros, mujeres en la Iglesia que estaban en desacuerdo profundo con el lugar y el papel que tenían en la institución, que se reconocían bautizadas y que, desde ahí, su anhelo (y nuestro anhelo) de igualdad, como punto de partida hacia otros sueños, era irrenunciable.

En la Revuelta, la fundamentación teológica está acompañada de una indignación ética

La Revuelta, ayer y hoy, se reconoce heredera y profundamente agradecida a esas mujeres y a sus vidas.

El tiempo de pandemia nos ha permitido conocernos más y reconocernos, compartir momentos de reflexión, formación y celebración; nos ha dado oportunidad de generar redes con mujeres de otros países y continentes, hemos experimentado el enriquecimiento mutuo a partir de la diversidad y la utopía compartida, en camino hacia una Iglesia nueva.

La Revuelta ha ganado en hondura y extensión. Queremos seguir abiertas a la acción y aliento del Espíritu/Ruah en nosotras, al tiempo que lúcidas en nuestros análisis de la realidad: denunciando tantas situaciones de desequilibrio y desigualdad en que vivimos las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, teniendo especialmente presentes a las más vulneradas que, en tantas ocasiones, ni siquiera pueden alzar su grito.

EL SÍNODO DE LAS MUJERES y EL SÍNODO DE FRANCISCO

Al tiempo que se inauguraba en octubre de 2021 el Sínodo de la sinodalidad, convocado por Francisco para caminar juntas y juntos los bautizados y cuantos quieran acompañarnos, a nivel internacional, hemos iniciado un Sínodo de mujeres, convocado por el Catholic Women’s Council (Consejo de mujeres católicas, CWC) que culminará en Roma, en octubre de este año 2022. La Revuelta de mujeres en la Iglesia/Alcem la Veu participamos intensamente en el mismo.

En octubre, Francisco recibirá las conclusiones del Sínodo de las Mujeres.

Para este proceso se han elaborado materiales, ofrecido metodologías y articulado talleres, grupos de trabajo y encuentros abiertos en diferentes países y continentes para compartir experiencias con cuantas mujeres están interesadas en trabajar y alcanzar el pleno reconocimiento de su dignidad e igualdad en la comunidad eclesial.

El lema elegido para el Sínodo de las mujeres 2022 es: “Nosotras somos el cambio. Ven a construirlo”.

Para alcanzar los objetivos se ha organizado el trabajo de reflexión e intercambio de experiencias en torno a cinco ejes: “Situación de las mujeres en la Iglesia”, “Poder, participación y representación”, “Transparencia y rendición de cuentas”, “Vida sacramental”, “Resistencia y esperanza”. La metodología de trabajo se basa en el ver, juzgar y actuar, con perspectiva de género. 

La fundamentación teológica de los temas planteados está acompañada de una indignación ética que nos permite cuestionar la situación y lugar de las mujeres en la institución, y a concientizarnos, a nosotras y a otros, de que las cosas en la Iglesia pueden y deben ser de otra manera.

Las reflexiones y propuestas generadas en este proceso se entregarán a Francisco en octubre de 2022 en Roma. Creemos que lo recogido en el Sínodo de las mujeres puede ser un aporte indispensable para el Sínodo de la sinodalidad, aunque es necesario distinguir entre ambos para saber, en cada momento, en qué contexto estamos trabajando y moviéndonos.