El papel de la mujer en la Iglesia

Víctor Codina: «En este momento, las figuras más avanzadas en la Iglesia son mujeres»

Víctor Codina

El teólogo jesuita, Víctor Codina, muy clarividente en la ancianidad, dialoga con Sonia Herrera en torno al momento eclesial actual, la dirección que el Papa está imprimiendo a la Iglesia, la sinodalidad, la desafección religiosa de la población, la mujer… Luzysal se publica en catalán y en castellano. Se editan dos revistas al año que se envían por correo postal a toda la militancia y simpatizantes de ACO y también a todas aquellas personas que se suscriban

«Cuando parece que todo está perdido es el momento del espíritu». El teólogo jesuita, Víctor Codina, muy clarividente en la ancianidad, dialoga con Sonia Herrera en torno al momento eclesial actual, la dirección que el Papa está imprimiendo a la Iglesia, la sinodalidad, la desafección religiosa de la población, la mujer… en la última revista Luzysal de Acción Católica Obrera. En este sentido, y en cuanto al papel de la mujer en la Iglesia, Codina asegura que «en este momento, las figuras más avanzadas en todos los terrenos (Biblia, espiritualidad…) son mujeres: laicas, religiosas, cristianas, evangélicas…».

En este número también se han abordado las experiencias en marcha de diálogo interreligioso y qué es lo que aportan, con el dossier ‘Tradiciones religiosas y espirituales que dialogan en sociedades plurales’.

Mirada esperanzada

En el Editorial de este número de primavera-verano, Vigor evangélico, se repasa el
complejo momento en el que nos encontramos con una mirada esperanzada. El
decimoquinto número de Luzysal se completa con otros muchos temas, entre los que
destacan un reportaje sobre las trabajadoras del sector de los cuidados y una acción de apoyo que, desde la diócesis de ACO-Córdoba, impulsaron con este colectivo.

También conoceremos el génesis y la actividad actual de la ONG de Camerún a la que se destinó la aportación solidaria de ACO de este curso. La espiritualidad, en esta ocasión, se profundiza por medio de un Estudio de Evangelio que propone el consiliario Oriol Xirinachs, y donde desgrana el lema de este curso que finaliza en torno al grano de mostaza.

Consumo consciente

Y se conoce mejor otro movimiento de la Pastoral del Trabajo, las Hermandades del Trabajo. Por último, se propone reflexionar sobre el consumo consciente de la mano de los talleristas de Semana Santa y militantes Laia Garcia y Josep Anton Cordero. El número se remata con una bella fotografía cedida por Juan Carlos Tomasi, fotoperiodista de Médicos sin Fronteras, en torno a los matrimonios forzados en Níger y Nigeria. 

Luzysal se publica en catalán y en castellano. Se editan dos revistas al año que se
envían por correo postal a toda la militancia y simpatizantes de ACO y también a todasaquellas personas que se suscriban. La Comisión de comunicación de ACO es la responsable de la publicación, que también cuenta con un Consejo Editorial que
propone las principales líneas de contenido

La participación de las mujeres en la Iglesia

Neocardenal McElroy: «Las mujeres deben ser incluidas en el ministerio del diaconado»

McElroy, con el Papa Francisco
McElroy, con el Papa Francisco

«Lo que me fascinó fue el grado en que el papel de la mujer era un tema que los obispos latinoamericanos impulsaban con fuerza, tanto dentro de la Iglesia como de la sociedad»

«En el sínodo de la Amazonía, más de dos tercios, en mi opinión, estaban a favor de la ordenación de mujeres como diaconisas»

«Mi opinión es que las mujeres deben ser incluidas en cualquier ministerio que no esté doctrinalmente excluido y que es la gran mayoría de la vida de la iglesia, y los diáconos son uno de esos roles»

Discrepa de sus hermanos de Episcopado que considerar «preeminente» el aborto como prioridad pastoral, sin llegar a entender que, por ejemplo, como afirmó en 2020, «el número de muertos por el aborto es más inmediato, pero el número de muertos a largo plazo por el cambio climático sin control es mayor»

Por J. Lorenzo

Considerado como uno de los principales valedores no solo del pontificado del papa Francisco en los Estados Unidos, sino también de los impulsores del Concilio Vaticano II en una Iglesia conservadora como la de la principal potencia mundial, el arzobispo de San Diego, Robert McElroy (68 años) será creado cardenal en el consistorio del próximo 28 de agosto.

Su designación tiene una clara significación pues el Papa le impondrá la birreta por delante de otros «pesos pesados» del Episcopado estadounidense, como son los arzobispos Gómez o Cordileone, este muy alejado del pensamiento de Bergoglio.

¿Deber ser el aborto una prioridad «preeminente»?

No es el caso de McElroy, un arzobispo que discrepa de sus hermanos de Episcopado que considerar «preeminente» el aborto como prioridad pastoral, sin llegar a entender que, por ejemplo, como afirmó en 2020, «el número de muertos por el aborto es más inmediato, pero el número de muertos a largo plazo por el cambio climático sin control es mayor y amenaza el futuro mismo de la humanidad».

Robert McElroy
Robert McElroy

Pastor de una diócesis fronteriza, le preocupa mucho la cuestión de los migrantes y desde hace tiempo viene defendiendo la necesidad de dar una mayor b¡visibilidad al papel de la mujer dentro de la Iglesia. En este sentido, según ha declarado en una entrevista en NBC7 San Diego, se mostró partidario de que puedan llegar a ser ordenadas como diaconisas.

«Asistí al Sínodo sobre la Amazonia, tan predominantemente centrado en las cuestiones de la región amazónica. La mayoría de los obispos que estaban allí eran de la región amazónica, y así y sólo había unos pocos de otros países. El cardenal Molly, arzobispo de Boston, y yo éramos los únicos de los Estados Unidos. Lo que me fascinó fue el grado en que el papel de la mujer era un tema que los obispos latinoamericanos impulsaban con fuerza, tanto dentro de la Iglesia como de la sociedad», señala en la entrevista.

Más de dos tercios, a favor 

McElroy reconoce que que en aquellas regiones amazónicas, los obispos «tienen verdaderos problemas para ordenar suficientes sacerdotes, pero era más que eso», señala. «Era que en las comunidades de América Latina y en muchas de nuestras propias comunidades parroquiales aquí, las mujeres contribuyen con la mayor parte del liderazgo y las contribuciones voluntarias y profesionales que hacen que las parroquias funcionen y que nuestra diócesis funcione. Y en ese contexto, en ese sínodo, más de dos tercios, en mi opinión, estaban a favor de la ordenación de mujeres como diaconisas».

Robert McElroy, obispo de San Diego
Robert McElroy, obispo de San Diego

«Ahora bien -prosigue-, en realidad no lo aprobaron, y la razón es -y estoy de acuerdo con esta razón- que no querían tomar una posición doctrinal para la Iglesia Universal en un sínodo regional, pero claramente, afirmaron que sentían que esto era algo cuyo tiempo había llegado».

«Mi opinión es que las mujeres deben ser incluidas en cualquier ministerio que no esté doctrinalmente excluido y que es la gran mayoría de la vida de la iglesia, y los diáconos son uno de esos roles», apunta el neocardenal norteamericano, que hace el número decimosexto en la historia d los Estados Unidos.

Entrevista a Julia Moreno

Julia Moreno: “Hay que desempolvar una Iglesia abierta”

Esta laica de origen andaluz es la nueva portavoz de la Conferencia Episcopal de Suiza

Desde el 1 de agosto, el rostro de la Iglesia en Suiza es el de Julia Moreno, laica con origen andaluz designada como portavoz de la Conferencia Episcopal (CES) tras haberse ocupado de la comunicación en el cantón de Neuchâtel. A sus espaldas, un máster en sociología, formación en relaciones públicas y quince años trabajando en programas sanitarios en televisión.


PREGUNTA.- ¿Cuáles son las funciones de su nueva encomienda?

RESPUESTA.- Mis tareas en la CES son muy variadas, ya que incluyen, entre otras cosas, crear una nueva estrategia de comunicación, acompañar los pasos de los obispos, defender a nuestra Iglesia en los temas polémicos, fortalecer la confianza internamente y ante la población y las instituciones. Finalmente, mostrar, a través de una comunicación moderna, la belleza, la complejidad y los valores del mensaje de Cristo en el mundo.

P.- Seguramente, muchos se hayan extrañado de que una mujer ocupe este puesto en la Iglesia…

R.- Cuando llegué a Suiza con mis padres tenía dos años. Como emigrantes, pensamos que nos quedaríamos unos años y nos iríamos. Pero ellos, ambos de Bormujos, cerca de Sevilla, decidieron quedarse. Así que estudié aquí y hemos construido una buena vida.

Volver a lo esencial

P.- ¿Hay quien se haya podido extrañar de que una mujer ocupe este puesto?

R.- Mi nombramiento ha sido muy bien recibido en Suiza. Los puestos no sacerdotales son ocupados a menudo por laicos y las mujeres somos aceptadas. Damos a nuestros hijos toda la educación religiosa, trabajamos voluntariamente en nuestras parroquias, ponemos a disposición nuestro tiempo y nuestras capacidades al servicio de nuestra Iglesia desde siempre. En realidad, tenemos un magnífico conocimiento de la Palabra de Cristo. Comunicarla, más que un oficio para mí, es una misión y un honor.

P.- ¿Cuáles son las preocupaciones actuales de la Iglesia en Suiza?

R.- Como en toda Europa, supongo, nos preocupan los escándalos de abusos, el acceso de las mujeres al sacerdocio, que los movimientos homosexuales se sienten apartados, la búsqueda del ecumenismo manteniendo una fuerte identidad, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, la pérdida de confianza en la institución y los crecientes ataques en una sociedad muy secular e individualista. Afortunadamente, también hay muchas cosas hermosas para organizar y compartir. Debemos volver siempre al mensaje esencial: la Palabra de Cristo.

«Más sinodalidad, menos discriminación»

Mujeres, LGBTQ y divorciados: Los católicos suizos quieren que la Iglesia permita su ordenación sacerdotal

Reunión de pastores y fieles en su camino sinodal suizo
Reunión de pastores y fieles en su camino sinodal suizo

Cualquiera que espere exigencias duras se sentirá decepcionado al leer el informe final de Suiza. El tono es práctico, los deseos están bien medidos, pero muy claros

No hubo mucha participación en este proceso a pesar del despliegue mediático. Parte de la subestimación suiza consiste también en dejar claro el escaso interés que suscitó el proceso sinodal

 | RD/Agencias

Quienes tenían esperanzas de que el Camino Sinodal alemán prendiese en la Iglesia suiza, se sentirán decepcionados. No existe una vía sinodal suiza, pero alguna de las conclusiones que salen de esta fase de escucha diocesana de cara al Sínodo de 2023 en Roma, repiten pautas ya conocidas e igualmente revolucionarias.

Así, según recoge el portal oficial de la Iglesia suiza, «el informe final quiere una iglesia sinodal que reconozca la dignidad y la vocación real, sacerdotal y profética de los bautizados. En otras palabras, el bautismo es lo que cuenta. Y: las mujeres, los divorciados y los homosexuales también deberían poder ser ordenados».

Felix Gmür, presidente de la Conferencia Episcopal Suiza, ya había pedido que se evitara la palabra «exigencias» en las conclusiones de esta fase sinodal, habida cuenta de que han causado ya problemas en otras iglesias, como el choque entre la alemana y el Vaticano. Por eso, el tono ha sido comedido.

Mujeres e Iglesia suiza
Mujeres e Iglesia suiza

El informe final hace hincapié en dos puntos, según recoge la agencia de prensa eclesial suiza. «En primer lugar, ya no se debe excluir a las personas, por ejemplo, a las mujeres, los divorciados y las personas queer. Por otro lado, el informe final critica el clericalismo que todavía existe en algunos lugares. En este contexto, la sinodalidad sólo puede tener éxito ‘si se supera el clericalismo y se desarrolla cada vez más una comprensión del sacerdocio como elemento que promueve la vida de una iglesia más sinodal'».

Para el 77%, la Iglesia excluye a las mujeres

Se pidió a los fieles que se reunieran en grupos de y respondieran a 27 preguntas. Los resultados de las tres diócesis de habla alemana fueron claros. El 77% de los sinodales de la diócesis de Basilea opinan que la Iglesia excluye a las mujeres. Las demás diócesis eligieron sus propios caminos y se apoyaron principalmente en los grupos de diálogo de las parroquias. Pero aquí también se obtuvieron resultados similares.

Otra constatación que deja esta fase de escucha es que en Suiza hay más bien poco interés por el proceso sinodal puesto en marcha por el papa Francisco, ciñéndose casi exclusivamente a quienes están implicados en la parroquia o se siente cercanos a la Iglesia, de tal forma que, resumidos en cifras, se quedarían los participantes en menos del 1% de todos los católicos suizos.

Las mujeres en la Iglesia

Francisco: «La presencia de mujeres en la Iglesia no es una moda feminista, es un acto de justicia»

Entrevista al Papa Francisco en la CNN Portugal
Entrevista al Papa Francisco en la CNN Portugal

«En la administración normal de la Iglesia faltaban las mujeres. Ahora hay secretarias de dicasterio, la vicegobernadora del Vaticano es una mujer. ¿Y por qué no poner para la elección de obispos mujeres también?»

«Los informes más maduros que yo recibía para dar la ordenación sacerdotal a los seminaristas eran los que hacían las mujeres»

Por Jesús Bastante

«La Iglesia es mujer. La Iglesia. No es ‘el’ iglesia. Es mujer, es la esposa de Cristo. Y en la administración normal de la Iglesia faltaban las mujeres. Ahora hay secretarias de dicasterio, la vicegobernadora del Vaticano es una mujer. ¿Y por qué no poner para la elección de obispos mujeres también?». El Papa Francisco ‘cerró’ la segunda parte de su entrevista con CNN Portugal (que puedes leer íntegra aquí), emitida anoche, con un llamamiento a la plena inclusión de la mujer en puestos de responsabilidad en la Iglesia.

Una opción que, advirtió, «no es una moda feminista, es un acto de justicia», puesto que «culturalmente (la mujer) estaba dejada de lado». «¿Vos querés hacer algo por la Iglesia, meterte a monja? No. Puede ser una laica. Una laica que esté trabajando. Y acá en el Vaticano no solo los hombres, no, acá todos los bautizados tienen lugar», aclaró. También, ¿por qué no?, en la elección de obispos. «Los informes más maduros que yo recibía para dar la ordenación sacerdotal a los seminaristas eran los que hacían las mujeres», explicó.

«La mujer tiene un modo de llevar adelante las cosas distinto al nuestro, porque tiene, razona de otra manera, tiene maternalidad que es distinto», subrayó Bergoglio durante la entrevista, y agregó: «La mujer, y esto es una cosa que la quiero decir porque es un homenaje a la mujer, nunca abandona lo perdido»

En cuanto a la aptitud de las mujeres en la elección de los obispos, Francisco comparte que en su experiencia personal “l”.  Más aún agrega: “O sea, incluir a la mujer no es una moda feminista, es un acto de justicia que, culturalmente, estaba dejada de lado”.

15 titulares de la entrevista

Además de la cuestión de la mujer, los abusos o la guerra de Ucrania, la entrevista al Papa en CNN Portugal dejó muchos titulares. La propia cadena ha seleccionado 15 de ellos. Estos son:

Los abusos sexuales en la Iglesia

«El abuso de hombres y mujeres de iglesia, abuso de autoridad, abuso de poder y abuso sexual es una monstruosidad. Porque el hombre o mujer de iglesia, sea sacerdote, religioso, religiosa, o laico o laica, está llamado a servir, a crear unidad, a hacer crecer, y el abuso destruye siempre. Pero quiero ser muy claro en esto: el abuso es una realidad trágica de todos los tiempos, pero también de nuestros tiempos».  

«Y después te vienen con preguntas. «¿No será que el celibato…?» No es nada del celibato (…) porque en las familias no hay celibato y todo eso y a veces sucede. Entonces es simplemente la monstruosidad de un hombre o una mujer de iglesia que está enfermo psicológicamente o es malvado y usa su postura para su satisfacción personal. Es diabólico».  

«Una cosa muy clave es tolerancia cero. Cero. Un sacerdote no puede seguir siendo sacerdote si es abusador. No puede actuar porque es un enfermo o un criminal».

El papel de las mujeres

«La Iglesia es mujer. La Iglesia. No es ‘el’ iglesia. Es mujer, es la esposa de Cristo. Y en la administración normal de la Iglesia faltaban las mujeres. Ahora hay secretarias de dicasterio, la vicegobernadora del Vaticano es una mujer. ¿Y por qué no poner para la elección de obispos mujeres también?».  

 «Entrar a la mujer no es una moda feminista, es un acto de justicia (ya) que culturalmente estaba dejada de lado». ¿Vos querés hacer algo por la Iglesia, meterte a monja? No. Puede ser una laica. Una laica que esté trabajando. Y acá en el Vaticano no solo los hombres, no, acá todos los bautizados tienen lugar».

«La mujer tiene un modo de llevar adelante las cosas distinto al nuestro, porque razona de otra manera, tiene maternalidad que es distinto», dijo, y agregó: «La mujer, y esto es una cosa que la quiero decir porque es un homenaje a la mujer, nunca abandona lo perdido»

Las divisiones en la Iglesia por el Sínodo

«Gracias a Dios que es guerra civil. Peor sería, peor sería una guerra eclesiástica. En todos los procesos están los que van bien con el proceso, los que van más adelante y los que van más atrás».

La guerra en Ucrania

«Yo siempre creo que dialogando siempre se va adelante. ¿Sabe quién no sabe dialogar? Los animales. Son puro instinto»

«Hago lo que puedo y pido a toda la gente que haga lo que pueda. Entre todos se puede hacer algo. Y acompaño desde mi dolor y mi oración a todo lo que puedo. Pero es muy trágica situación»

El diálogo interreligioso

«Yo tenía cuatro años, cuatro años cuando escuché la primera palabra ecuménica de mi abuela. Íbamos caminando por la calle y por la vereda de enfrente venían dos señoras del Ejército de Salvación (…). Y yo le dije a mi abuela ‘esas señoras son monjas’. Y mi abuela dijo ‘son protestantes, pero son buenas’. Es la primera palabra ecuménica que yo escuché. Ese ver que Dios actúa a través de las culturas, a través de tradiciones religiosas de otra manera».  

El sentido del humor

«Hace más de 40 años que rezo la oración para pedir el sentido del humor de Santo Tomás Moro».

La pregunta a los fieles

«Mira la ventana y pregúntate: ¿Tu vida tiene una ventana abierta? Si no la tiene, abrila cuanto antes. No estar con las narices a la pared ni un problema de lo que sea. Saber que estamos caminando hacia el futuro. Que hay un camino. Mira el camino. No te encierres en vos mismo». 

JMJ Lisboa 2023

«El papa va a ir. O va a Francisco o va Juan XXIV, pero va el papa». 

Sínodo de las mujeres en la Iglesia

Sínodo de las mujeres – Nosotras somos el cambio 

En noviembre de 2019 algunas asociaciones e iniciativas de mujeres católicas y órdenes religiosas femeninas de Austria, Alemania, Liechtenstein y Suiza constituyeron una red con el objetivo de mostrar el sentir de muchas mujeres en la Iglesia Católica y de reivindicar la dignidad y la igualdad de las mujeres dentro de ella. Esta red se convirtió en una organización global en enero de 2020 bajo el nombre de Catholic Women’s Council (CWC).

Para alcanzar su objetivo de hacer visible la situación de todas las mujeres que se sienten parte de la Iglesia, el CWC inició un tiempo de “peregrinaje”, durante el cual poder profundizar en los temas que preocupan a las mujeres y recoger sus propuestas para presentarlas al Vaticano. Este peregrinaje se inició, con mucha ilusión, ofreciendo un espacio de reflexión en torno a 5 temas clave relacionados con las mujeres y su situación, la participación, la corresponsabilidad, la misión en la Iglesia y el seguimiento de Jesús de Nazaret. Aprovechando la oportunidad que nos brinda el Sínodo de la Sinodalidad convocado por el Papa Francisco, las conclusiones de este trabajo se entregarán en la oficina del Sínodo a finales de septiembre de 2022.

Los 5 ejes propuestos son:

  1. Situación de las Mujeres en la Iglesia
  2. Poder y participación
  3. Estructura y transparencia
  4. Vida sacramental
  5. Resistencia y esperanza

Formado por más de 45 grupos, movimientos y redes de la Iglesia a nivel internacional, diversos pero con un sueño común, el CWC ha ido dando pasos en la organización de su estructura. En la actualidad el CWC funciona con un Comité Ejecutivo formado por 12 mujeres que lideran la dinámica de trabajo y las acciones a realizar. Ellas representan, a su vez, a grupos organizados por regiones: Asia, Norte América, Australia, Reino Unido, Centro Europa, África y Latinoamérica-España-Caribe. El grupo de Latinoamérica-España-Caribe decidió denominar a esta peregrinación el “Sínodo de las mujeres” y también se organiza con una Comisión Ejecutiva y tres Comisiones de trabajo (Talleres, Contenidos y Comunicación).

La dinámica de trabajo del Sínodo de las mujeres es la siguiente:

En diciembre de 2021 se lanzó una encuesta en castellano y portugués contestada por más de 3000 mujeres, y poco después otra internacional en varios idiomas, que fue respondida por 13.000 mujeres de todo el mundo. Estas encuestas han permitido realizar un primer sondeo de cómo se sienten, cómo viven la fe y qué les preocupa a las mujeres dentro de la Iglesia Católica. A partir de estos datos se elaboró una propuesta de trabajo en talleres, que se fueron realizando de enero a julio de 2022 en pequeños grupos de mujeres, presencial o virtualmente según la situación sanitaria de cada lugar. La dinámica de los talleres se basó en una adaptación de metodología del Ver, Juzgar y Actuar reformulada desde el sentipensar de las mujeres. Se dividió la reflexión en cuatro momentos:

  1. Marco referencial. Presentación a modo de contexto para introducir la reflexión. Este marco pretendía responder a la pregunta ¿de qué estamos hablando en este eje? Esta parte se hizo mediante videos cortos.
  2. Nuestra experiencia. Se propusieron dinámicas que favorecieran verbalizar y visibilizar y recoger la experiencia de todas las mujeres participantes.
  3. Sospechamos. Iluminación y fundamentación teológica de los temas abordados, que ponga en cuestión la situación de las mujeres en la Iglesia y abra las puertas a nuevas maneras de experimentar la fe en comunidad.
  4. Recreamos. Escuchar las propuestas concretas que tienen las mujeres para cambiar la situación actual desde la esperanza, la creatividad y la sabiduría propias.

Para cerrar el trabajo de cada eje se realizaron encuentros internacionales virtuales, con la participación de todos los grupos del mundo que forman parte de la peregrinación. En estos encuentros se puso en común el resultado del trabajo en cada región y se escuchó la voz de teólogas de los cinco continentes. Estos encuentros fueron momentos de gran intensidad, en los que participaron cientos de mujeres de gran diversidad cultural, de edad, de contexto geográfico… En estos encuentros hubo momentos de oración, de compartir y debatir con gran riqueza y libertad. Se puso de manifiesto con claridad el malestar que muchas mujeres de todo el mundo sienten por una situación claramente injusta y alejada del deseo de Dios para la humanidad. Sorprendió y alegró, en medio de la diversidad, la gran confluencia en diagnósticos, vivencias y propuestas. Se hicieron visibles experiencias creativas y solidarias que mujeres de muchos lugares están llevando a cabo. En estos encuentros se experimentó, realmente, el aliento de la Ruah.

Durante los meses de julio y agosto todas las conclusiones recogidas se plasmarán en un documento final que será presentado en la oficina sinodal en Roma a finales de septiembre de 2022.

Septiembre 2022 no es el final del camino… sólo el comienzo.

Durante el camino iniciado se ha puesto de manifiesto la fuerza, la resistencia y la esperanza de tantas mujeres que viven la fe y construyen desde la sororidad una Iglesia al estilo de Jesús. Y también tantas otras mujeres que se sienten fuera o se han ido de la Iglesia Católica porque se han sentido excluidas, desplazadas o ninguneadas, a las cuales esta propuesta les ha devuelto la esperanza y la alegría. Por ellas seguiremos proponiendo, alentando, animando y peregrinando ¡hasta que la igualdad y la dignidad se hagan costumbre! Porque nosotras somos el cambio.

Las mujeres en la Iglesia

Boff: «No hay ninguna barrera doctrinal ni dogmática que impida el acceso de las mujeres al sacerdocio»

El sacerdocio de las mujeres
El sacerdocio de las mujeres

«Seguían a Jesús no sólo apóstoles y discípulos, sino también muchas mujeres que le garantizaban la infraestructura. Ellas nunca traicionaron a Jesús, lo cual no se puede decir de los Apóstoles, especialmente del más importante de ellos, Pedro. Después de la prisión y la crucifixión todos huyeron. Ellas se quedaron al pie de la cruz»

«Si una mujer, María, pudo dar a luz a Jesús, su hijo, ¿cómo no va a poder representarlo sacramentalmente en la comunidad?»

«Estamos, pues, a favor del sacerdocio de las mujeres dentro de la Iglesia romano-católica, escogidas y preparadas a partir de las comunidades de fe. Les corresponde a ellas darle una configuración específica, diferente de la de los hombres»

Por Leonardo Boff

Fue un gran paso, pero solamente el primero, la nominación de tres mujeres em el Dicasterio de los Obispos, responsable por la elección de los obispos en la Iglesia. Tenemos la esperanza de que apenas se abrió una pequeña puerta para las mujeres cristinaas puedan participar de todos los oficios y servicios al Pueblo de Dios.

Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica, ya en su primera cuestión, al abordar el objeto de la teología, dejaba claro que ella puede abordar cualquier tema, siempre que lo haga a la luz de Dios. En caso contrario perdería su pertinencia. Por lo tanto, en esta perspectiva, cabe preguntarse acerca del sacerdocio de las mujeres, realidad que les fue negada en la Iglesia romano-católica. Y considerar las buenas razones teológicas que garantizan su conveniencia.

El Papa con Maria Lia Zervino
El Papa con Maria Lia Zervino

Antes de todo hay que afirmar que la dimensión de lo femenino no es exclusiva de las mujeres, pues tanto los hombres como las mujeres son portadores, cada cual en su propio modo, de lo masculino y de lo femenino. Esto vale también para Jesús de Nazareth, plenamente humano como es plenamente divino.

El así llamado “depósito de la fe”, es decir, la positividad cristiana no es una cisterna de aguas muertas. Ella se reaviva confrontándose con los cambios irrefrenables de la historia, como en el caso suscitado por el Sínodo de la Amazonia y ahora suscitado por las tres mujeres que van a participar del Dicasterio de los Obispos.

Así, en todo el mundo se verifica cada vez más la reafirmación de la paridad de la mujer, en dignidad y derechos, con el hombre. Comprensiblemente no es fácil desmontar siglos de patriarcalismo que implica disminuir y marginar a la mujer. Pero lenta y consecuentemente las discriminaciones van siendo superadas y, en ciertos casos, hasta castigadas. En la práctica, todos los espacios públicos y las más diversas funciones están abiertas a las mujeres. ¿Vale esto también para el sacerdocio de las mujeres dentro de la Iglesia romano-católica? En las Iglesias evangélicas, en la anglicana y también en el rabinato, las mujeres han sido admitidas en la función antes reservada sólo a los hombres.

Las nuevos miembros de la Congregación para los Obispos
Las nuevos miembros de la Congregación para los Obispos

Hasta fecha reciente la Iglesia romano-católica, en los estratos de la más alta oficialidad, se negaba a plantear la cuestión, especialmente con Juan Pablo II. Ella quedó rehén de la secular cultura patriarcal, pero no puede convertirse en un bastión de conservadurismo y anti-feminismo en un mundo que avanza hacia la riqueza de la relación hombre y mujer. El Papa Francisco tiene el mérito de plantear las cuestiones pertinentes del mundo de hoy, como la cuestión de la moral matrimonial o el tratamiento a los homoafectivos y a otras minorías.

Como afirmaba aún en el siglo pasado una feminista, A. van Eyde: «El bien del hombre y de la mujer son interdependientes. Ambos quedarán lesionados si en una comunidad uno de ellos no puede contribuir con toda la medida de sus posibilidades. La Iglesia misma quedaría herida en su cuerpo orgánico si no diese cabida a la mujer dentro de sus instituciones eclesiales» (Die Frau im Kirchenamt, 1967: 360).

La minuciosa investigación de teólogos y teólogas del más alto nivel como Karl Rahner ha demostrado que no hay ninguna barrera doctrinal ni dogmática que impida el acceso de las mujeres al sacerdocio.

La ordenación de mujeres, reflexión presente en el Sínodo
La ordenación de mujeres, reflexión presente en el Sínodo

En primer lugar, hay que recordar que hay un solo sacerdocio en la Iglesia, el de Cristo. Los que vienen bajo el nombre de “sacerdote”, son sólo figuras y representantes del único sacerdocio de Cristo. Su función no puede ser reducida, como sostiene la argumentación oficial, al poder de consagrar. Se puede decir que toda la vida de Cristo es sacerdotal: se presentó como un ser-para-otros, defendió a los más vulnerables, también a las mujeres, predicó fraternidad, reconciliación, amor incondicional y perdón. No sólo en la última Cena se muestra sacerdote, sino en toda su vida, es decir, fue un creador de puentes y de reconciliación.

La función del sacerdote ministerial no es acumular todos los servicios, sino coordinarlos para que todos sirvan a la comunidad como lo ha expuesto muy bien en muchos escritos el Cardinal Walter Kasper. Por el hecho de presidir la comunidad, preside también la eucaristía. Este servicio (que San Pablo llama “carisma”, y son muchos) puede muy bien ser ejercido por las mujeres como se muestra en las iglesias no romano-católicas y en las comunidades eclesiales de base.

Y habría razones de las más convenientes que fundamentan tal ministerio por parte de las mujeres.

En primer lugar, la primera Persona divina en venir al mundo fue el Espíritu Santo, que asumió María para engendrar en su seno a la segunda Persona, el Hijo encarnado, Jesucristo (Lc 1,35). El Hijo solo vino después del “fiat” (el sí) de María.

Jesús se aparece a sus discípulos
Jesús se aparece a sus discípulos

Seguían a Jesús no sólo apóstoles y discípulos, sino también muchas mujeres que le garantizaban la infraestructura. Ellas nunca traicionaron a Jesús, lo cual no se puede decir de los Apóstoles, especialmente del más importante de ellos, Pedro. Después de la prisión y la crucifixión todos huyeron. Ellas se quedaron al pie de la cruz.

Fueron ellas las que primero, en una actitud genuinamente femenina, acudieron al sepulcro para ungir el cuerpo del Crucificado.

El mayor acontecimiento de la fe cristiana, la resurrección de Jesús, fue testimoniado en primer lugar por una mujer, María Magdalena, hasta el punto de que S. Bernardo dijese que ella fue “apóstol” para los Apóstoles.

Si una mujer, María, pudo dar a luz a Jesús, su hijo, ¿cómo no va a poder representarlo sacramentalmente en la comunidad? Aquí hay una contradicción flagrante, sólo comprensible en el marco de una Iglesia patriarcal, machista y compuesta de célibes en el cuerpo de dirección y de animación de la fe.

Lógicamente, el sacerdocio femenino no puede ser una reproducción del masculino. Sería una aberración si así fuera. Debe ser un sacerdocio singular, según el modo de ser de la mujer, con todo lo que denota su feminidad en el plano ontológico, psicológico, sociológico y biológico. No será la sustituta del sacerdote. Realizará el sacerdocio a su propio modo.

Mons. Erwin Kräutler, presidente de la REPAM-Brasil
Mons. Erwin Kräutler, presidente de la REPAM-Brasil

Estamos, pues, a favor del sacerdocio de las mujeres dentro de la Iglesia romano-católica, escogidas y preparadas a partir de las comunidades de fe. Les corresponde a ellas darle una configuración específica, diferente de la de los hombres.

De hecho, en las comunidades cristianas de base, particularmente en lugares lejanos, como en el interior de la Amazonia, hacen todo lo que un sacerdote hace, solamente no pueden presidir la comunidad y así consagrar.

Por eso que muchos obispos, especialmente Erwin Kräutler, de la diócesis más grande del mundo, del rio Xingú en la Amazonia, proponía al Papa cambiar la fórmula: no decir “viri probati” sino “personae probatae”, incluyendo así a las mujeres, com lo cual el Papa estaba concorde. La situación demasiadamente clerical y masculina de la jerarquía jamás iba a aceptar este cambio. Lo que podría provocar un cisma en la Iglesia.

Pero, vendrán tiempos en los que la Iglesia romano-católica acomodará su paso al del movimiento feminista mundial, con otras Iglesias cristianas que tienen mujeres como presbiteras y incluso obispas, y con el propio mundo, hacia una integración del “animus” y del “anima” para el enriquecimiento humano y también de una experiencia cristiana más integral y finalmente en beneficio  de la propia Iglesia

LAS MUJERES Y EL DISCERNIMIENTO

col aznarez

I.- El discernimiento y los jesuitas:

Al inicio del proceso sinodal, en el Discurso del Papa Francisco pronunciado el sábado 9 de octubre de 2021 en el Vaticano (Aula Nueva del Sínodo), al poco de comenzar Discurso, el discernimiento ya es mencionado: “Y para comenzar un discernimiento en nuestro tiempo, siendo solidarios con las fatigas y los deseos de la humanidad”. Recordó el Papa más adelante, lo siguiente, que es esencial y que muchos parecen olvidar: “El protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo”.

Luego el Papa constató el malestar y sufrimiento de numerosos agentes pastorales, de los organismos de participación de las diócesis y de las parroquias, y también de “las mujeres que a menudo siguen quedando al margen”. El 10 de octubre de 2021, en la Homilía de la Santa Misa de Apertura del Sínodo de los Obispos, el Papa señaló que discernir es uno de los tres verbos del Sínodo, que es camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial.

No es sorprendente que un Papa que es jesuita, perteneciente a la Societatis Iesu, emplee con tanta frecuencia el sustantivo “discernimiento”, que es un elemento base, decisorio, de la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, que está en sus Ejercicios Espirituales y en otros textos. Ya en la importante Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), fechada el 24 de noviembre de 2013, a meses apenas de haber sido elegido Papa (que lo fue el 13 de marzo de 2013), la palabra discernimiento aparece once veces.

Ese repetido empleo de terminología tan jesuítica, da pie pensar que el Sínodo (2021-2023) tenga en sus fases originales y de inicio una fundamental influencia e impulso por parte de la Compañía de Jesús, que si siempre estuvo muy ligada al Papado, incluso por voto especial, ahora lo está mucho más, en tiempos en los que el Papa es también jesuita (S.J.) Y la discreción de la Compañía, muy agazapada, sin sobresalir en los primeros sitiales del Sínodo, promovido –reitero- por un Papa jesuita, es prueba de prudencia ante lo que pudiera ocurrir en el futuro, acaso indeseable, y de un vital instinto de conservación por parte de la varonil y militante orden religiosa, cuyo Fundador, de cojera por herida de guerra, no quiso hijas, hermanas o madres a su lado.

Es curioso constatar la evolución radical de los jesuitas en la Historia de la Iglesia. En tiempos contemporáneos, siguiendo las directrices y mandatos del documento final de la Congregación General, la número 32, que eligió General al Padre Arrupe, los jesuitas están a la cabeza del progresismo y son su avanzadilla en el mundo eclesiástico. Antes, en anteriores tiempos, cerca del Renacimiento, y más tarde, en tiempos de la Modernidad, los jesuitas hicieron el papel de “contras”, pues fueron los protagonistas del fenómeno de la “Contra-reforma” primero (respuesta católica a la reforma protestante de Lutero, que comenzó en el siglo XVI) y de la “Contra-revolución” después en el siglo XIX, esenciales en el Papado del anti/modernista Pio IX, agrupados en torno a la revista Civiltà Cattolica, e inspiradores de la extremista encíclica Quanta Cura y Syllabus, en 1864. Es normal que los del magis (del siempre más), difíciles a clasificar por ser muy plurales, transiten con facilidad de la contra al pro, o del pro a la contra.

Sobre ello algo ya escribimos, aquí, en Religión Digital, cuando titulamos El jesuita con tricornio, en referencia al Padre Pirrone. confesor del príncipe Salina en la novela siciliana El Gatopardo. Y para leer un análisis detallado del papel desempeñado por los jesuitas en el largo y fundamental Papado de Pío IX, se recomienda el libro de Jean Lacouture, Jesuitas, editado por Seuil, en 1991.

II.- Peligros del discernimiento:

Es de valentía y hay que tener mucho arrojo para animar a fieles a discernir en el seno de una Iglesia y Religión, pues puede producirse, con facilidad, una confusión entre lo que son pensamientos del discernimiento adecuados, muy aplaudidos por unos, y pensamientos de discernimiento inadecuados, de supuestas apostasías, cismas y herejías, muy rechazados por otros. Insisto en que hay que tener mucho cuidado, para no llevarse sorpresas, pues se conocen los inicios y nunca los finales en las incitaciones al discernimiento, colectiva e individualmente, siendo de evitar las tentaciones al fuego, salvo que se sea un pirómano, allí donde hay materias tan combustibles como son los dogmas y los anatemas, de tanta tradición católica, no siendo fortuito que el concilio de Letrán en 1215, que definió el dogma, fuera el de la institución de la Inquisición.

Siempre se dijo que a los alemanes y a sus aprendices, incluidos los españoles, enloquece la metafísica y, naturalmente, la teología, con sus cóncavos o picudos discernimientos, siendo esa la causa de tanta locura, de extremismo y de tantos extremistas a lo germánico, que, al igual que Goethe, hablan alemán en la intimidad, entretenidos en fuegos fatuos. Muchos consideran normal lo que ocurre ahora a los alemanes, en su Sínodo, como se consideró normal lo que les ocurrió en su exitoso Concilio, el Vaticano II, que tanto influyeron, aunque ya protestaban de todo y protestándolo todo. Algunos dirán que de aquellos polvos conciliares resultan los presentes barros sinodales. De lo que estoy seguro es que lo último nunca lo reconocerá el cardenal Kasper, que ahora, bélicamente, discursea sobre “golpes sinodales de Estado”, asunto tenebroso por venir de un germano.

Más dejemos, por ahora, los radicalismos sinodales de los alemanes y alejémonos también de los de alguna diócesis, más o menos española. Bástenos la llamada “ponderación”, nada revolucionaria de la Conferencia Episcopal Española, la  cual, en la conclusión de la fase diocesana del Sínodo 2021-2023, el 11 de junio de 2022 (Asamblea Final Sinodal de la Iglesia en España), señaló que la participación sinodal había sido principalmente de personas ya implicadas en la vida de la Iglesia, mayoritariamente mujeres, y que entre los temas de más fuerte resonancia en el proceso sinodal, el primer lugar lo ocupó el papel de la mujer en la Iglesia.

III.- Ya en lo femenino:  

Es normal que la llamada “Revolución feminista”, que nació en el siglo XIX y que continúa exitosa en el siglo XXI, golpease las puertas de los tres monoteísmos, el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo, considerados baluartes o fortalezas del llamado patriarcado, y con unos textos fundamentales, por ser palabra de Dios, de un “Dios Padre”, tachados por ser de apoteosis masculina. Surge una diferencia entre el cristianismo y los otros dos monoteísmos, pues en los Evangelios la posición de Cristo hacia la mujer no puede ser menos patriarcal y más liberadora, de profundo respeto. Emmanuelle Seyboldt, cristiana protestante y “pastora”, escribió: “Los evangelios presentan a Jesús de una manera que se pudiera calificar de feminista”.

Acaso no tanto, pero son de recordar en sentido favorable a la mujer, episodios evangélicos como el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (San Juan, 4, 8-43), la discusión con Marta (Lucas, 10, 38-42) y ese fascinante episodio de Jesús con la mujer adultera (San Juan, 8, 1-11), en el que, sorprendentemente, Jesús escribió en la arena sin saber el qué (“Jesús, inclinándose hacia abajo, escribía con el dedo en la tierra”). Esos tres episodios están magníficamente comentados en la Edición de Antonio Piñero, Los Libros del Nuevo Testamento, editorial Trotta 2022, 2ª edición, páginas 1336 y siguientes, 835 y siguientes, y 1358 y siguientes. A esos tres “episodios”, habrá de añadirse un cuarto, que consta en los cuatro Evangelios canónicos, acerca de la presencia de mujeres, María Magdalena, María la de Jacobo y José, y la madre de los hijos del Zebedeo; un cuarto muy importantes, pues inició el relato acerca de la Resurrección del Señor, esencial en el Cristianismo. 

Mucho y trascendental debió ocurrir para pasar de unos textos tan respetuosos hacia lo femenino, a la realidad, la de la Iglesia católica, de una religión muy clerical a base de varones, denunciado por el mismo Papa y siendo conclusión de la fase sinodal diocesana la denominada superación del clericalismo. Acaso en ello haya un deseo divino, propiciador de la  sequedad vocacional, y que sin las mujeres no sea superable el galopante secularismo. Y aquí procede hacer  tres observaciones:

A).- Los textos de la Biblia judía y del Corán, referidos a la mujer, nada de parecido tienen con los Evangélicos antes indicados, tan de delicadeza femenina. La lectura en clave femenina de los textos judíos y musulmanes han de exigir interpretaciones y hermenéuticas que no precisan los textos cristianos, pues a estos bastará quitarles la roña acumulada y no esconderlos. A dicho efecto sirve de prueba el libro escrito a tres voces por la cristiana Emmanuelle Seyboldt, la judía Floriane Chinsky y la musulmana Kahina Bahloul, titulado Mujeres y dioses, publicado en Francia en 2021 y ahora es muy actual por la conclusión de la fase diocesana del Sínodo. En ese libro se trata de dar respuesta al asunto del papel de las mujeres en las tres religiones, tan marcadas por siglos de patriarcado, y ello a través del diálogo a tres, de  una mujer “pastor” en una Iglesia protestante, de una mujer “rabino” en una Sinagoga judía  y de una mujer “imán” en una Mezquita. Interesante el reportaje sobre Kahina publicado el pasado 17 de junio en ABC,  si bien la apellida indebidamente, Bahlqui.

B).- Se destaca la enorme importancia del clericalismo católico, de alguna equivalencia o parecido al clericalismo musulmán del Chiismo, y no existiendo clérigos ni en el Judaísmo ni en el Sunismo musulmán, pues ni los rabinos ni los ulemas e imanes son clérigos en sentido estricto. Es de señalar lo ocurrido en los años 1980-1990, con la llegada al poder en Irán de los clérigos chiítas encabezados por el ayatollah Khomeyni: una llegada que supuso una conquista del Poder, preocupación y ocupación primordial de hombres clérigos, y, además, una revisión fundamentalista de textos musulmanes y de prácticas, con la consiguiente apoteosis de lo masculino y un endemoniar lo femenino. Basta observar la realidad de las mujeres en Irán, hoy.

C).- Es de juristas y de Justicia no generalizar sobre clérigos, pues unos o muchos son ejemplares y otros, en especial, los ya en la jerarquía, son del “ordeno y mando”, del abuso de superioridad y del prevalimiento, que encubren el miedo, miedo al otro sexo. Frente a ellos, a las mujeres queda no sólo el reproche, incluso el de las más altas autoridades eclesiásticas, sino también la denuncia por pisotear dignidades humanas. Y traigo a colación la reciente sentencia, de uno de Junio de 2022, la número 544,  de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, presidida por el sabio magistrado don Manuel Marchena, discípulo, por cierto, de los jesuitas de Deusto. Y una Sentencia que cita al filósofo Rawls, recordando lo que llamó “el deber de civilidad”, que ha de estar ínsito en los que dicen estar sujetos al “deber de religiosidad”. 

(Deberá continuar con el asunto de los cuerpos, también el de las mujeres, con la peculiaridad cristiana de un Dios encarnado, con ese texto tan peculiar que es El Cantar de los Cantares y con los monoteísmo “liberales” en el Islam y Judaísmo, regidos por mujeres)

El Sínodo de la Iglesia australiana

Los obispos australianos ceden y hacen suya la petición sobre el diaconado femenino

Unas mujeres se abrazan durante las sesiones
Unas mujeres se abrazan durante las sesiones 

El Consejo Plenario ha acordado que la Iglesia en Australia haga suya la petición de “implementar” el diaconado femenino, siempre y cuando el conjunto de la Iglesia universal lo permita

También se insta a que las mujeres formen parte de las estructuras de gobierno diocesanas, razón por la cual las diócesis se han de comprometer “a encontrar nuevas oportunidades para que las mujeres participen en los ministerios”

Por José Lorenzo

Finalmente, el Consejo Plenario de Australia, celebrado durante esta pasada semana en Sidney, acordó proponer una serie de reformas históricas sobre el papel de la mujer en la Iglesia tras una serie de jornadas muy tensas que, incluso, provocó un plante de más de 60 de los 270 miembros cuando el voto deliberativo de menos de una treintena de obispos bloqueó una moción para formalizar el apoyo a la ordenación de mujeres como diáconos.

Ahora, el Consejo Plenario ha acordado que la Iglesia en Australia haga suya la petición de “implementar” el diaconado femenino, siempre y cuando el conjunto de la Iglesia universal lo permita. En este sentido, hay que recordar que, en el año 2016, el papa Francisco nombró una comisión para estudiar la posibilidad del acceso femenino al diaconado y el tema fue objeto de debate también durante el Sínodo para la Amazonía.

El arzobispo de Sidney,  Anthony Fischer, durante el plenario
El arzobispo de Sidney, Anthony Fischer, durante el plenario

Incluirlas en las estructuras de gobierno

Además de esta histórica petición, el Consejo Plenario Australiano ha acordado igualmente que las mujeres formen parte de las estructuras de gobierno diocesanas, razón por la cual las diócesis se han de comprometer “a encontrar nuevas oportunidades para que las mujeres participen en los ministerios”, según informa The Tablet.

Estas cuestiones fueron aprobadas en la última sesión del Consejo Plenario y ponían punto final a un proceso deliberativo que ha implicado a más de 220.000 personas durante los cuatro últimos años en la Iglesia australiana.

Documento consensuado

La hermana Melissa Dwyer, que formó parte del comité del Consejo Plenario, en declaraciones a The Catholic Weekly, periódico de la archidiócesis de Sydney, afirmó que ahora “estoy segura de que es un documento [el que aborda el diaconado femenino] que realmente honra el espíritu de la sala”.

“Al mismo tiempo, también confío en que hemos tenido en cuenta la inspiración original que vino de esas miles de personas que han formado parte de este viaje desde el principio de las diferentes fases de escucha y discernimiento”, concluyó.

La belleza del sacerdocio de Cristo

La novedad del sacerdocio de Cristo y lo que nos están diciendo las mujeres

Fue muy difícil para los primeros cristianos, que conocían y sufrían a los sacerdotes del templo de Jerusalén, llamar a Cristo sacerdote. Es que Cristo es Jesús y en él no se veían los rasgos del antiguo sacerdocio…

Aun así, los cristianos fueron también comprendiendo que lo que los viejos sacerdotes querían sin lograr era lo que Jesús alcanzaba con su simple humanidad, y humanidad sin añadidos sacros.

Toda mujer y todo varón si son realmente humanos, esto es si se donan en el amor, son sacerdocio de Cristo y Cristo continúa en ellos y ellas lo que empezó en Jesús.

Desafortunadamente, la belleza del sacerdocio de Cristo y su alcance se fue reduciendo desde muy temprano en la historia de la Iglesia y llegó a ser mutilado y a perder su posibilidad.

Cuando las mujeres hablan del sacerdocio se piensa a menudo que están reclamando poder y cuesta caer en la cuenta de que lo que quieren es vivir su propio ser, su humanidad.

El sacerdocio, que no es prerrogativa de ningún sexo, que es llanamente Cristo en nuestra carne, no es un reclamo de poder de nadie, es siempre expresión de lo que somos y lo que nos hace hombres y mujeres, humanidad donada. Y la experiencia nos dice que esta humanidad donada se realiza de modo especial en la mujer, que concibe vida, que la gesta, que la lucha, que la acompaña, que no la deja morir. 

Se trata de entender el sacerdocio de Cristo desde la humanidad de Jesús y la de todos los que con él donan su propia vida y especialmente la mujer que es fuente de vida:  el sacerdocio tiene en ellas la oportunidad de salir definitivamente del templo, como lo quiso Jesús, y hacer la experiencia de Dios desde el propio cuerpo, en lo cotidiano, en la relación. 

Por Jairo Alberto Franco Uribe

Fue muy difícil para los primeros cristianos, que conocían y sufrían a los sacerdotes del templo de Jerusalén, llamar a Cristo sacerdote.  Es que Cristo es Jesús y en él no se veían los rasgos del antiguo sacerdocio: no se separaba de la gente y no se recluía en espacios sagrados, no vestía con distintivos ni marcaba diferencias con nadie, no tenía mucha cuenta de las purificaciones y otros ritualismos y hasta quebraba preceptos tan sagrados como el del sábado, no sacrificaba animales y no andaba en ceremonias y sí en la vida diaria, se relacionaba y hasta se dejaba tocar de las mujeres y aún de las samaritanas y extranjeras;  no tenía problemas en acercarse a los muertos y hasta darles vida; además, comía y bebía con gente no muy religiosa y sí de muy mala fama: para nada era pues sacerdote según lo establecido en la religión.

 Aun así, los cristianos fueron también comprendiendo que lo que los viejos sacerdotes querían sin lograr era lo que Jesús alcanzaba con su simple humanidad, y humanidad sin añadidos sacros: su cercanía, ternura, amistad, compasión, preocupación, bondad daban acceso al misterio de Dios y alcanzaban salvación; así fueron intuyendo que Jesús era realmente sacerdote, porque unía a Dios y salvaba, y que en él se cumplían los propósitos no logrados hasta ahora por los funcionarios del templo; las casas y las calles se volvieron lugar de la presencia de Dios, lo que lo distinguía como sacerdote era el don de sí mismo y no el sacrificio de animales, la cotidianidad y no las ceremonias eran ya la ocasión para el encuentro con la divinidad, ser para los demás en la misericordia era la forma de dar gloria a Dios. 

 Y es así como la carta a los hebreos, después de un largo proceso, llegó a concluir que Cristo sí era sacerdote, y más todavía, el único sacerdote y esto porque se había hecho humano en Jesús;  hacerse humano en Jesús le posibilitó a Cristo ser sacerdote de verdad y cumplir el deseo de toda la historia del pueblo de estar unidos a Dios y de tener salvación.  A propósito de esto, Jon Sobrino nos recuerda que lo que es sacerdotal en Cristo es su humanidad y que “lo que permite el acceso a Dios es la cercanía con lo humano”. 

 Sí, y también lo fueron reflexionando los cristianos, la carne de Jesús, la que Cristo tomó para ser sacerdote, es la carne de María y la de todos,  y al tener esa carne y hacerla donación, tanto mujeres como varones, participamos de ese sacerdocio.  El sacerdote Cristo quiere seguir encontrando la humanidad de todos y todas para seguir ejerciendo su ministerio.  Toda mujer y todo varón si son realmente humanos, esto es si se donan en el amor, son sacerdocio de Cristo y Cristo continúa en ellos y ellas lo que empezó en Jesús.

 Desafortunadamente, la belleza del sacerdocio de Cristo y su alcance se fue reduciendo desde muy temprano en la historia de la Iglesia y llegó a ser mutilado y a perder su posibilidad; en este punto se produjo una involución, se dejó de leer la carta a los hebreos y se volvió a las prescripciones del Antiguo Testamento: la humanidad de Cristo en los que se donan por amor, en Jesús y en todos los que viven como él, no fue más el sacerdocio;  cosas como los ritos, las separaciones, las vestiduras, los sacrificios, las distinciones, es decir añadidos, pretendieron de nuevo dar acceso a Dios y ofrecer salvación.

 Cuando las mujeres hablan del sacerdocio se piensa a menudo que están reclamando poder y cuesta caer en la cuenta de que lo que quieren es vivir su propio ser, su humanidad en la que Cristo también se nos da haciendo a Dios presente y ofreciendo salvación.  El sacerdocio, que no es prerrogativa de ningún sexo, que es llanamente Cristo en nuestra carne, no es un reclamo de poder de nadie, es siempre expresión de lo que somos y lo que nos hace hombres y mujeres, humanidad donada. Y la experiencia nos dice que esta humanidad donada se realiza de modo especial en la mujer, que concibe vida, que la gesta, que la lucha, que la acompaña, que no la deja morir. 

 Cuando el sacerdocio volvió al templo de Jerusalén y se convirtió en cosa de varones, quedó bien herido, se salió de su ámbito propio, de la vida, y regresó a su refugio Sancta Sanctorum donde sólo podían acceder el Dios varón y sus escogidos ministros varones.  La religión cristiana con sus instituciones se volvió ideología de patriarcado y de nuevo, como antes de Jesús, ostentó sin pudor lo que la cultura se había figurado que convenía a lo varonil: la fuerza para imponer doctrinas y costumbres, la racionalidad fría para definir verdades y dogmas, la rigidez para mirar y acoger al otro en su diferencia, la violencia para obligar a todos a rendirse, lo público para afirmarse sobre los otros y competir.  Y no sólo sufrió la religión, que pasó a ser opresiva y aliada de la opresión, sino también la imagen de Dios, a quien se le identificó sólo con lo masculino, se desfiguró en el que se impone a la fuerza, se le creyó aliado con los dominantes y listo a lanzar castigos a los que se le oponen, se tuvo por carente de ternura y sentimiento, presente en el templo y ausente de los espacios familiares de casa y de calle. 

 La teología feminista, al reconocer el sacerdocio de la mujer propone alternativas que necesitamos para que esta religión cultual, de ritos y dogmas, vuelva a ser evangelio y espiritualidad liberadora.  Se trata de entender el sacerdocio de Cristo desde la humanidad de Jesús y la de todos los que con él donan su propia vida y especialmente la mujer que es fuente de vida:  el sacerdocio tiene en ellas la oportunidad de salir definitivamente del templo, como lo quiso Jesús, y hacer la experiencia de Dios desde el propio cuerpo, en lo cotidiano, en la relación. 

 Esta propuesta de las mujeres es sencillamente la revolución del mismo Jesús, que siendo varón, no entendió el sacerdocio desde el patriarcado sino desde su humanidad, y así en vez de fuerza puso la ternura, más que racionalidad para hablar de Dios lo tocó en la carne de los pobres, más que rigidez dio a todos la bienvenida más allá de las buenas costumbres y de dogmas bien definidos, en vez de imponer la fuerza se anonadó a sí mismo, no quiso dominar a nadie ni competir en lo público y se dispuso a servir a los otros sin que “la mano derecha supiera lo que había hecho la izquierda”.  Lo que distinguía a Jesús como sacerdote de Cristo era su humanidad sin añadidos y de eso abundan las mujeres que saben que no es necesario agregar nada a lo humano para transparentar a Dios y propiciar salvación. 

 Sí, Cristo es sacerdote, y este misterio se vive en la humanidad donada de mujeres y hombres; vivirlo sólo desde la masculinidad sería recortarlo y dejarlo a merced de una batalla de sexos que termina reventándolo por dentro.