J. Ratzinger y H. Küng

Joseph Ratzinger y Hans Küng: pasado y futuro de la teología católica

RAMÓN SORIANO Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Joseph Ratzinger en una imagen de archivo.

Joseph Ratzinger y Hans Küng fueron protagonistas de una viva polémica teológica, que se extendió desde finales del Concilio Vaticano II en 1965 hasta la muerte de ambos (en 1921 la de Küng, en 2022 la de Ratzinger). Ratzinger y Küng, prolíficos autores de una extensa obra teológica, han representado, respectivamente, las vertientes más conservadora y progresista de la teología católica.

Ratzinger ocupó cargos muy relevantes en la Iglesia católica: Arzobispo de Múnich, Cardenal prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Papa Benedicto XVI. Küng solo fue un académico y escritor sin ocupar ningún puesto en la jerarquía de la Iglesia. Pablo VI le llamó a la Curia romana, donde podría haber subido peldaños en la jerarquía eclesiástica, pero Küng renunció a ello. Poco después tendió Juan Pablo II  la mano a Ratzinger, llamándole a la Curia de Roma y él aceptó. Tras la finalización del Concilio Vaticano II ambos jóvenes sacerdotes y brillantes teólogos conciliares comenzaron a transitar por distintos caminos. Mientras Ratzinger aceptaba en 1977 el arzobispado y cardenalato de Múnich concedido por Pablo VI, Küng era públicamente desautorizado como teólogo dos años después por Juan Pablo II, que había sido elegido Papa en 1978. Vidas paralelas de constantes desencuentros.

Donde mejor se ve lo que ha significado el teólogo Ratzinger, Papa Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre de 2022, es desvelando su contraste con Hans Küng.

Aportación a la doctrina de la Iglesia católica

Ratzinger sentó cátedra y doctrina en la Iglesia mediante los cargos importantes que ocupó en ella de la mano de su protector Juan Pablo II y después como Papa. Algunas de las encíclicas y otros documentos de Juan Pablo II fueron en parte redactados por el cardenal Ratzinger. Por lo tanto, durante muchos años representó la doctrina oficial de la Iglesia. Fue desde 1982 guardián y definidor del catolicismo oficial en su papel de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (denominado antes Santo Oficio de la Inquisición). Él definía lo que era o no verdad teológica.

Küng no solo no ejerció una función doctrinal oficial, sino que fue públicamente desautorizado como profesor de enseñanzas católicas. Ya había sido amonestado por la Santa Sede en 1975 y finalmente se le prohibió enseñar teología católica en 1979. Su desautorización fue desencadenada por su libro ¿Infalible? Una consulta (1970, ampliado en 1989), en el que da cuenta de los errores del Papa cuando proclama un dogma ex catedra, aconsejando la sustitución de la expresión infalibilidad papal por la de indefectibilidad de la Iglesia, que significa «persistencia en la verdad». De esta manera se hacía compatible la verdad de la Iglesia con algunos errores del Papado. No hay que olvidar los precedentes de otras obras de Küng, como Ser cristiano (1974), que fueron preparando el terreno para su definitiva expulsión de la cátedra de teología católica en la Universidad de Tubinga (aunque, dado su prestigio internacional, la Universidad le concedió una cátedra de teología ecuménica).

Todavía no han sido recepcionadas por la Iglesia católica las tesis innovadoras de Küng: control de la natalidad, ordenación de la mujer como sacerdotisa, supresión del celibato, de la censura previa en las publicaciones, de la Congregación de la Doctrina de la Fe, descentralización de la estructura y las decisiones de la Iglesia, remodelación de la Curia romana, transparencia de las finanzas de la Iglesia. Es verdad que son muy aperturistas, pero también son aceptadas por muchos fieles católicos. Las ideas de Küng no son doctrina de la Iglesia, pero sí un enorme revulsivo, con la ventaja de que giran en el sentido de los tiempos, y que quizás en el futuro puedan ser asumidas como doctrina oficial de la Iglesia.

Los católicos, los infieles y la salvación personal

Escojo este tema porque es el que mejor proporciona el contraste del tradicionalismo teológico de Ratzinger y el aperturismo teológico de Küng. Ratzinger siempre defendió la religión católica como la única religión verdadera y a través de la cual se conseguía la salvación personal. En la extensa Declaración de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Dominus Iesus (2000), firmada por él como prefecto, defendió con enorme contundencia la salvación del creyente católico, ganándose un descrédito doble: de los teólogos católicos progresistas y de los líderes religiosos de otras religiones. La Declaración se abre con las palabras del apóstol: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado». La propagación de la fe, la missio ad gentes, es una obligación de la Iglesia y del cristiano. El camino de la salvación es la «salvación en Jesucristo». En el tema de la salvación personal las otras religiones son subalternas en relación con la única religión verdadera, la católica, la que tiene en exclusividad la obra salvadora. No es necesario precisar la enorme decepción que provocó Dominus Iesus en los líderes de otras religiones.

La posición de Küng está en las antípodas de la de Ratzinger. En su libro Ser cristiano (1974), uno de los que manejó la Santa Sede para amonestarle, afirma: «Dios quiere la salvación de todos los hombres, sin acepción de personas, y también los no cristianos cumplidores de la ley pueden ser justificados». Este párrafo se enmarca en un apartado cuyo significativo título es: «Salvación fuera de la Iglesia».

Posición sobre el diálogo de las religiones

Cuando hablaba Ratzinger de otras religiones lo hacía desde la superioridad de su religión y teniendo las otras religiones una función dependiente respecto a la única religión verdadera, la católica. Es el papel de las otras religiones, que atraviesa las páginas del citado Dominus Iesus, donde el adjetivo mayor concedido a las otras religiones es su carácter «complementario». En varias ocasiones suscitó la crítica contra él de otros líderes religiosos. En su obra Luz en el mundo (2010) distinguió entre Iglesia ortodoxa y comunidad eclesial evangélica, entre «la Iglesia de la gran tradición de la Antigüedad», donde incluye a los ortodoxos, y «un nuevo modo de comprender a la Iglesia», como es la comunidad evangélica. A los evangélicos no les gustó esta infravaloración. Pero el discurso de Ratzinger, que levantó más ampollas, fue su discurso Fe, razón y universidad, pronunciado en la Universidad de Ratisbona en septiembre de 2006, poco después de haber sido elegido Papa. Tema central del discurso fue la relación de violencia y religión. Aludió extensamente a la conversación del emperador bizantino Manuel II con un intelectual persa. El emperador le dice: «muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición a difundir por medio de la espada la fe que predicaba» Y concluye Benedicto XVI: «la conversión mediante la violencia es contraria a la naturaleza de Dios».

 Hubo una protesta generalizada en las embajadas de los países musulmanes, pensando que el Papa había hablado por las palabras del emperador.

El contraste con Küng no podía ser mayor, pues éste era partidario de un creciente diálogo con los hermanos de otros credos religiosos e incluso llegó a elaborar una ética universal, en la que describía los fundamentos últimos de todas las religiones. El proyecto de una ética global es un tema que Küng desarrolla en sus últimos años, creando la Fundación para una Ética Mundial en 1995, y redactando obras con este título, aplicando el nuevo concepto de ética a los diversos campos de las ciencias sociales. Pero su preocupación acerca de esta ética ya estaba en obras anteriores, como La Iglesia católica (2001), en la que afirma que las religiones y los no creyentes deben girar desde las religiones particulares hacia una ética global, porque «el planeta no puede sobrevivir sin una ética global, una ética a nivel mundial», expresión que está relacionada con otra idea que el teólogo reitera en sus escritos: «no hay paz entre las naciones si no hay paz entre las religiones»

La concepción de la Iglesia como institución

En el terreno eclesiástico, fuera del ámbito más teórico de la teología, Küng se enfrentaba a la Iglesia como institución e incluso advertía de su distanciamiento del mensaje originario de la comunidad cristiana, de la humilde Iglesia carismática, en tanto Ratzinger era un institucionalista convencido de la Iglesia-Institución como soporte de la estabilidad de la tradición de la fe católica frente a los riesgos de las corrientes heterodoxas del catolicismo y del relativismo moral. La posición de Küng era oponer a la institución eclesial, basada en el autoritarismo y el centralismo, el carisma de los Evangelios y de las primeras comunidades cristianas y enfrentar a los dogmas de la tradición católica la apertura de la Iglesia a los nuevos tiempos y necesidades, a los que tenía que adaptarse el mensaje cristiano.

Ratzinger buscaba la integridad de la Iglesia y librarla de los peligros existentes contra ella. Se oponía a los métodos anticonceptivos, a la supresión del celibato, a la ordenación de las mujeres, a la pertenencia a la Iglesia del católico divorciado que contraía segundas nupcias, a la homosexualidad. Sus argumentos residían en los documentos de la tradición católica y de los últimos Papas. Aplicaba una interpretación pegada al texto, v. gr., «la homosexualidad está en contra de la esencia de lo que Dios ha querido originariamente», «Jesucristo creó una Iglesia de varones, los Doce», etc. Su interpretación estrictamente literal es discutible, pues a veces la misma literalidad permite distintas interpretaciones, y en todo caso la interpretación literal se opone a la interpretación extensiva acomodando los textos a las exigencias de los nuevos tiempos. Los juristas disponemos de criterios literarios, lógicos, históricos, sistemáticos y sociológicos para interpretar las normas jurídicas. Con ellos damos vida a las normas, evitando que caigan en desuso, ya que el cambio social suele ir por delante del derecho ¿Por qué razón los teólogos tienen que aplicar un criterio hermenéutico literal? ¿Dónde ha dicho el Dios católico que sus palabras tienen que ser interpretadas al pie de la letra? Frecuentemente Ratzinger repite: «non possumus», «no podemos», nos guste o no, cerrando el debate tras interpretar literalmente los textos sagrados o de la Iglesia.

Küng no tuvo reparos en criticar duramente a los líderes religiosos católicos, en su obra La Iglesia católica (2001): a Pablo VI por su encíclica Humanae Vitae, contraria a las nuevas técnicas anticonceptivas, que consideraba una fractura entre Iglesia y comunidad católica, a Juan Pablo II, por su conservadurismo dogmático y autoritarismo eclesial, a los «obispos serviles», que seguían «la obediencia a Roma» contra los deseos de sus feligreses. Todos ellos portadores de doctrina y mensajes contrarios a las aspiraciones de la comunidad católica. Y tras la crítica las propuestas de un radical cambio en la institución eclesiástica citadas en el punto 1º, insistiendo en algunas, que iban directamente contra el gobierno de la Iglesia: descentralización de las estructuras y de las decisiones frente al absolutismo papal, elección de los obispos por la comunidad católica de la diócesis, acceso de la mujer al sacerdocio.

Sus propuestas iban dirigidas a «un Papa que no es el Señor de la Iglesia» Y concluía: «¡Qué retraso en el tiempo había entre la evolución de la Iglesia y la de la sociedad!, lo que producía «un alejamiento creciente entre «la Iglesia de abajo» con respecto a la «Iglesia de arriba».

Un decenio después en su obra ¿Tiene salvación la Iglesia? (2011) Küng amplía el cuadro de sus propuestas de reformas, que seguían sin respuestas de la Santa Sede. Utilizando una terminología médica -virus, diagnóstico, remedios, terapia…- señala los virus de la Iglesia –la aversión a la ciencia, la aversión al progreso, la aversión a la democracia, el entusiasmo católico-romano por la restauración-, aportando numerosas pruebas de la existencia y daños producidos por estos virus y la terapia para hacerlos desaparecer. Desvela quiénes son los causantes de los males: el Papa, «monarca eclesiástico», que no respeta las resoluciones del Concilio Vaticano II, los obispos, que no responden a las aspiraciones de su grey y los teólogos anclados en un tradicionalismo contrario a los nuevos tiempos y necesidades.

Ratzinger ha sido un teólogo del pasado. Küng un teólogo del futuro, que ha sobrepasado ampliamente el tiempo actual de la Iglesia católica. Entre ellos dos, el Papa Francisco, teólogo más cercano al segundo que al primero, lucha entre el deseo y la realidad en la ejecución de una difícil obra evangélica y de reforma institucional de la Iglesia, asediada por una legión de obispos y teólogos, que proclaman y reclaman el legado de Benedicto XVI

Peregrinación ecuménica a Africa

«Viviremos juntos, como hermanos, una peregrinación ecuménica de paz»

Francisco y Welby destacan el espíritu ecuménico de su viaje juntos al África

Francisco y Welby

«Viviremos una peregrinación de paz», expresó el pontífice. «Vamos como servidores, para amplificar los gritos del pueblo sursuranés», acotó la máxima autoridad anglicana

También los acompaña el moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia

Tanto Francisco como Welby invitaron a rezar por este viaje histórico y ecuménico a Sudán, uno de los países más jóvenes del mundo, que sigue sufriendo el dolor y la muerte

 | RD/Agencias

El Papa Francisco y arzobispo de Canterbury, Justin Welby, destacan el carácter ecuménico que tendrá su viaje juntos al África, para «tocar» el hambre y la guerra que golpean a la República Democrática del Congo (RDC) y a Sudán del Sur. También los acompaña el moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, reverendo Iain Greenshields.

«Viviremos juntos, como hermanos, una peregrinación ecuménica de paz», expresó el pontífice este domingo tras la oración del Ángelus que precedió a su 40º viaje apostólico al corazón del gran continente africano.

“La República Democrática del Congo sufre, sobre todo en el este del país, a causa de los enfrentamientos armados y la explotación; mientras que Sudán del Sur, desgarrado por años de guerra, no ve la hora de que terminen las continuas violencias que obligan a tantas personas a vivir desplazadas y en condiciones de gran dificultad”, puntualizó.

En tanto, la máxima autoridad de los anglicanos definió la gira africana expresando: «Vamos como servidores, para amplificar los gritos del pueblo sursuranés».

Tanto Francisco como Welby invitaron a rezar por este viaje histórico y ecuménico a Sudán, uno de los países más jóvenes del mundo, que sigue sufriendo el dolor y la muerte por el conflicto bélico que arrasó el país durante su independencia, las inundaciones y las hambrunas.

En los últimos tres años e incluso desde julio, la violencia se ha intensificado en muchas partes del país: “Esperamos revisar y renovar los compromisos asumidos por los líderes sursudaneses en el Vaticano en 2019, y los compromisos que han asumido con su pueblo desde entonces».

El Papa, el arzobispo y Greenshields visitarán Sudán del Sur del 3 al 5 de febrero. Esta peregrinación ecuménica por la paz sin precedentes forma parte del viaje apostólico del Papa a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur, que comienza este martes, 31 de enero.

Durante su visita al país, los tres líderes eclesiásticos se reunirán con los dirigentes políticos del país, celebrarán una vigilia ecuménica de oración por la paz y se reunirán con personas desplazadas por el conflicto: «Venimos como hermanos en Cristo para adorar juntos y dar testimonio del Dios que nos reconcilia. Las comunidades de Sudán del Sur tienen un legado de poderoso testimonio de su fe”.

“Venimos como seguidores de Jesús, el Príncipe de la Paz, sabiendo que su Espíritu Santo actúa en Sudán del Sur y tiene el poder de transformar los corazones. Su amor y su acogida se ofrecen a todos. Es a través de él que encontramos nuestra paz más profunda y nuestras esperanzas más profundas de justicia. Por eso os pido que recéis con nosotros por el pueblo de Sudán del Sur», ha escrito el arzobispo de Canterbury.

La población del este de la RDC está agotada

Las noticias de la región informan de un enfrentamiento entre la República del Congo y Ruanda cada vez más cruento, y quienes pagan el precio son los habitantes del norte de Kivu, que viven aterrorizados desde hace décadas y siempre buscan un lugar seguro para vivir. Huyen de los pueblos objetivo de las numerosas bandas de delincuentes que se mezclan con las milicias organizadas, el ejército regular congoleño es incapaz de hacer frente a los rebeldes y a menudo se convierte en cómplice de las mismas milicias. Las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU luchan por mantener el control. En la región del norte de Kivu, los rebeldes del grupo M23 han cortado carreteras vitales hacia la capital regional, Goma.

Las acusaciones recíprocas entre la República Democrática del Congo y Ruanda de apoyar a tal o cual grupo rebelde enardecen el clima político y social. Están en juego los recursos minerales de esta zona. La comunidad internacional teme que el conflicto se extienda con consecuencias desestabilizadoras para toda la región de África Oriental.

Las iglesias en Sudán del Sur y la construcción de la paz

En Sudán del Sur, la pertenencia a distintas comunidades religiosas es un factor unificador del tejido y la vida de la sociedad, en un contexto devastado y destrozado por décadas de guerras civiles. Como subraya la agencia Fides, también ha desempeñado un papel a la hora de salvar las distancias y los contrastes étnicos que alimentan los conflictos. A lo largo de los años, se ha intentado entablar negociaciones de paz a través de este canal.

La Iglesia de Perú se ofrece como mediación ante la crisis del país

El nuncio en Perú intercede, delante de Boluarte, por los derechos de los manifestantes

Dina Boluarte

En representación del Cuerpo Diplomático acreditado en el Perú el nuncio apostólico en esta nación, monseñor Paolo Rocco Gualtieri, dirigió un saludo a la presidenta Dina Boluarte Zegarra

La Conferencia Episcopal de Perú comparte el saludo del nuncio apostólico en esta nación

(Vatican News).- LaConferencia Episcopal de Perú comparte el saludo del Nuncio Apostólico en esta nación, monseñor Paolo Rocco Gualtieri, a la Señora Dina Boluarte Zegarra, presidenta de la República, con motivo del año nuevo, en representación del Cuerpo Diplomático acreditado en el país, expresado el miércoles 25 de enero en Palacio de Gobierno.

La Iglesia ofrece su mediación para superar la crisis

El prelado afirmó textualmente: “Los manifestantes son principalmente pobladores de las regiones rurales, urbano-populares y amazónicas que por años han sido ‘invisibilizados’, o marginados o postergados, desconociéndose sus derechos ciudadanos”.

«La violencia es una pérdida para todos»

«Ciertamente la violencia contra las personas, contra la propiedad pública y privada nunca es justificable, es una pérdida para todos, con la violencia no se construye, sino que sólo se destruye; sin embargo, hay que intervenir sobre las causas que la generan y neutralizarla haciendo prevalecer siempre la fuerza de la ley, nunca la ley de la fuerza».

Son palabras del Nuncio Apostólico en su mensaje transmitido por la televisión nacional

Día de la vida consagrada

Por una vida consagrada más simple, más libre, más de Dios

Muchas son las personas que a lo largo de la historia han sentido ese llamado fuerte a dedicar su vida al servicio de los demás, desde diversos carismas, y hay miles de testimonios que edifican, animan, interpelan, convocan, impulsan a seguir esos mismos caminos

Los tiempos cambian y eso es una realidad irreversible. Por tanto, no es de extrañar que los signos de un tiempo no significan lo mismo para otro tiempo. Y no porque el Espíritu se vaya de nuestra historia sino porque tal vez no sabemos buscarlo allí donde hoy se manifiesta con más fuerza

Por Consuelo Vélez

Juan Pablo II, en 1997, instituyó las Jornadas Mundiales de la Vida Consagrada, a celebrarse cada  2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, con el objetivo, según lo expresó en su mensaje para la primera jornada,  de “valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, una ocasión para que las personas consagradas renueven los propósitos y sentimientos que han de inspirar su entrega al Señor”.

Este año será la XXVII Jornada Mundial y en el Vaticano no será presidida por el Papa Francisco ya que está en la República Democrática del Congo y en Sudán del Sur, en su cuarto viaje apostólico al continente africano, sino por el Prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal João Braz de Aviz quien en una carta que firma junto con el arzobispo secretario, José Rodríguez Carballo, invitan a la vida consagrada a “ensanchar la tienda”, con el estilo de Dios que es “cercanía, compasión y ternura” y preguntándose, entre otras cosas, “si se invoca al Espíritu con fuerza y perseverancia para que reavive en el corazón de cada persona consagrada el fuego misionero, el celo apostólico, la pasión por Cristo y por la humanidad” (Vatican News, 27-01-2023).

Por su parte la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) ha ofrecido un recurso orante con el lema “Desde el amanecer hasta el ocaso caminamos en esperanza”. La vida consagrada del continente quiere mantener la escucha al Espíritu para oír los clamores de nuestros pueblos y responder a ellos.

Efectivamente, la vida consagrada entendida como un don de Dios es una riqueza para el mundo. Muchas son las personas que a lo largo de la historia han sentido ese llamado fuerte a dedicar su vida al servicio de los demás, desde diversos carismas, y hay miles de testimonios que edifican, animan, interpelan, convocan, impulsan a seguir esos mismos caminos. Sin embargo, en estos tiempos las vocaciones disminuyen y no dicen tanto a los contemporáneos. Muchos estudios se hacen para entender el fenómeno y muchos esfuerzos se consolidan para buscar atraer a más jóvenes.

Personalmente considero que varias cosas hay que tener en cuenta. Los tiempos cambian y eso es una realidad irreversible. Por tanto, no es de extrañar que los signos de un tiempo no significan lo mismo para otro tiempo. Y no porque el Espíritu se vaya de nuestra historia sino porque tal vez no sabemos buscarlo allí donde hoy se manifiesta con más fuerza. Y, en ese sentido, las estructuras de la vida religiosa -especialmente la femenina- cada vez dicen menos a jóvenes que en este tiempo valoran mucho más la autonomía, la globalización, la tecnología, la pluralidad, la ciencia, los derechos humanos, la justicia social, la dignidad humana. No es que el tiempo pasado sea mejor, simplemente, es distinto. De ahí que no hay que extrañar que haya cada vez menos jóvenes que se ciñen a estructuras de autoridad, a una disponibilidad entendida como renuncia a desarrollos propios, a una afectividad inmadura o a una visión del mundo uniforme. Y esto no significa que no tengan fe o no sientan un llamado al servicio de los demás. Simplemente esa llamada no logra realizarse en ese tipo de estructuras. Y aunque hay esfuerzos y algunas comunidades lo hayan conseguido, en muchos casos no acaban de transformarse. Y por eso, las tensiones comunitarias son bastantes, hay movimientos de apertura, pero también muchos miedos que producen nuevas involuciones.

Ni todo carisma puede perdurar en el tiempo sin actualizarse, ni los modelos de vida religiosa que tuvieron tanto éxito en un tiempo, permanecen vigentes para siempre

Ni todo carisma puede perdurar en el tiempo sin actualizarse, ni los modelos de vida religiosa que tuvieron tanto éxito en un tiempo, permanecen vigentes para siempre. Posiblemente hay que reconocer con humildad que algunas comunidades cumplieron su ciclo y han de fusionarse (esto lo está pidiendo el Papa a varias comunidades) y que las que perduran han de centrarse más en la misión a realizar que en la autopreservación de la comunidad. Y la misión convoca a todo el pueblo de Dios -laicado, vida consagrada, clero- uniendo fuerzas para hacer presente el Reino y no gastándolas en la salvaguarda de estructuras cada vez más anquilosadas.

Por supuesto servir al Reino de Dios ha de hacerse “ligero de equipaje”, pero lamentablemente, el paso de los años ha dado tantos bienes a las comunidades religiosas que ya no se sabe si se trabaja para preservarlos o para la misión y, por otra parte, muchas veces el criterio para el trabajo pastoral de la comunidad no es la necesidad de la gente sino los intereses de la comunidad que tiene sus planes preconcebidos.

Creo que estos tiempos reclaman esa vuelta a los orígenes -de lo que ya se habló con Vaticano II- donde las comunidades pequeñas surgían respondiendo a las necesidades concretas del momento y se hacían con la frescura, libertad y disposición que da la liberación de estructuras y las relaciones interpersonales que son posibles en grupos pequeños, que confluyen en similares sentires ante los clamores que escuchan.

Muchas otras cosas es necesario seguir pensando para la renovación de la vida consagrada. Pero digamos una más: la vida consagrada femenina si no camina al ritmo de la conciencia que hoy tienen las mujeres sobre ellas mismas, sus demandas y sus búsquedas, no creo que tenga demasiado futuro. Feminismo y vida consagrada han de ir de la mano porque esas “Mujeres del Alba” (como ha denominado la CLAR su horizonte inspirador 2022-2025) han de ser mujeres de este presente, con esa conciencia clara de su dignidad, de sus derechos, de su liberación frente a los estereotipos que la sociedad patriarcal les ha atribuido y que también están presentes en la iglesia clerical de la que forman parte.

“El dueño de la mies” (Lc 10,2) sigue presente en cada persona que trabaja por el bien común y en tantos jóvenes que en nuestros países latinoamericanos están comprometidos con el cambio y la justicia social. Tal vez son tiempos en que la vida consagrada camine más de cerca de los movimientos sociales que, a fin de cuentas, son los que hacen posible que saboreemos el reino de Dios en el aquí y ahora de nuestra historia. Una espiritualidad de ojos abiertos es imprescindible y la dedicación al reino, lo único esencial. Tal vez desde allí se transformen las estructuras y la vida consagrada se haga más simple, más libre, más de Dios.

J. RATZINGER: EVALUACIÓN DEL TEÓLOGO PAPA

La cantidad y entidad de las cuestiones enumeradas no sólo muestra la oportunidad de contextualizar tanto la aportación teológica y espiritual como la gestión eclesial de J. Ratzinger – Benedicto XVI, sino también la necesidad de recordar, de manera empática y crítica, algunas de tales líneas de fuerza mayor que tuvo muy presentes mientras fue Papa.

1.- Evaluación de sus líneas de fuerza teológicas y espirituales

Son, particularmente, las referidas a la relación entre revelación y tradición, así como entre sagrada escritura y magisterio. Esto es algo constatable, por ejemplo, en la centralidad que concedió a su singular interpretación del evangelista Juan.

1.1.- La centralidad de Juan

Es cierto que en su cristología, gestión eclesial y magisterio papal hubo abundantes referencias a los sinópticos, pero también que no ocuparon el puesto capital que, finalmente, fue concedido a Juan. Y lo fue porque el cuarto evangelista subraya el recuerdo y la memoria, algo capital para un platónico y agustiniano. El recordar del que habla Juan, sostenía Benedicto XVI, no es el resultado de un mero proceso psicológico o intelectual en el ámbito privado, sino un acontecimiento eclesial que –al estar guiado por el Espíritu Santo- trasciende la esfera propiamente humana del comprender y conocer, muestra la cohesión entre la Escritura y realidad y nos guía a toda la entera verdad.

Consecuentemente, el cuarto evangelista dejaba abierta a cada época y generación -gracias al comprender en el recordar- una vía de mejor y más profunda comprensión de esa verdad. Es un camino que, yendo más allá de la historicidad de los acontecimientos y de las palabras, nos introduce “en aquella profundidad que procede de Dios y conduce a Él”, es decir, “nos muestra verdaderamente la persona de Jesús, tal como era, y por eso nos muestra a Aquel que no sólo era, sino que es; Aquel que, en todos los tiempos, puede decir en la forma de presente: ‘Yo soy’ ‘Antes de que Abrahán fuera, Yo soy’ (Jo 8, 58). Este Evangelio nos muestra el verdadero Jesús y podemos usarlo tranquilamente como fuente de Jesús”.

Como se puede apreciar, la referencia a la historia de Jesús tiene una importancia secundaria al quedar, articulada desde la primacía del “recuerdo” vivo en que nos llega. J. Ratzinger sintonizaba en esta apuesta con sus maestros S. Agustín y S. Buenaventura y con su amigo H. Urs von Balthasar, a pesar de que apuntara en alguna ocasión –acertadamente, por cierto- que una fe que se olvide de la dimensión histórica se convierte en “gnosticismo” porque descuida la carne, la encarnación y la verdadera historia.

En esta apuesta por el cuarto evangelio no sólo reaparecieron referencias tan importantes en la biografía teológica de J. Ratzinger como el nexo entre conocer y recordar, historia y fe, Espíritu Santo y magisterio o revelación y tradición, sino que permitió explicar, entre otros puntos, su concepción de “la” Verdad y su posición favorable a la llamada exégesis canónica.

1.2.- Verdad y evidencia

Hay otro punto de fondo que atravesó toda la gestión eclesial, el pontificado y la biografía teológica de J. Ratzinger de principio a fin: su pasión por mostrar la capacidad seductora de Jesús, “la” verdad por excelencia.

Benedicto XVI siempre tuvo un interés particular por argumentar la relación existente entre verdad y evidencia. Su desmarque de la neoescolástica y su asentamiento agustiniano encontraron aquí una correcta explicación. Nada de extraño que subrayara el lado espiritual de quien se autopresentaba –para escándalo de los judíos y extraños- no sólo como “el camino y la vida”  sino, sobre todo, como “la” verdad. Y que lo hiciera reclamando para sí la evidencia propia de toda belleza y la capacidad de seducción y fascinación que le es propia.

Ésta es una legítima acentuación que cuenta con  una fecunda y rica tradición en la historia de la teología. Pero es una perspectiva entre otras posibles, igualmente arraigadas en la tradición cristiana.

Existen, por ejemplo, otras más atentas a mostrar que “la” verdad de Dios consiste precisamente en su amor y, de manera particular, en su asociación con los crucificados de este mundo. Son cristologías que muestran sobradamente que el seguimiento de Jesús se “veri-fica” (es decir, se hace verdad) estando con los bienaventurados con los que, libremente, decidió identificarse, por puro amor; y con quienes sigue estándolo en nuestros días, sin dejar de ser, por ello, consuelo para unos y aguijón para otros.

La concepción que Benedicto XVI tuvo de la verdad explica que en sus referencias a los Santos Padres no resaltara como es debido un dato incontestable para ellos: que los pobres son los “otros Cristos” y que en tal verdad se aloja una descolocante identificación, capaz de conmover a todos, empezando por los  mismos padres griegos y latinos, siguiendo por casi todos los santos y místicos y continuando por las personas de buena voluntad de todos los tiempos.

Es cierto que a esta comprensión de la verdad le ronda el riesgo del “ateísmo cristiano”. Pero no es menos cierto que la perspectiva marcadamente platónica y agustiniana a la que se apuntó J. Ratzinger tenía que eludir los riesgos del docetismo o intelectualismo y del espiritualismo desencarnado y ciego. En definitiva, el “gnosticismo” que acertadamente denunció en su cristología y en otros textos anteriores y posteriores.

Pocos discuten que Mt 25, 31 y 1 Juan 4, 8 son dos textos con una indudable fuerza para marcar la teología de todos los tiempos. Así ha sucedido siempre, con la dramática excepción del siglo XIX y parte del XX, un tiempo en el que la Iglesia, ocupada en curarse las heridas provocadas por la pérdida de los estados pontificios y por sacudirse las injerencias de los poderosos de este mundo, acabó descuidando la centralidad de los pobres y dejó que el marxismo se apropiara violentamente de semejante verdad.

Desde entonces, una parte de la Iglesia católica ha tenido enormes dificultades para diferenciar el ropaje inaceptablemente violento y autoritario de la reivindicación marxista de la raíz radicalmente evangélica que aletea en su defensa del proletariado y, por extensión, de los pobres y parias del mundo. Y como consecuencia de ello, ha tenido dificultades para superar una concepción paternalista o meramente asistencialista de la pobreza y abrirse a una consideración estructural de la misma. Esto fue algo evidente en la biografía teológica y en la gestión eclesial de J. Ratzinger. Una legítima y argumentada prevención ante el marxismo triunfante durante su época como profesor y obispo pareció haberse convertido –una vez derrotado ideológicamente con la caída del muro de Berlín- en un prejuicio imposible de superar.

Hubiera sido deseable que, sin renunciar a una oportuna crítica sobre las manifestaciones contemporáneas del pelagianismo, hubiera acompañado dicha crítica de similares cautelas ante las actuales variantes del docetismo (en el fondo, confesión de palabra sin coherencia de vida ni experiencia mística). Éste es, también, uno de los errores más extendido y más disolvente de los que amenazan en nuestros días a la fe cristiana y sobre el que se echa de menos una crítica consideración en su biografía teológica y en su gestión eclesial. Al menos, tan contundente e insistente como la que realizó del pelagianismo o “ateísmo cristiano”.

Si hubiera procedido de esta manera, “la” verdad manifestada en Jesús habría sido mostrada en todo su alcance y con  todas sus consecuencias; evidenciando su incuestionable capacidad para seducir y, también, escandalizar, en este caso, a los poderosos del mundo.

Método histórico-crítico

1.3.- Recelo a la exégesis histórico-crítica

Jesucristo era presentado en los años treinta –afirmó Benedicto XVI- a partir de los Evangelios, por lo cual, a través del hombre Jesús se hacía visible Dios y a partir de Dios se podía ver la imagen del auténtico hombre. En los años cincuenta apareció el debate sobre el Jesús histórico y el Cristo de la fe alejándose el uno del otro. Y lo hizo de la mano de la investigación histórico-crítica ¿Qué significado puede tener la fe en Cristo si el hombre Jesús era tan diferente de cómo lo habían presentado los evangelistas y de cómo lo anuncia la Iglesia partiendo de los Evangelios? Se inició un proceso de reconstrucción del Jesús histórico que más tenía que ver con la biografía de sus autores que con Jesús mismo.

La consecuencia de todo ello fue –gustaba diagnosticar J. Ratzinger- un Jesús histórico cada vez más alejado de nosotros porque en realidad sabemos muy poco de Él. En esta onda se encontraba R. Schnackenburg, para quien sólo nos quedaba la historia de las tradiciones y de las redacciones.

Esta conclusión, sentenció Benedicto XVI, es “dramática para la fe” porque la dejaba sin una referencia cierta y la relación con Jesús corría el riesgo de sustentarse en el vacío  o, en el mejor de los casos, en las ocurrencias del exégeta de turno. La Biblia quedaba incapacitada para hablar del Dios viviente y se extendía la convicción de que cuando nos aproximamos a la Escritura y la comentamos, en realidad estamos hablando de nosotros mismos. Peor todavía: estamos decidiendo qué puede hacer Dios y qué queremos o debemos hacer nosotros.

Esta manera de acercarse a la Escritura acababa secuestrando la comunión de Jesús con el Padre. En ella consistía la singularidad del Jesús histórico. Sin ella no era posible comprender nada. Y sólo partiendo de ella se podía entender todo, incluso en nuestros días.

Exégesis canónica

La “lógica católica”

La contundente valoración que J. Ratzinger formuló de la exégesis histórico-crítica (y las consecuencias que comporta) lleva a recordar, una vez más, la importancia suma de primar la llamada lógica “católica” frente a otras lecturas de la Escritura, excesivamente marcadas por biografías personales o por legítimas –pero, frecuentemente, limitadas- acentuaciones particulares.

Desde los tiempos del PseudoDionisio sabemos que toda teología que se precie de tal ha de cuidar la encarnación del Hijo y la resurrección del Crucificado. También sabemos que la riqueza del misterio que se nos entrega en Jesucristo solo puede ser balbucida manteniendo en el equilibrio inestable -propio de todo pensamiento “católico”- esas verdades que para un pensamiento racionalmente estrecho son percibidas como contradictorias o imposibles de articular: Jesús y Cristo, trascendencia e inmanencia, revelación e historia o Escritura y tradición.

Y sabemos, igualmente, que la pluralidad de discursos teológicos es consecuencia de acercarse a un misterio que excede nuestras capacidades comprensivas y también de adoptar diferentes puntos de partida: no es lo mismo aproximarse desde inquietudes veritativas que estéticas o amorosas. En cualquier caso, para que toda aproximación sea efectivamente “católica” tendrá que integrar las verdades a las que otras perspectivas son más sensibles y ser muy consciente, a la vez, de los riesgos que rondan a la perspectiva adoptada.

Con su apuesta por la “exégesis canónica” J. Ratzinger partió –como agustiniano que fue- del Cristo de la fe y desde Él se encaminó al Jesús histórico: “Yo sólo busco, más allá de las meras interpretaciones histórico-críticas, aplicar los nuevos criterios metodológicos, que nos permiten una interpretación propiamente teológica de la Biblia y que exigen la fe, sin por ello querer y poder renunciar de ninguna manera a la seriedad histórica”. Es una legítima perspectiva teológica y espiritual, atenta a la iluminación interior que procede de lo alto y pronta a contemplar fascinado el misterio divino.

Cristo de la fe

El Cristo de la fe fue el punto de partida axiomático de su teología y espiritualidad: a Cristo –vino a decir J. Ratzinger- o “se le toma como un loco o se le sigue como un loco”. Es cristiano quien ha quedado seducido por la contemplación de un misterio capaz de iluminar todas las parcelas de la existencia. Cuando ello sucede, el cartesiano “cogito ergo sum” se convierte en un “católico” “cogitor ergo sum” (“Soy pensado en Dios, luego existo”).

Ésta es la loable inquietud que latió en su apuesta por la “exegesis canónica”. “Solo a partir de Dios se puede comprender al hombre y sólo si vive en relación con Dios, su vida se hace justa. Dios no es un lejano desconocido. Nos muestra su rostro en Jesús; en su actuar y en su voluntad reconocemos los pensamientos y la voluntad de Dios mismo”.

El riesgo de subjetivismo

Pero como toda apuesta, presenta -si se analiza a la luz de la historia de la espiritualidad- indudables limitaciones. Y no es la menor de ellas su proclividad a favorecer interpretaciones “eisegéticas”, es decir, proyectivas de deseos y sentidos ajenos -y hasta enfrentados- al Jesús de la historia.

Para que el recurso a Cristo no acabe convirtiéndose en la búsqueda de un analgésico, de un placebo, de un hippy fascinante, de un postmoderno debidamente autocentrado o de un fiel más dócil a la autoridad eclesial que a la palabra del Maestro se necesita la referencia del Crucificado, del Jesús histórico. Gracias a Él sabemos, por ejemplo, que nuestro centro es “ex – céntrico”, es decir, que pasa fuera de nosotros, de nuestra subjetividad, deseos, aspiraciones, ilusiones y que se actualiza en los crucificados de este mundo.

Por ello, hay que recordar que, junto a esta perspectiva legítimamente primada por J. Ratzinger, existe la que, partiendo del Jesús histórico, aproxima al Cristo. Y, al acercarle, ahorra el riesgo masoquista que ronda a todo seguidor que se queda únicamente en la contemplación del Crucificado. Es la perspectiva en la que estuvieron empeñados, desde E. Käsemann, una buena parte de los exégetas y teólogos católicos que tuvieron claro, con Benedicto XVI, que el Jesús del kerygma o confesado y predicado es más que el Jesús histórico, pero también que el Jesús histórico ha de seguir siendo el criterio último de la identidad cristiana y de toda cristología; como lo fue para Pablo, los evangelistas, el redactor de la carta a los hebreos y el del Apocalipsis.

Esta circularidad entre Cristo y Jesús desde la primacía de la historia es algo –recuerdan estos teólogos y exégetas- que ha pervivido a lo largo de la historia de la Iglesia, a pesar de que la tradición cristiana no haya considerado nunca conveniente canonizar la historia de Jesús (O. Tuñí).

Y por si este argumento sobre la primacía del Jesús histórico sobre el Cristo de la fe no fuera suficiente, hay que recordar que es el criterio reivindicado por la Declaración “Dominus Jesus” (2000) en su crítico e interesante diálogo con aquellas posiciones que hacen de la máxima “Jesús separa, el Espíritu une” el axioma configurador de su perspectiva. Juan Pablo II ratifica acertadamente que el Espíritu del que hablamos y al que nos referimos es el Espíritu de Jesús, el resucitado de entre los muertos, es decir, el histórico.

Por tanto, el ir “más allá” del dato histórico que legítimamente reivindicó Benedicto XVI apoyándose en la “exégesis canónica” está obligado a pasar, más tarde o más temprano, por el crisol del Jesús histórico, el Crucificado que se actualiza en los crucificados de este mundo. Es ese crisol el que evita incurrir en el riesgo “eisegético” indicado, con los espiritualismos, subjetivismos y manipulaciones sobre los que alertaron incansablemente los santos y los místicos. Entre ellos, Santa Teresa y S. Ignacio.

Teresa e Ignacio

El santo vasco dice en su autobiografía que aprendió a renunciar a “grandes noticias y consolaciones espirituales” y a “nuevas inteligencias de cosas espirituales y nuevos gustos”, en particular, cuando le venían en horas de sueño o de trabajo porque le imposibilitaban hacer lo que tenía que hacer.

Y la mística castellana escribe que “es falta de humildad querer que se os dé lo que nunca habéis merecido”, que “está muy cierto a ser engañado o muy a peligro”, que nadie está seguro de que ese camino sea el que le conviene y que “la mesma imaginación, cuando hay un gran deseo, ve aquello que sea”.

Por ello, no está de más recordar, en esta ocasión de la mano de Jon Sobrino, que la cruz de Jesús es el dato definitivo que critica todos los absolutos (y métodos teológicos) porque ella no es ni puede ser un absoluto.

Ésta es la asignatura pendiente de la “exégesis canónica” aplicada por J. Ratzinger en su cristología y muy presente en su pontificado, a pesar de que no falten en su magisterio reiteradas reseñas a la dramática situación del continente africano. Sin embargo, fue una referencia que no acabó configurando su perspectiva teológica y que casi siempre se sostuvo en un diagnóstico más religioso y cultural que político o económico.

El sentido expiatorio y sacrificial de la muerte de Jesús

Finalmente, J. Ratzinger – Benedicto XVI se decantó por una interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús, apoyándose en la oración sacerdotal del Nazareno en el evangelio de Juan, en la coincidencia cronológica (muy cuestionada) de la muerte en cruz y el sacrificio del cordero pascual a manos de los sacerdotes hebreos y en la identificación entre la destrucción del cuerpo de Jesus y la del Templo de  Jerusalén.

Al proponer esta interpretación expiatoria, no sólo  estableció una íntima relación entre la muerte de Jesús y los sacrificios antiguos, sino que reconoció a estos últimos como la forma o el tipo y a Jesus como la realización plena de lo que se ejecuta simbólicamente en la liturgia veterotestamentaria. Argumentando de esta manera, se corre un alto riesgo de someter el “nuevo” sacrificio al “antiguo” y propiciar una comprensión de la entrega de Jesús como simple culminación (cuando no, mera prolongación) de los sacrificios veterotestamentarios.

El decantamiento de J. Ratzinger – Benedicto XVI por la interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús (con los riesgos que presenta) fue coherente con su comprensión de los escritos neotestamentarios como transmisores de una única y compacta visión teológico-histórica. Fue tal convicción la que le llevó a buscar una cristología unívoca, es decir, una manea sustancialmente idéntica de presentar la “figura” y el “mensaje” de Jesús apoyándose, para ello, en la centralidad que concede al evangelio de Juan y con el auxilio de la exégesis canónica. Los sinópticos quedaron sometidos a la autoridad veritativa que J. Ratzinger – Benedicto XVI concedió a Juan.

Obviamente, es una pretensión legítima, pero excesiva. Sobre todo, por proceder de quien procede y habida cuenta de la tendencia entre algunos sectores eclesiales a erigir las opiniones teológicas del sucesor de Pedro en verdades incuestionables y en magisterio irrefutable. Hay que recordar –ante semejantes lecturas- que en la entraña misma de la “lógica católica” anida la consistencia de otros posibles accesos. La mejor prueba de ello fue –aunque sea críticamente- la problemática apuesta de J. Ratzinger – Benedicto XVI por la interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús.

2.- Evaluación de su gestión como Prefecto y como Papa Benedicto XVI

Pero Benedicto XVI, además de un teólogo fue también un Papa que, fuertemente condicionado tanto por sus opciones teológicas y espirituales como por los diagnósticos reseñados, adoptó toda una serie de decisiones que fueron -y siguen siendo- objeto de una fundada crítica.

Como ya he adelantado, la primera de sus encíclicas sobre el amor de Dios (“Deus caritas est”) tuvo excelente acogida. Fueron muchas las personas que quedaron gratamente sorprendidas por su tono propositivo, casi en las antípodas del autoritativo –y hasta polémico- del que había hecho uso el cardenal J. Ratzinger durante su mandato como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sin embargo, una vez reposadas las sorpresas iniciales, se empezó a evidenciar que bastantes diagnósticos y posicionamientos personales en su época de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -e, incluso, de tiempos anteriores- acabaron, más tarde o más temprano, en decantamientos doctrinales y en decisiones jurídico-pastorales, altamente cuestionables; y, a veces, en las antípodas de lo aprobado por la mayoría en el Concilio Vaticano II y ratificado por Pablo VI.

Me limito solo a reseñar, por razones de brevedad, algunas de ellas.

1.- Sus criticas valoraciones sobre la renovación litúrgica de Pablo VI de la que no se habia cansado de decir que habia producido “unos daños extremadamente graves”. A tal diagnóstico sucedió su contrarreformista decisión de recuperar la misa en latín, satisfaciendo, de esta manera, su personal comprensión de lo que se debía entender por “tradición viva” en el ámbito de la liturgia.

2.- Su duro e injusto diagnóstico sobre el papel de los teólogos en el concilio y en el tiempo de recepción del mismo: al decir de J. Ratzinger, con la autoconciencia de ser los únicos representantes de la ciencia, por encima de los obispos y su posterior intento de recolocarlos -siendo ya Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe- como simples difusores del magisterio, nunca -o casi nunca- como personas capacitadas para ayudar en su elaboración.

3.- Su crítica -que hoy resuena como marcadamente impertinente, además de falsa y prejuiciosa- sobre la debilidad magisterial de una buena parte de los obispos, particularmente en el Concilio. Y su conclusión de que, como consecuencia de tal debilidad, acabaron dando alas a la llamada “Iglesia popular”. A él, juntamente con Juan Pablo II, se debe la desaparición, a partir de 1985, del imaginario conciliar de la Iglesia, “pueblo de Dios”, en favor de la Iglesia como “comunión”.

4.- Su llamada de atención sobre el peligro de división y fragmentación que amenazaban a la Iglesia postconciliar cuando se reivindicaban la colegialidad episcopal y la corresponsabilidad bautismal y, en coherencia con dicho diagnóstico, la posterior pérdida de entidad magisterial de las conferencias episcopales. Y con ella, la increíble prohibición de que los sínodos pudieran formular peticiones de revisión sobre las cuestiones reservadas a la Santa Sede. Pero, de manera particular, su decantamiento por una forma de ejercicio del primado que -fundamentado en la división entre el “poder de orden” y el “poder de jurisdicción”- acabó recreando el existente antes del encuentro conciliar, tanto durante el pontificado de Juan Pablo II como en el suyo; y, de esta manera, desactivando una de las aportaciones más definitivas del Vaticano II.

5.- El debate, mantenido, entre otros, con W. Kasper, sobre su tesis, referida a la supuesta precedencia “lógica y ontológica de la Iglesia universal sobre la Iglesia local”, entendiendo por “Iglesia universal”, la Iglesia de Roma. En esta confrontación se evidenció, con toda claridad, su voluntad de revisar el número 11 del decreto conciliar “Christus Dominus” cuando sostiene que en la diócesis “se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica”. Fue un debate en continuidad con la restauración que, liderada por Juan Pablo II y él mismo, no solo pretendía consolidar un preconciliar centralismo vaticano sino también reforzar una concepción monárquica y autoritaria del papado, en nombre -una vez más- del cuidado y preservación de la unidad (más bien, uniformidad) católica.

6.- Su obsesión sobre una supuesta reaparición del “mesianismo marxista” y su impregnación en las formas utópicas de la teología de la liberación a las que ya me he referido más arriba.

7.- Sus permanentes llamadas de atención sobre la dictadura del relativismo y su descuidado (por desmedidamente autoritativo y poco articulado) discurso sobre la prevalencia de la verdad sobre la libertad y también sobre los derechos humanos en el seno de la Iglesia.

8.- Su apuesta y reforzamiento de la “Professio fidei” y de la puesta en funcionamiento de una nueva forma de magisterio infalible y no definido que son las llamadas “verdades definitivas”; una extralimitación teológica y dogmática que sigue bloqueando, entre otros puntos, la posibilidad -por coherencia con lo dicho y hecho por Jesús- el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial e, igualmente, la recepción del diaconado, a pesar de las dos comisiones promovidas por el Papa Francisco.

9.- Y, sin ánimo  de agotar todo el elenco, no tener debidamente presente la cuidadosa articulación entre escritura y magisterio alcanzada en el Vaticano II; conceder una desmedida importancia a un magisterio eclesial comprendido más en clave infalibilista que como fraternal testimonio para sostener en la fe y desplegar una exégesis canónica manifiestamente mejorable en su articulación con la investigación histórica.

Epílogo

Queda pendiente asomarse a su etapa como Papa emérito, a sus promesas de no interferir en el gobierno de su sucesor, dedicarse a la oración y guardar silencio; a las manipulaciones de que ha sido objeto y a sus desmarques, a veces, sorprendido de las mismas; a sus declaraciones, no siempre felices, pero coherentes, en todo momento, con las opciones teológicas y dogmáticas que he tratado de reseñar en estas líneas y a un largo etcétera.

Es una tarea que queda para otra ocasión y momento.

Descanse en la paz del Dios de la misericordia, la Verdad que sigue consolando y estimulando a quienes aguardamos encontrarnos un día con Ella, como ya lo ha hecho nuestro hermano J. Ratzinger – Benedicto XVI.

Jesús Martínez Gordo teólogo

Entrevista a Jesús Espeja

Jesús Espeja: «No debemos seguir con un modelo de Iglesia donde la mujer sigue marginada»

Jesús Espeja

«Evocando la figura del papa Benedicto XVI, ahora la tendencia preocupada por mantener el pasado, sale a la palestra. Como si la Iglesia no estuviera sometida al tiempo, se pretende absolutizar la intervención de un papa como si no estuviera sometida a los límites de la temporalidad»

«La herejía más bien tiene lugar cuando se absolutizan las formulaciones ahogando la experiencia de fe que siempre se vive dentro de un tiempo y de una cultura»

Francisco dejó paso a un sano pluralismo: “las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y en el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia”

«La vocación la Iglesia es creer. No la fe entendida como creencias, sino como apertura libre, confiada y total de las personas a la Presencia de Dios que se da como amor»

«Los necesarios cambios para la reforma tienen que ir al ritmo que pueden soportar no solo y tanto las estructuras eclesiales sino también los cristianos responsables en la gestión de las mismas»

«En todo caso la reforma estructural de la Iglesia ya pedida en el Concilio, apenas ha comenzado»

Por José Manuel Vidal

Desparecido Benedicto XVI, se multiplican los ataques de la Iglesia conservadora al papa Francisco. Hablamos con el dominico Jesús Espeja, colaborador habitual de Religión Digital y mente preclara, quien nos ofrece algunas claves para entender el por qué de estas embestidas conservadoras «no solo contra el papa Francisco, sino contra muchos cristianos que creemos que sí es posible otra forma de Iglesia».

En este escenario, «los pasos que ha dado el papa Francisco siguiendo la orientación del Concilio, son significativos; no tienen marcha atrás, pero aún son limitados. Procede con tiento y aguanta reveses con caridad. Los necesarios cambios para la reforma tienen que ir al ritmo que pueden soportar no solo y tanto las estructuras eclesiales sino también los cristianos responsables en la gestión de las mismas. En todo caso la reforma estructural de la Iglesia ya pedida en el Concilio, apenas ha comenzado«, afirma.

-¿Por qué, con la muerte de Benedicto XVI, parece haber vuelto a renacer en cierta jerarquía eclesiástica la obsesión por el conservadurismo?

-Durante el s- XIX y primera mitad del XX la jerarquía eclesiástica optó prevalentemente por una actitud defensiva y de rechazo a los reclamos del mundo moderno. La inesperada intervención de Juan XXIII convocando un Concilio para discernir los signos del Espíritu en el acontecer de este mundo abrió un horizonte nuevo. El paso del anatema al diálogo valorando los justos reclamos emergentes en la modernidad prevaleció en los debates y documentos conciliares. Pero también ahí apareció una y otra vez la tendencia con reservas al diálogo con la modernidad.

En 1985 salió la entrevista “Informe sobre la fe” del entonces Cardenal J. Ratzinger. Manifestaba con claridad su preocupación y sus reservas por la apertura del Concilio en el diálogo con el mundo moderno. Ese Informe influyó en el juicio bastante desconfiado en el Sínodo, celebrado poco después, sobre los resultados del Concilio a los veinte años de su celebración. En su entrevista el Cardenal Ratzinger propuso iniciar “un segundo periodo postconciliar” que ha durado varias décadas. En esos años prevaleció la preocupación por salvaguardar la ortodoxia y la unidad –tal vez mejor uniformidad – en la Iglesia

Da la impresión de que el papa Francisco, motivado por la compasión, respira los aires renovadores del Concilio. Pero evocando la figura del papa Benedicto XVI, ahora la tendencia preocupada por mantener el pasado, sale a la palestra. Como si la Iglesia no estuviera sometida al tiempo, se pretende absolutizar la intervención de un papa como si no estuviera sometida a los límites de la temporalidad.

Si el Papa Francisco no está tocando para nada la doctrina (lo dogmático), ¿por qué le siguen acusando de herejía y de querer destruir la Iglesia?

-Como Juan XXIII y el Vaticano II, los gestos y las intervenciones de papa Francisco descolocan a muchos bautizados. La religión del Evangelio nada tiene que ver con una Iglesia que se reduce a normas, cumplimientos, estructuras y ritos. El papa Francisco quiere una Iglesia que se construya desde Jesucristo.
La herejía no consiste en el cambio de fórmulas o expresiones, sino en negar la fe o experiencia cristiana que no agotan los enunciados. La herejía más bien tiene lugar cuando se absolutizan esas formulaciones ahogando la experiencia de fe que siempre se vive dentro de un tiempo y de una cultura.

-¿Lo que más les duele a los conservadores es que Francisco quiera cambiar la estructura eclesial, para hacerla más circular y comunitaria?

-En su denso y significativo libro, “Falsas y verdaderas reformas de la Iglesia”, 1050, el P. Congar lamentaba que los autores habían dado más relieve a la estructura que a la vida de la Iglesia. Antes del Vaticano II el curso de eclesiología trataba solo de la jerarquía eclesiástica y de su organización visible.

Pero el Concilio presentó la misteriosa entraña de la Iglesia, ante todo y finalmente, como pueblo  ”reunido en virtud de la unidad entre el Padre, e Hijo y el Espíritu Santo”. Todos los bautizados integran ese pueblo y en consecuencia todos tienen la misma dignidad y están llamados a la perfección. Al servicio de ese pueblo tienen sentido todos los ministerios, todas las estructuras y toda la organización visible.

El papa Francisco no hace más que secundar esa visión del Concilio : “La funciones en la Iglesia no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros”; el clericalismo es una patología.

No hay cristianos de primera y cristianos de segunda; todos son llamados a ser perfectos. Lo deja bien caro la Exhortación “Alegraos y regocijaos”. El Sínodo sobre la Sinodalidad apunta un camino para la corresponsabilidad de todos los bautizados en la vida y misión de la Iglesia.

Más aún, la preocupación prioritaria por la uniformidad que paralizó la necesaria y paulatina recepción del Concilio durante el llamado “segundo periodo postconciliar”, con el papa Francisco dejó paso a un sano pluralismo: “las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y en el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia”.
-El papa Francisco habla de una Iglesia “en salida”, servicial y misionera. ¿se necesita para ello un cambio en las estructuras?

-En la Constitución “Lumen Gentium” el Concilio se refiere a la Iglesia como sociedad “orgánicamente constituida” y como pueblo de Dios cuyos miembros tienen la misma dignidad. Pero un año después, en la Constitución “Gaudium et spes”, se dice que la misión de la Iglesia es continuar la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido. Jesús de Nazaret vive apasionado por la llegada del reino de Dios. Por otro lado en la Constitución GS la visión de los conciliares ha madurado. Quiere decir que la Iglesia es sociedad orgánicamente estructurada y pueblo de Dios en orden a la misión.

El papa Francisco preocupado por esta vocación misionera de la Iglesia, constata:                 ”Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador”    ¿No es algo constatable?

Una Iglesia “en salida” es reclamo en dos vertientes por lo demás muy vinculadas.

En salida de su estructura piramidal. No debemos seguir con un modelo de Iglesia donde unos mandan, enseñan y celebran, mientras la mayoría solo acepta, escucha y asiste; donde la mujer sigue marginada.

La Iglesia también debe salir de su “auto-preservación”, para leer los signos del tiempo y responder a la llamada del Espíritu que habla en todos los acontecimientos. No debemos quedarnos con unos cumplimientos mientras los mismos clérigos se reducen funcionarios de lo sagrado. No hay verdadero cristianismo ni salvación fuera de este mundo acompañado ya por el Espíritu. La Iglesia se constituye en la misión que no es posible fuera del mundo. Con toda razón el Vaticano II entiende que el mundo pertenece a la constitución de la misma Iglesia.

-¿Cuáles son los imperativos teológicos que sustentan e inspiran la reforma de Francisco?

La clave de la reforma es que la Iglesia se mire “frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí”.

En Jesucristo lo decisivo fue su intimidad con el “Abba”. En esa intimidad se fundamenta la vida de la Iglesia: “Que la alegría de la fe comience a despertarse. El amor del Señor no se ha acabado; no se ha agitado su ternura; mañana tras mañana se renueva”. La vocación de la Iglesia es creer. No la fe entendida como creencias, sino como apertura libre, confiada y total de las personas a la Presencia de Dios que se da como amor.

Desde esa fe o experiencia brota compromiso por construir a fraternidad. Dentro de la Iglesia, pueblo donde todos los bautizados tienen la misma dignidad, y en la humanidad con las dos realidades entre las que vive (Fratelli Tutti)

“Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres” (Evangelii Gaudium)

-¿Será capaz el papa Francisco de encarrilar esta reforma lo suficiente, para que no se vuelva a producir una involución?
Con esos imperativos de fondo, gracias al Espíritu, el papa Francisco está encarrilando e impulsando con acierto y no sin dificultades, la necesaria reforma de la Iglesia.
-¿Tiene futuro la Iglesia sin las reformas de Francisco?

Los pasos que ha dado el papa Francisco siguiendo la orientación del Concilio, son significativos; no tienen marcha atrás, pero aún son limitados. Procede con tiento y aguanta reveses con caridad. Los necesarios cambios para la reforma tienen que ir al ritmo que pueden soportar no solo y tanto las estructuras eclesiales sino también los cristianos responsables en la gestión de las mismas. En todo caso la reforma estructural de la Iglesia ya pedida en el Concilio, apenas ha comenzado.

A esa reforma se llamó “aggiornamento” que podríamos cifrar en un cambio de actitudes y de modos sobre la presencia de la Iglesia en la sociedad. Pero da la impresión de que la crisis en la Iglesia hoy es más profunda. Es una crisis de fe que pide urgentemente “una conversión al Evangelio”. Sólo desde esa fe o experiencia puede salir un verdadero “aggiornamento”.

La conversión es posible porque la Iglesia procede también del Espíritu Santo que no cesa de impulsarla hacia delante en solidaridad con la historia humana donde ya está presente y activo el Espíritu.

Asociación de los Sacerdotes del Prado

Diego Martín Peñas, nuevo responsable en España de la Asociación de Sacerdotes del Prado

 | VIDA NUEVA

El cura abulense sustituye al que ha sido responsable regional desde 2013, Lucio Arnáiz, de la diócesis de Alicante

El abulense Diego Martín Peñas ha sido elegido nuevo responsable regional de la Asociación de Sacerdotes del Prado. Será el encargado de coordinar esta asociación en España, durante los próximos cinco años. La elección ha tenido lugar en el transcurso de la asamblea que estos sacerdotes celebran en Ávila, del 23 al 27 de enero. Diego Martín tiene 56 años de edad y es sacerdote de la diócesis de Ávila.

Una vez elegido mediante votación, los responsables del Prado han llamado al administrador apostólico de Ávila, el obispo emérito Jesús García Burillo, para que concediera el plácet, sin el cual Martín Peñas no podría asumir el cargo.

Diego Martín sustituye al que ha sido responsable regional desde 2013, Lucio Arnáiz, de la diócesis de Alicante. Desde este momento se inicia un proceso de relevo en la dirección de esta asociación en España, que contará, además con el nombramiento de un equipo de consejeros, que saldrá también de esta asamblea celebrada en Ávila.

No es el primer cargo de responsabilidad que Diego Martín tiene en la Asociación de Sacerdotes del Prado. Actualmente es miembro del Consejo Regional y responsable de formación. Además, en el equipo que dirige la asociación a nivel internacional, es miembro del Consejo General.

Asamblea general

Los sacerdotes que forman parte de esta asociación en España se han encuentrado reunidos en asamblea durante la pasada semana. Se trata de una asamblea que se celebra cada 5 años, en la que se proponen las líneas de acción para el siguiente quinquenio y en la que se elige al responsable de la asociación para esos años. En esta ocasión, se han reunido en la ciudad de Ávila, en el CITeS, el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista, desde el 23 al 27 de enero.

En Ávila se han reunido más de 70 sacerdotes de toda España. Asisten también el responsable general, el italiano Armando Pasqualotto, y miembros de los Prados regionales de Francia e Italia. En el mundo, esta asociación, que nació en Francia a finales del siglo XIX de la mano del beato Antoine Chevrier, está presente en 40 países y cuenta con sacerdotes, diáconos, seglares, religiosas y laicas consagradas. El estudio del Evangelio, el amor a la Eucaristía y el compromiso por la evangelización de los pobres desde una opción de pobreza, son algunos de los distintivos que marcan el carisma de los Sacerdotes del Prado

Benedicto XVI – Un Papa de la vieja cristiandad –

Por Leonardo Boff

Siempre que muere un Papa toda la comunidad eclesial y mundial se conmueve, pues ve en él el confirmador de la fe cristiana y el principio de unidad entre las varias iglesias locales. Pueden hacerse muchas interpretaciones de la vida y de los actos de un Pontífice. Haré una a partir de Brasil (de América Latina), seguramente parcial e incompleta.

Es importante constatar que en Europa viven solo el 23,18% de los católicos y en América Latina el 62%, el restante en África y Asia. La Iglesia Católica es una Iglesia del Segundo y del Tercer mundo. Probablemente los futuros Papas vendrán de esas Iglesias, llenas de vitalidad y con nuevos estilos de encarnar el mensaje cristiano en las culturas no occidentales.

Con referencia a Benedicto XVI conviene distinguir al teólogo Joseph Ratzinger del Pontífice Benedicto XVI.

El teólogo Joseph Alois Ratzinger fue un típico intelectual y teólogo centroeuropeo, brillante y erudito. No fue un creador, sino un eximio expositor de la teología oficial. Esto aparecía claramente en los varios diálogos públicos que mantuvo con ateos y agnósticos.

No introdujo visiones nuevas, pero dio otro lenguaje a las ya tradicionales, fundadas especialmente en San Agustín y San Buenaventura. Tal vez sea algo nuevo su propuesta de la Iglesia como un pequeño grupo altamente fiel y santo en “representación” de la totalidad. Para él no era importante el número de los fieles. Era suficiente el pequeño grupo altamente espiritual que está en lugar de todos. Sucede que dentro de ese grupo de puros y santos hubo pedófilos y personas envueltas en escándalos financieros, lo que desmoralizó su comprensión de representación.

Benedicto XVI alimentaba el sueño de recristianizar Europa bajo la hegemonía de la Iglesia Católica, un sueño considerado inviable porque la Europa de hoy, con tantas revoluciones que ha hecho y con la introducción de valores democráticos, no es la misma del imaginario de estilo medieval, con su síntesis entre fe y razón. Ese ideal no encontró resonancia por ser extemporáneo y raro.

Otra posición singular, objeto de una polémica interminable conmigo, que obtuvo resonancia en la Iglesia, fue la interpretación de que la “Iglesia Católica es la única Iglesia de Cristo”. Las discusiones conciliares y el espíritu ecuménico cambiaron “es” por “subsiste”. Se abría así un camino para que en otras Iglesias “subsistiese” también la Iglesia de Cristo. Ratzinger siempre afirmó que ese cambio era solo un sinónimo de “es”, lo que la investigación minuciosa de las actas teológicas del Concilio no confirmó. Pero siguió sustentando su tesis. Afirmó además que las otras Iglesias no son iglesias, sino que poseen solamente elementos eclesiales.

Llegó a afirmar, varias veces, que mi posición se había difundido entre los teólogos como algo común, lo que motivó nuevas críticas por parte del Papa. No obstante, se fue quedando aislado, pues había provocado gran decepción en las demás iglesias cristianas, como la luterana, la baptista, la presbiteriana y otras, por cerrar las puertas al diálogo ecuménico.

Entendió la Iglesia como una especie de castillo fortificado contra los errores de la modernidad, colocando la ortodoxia de la fe, ligada siempre a la verdad (su tonus firmus), como referencia principal. No obstante su carácter personal sobrio y cortés, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se mostró extremadamente duro e implacable. Cerca de cien teólogas y teólogos, de los más preeminentes, fueron sentenciados o con la pérdida de la cátedra, o con la prohibición de enseñar y escribir teología o, como en mi caso, con “silencio obsequioso”.

Así, nombres notables de Europa como Hans Küng, Edward Schillebeeckx, Jacques Dupuis, B. Häring, J. M. Castillo entre otros. En América Latina, el fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, el hispanoamericano Jon Sobrino, la teóloga Ivone Gebara, censurada, así como el autor de estas líneas.

 En Estados Unidos hubo otros, como Charles Curran y R. Haight. Hasta fueron prohibidos los libros de un teólogo indio ya fallecido, el padre Anthony de Mello, así como T. Balasurya de Sri Lanka que fue excomulgado.

Los/las teólogos/as de América Latina, decepcionados, nunca acabamos de comprender por qué prohibió la colección “Teología y Liberación”, de 53 volúmenes, que incluía a decenas de teólogos y teólogas (se publicaron unos 25 tomos), destinada a subsidiar los seminarios, las comunidades eclesiales de base y los grupos cristianos comprometidos con los derechos humanos. Era la primera vez que se producía una obra teológica de envergadura fuera de Europa, con resonancia mundial. Pero fue pronto abortada. El teólogo Joseph Ratzinger no se mostró amigo de los amigos de los pobres. Eso entrará negativamente en la historia de la teología.

Son muchos los teólogos que afirman que estaba obsesionado con relativismo y el marxismo, aunque este hubiese fracasado en la Unión Soviética. Publicó un documento sobre la teología de la Liberación, Libertatis nuntius (1984), lleno de advertencias pero sin una condena explícita. Otro documento posterior, Libertatis conscientia (1986), destaca los elementos positivos pero con demasiadas restricciones. Podemos decir que nunca entendió lo central de esa teología: la “opción por los pobres contra su pobreza y por su liberación”, que hacía de los pobres protagonistas de su liberación y no meros destinatarios de la caridad y del paternalismo. Esa era la visión tradicional y la del Papa Benedicto XVI. Sospechaba que había marxismo dentro de ese protagonismo de la fuerza histórica de los pobres.

Como Pontífice, Benedicto XVI inauguró el “Retorno a la Gran Disciplina”, con clara tendencia restauradora y conservadora, hasta el punto de reintroducir la misa en latín y de espaldas al pueblo. Causó extrañeza general en la propia Iglesia cuando en el año 2000 publicó el documento “Dominus Iesus”. En él reafirma la vieja doctrina medieval superada por el Concilio Vaticano II, según la cual “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Los no-cristianos corrían grave peligro. Nuevamente negó el calificativo de “iglesia” a las demás Iglesias, lo que provocó irritación general. Serían solamente comunidades eclesiales. Con toda su sagacidad polemizó con los musulmanes, con los evangélicos, con las mujeres y con el grupo integrista contrario al Vaticano II.

Su forma de conducir la Iglesia no mostraba el carisma, tan fuerte en Juan Pablo II. Se orientaba más por la ortodoxia y por el celo vigilante de las verdades de la fe que por la apertura al mundo y por una relación de ternura con el pueblo cristiano, como aparece fuertemente en el Papa Francisco.

Fue un genuino representante de la vieja cristiandad europea con su pompa y poder político-religioso. Desde la perspectiva de la nueva fase de la planetización, la cultura europea, rica en todos los campos, se ha encerrado en sí misma. Raramente se ha mostrado abierta a otras culturas como las antiguas de América Latina, África y Asia, lo cual se ha mostrado en el proceso de evangelización, que implicaba una occidentalización de la fe. Nunca se liberó de una cierta arrogancia de ser la mejor y en nombre de eso colonizó todo el mundo, tendencia aún no totalmente superada.

No obstante las limitaciones, por sus virtudes personales y por la humildad de haber renunciado al munus papal al haber llegado al límite de sus fuerzas, seguramente se contará entre los bienaventurados.


*Leonardo Boff, teólogo católico brasilero

Persecución religiosa en Nicaragua

Más sacerdotes exiliados y desterrados: la persecución religiosa de Ortega no cesa en Nicaragua

Monseñor Rodrigo Urbina

Historia de Wilfredo Miranda 

Monseñor Rodrigo Urbina llegó a tiempo al aeropuerto de Miami el viernes 27 de enero para tomar el avión que lo llevaría de regreso a Nicaragua, donde es párroco de la iglesia San Juan Bautista, un templo enclavado en el barrio indígena de Sutiaba en la ciudad de León. Todo marchaba bien hasta que los dependientes de la aerolínea le notificaron que las autoridades de su país, es decir el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, no habían permitido su ingreso. No pudo abordar y desde ese momento el religioso quedó desterrado, presa de una medida represiva que otros sacerdotes ya han experimentado en los últimos meses, en medio de la persecución religiosa que la pareja presidencial mantiene contra la Iglesia católica.

El destierro de monseñor Urbina ha sido confirmado por fuentes eclesiales, entre ellas el vicario general de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Carlos Avilés, una de las pocas voces pastorales que aún responde las consultas de los periodistas en un ambiente de terror para los religiosos católicos. Los párrocos sufren sistemático hostigamiento policial y judicial por criticar las violaciones a los derechos humanos por parte del oficialismo desde abril de 2018, cuando policías y paramilitares cometieron una matanza de más de 350 personas, el saldo más fatal de una represión muy variada y encarnizada.

El temor difícilmente se matiza en las iglesias y hasta en los seminarios. El pasado 29 de enero, durante la misa dominical, el Cardenal Leopoldo Brens dijo en el púlpito que “un grupo” de neocatecúmenos extranjeros recientemente ordenados sacerdotes pidieron regresar a sus países de origen. “El cardenal no tiene que decir las razones, pero evidentemente esos hermanos recién ordenados no quieren prestar servicios bajo estas circunstancias”, dijo una fuente católica que pide anonimato.

Ni la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) ni el Vaticano han dicho cuántos sacerdotes —como monseñor Urbina, quien tampoco ha respondido a las consultas de EL PAÍS— han sido desterrados. Mucho menos el número de párrocos que se han exiliado para escapar de la persecución religiosa. De acuerdo a un recuento hecho por EL PAÍS sobre los casos denunciados públicamente, hasta la fecha cinco sacerdotes han sido desterrados. Mientras que 10 religiosos (un obispo, ocho sacerdotes y un seminarista) han huido de Nicaragua. Sin embargo, defensores de derechos humanos y hasta el titular de la Diócesis de Danlí en Honduras, monseñor José Canales, creen que el número de sacerdotes y religiosos católicos es mayor.

En septiembre pasado, Canales le dijo al diario La Prensa —cuya redacción fue confiscada por los Ortega-Murillo— que ha tenido intercambios vía electrónica “con sacerdotes en situación de riesgo”. “Ellos me han hablado de otros compañeros y el cálculo que yo hago es que unos 50 sacerdotes están con la idea de salir de Nicaragua porque ya no soportan el acoso”, dijo. La mayoría, continuó el obispo de Danlí, piensan solicitar refugio en Costa Rica y Honduras.

En San José, la capital costarricense, el abogado Gonzalo Carrión dijo a El PAÍS que desde su organización, Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, dan acompañamiento a dos sacerdotes exiliados cuyos nombres se mantienen en reserva. “No te puedo hablar de una cifra, pero hay muchos casos que no se denuncian por temor”, afirma Carrión, también perseguido y exiliado.

“Vemos un desplazamiento forzado de sacerdotes y personas relacionadas a la Iglesia católica. Es la continuación de los crímenes de lesa humanidad en Nicaragua. Esto ha dado pie al estado de terror que se vive, perpetrado por un régimen totalitario que en 2022 aplicó cárcel a sacerdotes y privó de su libertad a un obispo”, agrega Carrión. “El año pasado Nicaragua vivió un desplazamiento forzado nunca visto; miles y miles de ciudadanos de todos los territorios que se han ido hacia Estados Unidos y Costa Rica, entre ellos personas que se declaran exiliados. Los sacerdotes no han escapado de esta tragedia”.

Un obispo enjuiciado

El caso de exilio forzado más conocido es el del obispo Silvio Baéz, quien se estableció en Miami desde abril de 2019. Pero ahora se suman otros, como el del padre Uriel Vallejos, quien solicitó refugio en Costa Rica, después de huir de la cacería que la policía inició contra la diócesis de Matagalpa y sus iglesias en agosto de 2022. En ese contexto de persecución fue capturado el obispo Rolando Álvarez, el integrante de mayor rango de la Iglesia católica que hasta ahora ha sido sometido a un juicio político por cometer los supuestos delitos de “menoscabo a la integridad nacional” y “propagación de noticias falsas”, mientras el régimen giró un oficio de captura contra Vallejos a la Interpol.

Álvarez es una de las voces destacadas de la Iglesia católica en Nicaragua, y azote moral contra el régimen sandinista. El prelado es mantenido bajo casa por cárcel y los Ortega-Murillo le ofrecen destierro a cambio de su libertad. Sin embargo, el obispo se ha negado rotundamente a irse de su patria, razón por la cual el juicio se ha alargado y continúa en el limbo. Semanas atrás, el presidente de la CEN, el obispo Carlos Herrera, reveló que la Santa Sede inició “conversaciones” con el régimen sandinista para abordar la situación del obispo de Matagalpa, pero por el momento no han trascendido más detalles. No obstante, las relaciones de Managua con el Vaticano están “en punto muerto” desde que el nuncio Monseñor Waldemar Stanislaw fue expulsado de Nicaragua en marzo de 2022.

El pasado 26 de enero, la justicia sandinista declaró “culpables” a cuatro sacerdotes, dos seminaristas y un laico que fueron apresados junto al obispo Álvarez. La Fiscalía pide una condena de 10 años de cárcel por el delito de “conspiración”. Mientras tanto, el acoso en las parroquias se mantiene. La abogada Marta Patricia Molina ha documentado desde 2018 al menos 396 ataques contra el catolicismo por parte del régimen, de los cuales 140 se han dado en el año 2022.

Los ataques registrados incluyen ofensas, profanaciones de templos, insultos y amenazas de muerte, ataques armados, encarcelamientos, prohibición del culto y actividades religiosas, a lo que se suma el exilio. “Obligar al destierro a cualquier persona es una grave vulneración de los derechos humanos. La Constitución Política de Nicaragua garantiza la entrada y salida de los nacionales libremente. Me encuentro realizando la tercera entrega de ‘Nicaragua:¿una iglesia perseguida?’, y es evidente que este año será más nefasto que el anterior. La dictadura no da tregua alguna a los religiosos”, dijo Molina a EL PAÍS.

La abogada alerta que el acoso continúa y se ha extendido contra los laicos y a aquellos que pertenecen a grupos parroquiales que viven en el interior del país. “Los policías les han detenido momentáneamente para preguntarles acerca de las actividades que ellos como laicos realizan”, denuncia Molina.

EL AUGE DE LA DERECHA RELIGIOSA

Cuatro grupos católicos dirigidos por españoles libran en la UE una cruzada contra el feminismo

  •  One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados, ‘lobbies’ con sede o líderes españoles, despliegan en Europa su lucha contra el aborto, la «ideología de género» y los derechos Lgtbi
  •  La estrategia permite a estas entidades acceder, lejos del foco nacional, a políticos de «gran influencia». Bruselas sirve como punto de encuentro para «crear redes», señala el investigador Felipe G. Santos
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE..
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE.. Europa Press

Ángel Munárriz

Una federación europea de organizaciones «provida». Una plataforma internacional contra el feminismo y por la mujer-madre. Una organización obsesionada con meter en las aulas el «pin parental». Otra inspirada por el ejemplo Isabel la Católica. One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados tienen mucho en común: su defensa de la llamada «familia natural» –es decir, del matrimonio heterosexual con hijos, lo «tradicional»–, su lucha por la financiación pública de la educación concertada católica –lo que llaman «libertad de educación«–, su reivindicación antifeminista del rol tradicional de la mujer, su beligerancia contra la izquierda…

Y dos rasgos más: uno, que son entidades registradas como lobbies en la UE, donde tratan de impulsar políticas en línea con su ideario ultracatólico; dos, que las organizaciones o bien son españolas o bien tienen como máximos responsables a figuras españolas del movimiento integrista.

El papel de estas cuatro organizaciones es indicativo de la ambición política del movimiento ultracatólico español, que tiene un creciente peso internacional y ha fijado sus ojos en las instituciones europeas. Felipe G. Santos, investigador postdoctoral de la Universidad de la Ciudad de Londres, explica por qué la UE es un escenario óptimo para el despliegue de este tipo de grupos: «A pesar de que la UE no tiene demasiadas competencias en temas de género y derechos de las mujeres, una práctica común entre los lobbies es intentar introducir sus temas en legislación que aparentemente no tiene mucho que ver con ello. Así, intentan limitar el apoyo a políticas de planificación familiar a través de las políticas de ayuda al desarrollo. Estas prácticas también se han hecho en la comisión de industria o de comercio internacional». Además, añade, la UE permite a este tipo de grupos «enterarse fácilmente de la evolución política en cada país en los temas que les interesan» e «incidir sobre ella, porque entre los eurodiputados hay mucha gente con gran influencia». La tercera ventaja de actuar en la UE es que permite «crear redes».

Santos y su colega Dorit Geva, catedrática del departamento de Sociología y Antropología de la Universidad Centroeuropea, ya alertaron en un reciente trabajo de las técnicas de penetración usadas por el movimiento contrario al feminismo y los derechos Lgbti en la Eurocámara. En su investigación analizaron el papel de 39 grupos, entre ellos One of Us y Profesionales por la Ética. «Los lobbies están ganando peso en la UE. Bruselas es la segunda ciudad en la que se destina más dinero a la incidencia política, después de Washington. Y dentro de esta tónica general, los lobbies ultras también están creciendo de manera considerable, gracias a toda la financiación que reciben tanto desde Rusia como desde EEUU. Desde 2013, los lobbies ultracatólicos no han parado de crecer tanto en número como en tamaño y profesionalidad», afirma Santos en una consideración general, no referida específicamente a los cuatro grupos que detalla este artículo.

infoLibre preguntó a las cuatro entidades por escrito detalles sobre actividad en la UE. Sólo respondió Profesionales por la Ética, que explicó que su actividad en Bruselas es «mínima» y tiene un coste de unos 3.000 euros anuales. «En estos años hemos mantenido relación con diversas asociaciones internacionales de perfil parecido al nuestro», señala la organización, que afirma que no ha celebrado reuniones con eurodiputados.

La federación europea que lidera Mayor Oreja

De las cuatro citadas, la organización con más peso político es One of Us, una federación europea de entidades «provida» –contra el aborto y la eutanasia–, a favor de la familia tradicional, contra la educación sexual y contra el reconocimiento de derechos de las personas Lgtbi. La integran un total de 48 entidades de 20 países europeos. España es el país que más aporta, un total de 17, entre ellas faros del activismo católico derechista como la Fundación Familia y Dignidad Humana –donde coinciden cargos del PP y Vox en rechazo del aborto incluso si hay violación–, Hazte Oír –con acreditadas conexiones con la órbita del Kremlin–, Valores y Sociedad –presidida por el exministro de Interior español Jaime Mayor Oreja–, Profesionales por la Ética –próxima a Hazte Oír y Abogados Cristianos–, Foro de la Familia y Red Madre –dos clásicos del movimiento provida–.

Figura como presidente de One of Us el propio Mayor Oreja, que junto a Ignacio Arsuaga –Hazte Oír-Citizen Go– es reconocido como una de las voces más autorizadas del movimiento católico radical a nivel internacional. Organización defensora del modelo político y social de Viktor Orbán en Hungría, One of Us tiene una firme vocación de influencia en la UE. Su propia sede está en Bélgica, concretamente en la localidad de Saint Ghislain. No obstante, su oficina de relaciones con la UE tiene domicilio en la madrileña calle Montalbán. La persona jurídicamente responsable de la entidad es también española: Ana del Pino, coordinadora de One of Us, responsable de las relaciones con la UE.

One of Us dedica ocho personas a actividades de presión ante las instituciones europeas, según figura en el registro. Allí señala que su «misión» es la defensa de «cada vida humana desde la concepción a la muerte natural». La entidad, que figura inscrita como lobby desde julio de este año aunque recoge actividades anteriores, señala como políticas objeto de seguimiento aquellas que pretenden la «legalización del aborto», así como las que implican la «experimentación» con células humanas. One of Us celebró en Bruselas en mayo una «convención por el futuro de Europa» centrada en el rechazo al aborto. También participó en un foro en Madrid en diciembre de 2021 organizado por Vox y el grupo de Conservadores y Reformistas, al que pertenece el partido de Santiago Abascal. One of Us se ha movilizado contra el llamado «informe Matic», que pretende garantizar el derecho al aborto. El lobby de Mayor Oreja colabora con la Comece, el grupo de presión de las diócesis europeas, al que la Conferencia Episcopal Española dedicó 130.000 euros en 2021. Ambos incluyen en sus acciones de lobby las reuniones con eurodiputados.

No se trata del único empeño organizativo de Mayor Oreja. Si One of Us es su iniciativa para cohesionar el movimiento «provida» y contra la «ideología de género» a escala europea, en Political Network for Values –donde es presidente de honor– se entrelazan políticos conservadores europeos con americanos del norte y el sur, compartiendo apoyo a las políticas de Orbán y de los Estados republicanos de EEUU. Por último, NEOS, también apadrinada por Mayor Oreja, intenta convertirse en un referente conservador en España, dotando de cohesión organizativa y discursiva al movimiento.

«Esposa y madre» es «lo que me define»

Con sede en Pozuelo de Alarcón, habitual de los listados de municipios más ricos de España, Women of the World (WoW) es una plataforma internacional de organizaciones que reivindican el rol tradicional de la mujer, oponiéndose a lo que llaman «feminismo radical». Se presenta como una red apoyada por 146 ONG de 47 países, que suscriben una declaración según la cual «en los países occidentales las mujeres son hoy discriminadas por su maternidad». Las organizaciones fundadoras son la española Profesionales por la Ética, la belga Woman Attitude y la francesa Femina Europa. Entre las asociadas está Citizen Go, rama internacional de Hazte Oír.

La coordinadora general y máxima responsable de WoW es Leonor Tamayo, que se presenta como «esposa y madre de diez hijos». «Eso es lo que realmente me define», dice. Se trata de una figura ya clásica del activismo católico español, donde lleva dando que hablar al menos desde 2007. Entonces tanto ella como su marido presentaron en el colegio de sus hijos, un concertado en Pozuelo, una declaración de objeción de conciencia contra la asignatura Educación para la Ciudadanía. «La muestra de lo que va a ser la Educación para la Ciudadanía es que las organizaciones de homosexuales […] acaban de recordar que esta materia escolar es importante como avance […]», alegaba para justificar su insumisión. Tamayo fue en 2015 la anfitriona de un significativo homenaje: el brindado por Profesionales por la Ética, organización de la que proviene, a los diputados más antiabortistas del PP, enfrentados con Mariano Rajoy. Allí estaba la diputada del PP Lourdes Méndez, hoy en el Congreso con Vox y el miembro del partido con mayor peso en el lobby ultracatólico. Acudieron a aquel homenaje figuras hoy destacadas de Vox –entonces un partido marginal– como Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio.

La coordinadora general de WoW es tanto la persona jurídicamente responsable de la organización como la encargada de las relaciones con la UE, en cuyo registro de transparencia figura desde 2018. WoW, que dedica cuatro personas a tareas de lobby, se presenta en el registro de la UE como «la voz de las mujeres que hablan en términos de mujer». Su misión: «Evitar que desde las instituciones y organismos internacionales, o desde los gobiernos nacionales, se promulguen leyes o resoluciones que ignoren, anulen o desprecien la identidad femenina, el valor y la dignidad de la maternidad, o la dedicación prioritaria a la familia». También «devolverle a la mujer su verdadera y completa identidad, en complementariedad con el hombre». La entidad se declara con «interés» en iniciativas de la UE como el «compromiso estratégico para la igualdad entre mujeres y hombres 2016-2019» o «plan de acción de género 2016-2020». Entre sus actividades cubiertas por el registro de la UE figuran un «informe sobre mobbing maternal o el «proyecto 1.000 maneras de ser mujer».

Un ariete por el «pin parental»

Profesionales por la Ética, además de pertenecer a Women of the World, es una organización registrada por sí misma como lobby en la UE desde 2014. Nacida en 1992 tras la IV Jornada Mundial de la Juventud en Czestochowa (Polonia), bajo la inspiración de Juan Pablo II, tiene entre sus fines combatir «la cultura de la muerte y la ideología de género». Es una de las organizaciones que más ha empujado para convertir el «pin parental» en un ariete de Vox. Ha estado vinculada a Profesionales por la Ética Alicia Rubio, diputada de Vox en la Asamblea de Madrid.

Con sede –también– en Pozuelo, el presidente de Profesionales es el consultor Miguel Gómez de Agüero, que a su vez es la persona jurídicamente responsable de la entidad y su encargado de relaciones con la UE. La entidad, con dos personas dedicadas a trabajos de presión e influencia en la UE, se declara interesada en las políticas que tengan relación con los siguientes temas: «derecho a la vida, derechos de la familia, libertad de educación, protección del menor, libertad y objeción de conciencia profesional«. Dentro de sus actividades como lobby ante la UE registra una campaña «contra las leyes autonómicas sobre la igualdad y no discriminación de LGTB», divulgación a favor del «pin parental» o «concienciación sobre la eutanasia».

Contra la ofensa religiosa

Enraizados es una organización próxima a Hazte Oír, Profesionales por la Ética y la Asociación Española de Abogados Cristianos. Se trata de uno de los terminales más activos del movimiento, integrado tanto en Women of the World como en las plataformas Pin Parental y Los 7.000, esta última contra la eutanasia.

Su afán principal es defender los símbolos religiosos de toda ofensa, lo que ha llevado a Enraizados a denunciar a las activistas de Femen por su irrupción sin camiseta en una marcha católica, a recoger firmas contra la colocación de la conocida como «estatua del diablillo», en Segovia, y a lanzar campañas contra la exhumación de Franco, contra la posible expulsión de los monjes benedictinos del Valle de los Caídos y contra el hipotético derribo de su gigantesca cruz. He aquí otras campañas de Enraizados. «Firma: Metro de Madrid dará pases gratuitos a transexuales. ¿Por qué a ti y a mí no?». «Defiende la libertad religiosa y de expresión ante los ataques injustificados y totalitarios al obispo de Granada por publicar Cásate y sé sumisa». «PSOE y Podemos quitan la Misa de TVE. Pide al Defensor del Pueblo que defienda a los católicos».

Enraizados se declara inspirada por el legado de Isabel La Católica, cuya «reivindicación» es «la mejor forma de iluminar algunos de los principales problemas a los que nos enfrentamos». ¿Por qué? «En Isabel encontramos un ejemplo práctico del papel de la mujer, esposa, madre, trabajadora (como Reina)». La asociación imparte cursos de «doctrina social de la Iglesia» y «matrimonio, sexualidad y familia», porque «llegó la hora de devolverle a la sexualidad su contexto: ¡el del amor fiel y comprometido!». Al activismo contra el aborto y la eutanasia, contra el «lobby gay» y el «adoctrinamiento» en las aulas, Enraizados suma la glorificación del pasado español.

Con sede en Madrid, Enraizados está inscrita como lobby en la UE desde 2017. Su presidente es José Castro, jurídicamente responsable de la organización ante la UE ¿En qué políticas se interesa? En las que tienen que ver con la «libertad religiosa» en España y China, con la «migración», con la «solidaridad e integración de los refugiados», con la «libertad de educación», con la «defensa de los cuidados paliativos frente a la eutanasia», con la «defensa de la familia» y con la «protección de toda vida humana». Dentro de actividad como lobby, a las que dedica una persona, Enraizados ha desarrollado acciones como «peticiones por la defensa de la libertad religiosa, la libertad de educación y la defensa de la vida», la publicación del libro Hogares de amor y perdón y un estudio sobre «cristianofobia en Nigeria».