El simbolismo histórico-teológico del 666

Indagando en la Biblia 666. El libro del Apocalipsis

Puede ser una imagen de 2 personas, gafas y texto que dice "IB INDAGANDO EN LA BIBLIA Investigación Bíblica Independiente EL LIBRO DEL APOCALIPSIS PROFESOR XABIER PIKAZA HORARIO: DOMINGO 29 DE MAYO 8:00 AM de Ecuador, Colombia, Perú, México P.R 9:00 AM de Bolivia, Chile, Venezuela República Dominicana 10:00 de Argentina 16:00 de España ENTREVISTADOR: TADOR: ALONSO NARANJO TE ESPERAMOS!!! EN NUESTRAS REDES YouTube facebook"

Me atrevo a presentar nuestra conversasión sobre el Apocalipsis,  en canal de you-tube Indagando en la Biblia. Entre otros temas de los que trataremos está el del simbolismo histórico-teológico del 666, expuesto básicamente en mi comentario al Apocalipsis. Gracias al Prof. A. Naranjo por la entrevista.

Por| X. Pikaza

Tengo el privilegio de comentarles que este Domingo 29 de Mayo del presente año tendremos un invitado que nos honrará con su visita a nuestro canal de YouTube, «Indagando en la Biblia»; en esta ocasión nos acompañará el Profesor Xabier Pikaza quien nos hablará sobre el Libro del Apocalipsis.

No tengo que presentar las credenciales del profesor ya que él es muy conocido pero en este caso no puedo pasar por desapercibida la oportunidad para hablarles de su amplia trayectoria.

El Profesor Xabier Pikaza es un Teólogo español de gran envergadura; Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca; Doctor en Filosofía por la Universidad de Santo Tomás de Roma, con una tesis sobre Exégesis y filosofía en R. Bultmann; Licenciado y candidato a Doctor en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma, entre otras credenciales.

Les comento también que el profesor Xabier Pikaza es muy conocido por sus obras y publicaciones, entre las cuales están:

●Los caminos adversos de Dios. Lectura de Job, San Pablo, Madrid 2020

●Ciudad Biblia. Una guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos, Verbo Divino, Estella 2019

●Palabras originarias para entender a Jesús, (Xabier Pikaza y Vicente Haya), San Pablo, Madrid 2018

●Evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia, Verbo Divino, Estella 2017

●La familia en la Biblia, Verbo Divino, Estella 2014

●Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013

●Teodicea. Itinerarios del hombre a Dios, Sígueme, Salamanca 2013

●Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2012

●Diccionario de pensadores cristianos, Verbo Divino, Estella 2010 

No se lo pierdan.

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666. El número del Apocalipsis:

Muchas veces, en la Biblia, los números tienen un valor simbólico vinculado al orden de la creación, en la perspectiva del tiempo (siete días, siete astros), del espacio (cuatro puntos cardinales) y de la organización social (doce tribus…).

Especial importancia recibe el seis, relacionado con las obras de Dios y los días de trabajo de la semana, trascendidas en el sábado, que está más allá de todo número (el siete es de Dios). En ese sentido, humanamente hablando, los judíos sólo cuentan hasta seis, pues todas las cosas de este mundo son seis. El siete pertenece a Dios. Por eso, no se junta con los seis anteriores, que son números humanos.

Una parte considerable de la especulación de los libros apocalípticos judíos (como los libros de Daniel, 1 Henoc y Jubileos) y en especial de algunos textos de Qumrán está relacionada con cálculos numéricos y fijación de tiempos sagrados. En el Nuevo Testamento el libro que más ha insistido en los números ha sido el Apocalipsis. Este es el sentido de alguno de sus números:

Uno. Significa excelencia y autoridad y puede aplicarse a Dios (que Es, Era y Viene: Ap 1, 4.8) y a Cristo (Primero y último..: Ap 1, 17; 2, 8; 22, 13).

DosImplica cooperación, tanto positiva (en los profetas: Ap 11, 1-13) como negativa (en las bestias: Ap 13, 1-18).

Tres y medio(= mitad de siete) es el tiempo que pasa, momento breve de persecución de los fieles. Partiendo de cálculos tomados de Dan 7, 25; 12, 7, Juan lo identifica con un tiempo (=año), dos tiempos y medio tiempo: los 42 meses o 1260 días simbólicos de la crisis final (Ap 11, 9-13; 12, 14).

Cuatro. Es el mundo perfecto y peligroso: cuatro son los Vivientes del cielo (4, 6.8; 5, 6 etc.), los caballos destructores de la historia (6, 1-8), los elementos cósmicos (8, 7-12; 16, 1-9), los ángulos del mundo con sus ángeles y vientos (7, 1-3; cf. 9, 14-15; 20, 8), lo mismo que los cuernos del altar (cf. 9, 13) y los ángulos o muros de la Ciudad nueva (21, 16).

Seis. Es la imperfección del mundo (del hombre) que, oponiéndose al siete de Dios y su Mesías, acaba encerrándose a sí mismo, en violencia destructora. Es el número de la Bestia: 6.6.6 (Ap 13, 18) y del 6º emperador, que ahora reina (tras los cinco pasados), siendo incapaz de permanecer, pues no puede hacerse siete (cf. 17, 10-11).

SieteEs la plenitud divina que se expresa en los espíritus (Ap 1, 4; 3, 1; 4, 5; 5, 6), ángeles (1, 20; 8, 2. 6), candelabros (1, 12.20; 2, 1), astros (1, 16.20; 2, 1), iglesias (1, 4.11.20) y en los cuernos y ojos del Cordero, que reflejan su poder (5, 6). Siete son también los acontecimientos finales que marcan el juicio de Dios sobre el mundo: los sellos (5, 1.5; 6, 1), las trompetas (8, 2.6), los truenos (10, 3.4) y las copas destructoras (15, 1.6.7).

Hay también un siete negativo que se expresa en las cabezas del Dragón y de la Bestia (12, 2; 13, 1; 17, 3.7), en las colinas (de Roma) que forman el asiento de la Prostituta, en los reyes perversos de la historia (17, 9) y, sobre todo, en el 7º emperador, que permanece poco tiempo…, pues un siete humano es siempre perversión, es idolatría. Cuando este emperador desaparezca volverá como octavo uno de los anteriores, pero Cristo lo destruirá (17, 10-11).

Diez. Es número del poder perverso: los cuernos de Dragón y Bestia (13, 3; 13, 1; 17, 3.7), los reyes de la tierra (17, 12.16) y los días de prueba que Daniel y compañeros han de padecer porque no aceptan la comida impura del imperio (2, 10). Se opone probablemente al doce de la perfección israelita y cristiana.

Doce. Número perfecto de los cielos, como muestran las estrellas de la corona de la Mujer (12, 1), y de la historia mesiánica, que se expresa por los hijos de Israel y los apóstoles del Cristo, vinculados a los ángeles de Dios y a los cimientos y puertas de la Jerusalén perfecta (21, 12-14), con sus medidas y piedras preciosas (21, 16.21). Desde ese fondo han de entenderse sus múltiplos: los 24 Ancianos (dos por doce) que forman la corte de Dios (4, 4) y los 144.000 triunfadores (doce mil por doce mil) del Monte Sión (14, 1; cf. 7, 4).

Mil. Es signo de una gran multitud (millares de millares forman la muchedumbre incontable de los ángeles 5, 11). Se emplea de un modo especial para indicar el milenio: los años del tiempo del reino de los elegidos; frente al breve tres y medio de la persecución se eleva el mil de gloria de los elegidos (20, 2-7).

Seis, seis, seis. Sentido básico del número

Desde lo anterior se puede interpretar mejor el Número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos. Así se dice que el Falso Profeta, que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación), que se pone al servicio de la primera Bestia, 

«hizo también que todos, grande y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente. Y sólo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender. Aquí se debe aplicar la sabiduría. Quien se sienta inteligente pruebe a descifrar el Número de la Bestia, que es Número humano: seis, seis, seis» (Ap 13, 16-18).

Éste es el texto básico, que sigue haciéndonos pensar y sufrir. La identidad de la Bestia y el posible sentido cifrado de su número (6-6-6) ha sido y es tema apasionante de estudio y adivinación para estudiosos y curiosos (especialmente para curiosos). Como veremos, en su origen debía ser (y es) un número bastante fácil de entender para los cristianos de las siete iglesias a las que va dirigido el Apocalipsis (cf. Ap 2-3). El conocimiento de ese número servía para mantener el compromiso cristiano; no era objeto de erudición abstracta, sino de experiencia de cada día.

Ese número de la Bestia no podía aludir a una cualidad interior, o a un pecado espiritual, pues va asociado a comprar y vender, en ámbito social y económico. No aludía tampoco a un acontecimiento o suceso imprevisible que no se puede evitar, vinculado con la magia o las apariciones astrales, sino que pertenece a la vida social y está relacionado con el dinero (comprar y vender), pues aquellos que no llevaban la marca de la Bestia (el seis.seis.seis) no podían comerciar, ni enriquecerse, ni formar parte de la sociedad dominadora de los favorecidos por el poder romano (cf. Ap 13, 17). La cosa es muy sencilla: el mismo dinero injusto, el comercio de aquellos que se aprovechan del Sistema Romano para comprar y vender y enriquecerse a costa a los pobres, es el Seis-Seis-Seis. Según eso, los que han vendido su alma al sistema romano llevan el signo la Bestia. En el fondo, eso es lo mismo que dice Mt 6, 24 par: la Mamona es Satán objetivado.

Ésta es la paradoja. Buscamos el número como si fuera algo externo, con grandes adivinaciones y teorías esotéricas o mágicas, como si aquel que supiera descifrar el número pudiera resolver problemas superiores. Pues bien, el Apocalipsis dice todo lo contrario: aunque no quieran advertirlo ni confesarlo, todos los que “compran y venden” y se enriquecen a costa de los pobres llevan el número en la mano o en la frente, como si fuera su carné de identidad, su pasaporte. Los otros, los que no pueden conseguir ese número (o no quieren llevarlo, por honradez y opción cristiana) están condenados a ser unos parias, sin derechos, sin oportunidades, como los fieles de la iglesia del Apocalipsis.

Entendido así, ese número indica dinero y todo aquello que se puede comprar por dinero: es la marca completa de aquellos que asumen el sistema del imperio. Los fieles de Jesús conocen el número, no quieren llevarlo, porque es número de opresión. Ésta es la realidad que está al fondo del tema: el Falso Profeta (2ª Bestia) ofrece la marca de la Primera Bestia a los privilegiados de la sociedad, para que puedan comprar y vender, para bien común del imperio (no de sus pobres). En esa línea ha de entenderse el 6-6-6, el número más simple, más vulgar de este mundo malo: el número de los que se aprovechan del sistema y viven a costa de los otros.

Recordemos que el imperio romano quiso presentarse como primera sociedad global, capaz de ofrecer cauces de comunicación entre tribus, pueblos, lenguas y naciones (cf. Ap 13, 7). Aparecía así como milagro de convivencia, ámbito de paz para los hombres. No era una Nación-estado, sino el Estado-imperio donde cabían todas las naciones, cada una con su propia identidad y diferencias. Ese fue su “milagro”, aquello que nunca se había conseguido sobre el mundo, de tal forma que muchos veneraron a Roma como Diosa, como revelación de Dios en la historia.

Por eso, su Número y signo debía ser la eternidad: la Roma Eterna, sentada en el trono de las grandes aguas (cf. Ap 17, 3). Pues bien, en contra de esa divinización resisten y protestan los cristianos, en contra de ella se eleva el Apocalipsis, mostrando a través de este Número que, en el fondo, Roma no es más un signo de impotencia y muerte, un número incapaz de ofrecer plenitud y salvación a los hombres. Los romanos se creían enviados por Dios (por los dioses) para fundar y expandir su orden divino sobre el mundo, de manera que ellos deberían ser 7-7-7 (como los astros del cielo, como la semana sagrada, como Dios). Pues bien, en contra de eso, los cristianos saben que el número de Roma es un simple 6-6-6, el número de una criatura mala, que quiere divinizarse oprimiendo a los demás, pero que terminará destruyéndose muy pronto.

¿Hay más secretos? Descifrar el Número

La identidad básica del número de la Bestia (seis.seis.seis) es la que acabamos de indicar: es un número de injusticia y muerte. En sentido estricto, nuestro argumento podría terminar aquí. Pero, con el mismo libro del Apocalipsis y con la tradición posterior podemos dar un paso más.

Es muy probable que el mismo autor del libro y sus oyentes y lectores más antiguos hayan querido jugar con ese número, de un modo humorista, en voz baja, para así consolarse: éste no es un número para meter miedo, sino todo lo contrario, para quitar el miedo. Es un número para decir a los cristianos y a los pobres: no os preocupéis, ese mismo emperador que parece divino, ese mismo imperio que se cree Dios, no son más que simples criaturas impotentes, condenadas a la muerte.

Desde ese fondo, la cuestión de la identidad más concreta del Número (666, 6-6-6), aplicado al nombre de algún emperador, resulta secundaria. Lo importante era lo anterior: el seis.seis.seis es la expresión de la impotencia del imperio divinizado. Pues bien, partiendo de eso, muchos cristianos pudieron aplicar en voz baja ese número a alguno de los emperadores, alegrándose con ello, pues al identificar al imperio/emperador con ese número se estaba diciendo que tenía los días contados, que llegaba ya el tiempo de la liberación para los pobres.

Parece que en aquel tiempo podía interpretarse sin dificultad; más aún, es muy posible que pudiera aplicarse de diversas maneras, conforme a los métodos de gematría (cálculo de letras y número), común en aquel tiempo. Sin duda, su sentido está relacionado con la lista de reyes (emperadores) que, partiendo del modelo ofrecido por Dan 7, 25-27, el mismo autor del Apocalipsis ha esbozado más tarde en su libro (Ap 17, 11-14). Se trata de un Número que puede calcularse siguiendo varios modelos de gematría, como hacían entonces judíos y helenistas: cada número es una letra y viceversa, de manera que el conjunto puede descifrarse como código cifrado… La riqueza del tema (y para algunos el problema) empieza cuando se quiere dividir 666 (o 606, según otros manuscritos) en posibles cifras inferiores, utilizando, el alfabeto griego o hebreo (arameo) para calcular la suma o sentido de conjunto.

Las combinaciones y lecturas propuestas desde antiguo son variadas y no concordantes. Las más significativas son: Titán Latino, Nerón Cesar, Cayo (=Calígula) César… Pero ninguna ha logrado convencer a la comunidad de los sabios exegetas, lo cual significa que el secreto se ha perdido con el autor y con los destinatarios del libro… o que no había tal secreto, pues se dejaba a cada uno buscar aplicaciones, sabiendo todos que el seis.seis.seis es la expresión y anuncio de la caída de un tipo de imperio destructor, que eleva a los ricos-comerciantes por encima de los pobres y que mata a los inocentes. Un imperio así no puede persistir, ese imperio es un simple seis.seis.seis… y su representante puede ser Nerón, Calígula… o simplemente Roma, emperadores y ciudad condenada a la muerte, para bien de los pobres del mundo.

Es muy posible que el autor del Apocalipsis haya querido dejar abierto el tema del sentido concreto del Número. Sólo ha querido indicar que se trata de un signo y un Número que es puramente humano, finito. Recordemos de nuevo el sentido de algunos números. La plenitud es Cuatro (hay cuatro vivientes, vientos, elementos: Ap 4, 8; 7, 1; 20, 28); la revelación escatológica es Siete (hay siete espíritus, candelabros, astros): el número de prueba es Tres y medio (mitad de siete) con sus equivalentes (42 meses, 1260 días). Pues bien, el Número del imperio perverso (que parece divino, pero que tiene pies de barro, manchados de sangre: cf. Dan 2) es un seis repetido, que nunca llega a Siete, que nunca puede alcanzar la plenitud.

Por eso, cuando decimos seis.seis.seis… podemos seguir añadiendo números de “seis” hasta el infinito (la repetición triple del “seis” es indicación de algo que se puede seguir diciendo sin fin). Eso significa que Roma no es Cuatro (no es el cosmos entero), ni es Siete (no es Dios). Roma es un simple seis repetido, impotente, un “seis” que destruye a quienes se apoyan en su fuerza brutal pero inhumana, en si riqueza inmensa pero sangrienta. Éste es el Número de aquellos que ponen su seguridad en el Imperio, entregándole su libertad humana. Los cristianos más sencillos lo sabían y lo saben. Por el contrario, aquellos investigadores o curiosos que buscan con inmensa erudición el sentido más oculto de ese Número lo pueden estar repitiendo a lo largo de toda su vida, sin darse cuenta de pueden haber caído bajo el poder del 6-6-6, que es la impotencia y violencia de la finitud, que es la injusticia de la historia humana. Aquellos que se hacen ricos a costa del miedo del seis.seis.seis han caído en su trampa. Quienes quieren convertir el seis.seis.seis en objeto de magia o de cálculos curiosos pierden simplemente el tiempo.

Por eso, todos aquellos que, de un modo o de otro, quieren aplicar el seis.seis.seis un día concreto (como el seis de junio del 2006) van en contra de la Biblia cristiana. Pueden saciar una curiosidad, pero su gesto no tiene nada que ver con el evangelio del Apocalipsis de Juan.

Entrevista a Enrique Dussel

Enrique Dussel: “El intelectual debe ser un militante, debe tomar partido”

Enrique Dussel

ALAI conversó en exclusiva con Enrique Dussel, uno de los principales intelectuales del Sur Global. Dialogamos sobre el momento geopolítico, la descolonización, el rol de los intelectuales, el nuevo evangelismo, las derechas de la región y los desafíos que enfrenta América Latina y el Caribe en este ciclo histórico.

POR LAUTARO RIVARA

 

Enrique Dussel es para los pueblos del Sur Global lo que Hegel fue para las burguesías europeas del siglo XIX. Como el filósofo de Stuttgart, el mendocino decidió volver a pensarlo todo, desarrollando un pensamiento sistemático y riguroso, pero sobre todo comprometido y radical. Su mirada atenta y voraz ha pasado por casi todos los campos: la filosofía, la historia, la teología, la ética, la política, la geopolítica, la antropología, la arqueología, la pedagogía, la estética y la erótica. 

Pero comparar a Dussel con Hegel significa señalar todo lo que tiene de antagónico respecto al gran filósofo de la burguesía alemana y mundial: Dussel fundamenta la liberación allí donde se justificó la esclavitud, promueve la descolonización frente a la permanencia de la colonialidad, afirma la historicidad de América frente al encubrimiento occidental, pondera lo colectivo y lo comunitario frente al individualismo liberal, defiende la intrínseca dignidad humana frente al racismo, el patriarcado y el capital.

Enrique Dussel es uno de los principales animadores de la filosofía de la liberación, movimiento que fundó en 1971 junto a pensadores como Mario Casalla, Rodolfo Kusch, Horacio Cerruti Guldberg, Arturo Andrés Roig y otros. Su formación parte del marxismo y el cristianismo, anuda ética y política, y abreva en lo que ha dado en llamar el “giro descolonizador”, una crítica frontal al eurocentrismo y el occidentalismo formulada desde los países del Sur Global.

Dussel nació en la provincia de Mendoza, en Argentina, en el año 1934. Estudió filosofía en la Universidad de Cuyo, trabajó como carpintero en Nazaret, y se especializó en historia y teología en París. Ya de regreso a su país natal, y con el advenimiento de la dictadura cívico-militar de 1976, fue expulsado de la universidad, viendo censurada su labor intelectual. Finalmente, un atentado con bomba perpetrado en su domicilio por grupos paramilitares lo llevó a exiliarse en México, en donde desarrollaría la mayor parte de su obra. El conjunto de su vastísima obra, que supera los 50 volúmenes, se encuentra disponible en su propia página web, en acceso abierto para el estudio de investigadores, docentes y militantes populares.

Conocido por su cercanía con los movimientos sociales, Dussel no ha manifestado excusas ni reparos a la hora de destinar parte de su tiempo para oficiar de pedagogo y formador de militantes populares. En la actualidad se desempeña como uno de los organizadores de la Escuela Descolonial de Caracas y como secretario de formación política de MORENA, en México. Su defensa irrestricta de procesos como la Revolución Cubana, el proceso de cambio en Bolivia, y la Revolución Bolivariana de Venezuela, le han llevado a sostener amargas polémicas con otros teóricos descoloniales. A continuación, la entrevista que generosamente nos concedió.

Lautaro Rivara: En “Carta a los indignados”, un libro que tiene ya una década, usted se refirió a sí mismo como “un viejo militante”. ¿Qué significa para usted la militancia, ejercida desde el campo intelectual? ¿Cuáles son las principales tendencias y desafíos de nuestra época?

Enrique Dussel: Ser militante significa adversar la realidad que vivimos. La filosofía de la liberación que practico y contribuí a fundar nació hace muchos años, de parte de una generación que ya está terminando sus días: podríamos decir que lo hizo en el año 68, aunque la Revolución Cubana, importantísima, se dio una década atrás. Nosotros fuimos muy influidos por la lectura de Herbert Marcuse, de Paulo Freire, de Frantz Fanon, de las grandes figuras intelectuales y militantes de aquella época.

Hoy, después de más de 50 años, sigo militando desde la filosofía, desde las armas del pensamiento, sigo estudiando y pensando en los nuevos temas de América Latina. Pero siempre me apasiona volver a José Martí, a José Carlos Mariátegui, a todos los que pensaron en la necesidad de una segunda emancipación. Porque América Latina pudo emanciparse de España y Portugal, pero para ser sometida luego al neocolonialismo bajo la égida de Estados Unidos, que nos considera su patio trasero desde la Doctrina Monroe.

“Por el surgimiento de la potencia industrial que es China, por el equilibrio militar establecido con Rusia, y por la falta de liderazgo en Estados Unidos (…) estamos ante la posibilidad de una segunda emancipación”

Todos los golpes de Estado impulsados por Estados Unidos, o por estados europeos, buscaron garantizar nuestra subordinación, nuestra explotación económica. Cualquier fuerza que se opusiera era declarada comunista, se impulsaba el golpe y se colocaban militares al frente del Estado. Fue el caso por ejemplo del golpe contra Jacobo Arbenz, en 1954, en Guatemala, que marca el comienzo de una fuerte presencia de Estados Unidos en América Latina.

En mis obras sobre filosofía política nunca dejo de traer a la memoria la historia y la realidad de los Estados Unidos. Suele ser considerado un país desarrollado, con una población democrática. Pero es un país de enormes contradicciones, racista, guiado por los ideales de Hollywood, la burguesía norteamericana, el FMI, etcétera.

Creo que por el surgimiento de la potencia industrial que es China, por el equilibrio militar establecido con Rusia, y por la falta de liderazgo en Estados Unidos –hoy en plena crisis–, estamos quizás ante la posibilidad de una segunda emancipación, lo que nos permitirá situarnos de igual a igual frente a los norteamericanos. De no ser así, estableceremos mejor relaciones con China, país que parte de una larga historia que ignoramos, que fue una potencia industrial mucho antes que Europa y Estados Unidos. La hegemonía norteamericana está llegando a su fin, y eso se ve con la Nueva Ruta de la Seda, que ya llega hasta Argentina. Además, Europa también se está quedando sin aire, tensionada entre Oriente y Occidente. Se trata de un tema muy actual, el de nuestra segunda emancipación.

Pareciera que la crisis de la OEA –un ministerio extranjero de colonias– llevará a su reemplazo por la CELAC, un instrumento que se potencia con la política exterior de Andrés Manuel López Obrador. Esto significa todo un paso adelante.

L.R: Usted se manifestó en reiteradas ocasiones sobre la falta de autoestima intelectual y el carácter burocrático de la academia en los países periféricos. Y también fue crítico de algunos intelectuales decoloniales que rompieron con los procesos más avanzados de la región. ¿Cual es la relación entre decolonialidad y anti-imperialismo?

E.D: La decolonialidad y el antiimperialismo deben ir de la mano: deben ser un solo movimiento. Debemos superar esta situación mental colonial en que vivimos: debemos superar el modelo de intelectual latinoamericano que siempre está citando autores norteamericanos y europeos, víctima de un tremendo colonialismo epistemológico. Debemos beber también de nuestras propias fuentes. Estamos, sin embargo, atravesando un proceso de descolonización epistemológico: tenemos nuevos problemas, y sobre todo problemas nuestros, que no son los de los europeos y norteamericanos. Si seguimos imitándolos, buscando al último autor de moda, entonces ya no vamos a poder pensar lo nuestro. Debemos leer a nuestros autores, conocer nuestras tradiciones políticas, intelectuales e históricas.

dussel chavez
Enrique Dussel junto a Hugo Chávez en ocasión de la entrega del Premio Libertador.

Hoy, un intelectual decolonial, un intelectual militante, debe tomar partido por todos estos procesos de mediano plazo, pensando en el largo plazo en la superación del capitalismo, en la construcción de una sociedad ecológica, en la superación del uso del petróleo y las energías no renovables. Estamos en una época de grandes cambios: la filosofía y el pensamiento crítico debe tomar nota de estas cosas. También de la pandemia, que evidenció el fracaso del neoliberalismo, que entregó la salud al capital privado. Esta realidad exige pensar con urgencia lo que está sucediendo y demanda un gran compromiso intelectual y político, de tipo militante. Debemos retomar todos nuestros grandes ideales y aplicarlos a fines realizables. Esta situación, insisto, nos da una ventana de oportunidad para avanzar en una segunda emancipación.

L.R: Le propongo ahora que hablemos de religión. Desde su formación teológica y marxista, ¿cómo caracteriza al crecimiento exponencial del evangelismo neopentecostal en la región? Usted supo decir que “el socialismo está debajo del cristianismo”. ¿Qué hay debajo del nuevo evangelismo?

E.D: La tradición católica dio dos frutos bien diferenciados: uno, obsesionado con los temas tradicionales, la propiedad privada, que aceptó el dominio del capital y a lo sumo le propone algunas reformas. Este abreva directamente en las corrientes de derecha. Pero hay otro fruto, en la teología de la liberación, y hoy en el mismo Papa, que expresa una posición mucho más progresista y popular.

“Necesitamos un Estado robusto para servir obedencialmente a las exigencias del pueblo. Pero también hay que poner en cuestión al Estado que conocemos”

Las iglesias neopentecostales, muchas de ellas de origen e influencia norteamericana, tienen una ideología mucho más coherente y adecuada con el capitalismo dependiente. Por desgracia, en muchos casos, como sucedió recientemente en Bolivia, algunos sectores apoyan fervientemente los golpes de Estado, volviéndose movimientos antipopulares y, teológicamente, anticristianos. Para ellos, la religiosidad popular latinoamericana es vista como una infiltración en el cristianismo que hay que negar. Ellos toman algunos textos de la Biblia, y le dan una lectura capitalista e individualista, como la presidenta de facto Jeanine Áñez, cuando entró a palacio con la biblia en la mano, despreciando la wiphala, la bandera quechua-aymara. Esta idea de luchar con el evangelio contra los símbolos indígenas es unabilbi aberración, propia de un cristianismo conservador, neoliberal y pronorteamericano.

L.R: Quisiera preguntarle ahora por las viejas y nuevas derechas en América Latina y el Caribe y por sus tesis de política. Muchos debates se han dado y se seguirán dando sobre el lugar de la democracia frente al asedio de minorías intensas cada vez más racistas, violentas, misóginas y antidemocráticas. ¿Qué democracia es la que hay que defender, y cuál la que hay que construir?

E.D: Hay que partir por oponer la democracia representativa y la participación democrática del pueblo, que son dos cosas distintas. La cuestión es crear instituciones donde el pueblo pueda participar constitucionalmente en el gobierno. En Venezuela, por ejemplo, hay un poder representativo, pero hay también un poder participativo, que se organiza desde las bases, en donde la gente tiene la posibilidad de reunirse en el barrio, en colectivos mayores, y plantear entonces exigencias al poder representativo.

Tenemos que imaginar un nuevo tipo de Estado, no la anulación de aquel como si fuera intrínsecamente perverso. Necesitamos un Estado fuerte para defendernos, por ejemplo, del imperialismo. Necesitamos un Estado robusto para servir obedencialmente a las exigencias del pueblo. Pero también hay que poner en cuestión al Estado que conocemos. Hacer que la gente pueda participar, que no sea sólo representativo, que no se reduzca a una cúpula burocrática que gobierna desde arriba hacia abajo. Hay que modificar las instituciones políticas desde la base para poner un límite a la representación. La participación no puede ser sólo eventual, a través de algún tipo de plebiscito o consulta: la participación debe ser orgánica, con la presencia constante del pueblo, con las instituciones construidas a tal efecto. Eso exige por supuesto un tipo radicalmente nuevo de Estado, de una revolución con la participación institucional del pueblo.

L.R: En debate con diferentes corrientes liberales, usted supo decir que, al menos en el Sur Global, siempre fuimos comunidad, nunca fuimos individuos. Considerando la mirada sobre el Estado que nos acaba de compartir ¿cuál es el rol de la comunidad? ¿Qué rol juega la comunidad en los procesos de descolonización política y ante los procesos de individualización tan intensos que venimos viviendo?

E.D: El régimen liberal pensó sólo en un tipo de organización representativa, en donde la élite, sobre todo dineraria, los más ricos, logran imponer sus candidatos. En teoría el pueblo vota, pero en realidad sólo confirma lo que la élite ya eligió. Así funciona en esencia el sistema plutocrático norteamericano. Lo revolucionario será organizar, institucionalmente, de abajo hacia arriba, la participación popular. Lo que necesitamos es fortalecer la comunidad: que en el barrio haya reuniones de base, procesos de democracia directa que vayan ascendiendo hacia la constitución de un poder nacional participativo. Hay que aprender para eso de la constitución venezolana, que reconoce cinco poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, ciudadano y electoral, el que a su vez también es elegido. Todas las instituciones, desde las iglesias hasta los clubes de fútbol, deben ser democratizadas. Debemos crear un estado de cinco poderes para que haya una participación real del pueblo, hoy manipulado por liderazgos espurios, no democráticos. Esto es una cuestión central en la ideología, en la definición del Estado, y en la construcción de comunidad. Porque, en definitiva, eso somos: comunidad.

Fiesta del libro, Día de la Biblia. Una lectura guiada


Xabier Pikaza: «Durante mucho tiempo, la Biblia fue el único libro de Occidente»

Se celebra hoy la Fiesta Internacional del Libro, pues en una fecha como ésta, hace 305 años, murieron Cervantes y Shakespeare, autores de libros famosos
En esta ocasión, honrando a esos dos escritores, quiero recordar que durante más de quince siglos el libro por excelencia ha sido en occidente la Biblia (con el Corán). Por eso es bueno recordarlo, como si hoy hace diez y ocho siglos (hacia el 221 d. C.), judíos y cristianos, de formas distintas pero convergentes, hubieran ratificado (canonizado) y editado sus dos biblias, que son una sola, en dos versiones.
Antes había pergaminos, rollos y papiros, se escribía en piedras o ladrillos cocidos, pero el libro como tal (en su forma posterior: un conjunto de hojas cosidas por un borde) lo inventaron los cristianos, entre el III-IV d.C., para escribir toda la Biblia en un solo códice o volumen. En ese sentido, la Biblia fue por mucho tiempo el único libro de occidente. Además, cuando Gutenberg de Maguncia inventó en el siglo XV la imprenta empezó imprimiendo biblias.
Con esa ocasión, en este 23.4.2021, día de de San Jorge, de Cervantes y de Shakespeare, quiero recordar el Libro por Excelencia (eso significa Biblia) y recomendar a mis lectores una Nueva Edición titulada: La Biblia. Enraizados en la Palabra. Una lectura guiada, para evocar después lo que implica esa “lectura guiada”.
Por Xabier Pikaza
La Biblia, enraizados en la Palabra.
– Su texto reproduce la traducción de la Biblia Hispanoamericana, con una guía de lectura por secciones, situada al pie de las páginas, a modo de notas, para facilitar la comprensión de los contenidos.
– Esta edición cuenta también con unas introducciones a los libros de la Biblia que muestran las claves teológicas fundamentales y ayudan a entender su mensaje, con Apéndices que contribuirán a una fructífera lectura, tanto individual como grupal: Incluye un «Guía litúrgica de lecturas» para profundizar en la Palabra proclamada y recorrer la Biblia siguiendo determinados hilos de estudio; con una selección de cuestiones clave que se plantean en la Biblia y que interpelan al actual.
Lectura guiada, una iniciación
Esta edición de la Biblia ofrece una espléndida guía de lectura del conjunto de sus libros, con una introducción a sus temas principales, desde una perspectiva abierta a todos los lectores. Para aquellos que quieran conocer mejor el fondo teológico del tema, yo mismo he ofrecido una guía completa de su contenido.
‒ Siendo texto literario de gran calidad, la Biblia es el testimonio de la historia judeo‒cristiana de Dios, y así lo mostraré, en la línea de Eclo 24, cuando dice que el Dios de Israel se hizo Palabra en los libros de Ley (vida) de su pueblo.
‒ La Biblia, así entendida, forma una biblioteca de textos, con dos testamentos o alianzas (AT y NT) que se unen y completan (conforme a la visión cristiana). No se limita a contar la historia de Israel o de su Ley particular (AT), ni a recoger los texto de Jesús, propios del NT, sino que ha recogido y condensado la visión progresiva y unitaria de los dos testamentos, suponiendo que, en su diversidad, ellos ofrecen una visión unitaria de Dios como Palabra.
‒ La Iglesia ha mantenido la Biblia de Israel, no sólo como recuerdo pasado, sino como revelación permanente de Dios, centrada en el pueblo elegido (Israel), pero abierta, desde ese pueblo, a las naciones, de forma que Israel, al descubrir su verdadera identidad, ha debido trascenderla (no perderla), a fin de que todos los pueblos, siendo distintos, puedan vincularse a través del Dios de Jesucristo (que es el mismo de Israel).
‒ La Iglesia ha tomado y entendido la Biblia de Israel desde la perspectiva de Jesús, no para cerrar su contenido, ni para tomarlo como propiedad exclusiva), sino para reconocer por un lado su origen judío, y para afirmar, al mismo tiempo, que ella está abierta a todos los pueblos, a fin de que llegue a su plenitud o cumplimiento mesiánico. En esa línea, los judíos nacionales, pueden y deben seguir leyendo su Biblia no sólo para beneficio suyo, sino para bien de los cristianos. Por su parte, los cristianos han de sentirse honrados de compartir con los judíos esos Biblia Hebrea (su AT), pero abriendo su historia, contenido y promesa a la humanidad entera.
Los cristianos afirman que la Biblia es el libro de Dios, esto es, el libro que recoge la historia de Dios con los hombres.
‒El Dios bíblico es infinito, pero se ha expresado como palabra de vida en la vida de los hombres. No es ley libro de ley, ni tratado físico‒matemático que se demuestra, sino testimonio de la “historia” de Dios que se manifiesta en la vida de los hombres. Ciertamente, para los cristianos, la verdadera Palabra de Dios no es la Biblia, sino Jesús, pero un Jesús sin Biblia no sería el mesías cristiano.En esa línea, el argumento central es el mismo Jesús, preparado en Israel (NT) y testimoniado en la Iglesia (NT).

La Biblia como ciudad, una propuesta de lectura
Para completar la iniciación que ofrezco en el libro anterior, he querido escribir además una propuesta de lectura de conjunto de la Biblia, a lo largo de un año.
En esa línea entiendo la Biblia como una ciudad fascinante, en gran parte ignorada, por la que debemos caminar con calma y tiempo, si queremos entrar en sus misterios (temas) y en toda la riqueza de su contenido (libros). Tiene esta “ciudad de la Biblia” mil rincones y nadie, ni judío ni cristiano, creyente o no creyente, la puede conocer del todo, aunque lleve muchos años explorando sus callejas. Pues bien, para caminar mejor por ella, propongo a mis lectores una “marcha” o exploración en doce meses.
Hay varias rutas, y no todasempiezan por los mismos libros. Así, los judíos suelen partir del Pentateuco, que ellos toman como Cordillera Central, para contemplar y valorar desde allí los restantes libros, y lo hacen con buenas razones. Pero los cristianos deberíamos partir mejor de un tipo de Centro o Plaza Mayor (Jesús, evangelios sinópticos), para avanzar desde allí en zigag (en ida y vuelta) hasta la puerta de entrada (Génesis) y salida (Apocalipsis), volviendo otra vez al mismo. Esa Plaza Mayor o Kilómetro Cero la forman los libros de la vida de Jesús (Marcos, Mateo y Lucas) donde empieza y acaba este recorrido, para descubrir así las claves de la revelación de Dios, pues sólo la podrá entenderá quien sepa, al mismo tiempo, de dónde ella proviene (Antiguo Testamento) y hacia dónde se dirige (Nuevo Testamento, Iglesia).
Hay comentaristas que piensan que se debería conocer primero todo un Testamento (Antiguo o Nuevo) para tratar después del otro. También hay comentaristas que sólo se ocupan de algunos libros de la Biblia, dejando otros al margen. En contra de eso, siguiendo de algún modo los planes de lectura que propone la liturgia judía y/o cristiana pienso que es preciso leer todos los libros, y más en nuestro caso, si pensamos que el Antiguo y Nuevo Testamento están entrelazados de tal forma que deben leerse al mismo tiempo, caminando a la vez hacia el origen (AT) y la meta (NT).
Desde el principio o centro de la Biblia cristiana que es la Plaza de Jesús (Num 1), podemos recorrer de forma entrelazada los cinco temas del AT y los cinco del NT (Núm 2-11), para desembocar al fin, nuevamente, aunque de otra manera, en la misma Plaza de Jesús (Núm 12), donde evocaremos el sentido de conjunto de la Biblia, como como verá quien me siga acompañando

Propongo de esa forma un plan y guía de lectura de la Biblia en doce meses. Será un camino de cierta exigencia, pero no angustioso ni imposible. Como acabo de decir, quiero entrelazar en zig-zag los temas de AT y del NT, poniendo a un lado los pares (AT) y al otro los impares (NT), de dos en dos, de manera que de un modo general sale este esquema:
Desde la plaza de Jesús (sinópticos) (1)
• Históricos AT (2) ←→ Hechos de los Ap.(3)
• profetas AT (4) ←→ Pablo en el NT (5)
• Ley, Deuteronomio (6) ←→ de Juan (7)
• Lev y Núm (8) ←→ Hebreos (9)
• Comienzo AT, Gen(10) ←→ Final , Ap.(11)
Para terminar en la plaza de Jesús (12)

Esta Guía de Lectura pretende que los lectores puedan pasar del estudio externo al interno, y situarse de un modo personal ante su Biblia, para conocer de un modo directo, por experiencia propia, sus temas e historia (libros). Éste será un camino pedagógico, que en algún momento podrá exigir una segunda vuelta. No se podrá saberlo todo al principio, ni se resolverán desde el principio todas las preguntas. Por eso será buena dejar pendientes algunas más difíciles, para un momento ulterior de lectura personal o en grupo, a fin de lograr así una visión de conjunto de la Biblia, en dirección de AT y NT, sabiendo que son inseparables para los cristianos.
Ésta es una propuesta que compartimos bastantes expertos y amigos de la Biblia, pero no podemos imponerla (ni aconsejar a todos que la sigan), pues cada lector o grupo de lectores deberá trazar su propio itinerario. Por otra parte, los doce meses que propongo son aproximados, aunque el número ofrece ciertas ventajas, pues permite disponer de un tiempo prudencial para cada libro o grupo de libros, detenerse o cerrarse en ninguno (aun sabiendo que algunos “meses” serán más intensos que otros). De todas formas, este curso bíblico anual puede (y quizá) debe repetirse o acomodarse, convirtiendo los meses en trimestres o cuatrimestres, adaptando así el curso para tres o cuatro años.

El ejército en la Biblia:

de las milicias populares a la paz cristiana (1)

Han vuelto a sonar tambores de Guerra. Por un lado, están Rusia y China. Por otro, USA y sus aliados. «Dicen» unos que el problema es Rusia.»Dicen» otros que es la OTAN (un pacto militar impuesto hasta las puertas de Rusia).

Hace más de 2.500 la Biblia condenó los pactos militares como el mayor de todos los pecados del mundo (y así lo sigue haciendo hoy día). Éste tema fue motivo de grandes discusiones en España, hace cuarenta años, desde una perspectiva política, militar y religiosa.

A principio del 1982 se discutieron con pasión los pros y contras de la entrada de España en la OTAN, con disputas en cortes, iglesias y plazas. Hubo muchísimas manifestaciones, casi todas en contra de la entrada en la OTAN (de entrada “no”… aunque al fin nos «entraron”).  

            Entre ellas recuerdo la  marcha nocturna  de Valladolid a Valbuena de Duero (casi 40 km, toda una larga vigilia). Llegamos con el día al Monasterio. Hubo un refrigerio, y una mañana de oración y reflexión. Me habían invitado a hablar sobre la paz, y preparé con cuidado unos folios sobre paz y la condena de los pactos militares en la Biblia. Según ella, los pactos son para la paz; de lo contrario no son pactos sino pecado contra a Dios.  

Por | x pikaza

Hablé en la iglesia del monasterio de Valbuena (hoy sede de las Edades del Hombre). Repartí los folios, que anduvieron por ahí y se publicaron más tarde en Iglesia Vivay luego en forma de libro. Por entonces, el tema nos apasionaba. Más tarde, gran parte de la Iglesia jerárquica de  España se olvidó en este tema de la Biblia (y en el fondo del Sermón de la Montaña, que se leerá en la misa del próximo domingo (20.2.2022): El perdón, la no violencia, la superación de todos los pactos militares.

He buscado aquellos folios y los presentaré en RD en cuatro partes (con el domingo de la paz en el centro). Éste es un tema clave. Si lo olvidamos nos olvidamos de la Biblia y del mismo Jesucristo (no olvide el lector que el tema es histórico; que la solución se da sólo al final; tenga paciencia, espere al cuarto día).

 Introducción.

Este trabajo no se ocupa del militarismo (no de la milicia en sí) como patología belicista, sino del ejército como institución popular o estatal para la guerra, desde el trasfondo de los pactos militares [1].

A) ANTIGUO TESTAMENTO

 Ejército y guerra constituyen uno de los temas capitales de todo el Antiguo Testamento. De tal forma vivimos inmersos en una tradición militarista que difícilmente hemos caído en la cuenta de que casi toda nuestra Biblia hebrea debería haber tomado el título de uno de sus textos más antiguos: Libro de las guerras de Yahvé (número 21,14). Su Dios es en principio un Dios guerrero; su campo de experiencia, las batallas, que se extienden desde el éxodo de Egipto (Ex 13-15) hasta el final del tiempo, hasta el momento en que los justos impongan su reinado (cf. Ez 38-39; Dan 7)[2].

Monasterio de Santa María de Valbuena - ArteViajero

Pero también en este campo, la Biblia es para muchos de nosotros un libro bien sellado (cf. ApJn 5,1-5), incomprensible si no viene un enviado de Dios para explicarlo (cf. Hech 8,30-35). En la línea de esa explicación quisieran situarse las páginas que siguen, organizando el material de forma progresiva, a la luz de Jesucristo. Intentaremos evitar los muchos comentarios dejando que el mismo testo hable.

Para ello lo dividimos en tres apartados: historia de las tribus de Yahvé, desde su mismo surgimiento hasta que acaban formando un estado centralizado (entre el 1300 y el 1050 a.de C.); historia del estado israelita (y judío), que acaba destruido en el exilio (del 1000 al 585 a. de C.); identidad y desarrollo del pueblo judío, desde el exilio hasta el final del Antiguo Testamento, en tiempos de Jesús. Cada uno de estos apartados mostrará el sentido y funciones del ejército, tanto en el plano de la historia como en el nivel de las idealizaciones y utopías que resultan predominantes en el tercero de los momentos indicados: el ejército no es sólo institución social, sino también un signo idealizado (a veces sacralizado) del poder o de la falta de poder de un pueblo. Así lo mostrarán las notas que ahora siguen.[3]

Milicia popular. Las tribus de Yahvé

Yavé | Santa Biblia Wiki | Fandom

 Ciertamente, la Biblia (Pentateuco, Josué, Jueces) conserva diferentes datos sobre los antepasados de Israel que vivieron dentro o fuera de Palestina en un período de tiempo que puede resultar relativamente extenso, entre el 1700 y el 1300 a. de C.[4]. Pero aquellos patriarcas no formaban todavía un pueblo estrictamente dicho, no eran israelitas. Sus historias se recuerdan como tradición de tribu o como justificación (etiológica) de un determinado lugar cúltico de una determinada costumbre social o religiosa. Son historias que fueron cuidadosamente desmilitarizadas para indicar así que las batallas de Israel tuvieron su comienzo en el éxodo y conquista de la tierra.[5] 

También para nosotros el problema comienza en la conquista o, mejor, dominación de Israel sobre Palestina. Todo nos permite suponer que no existía un pueblo unido antes de aquello: había bandas inconexas, grupos oprimidos, quizá clanes en huida. Pero el pueblo propiamente dicho comenzó a cuajarse en Palestina. ¿Cómo? Tradicionalmente se ofrecen tres respuestas que pretenden explicar algunos datos de Núm-Dt y sobre todo de Jos y Jc. Será bueno recordarlas brevemente, destacando el fondo hermenéutico que actúa en cada una de ellas.[6]

Conquista de Palestina. interpretaciones

1.- La más antigua es, quizá, la hipótesis de la conquista nacional violenta, que toma como base histórica los datos muy teologizados de Jos 1-12. Aquí se presupone que el pueblo ya se había formado de antemano: nació a la vida en la opresión de Egipto; maduró a la lucha en las intensas travesías del desierto; se acercó a los vados del Jordán como un conjunto nacional de doce tribus, capaces de tomar la tierra palestina en tres campañas militares bien organizadas que aniquilaron a los cananeos y permitieron que la tierra fuera repartida entre los vencedores (Jos 13-22).

Esta perspectiva, que fue desarrollada dentro de la Biblia por la escuela Dt, y que modernamente asumen algunos historiadores y arqueólogos[7], supone una visión bastante maniquea y puramente destructiva de la guerra: unos eran buenos, y otros, malos; por eso resultaba necesaria una política de tierra y población quemada en la que sólo aparecía como bueno el enemigo muerto. Lógicamente, hubo que matarlo, y en el hueco que su muerte producía vinieron a entrar luego los buenos para dominar y disfrutar la tierra dominada.

2.- En contra de esta hipótesis vinieron a elevarse numerosos datos de carácter religioso, arqueológico, exegético e histórico que ahora no podemos exponer más por extenso; surgió así la hipótesis de la inmigración pacífica de los antepasados nómadas de Israel. Más que nómadas fueron, quizá, seminómadas: iban llegando de los desiertos del norte de Siria, de la península del Sinaí, de la estepa transjordana. Algunos de ellos escapaban de la esclavitud de Egipto, otros venían simplemente por razones económico-sociales, en busca de una tierra. iban llegando en oleadas intermitentes, desde el siglo XVII al siglo XII a. de C., para establecerse de manera pacífica en las zonas montañosas de la actual Samaria, al sur de Judá o en la alta Galilea.

Eran regiones que entonces se encontraban poco habitadas, y allí se fueron instalando como nuevos pobladores, en un proceso de sedentarización que les obligaba a entrar en contacto con las ciudades cananeas de la zona costera y de los bajos valles palestinos. El contacto fue básicamente pacífico: los cananeos controlaban las rutas comerciales y, debido a su superioridad económico-militar, podían aprovecharse de las aportaciones ganaderas y aun agrícolas de los nuevos inmigrantes.

3.- Pues bien, esta hipótesis de la inmigración y crecimiento pacífico del pueblo en Palestina encuentra numerosas dificultades. Ciertamente, había relación entre campesinos y pastores en los dos lados del Jordán; pero en aquel tiempo los pastores, más que nómadas propiamente dichos, capaces de emigrar por el desierto, eran transhumantes, se movían en un ámbito de tierra bien determinado, manteniendo relaciones de complementariedad con los agricultores sedentarios, como sucedía hasta hace poco tiempo en otros lugares de la cuenca del Mediterráneo.

Antes del siglo XIII, con la domesticación del camello y las razzias madianitas, no se conocían invasiones de pueblos nómadas en torno a Palestina[8]. Por otra parte, las historias de Jc y la tradición que está en el fondo de Jos hablan más bien de guerras y de cambios dentro de la misma tierra palestina. Los protoisraelitas no eran simples invasores nómadas que, habiendo crecido en número, se ponen a ocupar el vacío de poder en que han caído las ciudades cananeas. Ellos se encontraban dentro de la tierra y desde dentro pueden conquistarla en un tipo de revolución popular que ha transformado la estructura social de la población, haciendo así posible el nacimiento de un pueblo nuevo en Palestina[9]. Pero con esto tocamos un tema que debe ser más desarrollado, precisando la composición, ideología y carácter de esta nueva población israelita.

 Existió, por tanto, una simbiosis que llegó a durar por siglos. Pero en un momento determinado la balanza se fue inclinando hacia los (pre-) israelitas: su misma conciencia religiosa, vinculada a los dioses familiares y al culto más austero del desierto, les hizo mantenerse unidos; así, fueron creando vínculos de solidaridad nacional y creciendo en todos los sentidos… Mientras tanto, las ciudades cananeas, arrastradas por la decadencia del imperio egipcio, que ejercía sobre ellas un antiguo arbitraje y protectorado (cf. cartas de Tell El-Amarna) carentes de iniciativa y creatividad, fueron decayendo. No tenían fuerzas ni identidad para oponerse al avance religioso-social de las tribus israelitas confederadas, que las fueron absorbiendo una por una, a veces con pequeñas guerras, otras de un modo pacífico.

Este es el proceso que, acelerado por el peligro filisteo, viene a culminar con los reinados de Saúl y David (hacia el 1000 a. de C.). No hubo conquista propiamente dicha: hubo un desarrollo superior de los israelitas, que lograron triunfar en plano demográfico, social y aun religioso, integrando en su estructura a las ciudades cananeas. Esta es la historia que parecen reflejar los textos que hay al fondo de Jc y Sam, según eso que podríamos llamar la escuela histórico-idealista de los grandes investigadores alemanes de la primera mitad del siglo XX[10].

Pasado y presente de Gaza - Aurora

El pueblo israelita. Composición y origen

 Comenzamos por la composición. ¿Quiénes forman parte de esta nueva unidad israelita? La hipótesis de la conquista supone que formaban ya un pueblo unitario y guerrero, que penetra en Palestina desde fuera. Según la teoría de la inmigración eran pastores nómadas que fueron entrando pacíficamente, hasta crecer y hacerse dueños de una tierra en la que no existía aquella barrera de opresión que dominaba sobre Egipto (cf. Ex 1-3).

Según nuestra postura, los que forman este nuevo pueblo tienen raíces diferentes: unos eran pastores trashumantes; otros, campesinos marginales que habitaban en la zona montañosa, lejos del influjo de las grandes ciudades, eran siervos de los mismos señores feudales cananeos, aparceros de los latifundios, etc. Algunos de ellos (o sus antepasados) aparecen ya en las cartas de Tell El-Amarna (siglo XIV a. de C.) como “habiru”: mercenarios inquietos, campesinos turbulentos que amenazan con romper el equilibrio feudal de las ciudades. Estos “habiru”, cuya situación y rasgos continúan, como el mismo nombre indica, en los “hebreos” de los siglos XII y XI a. de C., forman a veces una especie de proletariado militar: son grupos de personas dislocadas, que se venden al mejor postor o que toman la justicia por su mano, mientras buscan un tipo de vida que resulte estable y digno.[11]

Estamos seguros de que en el origen de Israel no influyen sólo los “habiru-hebreos”, mercenarios oprimidos y propensos al bandidaje. Están ellos, pero hay, ciertamente, muchos más: influyen de manera decisiva los campesinos libres de la zona montañosa central de Samaria. Allí donde no había logrado imponerse el esquema de las grandes ciudades vino a crecer y desplegarse el ideal de una federación de hombres libres, dispuestos a la defensa mutua y a la ayuda intertribal. No se organizaron de forma verticalista, como los habitantes de las ciudades; no crearon sistemas de burocracia administrativa ni escisión de clases. Unos mismos intereses económicos y un mismo tipo de costumbres y creencias les fue vinculando hasta formar un grupo importante dentro de aquel mosaico inestable de ciudades feudales e intereses comerciales que formaba Palestina en los siglos XIII y XII a. de C.[12]

Hay, finalmente, otro elemento que resulta decisivo para el surgimiento de Israel en Palestina: la llegada de los fugitivos de Egipto, representados, quizá, por un grupo de levitas o de antepasados de lo que después serán las tribus de Benjamín o de Efraín-Manasés. Ellos parecen ser los portadores de eso que podríamos llamar la ideología sagrada de la libertad. Conservan el recuerdo de la esclavitud a que se habían visto sometidos en Egipto (Ex 1) y traen la certeza de que Dios mismo les sostiene en su búsqueda y justicia (cf. Ex 3,7-8). Esta certeza está ligada al gran recuerdo de una intervención salvadora en la que Dios se había desvelado, a su entender, como fuerza de libertad, en eso que podríamos llamar la primera de las guerras santas, en paso del Mar Rojo:

Yahvé retiró el mar mediante un recio viento solano que sopló toda la noche… A la vigilia de la mañana miró Dios el campamento de los egipcios… y conturbó su campamento: agarrotó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente, por los que los egipcios dijeron: huyamos…[13].

 En el fondo de ese recuerdo, repetido y celebrado como memoria fundante de las tribus, hallamos el trasfondo de lo que será la lucha de liberación de los hebreos, el principio de la constitución del pueblo israelita. El tema del “terror de Yahvé”, de la humedad y de los carros que no pueden maniobrar en un espacio pantanoso, reaparece como una constante en las batallas primordiales de Jos 11,5-9, en las aguas del Merom, y de Jc 4, en las aguas del Quisón. En estos y otros muchos casos encontramos una misma gran certeza:

– Por un lado encontramos la lucha de un ejército de los profesionales, bien armados, de Egipto o las ciudades cananeas, con sus carros de combate y su ideología clasista de dominio.

 Por otro se hallan las milicias populares de los voluntarios de Israel, el ejército de un pueblo que se une para conseguir su libertad, con la certeza de que Dios le ayuda, sin armas especializadas ni caballos; evidentemente pueden triunfar, porque confían en la presencia-ayuda de su Dios y porque, en lucha de  guerrillas, se aprovechan del carácter del terreno o de las condiciones del clima (cf. Jos 10,11)[14].

 En el fondo de Israel no existe, por tanto, una unidad de raza. El pueblo se formó partiendo de diversos grupos que, de un modo aproximado, se podrían definir como “habiru” (mercenarios desclasados), campesinos transhumantes o semisedentarios de la zona montañosa y fugitivos que venían de Egipto. Todos estos grupos se fueron vinculando en unidad de hombres libres, entroncados de una forma que de modo aproximado llamaremos “tribal”. Tribu no es aquí la unión tradicional cerrada que se funda en vínculos de consanguinidad y se opone a todas las innovaciones creadoras.[15]

En el caso de Israel las tribus son vinculaciones de hombres libres que, viniendo de diversas precedencias, y oponiéndose al sistema de opresión feudal de Palestina (o del estado egipcio), logran formar una comunidad no estatal y no clasista donde viven conectados en forma económica, cultural, social y, sobre todo, religiosa.

Evidentemente, aquí no podemos precisar los diferentes elementos de su unión[16]. Sólo queremos indicar que ella se encuentra vinculada a un fundamento religioso: los componentes de las tribus y la federación de tribus logran forjar y construir un tipo muy preciso de unidad social igualitaria, sin estado central y sin opresión clasista, distinguiéndose por ello de todas las ciudades cananeas, basadas en principios de explotación feudal, donde los mismos signos religiosos son una expresión de los poderes del estado-rey y de las fuerzas de la vida. En contra de eso, los confederados de Israel desarrollaron una viva conciencia de su distinción, explicitada en una especie de pacto constitutivo que vincula a los individuos desde Dios y les obliga a luchar en contra del sistema opresor de los cananeos. En este contexto volvemos a encontrarnos con la ideología de la guerra santa:

  Cuando marche mi ángel ante ti y te introduzca en la tierra del amorreo, del hitita y perezeo… no adores a sus dioses ni les sirvas, no fabriques lugares de culto como los suyos, sin que has de destruirlos y derribar también sus piedras sagradas (Ex 23, 23-24).

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Estas palabras forman parte de un “pacto de emergencia”, de tipo religioso, cuyos rasgos encontramos también en Ex 34,10-11 y Jc 2,1-5 y en el fondo de Dt 7 y 20[17]. Nos hallamos, probablemente, en Guilgal, el santuario que ha vivido y celebrado con más fuerza eso que podríamos llamar la gran revolución israelita, ese cambio de nivel por medio del cual los federados de Yahvé lograron penetrar en el sistema de opresión local y destruirlo desde dentro. No matan a todos los habitantes de la tierra, como dirá después la teología oficial del Dt: luchan contra la oligarquía religiosa cananea y destruyen, a través de una guerra de revolución, sus signos de opresión fundamentales, ligados al rey y al culto cananeo. En esta perspectiva, el santuario de Guilgal, con las señales de las doce tribus (cf. Jos 4) y la fiesta de la libertad, parece como un lugar de surgimiento para el pueblo israelita.[18]

Israel viene a constituirse de esta forma como “nación santa y pueblo sacerdotal” (cf. Ex 19,5-6) de una manera que resulta, a nuestro juicio, absolutamente nueva dentro de la historia. No hay conquista de los fuertes (invasores), con la destrucción masiva de los antiguos habitantes de la tierra; no hay tampoco inmigración continua de nómadas que vienen a imponerse por su número a los viejos cananeos. Hay algo mucho más significativo: un grupo de marginados, campesinos y fugitivos ha logrado transformar desde dentro la estructura social y religiosa de la tierra. Eso significa una gran revolución en las maneras de existencia del pueblo: cae la opresión feudal de las ciudades- estado que se apoyan en el poder económico-político de una elite militarizada; surge una estructura igualitaria de familias que se unen libremente como tribus, con principios nuevos de solidaridad y ayuda mutua.[19] Esta revolución fue posible porque surgió un nuevo concepto de familia.

Lo que esconde el yacimiento de Armagedón, la ciudad donde Dios librará su  última batalla según la Biblia

 – Antes, la ciudad-estado cananea dominaba desde arriba, haciendo que los hombres estuvieran sometidos a la maquinaria económico-militar controlada por una oligarquía; por su misma constitución social, ese sistema generaba gran número de “habiru”, marginados, mercenarios, labradores oprimidos.

– Pues bien, superando por dentro ese sistema ha venido a surgir un grupo de tribus unificadas, una federación de hombres libres que comparten el trabajo del campo y se vinculan en términos de solidaridad, a la que tienen acceso algunos grupos especializados de comerciantes y trabajadores del metal (quenitas).

 Este nuevo sistema políticoy social ha funcionado porque existe un ideal común y unos controles mutuos, de manera que no puede elevarse un estamento de funcionarios (soldados, sacerdotes, gobernantes ni aun comerciantes) para controlar a su provecho el trabajo y ganancias de conjunto. Mirado desde arriba, el sistema ha funcionado porque existe una federación (Israel) que vincula a tribus, clanes y familias. Visto desde abajo, el sistema resulta operativo, porque cada gran familia (“bayith, beth’av”) viene a integrarse con otras familias en un tipo de clan (“mishpaha”), los clanes se integran en tribus (“shevet, matteh”), y las tribus, en el pueblo unido de Israel.[20]

Milicia popular y guerra santa

La guerra y los combatientes. | Noticias Jóvenes

 En el contexto de las tribus ha de interpretarse eso que llamamos milicias populares. Los estados cananeos tenían un ejército profesional, que forma una casta guerrera impuesta sobre la población o reclutada en forma mercenaria para la defensa del sistema. Las tribus de Israel no tienen ejército profesional ni tienen mercenarios. Cada una de ellas se encuentra estructurada de manera paramilitar, como unidad que puede levantarse siempre en armas, si es que fuere necesario. Dentro de las tribus, cada clan o mishpaha forma un subgrupo que ha de tener siempre un número de hombres preparados para el caso de la guerra.

En este contexto, el ejército no es algo que se impone sobre el cuerpo social ni tiene autonomía frente al grupo; lo forman el mismo conjunto de hombres libres que viven vinculados y de forma vinculada quieren defenderse, porque así lo exige el ideal religioso de Yahvé, Dios que protege a los débiles y une al pueblo como federación de hombres libres[21].

En esta línea ha de entenderse la guerra santa. Ella resulta inseparable de la vida de las tribus que mantienen su igualdad sagrada y la defienden contra la amenaza de opresión de las ciudades del entorno. Las tribus no combaten por lograr un nuevo espacio vital ni planean guerras de tipo imperialista; ellas pretenden mantener su unión e independencia, que conciben como don de Dios y signo de su gracia. Así combaten, teniendo la certeza de que el mismo Dios les acompaña. No sacralizan la guerra como elemento separado de la vida. Sacralizan la vida entera, y porque la ven como sagrada, la defiende, aun por medio de la guerra.

En esta perspectiva de la guerra santa[22] ocupa su lugar importante la institución del herrem o anatema. Visto a partir de la palabra posterior del Dt, el herrem se entiende como aniquilamiento de las poblaciones enemigas, que deben suprimirse para que Israel no sufra el contacto de su idolatría (cf. Dt 20,16-18; Jos 6, etc.). Pues bien, en el principio el anatema tenía otro sentido: suponía la renuncia al botín por un motivo religioso; los soldados a veces prometían luchar por gratuidad, sin aprovecharse en modo alguno de lo conseguido[23].

Quizá podamos dar un paso más relacionando el anatema con la destrucción muy específica de aquellos bienes o personas que eran totalmente contrarios al estado de vida igualitario de las tribus de Israel: no se mataba a un pueblo en su conjunto, sino sólo a sus líderes político-religiosos; no se destruían todos los bienes, sin sólo aquellos objetos de lujo o armamentos (carros de combate) que se presentaban como opuestos a los ideales de la sociedad israelita.[24]

Esto significa que la guerra estaba al servicio de la paz de todo el pueblo. Así lo indican, de manera especial, los tres grandes cantos de victoria que la tradición ha puesto en boca de las madres de Israel, que representan a todo el pueblo. Por eso cantan a Yahvé, el gran luchador “que lanzó al mar los carros enemigos… guiando con su gracia al pueblo reprimido” (cf. Ex 15,4-13); cantan al Dios “que viene de Seir”, poniendo en pie de guerra y triunfo a todo el pueblo (cf. Jc 6,4 y sigs.); al Señor “que rompe los arcos de los valientes y los ricos, para dar su fuerza a los pequeños, hartándolos de bienes” (cf. 1 Sam 2,1-10). Esta es la guerra en la que nace el pueblo; es la cuna donde surge la historia israelita.[25]

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Con esto planteamos el tema fundamental de todo esta apartado: la relación entre justicia y guerra, entre poder y sociedad. Sobre este último problema ha escrito G. E. Mendenhall unos trabajos significativos[26]. Partiendo de una especie de anarquismo idealista, ha supuesto que Israel, al rechazar el feudalismo de los estados cananeos y las monarquías militares del oriente, ha rechazado toda forma de poder. Su postura es muy valiosa, pero debemos precisar que las tribus de Yahvé no han destruido el poder, lo han transformado y repartido, poniéndolo al servicio de toda la comunidad.

Ciertamente, los israelitas se han opuesto al mando centralizado y clasista de los reyes de Canaán, a la profesionalización del ejército, a la burocracia impositiva de las ciudades. Pero todo eso lo han hecho en favor del pueblo unido, al que han devuelto, de manera organizada, todos los poderes: el culto de la libertad sagrada, la solidaridad e igualdad económica, el ejercicio unido de la guerra para la defensa mutua.

El poder ha dejado de concebirse como el privilegio de una clase militar, sacerdotal o administrativa, y se presenta como expresión de la creatividad de todo el pueblo. Esto nos plantea el segundo gran problema: la relación con la justicia. Ordinariamente suponemos que el poder es ciego o destructivo: si queda en manos de una masa popular acaba conduciendo a la violencia pura, a la batalla de todos contra todos[27]. Por eso, la única forma de racionalizar el poder consistía en concentrarlo en manos de unos pocos (reyes, clases superiores, ejército), que controlarían a los otros e impedirían el estallido ciego de la gran violencia. Lógicamente, como un mal necesario, el poder sería siempre injusto y opresivo.

Pues bien, en contra de esa visión impositiva y dictatorial del poder, J. P. Miranda ha destacado el hecho de que el poder popular de las tribus de Yahvé se concebía siempre como realidad al servicio de la justicia. Esto se descubre precisando bien las relaciones que en el Antiguo Testamento había entre guerra, ejército y justicia: las guerras de Yahvé son expresión de su amor hacia los pobres; son guerras de los mismos pobres, de los grupos populares que, unidos por la misma fe en el Dios de la igualdad, combaten por defender esa igualdad y crear así un espacio de ayuda mutua, de colaboración y de justicia entre los hombres[28]. Hemos llegado al lugar de surgimiento de la sociedad israelita, según la perspectiva de la Biblia. Estos pueden ser sus elementos principales:

– Surge un pueblo nuevo y distinto, allí donde unos hombres que provienen de orígenes distintos, dirigidos por la misma fe sagrada, se unifican para compartir la vida en formas que no están mediatizadas por la división de clases.

 Nace el pueblo donde todos comparten unos mismos ideales, los expresan por medio de una comunidad económico-social y son capaces de luchar por ello en forma de guerra santa.

– El mismo pueblo aparece, por tanto, como ejército, convocado por los ancianos (representantes) de las familias-clanes-tribus, y está unificado por unos “jueces” o líderes carismáticos que nunca asumen ni controlan el poder tras la batalla.

– En el fondo de esa espléndida utopía igualitaria de las tribus de Israel está el descubrimiento de un profundo amor interhumano; pero es un amor que puede y debe defenderse por la guerra.[29]

 Notas

[1] Extensa bibliografía en N. Lohfink: Il Dio della Bibbia e la violenza, Qh. D., Brescia, 1985, págs. 133-150. He tratado el tema en Razón y Fe, 1.014 (1983), págs. 40-58.

[2] Cf. E. Lipinski: La royauté de Yahvé, Brüssel, 1965; P. D. Miller: The Divine Warrior in Early Israel, Cambridge MA, 1973; M. C. Lind: Yahweh is a Warrior, Scottdale PA, 1980.

[3] Visión introductoria del tema en T. de Vaux: Instituciones del AT, Barcelona, 1964.

[4] Cf. la visión de R. De Vaux: Historia antigua de Israel. I. Desde los orígenes a la entrada en Canaán, Madrid, 1974, págs. 171-288.

[5] Cf. M. Rose: “Entmilitarisierung des Kriegs?” Erwägungen zu den Patrianchen-Erzählungen der Genesis, BZ, 20, 1976, págs. 197-211. De todas formas, el recuerdo de la guerra es fuerte en Gén 14.

[6] Expone las posturas R. De Vaux: Historia antigua de Israel. II. Asentamiento en Canaán y período de los Jueces, Madrid, 1975, págs. 17-28. Cf. también B. Halpern: The emergence of Israel in Canaan, Chico CA, 1983, págs. 3-16 y 49-50.

[7] Cf. W. F. Albright: Arqueología de Palestina, Barcelona, 1962; Y. Kaufmann: The Biblical Account of the Conquest of Palestina, Jerusalem, 1953.

[8] Cf. J. T. Luke: Pastoralism and Politics in the Mari-Peiod, Ann Arbor, Univ. Microfilms, 1965. Su investigación ha sido aprovechada por N. K. Gottwald, en obra citada en nota siguiente, págs. 435-459.

[9] Cf. G. E. Mendenhall: The Hebrew Conquest of Palestine, BibArch, 25, 1962, págs. 66-87; íd.: The Tenth Generation. The Origins of the Biblical Tradition, Baltimore, 1973; N. K. Gottwald: The Tribes of Yahweh. A ociology of the Religion of Liberated Israel, 1250-1050 B. C. E., London, 1980.

[10] Cf. A. Alt: Die Landnahme der Israeliten in Palestina, Leipzig, 1925, reproducido y ampliado en Grundfragen der Geschichte des Volkes Israel, München, 1970, págs. 99-185; M. Noth: Das Buch Josua,Tübingen, 1953; Historia de Israel, Barcelona, 1966, págs. 76-89; M. Weippert: Die Landnahme der israelitischen Stämme in der neueren w. Diskussion, Göttingen, 1967.

[11] Cf. N. K. Gottwald: o. c., págs. 391-409.

[12] Destaca la importancia de estos campesinos, corrigiendo parcialmente la postura de N. K. Gottwald, B. Halpern: The Emergence of Israel in Canaan, Chico CA, 1983, págs. 81-108.

[13] Para la estructuración y sentido del texto en el relato J, cf. M. Noth: Exodus, ATD, 5, Göttingen, 1968, págs. 80-95; J. Plastaras: Il Dio dell’Esodo, Torino, 1976, páginas 118-121; B. Halpern: o. c., págs. 42-43; G. von Rad: Der Heilige Krieg mi alten Israel, Göttingen, 1965, págs. 45-46.

[14] Cf. N. K. Gottwald: o. c., págs. 153-155.

[15] Evidentemente “tribu” no pertenece a lo que K. R. Popper llama “sociedad cerrada”, refiriéndose al pueblo istraelita de una forma al menos poco matizada, en La sociedad abierta y sus enemigos, Barcelona, 1982.

[16] Cf. N. K. Gottwald: o. c., págs. 293-442.

[17] Textos estudiados por N. Lohfink: Das Hauptgebot, AnBib, 20, Roma, 1963.

[18] Cf. E. Otto y T. Schram: Fiesta y gozo, Salamanca, 1983, págs. 28-52, donde se reasume la tesis de E. Otto en Das Mazzotfest in Gilgal, BWANT, 107, Stuttgart, 1975.

[19] Cf. B. Halpern: o. c., págs. 187-236.

[20] La visión clásica sobre la “anfictionía” de Israel fue defendida por M. Noth: Das System der zwölf Stämme Israels, BWANT, 4, Stuttgart, 1930. Reasumen y precisan el tema C. H. J. De Geus: The Tribes of Israel, Assen, 1976; N. K. Gottwald: o. c., págs. 345-386.

[21] Cf. N. K. Gottwald: o. c., págs. 270-276.

[22] Cf. G. Van Rad: Der Heilige Krieg mi alten Israel, Göttingen, 1965; M. Weippert: Heiliger Krieg in Israel und Assyrien, ZAM, 84, 1972, págs. 460-492; P. C. Craigie: The Problem of the War in the O. T., Grand Rapids MI, 1978.

[23] Cf. N. Lohfink: Il Dio della Bibbia e la violenza, Brescia, 1985, págs. 77-79; íd.: Haram, TWAT, 3, págs. 192-213.

[24] Cf. N. K. Gottwald: o. c., págs. 543-550.

[25] Cf. B. Halpern: o. c., págs. 118-120; N. K. Gottwald: o. c., págs. 534-540.

[26] Cf. trabajos de G. E. Mendenhall citados en nota 10.

[27] Cf. Th. Hobbes: Leviatán, Madrid, 1983, págs. 221-259. Sobre todo el tema, cf. R. Girard: La violence et le Sacré, París, 1972.

[28] J. P. Miranda: Marx y la Biblia, Salamanca, 1972, págs. 144-155.

[29] En esta línea se sitúa, a mi entender, la más valiosa interpretación y actualización judía de la Biblia, tanto en perspectiva exegética como filosófica. Cf. E. Levinas: De Dieu qui vient a l’idée, París, 1982, pág. 134; J. Klausner: Jesús de Nazaret, Buenos Aires, 1971, páginas 381-398, y, especialmente, B. H. Levy: El testamento de Dios, Buenos Aires, 1979, páginas 221-297, donde defiende la exigencia judía de la “resistencia” al mal, frente a la utopía cristiana de la “no resistencia”.

Los feminismos

Los feminismos o el coraje colectivo de las mujeres para reconfigurar el mundo

escrito por  Pepa Torres

 -Siempre que las mujeres individual o colectivamente se han rebelado ante la situación de desigualdad, subordinación u opresión en que el patriarcado las situaba y han revindicado su dignidad proponiendo una situación alternativa, la conciencia feminista ha estado ahí latente, aun cuando ellas mismas no le dieran ese nombre. Los feminismos, entendidos como movimientos de justicia con las mujeres, han sido vistos con sospecha -y lo siguen siendo- en todas las épocas de la historia. La razón de su sospecha es que producen sobresalto e inquietud como aquellas mujeres primeras testigos de la Resurrección de Jesús (Lc 24,13-35). La razón de su sospecha es porque cuestionan privilegios, desinstalan conciencias, relaciones, formas de estar en el mundo…, y esto siempre resulta peligroso para quienes detentan el poder, pero han sido y son imprescindibles para reconfigurar el mundo y provocar cambios sociales desde sus raíces, porque socaban los cimientos del patriarcado y lo hacen de desde la inteligencia colectiva y creativa de las mujeres y de forma pacífica y comunitaria.

El feminismo en cuanto a teoría y práctica política en Europa tiene su origen en la Ilustración, en el contexto de la Revolución francesa. Las mujeres y algunos hombres en el siglo XVIII empiezan a organizarse conscientes de que sin derechos civiles para las mujeres no pude haber una auténtica revolución y reivindican derechos matrimoniales, educación, capacitación profesional y derecho al voto, cuestionando que la desigualdad en las relaciones de poder entre hombre y mujeres tengan que ver con el orden natural. Sin embargo, una vez acontecida la revolución, las mujeres incorporadas en este movimiento serán llevadas al cadalso como le sucedió a Olympe de Gouges. Esta etapa constituye la primera ola del feminismo e incluye el periodo desde 1789 hasta mediados del siglo XIX.

La segunda ola del feminismo se identifica con la reivindicación de los derechos políticos para las mujeres, con el movimiento de las sufragistas, iniciado en 1848 con la Declaración de Seneca Falls, exigiendo el voto femenino y la reclamación de participación política. Se extiende hasta fines de la Segunda Guerra Mundial y la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 que reconoce el sufragio femenino como derecho universal​. En esta segunda ola se reivindica también la educación superior, condiciones laborales justas, igual salario, derechos y deberes matrimoniales equiparables, control de la natalidad, etc. El movimiento aparece vinculado al pacifismo, al interclasismo y al antirracismo. Muchas de las mujeres implicadas en este movimiento tenían convicciones religiosas y denunciaron la interpretación de la Biblia para la opresión y el sometimiento de las mujeres reivindicando otras interpretaciones y exegesis (La Biblia de las mujeres de Olivia Caddy Staton es un buen ejemplo)

Existe también una tercera ola del feminismo que tiene como precedente la publicación en 1963 de La mística de la Feminidad de Betty Friedan. Se articula en torno al 68 y se extiende hasta los 80 presentando una nueva agenda en relación con los derechos sexuales y reproductivos, la violencia sexual y de género, las discriminaciones legales y laborales (brecha salarial, techo de cristal…). Reivindican que «lo personal es político» e incorporan la categoría «género» como categoría de análisis y transformación de la realidad.

La categoría “género” ha sido y es fundamental para reconfigurar el mundo. Desarrolla la idea de que lo masculino y lo femenino no son construcciones puramente biológicas, sino culturales, fruto del aprendizaje social y los roles, atribuciones, papeles y espacios sociales asignados. El sistema de género ordena la sociedad, las relaciones entre las personas, la vida pública y la privada y lo hace de forma jerarquizada, siendo los elementos asociados a la masculinidad los que ocupan una situación de privilegio y visibilidad frente a subordinación de lo femenino. La categoría género, tal y como la entendemos las mujeres no es una ideología sino un instrumento de análisis, una perspectiva. Es decir, una categoría que cuestiona las relaciones sociales entre hombres y mujeres y la comprensión esencialista de lo femenino y lo masculino para concebirlos como una construcción que conlleva elementos culturales y que, como tales, pueden ser modificados. En la experiencia de las mujeres el enfoque de género ha sido y es extraordinariamente liberador. Es una herramienta necesaria que nos ayuda a desarrollar nuevos modos de ser persona mujer y persona varón, nuevos modos de ser familia y comunidad, nuevos modos de amar y ser amadas reivindicando la autoestima, el amor propio, el respeto mutuo y que la diferencia no puede ser causa de desigualdad. Quizás por eso, por las consecuencias que el análisis de género ha tenido en la vida de las mujeres, cuestionando roles, espacios y papeles sociales, los sectores más conservadores de la iglesia y la sociedad civil se resisten a incorporarla. Pero no hacerlo es reducir la cuestión de las mujeres a puro esencialismo o complementariedad lo cual nos mantiene en la misma situación de desigualdad y exclusión más allá de las buenas intenciones. Es a partir de esta tercera ola cuando ya no se puede hablar de feminismo sino de feminismos dada la diversidad de acentos: feminismo de la igualdad, feminismo de la diferencia, ecofeminismo, feminismo autónomo, feminismo institucional…

Actualmente estamos viviendo una nueva etapa que denominamos ya sin pudor como la cuarta ola del feminismo. Un feminismo que se define en plural, que es interseccional, porque las mujeres nos reconocemos más que nunca atravesadas por desigualdades y precariedades que nos sitúan en lugares muy diversos frente al patriarcado: el trabajo asalariado, los cuidados, el consumo, el ejercicio de nuestros derechos, la formación y la participación ciudadana y por las diferencias también según la procedencia, la clase, la edad, la orientación sexual, la raza, la colonialidad.

En la actual coyuntura los feminismos forman parte de un proceso de transformación radical de la sociedad, de la cultura, de la economía, de las relaciones, la teología, la espiritualidad. Aspiran a que las mujeres ocupen el espacio público, se reapropien de la decisión sobre sus cuerpos y sus vidas y de una economía que tenga en el centro el cuidado y no el capital. Se reivindica el cuidado como una categoría política universal que exige una reorganización social alternativa. Como señala Victoria Camps[1]las mujeres del siglo XXI aspiramos a otros modos de organización más integrales e integradores, no queremos producir esquemas excluyentes, porque no queremos seguir reproduciendo dualismos, sino que buscamos la inclusión de toda vida, buscamos un modelo más integrador y holístico, en el que tan vital sea la política como la belleza, tan necesario es el orden como el afecto. No queremos sólo un mundo organizado, sino también hermoso. No queremos un mundo donde gobierne la razón en exclusiva, sino también con lugar para el sentimiento. Un mundo donde la razón compasiva sustituya a la razón meramente instrumental y pragmática, un mundo en el que la vida este en el centro.

Reivindicamos la descolonización de los movimientos de liberación de las mujeres: los feminismos negros, gitanos o interculturales, los feminismos lésbicos y trans; nuevas formas de sindicalismo feministas como pueden ser Las Kellys o las trabajadoras de hogar y de cuidados, la lucha mundial contra los feminicidios y la violencia sistémica y global contra las mujeres en todos los ámbitos, especialmente en las fronteras. De hecho, de esta internacionalización de las luchas nacen las movilizaciones del 7N o la huelga de las mujeres, que se gestan primero en América Latina y posteriormente en España.

Como señalaba bell hooks[2], los feminismos no son un movimiento de reivindicación contra los hombres, sino para poner fin al pensamiento y la práctica sexista con independencia de quienes lo perpetúen, sean hombres o mujeres, puesto que todos y todas hemos de hacer un trabajo de desaprendizaje de patrones, conductas, relaciones introyectadas en nuestras vidas por el patriarcado. En estos nuevos aprendizajes y desaprendizajes entra también la espiritualidad y la teología. Somos muchas las mujeres cristianas y feministas articuladas en redes en el estado español desde hace más de 35 años y desde las que intentamos también reconfigurar el mundo y la iglesia. Redes como Mujeres y Teología, la Asociación de Teólogas de España, la Red Miriam de Espiritualidad ignaciana Femenina, Dones creyents, etc. Algunas de las temáticas más desarrolladas en estas redes son:

  • El cuestionamiento de la antropología patriarcal que legitima la exclusión, el empobrecimiento y la violencia contra las mujeres y frente a ello el reconocimiento de nuestra dignidad.
  • Las imágenes de Dios, los lenguajes, simbólicos y rituales que ignoran la realidad de las mujeres y refuerzan el sexismo.
  • La reivindicación del cuerpo de las mujeres, a imagen y semejanza de Dios y no como objeto de explotación y violencia.
  • La ekklesia de las mujeres y la comunidad de iguales como nuevas categorías eclesiológicas y desde ahí el acceso a la plenitud de los ministerios.
  • Repensar la moral especialmente la sexual y la económica desde la perspectiva de las mujeres.
  • El cuidado de la casa común desde un enfoque ecofeminista.
  • La lectura de la Biblia con ojos de mujer, desde una hermenéutica con enfoque de género

Del trabajo de siembra y apuesta de todos estos colectivos de mujeres feministas cristianas emerge en el año 2020 como una marea imparable Alcem la veu y La Revuelta de las mujeres en la iglesia con presencia en más de 22 ciudades de España y tejidas internacionalmente con Voices of faith[3] en la preparación del Sínodo Mundial de mujeres (CWC) que estamos preparando para octubre del 2022 en Roma. Pero, mucho antes, el 6 de marzo, como ya lo hicimos antes de la pandemia tuvimos una cita en las puertas de las catedrales españolas para seguir reivindicando juntas el fin de la discriminación de las mujeres en la iglesia bajo el lema: “En la iglesia con voz y voto”.

Nos mantiene en esta aventura el convencimiento, como diría San Ireneo interpretado con perspectiva de género, que la gloria de Dios es que las mujeres vivan y lo hagan en abundancia.

***

[1] Victoria Camps, El siglo de las mujeres,1998.

[2] bell hooks. El feminismo es para todo el mundo,2017.

[3] https://voicesoffaith.org/es-cwc

La Biblia está llena de amor

por Lala Franco

El pecado no se asocia con la vida sexual, sino con la idolatría.

Renato Lings, un danés que vive en España, doctor en teología, traductor e intérprete, acaba de publicar “Amores bíblicos bajo censura» (*), donde revisa las traducciones de los pasajes sobre amor y sexualidad y aquellos que se han usado para condenar a los homosexuales. Se ha encontrado con traducciones abusivas y arriesgadas. Y en el camino se ha reconciliado incluso con los pasajes más polémicos de la Biblia.

¿Por qué escribir Amores bíblicos bajo censura?

Mi vocación de biblista empezó joven porque crecí en un ambiente luterano con mucha Biblia e himnos, pero una vida parroquial muy rutinaria. Con 21 años, una charla sobre Sodoma y Gomorra, en la que el ponente concluyó que la destrucción de la ciudad fue como castigo al pecado de la homosexualidad, despertó mi curiosidad. Era la primera vez que escuchaba esa palabra, homosexualidad, pronunciada en público, yo no había salido del armario, y tenía muchas dudas. Empecé a cuestionar esa afirmación y me inscribí en una facultad de Teología, pero sólo me gustó el hebreo, lo demás me resultó muy aburrido y rígido. De modo que me hice hispanista; después, como traductor e intérprete, he aprendido mucho sobre cómo resolver los problemas de traducción, que son múltiples. En 2002 decidí hacer el doctorado en torno a ese tema de Biblia y sexualidad. Me ha llevado muchos años poder hablar de Biblia, sexualidad y género sin pesadumbre, pero hoy puedo hacerlo con una sonrisa.

Me ha llevado muchos años poder hablar de Biblia, sexualidad y género sin pesadumbre, pero hoy puedo hacerlo con una sonrisa.

Dice usted que, desde la edad media, la tradición ascética marca la interpretación de la Biblia y de ahí muchas interpretaciones sesgadas en relación con la sexualidad…

La traducción de la Biblia es esencial para hablar del cristianismo, que está montado sobre las traducciones griega y latina, porque no se leía la Biblia en el original. San Agustín no leía hebreo y él difunde la doctrina del pecado original que ha marcado tanto. Ha predominado una visión negativa del sexo desde esa concepción. Porque los padres de la iglesia eran célibes, pero como la pulsión sexual no se iba, así como así, la demonizaban, era cosa del diablo. Hoy tenemos mucho más conocimiento, y, aunque hay que respetarlos, no debemos de seguir al pie de la letra esas doctrinas, que además son misóginas con tanta frecuencia. Aunque Jesús fue un innovador, esos esquemas se volvieron a imponer, la Iglesia imperial romana heredó el machismo romano y desapareció la importancia de las mujeres que sí había existido en la Iglesia primitiva.

En la Biblia, ¿hay más amor o pecado?

La Biblia está llena de amor. El pecado no se asocia en el Antiguo Testamento con la vida sexual, sino con la idolatría. Y también en el Nuevo Testamento. Hay pecados de contenido sexual, como cuando David se apodera de la mujer de otro, pero no es el acto sexual en sí, el adulterio no es lo peor, sino el asesinato que comete para poder tener a la mujer. En general, hay pocas transgresiones sexuales y me llama la atención que se hable tanto del sexo y tan poco de la idolatría. Este es un tema incómodo porque nos obliga a preguntarnos cuáles son mis ídolos, a qué dedico yo mi tiempo, mi pensamiento y mi amor. Porque eso es amar a Dios, dedicarle nuestro tiempo, nuestro pensamiento y amor. Hoy dedicamos tiempo a muchas cosas y poco a amar a Dios y al prójimo. En el mundo cristiano, llamaría idolatría a desviar el enfoque que Jesús nos enseñó, que es amar a Dios – y todo lo que representa en la creación – y a las personas como a nosotros mismos. Todo lo que nos desvía de eso es idolatría y por tanto la mayoría dedicamos nuestro tiempo a actividades idolátricas. No se critica hoy el culto al dinero, que en la Edad Media era considerado pecado mortal. Eso se ha perdido en nuestra cultura cristiana, nadie critica que haya un dos por ciento que controla la mitad de la riqueza mundial.

Idolatría es desviar el enfoque de lo que Jesús nos enseñó, que es amar a Dios y a las personas como a nosotros mismos.

Otra concepción discutible es que la reproducción sea la única finalidad de las relaciones sexuales…

La Biblia no es lo que dice. La vida sexual nos sirve para comunicarnos, mostrar afecto, tener intimidad, darnos amor, ayudarnos a tener autoestima, estimularnos también en lo fisiológico y en lo psicológico. Y tanto es así que en todas las especies vivas se observan variedades de conducta sexual. Hace unos años, era inconcebible hablar o escribir sobre el tema de la diversidad de conductas sexuales. Llevamos siglos bajo los tabúes y yo me felicito de que hoy se publique, haya debates. Yo puedo hablar sin pelos en la lengua sobre estos temas que me han acompañado toda la vida y a los que por fin me he dado respuesta.

El Génesis dice «Creced y dad fruto», que algunos traducen como «Creced y multiplicaos»…

Se trata de una bendición, no de una orden o de un mandato para reproducirse. La bendición es el don que nos da el creador, lo inscribe en nuestro ADN, el don de tener hijos, pero también de multiplicar nuestros talentos. Lo importante es la bendición. En el primer capítulo del Génesis, algunas tradiciones no se percatan de que hay un solo ser humano, es lo que significa en hebreo, un ser humano que engloba por tanto a todos los géneros; solo en el siguiente capítulo aparece la palabra hombre y mujer. El Adam primitivo es «el terrícola», así podría traducirse, porque viene de la palabra tierra, e incluye tanto a hombres como mujeres.

En el primer capítulo del Génesis, algunas tradiciones no se percatan de que hay un solo ser humano, es lo que significa en hebreo, un ser humano que engloba por tanto a todos los géneros.

La expulsión del Paraíso tiene también un sentido diferente…

Adán y Eva son expulsados del mundo de la infancia, identificado con el Paraíso, y entran a la vida adulta y pasan a ser autónomos, que eso significa la vida adulta. Eso de la caída y el pecado eterno no es bíblico. Lo que pasa es que Pablo tuvo mucha influencia y él sí lanza esa idea del pecado original y el castigo, algo que no tiene sentido en el contexto hebreo.

Con sodomita y sodomía también hay un malentendido…

La palabra «sodomía» es medieval, del siglo XI, es posbíblica, pero ha tenido mucha resonancia posterior. Lo que pasa en Sodoma, en su contexto, no tiene ese componente sexual. El pecado allí es la no hospitalidad, la falta de respeto al inmigrante pobre que vive en medio de ellos, que es Lot. Los profetas hebreos no le dan, en otras partes de la Biblia, ese tono sexual, sino que se refieren a una grave injusticia social.

También cuestiona la traducción del Levítico sobre el tema.

El Levítico no prohíbe la relación íntima entre hombres en toda circunstancia. El capítulo 18 tiene una frase muy poco común, muy difícil para los traductores. No los critico, pero ponen algo que no dice: «con un hombre no te acostarás como con una mujer», eso es saltar la valla por el punto más bajo, es la solución cómoda. No dice con un hombre, sino con un varón. Y lo que dice es «con varón no te acostaras yaceres de una esposa». He encontrado 19 propuestas de interpretación de esa frase obscura y acabo de encontrar otra, o sea, 20. Intuimos que en determinada circunstancia no te acostarás con varón y esa circunstancia tiene que ver con lechos o esposas, pero no podemos concluir como concluyen las traducciones actuales, mejor dejar una traducción tan nebulosa como el original, porque si no se hace daño a mucha gente.

Pablo, que tiene las palabras más bellas sobre el amor, en I Corintios 6, 9, dice que «Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados ni los homosexuales tendrán cabida en el reino de los cielos»…

He estudiado muy a fondo estas cartas. Yo durante años no quería ni acercarme a esos textos, pero llegó un momento en que me acerqué a esos pasajes y ha sido muy interesante y he perdido una parte de mis prejuicios sobre Pablo. El problema de estos textos es que hay una dificultad de traducción. En 1 Corintios, 1, nos damos cuenta de que la carta va dirigida a una comunidad donde hay graves problemas, por eso Pablo les dirige esa carta donde hay una exaltación del amor. A Pablo le gustan los catálogos de gente viciosa, los usa como recurso literario y en el capítulo 6, versículo 9, en ese catálogo incluye supuestamente a los afeminados y homosexuales. Pero la palabra griega que se traduce como afeminado significa «blando», literalmente, y puede referirse también a los flojos e indecisos de la comunidad. Y la palabra «homosexual» no aparece en ninguna traducción del mundo hasta el año 1946, cuando los traductores se impregnan de los debates del momento. Y es que Pablo usa una palabra difícil de entender. La traducción literal es «varones-cama». Hay que dejar la traducción abierta, porque no hay nada en la literatura de la época que nos explique esa palabra, es probable que se refiera a alguna clase de varones abusadores en el ámbito sexual, y es temerario y criminal poner una palabra como «homosexual», que sí sabemos qué significa y hace daño a un grupo de gente.

Y en Romanos 1, 26-27, habla de relaciones «infames» al referirse a mujer con mujer o varón con varón, dentro también de un catalogo de pecados o faltas…

En Romanos, demasiados comentaristas se quedan en el capítulo 1 y la carta es larga, con 16 capítulos. Pablo se refiere todo el tiempo a un culto pagano, a unos idólatras y a sucesos del pasado, se cree que inspirado en el libro de la Sabiduría. Insisto, Pablo se refiere a un grupo de idólatras. Y luego concluye en 8,1 “no hay condenación alguna para los que están en Cristo Jesús» y advierte, en el capítulo 16, contra «los que suscitan divisiones y escándalo contra la doctrina que habéis aprendido». Es decir, a Pablo no le preocupa la sexualidad sino las divisiones internas de la comunidad romana y la posible influencia del politeísmo reinante. Pero muchos comentaristas aplican esa condena de los idólatras a los homosexuales de hoy.

Yo soy creyente y homosexual y según ellos yo me condeno con la palabra de Pablo, una condena que ni siquiera se dirige a los cristianos. Yo ahora le tengo más respeto a Pablo pero no a sus intérpretes.

Defiende usted que una lectura actualizada de los textos hebreos y griegos permite a las personas con diversidad sexual o de género reconocerse en algunos pasajes donde hay parejas con una relación de homoafectividad: Rut y Noemí, David y Jonatán… E incluso Jesús y el discípulo amado, que podría ser Lázaro y no Juan…

La tradición habla del discípulo amado como Juan, y yo al analizar los textos veo que tiene más sentido el identificarlo con Lázaro de Betania. En los otros evangelios se habla de visitas frecuentes a Betania, donde Jesús pernocta cuando va a Jerusalén, y allí están Marta, María y Lázaro. Y Jesús tiene una relación de intimidad con ellos, los ama. Y por eso acude cuando le avisan de que «el que tú amas» está enfermo. Y Jesús llora también, y la gente dice «mirad cómo lo quería». Se menciona tres veces ese amor en el capítulo. Y el discípulo Lázaro entra en escena de forma espectacular al salir de la tumba resucitado.

En Juan, en la última cena, se describe que están reclinados, como era costumbre en una casa acomodada, y el discípulo descansa su cabeza sobre el pecho del maestro, una posición de intimidad especial.

En el Tiberíades, el primero en reconocerlo, cuando Jesús se aparece en la orilla del lago, es el amado. Culturalmente, además, esa relación se corresponde con la de jóvenes discípulos o estudiantes y era normal que el maestro tuviera un favorito.

¿También cabe una relación sexual?

No lo sé, hay quien quiere verlo así. A mí no me consta en el texto evangélico, pero sí me consta cercanía, ternura, intimidad.

Ha hablado usted de las respuestas que ha ido encontrando como cristiano homosexual en este camino de investigación bíblica, ¿qué respuestas?

El estudio de estos textos tan duros ha sido terapéutico. Mi relación con la Biblia era difícil, había tanta condenación en ella de mi condición, que la rechazaba. Pero cuando me pongo a buscar directamente y estudiar estos textos encontré una paz increíble y se me quitaron los temores y depresiones y desde entonces soy feliz, y se ha profundizado mi fe porque he encontrado en la Biblia una amiga, pero no facilona.

Yo me siento una criatura de Dios, tengo un ADN como Él me lo puso, soy un ser humano con defectos y virtudes y gracias a Dios soy el que soy y no me tengo que someter a ningún proceso de reconversión terapéutica, como nos proponen algunos, y he conocido a gente que han pasado por ellos y no han salido intactos y algunos han dejado el cristianismo. Mi terapia ha sido la otra, el nombrar al demonio temido lo neutraliza y así pierde su poder sobre nosotros. Yo me atreví a acercarme a esos textos que me amargaban la vida y al hacerlo he visto que no eran lo que me contaban y hemos podido hacer las paces.

Gracias a Dios soy el que soy y no me tengo que someter a ningún proceso de reconversión terapéutica, como nos proponen algunos

Usted se define como cristiano ecuménico, después de haber sido luterano, cercano a los evangélicos y cuáquero durante muchos años. ¿Qué le pediría hoy a las Iglesias e instituciones religiosas sobre el tema?

Que dejen de juzgar al prójimo, que esto no es cristiano. En segundo lugar, que escuchen, a las personas como yo; hemos publicado mucho, hablamos de nuestra experiencia, de nuestra vida. Y entonces puede haber diálogo, pero desde el juicio o la arrogancia no puede haber diálogo. Ya no existe ese monopolio interpretativo de la Iglesia, somos muchos los formados en teología, sexología, antropología, etc., de los que los teólogos pueden aprender. Pero hay inercia en muchos sectores para mantenerse en las posiciones de siempre y no aceptar la novedad de estudios como el mío y otros, que merecen una nueva consideración.

(*) Libros de Renato Lings en español:

AMORES BÍBLICOS BAJO CENSURA. Sexualidad, género y traducciones erróneas. Editorial Dykinson, Madrid, 2021. 
BIBLIA y HOMOSEXUALIDAD ¿Se equivocaron los traductores? Universidad Bíblica Latinoamericana, Costa Rica

Ciclo ‘Mujeres en y con la Biblia’

por Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica (CEA) 


  

Con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina organizó un ciclo de encuentros virtuales bajo el nombre ‘Mujeres en y con la Biblia’.


Los mismos serán animados por integrantes del DeNAPBi y algunos biblistas invitados, que brindarán una aproximación al tema de las mujeres en la Biblia teniendo como horizonte los desafíos que dejó la Asamblea Eclesial de Latinoamérica y el Caribe para las mujeres en la actualidad. Se propone una reflexión para este tiempo en el que estamos invitados, hombres y mujeres, a repensar estructuras, ministerios y realidades que hacen a la vida de las mujeres en nuestra Iglesia.

Acompañan estos encuentros: el Pbro. Lic. Gabriel Rodríguez y Lic. María Andrea GreenMgter. Gerardo García Helder y Prof. Marcela CastiñeiraObispo Roberto P. Álvarez y Hna, María Inés CastellaroPbro. Víctor Gallaro y Ctdra. Ana María Crocco, la Lic. María Gloria Ladislao, y el PbroBruno Mammana.

Una realidad que interpela a toda la Iglesia

El rol de la mujer –y mejor, el papel de las mujeres– se va visibilizando cada vez con mayor fuerza e insistencia dentro de nuestra Iglesia. Muchas veces, con tiempos más lentos, prolongados que los deseables, justos y necesarios.

Aun así, esta necesidad se viene haciendo realidad en muchos espacios y, sobre todo, desde que la voz amplificadora del papa Francisco recorre el mundo entero para pedir por tantas injusticias y ninguneos a esta igualdad en dignidad y libertad recibida en nuestro bautismo, sin distinción de género.

Empezando por casa

La tarea que tenemos todas las mujeres empieza por casa. No siempre es fácil entender y comprender que hay un proceso que parte desde nuestra interioridad, desde el encuentro con Jesús que nos dignifica y libera, desde las palabras bíblicas que no solo nos hermosean y halagan el alma en el Cantar de los Cantares, sino que nos abren a la posibilidad de escuchar “la voz de mi amado”.

Empezar por casa nos determina y nos impulsa. Escuchar quiénes somos, cuál es nuestro mundo de relaciones y vínculos inmediato, buscar y reconocer las propias heridas para salir al ruedo sanadas, andar serenas para encontrarnos con las iguales que también sufrieron, quizá los mismos abusos y dolores.

En cada mujer bíblica y en cada mujer que se haga una con la Biblia, podremos encontrar la vastedad de lo que Dios está queriendo hablar en nuestros corazones para que no dudemos acerca de quiénes somos en este tiempo que impone lugares poco comunes y espacios propios para vernos y reconocernos en fraternidad.

Las mujeres sabemos desde adentro lo que es un ‘ciclo’. Sabemos de períodos marcados por lunas, reconocemos calendarios de nueve meses y vivimos lo que es la medida de la túnica cuando en casa se pasa hambre o la manta queda corta para tapar a toda la familia.

Reconocerlas, interpretarlas y elegirlas

Este ‘ciclo’ de charlas promete encuentros con ‘ellas’, las que caminaron por tierras prometidas, las que nos dieron la descendencia prometida y las que, sin duda, atadas al amor del Maestro interceden por nosotras y por toda la Iglesia que es ‘madre’.

Al decir del papa Francisco, toca ir a su encuentro, ‘reconocerlas, interpretarlas y elegirlas’, para que este tiempo ‘kronos’ de nuestra propia historia, nos lleve a desparramar la Palabra y hacer siembra en todo lugar que pisemos y pueda ser ‘kairós’ para muchos y muchas.

Caminando juntas, siempre en comunidad celebrante del Camino, la Verdad y la Vida.


*Lucrecia Casemajor

Construyendo la sinodalidad en las bases

,

 Aportación al sínodo eclesial universal

Julián Díaz Lucio

          Supuestos: Doy por aceptado que estamos convencidos el que la Iglesia del futuro será sinodal, o no será la Iglesia que deseó Jesús de Nazaret. El camino de la Iglesia es sinodal, ha dicho el papa Francisco. Y para esto ha convocado a todo el Pueblo de Dios a que se enganche a esta tarea utópica.

          Pero va a tardar dos años en que se concreten las líneas precisas de actuación, suponiendo que todo salga bien, que exista mucha participación en todos los niveles eclesiales, y que haya un discernimiento y decisión valiente en llevar a cabo las diversas sugerencias que lleguen a los que van a tener la autoridad para decidir.

          Pongo como base fundamental, que somos personas que deseamos ser creyentes cristianos y, por lo mismo, seguidores de Jesús de Nazaret. Y que estamos en la Iglesia como camino de compromiso de fe y de ser útiles en la construcción de un mundo más humano y fraternal. Y que por lo mismo, queremos estar siempre en actitud de búsqueda y cambio para ser más fieles en esta sociedad cambiante.

          Supongo que también aceptamos la doctrina del Vaticano II, que el Pueblo de Dios es la base fundamental del toda la estructura eclesial, y que la Jerarquía está a su servicio. Por tanto que el Pueblo de Dios es, deber ser, consciente y responsable del ser y de la marcha de la Iglesia. La responsabilidad nos la da el sacramento del bautismo y confirmación. La Jerarquía tiene la gran misión de acompañar y formar a los laicos para que éstos se vayan haciendo responsables, en profundidad humana y espiritual, de la marcha y dirección de la Iglesia en todos los niveles de la misma.

          Grandes temas a debatir y dilucidar:

          –Que se lleve a cabo la subsidiaridad en todos los niveles de la estructura eclesial. Que todas las grandes decisiones eclesiales no tengan que depender necesariamente de lo que diga Roma o su Curia. Que ésta no esté por encima de las Conferencias episcopales, sino a su servicio. Si en la Doctrina Social de la Iglesia se insiste en esta cualidad, la subsidiaridad, ella misma debe dar testimonio de que lo cumple.

          -Igualmente que esta subsidiaridad se lleve a cabo también a los niveles nacionales, diocesanos y parroquiales. Que se vaya educando y logrando a que los laicos vayan asumiendo responsabilidades en todos los puestos de dirección. Esto supone que se tiene que ir cambiando paulatinamente las estructuras de la Iglesia para que esta subsidiaridad y sinodalidad se puedan llevar a efecto.

          La Iglesia es para el Reino de Dios, no para ella misma. Por tanto, que toda la Institución se esfuerce en que la evangelización y actuación debe tener como prioridad el Reino de Dios, no el engrandecimiento de ella misma. Es la Iglesia en salida, que promueve el papa Francisco, o como se decía antes, Iglesia misionera. Y esto se tiene que notar especialmente en el compromiso real con los pobres, los excluidos de la sociedad, en las mil formas proféticas de realizarlo. Por eso las comunidades parroquiales y movimientos apostólicos deben ser escuela y testimonio de esa Iglesia en salida o misionera; que formen personas que sepan ser, en sus ambientes de vida, testigos y fermentos de evangelización integral. Que no se les forme solo para las tareas al interior de las comunidades, sino para ser fermento de evangelio en los ambientes y estructuras de la sociedad.

          -Que haya una profunda revisión die los sacramentos, especialmente de la Eucaristía: que no se hable tanto de sacrificio, sino de Cena del Señor; que se revisen las lecturas, y en lugar de tres, más el salmo responsorial, se utilicen solo dos lecturas para que el pueblo las pueda entender mejor y asimilarlas.

          -Que se revise urgentemente la ordenación de hombres casados, y mujeres. Todo ello con la debida preparación intelectual, humana y espiritual. Teológicamente no hay impedimento para que esto se lleve a cabo. Igualmente, con las debidas condiciones, que se readmitan en el ministerio a los sacerdotes secularizados que lo deseen, pero no solo para hacer actos litúrgicos, sino también para acompañar movimientos y comunidades.

          -También veo urgente que se revise y se cambie la cantidad e vestimentas, tanto litúrgicas como de presentación en sociedad, como mitras, solideos, capas o ropajes de colorines. Son contrasignos del Jesús pobre y humilde.

          -Mientras tanto, en las parroquias y movimientos cristianos, creo que se debe avanzar en una sinodalidad real: Que todos los temas o problemas existentes o planteados de cara a la evangelización actual, a la organización de las estructuras o decisiones a tomar, se hagan en sinodalidad, en el consenso de las mayorías. Profundizando previamente en el discernimiento a la luz del evangelio, para escuchar al Espíritu y no estar condicionados por criterios ajenos a él. No hay que esperar que todo venga de Roma para encarnar el Evangelio en el mundo de hoy.

          -Resalto como imprescindible en trabajo pastoral en las bases eclesiales la línea sinodal del papa Francisco. Por eso, veo imprescindible tanto el trabajo de concienciación y formación de los laicos, como el que vayan asumiendo responsabilidades en el conjunto de la Iglesia, empezando por las comunidades de base o parroquias. El futuro de la Iglesia no está solo en manos del papa, sino en que todos asumamos las responsabilidades en el caminar de la misma. De lo contrario, pasará como con el Vaticano II: creo que no llegó a asumirse por el conjunto de los fieles todo el mensaje renovador que trajo, porque no se procuró que el clero y fieles lo asimilaran y llevaran a la práctica. Solo se valoró el cambio en el lenguaje litúrgico. Hoy nadie ya se acuerda de él.

          -Y como estilo básico imprescindible es la actitud de escucha en profundidad en todos los niveles eclesiales. El Espíritu está en todo el Pueblo de Dios, incluso en la sociedad a través de los signos de los tiempos. Dios puede hablar a través de ellos. Pero hace falta una actitud de escucha acogedora. Y unido a ello, creo imprescindible la humildad, el no creernos que tenemos la verdad total en nada, o que lo hemos hecho o lo seguimos haciendo todo bien

          -Como modo de caminar en las bases veo hoy imprescindible el que se formen grupos o comunidades de talla humana, en el que todos se conozcan, se ayuden y se exijan en el seguimiento de Jesucristo, siempre en conexión con los problemas personales y de sus ambientes sociológicos. Es la forma de unir la fe y la vida, cuya separación ya dijo el Vaticano II era uno de los errores más graves de la época moderna. De la maduración y formación en estos grupos saldrán los futuros responsables laicos en las diversas escalas eclesiales.

          -Otro aspecto de suma importancia para la renovación de la Iglesia es la formación teológica y bíblica actualizada de sacerdotes y laicos comprometidos. Que sepan dar razón de lo que significa una iglesia sinodal hoy y para el futuro; que hayan asumido vitalmente la actualización teológica de los grandes temas de la fe, para poder iluminar al hombre actual. De lo contrario, seguirá progresivamente el abandono de la Iglesia al no encontrar respuesta y luz a los problemas del mundo de hoy.

          -Respecto de lo que se llama religiosidad popularcreo que no hay que intentar eliminarla, pero sí ayudar a profundizar en el porqué de esos signos. Ayudar igualmente a purificarla para motivarla desde el evangelio y lo fundamental de la fe en el seguimiento de Jesús de Nazaret. Ayudar igualmente a desidolatrizar imágenes de cristos y vírgenes, que se han convertido muchas veces en algo mágico o vice-dioses.

La Asociación Bíblica Mexicana (ABM)

La Asociación de Biblistas Mexicanos elegirá nueva directiva

Asamblea de Biblistas de México

En el marco de su asamblea anual, la asociación también llevará a cabo un ciclo de conferencias sobre los textos o temas de esperanza y transformación social que se encuentran en la Biblia

La Asociación de Biblistas Mexicanos (ABM), integrada por estudiosos y especialistas en Sagrada Escritura, llevará a cabo su 33 Asamblea anual de forma virtual, a partir de este día 25  y hasta el 27 de enero próximo.


Durante este encuentro, los biblistas reflexionarán en torno a los “Textos/temas de esperanza y transformación social en la Biblia“, y elegirán a la nueva directiva para el periodo 2022-2024.

Temas de reflexión

De acuerdo con información de la ABM, entre las diferentes conferencias que se presentarán se encuentran:

Volviendo a Marta y María, intersticialidad y la casa patriarcal“, impartida por el doctor Raúl Lugo, y “Los samaritanos, un pueblo que espera la salvación”, por la doctora María del Socorro Becerra.

Asimismo, se abordará el tema “La comunicación apocalíptica y la comunicación profética: un mensaje de esperanza”, por el licenciado Federico Vaca, y “Una mancuerna de esperanza: la fe en el Señor y la justicia social“, por el doctor Walter de la Cruz Jiménez.

Y el último día de trabajos se abordará la “Concepción griega y hebrea sobre el mando o gobierno” y “La crítica de los escritores bíblicos ante la o las autoridades“, por el doctor Raúl Duarte.

Cambio de mando

Durante esta jornada se elegirá la nueva mesa directiva, que actualmente está integrada por el sacerdote José Manuel Suazo, como presidente; el doctor Konrad Schaefer como secretario y el presbítero Carlos Vargas como tesorero.

Las personas que estén interesadas en estos temas también pueden participar. Para mayores informes sobre el costo, es necesario enviar un mensaje al número telefónico 228 140 4877 o al buzón de correo jomsua@hotmail.com.

La Asociación de Biblistas de México se formó en el año de 1989. Actualmente consta de Miembros numerarios y Colaboradores llamados Amigos de la ABM.

Los primeros tienen el nivel de Licenciatura, Maestría o Doctorado en Sagradas Escrituras o Teología Bíblica, y cuentan con voz y voto en las decisiones de la ABM.

Los Colaboradores / Amigos de ABM son personas físicas o morales que cuentan con un perfil académico diferente al anteriormente mencionado y que contribuyen a los fines específicos de la asociación, pero no cuentan con voz ni voto en las decisiones de la ABM.

El Domingo de la Palabra de Dios

por Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica (CEA) 


El papa Francisco instituyó el Domingo de la Palabra de Dios a través de la carta apostólica en forma de motu proprio ‘Aperuit Illis’, luego de haber recibido numerosas peticiones de distintos particulares y de asociaciones vinculadas a la pastoral bíblica, y habiendo consultado –principalmente a los miembros del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización (ministerio vaticano creado por Benedicto XVI, el 21 de septiembre de 2010)–.

El objetivo principal de esta nueva celebración es estimular a los creyentes a comprender la riqueza inagotable que proviene del diálogo permanente de Dios con todos los seres humanos, puesto de manifiesto particularmente en el desarrollo progresivo de la historia de salvación vivenciada por el pueblo elegido y testimoniada en las Sagradas Escrituras.

“Por tanto, dice Francisco, es necesario no acostumbrarse nunca a la Palabra de Dios, sino nutrirse de ella para descubrir y vivir en profundidad nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos”.

Tal vez, para entender que el ‘Domingo de la Palabra de Dios’ no anula ni es lo mismo que el ‘Domingo Bíblico’ (que en nuestro país, desde 1961, celebramos el último domingo de septiembre) sea útil recordar lo que decía el Papa Francisco a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica el 12 de abril de 2013: “Las Sagradas Escrituras, como sabemos, son el testimonio escrito de la Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento de la Revelación. La Palabra de Dios, por lo tanto, precede y excede a la Biblia. Es por ello que nuestra fe no tiene en el centro sólo un libro, sino una historia de salvación y sobre todo a una Persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende más allá de la Escritura, para comprenderla adecuadamente es necesaria la constante presencia del Espíritu Santo que «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16,13)”.

Los ciclos

Posiblemente se eligió para esta nueva celebración el III domingo del tiempo ordinario por las lecturas que propone el Leccionario:

Ciclo A: la Primera Lectura del libro del Profeta Isaías (8,23b-9,3) anuncia que brillará en Galilea una gran Luz; y en el Salmo Responsorial (26,1.4.13-14) se canta que esa Luz –que al mismo tiempo es la salvación– es el Señor; en la Segunda Lectura (1 Corintios 1,10-14.16-17) el apóstol Pablo asegura que Cristo no lo envió “a bautizar sino a anunciar el Evangelio” y en la proclamación del Evangelio (Mateo 4,12-23) se afirma que con el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea se cumplió lo anunciado por Isaías (lo leído en la Primera Lectura) y se hace referencia a la llamada de los primeros discípulos de Jesús, que luego de la Ascensión del Señor serán responsables de anunciar la buena noticia haciendo que todos los pueblos sean discípulos, bautizando, y enseñando a cumplir todo lo que su Maestro –con obras y palabras– les había mostrado (cfr. Mt 28,19-20).

Ciclo B: la Primera Lectura de la Profecía de Jonás (3,1-5.10) muestra cómo la Palabra de Dios anunciada –incluso a desgano y de forma distorsionada– produce frutos de conversión; en el Salmo Responsorial (24,4-5ab.6-7bc.8-9) se recuerda que “El Señor (…) enseña el camino a los pecadores, hace caminar a los humildes con rectitud y enseña su camino a los humildes” y en el Evangelio (Marcos 1,14-20) se afirma que “después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Y allí proclamaba la Buena Noticia de Dios”.

Ciclo C: en la Primera Lectura (Nehemías 8,2-6.8-10) se dice que “los levitas leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura”; la antífona del Salmo Responsorial (18,8-10.15) canta: “Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida”; en la Segunda Lectura (1 Corintios 12,12-30) se recuerda que “en la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores” para que proclamen y expliquen las Escrituras a todos los miembros del único Cuerpo de Cristo; y en el Evangelio (Lucas 1,1-4;4,14-21) el autor del libro explica que su obra se basa en los testimonios que “fueron transmitidos por aquéllos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra” y presenta a Jesús leyendo al profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret y asegurando que en él se cumplía el pasaje de la Escritura que se acababa de proclamar.

Por tanto, hay que tener en cuenta que el ‘Domingo de la Palabra de Dios’ no es lo mismo que el ‘Domingo Bíblico’, que en Argentina se celebra el último domingo de septiembre, cerca de la fiesta de san Jerónimo. La nueva celebración no hace que se opaque o deje de celebrarse el ‘Domingo Bíblico Nacional’ y la Semana y/o el Mes de la Biblia como lo venimos haciendo.

La revelación de Dios

En la celebración de enero recordamos fundamentalmente que “Dios dispuso en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina.

En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación” (‘Dei Verbum’, 2).

En cambio, en septiembre, lo que se procura es hacer tomar conciencia del lugar fontal que las Sagradas Escrituras tienen en nuestra fe y la necesidad que tenemos de conocerlas e interpretarlas comunitariamente para que animen nuestra vida personal y eclesial, y toda la actividad pastoral.

Estas dos celebraciones pueden ser una oportunidad para convertirnos al Evangelio de Jesucristo, profundizando la comunión entre nosotros y redescubriendo la mesa común de la Palabra donde el mismo y único Cristo se nos ofrece como Alimento para la Vida del mundo.

*Gerardo García Helder. Director del Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina.

El Departamento nacional de Animación y Pastoral Bíblica –dependiente de la Comisión Episcopal de Catequesis, Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina– ofrece su servicio a las distintas Diócesis y Comunidades para que la Palabra de Dios sea cada vez más apreciada y entendida en el espíritu con que fue escrita.