La Buena Noticia del Dgo. 29º-C

Orar y luchar por la justicia

Lc 18, 1-8

LA HORA DE LA PALABRA

Orar siempre sin desanimarse

 La oración ocupa un lugar esencial en la vida de Jesús. Le brota espontáneamente de esa relación profunda que vive con el Padre. Su confianza  en el Padre se mantiene firme en los momentos más difíciles de su vida.

Nosotros necesitamos también invocar a Dios como Jesús, de manera incesante y sin desanimarnos. Sin una profunda relación con Dios, ¿cómo podremos vivir con alegría la novedad radical del Evangelio, que es “contracultural” en nuestro mundo actual?

Dios no es sordo ante los gritos de los más abandonados. Orar es pedir justicia, pero es también implicarse de lleno en el compromiso por la justicia.

LECTURA DE LA PALABRA

Lucas 18, 1-8

Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.»

Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

COMENTARIO:

 En la Iglesia el centro de las preocupaciones no son los últimos, sino la vida moral

Por José Antonio Pagola

 La parábola de Jesús refleja una situación bastante habitual en la Galilea de su tiempo. Un juez corrupto desprecia arrogante a una pobre viuda que pide justicia. El caso de la mujer parece desesperado, pues no tiene a ningún varón que la defienda. Ella, sin embargo, lejos de resignarse, sigue gritando sus derechos. Solo al final, molesto por tanta insistencia, el juez termina por escucharla.

Lucas presenta el relato como una exhortación a orar sin «desanimarnos», pero la parábola encierra un mensaje previo, muy querido por Jesús. Este juez es la «antimetáfora» de Dios, cuya justicia consiste precisamente en escuchar a los pobres más vulnerables.

«Dios no tiene los ojos vendados»

El símbolo de la justicia en el mundo grecorromano era una mujer que, con los ojos vendados, imparte un veredicto supuestamente «imparcial». Según Jesús, Dios no es este tipo de juez imparcial. No tiene los ojos vendados. Conoce muy bien las injusticias que se cometen con los débiles y su misericordia hace que se incline a favor de ellos.

Esta «parcialidad» de la justicia de Dios hacia los débiles es un escándalo para nuestros oídos burgueses, pero conviene recordarla, pues en la sociedad moderna funciona otra «parcialidad» de signo contrario: la justicia favorece más al poderoso que al débil. ¿Cómo no va a estar Dios de parte de los que no pueden defenderse?

«Es falso que seamos libres e iguales»

Nos creemos progresistas defendiendo teóricamente que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos», pero todos sabemos que es falso. Para disfrutar de derechos reales y efectivos es más importante nacer en un país poderoso y rico que ser persona en un país pobre.

Las democracias modernas se preocupan de los pobres, pero el centro de su atención no es el indefenso, sino el ciudadano en general. En la Iglesia se hacen esfuerzos por aliviar la suerte de los indigentes, pero el centro de nuestras preocupaciones no es el sufrimiento de los últimos, sino la vida moral y religiosa de los cristianos. Es bueno que Jesús nos recuerde que son los seres más desvalidos quienes ocupan el corazón de Dios.

Nunca viene su nombre en los periódicos. Nadie les cede el paso en lugar alguno. No tienen títulos ni cuentas corrientes envidiables, pero son grandes. No poseen muchas riquezas, pero tienen algo que no se puede comprar con dinero: bondad, capacidad de acogida, ternura y compasión hacia el necesitado

LA BUENA NOTICIA DEL DGO. 28º-C

EL LEPROSO AGRADECIDO

                                                                              Lc 17, 11-19

LA HORA DE LA PALABRA

Los excluídos de la sociedad

Jesús cura a diez leprosos enviándoles al templo para que les den el certificado de curación. Y es que los enfermos de lepra a la vez de estar impuros por la enfermedad también están excluidos de la sociedad.

Uno de los leprosos es samaritano y al verse curado, se vuelve dando gloria a Dios y se postra agradecido delante de Jesús, que le levanta y le dice “tu fe te ha curado”

Quiénes son hoy los excluidos y marginados de la sociedad?

¿Cómo hacer para integrar, acoger y luchar contra cualquier forma de exclusión y marginación en nuestra sociedad?

LECTURA DE LA PALABRA

Lucas 17, 11-19

                           ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

COMENTARIO

ENCUENTRO, SANACIÓN Y AGRADECIMIENTO

Lucas (17,11-19)

El evangelio de hoy narra un milagro de Jesús, una curación. Los milagros de Jesús son expresión de su acción liberadora, de sus relaciones sanadoras e incluyentes frente a un orden social y religioso más preocupado por el cumplimiento de las leyes que por aliviar el sufrimiento de las personas. En este caso el de diez leprosos. Pero el tema central de este texto no es propiamente el milagro sino el agradecimiento.

Jesús obra el milagro como es habitual en él, desde la absoluta gratuidad, sin pretender ningún tipo de protagonismo o compensación, porque lo que está en el centro de su acción liberadora es el sufrimiento del otro y no su ego ni su necesidad de reconocimiento. El milagro busca la restitución y la inclusión de los leprosos en la comunidad y por ello Jesús les envía a los sacerdotes, para que una vez confirmado que han quedado sanados de la enfermedad sean reintegrados y acogidos en la comunidad de la que forman parte.

Pero el tema central del relato es el desigual modo con que el grupo de leprosos procesa interiormente el encuentro con Jesús y su sanación. Sólo uno de ellos, el samaritano, vivirá aquel encuentro y su sanación como algo absolutamente inédito, desde una experiencia profunda de agradecimiento que le desborda y le hace volver a Jesús, consciente que una experiencia radicalmente nueva ha surgido en su vida y nada podrá ya volver a ser igual. La mediación de los sacerdotes ya no le es necesaria. A partir de lo que el mismo ha experimentado se ha convertido en testigo de la irrupción de un nuevo orden inaugurado por Jesús, el del amor y la compasión frente a la ley y los ritos vacíos.

De esa experiencia brota el agradecimiento como un don incontenible: convertirse en amor como respuesta al amor recibido. Los gritos iniciales de auxilio se convierten por parte del leproso samaritano en gritos de alegría. No es casual, que sea precisamente un samaritano, un “maldito”, el único del grupo que reaccione de esta manera y capte el misterio de novedad radical acontecido en Jesús, pues el evangelio está siempre atravesado por esa constante: los últimos serán los primeros y los pobres son los preferidos de Dios.

La gratuidad y el agradecimiento son signos de que el reino esta ya entre nosotros y nosotras. Ambos nacen de la lógica del don, no de la retribución, la suficiencia o los merecimientos. También de la humildad radical que supone experimentarnos vulnerables y necesitados.

Jesús toma la palabra al final del relato y sus preguntas van dirigidas también a nosotras y nosotros hoy. ¿Dónde nos encontramos con Él?, ¿De qué nos sana? ¿Qué novedad radical introduce en nuestra vida? ¿Qué puede más en nosotros la lógica del don y el agradecimiento o la suficiencia? ¿Quiénes son para nosotros y nosotras nuestros maestros para vivir en clave de agradecimiento en nuestra vida cotidiana?

Por Pepa Torres

TESTIGOS DE LA PALABRA

 Padre Guadalupe Carney,Revolucionario y mártir del pueblo hondureño.

Guadalupe Carney nació en 1924, Chicago, Estados Unidos. Su nombre original es James Francis Carney, la familia trabajadora de clase media, y desde el principio se dio cuenta de la vida burguesa en la que vivía. Sirvió como soldado en Francia y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial;

Su fe era profundamente importante para él. Sin embargo, se sorprendió de lo poco que la religión parece importar a muchos cristianos, tanto en sus años de ejército y más tarde en la universidad En 1948, ingresó en la Compañía de Jesús, para contestar la llamada, convirtiéndose más tarde, un misionero jesuita en Honduras. Estaba convencido de que el sistema capitalista era intrínsecamente malo, promoviendo una actitud egoísta, individualista y competitiva en las personas. Pero también rechazó los sistemas marxistas de Rusia y China, que pareció perder el valor de la persona humana en la comunidad estatal. Se fue en busca de otro modo, una forma de socialismo, donde la gente compartir lo que tienen, como los primeros cristianos que se describen en los Hechos de los Apóstoles.

Llegó a Honduras en 1962, ya como sacerdote jesuita, animada por el ideal del Concilio Vaticano II, el servicio radial para los pobres, y al vivir con las comunidades rurales y los pobres, y participar en sus luchas, se volvió como él mismo dijo en sus memorias, “un gringo burguesa en un luchador revolucionario”. Guadalupe dijo fueron campesinos pobres de Honduras que realmente le enseñaron el Evangelio, la Buena Nueva que Jesús trajo, y que la burguesía no puede realmente entender lo que significa “para dar buenas nuevas a los pobres.”

La historia de su vida tiene el derecho a ser reconocido como una historia de un revolucionario, porque el Padre Guadalupe creía firmemente como cristiano, tenía que ser un revolucionario, y vivir la radicalidad del Evangelio, para tener una vida cristiana plena. El Evangelio es revolucionario. Guadalupe vio y entendió los problemas de los pobres. Vio cómo las compañías fruteras estadounidenses habían tomado

las mejores tierras y plantaciones. Ellos y algunos hondureños ricos controlan alrededor del 95% de la riqueza del país. Mientras que el resto de la población vivía en la pobreza extrema.

Los intentos de organizar sindicatos menudo conducido a las muertes y desapariciones de sus líderes. En un video raro, dice, “cómo los agricultores son tratados es totalmente inaceptable por Dios y esto se debe cambiar.”

La iglesia no puede permanecer en silencio mientras sus niños pobres estaban siendo explotados ya menudo martirizados por tratar de luchar por sus derechos básicos. Finalmente Padre. Guadalupe eligió vivir solo en su pequeña misión de la iglesia, que divide por completo la vida y la pobreza de su pueblo. Por su identificación con la gente que él enseñó los caminos de la teología de la liberación :. “Cristo vino a liberar a las personas y establecer un reino de justicia y paz” y esta enseñanza se ha convertido en una parte importante de la lucha del pueblo para hacer de esto una realidad .

Él escribió sobre su vida y sus ideales mientras vivía en Nicaragua. Finalmente, regresó a Honduras para ser capellán de las fuerzas revolucionarias. En 1983, el “Padre Guadalupe”,  se convirtió en capellán de una comuna revolucionaria armada, y poco después fue capturado por el ejército, que afirmó que “el P. Carney había desaparecido “.

El gobierno de Honduras construyó cerca de seis historias diferentes. Después de probar todos modos ocultar la verdad con una nota oficial que sostenía que había muerto de hambre el 19 de agosto 1985 llega un testigo para refutar estas afirmaciones, el Señor Cabelleros, un refugiado de Honduras y ex miembro de la escuadrones de la muerte hondureños. Confirmó la participación de la CIA y dijo que había escuchado de otros que Padre Guadalupe había sido asesinado y lanzado desde un avión en la selva.

La vida de Guadalupe es un testimonio elocuente del sacerdocio y la llamada al discipulado cristiano. Carney recuerda a todos los bautizados, donde nuestro compromiso debe ser enfocado, “el compromiso con las causas del pueblo por la liberación de la explotación y la injusticia , siempre en busca de la paz “.

COMENTARIO DE X. PIKAZA:

Fe samaritana, no religión de sacerdotes      (Lc 17, 11-19)

Con la parábola del buen samaritano (Lc 10), que acoge y cura al herido del camino (en contra de sacerdotes y levitas), pone Lc 17 esta parábola del samaritano agradecido (creyente) que va donde Jesús, en contra de los nueve «servidores de una ley opresora, que vuelven a la religión de los sacerdotes.

Ésta es quizá la parábola más escandalosa de los evangelios (cf. también Mc 1, 39-45):  Jesús cura a diez leprosos y les dice (en forma provocadora) que se sometan a la ley de los sacerdotes, como si todo siguiera igual en el mundo. Nueve curados «de ley» no entienden a Jesús, cumplen externamente su mandato y se refugian en la ley de los sacerdotes. Sólo uno, que es samaritano, le entiende y no va, pues eltiempo de dominio y ley de los sacerdotes ha pasado.

Este samaritado que Vuelve a dar gracias a Jesús, para caminar con él. Ha encontrado la fe, ha encontrado el amor. no necesita sacerdotes.

Este samaritano hemos de ser todos nosotros. Jesús no ha venido para liberarnos de un tipo de religión de sacerdotes antiguos, pues sólo la fe (la gratuidad amorosa) puede salvarnos. Éste es, a mi juicio,el evangelio más hondo y necesario para este siglo XXI, como puede verse en la Historia de Jesús

Por  X. Pikaza

  Jesús cura a diez leprosos, y, en un primer momento, les «manda» que vayan donde  los sacerdotes. Nueve curados (judíos religiosos), observantes de ley, se someten a la norma  de y siguen siendo en el fondo unos “leprosos” curados en lo externo, sometidos a tipo de ley que les manipula y esclaviza

Sólo un samaritano, que que no tiene religión de ley, ni está obligado a cumplir mandamientos de sacerdotes, se descubre curado y vuelve para dar gracias a Jesús, para caminar con él. Éste es el único curado de verdad, iniciando  con Jesús una vida de agradecimiento sanador por encima de todas las religiones particulares de los sacerdotes, como he puesto de relieve en Historia de Jesús..

Texto. Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Jesús, al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes. Y, mientras iban de camino, quedaron limpios.

Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.» 

OBSERVACIONES PRELIMINARES

            Este milagro de los diez leprosos es una parábola de la vida humana, como la parábola de  Mt 25, 1-13, don la diez muchachas que van de bodas; cinco son prudentes, llevan aceite en sus alcuzas); cinco son necias, que no llevan llevar aceite.

Aquí (Lc 17) hay diez leprosos, todo el universo. La humanidad está representada por una “pandilla” de enfermos de covid, condenados a la muerte. Van juntos, gritando y sufriendo . Son judíos y gentiles, “cristianos” observantes de ley o gentes de la vida. Ante la lepra universal no pueden hacerse distinciones. Bajo el riesgo de esa pandemia tamos todos,  sin que se pueda decir que unos son culpables (han buscado la lepra a pulso) y otros inocentes (sufren sin causa). Todos sin excepción están (estamos) condenados .

Pero la historia sigue, en forma parabólica. Viene Jesús y nos dice “curaos todos”, vivir sin lepra… Pero añade algo sorprendente: “id y presentaos a los sacerdotes”, es decir, a laz autoridades establecidas, que puede ser levitas del templo de Jerusalén o funcionarios de las diversas leyes y sistemas de este mundo.

            Esta propuesta de Jesús, leída bien, desde el evangelio resulta escandalosa. En un primer plano Jesús parece  que quiere llevarnos atrás, a los tiempos de la letra, viviendo cada uno según su ley (según la religión o ley de los sacerdotes de sus pueblosp ueblo).

Pero leyendo el texto en profundidad, descubrimos que  Jesús nos cura para que, superando la pura ley de los sacerdotes de ley, descubramos la gratuidad, para caminar con él en gesto  de agradecimiento salvador, por encima de todos los sacerdotes legales del mundo, conforme a la letra-letra de este evangelio

En un prmer momento, Jesús deja a cada uno ante sus sacerdotes, para que vuelvan si quiere al mundo antiguo, a la religión de la ley. 

Pero, en el sentido más profundo, Jesús nos cura para que pocamos volver a él sin sacerdotes, para darle gracias, para vivir en gratuidad, por encima de un tipo de ley de sacerdotes. Para esos que vuelven a los sacerdotes del sistema quedándose allli, el milagro de Jesús ha servido para nada. Sólo el samaritano, un hombre que no tiene sacerdotes de ley, qeda de verdad curado.

Esta esa una parábola para el siglo XXI. La superación de un tipo de ley de sacerdotes  de ley podrá abrirnos un camino de fe salvadora. Sólo abandonando un tipo de ley religiosa de sacerdotes podremos creer de verdad en Jesucristo y curarnos del todo, según este evangelio

Los que escuchan a Jesús de un modo externo (los nueve del grupo legal), que vuelven a sus “sacerdotes antiguos” (escuchando aJesús sólo de un modo externo) siguen dominados para una ley religiosa que les esclaviza, siguen siendo en el fondo leprosos. De esa manera, lo que Jesús ha hecho con ellos termina siendo en vano: La religión de ley (de sacerdotes antiguos) les sigue destruyendo. No han quedado curados, no han dado el “salto” a la gratuidad, a superar la religión de ley, para vivir en gracia y agradecimiento con Jesús.

Por eso he dicho que es mejor no tener religión que tener una religión de ley. El que no tiene religión aparece aquí, conforme al lenguaje judío, como un samaritano…No tiene ley que le esclaviza, no tiene religión, pero tiene un corazón… y siente que Jesús le ha curado y va a darle gracia… es decir, va a mostrarse como hombre de fe (no de religión o ley establecida). Los nueve restantes parece curados, pero no lo están. Siguen viviendo bajo una ley religiosa, no tienen ve verdadera, no tienen libertad, no tienen agradecimiento.

            Sólo el samaritano que deja todo a un lado y vuelve donde Jesús para darle gracias  y para iniciar con él un camino de fe ha sido salvado.

DESARROLLO MÁS PROFUNDO.

Primer acercamiento.  Este relato de la curación inicial de 10 leprosos y final de uno sólo, a quien Jesús dice “tú fe te ha salvado”, tiene una historia compleja que puede condensarse como sigue: 

Jesús estuvo en compañía de leprosos (como estará Francisco de Asís), y así le recuerda la tradición, ofreciéndoles presencia, abriendo para ellos un camino solidario de salud y salvación.

El relato clave de la curación de un leproso es el de Mc 1, 40-45 (que Lucas ha recogido en su evangelio: Lc 5, 12-16). Es un relato fuerte: La iniciativa parte del leproso; Jesús le cura y le dice que se presenta para certificar su curación, pero él se niega, no quiere someterse más a los sacerdotes (que controlan y someten, no curan)… y se pone a pregonar lo que ha hecho Jesús.

Lucas (que recoge como he dicho el relato de Marco, en Lc 5, 12-16) ha sentido la necesidad de reelaborarlo, de un modo también poderoso, en el pasaje de este domingo.

Reelaboración: Lc 17, 11-19  Lucas sitúa el relato en el camino de ascenso a Jerusalén, en el límite entre Galilea y Samaría, lugar clave de disputas religiosas. 

Los leprosos que salen al encuentro y le invocan de lejos (para no contaminarle), pidiendo a Jesús que les cure, son diez. Significativamente, la lepra no distingue entre judíos y gentiles, galileos y samaritanos. Todos son hermanos en la miseria.

Jesús les manda “a los sacerdotes”. No dice “al sacerdote”, para no presuponer que hay uno sólo (el judío). Cada puede ir a su sacerdote de turno, Jerusalén o a Samaría, a Tiro o a Damasco. Jesús les manda “al sistema sagrado”, como queriendo que se integran de nuevo en el orden oficial.

Pero uno vuelve… Se ve “limpio” (katharos) y no quiere acudir ya al sacerdote de turno, para que firme su ficha “¡curado!”; no quiere someterse nuevo a la ley del sistema que crea leprosos para decir después que puede (a veces) curarlos… Desobedece en un sentido a Jesús, pero en otro más alto le obedece.

Éste es samaritano… un hombre que no tiene religión de ley, de forma que puede vivir en gratuidad, volviendo a Jesús para seguir con él, en fe, en gratuidad, en amor, por encima de los mandamientos.  A este le dice Jesús ¡Tú fe te ha salvado! (hê pistis sou sesôken se).

Ésta es la fe del samaritano que confía en Jesús, por encima del sistema de ley, la fe de un hombre que confía en el amor y el agradecimiento por encima de las leyes  religiosas. Los otros nueve pueden haber quedado externamente limpios, pero no se han salvado… Siguen apegados a las leyes del poder del mundo, no creen en la gracia del Dios de Jesús, no creen en el poder de la fe sanadora que Jesús he la transmitido.

MILAGROS DE JESÚS, UN ACTO DE FE

 Desde ese fondo puedo condensar algunos rasgos de la fe y las curaciones de Jesús, tal como han sido reasumidas y entendidas por la tradición cristiana…

 Estos diez leprosos son todo el mundo, la humanidad excluida y sucia que Jesús quiere curar, con fe, es decir, con honda humanidad. Allí donde otros piensan que la vida de los hombres sigue condenada a la lepra (¡lepra de esos diez, lepra del Vaticano, como dice el Papa Francisco…!), Jesús cree que es posible no sólo la curación, sino incluso la salvación.

 Varios son los elementos que actúan en las curaciones de Jesús, que aparecen de un modo de un modo ejemplar en este caso de los diez leprosos:

a) Jesús actúa como mediador de fe, y así penetra en el dolor de los enfermos que le dicen ¡ten misericordia de nosotros! Penetra en el lugar de su dolor, en la raíz de su misma enfermedad o su locura, como un amigo que ama, como psicólogo que discierne, como un creyente que irradia fe.

b) Jesús pone a los enfermos ante el poder de Dios que definimos con todo el evangelio como «reino», es decir, como principio de nueva humanidad, en agradecimiento… Pero, en un primer momento, no les dice: ¡Creed en el Reino, sed curados!, sino que les pide que vayan a los sacerdotes, a los gurus del sistema religioso, para que encuentren allí la curación.

c) El primer milagro, la curación (limpieza externa) sucede antes de que los leprosos hayan llegado a la “oficina” de los sacerdotes. Jesús les ha dicho que vayan, cada uno a su iglesia… y ellos empiezan a creer, y por eso, en el mismo camino, se descubren curados (limpios).

d) Sólo aquí puede empezar el milagro verdadero, la fe más honda, el amor en gratuidad: Te descubres curado ¿qué haces? Hasta ahora los diez enfermos eran iguales, judíos, griegos o samaritanos, paganos o cristianos… Ahora empieza la diferencia.

e) Nueve de los diez “se olvidan de Jesús”; les basta la limpieza externa y siguen, van donde su sacerdotes, para recibir el sello de limpieza, para integrarse de nuevo en el sistema de las seguridad y las imposiciones, cada uno con su “dios” particular

f) Sólo uno se olvida del sistema religioso… Jesús le ha dicho que vaya… y ha creído. Pero ahora que se descubre sano y capaz no necesita ya de sacerdotes, ni sistemas… Quiere a Jesús y vuelve, para darles gracias… Aquí empieza el auténtico milagro.

Fee completa, la fe del samaritano

 Los otros nueve… han tenido un comienzo de fe, pero no lo han cultivado… Han vuelto a recaer en el sistema de los sacerdotes y gurús de turno. La fe de Jesús no les ha transformado por dentro.

 Este samaritano en cambio ha cambiado… No le basta la limpieza externa del sistema, quiere la salvación total, que sólo Jesús puede ofrecerle. Éste es el único que tiene fe completa. El único que se ha salvado de verdad….

  Jesús actúa en este relato como hombre de fe. Por eso no resuelve los problemas de los hombres ofreciéndoles un tipo de ayuda desde fuera. No les lleva a la evasión o al olvido de la tierra sino todo lo contrario: desde el centro de la enfermedad les manda a los sacerdotes, a “lidiar” con el sistema. Así actúa como promotor de vida en medio de la muerte, como signo de esperanza en medio de una sociedad que parece condenada a la desesperanza.

 Resumen

Jesús comienza “confiando” en los sacerdotes de Jerusalén, de Babilonia o Roma… Por eso dice a cada uno de los diez leprosos que vaya al lugar donde se mantiene y cultiva su religión, dentro del propio sistema de creencias…

Pero en el camino que lleva al lugar de los sacerdotes acontece el primer cambio, el paso de la salud externa, de la limpieza de la carne leprosa, a la curación total, que es la vida en gratuidad, por encima de todas las leyes y mandamiento… Este es el milagro que se descubre y despliega en el camino

  Hay una primera fe de los diez… que creen en lo que Jesús les dice y se ponen en marcha hacia la casa de los sacerdotes. Esa fe termina poniéndonos en manos del sistema, para perpetuar al fin sus normas y rutinas, con enfermos y sanos, con opresores y oprimidos.

Pero hay también una segunda fe, que la propia de este samaritano, pariente sin duda de la parábola de “buen” samaritano de Lc 10, 25-37… Éste es un hombre que no se ajusta al sistema, que manda al “diablo” a sus propios sacerdotes (aunque Jesús le haya dicho que se presente ante ellos)… y que viene a dar gracias a Jesús, para iniciar así el camino de la salvación completa.

 Éste es el milagro de la libertad. La fe en Jesús (de Jesús) libera al samaritano, de manera que le capacita para superar el nivel de los sacerdotes, haciéndose dueño de sí mismo, en gratuidad.

Milagro, una fe que se hace amor

 Nos gustaría saber cómo sigue la historia de este samaritano al que Jesús he ha dicho que “su fe le ha salvado”, que vaya en paz… Nos gustaría saber cómo ha ido, cómo le ha ido, que ha hecho, con la nueva libertad del amor. En esa línea me atrevo a ofrecer unas consideraciones generales:

 a) El milagro es un gesto de amor, más allá de la pura curación externa. Este samaritano ha descubierto que hay algo mayor que esa salud externa (que la limpieza de la piel). Hay una salud interior, hecha de gratuidad, de agradecimiento. Por eso vuelve donde Jesús.

 b) En esa línea, el milagro es una invitación a la libertad: Jesús quiere que los curados, liberados de la enfermedad, los que superan el abismo de su locura o de la lepra, puedan hacerse responsables de su vida, en libertad creadora. En fórmula paradójica, podríamos decir que Jesús cura a los hombres para hacerles capaces de asumir en libertad su propia muerte como gesto de entrega por los otros. Este samaritano curado tiene que iniciar ahora una nueva travesía de libertad, por encima de los ritos anteriores (a los que vuelven los judíos, que no han entendido a Jesús, a pesar de cumplir externamente la palabra de Jesús (ir donde los sacerdotes)

EXCURSO I. JESÚS, CREYENTE Y SANADOR

 Jesús ha curado a muchos enfermos, viniendo a presentarse como profeta poderoso en obras y palabras», pero luego es «impotente» en el Calvario. Por eso le acusan los contrarios diciendo que es un mago fracasado. Al obrar de esta manera desconocen su mensaje más profundo, el sentido de su fidelidad en el amor.

El auténtico milagro consiste en aprender a amar, pudiendo compartir su vida en ge y en agradecimiento  hasta la muerte (por encima de la muerte).

 Jesús ama dando su propia vida; su milagro es la fe, la gratuidad abierta en amor a todos los que quieran acompañarsle en gratuidad. .

 Significativamente, a Jesús le han condenado a muerte porque ha hecho milagros en favor de la libertad de los más pobres del pueblo, superando un tipo de ley del sistema. Le condenan porque sus milagros desestabilizan el orden social que había forjado Israel. Jesús no cura a unos pocos. . . , poniendo sus curaciones al servicio del sistema, como sucede en Epidauro o en los sitios donde actúan los exorcistas judíos. Jesús cura ofreciendo a los curados y a todos los pobres de la tierra un ideal nuevo de vida liberada, de forma que el sistema de la le reacciona matándola.

De esta forma, los milagros de Jesús se convierten en principio de ruptura dentro de aquella sociedad establecida en la que había sitio para cojos, mancos, ciegos y posesos. . . pero dentro un sistema sacral que justifica el orden existente. Pues bien, Jesús ha roto ese sistema. Ha curado a los enfermos y a los locos para abrir su corazón y su existencia hacia una forma de existencia liberada, de plena gratuidad. Por eso le persiguen como peligroso, por eso le acusan de «poseso» y le acaban condenando como a un hombre que destruye el orden de la ley israelita.

 Las curaciones de Jesús, siendo gesto de amor a los pequeños son, al mismo tiempo, una expresión de libertad plena en el amor Jesús quiere liberar a los pobres y enfermos, haciéndoles capaces de vivir en gratuidad, en apertura al reino, haciéndoles capaces de gozar y de morir por ese reino. Por eso, cuando le entregan a la muerte y le clavan en cruz, Jesús sigue fiel a su ideal de reino y se mantiene (sufre) en la cruz precisamente por amor al reino. Ha confiado en Dios y esa confianza ha sido base de todos sus milagros; en Dios sigue confiando desde el mismo abismo de la muerte, abrindo así un camino de gratuidad generosa para todos los hombres y mujeres del mundo.

Por eso he dicho que es mejor no tener religión que tener una religión de ley. El que no tiene religión aparece aquí, conforme al lenguaje judío, como un samaritano…No tiene ley que le esclaviza, no tiene religión, pero puede tener  corazón… Siente que Jesús le ha curado y va a darle gracia… es decir, va a mostrarse como hombre de fe (no de religión o ley establecida). Los nueve restantes parece curados, pero no lo están. Siguen viviendo bajo una ley religiosa, no tienen ve verdadera, no tienen libertad, no tienen agradecimiento.

La Buena Noticia del Domingo 22º-C

SIN ESPERAR NADA A CAMBIO

Lc 14, 1.7-14

LA HORA DE LA PALABRA

 Vivir de una forma desinteresada

 El camino de la gratuidad es casi siempre duro y difícil. Es necesario aprender cosas como éstas: dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser más pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando solo en el bien del otro.                                                                                                                    Siempre es posible recortar un poco nuestros intereses, renunciar a pequeñas ventajas, poner alegría en la vida del que vive necesitado,  regalar algo de nuestro tiempo o colaborar en pequeños servicios gratuitos.                                                                                                                                                       ¿Es posible vivir de una manera desinteresada?                                                                                               ¿Se puede amar sin esperar nada a cambio?

COMENTARIO A LA LECTURA

«Procede como Jesús, con humildad; hazte como Jesús, pequeño»

«Cuando vino a sentarse a la mesa de la humanidad, no vino para ser servido sino para servir, no vino para ser primero sino último: Como último nació; como siervo vivió; como siervo y último murió»

«Mírate en Jesús: en él verás la humildad con que has de proceder, de él aprenderás la pequeñez que nunca has de abandonar, la pobreza que has de imitar, la caridad que todo lo hermosea»

«Deja que la fe haga memoria, y empezarás a entrar en el misterio de la palabra que has escuchado: hazte pequeño,

Hemos escuchado la palabra del Señor: “Procede con humildad”; “hazte pequeño”; “no te sientes en el puesto principal”; “ve a sentarte en el último puesto”.

La hemos escuchado, pero si queremos hazte último, procede con humildad…»

entenderla, hemos de fijarnos en quien nos la dice.

Fíjate en Jesús: “Con ser de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios… se despojó de su rango… tomó la condición de esclavo… se rebajó incluso a la muerte, y una muerte de cruz”.

Cuando vino a sentarse a la mesa de la humanidad, no vino para ser servido sino para servir, no vino para ser primero sino último: Como último nació; como siervo vivió; como siervo y último murió.

Mírate en Jesús: en él verás la humildad con que has de proceder, de él aprenderás la pequeñez que nunca has de abandonar, la pobreza que has de imitar, la caridad que todo lo hermosea.

Deja que la fe haga memoria de aquel niño que, naciendo pobre, a todos nos enriqueció con su pobreza.

Deja que la fe haga memoria de aquel hombre que, no teniendo donde reclinar la cabeza, a todos nos permitió entrar en el descanso de Dios.

Deja que la fe haga memoria de aquel que, siendo el Maestro y el Señor, como si fuera un esclavo lavó los pies de sus discípulos.

Deja que la fe haga memoria del Hijo de Dios levantado en la cruz y muerto para ser la vida de todos.

Deja que la fe haga memoria, y empezarás a entrar en el misterio de la palabra que has escuchado: hazte pequeño, hazte último, procede con humildad…

También la eucaristía que celebramos nos ayuda a comprender: en ella hacemos memoria de la vida entregada de Jesús, de su amor hasta el extremo, de su abajamiento hasta nosotros, para ser nuestra pureza –para lavarnos los pies-, para ser nuestro pan en el camino, y si lo queremos decir todo de una vez, para ser nuestro.

Dijimos: ‘Fíjate en Jesús’, ‘mírate en Jesús’. Pero en este día hemos de hacer algo más: nos fijamos, miramos, y comulgamos.

Y eso significa que nos hacemos últimos con el último, pequeños con el más pequeño, siervos con el que es siervo de Dios y siervo de todos.

Ahora ya puedo releer la palabra de este domingo y esto es lo que entiendo: Procede como Jesús, con humildad; hazte como Jesús, pequeño; que se me encuentre con Jesús a los pies de todos.

Que se me encuentre humilde, pequeño, siervo, en una palabra, que se me encuentre pobre como Jesús.

Entonces será de Jesús y nuestro el cántico del Salmista: “Los justos –los pobres- se alegran en la presencia de Dios. Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios prepara casa a los desvalidos”.

Dios prepara casa para Jesús y para ti.

Que no dejemos de aprender a Jesús.

Por Santiago Agrelo

LA FELICIDAD

Lucas 14, 7-14

«Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»

La felicidad es el fin último del ser humano, y todos nuestros actos, sean conscientes o inconscientes, están orientados a ella. Quizá sea ésta la razón por la que Jesús alterna su profundo mensaje teológico con consejos prácticos de mera sabiduría de la vida, como ocurre en el texto de hoy y como ocurre en otros muchos textos. Entre ellos cabe destacar los recogidos en los capítulos quinto y sexto de Mateo, donde se muestran los criterios de Jesús en materia de felicidad: «Cuánto más felices seríais si…»

Vamos pues a detenernos a hablar de la felicidad, y la primera consideración es que cuando preguntamos a dos personas si se consideran felices, nos van a contestar a cosas diferentes, porque hay mil concepciones distintas de la misma y cada uno de nosotros tenemos la nuestra. Algunos, abriendo mucho el concepto, la definen como cualquier situación de “satisfacción y contento”, mientras que otros lo restringen y la definen como un estado de “plenitud y armonía del alma”.

Si entendemos la felicidad como simple situación de satisfacción, podemos buscarla fuera de nosotros o dentro de nosotros. Fuera de nosotros existen infinidad de cosas capaces de provocarnos sensaciones gratas, y dentro de nosotros podemos generarla al sentirnos importantes, virtuosos, listos o eficaces… No es difícil encontrarla.

Pero concebida como plenitud, es algo que sentimos circunstancialmente; algo que no somos capaces de abarcar ni comprender y mucho menos aprehender, lo que nos mueve a pensar que se trata de una realidad ontológica que nos supera; un eslabón que nos une a algo muy superior en ciertos momentos de nuestra vida. No sabemos cuándo se va a presentar o dónde buscarla, y aún en el momento en que nos sentimos felices, no sabemos en qué consiste ni cuánto va a durar. Sin duda, sobre nuestro cerebro estarán actuando un aluvión de estímulos, pero ésa no puede ser la causa de la felicidad, sino la consecuencia; la respuesta somática a un estado del ánimo superior provocado por causas que se nos escapan.

Muchos de nosotros aspiramos solo a pasar por la vida con un alto grado de bienestar, pero hay personas que piensan que la vida es un don demasiado valioso para gastarlo en pequeños o grandes egoísmos. Buscan la felicidad en el compromiso con el bien común o la causa de los más desfavorecidos, y condicionan su felicidad a la felicidad de todos. Son personas que se sienten portadoras de una misión y que contribuyen de forma determinante al progreso de la humanidad.

Esta actitud ante la vida es capaz de generar en nosotros la auténtica felicidad, la que definíamos como “plenitud del alma” (del ánimo), y la experiencia nos dice que solo se alcanza a través del ejercicio de nuestra humanidad; es decir, de nuestra capacidad de sentir, de amar, de compadecer, de ayudar, de servir…  Por Miguel Ángel Munárriz Casajús

TESTIGOS DE LA PALABRA

Hoy 28 de agosto celebramos el 31º aniversario del asesinato del P. Jean Marie Vincent, religioso monfortiano. Desde muy joven había mostrado siempre su compromiso por la justicia social, motivado por el ejemplo de los PP Antoine Adrien y Ernest Verdieu, conocidos por su ideal antiduvalierista. Con 49 años,  mientras conducía su vehículo,  el P. Jean Marie fue ametrallado por un grupo de hombres armados. Como muchos hombres y mujeres de iglesia comprometidos en las luchas del pueblo haitiano, el P. Jean Marie trabajaba en la construcción de una verdadera justicia en Haití.        

El denunciaba frecuentemente la pobreza extrema  la injusticia social y los asesinatos de los pobres.        El siempre se manifestó de forma no-violenta acompañando a las comunidades pobres, sobre todo campesinos, en las luchas diarias por un verdadero cambio social más justo en  el país más pobre de América Latina.                                                                                                                                              En los tres años del gobierno golpista de Raoul Cédras más de cien sacerdotes, religiosos y religiosas son encarcelados o forzados a abandonar el país.    

ORAR DESDE LA PALABRA

GRACIAS, SEÑOR, POR TU PALABRA QUE NOS SALVA

       Señor, viniste pequeño y nos dijiste                                                                                                    que en la pequeñez residía la grandeza…                                                                                        Nosotros preferimos la exaltación a la humildad                                                                                           Los primeros puestos a los últimos,                                                                                                             El aplauso a la crítica                                                                                                                                       El reconocimiento al silencio…                                                                                                              Ayúdame, Señor a descender de las cumbres                                                                                                A sentirme  a gusto siendo humano,                                                                                                    amigo, compañero…                                                                                                                                      a sentirme pleno y realizado,                                                                                                                   siendo hermano y testigo,                                                                                                                             siendo transparente y limpio como un cristal                                                                                           que refleja lo mejor de la vida,                                                                                                                   de tu vida, mi Dios.
Gracias, Señor, un día más,                                                                                                                          por tu Palabra que nos salva

José Luis Cortés “El ciclo C”   

Comentario de X.Pikaza:

Invita a los cojos mancos y ciegos… De una ley cerrada en sí misma (Prov 25) al ministerio universal del reino (Lc 14)

Prov 25. Un banquete jerárquico

 El libro de Proverbios (Prov) del siglo V-III a.C. interpreta la vida social (y sacral) como banquete jerárquico de rey y de nobles, presidiendo sobre una totalidad rigurosamente  graduada (de grados), desde los más grandes a los más pequeños, por orden (sacramento principal ) de honores, poderes y comidas.

Esa estructura social y sacral (religiosa) no responde a la inspiración primaria de Israel, fundado en el Éxodo de pobres y esclavos y en la comunión profética de todos los hombres. Pero esa estructuración se fue imponiendo en todo el oriente, a partir del siglo V-IV a.C., partiendo de modelos persas y griegos, no judíos. Así lo muestra de un modo ejemplar este pequeño «recordatorio», dirigido a un judío de clase media:

 La infamia (el gran pecado) consiste en romper el orden social, queriendo ocupar el lugar de los más ricos, pues el que es jerarquía Dios ha asignado  cada persona (familia o pueblo) un lugar en la gran mesa del banquete (para la reflexión que sigue retomo ideas del comentario clásico de F. Delitzsch,Sprüche 1876; proverbios,  Clie 2023; las palabras hebreas son indicación erudita, no hace falta entenderlas).

El verbo התהדּר  significa comportarse como הדוּר o נהדּר (vid. Prov 20,29), desempeñando el papel de alguien muy distinguido, rompiendo así el orden social de «dios» que exige que cada uno ocupa su lugar en el conjunto sagrado.  

La razón dada en Prov 25,7 armoniza con la regla de la sabiduría, un tema sido retomado (y superado)  por Lc 14,10. Mejor es que uno te diga sube aquí, עֲ‍ֽלֵ֫ה הֵ֥נָּה, προσανάβηθι ἀνώτερον (sube más arriba, como en Lucas 14, 10) y no que seas humillado. Tienes que ver por tí mismo y ocupar el lugar que te corresponde en la mesa (en el banquete, en la sociedad), más arriga o más abajo, con poder o sin poderes, con comida abundante o sin comida. Pasar hambre en un mundo de ricos forma parte del orden de Dios.

Tus ojos han de verlo y tú aceptarlo: Este lugar le pertenece a él (al rico, poderoso), según su rango, y no a mí. Por eso, la humillación que recibas cuando él venga y te expulse tú tengas que descender de ese lugar será mayor. Esa humillación será justa, porque los ojos que tenías para ver a las personas de más honor y calcular tu lugar estaban ciegos.

25, 8No entres apresuradamente en contienda por un puesto superior… pues al fin tendrás que abajarte y ocupar el lugar que te corresponde por orden social y nacimiento.  Este proverbio nos sitúa ante un tema de orden social y religioso: Dios es jerarquía, y obedecer a Dios implica  aceptar el lugar que élte ha asignado en el conjunto, como rey o como esclavo. Por eso, no debes transgredir los límites de la moderación, no te eleves por encima de ti mismo, de aquello que tú  eres, ne te laisse pas emporter.

Piensa en lo que pasaría si actúaras rompiendo el orden de conjunto. Al final serás arrojado duera de ese lugar que no es tuyo. Este proverbio es, por tanto, una reflexión sobre aquello que podría pasar en el caso de que el hombre al que se refiere el proverbio quisiera mantener su actitud desafiante ante aquel que tiene más nobleza que él.

25,9-10. Debate tu causa con tu prójimo mismo…. Éste es un doble proverbio muy  importante para conocer el modo de relaciones personales y de honores de la sociedad israelita de ese tiempo, dominada por el espíritu de los grandes imperios, persas o helenistas. Frente a un mundo moderno donde importa más el dinero de cada persona y grupo, aquí es más importante el sistema de honores (sin negar evidentemente la importancia del dinero).

Estos versos nos sitúan ante una disputa de honores escenificada, conforme a los versos anteriores en un banquete, en el que cada uno debe ocupar su lugar dentro de una jerarquía de dignidades muy bien establecidas, más cerca o más lejos del rey y de los primeros puestos. Cada uno ha de ocupar su lugar, bien establecido por tradición y honor de familia, no sea que llegando uno que es “más honrada” te hagan descender de su puesto. La mesa del banquete es, según eso, la imagen más perfecta de la “gradación social del conjunto”.

Cada uno ha de mantener su lugar en el conjunto, y ha de hacerlo el silencio, con reverencia, sin protestar. Pues bien, en este momento, tras haberse colocado cada uno en su lugar en la mesa, puede surgir una discusión entre los comensales, una discusión sobre el lugar que debe ocupar cada uno. En este contexto resulta fundamental la conversación de unos con otros,  una conversaicón razonada de forma sacral: Que nadie critique a nadie, que nadie quiera romper el orden del conjunto.

El problema no es por tanto la comida en sí (lo que tiene o come cada uno en la gran mesa del mundo). El problema no es lo que se come sin más, sino aquello de que se habla en la comida; cada uno triene que aceptar su lugar (de neglo o blanco, de noble o esclavo…), sin protestar, sin elevarse contra otros. De esa forma, estos proverbios nos sitúan ante un tipo de “lucha o pelea” posible, en el caso de que la persona a la que se dirige el poeta se dejara llevar por el ardor de la lucha y se enfrentara realmente con aquel que tiene dignidad mayor que la suya, por temas vinculados por el lugar que uno y el otro pueden o deben ocupar en un banquete real (es decir, en el conjunto de la vida social).

Estos proverbios nos sitúan, según eso, ante un tema de “construcción del grupo social, poniendo de relieve la enorme importancia que el honor y el rango de las personas tiene en aquella sociedad estamental en la que se están fijando con cierta precisión los lugares que cada uno ocupa en el conjunto social. Estos proverbios muestran el lugar de cada uno en el conjunto, ineicando así que los más «nobles» tienen un estatuto sagrado, de manera que no pueden ser criticados ni condenados por los de abajo.

La disputa de la que aquí se trata es una disputa centrada sobre todo en el honor social de las personas. En ese contexto resulta básico el hecho de que cada uno se mantenga en su lugar y no quiera ocupar lugares que no le corresponden. Así el «noble» (el jerarca) puede actuar conforme a su jerarquía, dominando sobre los demás, sin ser criticado o juzgado por ello.

Esa es una sociedad de honores y secretos. Por eso, los posibles «pecados» o atropellos de los nombles (enplano personal, social, sexual o religioso) no pueden ser condenados en público. Por eso es absolutamente fundamental que no se expongan y ventilen en público los secretos de cada uno, especialmente de los jerarcas sociales o religiosos

Entendidas así, estas palabras nos llevan al centro de una lucha básica por el honor de las familias y de las personas, dentro de un equilibrio social entre desiguales. Se trata, ante todo, del “arte de convivir”, en un equilibrio de personas que se relacionan entre sí con mucho cuidado para no herirse unas a otras, ni levantar susceptibilidades, ni crear enemistades o enfrentamientos mutuos. La vida se define básicamente por la “apariencia”, por la figura social y personal de todos, por el honor público, procurando que cada uno pueda confiar en los otros, sin revelar secretos, sin romper la intimidad de cada uno… un mundo, en fin, en el que los más nombles no pueden ser juzgados o condenados por aquellos que pertenecen al grupo de los menos importantes.

Sin duda el trabajo y la riqueza de cada uno es importante, lo mismo que los medios de vida de cada persona y de cada familia, pero lo más importante son las relaciones personales, de manera que se va creando una sociedad de clanes y/o grupos familiares con cierta independencia.

Por arriba quedan los nobles (jerarcas sociales o religiosos) a los que nadie puede juzgar… Por abajo quedan los pobres, pobre, los que no tienen derechos.., los que están a merced de los de arriga, dentro de una estructura social en la que  esos  pobres-pobres son  como si no existieran.   Ésta es una sociedad donde se da cada vez más importancia “al honor” dentro de un conjunto que actúa como “juez” de la vida de cada familia y de cada individuo. Un conjunto donde todos parece que se observan y vigilan unos a otros, guardando externamente los secretos de cada uno, en contra de las habladurías y los chismes que pueden propagarse.

Por eso, 25, 10 insiste en el “secreto básico frente al honor de los grandes. A veces da la impresión de que más que el mal en sí importa la “propagación” (el conocimiento del mal), los rumores que se extienden sobre personas y familias.

       Todos los demás pecados o defectos pueden perdonarse mejor. El pecado que nunca se perdona es el de romper la estructura jerárquica del conjunto social.

LC 14, 1-7-14. GRAN INVERSIÓN. LA IGLESIA DE JESÚS

   Jesús critica en este pasaje el orden o estructura jerárquica socio-religiosa de Prov 25 y lo hace rechazando y superando una visión de fondo que no era judía de fondo, sino más bien de fondo pagano. Jesús retoma así el verdadero judaísmo profético, el mesianismo universa, la buena nueva del Dios de los pobres:

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

  1. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal,no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
  2. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.» Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
  3. Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos,ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

 El tema es claro y puede dividirse en tres partes:

  1. El tema de fondo es el mismo de Prov 25:La organización del «banquete» del mundo, el orden social nuevo, expresado en forma de antijerarquía.
  2. No buscar los primeros puestos…El hombre de Prov 25 quería el primer puesto… junto al rey.En contra de eso, Jesus pide a los hombres que busquen los últimos puestos,pues el Rey-Dios empieza por los últimos. La vida cristiana no puede ser una lucha por los primeros puestos económico-sociales, religiosos etc., sino un gesto de servicio a todos, desde los últimos puestos.
  3. No invites a los grandes, infita a los pobres, cojos, mancos ciegos… No busques los primeros puestos, abre tus puestos, tu espacio en la mesa del mundo a los pobres e impedidos.

Ésta es, como he dicho, una parábola constituyente, un programa de vida para todos, y de un modo especial para nosotros, los más ricos de un occidente rico, que cierra su mesa de vida, de honor y comida a los pobres.

Ciertamente, realizamos algunos gestos buenos, pero en conjunto nos cerramos… Tenemos comida, nos sobra…,  y así ostentosamente mostramos nuestro gran derroche, pero cerramos las puertas y los puertos, ponemos ejércitos y vallas, para que nadie venga… Que nos vean comen, pero que no vengas, cerramos la muerte.

Este es un evangelio sorprendente, en un mundo de muros que crecen

¿Qué podemos dar y no damos los occidentales ricos? ¿Qué podemos dar como iglesia, como creyentes, como humanos. Aquí en occidente somos ostentosos, tenemos y guardamos; somos ricos, decimos, porque lo hemos trabajado y no podemos malgastarlos con vagos y maleantes pobres que vienen del hambre o de la guerra (por su culpa…).

¿Qué puedan darnos ellos, los hambrientos de comida, quizá ricos de humanidad, pues nosotros la hemos perdido o corremos el riesgo de perderla. Pero, en un sentido más profundo, quizá somos nosotros los más pobres… Tenemos y no damos y así lo perdemos (nos perdemos). Ignoramos que ellos pueden darnos otras cosas quizá más importantes,…?

¿Qué puede hacer la Iglesia? Este es una palabra de política y economía, pero es ante todo una palabra de evangelio, es decir, de Dios, de la persona.  En este campo se juega al futuro de las vida los hombres, no sólo de aquellos a quienes no invitamos a nuestro banquete, sino nuestro futuro de ricos de dinero y pobres de humanidad.

Comentario reflexivo

Este pasaje de Lc 14 retoma el motivo central del libro de los Proverbios, ylo hacer desde la raíz profética de Israel    Para sorpresa de muchos, habla poco de Dios en sí y muchos de primeros y últimos, de ricos y pobres, de comidas (¡e incluso de vestidos!). ´

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales de los fariseos. para comer (=comer pan), y ellos le estaban espiando.

Posiblemente hay un recuerdo histórico: Jesús se dejaba invitar, compartía muchas cosas con los fariseos, que aparecen de esa forma, básicamente, como amigos, aunque el texto diciendo que ellos (autoi) le estaban espiando. Se trata, por tanto, de una amistad discutida, como todo el texto muestra.  El fariseo y los espías empiezan pareciendo extraños a la Iglesia. Pero después, sin darnos casi cuenta, descubrimos que nosotros somos ellos. Entre fariseos (entre nosotros) andaba Jesús. Claro ya queda que Jesús no era un “purista”, ni un radical en sentido negativo. Es capaz de comer con gente con la que no está totalmente de acuerdo.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal… 

Hay una ironía de base: El convite del fariseo (quizá un fariseo de iglesia cristiana  que debía ser espacio y tiempo de fraternidad, para romper distancias, para hablar todos con todos) se vuelve convite que marca las jerarquías sociales. Ciertamente, es importante la comida, pero más importante es aquí la comunión de vida, de honor, de conversación, de acogida.

  El texto nos sitúa  ante una carrera de honores: los puestos en la mesa del mundo marcan las diversas clases sociales, dentro del continuo alimenticio, donde el Rey León ocupa el primer puesto y luego van bajando en la escala los diversos animales… En esta mesa se disputan los puestos a codazos. Es la vida. La mesa del mal convite.

Han venido a espiar a Jesús (para ver si cura en sábado, para ver cómo come…). Pues bien, también Jesús espía o (si queréis) se pone a mirar y advierte lo que pasa. Está en un buen observatorio. Ve la pirámide de los puestos sociales y da un consejo: “Cuando te conviden a una boda…”. La respuesta de Jesús… puede entenderse en sentido evangélico (de verdadera humildad).

 El que se enaltece será humillado… El banquete de la gratuidad

Ésta es una sentencia sabia de toda la tradición israelita y también de otros pueblos. Jesús la ha podido asumir, evidentemente, pero invirtiendo su sentido, situándonos ante la exigencia y tarea de un banquete de gratuidad.

  Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos  vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

Ésta es la enseñanza propia de Jesús. Ante ella quiero pararme un momento, marcando algunos de sus rasgos. Jesús está  hablando al fariseo rico, que descansa el día del sábado y que tiene medios para “invitar”. Le pide que rompa el círculo del “buen talión” (invito a los que me invitan, creando así un mundo de buenas relaciones…), para invitar a los de fuera, a los que no cuentan, a los que no pueden responder… De esa forme abre un camino de gratuidad…Invita a los pobres y enfermos: es decir a los que no son limpios según los cánones de la pureza farisea, a los que no tienen traje de fiesta.

Cuando des una comida… Cuando invites. El texto es de gran riqueza, habla de comida (ariston), cena (deipnon), banquete (dojên….), como para indicar diversos tipos de invitaciones, no sólo a la comida como tal, sino a la comida como tiempo largo de conversación y de diálogo, de acogida en la casa y de solidaridad familiar… Antes ha hablado de bodas (¡cuando te inviten a unas bodas…!), porque ellas solían ser en aquel contexto la ocasión fundamental para los banquetes. Ahora amplia el abanico de comidas y habla de todo tipos de reuniones sociales en torno a un tipo de comida.

Ciertamente, el texto trata de comidas… pero más que de puras comidas materiales trata de relaciones sociales… En aquel tiempo, para mucha gente pobre, un banquete era un sueño, el sueño de la vida…¡Una vez comí!. Para muchos de nosotros, de la franja rica del mundo, la comida material no importa tanto. Pero el tema de fondo sigue siendo esencial. Jesús está tratando de mostrar lo que es una nueva familia, que se va creando en torno a un nuevo tipo de banquete, el banquete de la vida compartida.

Invita a los pobres, lisiados, cojos, ciego… Éstos son los que no pueden, por desgracia (falta de fortuna), por injusticia o por enfermedad… (o quizá por vagancia). No pueden, no tienen. Invítales al banquete de la vida: abre tu casa para ellos: ten tiempo para ellos, el tiempo del sábado, pero de tal forma que toda la semana se vuelva así sábado, tiempo y espacio de acogida.

¿Qué tienes para invitarles? El Papa Benedicto XV, en su libro sobre Jesús de Nazaret, dice de manera impresionante que el mundo occidental solo puede dar (sólo ha dado muchas veces, y mal) una comida externa. En esa línea se sitúa la parábola de Jesús: trata del “pan” (¡Jesús fue a comer pan a casa del fariseo!), pero habla también de todo lo que está vinculado con las relaciones humanas. Habla de apertura y acogida, de cultura, y de afecto y conversación… Habla no sólo de “ser”, sino de “tener”, pero de un tener para invitar, para acoger, para acompañar…

La Iglesia. ¿Invitar sólo a comer….? Éste es el tema: si nosotros, hoy, podemos invitar, si nuestra invitación es gozosa y atrayente… El tema puede referirse a nuestras eucaristías: la Iglesia invita… ¿invita a los pobres? ¿sabe ofrecer de verdad? ¿cómo lo ofrece? Gran parte de la humanidad pasa hoy de largo ante lo que ofrecemos, quizá porque no ofrecemos de corazón, quizá no ofrezcamos lo que dice y quiere Jesús.

Porque no podrán pagarte… o te pagaran de otra manera, porque los más pobres son los que más dan…Se trata de superar el sistema de cambio e intercambio, de hacer un mundo donde la vida sea gratuidad… Se trata de dar por generosidad: de abrir la casa y lo que tiene, con su comida y conversación… con toda la humanidad.

Te lo devolverán en la resurrección de los justos, pero no sólo al final de los tiempos, sino aquí en este mundo… De modo sorprendente, este pasaje presenta que estos cojos-mancos-ciegos como justos, a los que vienen del hambre y de la guerra, de otras tierras y costumbre…… Aquí, la resurrección de los justos está indicando el camino del Reino, la nueva forma de vida que puede ir surgiendo en el camino de Jesús… y, evidentemente, la resurrección final.

cuestiones abiertas: No cerrar la puerta, sino invitar

Este pasaje, tan sencillo, nos sitúa ante los temas básicos de la vida humana, temas que no tienen respuesta fácil. Por eso los planteo como interrogantes abiertos:

  1. ¿Qué puede ofrecer el llamado mundo rico… a los pobres de la tierra? ¿Qué pueden ofrecer el llamado mundo pobre, los pobres de pan, de tierra y casa? ¿Nos pueden ofrecer una riqueza, un temple de vida, una esperanza? ¿Cómo podemos ser iglesia de amor mutuo…?
  2. ¿Qué puede ofrecer la Iglesia? Este evangelio está dirigido a todos, pero de un modo especial a los «ministros» de la Iglesia, que está llammada a ofercer el banquete de Jesús a los pobres,cojos, mancos…¿cómo lo hace? Como lo hacermos…
  3. Un tema esencial es separar los ministerios y tareas de la iglesia del orden jerárquico de Prov 25y de toda la estructura de poder sacral, impuesta desde Dionisio A, en el siglo V. Se trata de ser «ministros», servidores del banquete a los pobres, no jerarcas sobre ellos, en una línea que ha culminado,por ejemplo en el De Ordine de Ramírez.El tema clave  ha sido y sigue estructura de poder de poder, más centrada en  Prov 5 (de Dionisio a Ramírez, por poner un ejemplo) que en la novedad del evangelio, plasmada en Lc 14. El tema es el banquete, que podemos invitar al amor y a la vida, a la comunión de mesa y de humanidad a todos los hombres y los pueblos.
  4. El tema clave es ordenar, impulsar el banquete…. Tener pan y vida de banquete, ofrecerlo, compartirlo en amor, en fiesta de pan y de vino,de comunión afectiva y de vida. Este es el tema central, que seamos corona de vida.

                                                                                  

La Buena Noticia del Domingo 21º-C

LA PUERTA ESTRECHA

Lc 13, 22-30

LA HORA DE LA PALABRA

 Esforzaos en entrar por la puerta estrecha

 Jesús dice que Dios quiere la salvación de todos, no solo de Israel, el pueblo elegido. Pero también dice que hay que conjugar la salvación universal de Dios con la exigencia de la respuesta personal.

Dios nos quiere salvar pero con la condición de que demos una respuesta clara de fe y de vida cristiana, siguiendo a Jesús, aprendiendo a vivir como él, viviendo los valores del evangelio: el amor y el servicio a los hermanos.

Si el camino de Jesús no fue fácil, así será también el camino de sus seguidores.    ¿Estaremos dispuestos a seguir a Jesús por la puerta estrecha?

TESTIGOS DE LA PALABRA

Mons. Leónidas Proaño, obispo de Ecuador, fue uno de los más destacados representantes Latinoamericanos del ala progresista de la iglesia . Tuvo una vida entregada sin reservas a la liberación de los oprimidos y se convirtió en el Profeta de Amerindia. Se le considera el Padre de la Iglesia Latinoamericana y el Padre de la Teología de la Liberación en América Latina . Recibió varios doctorados y numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales; tuvo el premio Nobel de la Paz en el año 1986.  En abril de 1974 llego a Riobamba el visitador Jorge Casanova SDB con resguardo policial para fiscalizar al obispo ecuatoriano; y en 1976, junto con otros 17 obispos y sacerdotes , fue apresado por la dictadura militar de aquel entonces , acusado de subversivo.                                                  Mons. Proaño murió pobre , sin donde reclinar su cabeza, en Riobamba, Ecuador, el 31 de agosto de 1988.

ORAR DESDE LA PALABRA

Señor, ábreme tu puerta

Necesito, Señor, vivir en tu presencia                                                                                                         para que la soledad no me atrape.                                                                                                     Necesito de tu palabra que estimula y anima,                                                                                       porque si no vivo contigo                                                                                                                     buscaré las puertas espaciosas                                                                                                                   que me han conducido a la infelicidad y al desencanto.                                                                              Sé, Señor, que aún estoy a tiempo,                                                                                                                de elegir la puerta que conduce a tu casa,                                                                                                     de abrir la puerta que lleva a la auténtica felicidad,                                                                                     de empujar la puerta que me lleva a la eternidad ,                                                                                      de contemplar entreabriendo la puerta de mi vida,                                                                                       al Dios que me ama desde siempre                                                                                                                 y que desde siempre me está esperando.                                                                                               Señor, ayúdame a hacer posible                                                                                                                   tu Reino entre nosotros.                                                                                                                              Ese Reino que construyo con mis palabras,                                                                                                  con mis gestos y con mis obras.                                                                                                                       Y, por favor, mi Dios, no me cierres las puertas de tu casa,                                                                         las puertas de tu Reino

.Isidro Lozano o.c.

COMENTARIO AL EVANGELIO

Sólo el Amor nos realiza

 “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha” (Lc 13,22-30)

Jesús “pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén”. Hoy leemos una reflexión de Jesús, elaborada por Lucas, sobre el peligro de “no salvarse”. Se inicia con la pregunta de “un” desconocido: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”. Era preocupación general en la época de Jesús. Así aparece en algunas parábolas, como el banquete de bodas (Mt 22, 1-14: “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”) o las diez vírgenes (Mt 25,1-13: “os digo que no os conozco”).

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, es la respuesta de Jesús. En la mentalidad de entonces la “puerta estrecha” era la puerta pequeña que hay junto o en la misma puerta grande de la muralla. Ésta se cerraba por la noche, y sólo se podía entrar de uno en uno por la pequeña. Entrar de uno en uno supone identificarse, ser reconocido, sin cuentas pendientes… Según el evangelio de Juan, para Jesús la puerta de entrada a la salvación es el mismo Jesús: “yo soy la puerta” (Jn 10,7.9).

Muchos intentarán entrar y no podrán”. Jesús se cree enviado a la casa de Israel (Mt 15,24). El final del privilegio será su muerte: “cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta”, no contará ser miembro de su pueblo ni haber tenido relación con el mismo Jesús, ni haberle escuchado. Quien no acepte personal y libremente el Reino, recibirá esta respuesta de Jesús: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráila iniquidad”. También Mateo habla de la “puerta estrecha”: “la que lleva a la vida”, “hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,1-23). “Muchos” recibirán la misma respuesta que leemos hoy: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráila iniquidad”.

Por la respuesta de Jesús vemos que “salvarse es “entrar en el Reino de Dios”, que vive y enseña Jesús: reino de justicia, de bien, de verdad, de vida, de paz… Quien no ha entrado en ese modo de vida “justa”, no puede compartir la mesa del reino de Dios, no se salva, no se realiza. “Alejaos de mí todos los que obráila iniquidad” es cita casi literal del Salmo 6,9. Es la oración de un enfermo, escuchado y curado por Dios. Quienes obran mal no pueden estar cerca de él: no pueden castigarle, porque Dios ha escuchado su llanto, le ha salvado de la enfermedad. Quienes obran mal ni salvan ni se salvan del mal.

Salvar, en negativo, es librar del malEn positivo: realizar capacidades de vida buena. Salvar la vida, por tanto, es liberarse de males y realizarse en bienes. Jesús salva dando su Espíritu de Amor. Espíritu perdonador (salva del odio, de la mala conciencia, de la frustración…) y cuidador de toda vida con sus limitaciones y potencialidades. Espíritu que dinamiza para hacer el bien y fortalece ante las acometidas del mal. Espíritu da esperanza en el amor constante de Dios, “manifestado en Cristo Jesús y del que nada ni nadiepodrá separarnos” (Rm 8,39).

La salvación, que Dios quiere y ofrece, debe ser aceptada con conocimiento y libertad. Jesús no contesta a la pregunta de si serán pocos o muchos los que se salven. Él invita a entrar por “la puerta estrecha”, la puerta de su vida, la puerta de la libertad guiada por el Amor. Este Amor es la “puerta estrecha”. Es Jesús mismo: “la luz verdadera, que alumbra a toda persona” (Jn 1,9), “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). La persona es libre, creadora de su propia historia, realizadora de su propio ser. Sin libertad no hay realización humana. Jesús, lleno del Espíritu divino, vive en libertad guiada por el Amor. Ofrece su vida y entrega su Espíritu a todos los que quieran oírle y seguir su camino. Al recibir su bautismo de “Espíritu santo y fuego”, nos sentimos hijos de Dios, hermanos de Jesús, seguidores de su camino.

Oración: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha” (Lc 13, 22-30)

Jesús de Nazaret, camino, verdad y vida:

te contemplamos hoy iluminando nuestra vida;

invitando a “entrar por la puerta estrecha”,

la puerta del Amor que tú vives.

Te sientes “Hijo de Dios” y vives en su Amor:

a todos nos aceptas e invitas a realizarnos;

como el Padre, con quien se aleja de su Amor,

le buscas, esperas, celebras su vuelta;

compadeces cualquier retroceso o estancamiento;

Para ti, Jesús, salvarse es vivir el Reino de Dios:

reino del ser humano, de su ajustamiento personal y social;

reino que implica tu Amor, “gloria del Hijo único del Padre” (Jn 1,14);

reino donde se elige un corazón generoso, como el tuyo;

reino cuya norma principal es el Amor gratuito;

reino en que vive la verdad y limpieza de corazón;

reino donde todos podemos desarrollar nuestros talentos;

reino donde se entrega el corazón, incluso a quien no se lo merece…

Tú, tu vida, es la puerta para realizarnos:

tu libertad ama sin medida y nos reconoce hijos de Dios;

tu amor se encara con la injusticia y la marginación:

tiene predilección por enfermos y disminuidos,

come y acoge a pecadores y excomulgados…,

hermana y sienta a la mesa compartida;

tu fe en la voluntad salvadora de Dios te lleva:

a “enseñar” en caminos, aldeas y ciudades;

a sentarte a la mesa de la igualdad y del amor;

a encarnarte entre los más pobres y caminar con ellos;

a hacer que “los cojos anden, los ciegos vean…,

y los pobres sean evangelizados” (Lc 7,22).

Tu espiritualidad no es la de los sacerdotes del templo:

que ofrecen dones y holocaustos para aplacar la ira divina;

que rezan desagravios por tantos que no adoran a Dios;

que procesionan y peregrinan a santuarios privilegiados;

que piden que no haya terremotos, ni sequías, volcanes o tornados…,

sino lluvias, cosechas, triunfos de nuestros ejércitos…

Sólo el Amor, Jesús, nos realiza:

nos compromete a la fraternidad universal;

nos invita a mirar la vida como Tú;

nos intima a respetar y promover los derechos humanos;

nos acerca y solidariza con los que sufren;

es la señal elemental de tu espiritualidad:

todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios;

quien no ama no ha conocido a Dios,

porque Dios es amor” (1Jn 4, 7-8).

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”:

puerta de la libertad y del amor;

puerta de la solidaridad fraterna;

puerta del compromiso para ser persona de verdad;

puerta tuya, Jesús “camino, verdad y vida”.

Preces de los Fieles (Domingo 21º TO C  21.08.2022)

La “puerta estrecha” es amar como Jesús: curar, alimentar, dar sentido, cuidar la vida, procurar la paz… Esta es la salvación de Jesús. Para ello nos entrega su fe y su esperanza en el amor del Padre. Pidamos realizarnos, diciendo: “queremos vivir tu amor”.

Por la Iglesia:

– que no desprecie ni excluya a nadie de su amor;

– que respete todos los caminos humanizadores de salvación.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por las intenciones del Papa (Agosto 2022):

– que pequeños y medianos empresarios encuentren medios necesarios;

– que continúen su actividad al servicio de las comunidades en que viven.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por las víctimas de la violencia:

– que cese toda clase de violencia, sobre todo las guerras;

– que las víctimas sean atendidas, respetadas, curadas…

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por nuestra sociedad y sus dirigentes:

– que estén abiertos a lo bueno y humanizador;

– que acojan a los perseguidos y maltratados.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por nuestra comunidad cristiana:

– que seamos una comunidad sana, dialogante, comprometida;

– que nos “reunamos, unamos, escuchemos, discutamos, recemos, decidamos”.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por esta celebración:

– que nos llene del Espíritu humilde y atento a la vida;

– que nos mueva a entrar por la puerta del amor y libertad de Jesús.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Queremos, Jesús de todos, centrar nuestra vida en la bondad y honradez. Queremos realizarnos librando del mal y haciendo el bien. Como tú, que “pasaste haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (He 10,38). Y vives por los siglos de los siglos.

COMENTARIO AL EVANGELIO:

 ¿Serán pocos los salvados? En Cristo serán salvados todos (1 Cor 15)

Un hombre preguntó a Jesús, de camino hacia Jerusalén: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús respondió: Entrad por la puerta estrecha (Lc 13, 22-23.

Esa es la respuesta de Jesús, mientras va de camino. Pero, de forma consecuente, culminado el camino de pascua, Pablo puede responder y responde: Todos serán vivificados, pues Dios nos examinará (recogerá) en su amor.

 | X.Pikaza

Eso no significa que todo da lo mismo, pues si al fin de la vida Dios nos salva en amor, de forma que, hagamos lo que hagamos, al fin nos salvaremos.   

Eso significa  todo lo contrario:  a partir de aquí todo es diferente, pues allí donde actualmente no hay amor tienes que empezar a poner amor, para así hacerte digno del amor que esperas.

1 Cor 15. Todos serán vivificados todos, todos se salvarán en Cristo. Elproblema no es ya aquí para Pablo (como en 1 Tes 4) el retraso de la «parusía de Cristo» (no acaba de venir, sino la universalidad de la salvación.

Pasados tres o cuatro años  desde que Pablo nos elunció el mensaje de Jesús(en torno a 53-54 d.C.), algunos cristianos de la comunidad de Corinto empezaron a negar la resurrección y  salvación de los creyentes, porque se alargaba la espera (¡Cristo no llega!) o porque resultaba innecesaria (¡Dios está ya en nosotros y no necesitamos más resurrecciones o salvación!). En ese contexto (cf. 1 Cor 15, 12-21) reformula Pablo el tema:

Porque así como en Adán mueren todos, así también serán vivificados todos en Cristo, pero cada uno en su orden: la primicia, Cristo; luego los que son de Cristo, en su parusía; después el fin, cuando él entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya destruido todo principado, y todo poderío y potestad… Cuando le someta todo (al Padre), entonces también él,el Hijo, se someterá al que le ha sometido todo, para que Dios sea Todo en todos (1 Cor 15, 22-24. 28).

Pablo dice que en Adán (como Adán, como seres humanos) mueren todos(rectificando quizá la idea de 1 Tes 4,13-18) no sólo (ni sobre todo) por un influjo externo de poderes satánicos (de ángeles malos, como en los libros apocalípiticos: 1 Hen y Jub), sino porque todos formamos parte de una humanidad que en un plano biológico termina en la muerte.

Todos morirán como ha muerto Cristo (cf. Rom 5), pero no para quedar en la muerte, sino para ser transformados y resucitar. En ese contexto, anuncia Pablo de manera sorprendente una resurrección universal ypositiva, sin distinguir entre justos (para la bendición y vida) y pecadores (para la maldición y muerte), a diferencia de lo que decía Dan 12, 1-3 y de lo que dirá aparentemente Mt 25, 31-45, en una perspectiva dualista.

1 Cor 15 no habla pues de una “doble resurrección” (de vida y de muerte), retomando así un esquema de pacto (en la línea de Dt 30, 15-20), sino que anuncia para todos un mismo destino de muerte (en Adán), que puede y debe convertirse en promesa universal de vida, pues en Cristo resucitarán (dsôopoiêthêsontai)todos, siendo así vivificados, por don de gracia en Cristo (1 Cor 15, 20-21). Como resultado de la obra de Cristo (en oposición a la muerte de Adán), esta vivificación/resurrección constituye un elemento luminoso de la experiencia más honda del evangelio, sobre el juicio dual (vida‒muerte, bendición‒maldición). Éstos son los elementos elementos básicos de esa «historia de resurrección o salvación»:

Primero Cristo, como primicia. Pablo sabe que todos mueren en Adán, y así lo proclama, rectificando quizá, , la afirmación de 1 Tes 4,13-18, donde suponía que algunos no morirán. Todos moriremos, y la muerte no es obra de poderes perversos (invasores satánicos o Vigilantes violadores, como en 2 Henoc y Jub), sino como consecuencia de la misma condiciòn humana. En sentido estricto, la verdadera teología paulina se define y despliega como superación esa muerte, como revelación del Dios, que vivifica a todos en Cristo[1].

Después de Cristo resucitan y se salvan los que son de Cristoen su parusía, los que forman parte de su comunidad o cuerpo mesiánico. De alguna forma (como destacarán Efesios  y Colosenses), los creyentes se encuentran integrados ya en la pascua de Jesús, aunque sólo resucitarán del todo en su parusía. Más que anunciador del juicio, mensajero del fin (como Henoc u otros videntes), Jesús es fuente de vida. Según eso, la prueba definitiva de la existencia de Dios es la resurrección de aquellos que confían en Cristo[2].

Finalmente llegará el «telos» o plenitud, entendida como victoria apocalíptica, con la destrucción de los poderes perversos (Principados, Poderíos y Potestades, que desembocan y se centran en la muerte) y como culminación teológica o reintegración (el mismo Cristo, como Hijo, vuelve al Padre).

Jesús anunció y preparó el Reino de Dios, y ahora se cumple su anuncio, pues él mismo destruye con su victoria a los perversos (Principados, Poderíos, Potestades), de forma que tras destruirlos entrega su Reino de vida al Dios y Padre, de manera que la cristología (la función mesiánica de Jesús) se expresa en forma de teología (para que Dios sea todo en todos)[3].

Segñun eso, Dios será panta en pasin (todo en todos), pues no existen dos espíritus opuestos (bien y mal) como en Qumrán, ni dos finales de la historia (salvación y condena, como en Dan 12, 1-3 y Mt 25, 31-46), ni siquiera un Infinito (=Dios) separado de la historia de los hombres, sino que en realidad sólo habrá un Espíritu bueno, que es el Dios Universal, que ha creado las cosas desde sí mismo, para que todo sea y viva en él por Cristo, de manera que los poderes opuestos, que han querido destruir su obra, desaparecerán (como si no hubieran sido).

En esta línea queda superada la dualidad anterior (bien y mal, vida y muerte, salvación y condena) a través de un monoteísmo y mesianismoliberador/salvador, que no se impone con violencia sobre nadie, ni excluye a ninguno, porque es abarcador y vivificador en gratuidad para todos.

En ese Dios que es todo en todos (sin espacio para el mal, pues en el fondo, en él, todo es bueno) caben los antes excluidos, de forma que Cristo Dios sea principio universal de vida, superando toda dualidad de condena (alejamiento de Dios).

Ésta es la afirmación central: que Dios sea Todo en todos…, no sólo en algunos, en los buenos contra malos, en los judíos frente a los gentiles, en los cristianos frente a paganos… Ciertamente, en un plano, los hombres se pueden destruir y se destruyen unos a los otros, acabando en la muerte (como sabe Gen 2‒3), pero, en otro plano más alto, el Dios Yahvé (¡soy el que soy! Ex 3, 14) hace que todos sean (=vivan), pues es todo (ta Panta) en todos (en pasin).

Aquí no tenemos un que panteísmo sino un un “pan-en-cristismo”, fundado en la muerte y resurrección de Cristo, que puede salvar y salva en Dios a todos, superando una “moralidad dualista” y de juicio entendido como venganza o impotencia. Desde este fondo debería precisarse mejor la diferencia entre una teología judía rabínica y la teología “mesiánica”, que deriva del mensaje y vida de Jesús, formulado por Pablo. Éste es, a mi juicio, un trabajo teológico que está por hacer, en una línea en la que pueden orientarnos las reflexiones de F. Rosenzweig, La estrella de la Redención, Sígueme, Salamanca 1997.

Este Dios de Cristo no destruye ni condena a los hombres, hijos de Adán, sino sólo a los “poder adversos” de tipo in-humano (anti-humano, impersonal), principados, poderíos, potestades (arkhên, exousian, dynamin…), pues no está compuesto de personas (hombres y mujeres en concreto…).

Esos poderes adversos que serán destruídos no son los hombres como tales,  sino las  potencias de mal, que han tendido a dominar el mundo. Pablo no habla pues de la maldad concreta de unos hombres históricos, a los que amenaza con la destrucción o con un tipo de infierno, sino de la maldad de unos poderes in-humanos que han dominado en la historia desde Adán, de manera que podemos llamarles, por carencia de mejor palabra seres‒que‒no‒son, no existentes, pues sólo viven de destruir la vida ajena, parásitos de Dios. En ese contexto, la destrucción de esos poderes (que son anti‒poderes) se interpreta como revelación plena de Dios, todo en todos, conforme al principio originario de la creación.

La obra de Cristo (su resurrección) se vuelve así reconstrucción cósmica (recreación), de manera que Dios pueda ser aquello que es: Todo-en-Todos (ta panta en pasin). Un tipo de teología moralista posterior, dominada por una lectura parcial de Mt 25, 31-46, ha tenido dificultad en admitir la existencia y revelación de un Dios que, en (por) Cristo es y será todo en todos (principio de salvación, sobre toda condena), y ha preferido hablar de “dos finales”, uno de premio, otro de castigoMuchos cristianos y teólogoshan visto esa salvación universal como un riesgo:

‒ Aquì no hay riesto de panteísmo, como han dicho algunos cristianos  que no aceptan de verdad el principio de encarnación (cf. Jn 1, 14), según el cual Dios se hace “carne” (historia) para asumir y transformar todas las cosas, pensando que ello implicaría un panteísmo. Otros se atreven a decir que, hablando así, Pablo se ha vuelto pagano, ha perdido la visión del “Dios moral”, cayendo en manos de un Dios Totalidad, donde se inscriben y existen (se divinizan) todas las cosas, en línea más pagana que bíblica… (sin tener en cuenta al mal, ni el castigo infinito que los malos han de suvrirIPero debemos recordar que este Dios todo-en-todos no está al principio, sino al final de la gran redención mesiánica, que implica un cambio en la misma visión de Dios… un Dios creador, que es vida universal, ofrecida a todos..

‒ ¿Un esquema de apocatástasis/anakephalaiosis?En esa línea de Dios Todo-en-Todos ha avanzado Ef 1, 10 cuando afirma que Dios, ha querido “recapitular” (anakephalaiosai) todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra. Ésta es la teología de fondo de las cartas de la cautividad (Colosenses, Efesios: En el Cristo pascual (crucificado/resucitado) pueden integrarse los seres personales del cielo y de la tierra, en línea de salvación (no por la fuerza, sino libremente, conforme al mensaje del Evangelio).

Conforme a esta visión, todas las personas se salvam. Cristo ha muerto para salvar a todos,  ha superado el “muro” divisor de judíos y gentiles, de justos e injustos, integrando en su poder y ser divino a todos los humanos, seres personales (¡destruyendo sólo los poderes diabólicos, no humanos, en el fondo inexistentes!), pues en verdad sólo hay Dios y aquellos a quienes él ha creado-salvado. Eso significa que todos los hombres se salvan en Cristo. Sólo se condenan (serán destruídas para siempre) las instituciones delmal, los poderes demoníacos, impersonales, antipersonales.

En esa línea algunos teólogos, desde Orígenes a K. Barth (del siglo II al XX d.C.) han tendido a postular una recapitulación salvadora de toda la historia, de forma que Dios, al final, logrará “convertir” y llevar a su cielo (Todo-en-Todos) no sólo a todos los hombres, es decir, a todas las personas, sino a los mismos demonios.

Un tipo de iglesia “moralista” y miedosa se ha sentido inquieta ante esa apocatástasis, condenando en un Sínodo de Constantinopla (aceptado después por ortodoxos y católicos) al mismo Orígenes, el año 543 (cf. DH 403-411; Denz 213-228). Sobre los «poderes del mal», cf. E. Peterson, El libro de los ángeles, en Tratados teológicos, Rialp, Madrid 1970 y H. Schlier, Besinnung auf das NT, Herder, Freiburg i. B. 1964, 146-165; W. Wink, Naming the Powers: The Language of Power in the New Testament, Fortress, Philadelphia 1984.

El tema ha sido replanteado por K. Barth en su obra teológica, a partir de Die Auferstehung der Toten, Kaiser, München 1924. Algunos judíos como E. Levinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 2002, han criticado esta visiónpues implicaría un panteísmo larvado en el que Dios pierde su infinitud (trascendencia) y el hombre su libertad (siendo parte de un todo).

Ese riesgo existe, sin duda, pero el Dios Todo-en-Todos de Pablo no actúa en forma cosmológica o idealista, como principio de unificación impositiva, sino que es fuente de comunicación y comunión personal. Este Dios Todo no es dictador, sino amigo y redentor de todos, es decir, de cada uno. Según eso, la teodicea apocalíptica cristiana no implica negación o disolución, imposición o confusión, sino reconciliación.

Creer significa esperar la resurrección, que es victoria de Dios sobre la muerte y salvación de los antes sometidos a los poderes diabólicos (Principados, Poderíos…), no para integrarlos en un Todo entendido como sistema cerrado, sino para abrirles a la vida amorosa, gratuita y creadora del amor de Dios en Cristo.

Este anuncio del Dios Todo-en-Todos integra en su gloria a los mismos que, desde nuestra perspectiva, parecen y son malos, pues Jesús se ha entregado en gesto de amor, en manos de Dios y de esa forma ha superado la violencia y ruptura de un sistema de ley donde triunfan los fuertes y/o buenos, excluyendo a los pobres y/o malos.

Dios no ha de acudir a ninguna imposición sacrificial para reconquistar su poder amenazado, sino que es por Cristo, en sí mismo, todo en todos. No hay, por tanto, dos normas: una de ternura y gratuidad para los buenos, otra de violencia y condena para los perversos, pues el Apocalipsis de Dios y su Reino en Jesús es perdón y acogida universal[6].

NOTAS

[1] Cf. G. Fee, Primera a los Corintios, Eerdmans,Buenos Aires 1994; I. Foulkes, Problemas pastorales en Corinto, DEI, San José 1999. Los judíos saben que las primicias (primogénitos, primeros frutos) han de ser dedicadas a Dios, pues santifican y consagran el resto de la cosecha. La resurrección de Cristo, realizada ya, es punto de partida y comienzo (fundamento) de la resurrección (vivificación) de todos, en sentido radical, no moralista. Eso significa, conforme al sentido normal de las frases, construidas en pasivo divino, que Dios les vivificará, ofreciéndoles su plenitud por gracia.

[2] Dios mismo es según eso (poder de) Resurrección, Vida que triunfa de la muerte. En esa línea, las cartas de la cautividad (Ef y Col) afirman que los cristianos se encuentran integrados ya en la pascua del Cristo.

[3] Este Cristo no tiene que condenar o encerrar en el infierno a unos hombres concretos (pecadores), sino a los poderes del mal (Principados-Poderíos-Potestades), para que todo culmine en el Padre.

LA BUENA NOTICIA DEL DGO. 20º-C

LA COSA ESTÁ QUE ARDE

LA HORA DE LA PALABRA

 He venido a prender fuego en el mundo

Lc 12, 49-53

•49He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! 50 Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido!
51 ¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer división. 52 Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres. 53 El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

COMENTARIO:

 Resulta extraño escuchar en boca de Jesús dichos que invitan, no al inmovilismo y conservadurismo, sino a la transformación profunda y radical de la sociedad, cuando estamos acostumbrados a identificar el cristianismo como una religión que debe preocuparse de mantener la ley y el orden establecido.

Jesús es consciente de la lucha que lleva consigo la realización del Reino de Dios en esta tierra. El habla paradógicamente de conflictos y luchas, de división y de fuego que ya está ardiendo.

Tal vez hoy sería bueno preguntarnos: ¿Me siento devorado por el fuego de Jesús? ¿A qué sectores de nuestra vida tendríamos que llevar el mensaje de Jesús?

TESTIGOS DE LA PALABRA

En Nigeria, la violencia no cesa. La noche del 1 de agosto de 2019 unos hombres armados, presumiblemente pastores musulmanes de la etnia Fulani, dispararon y asesinaron al sacerdote Paul Offu. Se trata del decimotercer cura que es asesinado en lo que va de año en todo el mundo y el segundo en el país africano.

«Después del terrorismo extremista de Boko Haram», aliado del Estado Islámico, «ahora el mayor temor en Nigeria es el avance de los pastores Fulani, que huyen de la desertificación. Pero para tomar las tierras de los agricultores usan la violencia, dejando muertos y heridos a su paso», explica el misionero salesiano Roberto Castiglione.

«Los Fulani son musulmanes y los agricultores son mayoritariamente cristianos, por lo cual se teme que un conflicto originado por razones económicas y climáticas se transforme en un desencuentro religioso y tribal», alerta Castiglione.

ORAR DESDE LA PALABRA

¿Y QUÉ QUIERO, SINO QUE ARDA?

Que arda un mundo donde las naciones civilizadas
fabrican y venden armas  a las naciones no civilizadas…    
Donde mientras unos niños van a la escuela,
otros van a la guerra, a la desnutrición y a la agonía…               
Donde mueren  hombres, mujeres y niños, sin haber sabido lo que era vivir…    
Donde la gente trabaja en precario doce horas al día                                                                                  para ganar un poco de dinero  que les permita seguir trabajando…          
Que arda con el fuego purificador de una conciencia universal de hermandad…     
una espiritualidad profunda y encarnada… 
Que arda con el respeto incuestionable de cada persona:
inmigrante, anciano, enfermo, homoseXual, loco, mendigo, poeta…
Que arda y arda sin merma y sin desánimo, de generación en generación…

José Luis Cortés “El ciclo C”

Comentario a las lecturas

Por J.A. Pagola

Por los caminos de Galilea Jesús se esforzaba por contagiar el «fuego» que ardía en su corazón. En la tradición cristiana han quedado huellas diversas de su deseo. Lucas lo recoge así: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». Un evangelio apócrifo más tardío recuerda otro dicho que puede provenir de Jesús: «El que está cerca de mí está cerca del fuego. El que está lejos de mí está lejos del reino».

Jesús desea que el fuego que lleva dentro prenda de verdad, que no lo apague nadie, que se extienda por toda la Tierra y que el mundo entero se abrase. Quien se aproxima a Jesús con los ojos abiertos y el corazón despierto va descubriendo que el «fuego» que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Esto es lo que le mueve y le hace vivir buscando el reino de Dios y su justicia hasta la muerte.La pasión por Dios y por los pobres viene de Jesús, y solo se enciende en sus seguidores al contacto de su Evangelio y de su espíritu renovador. Va más allá de lo convencional. Poco tiene que ver con la rutina del buen orden y la frialdad de lo normativo. Sin este fuego, la vida cristiana termina extinguiéndose.

El gran pecado de los cristianos será siempre dejar que este fuego de Jesús se vaya apagando. ¿Para qué sirve una Iglesia de cristianos instalados cómodamente en la vida, sin pasión alguna por Dios y sin compasión por los que sufren? ¿Para qué se necesitan en el mundo cristianos incapaces de atraer, dar luz u ofrecer calor?

Las palabras de Jesús nos invitan a dejarnos encender por su Espíritu sin perdernos en cuestiones secundarias o marginales. Quien no se ha dejado quemar por Jesús no conoce todavía el poder transformador que quiso introducir él en la Tierra. Puede practicar correctamente la religión cristiana, pero no ha descubierto todavía lo más apasionante del Evangelio.

LA BUENA NOTICIA DEL DOMINGO-18º-C

¿Sabios o insensatos?

Nuestra sociedad juzga sabio o inteligente a quien es capaz de acumular mucho dinero y de tener mucho poder y riquezas.

El Evangelio tiene un concepto distinto de sabiduría y de saber vivir con inteligencia. Hoy seguimos pensando como aquel rico del Evangelio: la «buena vida» depende de lo que tengamos. Esta es la gran verdad de nuestro mundo: nos creamos sociedades desarrolladas y solo somos unos insensatos, crueles e inhumanos que dejamos en la miseria a millones de seres humanos.

Somos responsables por nuestra injusticia y nuestra indiferencia. ¿Qué somos, sabios o insensatos? ¿Dónde está la verdadera sabiduría?

Lectura de la Palabra

Lucas 12, 13-21

Lo que has acumulado, ¿de quién será?En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»

Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande

sobrado, su vida no depende de sus bienes.»

Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos:

¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.»

Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.»

Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? »

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Comentario a la Palabra

LUCIDEZ DE JESÚS

Uno de los rasgos más llamativos en la predicación de Jesús es la lucidez con que ha sabido desenmascarar el poder alienante y deshumanizador que se encierra en las riquezas.

La visión de Jesús no es la de un moralista que se preocupa de saber cómo adquirimos nuestros bienes y cómo los usamos. El riesgo de quien vive disfrutando de sus riquezas es olvidar su condición de hijo de un Dios Padre y hermano de todos.

De ahí su grito de alerta: «No podéis servir a Dios y al Dinero». No podemos ser fieles a un Dios Padre que busca justicia, solidaridad y fraternidad para todos, y al mismo tiempo vivir pendientes de nuestros bienes y riquezas.

El dinero puede dar poder, fama, prestigio, seguridad, bienestar… pero, en la medida en que esclaviza a la persona, la cierra a Dios Padre, le hace olvidar su condición de hermano y la lleva a romper la solidaridad con los otros. Dios no puede reinar en la vida de quien está dominado por el dinero.

La raíz profunda está en que las riquezas despiertan en nosotros el deseo insaciable de tener siempre más. Y entonces crece en la persona la necesidad de acumular, capitalizar y poseer siempre más y más. Jesús considera como una verdadera locura la vida de aquellos terratenientes de Palestina, obsesionados por almacenar sus cosechas en graneros cada vez más grandes. Es una insensatez consagrar las mejores energías y esfuerzos en adquirir y acumular riquezas.

Cuando, al final, Dios se acerca al rico para recoger su vida, se pone de manifiesto que la ha malgastado. Su vida carece de contenido y valor. «Necio…». «Así es el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios».

Un día, el pensamiento cristiano descubrirá con una lucidez que hoy no tenemos la profunda contradicción que hay entre el espíritu que anima al capitalismo y el que anima el proyecto de vida querido por Jesús. Esta contradicción no se resuelve ni con la profesión de fe de quienes viven con espíritu capitalista ni con toda la beneficencia que puedan hacer con sus ganancias.

José Antonio Pagola

Testigos de la palabra

El 4 de agosto de 1979, en la soledad de su Getsemaní, el Padre Alirio Macías: Quedó extendido sobre el presbiterio, cuando tres hombres le ametrallaron en el templo parroquial de San Esteban Catarina, entre el altar y la sacristía77. Respecto a su muerte, Mons. Rivera dijo: Cayó, como caen los profetas: entre el vestíbulo y el altar78. Mons. Romero, por su parte, afirmó: Cuando uno muere, como han muerto los sacerdotes, con ideales del reino de los cielos, como está tendido hoy el querido padre Macías, allá en San Esteban Catarina, uno piensa: Estos son los caminos que hay que seguir. Mueren, pero siguen viviendo79. Fue, por tanto, una muerte carente de sentido ideada por los dueños del anti reino en su oscuro plan de acabar con el Reino.

ORACION DESDE LA PALABRA

¡Guárdame de toda codicia, Señor!

¡Que no sea necio, Señor!

Líbrame de creer que nuestras luces artificiales

son más brillantes que tu sol.

Hazme comprender que mi abrazo definitivo contigo

supera con creces todos los valores del mundo,

por muy maravillosos que estos sean,

y no hay duda de que los son.

Ayúdame a comprender que el tesoro que me tienes reservado

merece la pena ser buscado y adquirido…

Porque después de pisar tu tierra y andar tus mismos caminos

quiero confirmarte una vez más, Señor,

que ya no puedo vivir sin ti…

37º ANIVERSARIO DE LAURA LOPEZ

      A Laura López

Yo canto a Laura López

Verdadera mujer nueva

Y de moldes rompedora.

El treinta y tres aniversario

Del veinticuatro de abril

Fue vilmente asesinada

Junto con el pueblo pobre

En las faldas del Guazapa

Del pais El Salvador

Como catequista y pastora

De la iglesia popular

Cristiana comprometida

Y guerrillera valiente

Rompedora de otros moldes

Que adelantan formas nuevas

De la mujer en la Iglesia

Compañera “LauraLópez”                 ¡ Presente ¡

La compañera Felipa Durán era originaria del pueblo de Guazapa. La madre de tres hembras y dos varones quedó viuda durante la guerra, cuando los Cuerpos Represivos asesinaron a su compañero de vida Manuel Hernández.

Fue catequista en El Paisnal en estrecha colaboración con el padre Rutilio Grande. Por su compromiso social como Coordinadora Nacional de la Iglesia Popular CONIP fue buscada por el enemigo y adoptó el seudónimo de “Laura López”. Guindeaba por todo el Cerro de Guazapa con las masas perseguidas quienes cariñosamente la llamábamos “Mama Laura”. Fue alegre, chistosa y no se dejó agobiar ni por los bombardeos ni por los problemas diarios.

 

La catequista Laura
La catequista Laura

 Ella será nuestro ejemplo

De verdadera mujer

Y de moldes rompedora

Primicia de Iglesia nueva

Donde la mujer tendrá

El puesto que corresponde.

Que junto con su marido siendo los dos catequistas

Deciden comprometerse

Para liberar al pueblo

con la lucha guerrillera.

Daniel S. Barbero

 

Laura “solía decir : “Si nos matan, que sea por algo, que no nos maten sólo por gusto; y tampoco nos vamos a dejar.”

“Laura” aprovechó cualquier espacio para organizar reflexiones bíblicas a la luz de la Teología de Liberación y promovió nuestro trabajo solidario, andando siempre delante con su ejemplo.

A sus 38 años de edad, el 23 de abril de 1985 durante un operativo militar  de la Fuerza Armada en nuestra zona los soldados de la dictadura la balearon en un cañal de la comunidad Valle Verde del municipio de Suchitoto.

Los cobardes remataron a la ejemplar luchadora con un tiro de gracia. “Laura López” sigue viva en el recuerdo de muchos pobladores de nuestra región, donde la comunidad Laura López lleva su nombre.

“Que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente.”    Victor Heredia

El legado de Rutilio (9)

 

La Misión en Aguilares: 2ª Etapa

Para la 2ª Etapa el equipo propuso tres grandes líneas de acción: la primera sería la codificación y la transformación de la pastoral tradicional del sacramento y culto, sin suprimir ni ahogar los valores implícitos, pero insistiendo en una mayor responsabilidad y participación en la vida sacramental. El método sería co-creativo entre la parroquia y las comunidades evitando actitudes paternalistas y también evitando el clericalismo. Se trataría de hallar una solución al problema del mantenimiento económico de los sacerdotes. Se desligaría el aspecto económico de la administración de los sacramentos.

La segunda línea de acción tendería al crecimiento de las comunidades vivas, no tanto cuantitativa sino cualitativamente. En orden a lograr esto se prestaría especial atención a los Delegados de las comunidades insistiendo en la formación y diversificación de las funciones.

La tercera línea sería la promoción de nuevos centros en la ciudad de Aguilares, pero sin caer en el activismo desesperado ni empleando personas ajenas a la comunidad.

Los Delegados constituyeron la plataforma operativa que dinamizó e hizo crecer a las comunidades. El equipo pretendió la sustitución y desplazamiento de funciones dejando a los delegados lo que hasta el momento había sido propio del sacerdote o colaborador. Fue la etapa de los cursos y cursillos.

El nervio fundamental de estos cursos era la Palabra de Dios. Se daba un doble movimiento, de la realidad concreta a la Palabra de Dios y desde ésta nuevamente a la realidad.

Al diversificarse las funciones y servicios de los Delegados se loes fue convocando periódicamente para instruirlos en sus nuevas responsabilidades. El objetivo de estos cursos más específicos fue el compartir experiencias, resolver problemas y dar formación. Las funciones atribuidas a los Delegados fueron las siguientes: iniciación al bautismo, catequesis infantil, encargados de jóvenes, coordinadores y secretarios de reuniones, equipos volantes, preparación al matrimonio, etc

También se dieron cursos para la base buscando una mayor participación de las comunidades. Los temas tratados a esos niveles más amplios fueron: alfabetización, relación hombre-tierra, cooperativismo y formación permanente en general.

Esta segunda etapa estuvo jalonada por celebraciones de suma importancia dentro del acontecer parroquial. La primera fue la celebración de las bodas de oro sacerdotales del Arzobispo Mons. Luis Chavez. En esa ceremonia el Arzobispo confirmó a los Delegados en su misión apostólica. Rutilio presentó a las representaciones de los Delegados de la Palabra de las comunidades del campo y de la ciudad como el mejor homenaje al Arzobispo en la Eucaristía pidiéndole que les confirmara en su misión:   “y lo hacen en medio de esta Eucaristía compartida, porque en sus luchas por sembrar el Evangelio, ellos anhelan juntamente con nosotros un mundo más humano y más justo en el que todos los salvadoreños podamos compartir los bienes, sentados a a la mesa común de la creación, tal como haremos en esta mesa de la Eucaristía”…

Después el Arzobispo tomó la profesión de fe a los Delegados y la aceptación de sus compromisos. A continuación les confirmó en sus funciones comunitarias y los bendijo.

Otra celebración clave tuvo lugar el 15 de agosto de 1976, con ocasión del Tercer Festival del Maíz. El maíz fue el tema símbolo de lo campesino, de su vida y ahora de su celebración. Desde la base salieron las determinaciones y criterios para hacer de la fiesta algo original y diferente. Los criterios fundamentales del festival fueron: todo sería comunitario, nada individual; el dinero no sería determinante y sería una fiesta de denuncia y esperanza. Cada comunidad trajo una carga de elotes para hacer el atole. La preparación y distribución era comunitaria. Cada comunidad presentaba el mejor elote, el mejor adorno de maíz, la mejor canción cantando al trabajo y a la cosecha del maíz.  También presentaba a su madrina considerando los servicios y trabajos por la comunidad. Ella fueron las responsables de todo el trabajo femenino de la fiesta y ellas presentaron al público los aportes de las diversas comunidades al festival.

El punto central de aquel festival fue la homilía de Rutilio donde hizo denuncias y anuncios de gran trascendencia para la vida de la parroquia.

En una primera parte proclamó el magníficat como algo explosivo por las denuncias y anuncios que contenía: El Magníficat denunciaba a aquellos que no tenían temor de Dios, “…porque hay gente por ahí muy de gran colmillo, que no le tienen temor a Dios…y cuáles son esos que no le tienen temor a Dios? Los que han denunciado nuestro Padre y Hermano, los que se levantan por la mañana persignándose: en el nombre del café, en el nombre del café, en el nombre del café…en el nombre de la caña, en el nombre de la caña, en el nombre de la caña; lo he dicho otras veces, pero hay que repetirlo hasta la saciedad. Dios con su brazo había destrepado a los poderosos y a los autosuficientes, y a los humildes los “trepó”, a los que tenían hambre los llenó de bienes, “y a los ricos perversos que no quieren atol para todos, sino para ellos nada más, que quieren el gran guacalón para ellos, pero no quieren compartirlo con los hermanos en esta eucaristía de la fraternidad”…

En la segunda parte, Rutilio denunció los peligros de las organizaciones campesinas y les recordó sus compromisos cristianos. Felicitó a los campesinos porque el Evangelio estaba estrechamente unido a sus vidas; los campesinos habían “bajado” el Evangelio y esto era motivo de alegría y de mutuas felicitaciones. Y volvió a un tema muy querido para él: la Eucaristía como quinta esencia de la fe comprometida, como un servicio al mundo.

Finalmente Rutilio anunció que el equipo misionero estaba a punto de hacer un paro en su trabajo para evaluar lo realizado desde el inicio del proceso.

El equipo misionero había optado por iniciar su experiencia a partir de la fe, pero conscientes de que en cuanto meta última debían buscar la liberación del hombre total, la cual tendría que pasar bien que mal por las mediaciones, en concreto por la politización. Como equipo sacerdotal quisieron encontrar una alternativa válida entre el sacramentalizador y el politizador. Trataron de resolver la crisis de identidad personal entre la amplia gama de alternativas dejadas entre los dos extremos. Jesucristo había sido un líder religioso, y precisamente ahí estaba su especificidad, pero con los ojos bien abiertos a las realidades de su tiempo, a las cuales enfocó desde la perspectiva religiosa.

La especificidad de la misión sacerdotal radicaba en la promoción de la fe en medio del pueblo, en el anuncio del plan y juicio de Dios sobre la realidad. El sacerdote, en conciencia, estaba obligado a conocer profundamente su propia realidad. La misión sacerdotal, por tanto, tenía una clara vertiente en lo temporal y en lo político.

Así pues, el equipo proclamó que ni pretendía quitar al pueblo el Evangelio, dejándole solo la Cuma, ni adormecerlo en su religiosidad al abrigo y en nombre del mismo Evangelio. Como equipo dijeron buscar “poner levadura en la masa, no dar el pan”.

Los campesinos, al descubrir que Dios era el Padre de todos, que todos los hombres eran hermanos y que los hermanos no podían vivir en desigualdad, y darse cuenta de construir la igualdad –no esperarla pasivamente- era construir el Reino de Dios y que ello estaba en relación directa con el mundo de opresión y explotación de sus relaciones de vida y trabajo, espontáneamente comenzaron a demandar reivindicaciones salariales en las haciendas vecinas.

Entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe

Gabriel María Otalora
El verano es un buen caladero de libros por aquello de tener más tiempo para la lectura y hacerlo en horas en las que sería impensable en el resto del año. Y entre los libros que tengo seleccionados para estos meses, destaco una reedición de especial interés para quienes frecuentan este Punto de encuentro, y acabo de finalizar. Me refiero a la obrita de James D. G. Dunn, Redescubrir a Jesús de Nazaret (Ediciones Sígueme).
Este teólogo nos pone sobre aviso del error que ha supuesto haber contrapuesto “el Jesús histórico” y “el Cristo de la fe” por parte de no pocos especialistas como reacción contra el exceso que supuso el Cristo del dogma cristiano: el Cristo católico apenas era una figura humana, decían. Por tanto -opina Dunn- bastantes optaron por trascender el Cristo de la fe para recuperar al Jesús histórico y “rescatar a Jesús del cristianismo” (Robert Funk) como si en la búsqueda del Jesús histórico, la fe supone un obstáculo que lleva al investigador por el camino equivocado.
Hoy tenemos mucho de esto a nuestro alrededor complicando la verdadera dimensión trascendente de todo un Dios que se hace uno de nosotros para convertirse en Buena Noticia. Resultaría un grave error querer reducir el nacimiento del Evangelio a un interés histórico al margen de la fe, pues los evangelios son un producto de la fe. De hecho, para Dunn los apóstoles creyeron en Jesús antes incluso que la experiencia post pascual uniéndose a su misión dejándolo todo y confiándole sus vidas. Cierto es que al principio entendieron a medias el Mensaje, pero su apuesta radical está fuera de duda. Lo que cambia de sus relatos no es lo esencial, sino la adaptación a los diferentes auditorios y situaciones. Seguir leyendo

Felicidad de Jesús

Fray Luis de León y la portada de la Universidad de Slamanca
  • Felicidad de Jesús. Por la senda de los muchos sabios (pobres) que en el mundo han sido

Un poeta de la Nueva Castilla, afincado en la Vieja (Salamanca) escribió un poema sobre la “descansada vida de los pocos sabios que en el mundo han sido” (Luis de León). Jesús, en cambio, ofreció felicidad para multitud de pobres, llamados a escuchar la palabra de dicha de la vida, siendo no sólo felices ellos, sino irradiando felicidad a los ricos.

            Para ser feliz, Luis de León se retiró en su casa-huerto rico, del monte en la ladera, junto al río, para cultivar su felicidad a solas, “libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo”, porque se decía: “vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas, sin testigo…”.

            Jesús quiso abrir una ancha senda de felicidad en el amor, sin odio ni recelo, pero con celo inmenso de vida, de esperanza. Una felicidad que no decía “vivir quiero conmigo”, sino en medio de otros, mis amigos, recibiendo y dando amor a ríos, con miles y millones de “sabios pobres”.           

Por X. Pikaza Ibarrondo

La felicidad solitaria del rico que dice hacerse pobre al retirarse al huerto junto al río tiene su valor, como yo mismo he destacado en algún escrito. Ese retiro de ermitaño puede formar parte del camino de la dicha más perfecta, amor de solitarios que convierten su desierto en campo que se abre al gozo compartido. En esa línea, el ideal y camino de la felicidad de Jesús tiene que ser una senda de bienaventuranza desde los más pobres (Imágenes. Fray Luis, en su Salamanca rica; ermita de pobre en la Batuecas; libro… ante una cúpula pobre de la pobre Jerusalén)

FELICIDAD DEL POBRE, UN PRINCIPIO DE EVANGELIO

En la forma actual de división, injusticia económica y opresión política, el rico en cuanto tal no puede ser feliz, a no ser de manera mentirosa, engañándose a sí mismo y engañando (oprimiendo a los demás). Conforme a Jesús, la felicidad se identifica con la gratuidad, esto es, con la fe (confianza en Dios), en medio de una vida de carencia y opresión.            Esta es la experiencia originaria de Jesús: Él descubre y dice que los pobres y excluidos que pueden ser felices, en contra de un orden social (un mundo) que vive empeñado en tener y poder, en la salud exterior y el dominio sobre los demás. La felicidad implica un tipo de “acogida”, de aceptación. Esto es algo que muchos pobres no saben, y por eso viene Jesús a decírselo, con su vida, con su presencia, con su ayuda.

Entendidas así, las bienaventuranzas constituyen un reto, una apuesta de Jesús, que descubre y expresa su felicidad entre los pobres, de quienes recibe y con quienes comparte la dicha de la vida, hecha de paz interior, de gratuidad y esperanza. En principio, no quiere cambiar nada por la fuerza, por la ley establecida, por un tipo de sacralidad del templo. Acepta las cosas como son, y en ellas descubre la felicidad.           

1.En el principio está la felicidad. No somos nosotros los que inventamos (creamos y cultivamos) la dicha, sino que ella empieza siendo un don, un regalo. De la felicidad del amor hemos nacido, los ojos dichosos de una madre han encendido felicidad en nuestros ojos… Por felicidad de Dios (=de la Vida) hemos nacido; partiendo de la felicidad nos vivimos, nos movemos y existimos.

             Ciertamente, en el Antiguo Testamento, la felicidad está vinculado a la justicia de Dios, que protege a huérfanos, viudas y extranjeros, a todos los que en este mundo no pueden (o no quieren) triunfar por sí mismos. Pero esa justicia abierta a los pobres (desde los más pobres) no puede existir sin felicidad precedente. Sin gozo primero no hay nada, sin un día olvidamos (o rechazamos del todo) la felicidad nos mataremos. En los países que se llaman “más adelantados”, el suicidio es ya la primera causa de muerte de los jóvenes.

2.La felicidad de los pobres, ellos nos evangelizan. Los ricos y poderosos de Luis de León en el siglo XVI (y los de ahora, siglo XXI) quieren ser felices por aquello que tienen, por su gran riqueza, sus palacios, sus afanas… pensando que así pueden alcanzar la dicha, pero sin lograr alcanzarla. Entre los más ricos son muchos los que se suiciden, los que sólo viven a base de drogas, analgésicos, mentidas. La felicidad no es algo que se tiene o se puede conseguir a golpe de talonario o palacio, sino un don antecedente, el propio ser, la vida.

            Jesús lo descubre así en los pobres, así lo aprende, así se lo dice. En ese sentido podemos y debemos decir que él ha sido “evangelizado” (ha recibido la buena nueva de Dios) por los pobres. Ellos le han hablado así con su vida del don de Dios que es vida, le han descubierto su tarea: Ellos le dicen que el mismo Dios le ha enviado a proclamar esta buena noticia de la vida y del Reino de Dios que está en los pobres, descubriendo en ellos rostro de Dios, e iniciando desde (con) ellos el camino el camino de la paz mesiánica (Lc 4, 18-19; Mt 11, 5).3.Bienaventurados los pobres, ellos pueden hacer bienaventurados a los ricos. No son los ricos los que deben ofrecer felicidad (bienaventuranza) a los pobres, pues no la tienen, sino todo lo contrario: Son los pobres los que pueden hacer bienaventurados a los ricos, si es que se dejan amar y acoger por los pobres, que no quieren quitarles nada (ni riqueza, ni poder). No se trata pues de una inversión de peones (que los pobres se hagan ricos, que los ricos se hagan pobres), sino de una elevación de todos.

            Se trata de subir de plano, sino de volver al origen de la creación: Vio Dios que todas las cosas eran buenas, especialmente los hombres.  Jesús descubrió en los pobres y supo por experiencia propia que la felicidad no es la riqueza o poder de algunos, ni un tipo de satisfacción externa, sino la gracia de la misma vida, pero no para encerrarse en ella, como ermitaños, eremitas de huerto junto al río, sino como hermanos, amigos de todos, por todos los caminos. Los pobres felices pueden irradiar esa experiencia, cambiando así no sólo su propia de vida, sino la vida de los mismos ricos, de forma que ellos también (los ricos) descubran y cultiven el gozo de la gratuidad, de la vida como don, felicidad compartida.

4. Los pobres han sido el mesías de Jesús, ellos le han enseñado a descubrir a Dios. Ciertamente, Jesús llama a su lado a los pobres (¡venid todos los cansados y agobiados…!), y lo hace como “mesías de Dios”. Pero han sido ellos los que le revelan el rostro divino de la vida: ellos le han dicho que hay Dios, el Dios que le habla y le llama, le enriquece y transforma por medio de ellos, los pobres.

            Por eso, Jesús ha salido del desierto del río Jordán, donde esperaba, con Juan Bautista, la llegada del juicio de la ira (el hacha, el huracán, el fuego…). Jesús salió de su pequeño huerto junto al río para anunciar a todos la felicidad de Dios, en medio de la misma pobreza y enfermedad del mundo. Alguien ha dicho que “los pobres mueren y no son felices” (cf. A. Camus). Pero Jesús sabe que los mismos pobres pueden ser y son felices, millones de hambrientos, sedientos, desnudos, extranjeros, enfermos y encarcelados (cf. Mt 25, 31-46), descubriendo y reconociendo en su pobreza la chispa de la vida, no para que todo siga igual, sino para transformarlo todo en justicia de amor.5. Los pobres son evangelizadores, ellos abren un camino universal de la felicidad. No una senda exclusivista de “club VIP” de ricos, sino una “vía magna” de bienaventuranza y victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. Todos pueden unirse en ese camino de pobres. Para unirse en ese camino universal de vida no hace falta tener nada, sino ojos para admirar, corazón para latir en sintonía con otros, manos para acompañarse.

            Según eso (conforme a la bienaventuranzas y a Mt 15,31-46), privilegiados de Dios no son sólo los pobres-pobres, sino aquellos a quienes los pobres les ayudan a descubrir el gozo de la gratuidad, de forma que ellos, los ricos,  conviertan también su vida en don para los otros. Aquí no se habla ya sólo de pobres materiales, sino los hombres felices, que irradian la felicidad de Dios, según Jesús. De esa manera, unos y otros, pobres y aquellos que les acompañan y aprenden pueden formar y forman una iglesia fraterna de felicidad donde lo que importa es  la experiencia de Dios como vida y  el amor mutuo: amor al lejano y al cercano, al enemigo y al amigo, amor que crea comunión.   

EXPERIENCIA DE CRISTO, TAREA DE LA IGLESIA

1.Cómo enriquecerse unos a otros. Los ricos como ricos de bienes materiales pueden dar comida y casa, vestido, un tipo de dignidad externa. Los pobres, en cambio, pueden dar felicidad, experiencia de transformación, de curación personal… (Mt 25, 31-46). Conforme a los mandatos misioneros más antiguos (Mc 6; Mt 10; Lc 9 y 10) Jesús envía a sus discípulos sin bienes materiales (sin alforja ni dinero). Les dice que vayan  y ofrezcan palabra y curación.  

En contra de cierto pauperismo (antiguo o moderno), Jesús no ha rechazado a los dueños de casas y campos (sedentarios), que simbolizan el antiguo modelo israelita, donde cada familia poseía su heredad y vivía en armonía (pacto) con otras familias del entorno. No fue purista (que sólo admitía en su grupo a pobres sin casa), sino que buscó (y llamó) también a los propietarios, a quienes proclamaba y para quienes comenzaba a construir el Reino, pidiéndoles que acogieran a los pobres, compartiendo con ellos sus riquezas.

Así dice evangelio que él comía y bebía (cf. Mt 11, 19), no sólo con Leví, publicano (cf. Mc 2, 13-17), sino en las casas de otros propietarios (cf. Mc 14, 3-9; Lc 7, 36-50; 14, 1-24), aunque no ha iniciado su movimiento de Reino con ellos, sino con los pobres y en concreto con itinerantes (por necesidad u opción evangélica). No quiso trazar una oposición violenta (itinerantes-pobres contra propietarios), sino un movimiento de recreación para todos, desde aquellos que no tienen nada (que no han de juzgar, sino perdonar a los enemigos). No quiso la guerra, ni un pacto de poder, sino una transformación (simbiosis) entre itinerantes (sin propiedad) y propietarios, desde los más pobres, retomando así dos modelos sociales que habían surgido en la historia israelita, de forma sucesiva y separada.

2. Jesús abrió caminos y espacios de comunicación universal. Espacios de encuentro desde los itinerantes pobres, sin buscar una conquista violenta de la tierra (a diferencia de Josué en tiempo antiguo y de los celotas nuevos de la guerra del 67-70 d.C.) y sin necesidad de expulsar (matar) a los antiguos propietarios. Así empalma con el comienzo de la historia israelita (entrada de los hebreos en Palestina), superando la oposición entre propietarios antiguos y nuevos conquistadores (que tienden a ser otra vez propietarios, expulsando o matando a los anteriores). Sus itinerantes no toman la tierra por guerra, ni matan a los propietarios (como pedían ciertas leyes antiguas: cf. Ex 23, 23-33; 34, 11-16; Dt 7, 1-6 etc.), sino que les ofrecen salud y curación, iniciando un camino de entrega y solidaridad (Reino).

            Jesús retoma así el camino de  antiguos itinerantes pores (hebreos sin tierra), para iniciar con (como) ellos un camino del Reino, desde los pobres y expulsados de la nueva Galilea, no para proclamar otra guerra santa, sino para anunciar y ofrecer el Reino a los mismos sedentarios/propietarios, invirtiendo el esquema del éxodo (salida de Egipto) y la conquista antigua de la tierra. Esos itinerantes (por opción y/o necesidad) proclaman el reino a los ricos, abriendo un camino de perdón y paz donde triunfaba la guerra, invirtiendo el modelo del Éxodo desde la justicia social de los profetas. Ellos no expulsan a los “cananeos” (nuevos propietarios), sino que se ponen en sus manos y les curan, abriendo un camino de paz universal, que ofrecen a los sedentarios, para compartir con ellos una experiencia más honda de salud, de humanidad reconciliada. 

3.Iglesia antigua, un ensayo múltiple de comunicación. La iglesia primitiva de Jerusalén se llama “iglesia de los pobres”, conforme al testimonio del libro de los Hechos. Lo mismo aparece en los textos de Pablo: la iglesia es comunidad que no está fundada en los ricos y fuertes, sino experiencia de comunión, donde todos, unos y otros, pueden vincularse en amor y solidaridad, una iglesia que no está centrada en los ricos y poderosos, sino en los pobres que aman, abriendo así espacios de felicidad compartida.

La iglesia posterior ha corrido (y corre el riesgo) de convertirse en comunidad de ricos, en un plano de poder sacral e incluso de dinero. Ella ha tendido a ser iglesia de ricos al servicio de los pobres, ofreciendo una evangelización desde arriba: desde unas instituciones de poder sacral e incluso de dominio económico. Muchos dicen que ha tomado el poder para liberar y ayudar a los demás desde el poder: los ricos y poderosos ayudan a los pobres. Pero esa ayuda puede convertirse en signo de egoísmo propio, en una nueva forma de imposición de unos sobre otros.  

4. Iglesia siempre pobre, semilla de amor mutuo, no fuente de poder. Quizá la la mayor aventura (desventura) histórica del siglo XX y principios del XXI ha sido que algunos grupos (partidos políticos, estados, multinacionales capitalistas) han tomado el poder diciendo que quieren “ayudar” (enriquecer) de esa manera a los demás: el comunismo ha optado por tomar el Estado para trasformar desde allí a la población pero ha corrido el riesgo de convertirse en triste dictadura de unas instituciones absolutizas. También el capitalismo dice que quiere tomar el poder económico, para así abrir espacios de libertad para todos.  Pero ha corrido el riesgo de volver una más honda dictadura, en nombre de la libertad de todos, quitando así de hecho libertad y vida a los más pobres.

En contra de eso, queremos una iglesia donde pobres  de un tipo y de otro pobres vivan en comunión, donde nadie tome el poder para imponerse sobre los demás; una iglesia donde los más pobres y felices evangelicen a los otros, para que todos puedan compartir en comunión las riquezas de la vida que es Dios en nosotros.  Queremos una iglesia donde el valor fundamental sea el amor, vivido desde la pequeñez, sin que unos se impongan sobre otros… sin jerarquías sagradas (la jerarquía es la visión del poder como algo sagrado). Conforme al evangelio, la expresión y signo de Dios no es la jerarquía sino los pobres (cf. Mt 25, 31-46). 

5.Conclusión. ¿Un concilio permanente de pobres?  Un  concilio sin necesidad de grandes sedes, de hoteles de lujo donde se reúnen los más ricos de un tipo de club que pudiera llamarse de Wilderberg o de Salamanca, donde ahora (30.1.21) están reunidos en un convento de ricos (el antiguo San Esteban) los presidentes de las Españas para repartir dineros de Europa. Queremos un concilio permanente “de a pie de calle”, de vida. Queremos que Fray de León (de Salamanca) no se retire al huerto particular de su río, diciendo “vivir quiero conmigo”… Que el huerto separado, “del monte en la ladera” se convierte en monte abierto de bienaventuranzas de felicidad (Sermón del monte, Mt 5-7).

            En esa línea queremos ido soñar y soñamos en la posibilidad de un Concilio donde la palabra clave la tengan los pobres. No queremos que se diga “todo para los pobres, pero sin los pobres”, como algunos parecen decir (en el mejor de los casos). Queremos que se pueda proclamar: “pobres del mundo, uníos”; uníos en amor, no para tomar el poder dominar sobre los demás, ni siquiera para ayudarles desde arriba, sino para compartir con todos el camino de la vida. En esa línea, al final del llamado “concilio de Jerusalén” (Gal 2; Hch 15), la palabra clave fue “no os olvidéis de los pobres” (es decir, que los pobres no se olviden de vosotros).