Entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe

Gabriel María Otalora
El verano es un buen caladero de libros por aquello de tener más tiempo para la lectura y hacerlo en horas en las que sería impensable en el resto del año. Y entre los libros que tengo seleccionados para estos meses, destaco una reedición de especial interés para quienes frecuentan este Punto de encuentro, y acabo de finalizar. Me refiero a la obrita de James D. G. Dunn, Redescubrir a Jesús de Nazaret (Ediciones Sígueme).
Este teólogo nos pone sobre aviso del error que ha supuesto haber contrapuesto “el Jesús histórico” y “el Cristo de la fe” por parte de no pocos especialistas como reacción contra el exceso que supuso el Cristo del dogma cristiano: el Cristo católico apenas era una figura humana, decían. Por tanto -opina Dunn- bastantes optaron por trascender el Cristo de la fe para recuperar al Jesús histórico y “rescatar a Jesús del cristianismo” (Robert Funk) como si en la búsqueda del Jesús histórico, la fe supone un obstáculo que lleva al investigador por el camino equivocado.
Hoy tenemos mucho de esto a nuestro alrededor complicando la verdadera dimensión trascendente de todo un Dios que se hace uno de nosotros para convertirse en Buena Noticia. Resultaría un grave error querer reducir el nacimiento del Evangelio a un interés histórico al margen de la fe, pues los evangelios son un producto de la fe. De hecho, para Dunn los apóstoles creyeron en Jesús antes incluso que la experiencia post pascual uniéndose a su misión dejándolo todo y confiándole sus vidas. Cierto es que al principio entendieron a medias el Mensaje, pero su apuesta radical está fuera de duda. Lo que cambia de sus relatos no es lo esencial, sino la adaptación a los diferentes auditorios y situaciones. Sigue leyendo

Felicidad de Jesús

Fray Luis de León y la portada de la Universidad de Slamanca
  • Felicidad de Jesús. Por la senda de los muchos sabios (pobres) que en el mundo han sido

Un poeta de la Nueva Castilla, afincado en la Vieja (Salamanca) escribió un poema sobre la “descansada vida de los pocos sabios que en el mundo han sido” (Luis de León). Jesús, en cambio, ofreció felicidad para multitud de pobres, llamados a escuchar la palabra de dicha de la vida, siendo no sólo felices ellos, sino irradiando felicidad a los ricos.

            Para ser feliz, Luis de León se retiró en su casa-huerto rico, del monte en la ladera, junto al río, para cultivar su felicidad a solas, “libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo”, porque se decía: “vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas, sin testigo…”.

            Jesús quiso abrir una ancha senda de felicidad en el amor, sin odio ni recelo, pero con celo inmenso de vida, de esperanza. Una felicidad que no decía “vivir quiero conmigo”, sino en medio de otros, mis amigos, recibiendo y dando amor a ríos, con miles y millones de “sabios pobres”.           

Por X. Pikaza Ibarrondo

La felicidad solitaria del rico que dice hacerse pobre al retirarse al huerto junto al río tiene su valor, como yo mismo he destacado en algún escrito. Ese retiro de ermitaño puede formar parte del camino de la dicha más perfecta, amor de solitarios que convierten su desierto en campo que se abre al gozo compartido. En esa línea, el ideal y camino de la felicidad de Jesús tiene que ser una senda de bienaventuranza desde los más pobres (Imágenes. Fray Luis, en su Salamanca rica; ermita de pobre en la Batuecas; libro… ante una cúpula pobre de la pobre Jerusalén)

FELICIDAD DEL POBRE, UN PRINCIPIO DE EVANGELIO

En la forma actual de división, injusticia económica y opresión política, el rico en cuanto tal no puede ser feliz, a no ser de manera mentirosa, engañándose a sí mismo y engañando (oprimiendo a los demás). Conforme a Jesús, la felicidad se identifica con la gratuidad, esto es, con la fe (confianza en Dios), en medio de una vida de carencia y opresión.            Esta es la experiencia originaria de Jesús: Él descubre y dice que los pobres y excluidos que pueden ser felices, en contra de un orden social (un mundo) que vive empeñado en tener y poder, en la salud exterior y el dominio sobre los demás. La felicidad implica un tipo de “acogida”, de aceptación. Esto es algo que muchos pobres no saben, y por eso viene Jesús a decírselo, con su vida, con su presencia, con su ayuda.

Entendidas así, las bienaventuranzas constituyen un reto, una apuesta de Jesús, que descubre y expresa su felicidad entre los pobres, de quienes recibe y con quienes comparte la dicha de la vida, hecha de paz interior, de gratuidad y esperanza. En principio, no quiere cambiar nada por la fuerza, por la ley establecida, por un tipo de sacralidad del templo. Acepta las cosas como son, y en ellas descubre la felicidad.           

1.En el principio está la felicidad. No somos nosotros los que inventamos (creamos y cultivamos) la dicha, sino que ella empieza siendo un don, un regalo. De la felicidad del amor hemos nacido, los ojos dichosos de una madre han encendido felicidad en nuestros ojos… Por felicidad de Dios (=de la Vida) hemos nacido; partiendo de la felicidad nos vivimos, nos movemos y existimos.

             Ciertamente, en el Antiguo Testamento, la felicidad está vinculado a la justicia de Dios, que protege a huérfanos, viudas y extranjeros, a todos los que en este mundo no pueden (o no quieren) triunfar por sí mismos. Pero esa justicia abierta a los pobres (desde los más pobres) no puede existir sin felicidad precedente. Sin gozo primero no hay nada, sin un día olvidamos (o rechazamos del todo) la felicidad nos mataremos. En los países que se llaman “más adelantados”, el suicidio es ya la primera causa de muerte de los jóvenes.

2.La felicidad de los pobres, ellos nos evangelizan. Los ricos y poderosos de Luis de León en el siglo XVI (y los de ahora, siglo XXI) quieren ser felices por aquello que tienen, por su gran riqueza, sus palacios, sus afanas… pensando que así pueden alcanzar la dicha, pero sin lograr alcanzarla. Entre los más ricos son muchos los que se suiciden, los que sólo viven a base de drogas, analgésicos, mentidas. La felicidad no es algo que se tiene o se puede conseguir a golpe de talonario o palacio, sino un don antecedente, el propio ser, la vida.

            Jesús lo descubre así en los pobres, así lo aprende, así se lo dice. En ese sentido podemos y debemos decir que él ha sido “evangelizado” (ha recibido la buena nueva de Dios) por los pobres. Ellos le han hablado así con su vida del don de Dios que es vida, le han descubierto su tarea: Ellos le dicen que el mismo Dios le ha enviado a proclamar esta buena noticia de la vida y del Reino de Dios que está en los pobres, descubriendo en ellos rostro de Dios, e iniciando desde (con) ellos el camino el camino de la paz mesiánica (Lc 4, 18-19; Mt 11, 5).3.Bienaventurados los pobres, ellos pueden hacer bienaventurados a los ricos. No son los ricos los que deben ofrecer felicidad (bienaventuranza) a los pobres, pues no la tienen, sino todo lo contrario: Son los pobres los que pueden hacer bienaventurados a los ricos, si es que se dejan amar y acoger por los pobres, que no quieren quitarles nada (ni riqueza, ni poder). No se trata pues de una inversión de peones (que los pobres se hagan ricos, que los ricos se hagan pobres), sino de una elevación de todos.

            Se trata de subir de plano, sino de volver al origen de la creación: Vio Dios que todas las cosas eran buenas, especialmente los hombres.  Jesús descubrió en los pobres y supo por experiencia propia que la felicidad no es la riqueza o poder de algunos, ni un tipo de satisfacción externa, sino la gracia de la misma vida, pero no para encerrarse en ella, como ermitaños, eremitas de huerto junto al río, sino como hermanos, amigos de todos, por todos los caminos. Los pobres felices pueden irradiar esa experiencia, cambiando así no sólo su propia de vida, sino la vida de los mismos ricos, de forma que ellos también (los ricos) descubran y cultiven el gozo de la gratuidad, de la vida como don, felicidad compartida.

4. Los pobres han sido el mesías de Jesús, ellos le han enseñado a descubrir a Dios. Ciertamente, Jesús llama a su lado a los pobres (¡venid todos los cansados y agobiados…!), y lo hace como “mesías de Dios”. Pero han sido ellos los que le revelan el rostro divino de la vida: ellos le han dicho que hay Dios, el Dios que le habla y le llama, le enriquece y transforma por medio de ellos, los pobres.

            Por eso, Jesús ha salido del desierto del río Jordán, donde esperaba, con Juan Bautista, la llegada del juicio de la ira (el hacha, el huracán, el fuego…). Jesús salió de su pequeño huerto junto al río para anunciar a todos la felicidad de Dios, en medio de la misma pobreza y enfermedad del mundo. Alguien ha dicho que “los pobres mueren y no son felices” (cf. A. Camus). Pero Jesús sabe que los mismos pobres pueden ser y son felices, millones de hambrientos, sedientos, desnudos, extranjeros, enfermos y encarcelados (cf. Mt 25, 31-46), descubriendo y reconociendo en su pobreza la chispa de la vida, no para que todo siga igual, sino para transformarlo todo en justicia de amor.5. Los pobres son evangelizadores, ellos abren un camino universal de la felicidad. No una senda exclusivista de “club VIP” de ricos, sino una “vía magna” de bienaventuranza y victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. Todos pueden unirse en ese camino de pobres. Para unirse en ese camino universal de vida no hace falta tener nada, sino ojos para admirar, corazón para latir en sintonía con otros, manos para acompañarse.

            Según eso (conforme a la bienaventuranzas y a Mt 15,31-46), privilegiados de Dios no son sólo los pobres-pobres, sino aquellos a quienes los pobres les ayudan a descubrir el gozo de la gratuidad, de forma que ellos, los ricos,  conviertan también su vida en don para los otros. Aquí no se habla ya sólo de pobres materiales, sino los hombres felices, que irradian la felicidad de Dios, según Jesús. De esa manera, unos y otros, pobres y aquellos que les acompañan y aprenden pueden formar y forman una iglesia fraterna de felicidad donde lo que importa es  la experiencia de Dios como vida y  el amor mutuo: amor al lejano y al cercano, al enemigo y al amigo, amor que crea comunión.   

EXPERIENCIA DE CRISTO, TAREA DE LA IGLESIA

1.Cómo enriquecerse unos a otros. Los ricos como ricos de bienes materiales pueden dar comida y casa, vestido, un tipo de dignidad externa. Los pobres, en cambio, pueden dar felicidad, experiencia de transformación, de curación personal… (Mt 25, 31-46). Conforme a los mandatos misioneros más antiguos (Mc 6; Mt 10; Lc 9 y 10) Jesús envía a sus discípulos sin bienes materiales (sin alforja ni dinero). Les dice que vayan  y ofrezcan palabra y curación.  

En contra de cierto pauperismo (antiguo o moderno), Jesús no ha rechazado a los dueños de casas y campos (sedentarios), que simbolizan el antiguo modelo israelita, donde cada familia poseía su heredad y vivía en armonía (pacto) con otras familias del entorno. No fue purista (que sólo admitía en su grupo a pobres sin casa), sino que buscó (y llamó) también a los propietarios, a quienes proclamaba y para quienes comenzaba a construir el Reino, pidiéndoles que acogieran a los pobres, compartiendo con ellos sus riquezas.

Así dice evangelio que él comía y bebía (cf. Mt 11, 19), no sólo con Leví, publicano (cf. Mc 2, 13-17), sino en las casas de otros propietarios (cf. Mc 14, 3-9; Lc 7, 36-50; 14, 1-24), aunque no ha iniciado su movimiento de Reino con ellos, sino con los pobres y en concreto con itinerantes (por necesidad u opción evangélica). No quiso trazar una oposición violenta (itinerantes-pobres contra propietarios), sino un movimiento de recreación para todos, desde aquellos que no tienen nada (que no han de juzgar, sino perdonar a los enemigos). No quiso la guerra, ni un pacto de poder, sino una transformación (simbiosis) entre itinerantes (sin propiedad) y propietarios, desde los más pobres, retomando así dos modelos sociales que habían surgido en la historia israelita, de forma sucesiva y separada.

2. Jesús abrió caminos y espacios de comunicación universal. Espacios de encuentro desde los itinerantes pobres, sin buscar una conquista violenta de la tierra (a diferencia de Josué en tiempo antiguo y de los celotas nuevos de la guerra del 67-70 d.C.) y sin necesidad de expulsar (matar) a los antiguos propietarios. Así empalma con el comienzo de la historia israelita (entrada de los hebreos en Palestina), superando la oposición entre propietarios antiguos y nuevos conquistadores (que tienden a ser otra vez propietarios, expulsando o matando a los anteriores). Sus itinerantes no toman la tierra por guerra, ni matan a los propietarios (como pedían ciertas leyes antiguas: cf. Ex 23, 23-33; 34, 11-16; Dt 7, 1-6 etc.), sino que les ofrecen salud y curación, iniciando un camino de entrega y solidaridad (Reino).

            Jesús retoma así el camino de  antiguos itinerantes pores (hebreos sin tierra), para iniciar con (como) ellos un camino del Reino, desde los pobres y expulsados de la nueva Galilea, no para proclamar otra guerra santa, sino para anunciar y ofrecer el Reino a los mismos sedentarios/propietarios, invirtiendo el esquema del éxodo (salida de Egipto) y la conquista antigua de la tierra. Esos itinerantes (por opción y/o necesidad) proclaman el reino a los ricos, abriendo un camino de perdón y paz donde triunfaba la guerra, invirtiendo el modelo del Éxodo desde la justicia social de los profetas. Ellos no expulsan a los “cananeos” (nuevos propietarios), sino que se ponen en sus manos y les curan, abriendo un camino de paz universal, que ofrecen a los sedentarios, para compartir con ellos una experiencia más honda de salud, de humanidad reconciliada. 

3.Iglesia antigua, un ensayo múltiple de comunicación. La iglesia primitiva de Jerusalén se llama “iglesia de los pobres”, conforme al testimonio del libro de los Hechos. Lo mismo aparece en los textos de Pablo: la iglesia es comunidad que no está fundada en los ricos y fuertes, sino experiencia de comunión, donde todos, unos y otros, pueden vincularse en amor y solidaridad, una iglesia que no está centrada en los ricos y poderosos, sino en los pobres que aman, abriendo así espacios de felicidad compartida.

La iglesia posterior ha corrido (y corre el riesgo) de convertirse en comunidad de ricos, en un plano de poder sacral e incluso de dinero. Ella ha tendido a ser iglesia de ricos al servicio de los pobres, ofreciendo una evangelización desde arriba: desde unas instituciones de poder sacral e incluso de dominio económico. Muchos dicen que ha tomado el poder para liberar y ayudar a los demás desde el poder: los ricos y poderosos ayudan a los pobres. Pero esa ayuda puede convertirse en signo de egoísmo propio, en una nueva forma de imposición de unos sobre otros.  

4. Iglesia siempre pobre, semilla de amor mutuo, no fuente de poder. Quizá la la mayor aventura (desventura) histórica del siglo XX y principios del XXI ha sido que algunos grupos (partidos políticos, estados, multinacionales capitalistas) han tomado el poder diciendo que quieren “ayudar” (enriquecer) de esa manera a los demás: el comunismo ha optado por tomar el Estado para trasformar desde allí a la población pero ha corrido el riesgo de convertirse en triste dictadura de unas instituciones absolutizas. También el capitalismo dice que quiere tomar el poder económico, para así abrir espacios de libertad para todos.  Pero ha corrido el riesgo de volver una más honda dictadura, en nombre de la libertad de todos, quitando así de hecho libertad y vida a los más pobres.

En contra de eso, queremos una iglesia donde pobres  de un tipo y de otro pobres vivan en comunión, donde nadie tome el poder para imponerse sobre los demás; una iglesia donde los más pobres y felices evangelicen a los otros, para que todos puedan compartir en comunión las riquezas de la vida que es Dios en nosotros.  Queremos una iglesia donde el valor fundamental sea el amor, vivido desde la pequeñez, sin que unos se impongan sobre otros… sin jerarquías sagradas (la jerarquía es la visión del poder como algo sagrado). Conforme al evangelio, la expresión y signo de Dios no es la jerarquía sino los pobres (cf. Mt 25, 31-46). 

5.Conclusión. ¿Un concilio permanente de pobres?  Un  concilio sin necesidad de grandes sedes, de hoteles de lujo donde se reúnen los más ricos de un tipo de club que pudiera llamarse de Wilderberg o de Salamanca, donde ahora (30.1.21) están reunidos en un convento de ricos (el antiguo San Esteban) los presidentes de las Españas para repartir dineros de Europa. Queremos un concilio permanente “de a pie de calle”, de vida. Queremos que Fray de León (de Salamanca) no se retire al huerto particular de su río, diciendo “vivir quiero conmigo”… Que el huerto separado, “del monte en la ladera” se convierte en monte abierto de bienaventuranzas de felicidad (Sermón del monte, Mt 5-7).

            En esa línea queremos ido soñar y soñamos en la posibilidad de un Concilio donde la palabra clave la tengan los pobres. No queremos que se diga “todo para los pobres, pero sin los pobres”, como algunos parecen decir (en el mejor de los casos). Queremos que se pueda proclamar: “pobres del mundo, uníos”; uníos en amor, no para tomar el poder dominar sobre los demás, ni siquiera para ayudarles desde arriba, sino para compartir con todos el camino de la vida. En esa línea, al final del llamado “concilio de Jerusalén” (Gal 2; Hch 15), la palabra clave fue “no os olvidéis de los pobres” (es decir, que los pobres no se olviden de vosotros).

Redescubrir a Jesús de Nazaret

‘Redescubrir a Jesús de Nazaret. Lo que la investigación sobre el Jesús histórico ha olvidado’, según James Dunn
“La investigación sobre el Jesús histórico ha resultado infructuosa en gran medida porque los investigadores anteriores comenzaron sus trabajos desde el lugar equivocado”
“Para Dunn ha existido un triple fallo a este respecto que es precisamente lo que va a tocar en los tres capítulos que forman este libro, un fallo en cada uno”
“Es un hecho que en el lado creyente se han dado muchos excesos cuando ha pesado más un dogma. Pero con Dunn estamos en terreno firme. El tema que toca este libro es de primera magnitud, y el subtítulo sin duda no deja indiferente a nadie”
“Personalmente creo que estamos ante un autor y un libro magníficos”
 | Alfonso Pérez Ranchal Sigue leyendo

Actualidad del secreto mesiánico

escrito por Victor Codina

Los cristianos creemos que Jesucristo, el Hijo del Padre encarnado, muerto y resucitado, es el centro de la fe cristiana, camino, verdad y vida (Jn 14, 6), fuera de él no hay salvación (Jn 15,5; Hch 4,12). La misión propia de la Iglesia es evangelizar (Evangelii nuntiandi), esta es su alegría (Evangelii gaudium).
La cristiandad ha estallado
Pero en el mundo moderno occidental, la cristiandad ha estallado y la Iglesia, lejos de ser un signo claro del evangelio, constituye para muchos el mayor obstáculo para el acceso al cristianismo: un oscuro pasado (inquisición, cruzadas, poder temporal del papado, colonialismo misionero…) y un ambiguo presente (patriarcalismo, machismo, abusos sexuales y económicos, inmovilismo ante temas de la sexualidad y la vida…). La Iglesia de los países occidentales modernos sufre un claro descenso sacramental, envejecimiento, falta de vocaciones ministeriales y religiosas, cisma silencioso de quienes se apartan de la comunidad, juventud al margen. Es una Iglesia en situación de diáspora: la fe cristiana ha sido exculturada, hay agnosticismo e indiferencia religiosa, Dios está en el exilio.
En este contexto de “país de misión”, podemos preguntarnos si la evangelización a los “nuevos paganos” y la misión hacia quienes desean entrar o retornar a la Iglesia, debe seguir el modelo tradicional de comenzar por la Iglesia, su doctrina, sus normas y sus sacramentos, o si más bien debería retomar y actualizar hoy el silencio mesiánico y eclesial. Sigue leyendo

La seducción de Jesús: el lenguaje subversivo

José Arregi, teólogo
Queridos amigos y amigas: como ya sabéis el pasado fin de semana celebramos en Madrid las Jornadas de Cristianos por el Socialismo.
Este año nos hemos centrado en la figura de Jesús. Os adjunto las ponencias de Xosé Arregui y José María García Mauriño. También un documento que nos ha hecho llegar Benigno sobre el empobrecimiento de la clase trabajadora en nuestro país. Espero que los documentos sean de vuestro interés.
Aprovecho para comunicaros la triste noticia del fallecimiento de nuestro compañero y amigo de las Jornadas de C.P.S., Alfredo Tamayo S.J. de San Sebastián. Su recuerdo permanecerá entre nosotros
El título que se me ha propuesto habla a la vez de seducción y subversión. A primera vista, podrían parecer conceptos alejados entre sí. Seducir es cautivar el ánimo, y cautivar el ánimo parece más propio de un bello galán agraciado de palabra y de modales que de un subversivo provocador. Sigue leyendo

El amor de Magdalena

El amor de Magdalena: “Lo amó vivo, lo amó muerto, lo amó resucitado”

Mariya Magdalena. Frederick Sandys

“Magdalena, la santa amante de Jesús, lo amó en sus tres estados. Lo amó vivo, lo amó muerto, lo amó resucitado”

“Si es el amor que te guía, Magdalena, ¿qué has de temer? Osa todo, emprende todo. El amor no conoce límites, sus deseos son su regla, sus arrebatos son su ley, sus excesos su medida”

“Magdalena ganó todo sin haber pedido nada, porque tenía a Jesús en el fondo de su corazón, oyendo todo lo que Él decía, y escuchando aún mejor lo que Aquel no se atrevía a decir”

05.04.2021 | Frederick Sandys

(Blog del amasijo).- Frederick Sandys. María Magdalena, 1859. Traducido del francés antiguo al alemán por Rainer Maria Rilke en 1911: Die Liebe der Magdalena; luego del alemán al francés contemporáneo por los editores de Artfuyen en 2000, y fragmentos traducidos del francés al español por Gabriela Trujillo.

Magdalena, la santa amante de Jesús, lo amó en sus tres estados. Lo amó vivo, lo amó muerto, lo amó resucitado. Manifestó la dulzura de su amor hacia Jesucristo presente y vivo; la constancia de su amor hacia Jesucristo muerto y sepultado; las impaciencias y los arrebatos, el furor, los desmayos y los excesos de su amor abandonado hacia Jesucristo resucitado y subido a los cielos.

Cuando veo a Magdalena a los pies de Jesús, me parece que veo el amor extraviado lamentando sus propios extravíos y buscando el buen camino a los pies de Aquél que es el camino mismo.

[…]

Si es el amor que te guía, Magdalena, ¿qué has de temer? Osa todo, emprende todo. El amor no conoce límites, sus deseos son su regla, sus arrebatos son su ley, sus excesos su medida. El amor no teme nada más que el temor mismo, y su título de propiedad es la audacia de pretender a todo y la libertad de emprenderlo todo.

[…]

Jueves Santo

El lavatorio de los pies

JUAN 13, 1-15

1 Antes de la fiesta de Pascua, consciente Jesús de que había llegado su hora, la de pasar del mundo este al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró su amor hasta el fin.

2 Mientras cenaban (el enemigo había ya inducido a Judas de Simón Iscariote a entregarlo), 3 consciente de que el Padre lo había puesto todo en sus manos y que de Dios procedía y con Dios se marchaba, 4 se levantó de la mesa, dejó el manto y, tomando un paño, se lo ató a la cintura. 5 Echó luego agua en el barreño y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con el paño que llevaba ceñido.

6 Al acercarse a Simón Pedro, éste le dijo:

– Señor, ¿tú a mí lavarme los pies?

7 Jesús le replicó:

– Lo que yo estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás dentro de algún tiempo.

8 Le dijo Pedro:

– No me lavarás los pies jamás.

Le repuso Jesús:

– Si no dejas que te lave, no tienes nada que ver conmigo.

9 Simón Pedro le dijo:

– Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

10 Jesús le contestó:

– El que ya se ha bañado no necesita que le laven más que los pies. Está enteramente limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.

11 (Es que sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios»).

12 Cuando les lavó los pies, tomó su manto y se recostó de nuevo a la mesa. Entonces les dijo:

– ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y con razón, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. 15 Es decir, os dejo un ejemplo para que igual que yo he hecho con vosotros, hagáis también vosotros.

LA TERNURA NO SE PIENSA

Con estas meditaciones y reflexiones quisiéramos dar continuidad a una experiencia que la mayoría estamos practicando, que es ahondar en la oración afectiva, no como método, sino como experiencia vital que emerge de un seguimiento que deja atrás etapas principiantes que preceden a la madurez en una relación donde ya hay complicidad.

El discípulo será estos días en nuestra Pascua: Jesús. La discípula: tú, yo, y algunos personajes del NT que nos acompañarán.

El tema de fondo e ingrediente fundamental de estos días de profundización es: descubrir la ternura en la pasión, muerte y resurrección, como hilo conductor de cada gesto, mirada, palabra, silencio, entrega.

Si algún elemento da belleza y sentido a la vida, ése es, la ternura como la expresión más serena y firme del amor. Gracias a la ternura las relaciones afectivas crean raíces de vínculo.

La doctora Kübler-Ross, afirma que los recuerdos que nos acompañan en los últimos instantes de la vida no tienen que ver con el éxito o poder, sino con encuentros profundos con un ser amado. Y quedan grabados en la memoria gracias a la luz de la ternura.

Paradójicamente la ternura no es blanda, sino fuerte y audaz. Implica seguridad en uno mismo y expresa la calidad de una relación. Desde lo que hoy conocemos como inteligencia emocional, la ternura forma parte de ese bloque maravilloso que llamamos el cerebro del corazón. Así como nos dicen que la inteligencia está distribuida por todo el cuerpo, podemos deducir que la ternura es una exquisitez fruto de la empatía.

Desde ahí, tratemos de entrar en el mundo del discípulo y la discípula, durante estos cuatro días cargados hasta el borde de intensidad y ternura. De violencia respondida con no-violencia. De odio respondido con silencio. Y de actitudes de todo tipo provenientes de corazones egoístas que no pillan los pasos que da el discípulo del Abba.

No se comprende el Jueves Santo, esa cena con sus palabras y gestos, si no se ha recorrido, con Jesús, el trayecto anterior. El día a día, en el que nos vemos expuestos a tantas situaciones que debemos discernir, y decidir si las discernimos con el barómetro del Evangelio o con el propio.

Ella, una discípula, lo discierne así: te invitamos a leer el texto de Juan 12, 1-8.

(Por favor, toma tu Biblia en tus manos, y siente el amor y la vida de miles de años de historia de salvación, ahí, en estas páginas, para que las sintamos, comprendamos, acariciemos; son vida de nuestra vida, en ellas está también nuestra historia.)

Dicen algunos exégetas que este gesto de María, hermana de Lázaro según narrado en el Evangelio de Juan, inspiró a Jesús a realizar el gesto que hoy celebramos y que Juan nos relata en el capítulo 13.

María, apasionadamente agradecida, sobrecogida por la calidad de amor que ha experimentado, en un gesto expresa lo que muchas personas deseamos vivir y que el mismo Jesús, según Juan, realizará en su última cena:

María, en un solo gesto vive y reproduce lo que el corazón del evangelio nos indica:

* Amor apasionado: la ternura y cariño de la mujer son indescriptibles. No hay indicio de inhibición y sí hay una absoluta muestra de respeto infinito.

* Servicio entrañable como derroche de todo su perfume, de todo su amor, de su agradecimiento. Derroche de entrega gratuita sin medida. Gesto reprochado por los que no saben amar y con su rigidez legalista juzgan y condenan. La generosidad de esta mujer es libertad absoluta para amar hasta el extremo, en un vaciamiento de sí a través del perfume derramado.

* “Shema”: “escucha Israel: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza…”Y María, “escucha” el latido alterado del corazón del amigo, alterado por la inminente traición que se percibe, que intuye…y ante ese dolor, ella muestra su fidelidad respondiendo con su gesto femenino, sensual, liberador. María obedece escuchando al Amor y realizando lo que su corazón y conciencia le sugieren.

Juan 13,1-32

Jesús se encuentra con aquellas personas más íntimas, a las que ha ido confiando todo lo que iba experimentando de su relación con el “Abba”, y de un estilo de vida capaz de transformarnos en hijos de Dios, y a las estructuras sociales en hogar para todos, y a los bienes del Planeta en casa común, compartida, respetada…

Jesús ya no tiene palabras para ellos: se ha vaciado totalmente y se da cuenta de que ellos están lejos de donde él se encuentra porque ha sido fiel, como los profetas, a una vida de “shema”.

Y en un último esfuerzo acude a un gesto que divide la historia en un antes y un después: el Señor prestando el servicio de sirviente-esclavo:

*mírale a tus pies, los lava con mimo, te lo dice todo con su beso, te deja sentir el amor de Dios que estremece y conmueve: amor de ágape, amor abierto; el gesto es para cada uno, pero a cada uno con toda la pasión del amor de Dios: personal, cercano, íntimo, gratuito.

¿Necesita Jesús en ese gesto, sentir él el calor de tu presencia a través de tu piel, ya que tantas veces, como los discípulos, estamos con la atención y el corazón en otra parte y el amigo languidece solo, sin nuestra presencia y cariño?

* El derroche de su amor, no se muestra, en este texto, con perfume, como en el caso de María, sino con la tremenda expresión “sangre y carne” comidas, compartidas, entregadas. Jesús llega a la pobreza máxima de comprender que sólo puede entregar ya su propio cuerpo, metáfora de su SER.

* ¿Por qué tanta radicalidad? Porque ha “escuchado” de nuevo el rugir del león, del ego, del miedo parapetado en el poder, el dinero, el deseo de los primeros puestos… “ha escuchado y percibido los miedos infantiles de aquellos que tienen que continuar la obra que el Abba ahora les encomienda a ellos, y se da cuenta de que “no llegan”, ante lo cual se enternece y conmueve aún más y pronuncia “tomad y comed todos, este es mi cuerpo, esta es mi sangre, entregada por todos. Haced esto cada vez que deseéis mi presencia, mi Amor”

Te invito a hacer Silencio “escuchando” tu latido al unísono del suyo. Sin prisa, dejando que en esa intimidad añorada, el Señor se te manifieste.

Y, de este silencio, emerge, gratuita, la ternura. Jesús no les lava los pies porque considere que los discípulos estén “sucios” por dentro o por fuera. Es otro el talante y significado del gesto.

El gesto lleva una carga enorme de sentimiento, de necesidad de abrazar y besar los pies de los que han andado con él en tantas situaciones y lugares. Abrazar y besar ante el presagio de un fuerte sufrimiento o ante la certeza de que se marcha y la vulnerabilidad de los y las discípulas le llena de ternura materna- paterna y fraterna- sororal.

Y repite el gesto por antonomasia de partir el pan, como estilo de vida: partir, compartir, dar de lo que no te sobra, de tu pan…partir tu salud, tu mente y corazón para que otros tengan luz, paz, alimento…

Y el otro gesto. Echarse a los pies de las personas a las que sirve. Él recibió este gesto de parte de María de Betania, y de otros que a lo largo del camino le han querido pedir o agradecer algo vital. Y revive cómo se sintió al ver a una persona a sus pies y al sentir su tacto delicado y profundamente ungidor. Desea contagiar esa ternura a estas personas atemorizadas y acobardadas ante la hecatombe que se avecina y que todos presienten.

El discípulo se convierte en Maestro a los pies de sus discípulos y se tergiversa la pirámide. El Maestro les levanta de su mediocridad abajándose más allá de los límites. Algo así como “basta de asuntillos de quien manda más, de quien es más importante…” es hora de que sintáis el estremecimiento del Amor a vuestros pies, la ternura de Dios abrazando vuestra humanidad. Lo cual es imprescindible para una madurez afectiva sana.

La ternura no se piensa, es una experiencia que brota, como un perfume que permea todo. Es un hecho pero no para filosofar o discutir, es la manera de comunicarse Dios con una humanidad que se ha hecho el centro de todo. Es el David frente al Goliat del ego.

La ternura es como la primavera que madre naturaleza pone delante de nuestros ojos estos días: espléndida, engalanada de flor y perfume. Derramando lo mejor de sí: lo que trabajó en lo escondido durante el largo invierno.

Jesús es esa primavera, siempre, en la vida de cada persona. Recientemente me encuentro con personas que van descubriendo la fuerza que da la experiencia de una oración madura, fiel, constante y fecunda.

Magdalena Bennasar, SFCC

Salvar el proyecto de Jesús

Belen 2018. En estos días, donde tanto se festeja al Jesús nacido en un pesebre, sería necesario que reflexionáramos sobre su Vida y Proyecto y que nuestras celebraciones fuesen coherentes con su Mensaje. De lo contrario, todo será puro paganismo.
Durante muchos años los cristianos hemos estado preocupados por nuestra “salvación”. Sin saber, o no querer saber, que nuestra salvación humana, y por humana espiritual, se encuentra cuando salvamos aquí a los demás.
Lo mismo podríamos decir de la Iglesia Católica: Sólo se salvará y tendrá futuro si es capaz de salvar a los que más sufren. Ósea, si recupera el Proyecto de Jesús. Fuera de él no existe salvación para la Iglesia. Estará condenada a desaparecer con el tiempo y ya ha comenzado el camino a pasos agigantados.

Recuerdo que un teólogo español envió una carta a los jóvenes del 15M, donde decía:” No salvareis la Tierra si no conseguís cambiar el sistema económico” …añadiendo…” No hay que ser pacientes hasta que todos seáis ricos, sino impacientes para que se acaben pronto los pobres” …” porque el planeta Tierra ya sólo tiene remedio en una civilización de la sociedad compartida”. Sigue leyendo

El carpintero de Nazaret

“El Cristo de Kazanzakis no es una deidad tan infalible y libre de pasiones, pero es un apasionado y emotivo ser humano a quien ha sido asignada una misión, que a veces se le hace difícil comprender y que con frecuencia le exige enfrentarse a su consciencia y sus emociones”
“A diferencia de otras cristologías, la de la teología social se articula en vista de una salvación que se espera aparezca ya en esta historia. A los novelistas les interesa la acción, lo que hacen sus protagonistas motivados por la fe en el Cristo”
“El Cristo social ha liberado al cristianismo de sus cadenas ideológicas, de sus corsés escolásticos, de sus delimitaciones filosóficas, ha arrancado a Cristo de las páginas de la Suma Teológica”
21.12.2020 | Manuel Mandianes antropólogo del CSIC y escritor
La sociedad postmoderna considera el dogma una imposición de tesis sin demostración científica, basadas en la tradición y en la autoridad, irreconciliable con la autonomía de la persona y la libertad de pensamiento. Desde mediados del siglo XX la teología, con sus diversos apellidos, ha destacado el aspecto social de la fe en Jesús, el carpintero de Nazaret, gente pobre y humilde, que se implicó en los asuntos sociales y políticos de su comunidad practicando las costumbres sociales y participando de las ceremonias y ritos religiosos, pero criticando agriamente el fariseísmo y la hipocresía de la autoridad política y religiosa de su tiempo.
Interesa la historia de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte y su resurrección, pero en nuestros días, interesa sobre todo lo que deben hacer y cómo deben de ser quienes creen en él; el conjunto de actividades que los hombres y mujeres de hoy que quieren operar sobre la realidad social y transformarla según el espíritu que se desprende de la lectura y el estudio del Nuevo Testamento y el amor a Jesús d Nazaret.
Esto es posible gracias al mismo espíritu que hizo a Jesús misericordioso con los pobres y fiel al misterio de Dios. La teología académica muestra ese aspecto desde un punto de vista estructural. La teología pastoral se guía por una indagación histórica en la que confluyen la memoria individual y la memoria colectiva de la miseria, de la exclusión, de la explotación, de la esclavitud, y eso le da fuerza y vitalidad arrolladoras y convierten el cristianismo en un compromiso social y un testimonio de vida trascendente. Al año se publican cientos de libros sobre la historia de Jesús, se filman muchas películas y se escriben novelas en las que él es el protagonista o el protagonista se entrega a los demás, a veces heroicamente, motivado por la fe y el amor a Jesús. Aquí interesan algunas de estas novelas.
La figura de Jesús siempre estuvo presente en el pensamiento de Kazanzakis, desde su juventud hasta sus últimos años. “Desde mis años de niño, Cristo me obsesionó. Esa unión tan misteriosa y tan real del hombre y de Dios, esa nostalgia, tan humana y tan sobrehumana, de una reconciliación de Dios y del hombre al más alto nivel a que un ser pueda aspirar. Es necesario que podamos seguir a fondo, conocer su combate, que vivamos su agonía; que sepamos cómo desbarató las trampas floridas de la vida; cómo sacrificó las grandes y pequeñas alegrías del hombre; cómo subió, de sacrificio en sacrificio, de proeza en proeza, hasta la cima de la prueba, hasta la Cruz”.
El Cristo de Kazanzakis no es una deidad tan infalible y libre de pasiones, pero es un apasionado y emotivo ser humano a quien ha sido asignada una misión, que a veces se le hace difícil comprender y que con frecuencia le exige enfrentarse a su consciencia y sus emociones y, en última instancia, a sacrificar su propia vida para su cumplimiento. Kazanzakis, agnóstico enamorado de Jesús, plasmo su compromiso con Jesús en varias de sus novelas especialmente en” Cristo de nuevo crucificado”, cuyo personaje, Manolius, especie de doble del autor, muere Crucificado por las autoridades políticas y religiosas.

Los cristianos, especialmente los sacerdotes de “Los curas comunistas”, viven y luchan por la defensa de los humildes y apoyan su práctica pastoral, su predicación y sacan fuerza para su testimonio de la meditación sobre la vida de Jesús. Para dar legitimidad a la corriente renovadora de la Iglesia, y más concretamente a la experiencia de los curas obreros, que constituye una de las expresiones de dicha renovación, el autor convierte la aventura personal del sacerdote que protagoniza la novela en una auténtica reescritura de la Pasión de Cristo. El amor al prójimo, sin distingo y como virtud más esencial del auténtico cristiano, es la energía y el motor de la evolución y del acercamiento del cristianismo a la clase obrera, “colectivo que ya ha desertado de esta Iglesia”. Francisco Quintas, sacerdote protagonista, vive en una modesta vivienda en el propio barrio obrero en que se ubica la fábrica, se viste el mono, vestidura propia de los obreros, y se mete a trabajar como peón, en una fábrica del ramo siderometalúrgico como prueba de su entrega a las exigencias del Evangelio.
“La guerra de los pobres” es la puesta en acción de la teología de Tomas Muntzer, teólogo alemán del siglo XVI. Los campesinos del sur de Alemania, enardecidos por el teólogo, se sublevan esgrimiendo la Biblia. Se está desplazando el poder despótico y de dominación, por el poder de seducción. Lo que seduce se impone, y lo que más seduce es la bondad. La bondad es respeto, tolerancia, cercanía, cariño, simpatía que se traduce en darlo todo, hasta la vida, luchando por u nundo más justo, por hacer feliz al que lo pasa mal. La base de la predicación de Muntzer, al apartarse de los demás predicadores se volvió virulenta, hasta terrible: “Sublevad los pueblos y las ciudades, … No debemos dormir más tiempo”. Al final, encadenaron a Muntzer y lo mataron.
“En blanco” narra la participación de los cristianos latinoamericanos, resaltando el papel de los sacerdotes, en la lucha armada contra “el pecado estructural”, las estructuras de explotación. “No entiendo como podéis pensar que vais a lograr un mundo mejor matando gente”, le pregunta el protagonista de “En blanco” a los guerrilleros. Ellos le responden: “No matamos por matar; matamos a quien se opone a la construcción de un mundo más justo y fraternal y hacen todo lo posible por mantener y mantenerse de unas estructuras injustas, hechas a la medida de los poderosos”.
A diferencia de otras cristologías, la de la teología social se articula en vista de una salvación que se espera aparezca ya en esta historia. A los novelistas les interesa la acción, lo que hacen sus protagonistas motivados por la fe en el Cristo. El dolor de los que sufren es la hoz que siega la mala hierba. Ya no es sólo la palabra, como había intentado Erasmo con su “Elogio de la locura”. Manolius, Muntzer, los sacerdotes obreros y los curas guerrilleros están hartos de palabras y dan el paso a la acción tratando de vivir aquello del maestro: “Por sus obras los conoceréis”. Todos los protagonistas, Manolius, Tomas, el Padre Quintas y los sacerdotes guerrilleros actuaron y murieron por amor y ¿odiando al enemigo?
“El mundo que predica Jesús, como el que predica el Papa Francisco es una utopía”, le dijo un filósofo agnóstico al teólogo. Éste le respondió: “La mayor utopía es un mundo sin utopía. La utopía es necesaria, y la que tenemos que perseguir y realizar es la de que cada grupo o comunidad de cristianos vea de qué modo reunirse para celebrar la memoria de Jesús y compartirla. Jesús es la presencia de Dios en la vida, en toda la vida. El Cristo social ha liberado al cristianismo de sus cadenas ideológicas, de sus corsés escolásticos, de sus delimitaciones filosóficas, ha arrancado a Cristo de las páginas de la Suma Teológica.

Este año se habla equivocadamente de una Navidad diferente ignorando la esencia de la Navidad. Lo que este año cambia es la manera de celebrar la Navidad, pero la Navidad es la misma, la celebración del nacimiento de Jesús. Para aquellos que ven más allá de la farándula y la fanfarria de estos días y dejan salir la esencia de lo que aquello es aunque no se parezca en nada a lo que los demás ven, la Navidad no cambia nada.
En el centro del mundo, nos sentimos alejados de todo y solos en la intimidad de la ausencia. Lo que está dentro de nosotros es lo más lejano y lo más cercano es lo que pasa en el otro cabo del mundo. Vivimos bajo el asombro de la lejanía. Lo que es sólo se puede escuchar en el silencio, en el cruce de los caminos del corazón, en el taller del Carpintero de Nazaret. Eso es la intimidad, la fusión del hombre consigo mismo, donde el hombre llega a la presencia de si mismo, absolutamente incomunicable, prendida a los recuerdos que tienen un dónde y un cuándo precisos, se acrecienta con cada amanecer, con cada atardecer, hasta con la soledad que impone la pandemia. Solo ahí uno se puede encontrar con Él.

La Buena Noticia del Dgo. 5º-B

Jesús la tomó de la mano y la levantó

Mc 1, 29-39

ALIVIAR EL SUFRIMIENTO

La enfermedad es una de las experiencias más duras del ser humano. No solo padece el enfermo que siente su vida amenazada y sufre sin saber por qué, para qué y hasta cuándo. Sufre también su familia, los seres queridos y los que le atienden.

De poco sirven las palabras y explicaciones. ¿Qué hacer cuando ya la ciencia no puede detener lo inevitable? ¿Cómo afrontar de manera humana el deterioro? ¿Cómo estar junto al familiar o el amigo gravemente enfermo?

Lo primero es acercarse. Al que sufre no se le puede ayudar desde lejos. Hay que estar cerca. Sin prisas, con discreción y respeto total. Ayudarle a luchar contra el dolor. Darle fuerzas para que colabore con los que tratan de curarlo.

Esto exige acompañarlo en las diversas etapas de la enfermedad y en los diferentes estados de ánimo. Ofrecerle lo que necesita en cada momento. No incomodarnos ante su irritabilidad. Tener paciencia. Permanecer junto a él.

Es importante escucharle. Que el enfermo pueda contar y compartir lo que lleva dentro: las esperanzas frustradas, sus quejas y miedos, su angustia ante el futuro. Es un respiro para el enfermo poder desahogarse con alguien de confianza. No siempre es fácil escuchar. Requiere ponerse en el lugar del que sufre, y estar atentos a lo que nos dice con sus palabras y, sobre todo, con sus silencios, gestos y miradas.

La verdadera escucha exige acoger y comprender las reacciones del enfermo. La incomprensión hiere profundamente a quien está sufriendo y se queja. De nada sirven consejos, razones o explicaciones doctas. Solo la comprensión de quien acompaña con cariño y respeto puede aliviar.

La persona puede adoptar ante la enfermedad actitudes sanas y positivas, o puede dejarse destruir por sentimientos estériles y negativos. Muchas veces necesitará ayuda para confiar y colaborar con los que le atienden, para no encerrarse solo en su dolor, para tener paciencia consigo mismo o para ser agradecido.

El enfermo puede necesitar también reconciliarse consigo mismo, curar heridas del pasado, dar un sentido más hondo a su sufrimiento, purificar su relación con Dios. El creyente puede entonces ayudarle a orar, a vivir con paz interior, a creer en su perdón y a confiar en su amor salvador.

El evangelista Marcos nos dice que las gentes llevaban sus enfermos y poseídos hasta Jesús. Él sabía acogerlos con cariño, despertar su confianza en Dios, perdonar su pecado, aliviar su dolor y sanar su enfermedad. Su actuación ante el sufrimiento humano siempre será para los cristianos el ejemplo a seguir en el trato a los enfermos.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

 Itziar Aldamendi

FRENTE A LA INCONSTANCIA, FIDELIDAD

En estos tiempos que vivimos parece que hemos perdido los valores que en otro tiempo nos sirvieron para luchar con todas nuestras fuerzas contra la dictadura. Es como si hoy el valor fundamental fuera el tener, y cuanto más mejor y el sálvese quien pueda, dejando atrás el ser solidario, el compartir con los que tienen menos, el defender los derechos de los más débiles, etc.

Aunque esto es cierto en muchos casos en esta sociedad, también es verdad que hay muchos hombres y mujeres que viven de otro modo y que sus valores son otros, como la solidaridad, la generosidad, la constancia en el compromiso, la fidelidad, que han apostado en favor de los pobres y que hacen suyas sus causas y que, en definitiva, es la causa de Jesús.

Cuando hacemos un proyecto de vida y decidimos seguir humildemente a Jesús, nuestro compromiso debe ser profundo y serio y no podemos abandonarlo simplemente porque no conseguimos que las cosas cambien, porque ya llevamos muchos años trabajando y estando un poco cansados o quizá desilusionados. Tenemos que ser constantes y continuar poniendo nuestro grano de arena en la construcción del Reino y ser fieles en lo posible a nuestra opción por los empobrecidos de la tierra, con la esperanza y la ilusión de que el proyecto de vida en el que creemos, acabará destruyendo el proyecto de muerte que hoy pesa sobre muchos pueblos y gentes inocentes. Tenemos que hacer el camino con los que luchan por defender la vida, la tierra, la dignidad. Ellos tienen una gran esperanza en que terminarán las guerras; los niños serán niños y no soldados, tendrán escuelas, habrá paz, una paz basada en la justicia, y sus hijos tendrán una vida más digna. Sabemos que no podemos solucionar todos los problemas, pero sí podemos denunciar las situaciones de injusticia, la impunidad ante los asesinatos, las masacres, las desapariciones forzadas, la situación de los inmigrantes en nuestro país, la falta de medicamentos en el Tercer Mundo, etc. Esto es lo que ellos nos piden, que contemos la verdad.

Cuando llegué a Madrid, en el año 59, no conocía a nadie y dedicaba todo mi tiempo al trabajo en el hospital; estaba contenta, me gusta mucho mi trabajo, pero necesitaba hacer algo más. Pronto tuve la inmensa suerte de conocer a Ignacio Armada y comencé a trabajar con su grupo en la UVA de Fuencarral, en el dispensario de la Parroquia como enfermera; entonces la Seguridad Social no alcanzaba a todos. Nuestra tarea, además de atender a los enfermos, era conseguir el realojo de las familias que vivían en casas prefabricadas, con humedad, y rodeadas de mogollón de ratas. Otro paso era conseguir la Seguridad Social para todos.

Más tarde, junto con Ignacio, Loreto y M.ª Carmen, formamos la Comunidad de Vanguardia Obrera, poco a poco fuimos creciendo en número. En ella encontré el lugar donde vivir, compartir y celebrar la fe, así como la fuerza y el apoyo para el compromiso. En esta época fueron muy importantes para mí, las reuniones de estudio sobre la lectura materialista del Evangelio. Todos los miembros de la Comunidad teníamos nuestro compromiso y todas las semanas poníamos en común nuestros miedos y nuestras dudas. Hoy, casi treinta años después, sigo con  mucha ilusión en la misma comunidad.

En el 74, dos personas de la Comunidad estuvimos trabajando con presos comunes, fueron días muy difíciles; gracias a la comunidad que estaba detrás no conseguíamos, ni para atrás, que nos legalizaran la Asociación. Para el Sr. Rosón, siempre nos faltaba aquel papel, siempre estuvimos en trámite, lo único que conseguimos fue que la policía no nos quitara el ojo de encima, hasta que acabamos en la DGS. La comunidad, los amigos y la familia no fallaron, siempre nos ayudaron y apoyaron en todo.

Cuando asesinaron a Monseñor Romero en 1980, en El Salvador, las Comunidades de Base de allí nos pidieron que nos solidarizáramos con ellos. Estaban en guerra, las CEBS eran perseguidas y acusadas de estar a favor de la guerrilla. Cuando asesinaron a Monseñor quedaron huérfanas las comunidades y decían: si han sido capaces de matar a nuestro Obispo, qué no harán con los catequistas, los campesinos… Necesitaban apoyo internacional. Ese mismo año se celebró en Riobamba la primera Reunión Internacional de Solidaridad con El Salvador, a la que asistió Ignacio Armada. A su vuelta convocamos a las CCP, a grupos que trabajaban en Derechos Humanos, Justicia y Paz, a la Iglesia Evangélica y a todas las personas que quisieran formar parte del Comité de Solidaridad en ayuda a El Salvador, que luego se extendió a toda América Latina. Después se fueron formando Comités por todo el Estado español; hoy somos treinta y formamos una red con grupos de Europa, América Latina, Japón y Australia. Es una gozada vivir la solidaridad con los pueblos empobrecidos y, lo que es cierto, que recibimos de ellos mucho más de lo que damos.

Hemos ido cambiando de actividad, pero siempre intentando seguir una línea liberalizadora y fieles en lo posible a nuestra opción solidaria. Personalmente, lo que me ha dado fuerza y ánimo para seguir con ilusión han sido las personas y grupos con las que he tenido y tengo la suerte de trabajar. Es necesario unirse a todos los que de un modo u otro están empujando para conseguir ese otro mundo, que es posible; y, como dice Jon Sobrino, dispuestos a ayudar a bajar de la cruz a los pueblos crucificados

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