Aportes culturales y espirituales de la Fratelli Tutti

Rafael Díaz Salazar: Aportes culturales y espirituales de la Fratelli Tutti para una ciudadanía global.
¿Seremos capaces los cristianos de tomar el programa de esta encíclica y contagiar en nuestros entornos, desde nuestras acciones cotidianas, esta cultura, esta forma de vivir de Jesús, el buen samaritano?
Contracultural porque nos enseña a mirar y ver la realidad de nuestro mundo desde la primacía de los últimos y las últimas; que no son pobres, insistía Rafa, sino “empobrecidos”, por un sistema económico, el nuestro capitalista, que explota, descarta y mata personas.
Contracultural porque nos invita a un amor más allá de la geografía y del espacio, sin fronteras, capaz de hacernos hermanos del extraño o caído en el camino, como lo hizo el buen samaritano.
Nuestro lugar por excelencia tiene que estar en la calle, allí donde el sufrimiento de las personas eleve su grito al cielo
La espiritualidad del buen samaritano es una espiritualidad del corazón, ese tercer ojo de la tradición hinduista, el único capaz de acercarnos al que sufre con entrañas, con misericordia.
“Los verdaderos avances históricos en la humanidad, se abonan con fracasos”
Por | Alberto Ares director del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones y adjunto a la coordinación del Servicio Jesuita a Migrantes en España Sigue leyendo

Dialogar para construir una sociedad mejor

por Enrique Lluch Frechina
La encíclica ‘Fratelli Tutti’ vino a finales del año pasado para hablarnos, entre otras cosas, del diálogo, especialmente en la política. De hecho, su capítulo sexto se titula “sobre el diálogo y la amistad social”. El punto de partida de ‘Fratelli Tutti’ es afirmar que todos somos iguales en dignidad y que la diversidad es una riqueza. Amar a quien piensa diferente a nosotros es parte de nuestra vocación como cristianos y el encuentro con el discrepante es una manera privilegiada, a través del diálogo, para la amistad social y del encuentro con quien tanto nos puede enriquecer. Sigue leyendo

Charles de Foucauld: un santo Fratelli Tutti

Carlos de Foucauld: el santo ‘Fratelli Tutti’ que canonizará Francisco
El consistorio para la aprobación de las próximas canonizaciones por parte de los cardenales se celebrará el próximo 3 de mayo

La Oficina para las Celebraciones del Papa ha convocado para el próximo lunes, 3 de mayo, el Consistorio Ordinario Público para la autorización de la canonización de 7 beatos. Entre ellos, tras la aprobación de su milagro hace casi un año, está el sacerdote Carlos de Foucauld. En los últimos años estas canonizaciones se han celebrado entre el mes de octubre.
En el orden del día también están el laico mártir Lazzaro Devasahayam, el sacerdote César de Bus, el sacerdote y fundador Luigi Maria Palazzolo, también es el caso de Giustino Maria Russolillo; así como la beata Maria Francesca di Gesù y Maria Domenica Mantovani, ambas también fundadoras.
El hermano de todos
La pasión del Papa argentino por el sacerdote de origen francés es tal que lo situó como referente en la vigilia de oración por el Sínodo de la Familia, como símbolo de una nueva etapa en la pastoral eclesial. “Charles de Foucauld intuyó, quizás como pocos, el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret. Este gran explorador abandonó muy pronto la carrera militar fascinado por el misterio de la Sagrada Familia, por la relación cotidiana de Jesús con sus padres y sus vecinos, por el trabajo silencioso, por la oración humilde”, explicó sobre su biografía. “A través de la cercanía fraterna y solidaria a los más pobres y abandonados entendió que, a fin de cuentas, son precisamente ellos los que nos evangelizan, ayudándonos a crecer en humanidad”, añadió.
El papa Francisco, antes de ofrecer dos oraciones, también acude al nuevo santo en el cierre de su nueva encíclica ‘Fratelli Tutti’ con una mención a algunos referentes que son una inspiración en su vivencia de la “fraternidad universal” que propone a través de las páginas del documento. Lo define como “persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos”.
De Foucauld escribe Francisco que “fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano”. En este sentido, el Papa resalta su manera de evangelizar –tan lejana al proselitismo clásico– era poniendo en práctica su “deseo de sentir a cualquier ser humano como un hermano”; como cuando “pedía a un amigo: ‘Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos’”. Y, concluye Francisco: “Quería ser, en definitiva, ‘el hermano universal’. Pero solo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén”.
Volver a la vida de Nazaret
El 1 de diciembre de 1916 unos forajidos atacaron la ermita en la que vivía en el desierto argelino el trapense Carlos de Faucauld. Tenía 58 años y en su vida había pasado etapas como la de militar –era vizconde de cuna– o geógrafo en Marruecos. Una peregrinación a Tierra Santa y otras experiencias en Francia –especialmente gracias a un sacerdote ejemplar– y el Itinerario Otomano le llevaron a una Trapa en la actual Turquía donde compondría su oración del abandono –“Padre, me pongo en tus manos…”–. Tras ordenarse sacerdote en 1901 se establece en el Sahara argelino donde combatirá la esclavitud de los bereberes y tuaregs…
En los 15 años que pasó en el desierto como ermitaño en Béni Abbès, en Hoggar y en Tamanraset estudió la lengua y la cultura tuareg y vivió su ministerio desde la vivencia de su vida consagrada, marcada por la experiencia de haber vivido 3 años en Nazaret donde fue jardinero en un monasterio de clarisas en el que reparó una caballa. En el desierto fraguó una idea de fraternidad que practicó con el ejemplo como único modo de evangelización o creó el ‘rosario del amor’ para cristianos y musulmanes.
Historia de una conversión
Siempre cuentan que en 15 años en Argelia, Carlos de Faucauld no convirtió ni a uno solo de los tuareg a los que tanto defendió y tanto quiso –y eso que hay quien cree que el pobre trapense fue hasta su último día un infiltrado de la colonización francesa–. Sin embargo está su propia conversión, su encuentro con el Dios vivo a través de la vuelta a Belén, a Nazaret y vivir la hospitalidad y siendo alabanza a Dios con su vida ante la humanidad a través de la pobreza y el amor al prójimo.
Sin embargo, quienes hoy beben de sus espiritualidad se cuentan por millares. “Carlos de Foucauld ha influido de modo notable en la espiritualidad del siglo XX, y sigue siendo, en este principio del tercer milenio, una referencia fecunda, una invitación a un estilo de vida radicalmente evangélico, y esto más allá incluso de quienes pertenecen a las diferentes agrupaciones que forman su numerosa y diversificada familia espiritual”, destacó el cardenal José Saraiva Martins en su beatificación.

Jornadas del FICRT

Silvia Martínez Cano: “La religión no es propiedad de algunos, es una experiencia de Dios, y es plural”

Jumaa AlKaabi: “La firma del documento entre el Papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar ha fijado los cimientos de valores como la paz, la libertad de credo, la cultura de la tolerancia, la ética”
Juan García Gutiérrez: “El texto puede dar sentido y alma a nuestro tiempo. Casi a la altura de la Declaración de los Derechos Humanos”
Jesús Bastante: “La comunicación es esencial para un mundo cada vez más interconectado. Pero una comunicación sana, que no tenga miedo de contar la verdad, aunque duela, pero que no haga del dolor, del conflicto, de la tragedia, el motor de su trabajo. De lo contrario, mejor haríamos en apagar el ordenador y dejar de escribir”
“La religión no es propiedad de algunos, es una experiencia de Dios, y es plural. La convivencia juntos nos ayuda a esto. Así reducimos las expresiones fundamentalistas”. La teóloga Silvia Martínez Cano fue la encargada de abrir las jornadas de FICRT (Fundación for Islamic Culture and Religious Tolerance) sobre ‘El documento de la Fraternidad Humana: caminos de tolerancia y convivencia pacífica’ Sigue leyendo

Constituirnos en un nosotros

Es preciso recuperar hoy la centralidad de lo común
Nadie está a salvo, si todas y todos no estamos a salvo
No somos mercancía en manos de políticos y banqueros
Francisco en “Fratelli Tutti”, tras interpretar el tiempo presente, nos invita a la acción: “Esta pandemia obliga a repensar nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades” (33).
Los profetas del neoliberalismo proclamaron en los años ochenta: ”No existe eso que llamamos sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias” (Margaret Thatcher). El resultado han sido décadas de individualismo posesivo, privatizador que ha saqueado lo público. Es preciso hoy recuperar la centralidad de lo común.
“Se necesita una comunidad en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante, como una única humanidad, como hijos de esta misma tierra… Esta pandemia obliga a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos” (8). “Nadie está a salvo, si todos no estamos a salvo”, aseguran los epidemiólogos
Y hablar de “lo común” es hablar de “lo político”: el lugar donde se articulan los proyectos comunes con los intereses e ideologías particulares de personas, grupos y países diversos. Lo que la doctrina social de la iglesia define como “el más alto grado de caridad”: “Una caridad social y política. Para muchos la política hoy es una mala palabra. Pero, ¿puede funcionar el mundo sin política? ¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?” (176).
También en la opinión pública asistimos a este redescubrimiento: que la seguridad no es sólo una cuestión de orden público, sino de unas condiciones sanitarias, sociales, económicas, medioambientales que han de ser garantizadas por las instituciones. Las encuestas constatan una actitud cada vez más favorable a que el Estado asuma su papel. No es cierto que estemos ante el dilema entre morir por el virus o morir de hambre. Para resolver ese dilema están las políticas sociales.
”La política que necesitamos no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse al paradigma eficientista de la tecnocracia» (177). Son la economía y la técnica las que deben ponerse al servicio de un proyecto que construya estructuras sociales donde todas las personas puedan vivir con dignidad. “La caridad implica una eficaz transformación que lo abarca todo: las instituciones, el derecho, la ciencia, la técnica, los procedimientos administrativos. No hay vida privada digna si no es protegida por un orden público, por un mínimo de bienestar» (164).
“Una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, tenemos que llevar la dignidad humana al centro y que, sobre ese pilar, se construyan las estructuras sociales alternativas» (168). “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”, decía la pancarta inaugural del 15-M. La pandemia ha revelado que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado.
Para lograrlo se hace necesario que los Estados recuperen su capacidad de acción política. “Asistimos a un debilitamiento del poder de los Estados nacionales, sobre todo porque la dimensión económico-financiera, de características transnacionales, tiende a predominar sobre la política” (172). Los grandes fondos de inversión, por su propia lógica, no tienen en cuenta los intereses sociales ni medioambientales, ya que no se responsabilizan más que de aumentar la cuenta de resultados. Para ellos, los derechos fundamentales a la salud, la vivienda, el agua, etc., sólo son activos financieros con los que especular y enriquecer a sus accionistas.
Son los Estados los que mejor pueden garantizar el bien común de los ciudadanos. Los Estados de Bienestar fueron posibles gracias a esta intervención pública para regular la vida económica al servicio del interés general. En su estela, nuestra Constitución proclama: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas, y sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general. Mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, cuando así lo exigiere el interés general” (Art.128).
No se trata de establecer un capitalismo compasivo, benefactor, sino de organizar la vida económica de manera que todos puedan acceder a un trabajo decente y una vida digna. “El gran tema es el trabajo. Esa es la mejor ayuda, el mejor camino hacia una existencia digna. Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo deberá ser permitirles una vida digna a través de un trabajo decente, con derechos» (162).
Asimismo, a nivel internacional: “No hay modo de resolver los graves problemas del mundo pensando sólo en formas de ayuda mutua entre individuos o pequeños grupos. La inequidad obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales” (126). “Son necesarias instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar» (172).
Instituciones que puedan decidir y regular sobre prácticas que, en la actualidad, obedecen a la ley del más fuerte: las “guaridas fiscales” que vulneran la justicia fiscal evadiendo impuestos, los “fondos buitre” que esquilman a países y grupos sociales vulnerables, los tratados llamados de “libre” comercio, las migraciones de trabajadores, “la deuda externa que, no sólo no favorece el desarrollo de los países pobres, sino que los limita y los condiciona, ya que compromete su subsistencia y crecimiento” (107).
“Sobre el cuidado de la casa común”, subtitulaba Francisco su carta sobre la ecología, “Laudato si”. En “Fratelli Tutti”, sobre la reconstrucción tras la pandemia, invita a hacerlo estableciendo instituciones políticas y económicas comunitarias: “Necesitamos constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común” (17)

La fraternidad que apremia

Por Felisa Elizondo.
Fratelli tutti es la última encíclica del papa Francisco en la que, según lectores atentos, expresa un sueño. Pero un sueño que incita a actuar. Porque, a la denuncia de las formas graves de descartar o de ignorar a los otros, que se dan hoy mismo en la sociedad, contrapone la posibilidad de que el respeto y el amor reorienten las relaciones. Que la fraternidad y la amistad social se abran paso en los mundos de la religión, la política, la economía y la cultura. Sigue leyendo

Día Internacional de la Mujer en el Vaticano

Seminario virtual organizado desde el Vaticano para el Día Internacional de la mujer
Una mirada femenina e interreligiosa sobre Fratelli Tutti

                                                                 Mujeres y Fratelli Tutti
El próximo miércoles 3 de marzo, Fratelli Tutti estará bajo la mirada de una referente musulmana, hindú, budista, judía, ecuménica y católica
Para Shahrzad Houshmand, teóloga musulmana, “las mujeres, con la belleza de la feminidad acogedora, leen, sueñan, unen a sus hijos, y son sensiblemente capaces de entender el sueño de un Papa llamado Francisco”
Svamini Hamsananda Ghiri, por la Unión Hindú, afirmó que “la voz del Santo Padre es siempre clara, fuerte, plural y sobre todo se convierte en eco para quienes, más débiles, no son escuchados”
Participarán también los Cardenales Gianfranco Ravasi y Miguel Ángel Ayuso Guixot, e Irina Bokova, miembro del Comité Supremo de la Fraternidad Humana
28.02.2021 | Lucas Schaerer Sigue leyendo

¿Es posible la fraternidad humana y con todas las criaturas? (I)

Quizá porque esta vez, como ha repetido varias veces: ”O nos salvamos todos o nadie se salva”.
Leonardo Boff
En la encíclica social Fratelli tutti (2020) el Papa Francisco presenta su “sueño” de una nueva humanidad fundada en la fraternidad universal y en el amor social (n.6), inspirado en la figura y en el ejemplo de San Francisco de Asís, el hermano universal.

El infierno de los campos de exterminio nazi

Este tema de la fraternidad universal fue la insistente preocupación de uno de los mejores conocedores del espíritu de Asís: Éloi Leclerc en varias de sus obras, especialmente en la Sabiduría de un Pobre (París 1959, Braga 1968) y en El Sol sale sobre Asís (París 1999, Sal Terrae 2004). Él no habla teóricamente sino a partir de una terrible experiencia personal. Joven fraile francés, aunque no siendo judío, fue llevado a Alemania y hundido en el infierno de los campos de exterminio nazi de Buchenwald y de Dachau. Conoció la banalidad del mal, las matanzas de la SS por el simple gusto de matar, las torturas y las humillaciones que marcaronsu alma como un hierro al rojo vivo.

Demolida su fe en el ser humano y dudando de todo ideal de fraternidad humana, buscaba desesperadamente un rayo de luz que no le venía de ninguna parte. Incluso después de ser liberado por los aliados en 1945 empezó a tener miedo de todo ser humano. Confiesa: “me despertaba por la noche, sobresaltado, bañado en sudor y el alma llena de pavor; aquellas imágenes de horror volvían siempre y me perseguían; no podía borrarlas” (p.33). Y continúa: “Que el Señor me perdone si a veces de noche, ese hombre viejo en el que me volví, levanta los ojos inquietos al cielo en busca de un poco de luz” (p.31).

La internalización del torturador

Cargaba dentro de sí a los verdugos nazis que le perseguían y le suscitaban cuestiones aterradoras sobre el destino humano y su capacidad de destruir vidas indefensas. Ese mismo trauma, mucho más que psicológico, pues invade y destruye todo el ser humano por dentro y por fuera, fue vivido por el fraile dominico brasilero fray Tito Alençar, bárbaramente torturado por el delegado Fleury. Internalizó su imagen perversa de tal forma que se sentía siempre perseguido por él, hasta que no aguantando más dio fin a su vida, prefiriendo morir antes que vivir en una tortura permanente. Esa experiencia terrible fue vivenciada también por fray Éloi Leclerc, que, larga y sufridamente reflexionada, nos entregó una lucecita trémula, apuntando la posibilidad de una fraternidad universal, inspirada en el pobre de Asís.

En medio de la agonía se entona el Cántico a las Criaturas

El encuentro con esa figura y con su ejemplo hizo que los albores del del sol renaciesen de nuevo en su alma obnubilada y consiguiera rescatar el sentido secreto de todo elsufrimiento. Narra un hecho misterioso que ocurrió en el tren descubierto cargado de prisioneros, que durante 28 días viajaba de un lugar a otro desde Buchenwald hasta acabar en Dachau, en los alrededores de Munich. En él iban tres frailes, uno de ellos agonizante. En medio del infierno, irrumpió algo de cielo. Sin saber por qué, movidos por una fuerza superior, empezaron a cantar con voces casi inaudibles el Cántico de las Criaturas de San Francisco. Las densas tinieblas no pudieron impedir la luz del señor y hermano Sol y la generosidad de la madre y señora Tierra. En el Cántico se celebra el encuentro de la ecología interior con la ecología exterior y los esponsales del Cielo con la Tierra, del cual nacen todas las cosas. La pregunta que siempre le anudaba la garganta: ¿será que la fraternidad entre los humanos y con los demás seres de la creación es posible?

La ternura y la belleza convierten a las personas

¿Esa experiencia entre agonía y deslumbramiento, no podría contener una eventual respuesta esperanzadora? Por lo menos se abrió un trémulo destello. Tal choque existencial lo motivó a estudiar y a profundizar cual sería la singularidad de esta figura absolutamente excepcional dentro del conjunto de las hagiografías.

Leclerc describe, entonces, el proceso de construcción de la fraternidad universal en la trayectoria de Francisco de Asís. Hijo de un rico comerciante de tejidos, considerado el rey de la jeneuse dorée de la ciudad de Asís, vivía en farras y algazaras, pero de repente empezó a darse cuenta de la futilidad de aquella vida. Pasaba horas en la capillita de San Damián, contemplando el rostro dulce y tierno de un crucifijo bizantino. Algo semejante hacía Dostoievsky que una vez al año viajaba hasta Dresden en Alemania para contemplar en la iglesia durante horas la belleza de un cuadro de María extraordinariamente deslumbrante. Necesitaba esta contemplación para apaciguar su alma atormentada. En la novela Los hermanos Karamazov dejó esta intrigante frase: “la belleza salvará al mundo”. Sigue leyendo

Fratelli Tutti ( III)

III. SER PERSONA SAMARITANA ES HACER VERDAD UNA ESPIRITUALIDAD POLÍTICA.
Esta lectura socio-política y personal de la parábola supone un cambio importante en el modo de entender y vivir la espiritualidad. Reclama saber vivir una espiritualidad política concreta, historizada, aterrizada y esperanzada.
Ser una persona samaritana es practicar un amor político que busca generar una nueva sociedad cuyo eje estructurador sea el Bien Común y globalizar la solidaridad.
El amor político para ser verdad necesita ser efectivo, real y concreto, encarnándose en nuestras personas y comunidades para poder transformar nuestras estructuras, sociedades, culturas, religiones…
A) En el ámbito estructural vivir una espiritualidad polìtica en este mundo nuestro saqueado y expoliado supone:
• trabajar por construir estructuras políticas y económicas que garanticen la dignidad y los derechos de todas las personas y el cuidado de toda la vida en el planeta
• exigir a los gobiernos la creación de estructuras, leyes y políticas concretas que ponga el cuidado de las personas, empezando por las más frágiles y amenazadas, y del planeta tierra, en el centro de las decisiones (187) “cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad” (187)
• vivir personalmente y apoyar colectivamente todas las decisiones y leyes que favorezcan hacer verdad el principio del uso común de los bienes,que como nos recuerda el Papa “es el primer principio de todo ordenamiento ético y social”(n120); creernos personal y comunitariamente y hacer verdad que la propiedad privada no es un absoluto y tiene una hipoteca social,
• defender y exigir una política de derechos, para todas las personas y pueblos, derechos sin fronteras para que esto sea verdad es imprescindible una ética de las relaciones internacionales
• protestar y contestar todas las políticas anti-inmigraciones que niegan los derechos de acogida y trabajar por todos los medios para exigir un ordenamiento mundial jurídico, político y económico que se oriente a la cooperación para el desarrollo en los países de origen y con relación a los migrantes que llegan a nuestros pueblos es necesario: acoger, proteger, promover e integrarlos”. “Solo una cultura social y política que incorpore la acogida gratuita podrá tener futuro. (141)
• no apoyar con el voto, ni con el silencio un sistema como el actual que está contra la vida y que pone el dinero por encima de las personas, por tanto eso a su vez supone apoyar con nuestro voto y control aquellas políticas cuyas tareas fundamentales vayan en la dirección de ayudar a crear instituciones más sanas y eficaces, que protejan el bien común; que cambien leyes injustas, que favorezcan una justicia fiscal, que generen estructuras solidarias para todos, que protejan los bienes y necesidades esenciales para todas las personas.
B) En el ámbito social vivir una espiritualidad política samaritana supone:
• apoyar y exigir políticas sociales que estén de hecho al servicio del bien común empezando por los últimos
• crecer en consciencia crítica y en formación política para saber distinguir las noticias falsas de las verdaderas, para no dejarnos engañar; ser capaces de distinguir los populismos que utilizan al pueblo de quienes llaman populistas a los que defienden el bien común y la protección de los colectivos más desfavorecidos
• trabajar nuestras personas y comunidades para convertirlas en espacios de construcción social de una “artesanía de la paz” hecha de verdad, justicia y reparación (228-232) como compromiso comunitario
• aprender a transitar personal y socialmente el camino del perdón, un perdón que no es olvidar, ni permitir que quienes ofenden sigan haciendo daño, que no implica renunciar a la justicia, pero sí a la venganza y a alimentar el odio. Un perdón entendido como un acto de libertad que rompe los lazos con el agresor y se regala a uno mismo y a todo su entorno paz (n. 236, 241,243, 250-254)
• generar una cultura del cuidado(181) y del encuentro (191)
• ayudar a construir comunidades en los distintos niveles de la vida social (182)
• “avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados” (183)
• organizarnos la ciudadana, sabiendo buscar la cooperación y unión de todos los grupos, colectivos y personas excluidas para luchar contra las injustas diferencias y exclusiones por cualquier razón, haciéndolas protagonistas de sus reivindicaciones, es decir que se haga una política no tanto para los excluidos cuanto con los excluidos.
C) En el ámbito cultural.
Hacer verdad una espiritualidad política samaritana supone:
• promover una educación transformadora que no sólo se centre en la educación formal sino en una educación permanente que nos re-eduque todas las personas para poder pasar de una antropología individualista y egocéntrica a una antropología de nuestra verdadera identidad que es relacional, que no es perder nuestra identidad personal sino vivirnos en la red-de-relaciones que somos (167)
• favorecer que esa educación sea integral: para todas personas y que abarque nuestro ser entero, subrayando el desarrollo de nuestra inteligencia espiritual
• colaborar en el cultivo de las diversas espiritualidades y confesiones religiosas confluyendo en una cooperación conjunta para dar a luz un mundo más justo y más participativo.
• hacer del diálogo social el camino privilegiado para construir una nueva cultura centrada en la búsqueda del Bien Común.
• buscar caminos de reencuentro y reconciliación que cicatricen heridas y construyen paz social desde las claves de verdad, justicia y reparación
• favorecer que cada vez más personas vivamos con proyecto y con sentido
• ayudar a descubrir que no basta la razón para transformar nuestras sociedades sino que necesitamos saber vivir uniendo la cabeza y el corazón (la razón cordial) en el momento presente, para poder pensar con lucidez y sentir la com-pasión como motores que alienten nuestro estilo de vida
En el ámbito personal
Ser persona samaritana, cultivando una espiritualidad política supone:
• abrirnos a recibir el don de experimentar lo que realmente somos: relación, comunión, interrelación, pasar del yo soy a sentir que Somos unidad con toda la humanidad, con toda la realidad, con el Misterio, que los creyentes llamamos Dios
• dejar que esa experiencia transforme nuestra mirada, nuestro corazón, nuestras entrañas y por tanto nuestra manera de estar en la realidad, el sentido y la orientación de nuestras vidas
• transformar nuestra consciencia de la vulnerabilidad y fragilidad humana y biótica en un camino para hacer del cuidado el modo privilegiado de estar en la realidad
• aprender a hacer de nuestra mirada un lugar que cree “proximidad”
• dejar que esa “proximidad” se haga conmoción de las entrañas para no pasar de largo ante tantas personas, colectivos, naciones…tiradas hoy al borde del camino de la vida
• transformar esa conmoción de las entrañas en un movimiento de toda nuestra persona en la dirección, no sólo de la sanación de tantas heridas, sino en el empeño por erradicar las causas de las misma
• cooperar con otras personas, organizaciones, colectivos etc buscando transformar nuestras estructuras, culturas, proyectos…en la dirección de hacer verdad la utopía de saber vivir una fraternidad abierta a todo el mundo.
D)En el ámbito religioso (n.272-284)
Las religiones tienen también un lugar muy importante en hacer verdad este amor político samaritano:
• colaborando en la construcción de una fraternidad universal, desde la experiencia de una fe en Dios que nos desvela que somos hijas e hijos, hermanos y hermanas, y esa verdad tiene que hacerse historia concreta
• aportando una mística potente que urja a cambios personales de nuestros corazones, hábitos y estilos de vida capaces de transformar nuestras comunidades y sociedades en lugares de trabajo por la paz y la justicia. (166)
• aportando una experiencia real de diálogo interreligioso, de escucha, valoración mutuo y búsqueda colectiva de todo lo que les une
• siendo fuente de esperanza, ayudando a reconocer todas las semillas de bien que Dios sigue derramando en la humanidad, una esperanza profundamente arraigada en lo profundo del ser humano (n54-55)
El Papa termina la encíclica con una emotiva oración, pero antes recupera un bello texto firmado por él y por el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb donde juntos hacen un llamamiento para que todas las religiones sean lugares que alienten, estimulen e inculquen a las personas y comunidades, la pasión por pasar por la vida como samaritanas viviendo un amor político. (285)
“Caminemos pues en esperanza” (55) de que la fraternidad universal es no sólo posible sino necesaria.
Que así sea y seamos capaces de hacerla verdad.
[1] Es casi la única referencia a la situación de las mujeres, obviando que no es sólo marginación sino violencia sistemática, violación, abusos (muchos dentro de la misma iglesia) feminicidio

Fratelli Tutti ( II )

II- LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO COMO ICONO ILUMINADOR.

Me ha llamado la atención la lectura socio-política que el Papa Francisco hace de esta parábola proponiéndola como icono iluminador tanto para denunciar con valentía qué le pasa a nuestro mundo y desenmascarar las causas de nuestra situación como icono que ilumina los caminos que podrían sanar y reconstruir este mundo nuestro que nos duele (n.67)
Francisco ve en ella un paradigma para el estado del mundo y, al mismo tiempo, para la conversión hacia la fraternidad y la amistad social más allá de las fronteras de religión, lengua, clase y nación:
“La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos” (n. 69)
2.1 La parábola en sí misma: el texto en el contexto.
Esta parábola de Lucas, hay que situarla en su contexto: Un maestro de la ley le pregunta a Jesús sobre qué es lo fundamental para entrar en el Reino y Jesús le va responder con esta escandalosa parábola. Escandalosa para su tiempo y para el nuestro.
En ella aparecen cuatro tipologías que responde a distintas maneras de situarnos ante la realidad: “los ladrones” que saquean y apalean al caminante y lo dejan abandonado, “el hombre herido”, “los que dan un rodeo y pasan de largo”, (el sacerdote y levita) y el que “se deja conmover las entrañas” y no solo lo cura sino que carga con él para pedir al dueño de un albergue que lo atienda, y él correrá con los gastos.
A la pregunta del maestro de la ley de ¿quién es mi prójimo? Jesús le contesta con claridad: prójimo es todo aquel que necesita de nosotros (Lc 10, 25-35). Y aunque no se lo pregunta el maestro de la ley también la parábola dice que hay una manera de mirar, sentir y actuar que genera “proximidad” y otra que pasa de largo y genera indiferencia.
La lectura que hace el Papa Francisco no es individualista, no apela solo a cada persona sino que, en coherencia con todo el enfoque de la encíclica, hace una llamada a vivir una espiritualidad política.
Esta parábola tan conocida está en Fratelli Tutti actualizada e historizada: lo que aquí se narra no es algo que pasó, no es un mito, es algo que sigue pasando aquí y ahora.
2.2 Un paradigma del estado del mundo
A) El hombre herido tirado en el camino saqueado y apaleado es una buena imagen del mundo en el que vivimos y la situación de nuestra madre tierra.
Hoy, no son sólo personas y colectivos, sino continentes enteros saqueados y tirados en la cuneta de la historia.
Son las víctimas:
• de este sistema neoliberal que en la Evangelii Gaudium y la Laudato Si el Papa denomina “asesino y ecocida”,(EG 53; LS 48) y aquí lo reafirma: “un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre” (n.22 ) que provoca millones de personas muertas y “descartadas” y un escandaloso abismo entre países, continentes, grupos de poder… ricos y pobres( n.20,22) y que a su vez es causante de una violencia estructural que oprime y que se manifiesta en una desigualdad insoportable (n.22)
• de la especulación financiera de la especulación financiera que pone las ganancias económicas por encima de la vida sometiendo a los países a sus dictámenes (n. 172,177, 189)
• de la globalización despiadada que nos hizo más cercanos pero no más humanos, que ha creado socios no hermanos. (n12)
• de un “libre” mercado que niega la igualdad y provoca más desigualdad (168) al defender la propiedad privada por encima del bien común
• de la violencia estructural y mediática que busca destruir al otro distinto, mediante la descalificación y las calumnias, la nombre como “agresividad sin pudor” (n. 44-46) “Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar.” (15)
• de las guerras, que son “una negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente” (n 257) un fracaso social y político “no hay guerras justas”; guerras en muchos casos por acaparar recursos, pero disfrazadas de defensa de valores, (258) el papa ha hablado muchas veces de que estamos ante la “tercera guerra mundial por etapas”
• de la pena de muerte como una realidad inadmisible hoy (263)
• de “los populismos insanos”(159) “e irresponsables” (161) que engañan y manipulan al pueblo y al tiempo y también hay víctimas de visiones liberales individualistas que acusan de “populistas” a quienes defienden los derechos de los más débiles(n163)
• de la vulneración de los DDHH (22-24) que provocan múltiples injusticias a millones de personas en nuestro mundo, entre ellas las mujeres que “son doblemente pobres, sufren situaciones de exclusión, maltrato, violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos” (n.23)[1] .
• de la violación sistemática de los Derechos Humanos por parte de los propios Estados que llegan, incluso, a realizar, de modo sistemático, “ejecuciones extrajudiciales o extralegales, que son homicidios deliberados cometidos por algunos Estados o por sus agentes, que a menudo se hacen pasar como enfrentamientos con delincuentes o son presentados como consecuencias no deseadas del uso razonable, necesario y proporcional de la fuerza para hacer aplicar la ley” (n 267).
• de las múltiples formas de esclavitud hoy como son la explotación sexual, y laboral, trata de personas, “redes y mafias criminales” que engañan , someten a mujeres y niñas, la venta de órganos.(n.22, 189)
• de políticas migratorias que no respetan la dignidad de las personas en la fronteras, víctimas de mafias no perseguidas; de muros defensivos “asesinos”, de una “criminalización” de los inmigrantes, del crecimiento de una xenofobia que se extiende cada vez más (37-41)
• del silencio cómplice e inaceptable, tanto mediático como internacional y personal ante tantas y tan graves injusticias, violaciones de derechos, atropellos…(n.29)
• de una siembra interesada de desesperanza, desconfianza y desmotivación y miedo disfrazada de valores (n.15)
Son todas las víctimas provocadas, de un modo directo o indirecto por acción u omisión, por los personajes simbólicos de la parábola:
“los saqueadores” y “los que pasan de largo”.
Muchas veces el clamor de quienes están tirados al borde de la vida a veces ni siquiera nos llega, ya no tienen fuerzas ni para gritar, ni protestar
B) Los asaltantes
El Papa dice en la encíclica: “los conocemos” (72) parecería que no los nombra pero no es así, a lo largo de toda la encíclica los va poniendo muy claramente de manifiesto al desvelar dónde están las causas de tantas víctimas tiradas en el camino.
Los asaltantes de hoy.
• quienes sostenemos de múltiples maneras este sistema que está contra la vida (n.22) que provoca muertes, violencia, descarte de personas y alimentos, explotaciones varias, tráfico de personas y órganos
• los que además alimentamos una cultura que sostiene este sistema, que sitúa el dinero por encima de las personas y de la tierra y dificulta la toma de conciencia de la gravedad de la situación en la que estamos
• quienes sostenemos, con nuestras compras y colaboraciones, a empresas nacionales y multinacionales que destruyen las economías nacionales y la naturaleza (n. 24, 28)
• quienes nos adormecen y distraen y manipulan mediáticamente para no tomar conciencia de nuestras acciones inmorales (LS 56) intentando no ver (los problemas), luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera” (LS 59)
• los que cooperamos construyendo una cultura de “muros”, muros excluyentes no solo en la tierra sino en los corazones, para evitar el encuentro con otras culturas y otras personas” sin darnos cuenta de que “cualquiera que levanta un muro, termina siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido sin horizontes. Porque le falta esa alteridad” (27)
• quienes fomentamos de muchas maneras violencia, enfrentamientos, venganza, odio; es decir quienes no fomentamos una cultura del dialogo ni del perdón
• quienes con nuestras conductas vivimos una antropología individualista, consumista e indiferente “ (n,12,20) que destruye la consciencia del “nosotros” (222) y debilita los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Con lucidez dice: el “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”, y eso será peor que una pandemia (n.36). Todos estamos en la misma barca. Por eso, o nos salvamos todos juntos o no se salva nadie. (n.32)
• quienes no hacemos verdad en nuestras vidas que todas nuestras propiedades y bienes tienen una función social (n118-120)
• quienes nos dejamos dominar por miedos personales y colectivos que nos llevan a callar tantos y tan graves atentados contra la dignidad humana y contra la vida
• quienes vamos perdiendo valores éticos, sentido comunitario, compromiso por la justicia
C) Quienes dan/damos un rodeo y pasan/mos de largo
La parábola es escandalosa si se lee en su contexto. A la pregunta lanzada por Jesús sobre lo que dice la ley, el maestro la conoce muy bien y la repite de memoria, está claro que el amor a Dios, al prójimo como a uno mismo es lo esencial para entrar en el Reino de Dios.
Jesús pone como ejemplo de la negación de ese principio precisamente a los representantes oficiales “del amor a Dios”: sacerdotes y levitas (la tribu de Leví había renunciado a poseer tierras porque su única tierra era Dios).
Escandaloso también para nosotros que pertenecemos a continentes que se definen herederos y defensores de los grandes “valores cristianos” pero nuestro modo de proceder deja mucho que desear y es muy poco evangélico.
El Papa deja muy claro en qué consiste pasar de largo:
• “esa peligrosa indiferencia de no detenerse…”reflejo de esa distancia cercenadora que se pone frente a la realidad” (73)
• “una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca” (30)
• una búsqueda “de nuestros intereses particulares, familiares, corporativos, institucionales, eclesiales…que debilita la dimensión comunitaria de la existencia “ (12) cerrando los ojos a los desastres de este sistema, del espolio de las multinacionales,
• insimismarnos, desentendernos, pasar de largo, mirar hacia otro lado para no verlos (n.73)
• vivir con una conciencia anestesiada (275)
• soñar que la ciencia y la tecnología lo arreglará, o como todo está tan mal no hay remedio y que cada cual se las arregle, (75)
• vivir en la continua descalificación, generando sospechas sobre todo y todos nutriendo así el desencanto y la desesperanza (75)
• es también practicar “un estilo elegante de mirar para otro lado muy recurrentemente: bajo el ropaje de lo políticamente correcto o las modas ideológicas, se mira al que sufre sin tocarlo, se lo televisa en directo, incluso se adopta un discurso en apariencia tolerante y repleto de eufemismos”. (75 )
“Aliados secretos” de los salteadores
El Papa Francisco lo dice con toda claridad: quienes pasan de largo son /somos “aliados secretos de los salteadores”(75).
En esta encíclica hay una llamada muy potente a la lucidez. El Papa Francisco nos dice que todas las personas podemos reconocernos en todos los personajes, por eso sería importante caer en la cuenta de cómo por acción y/o omisión colaboramos en el apaleamiento y saqueo de tantos millones de personas tiradas al borde de los caminos de nuestro mundo y de nuestros diversos modos pasar de largo tantas veces.
No se trata de culpabilizarnos ni paralizarnos, sino de despertar, darnos cuenta, sentir el dolor por nuestras colaboraciones, es el primer paso para poder cambiar y querer pasar por la vida como buenas samaritanas.
“En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? “ (n. 70)
2.3 La parábola como paradigma de cambio que necesitamos: El buen samaritano icono de una espiritualidad política.
El buen samaritano nos muestra claramente el camino que necesitamos hacer para caminar hacia un mundo donde la fraternidad y la amistad se hagan verdad más allá de las fronteras de religión, lengua, clase y nación.
En esta figura, en la parábola, hay de nuevo una provocación y una clara denuncia de Jesús. El samaritano pertenece a un pueblo que en tiempo de Jesús era tenido como hereje, pagano, cismático e indeseable. Justamente ese personaje es el se hace “prójimo”, representa a todas las personas de buena voluntad, que desde cualquier religión o sin ella, ayudan al necesitado e implican a otras personas en esa misma tarea. Son los que van más allá de su cultura y nación, se abren a toda la humanidad, al extranjero, el necesitado, al pobre y marginado.
Ser persona samaritana es el icono de un amor político capaz de ”reconstruir este mundo que nos duele, ante tanto dolor ante tanta herida la única salida es ser como el samaritano”(n.67)
El amor político como despliegue de una dimensión fundamental de nuestras personas. El Papa hace suya la afirmación de Aristóteles de que los humanos somos seres políticos. Por tanto, tenemos la obligación de cuidar, gestionar, vigilar, transformar la “polis” (hoy “la polis” es el mundo entero) hacia la consecución del Bien Común para la humanidad presente y futura y de la tierra que tenemos que entregar a la generación siguiente. Es una obligación personal y comunitaria.
Hacer verdad un amor político supone la imprescindible vinculación espiritualidad y política.
La espiritualidad nos ayuda a descubrir nuestra verdadera identidad relacional, nos revela que no solo soy sino que Somos: un somos humano, biótico, Trascendente. Esa identidad nos emplaza a cuidar, alentar y proteger la vida frente a todos los múltiples mecanismos de muerte.
La política al desvelarnos que somos seres políticos nos compromete con el cuidado y la gestión de la “polis”, cuidando y defendiendo las vidas y comunidades más vulnerables.
Es cierto que “la política” está hoy muy desprestigiada, por un lado por quienes la prostituyen utilizándola para sus intereses particulares y como lugar de enriquecimiento y de poder. Pero también el Papa alerta de quienes intencionadamente buscan degradarla con estrategias muy bien organizadas, a nivel nacional y global, buscando sustituirla por la economía, la ideología, la imposición autoritaria.
Se necesita una política no sometida al poder financiero. Pensada con una visión amplia, con planteamientos integrales, dialogante, capaz de coordinarse con todas las fuerzas del cambio para poder superar presiones e inercias.(n.177)

Políticos católicos, unidos en torno a Fratelli Tutti
Se pregunta ¿puede funcionar el mundo sin política? ¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política? (n. 176)
En la encíclica no solo explica qué entiende él por una “buena política” sino que hace una reivindicación potente de la “política profesional”: “la política es una altísima vocación, una de las formas más preciosas de caridad porque busca el Bien Común” presente y futuro (n.180) La considera un ejercicio supremo de la caridad porque es un ejercicio que garantiza el derecho y la justicia.
“No es una opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede <>. Esto nos debe indignar, hasta hacernos bajar de nuestra serenidad para alterarnos ante el sufrimiento humano. Esto es dignidad”(n.68)
Es importante discernir cuando nos alteramos a causa de nuestros egos personales, familiares, comunitarios, institucionales de cuando nos indignan las injusticias, la violación de los derechos, las insoportables desigualdades. Vivir una espiritualidad política no es no es cultivar la ataraxia, ni una espiritualidad estoica sino apasionada. Quiero resaltar este punto porque hoy en algunos ámbitos está muy de moda una espiritualidad que hace del “no perder la paz, no perder la serenidad” un objetivo en la vida.
Vivir una espiritualidad política, tal como el Papa Francisco alienta a lo largo de toda la encíclica, no es solo curar a los heridos de hoy, sino que supone trabajar por un cambio global de sociedad luchando contra las causas estructurales de la pobreza, el descarte de personas y alimentos, la desigualdad, la falta de trabajo, techo y tierra, dar prioridad a la vida de todos por encima del dinero y de la apropiación de bienes de algunos.
Porque “la inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos” (69)
Con toda claridad se nos dice en la encíclica que no bastan las ayudas particulares y de colectivos, no basta una mística de la fraternidad ni siquiera poner los recursos de un país al servicio de quienes más lo necesitan y de las naciones más saqueadas y abandonadas, sino que se requiere una organización mundial eficaz. El problema es mundial y requiere una implicación también mundial o global sin abandonar el cuidado y compromiso de lo local.
Este esfuerzo por armonizar lo global y lo local no es uniformidad sino comunión universal por la consciencia de que somos una única familia humana y biótica. (n.142-145) Es decir, creciendo en consciencia de que somos inter-dependientes y eco-dependientes
Ser persona samaritana, cultivar una espiritualidad política es cooperar en construir una cultura de la paz. La paz no solo entendida como ausencia de guerras, sino como compromiso incansable de reconocer, garantizar y reconstruir la dignidad de todas las personas especialmente las más heridas y vulnerables. El Papa deja muy claro que sin justicia y sin desarrollo humano integral es imposible la paz. (ns 228-235)
Este modo de ser persona samaritana, igual que acontece en la parábola, supone dar espacio a la ternura: “Un amor que se hace cercano y concreto, un movimiento que procede del corazón, llega a los ojos, a los oídos, a las manos” ( n.196) Es un amor hecho de pequeños gestos, que se hace cuidado mutuo y cuidado universal (n. 281) y el Papa pide saber cuidar de un modo especial a quienes optan por la política profesional porque ellas necesitan también nuestro amor y nuestra ternura.(n.193)
Con una gran empatía pone de relieve que los políticos, los colectivos, los movimientos sociales, las personas no siempre tienen/tenemos éxito en la consecución de las propuestas, porque los grandes objetivos se van consiguiendo parcial y lentamente, porque todo esfuerzo y trabajo por el Bien Común, realizados con amor, no se pierde. “Todo el esfuerzo, cansancio generoso, dolorosa paciencia, todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza viva” (195).
Una espiritualidad política que sabe unir al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en la humanidad a pesar de todo, saber confiar en el poder del amor a largo plazo, sembrar sabiendo que seguramente los frutos los recogerán otros.
El papa Francisco en relación a las tareas y compromisos que nacen de un compromiso en favor del bien común lanza unas preguntas importantes, no tanto en relación a los logros, a las metas conseguidas sino a algo mucho más profundo e importante:
¿Cuánto amor puse, en qué hice avanzar al pueblo, qué conquistas y avances dejé en la sociedad, qué redes y lazos construí, que fuerzas positivas desaté, cuánta paz social sembré, qué provoqué en el lugar que se me encomendó?
“Si extendemos la mirada a la totalidad de nuestra historia y a lo ancho y largo del mundo, todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano.” (69)
Es bueno también saborear y alegrarnos de lo que como personas, comunidades, grupos, partidos, instituciones… tenemos de samaritanas.