No hay que tener miedo del pluralismo religioso

Pluralismo religioso

«La competencia entre las religiones nos hace darnos cuenta de que ya no es obligatorio ser cristiano desde la cuna a la tumba. Hay otras alternativas a la vuelta de la esquina»

«Según el principio irénico de que «la Iglesia propone, pero no impone» (Juan Pablo II), los cristianos podrán contribuir a que Europa siga siendo cristiana bajo las condiciones de la modernidad (libertad religiosa y laicidad del Estado y de la sociedad)»

Por | Mariano Delgado*

Cuando mis hijas eran pequeñas, solía leerles el libro de Janosch «¡Oh, qué bonito es Panamá!» antes de acostarse. Los dos amigos Tigre y Oso pescan en el río, cerca de su casa, una caja de madera vacía con la inscripción «Panamá». El tigre siente curiosidad y ahora quiere saberlo todo sobre ese Panamá. Porque se supone que allí todo es más grande y más bonito que en casa. Al día siguiente, los dos parten hacia Panamá con su petate. Durante el viaje, se encuentran con todo tipo de animales que supuestamente les indican el camino, aunque no saben dónde está Panamá. Finalmente, regresan a su casa después de mucho tiempo y sólo ahora aprecian realmente su morada.

Muchos cristianos habrán tenido una experiencia similar ante el pluralismo religioso, pasando de la fascinación por lo extraño al redescubrimiento de lo propio. La competencia entre las religiones nos hace darnos cuenta de que ya no es obligatorio ser cristiano desde la cuna a la tumba. Hay otras alternativas a la vuelta de la esquina. El pluralismo religioso y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua no son un peligro, sino un hecho histórico que es «expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente».

Esto lo dijo el Papa Francisco en la Declaración de Abu Dabi (04.02.2019) junto con Ahmad Al-Tayyeb, el Gran Imán de Al-Azhar en El Cairo. Para los cristianos, el pluralismo religioso también puede ser una oportunidad para ser más conscientes de la «perla preciosa» que se les ha confiado, es decir, de seguir las huellas de Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29).

Según el principio irénico de que «la Iglesia propone, pero no impone» (Juan Pablo II), los cristianos podrán contribuir a que Europa siga siendo cristiana bajo las condiciones de la modernidad (libertad religiosa y laicidad del Estado y de la sociedad). Podrán lograrlo mejor si muestran en sus vidas el rostro del Dios en el que creen: el Dios que quiere la igualdad, la justicia y la libertad para todos, que se ocupa de los pobres y los débiles, de las viudas y los huérfanos, del forastero sufriente sin mirar de dónde viene, y que ha hecho posible así una cultura de la misericordia y la compasión universales. Sin estos rasgos «cristianos», que griegos, romanos y «bárbaros» no conocían, ¿podríamos seguir siendo hoy verdaderamente «europeos»?

*Mariano Delgado es catedrático de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Friburgo (Suiza) y Decano de la Clase VII (Religiones) en la Academia Europea de las Ciencias y las Artes (Salzburgo)

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